Me llamo Antonio y tengo cuarenta años, trabajo en una
empresa de administración de obras. Muchas veces me llevo trabajo a casa, sobre
todo cuando vienen los fines de semana largos y yo ya me veía venir que este fin
de semana largo tendría mucho trabajo para casa, salvo que algún compañero me
ayudara.
Mi esposa había aprovechado la semana santa para irse el
lunes y volvería el lunes siguiente.
Así que me puse en campaña para compartir ese pesado
rompecabezas con alguien, pero todos se iba a fuera o no sabían nada del tema.
La última posibilidad que tenía era Gustavo, un pibe de veinticinco años que
recién entraba a trabajar y de él no sabía mucho.
- Gustavo, ¿Qué hacés este fin de semana? ¿Te vas a fuera?
- No, no me voy, no tengo un peso para irme a ningún lado.
- ¿Sabés algo de calculo de materiales?
- Si, una vez lo hice, cuando trabajaba para la Universidad.
- ¿No me darías una mano este fin de semana? Para el lunes
necesito entregarlo y si lo hago con alguien lo termino muy rápido pero solo…
- ¿Y cuándo sería?
- Si querés empezamos el miércoles después del trabajo, así
el viernes ya lo tenemos hecho y terminado.
- Quizás el viernes no pueda, pero mañana y pasado no tendría
problemas, contá conmigo.
Muchas gracias, será una gran ayuda. – Le di la mano y me fui
a mi oficina a seguir trabajando.
Gustavo es un muchacho de contextura pequeña, muy blanco,
tanto que sus enormes ojos claros, parecen salirse de la cara. Uno de esos que
usan el pelo largo, atado atrás, que si bien es elegante, tiene una forma de
estar extraña. Me daba cierta ternura,
Siempre que lo veo está como recién bañado y lo que me llama
la atención es su boca con labios carnosos y su expresión aniñada. Pero había
escuchado que era muy trabajador y prolijo, cosa fundamental para hacer el
calculo de materiales, hasta creo que es preciso ser obsesivo.
Arreglamos en hacerlo en casa, ya que yo tengo una PC y él no
y además el tiene auto y vive muy lejos, así que el miércoles a las cinco de la
tarde, salimos para casa, Abrí un vino, serví dos copas y nos pusimos a
trabajar.
Si no fuera porque la esposa de Gustavo llamó tres veces, fue
una noche muy productiva. Compramos comida china y comimos entre planillas y
colillas de cigarrillos. Me admiré de cómo comía el arroz con palitos, yo
intenté pero me tuve que entregar al tenedor.
Sin darnos cuenta eran las dos de la mañana y ya habíamos
hecho casi, tres cuartos del trabajo, así que para el jueves no quedaría mucho.
Lo acompañé hasta la puerta de casa, quedamos en que viniera
al medio día y nos despedimos. Me fui al baño,, en calzoncillo, sentía una
sensación extraña, estaba excitado, así que pensé en hacerme una paja para
dormirme mas placenteramente. Estaba yo en esos pensamientos cuando escucho el
timbre. Me asusté era tarde y no era hora para que alguien tocara el timbre. Fui
sigilosamente hasta la puerta y miro por la mirilla, era Gustavo.
- ¿Qué te pasó? – Él estaba con las manos sucias de grasa.
Traía su portafolio en una mano y una bolsa del lavadero en la otra.
- El auto no me arrancó. Traté de arreglarlo pero no tiene
arreglo.
- ¿Querés que llamemos a un mecánico de urgencia?
- No tengo, si me permitís la voy a llamar a mi esposa.
- Si como no. – entró, dejó las cosas sobre la mesa y se
dirigió al teléfono… pero antes de que marque le pregunté – ¿Y como vas a
volverte?
- No sé, ¿Me podría quedar aquí?
Tarde unos segundos en contestar ya que solo tengo la cama
matrimonial, ni un sofá, ni un colchón, pero era una emergencia así que le
contesté… - Si no te molesta dormir conmigo, se rió mientras se comunicaba con
su mujer.
- Si mi amor, mañana por la mañana lo llamo a José y lo
arregla o lo llevamos al taller.- ella decía algo que parecía ser un reproche y
éñ le contestaba.
- Bueno, bueno. Si fui al lavadero, lo tengo aquí…
- Te quiero mucho. - Y luego cortó.
- Bueno, Antonio, muchas gracias por todo esto. La verdad es
que me da pena molestarte así. Me mira y me doy cuenta que sigo con la pija
parada. Él se sonrojó. Era muy notorio ya que su piel era muy blanca. Yo me la
miré y lo miré. No sabía que hacer así que lo convidé con otra copa y aceptó…
Nos quedamos un rato mas charlando y me empezó a contar de sus desventuras con
su auto, ya que parecía que no era la primera vez que esto le pasaba.
- Y hoy que tengo que volver tarde, que llevo la ropa del
lavadero y estoy a más de cuarenta kilómetros de casa, se me queda. ¡Parece a
propósito!
- ¿Esa bolsa es la del lavadero?
- Si es un vestido de mi mujer y otras cosas que ella, manda
a lavar a fuera porque dice que solo allí la lavan bien. Pero no pude llevarla,
mañana después de que venga el mecánico se la llevo así el lunes está listo. -
Me reí, ya que él le había mentido a ella. – ¿De qué te reís?
- Es que sin querer te escuche y le dijiste a tu mujer que ya
habías ido…
- Es que es una rompe bolas. Si ya le puso de mal humor el
hecho que el auto se rompiera y que no iba a dormir a casa, si le digo que n0o
tuve tiempo para llevar el vestido al lavadero, me mata. Es que es su vestido de
salir, es muy lindo y ella lo cuida mucho.
Todo su relato me causaba gracias, la situación era absurda,
estaba en casa con un muchachito que no se animaba a contradecir a su esposa,
por un vestido y me lo contaba sin prejuicios… así que de forma jocosa, le pedí
que me lo mostrara, como para tener algo que decir. Gustavo fue hasta la mesa y
con cuidado sacó el vestido que realmente era hermoso. Azul, medio transparente
con tules en gajos y una espalda bien abierta…
- Es mas lindo cuando lo ves puesto.
* Quiero verlo puesto, Le dije en tono de chiste.
- ¿Querés que me lo ponga? – Al decirme esto yo me puse
incómodo, lo estaba jodiendo y él se creyó que yo se lo decía en serio. No sabía
si seguir el chiste pero mi silencio, lo interpretó como un si. Así que se fue
al baño, se lavó las manos y se empezó a cambiar… Yo no lo podía creer. Estaba
viviendo una situación de lo más inusual. Estaba en le living esperando que
salga con el vestido puesto, como un novio esperando a su chica.
Unos minutos mas tarde, Gustavo sale del baño, con el bello
vestido puesto, Le quedaba precioso, aunque era tan corto que dejaba ver el
calzoncillo por debajo. Me fui al ropero en mi cuarto y le di una tanga y
corpiño de mi esposa que parecían hechos para ese vestido. – A ver si con esto
te queda mejor.
Sin hacer ningún gesto de desaprobación tomo la ropa interior
y volvió al baño. Me hubiera gustado ver como lo hacía pero cerró la puerta.
Tardó más en ponerse la ropa interior que antes para ponerse el vestido. La
verdad es que valió la pena, Se había soltado el pelo, rellenado el corpiño con
algodón y se había pintado los labios con el rouge de mi esposa, haciendo
qqqqqqqqque esos labios carnosos se convirtieran en una invita. Era todo una
mujer. Mi erección se hizo brutal.
- Estás muy linda, ¿Cuándo te metiste en mi casa?
- ¿De verdad parezco una mujer?
- No parecés una mujer, parecés una mujer hermosa. – Este
comentario hizo que una vez mas se sonroje y baje la vista. Le tomé la mano y lo
hice dar una vuelta. Estaba para comérsela.
La verdad es que yo hacía un tiempo que me quería coger un
travesti, pero no me animaba, además no me gusta pagar para saciar mi apetito
sexual, me gusta que haya atracción de los dos lados ya que me da para dar y
recibir placer y si hay dinero de por medio, no es verdadero. ¿Pero qué hago con
esta preciosura? Mi instinto pudo más que mi cabeza y así como lo tenía tomado
de la mano, lo acerqué a mi cuerpo y cuando estuvo en mis brazos, levanté su
cabeza y lo besé. Un beso seco, un choque de labios, intenso pero pulcro, como
si fuera imprescindible e imposible de evitar, correspondido. Si él fuera una
mujer sabría perfectamente que hacer, pero toda la situación era tan ambigua,
que no sabía si lo que estaba pasando era natural o era que se sentía obligado a
hacerlo. No era tan simple pensar y sentir que me estaba besando con otro
hombre, nunca había estado en esta situación solo había fantaseado pero nada
como lo que me estaba pasando..
Así como no me gustaba pagar, tampoco me gustaba el sexo no
consentido. Todo había empezado por una broma pero ahora, él estaba actuando de
forma tan pasiva tan condescendiente, que toda la iniciativa la tenía yo.
- ¿Estás bien?
- Si
- ¿Seguimos?
- Por favor.
- ¿Hasta el final?
- Hasta el final – Acerqué nuevamente mi boca y esta vez el
beso fue apasionado. Mis manos recorrieron su espalda, mi cuerpo se pegó al de
él.
Una vez que terminamos los besos, nos quedamos un poco
paralizados ¿Y ahora qué? Gustavo estaba hermosa con su vestido y yo estaba en
calzoncillos, con la verga súper parada y todo chivado, después de un día largo
de trabajo. Tomé su mano y se la llevé hasta mi pija, él bajó un poco mi slip
dejándola al aire libre y me la empezó a acariciar suavemente. Yo estaba gozando
y mucho cuando mi compañero tomó firmemente mi polla y como si fuera una manija,
me fue llevando hasta la cama. Una vez allí me sentó y con su boca roja de rouge
me lamió la cabeza de mi chota. Chupaba y me miraba a los ojos, como comprobando
que lo estaba haciendo bien. A los pocos segundos lo detuve, él se sorprendió,
entonces le saqué delicadamente el vestido, acaricie su cintura, que era la más
femenina que había acariciado. Corrí el corpiño, se quité el algodón y me puse a
dar mordicos en su tetilla.
Sentí, pequeños gemidos y su respiración entre cortada. Así
recostados, me fui reincorporando y lamiendo su ombligo: Gustavo tomo con sus
manos mi pija y se la volvió a llevar a su boca, yo corrí su tanga e inicié una
sesenta y nueve. Esto no estaba en los cálculos de nadie y mucho menos en los
míos. No era por exceso de alcohol, no había drogas. No me habían forzado, no
estaba confundido. Tener su brega en mi boca fue una necesidad. No estaríamos a
sí ni tres minutos, cuando sentí que me corría en su boca, pero él no dejaba de
chuparme. Él se corrió en mi boca y yo correspondí y lo seguí chupando hasta que
su pija quedó muerta. Es muy fuerte recibir la lecheen la garganta. Tibia,
agridulce, densa. Su gusto que me quedó impregnado por mucho tiempo.
Nos acariciamos y luego nos besamos.
- Tengo que ir al baño. – le dije, tenía gana de hacer pis,
me levanté y me dirigí al baño. No sentí, cuando el entró atrás mío, tomó mi
pene que estaba ya, expulsando el amarillo líquido y yo lo dejé. La mita del meo
fue a parar a fuera del inodoro, pero no me importó, ya que siempre soñé con que
mi esposa hiciera algo así. Agitó mi pija para que cayera hasta la última gota y
luego se acomodó para él mear y yo tomé su pija y sentí como sus fluidos
brotaban por su tronco y salían afuera, cayendo dentro de la vasija.
Nos miramos en el espejo y nos besamos, tiernamente. Del
botiquín saqué un frasco de aceite natural, que suelo utilizar para lubricar el
ano de mi mujer y entre risitas, nos fuimos a la cama.
Me gustaba que todavía tuviera puesta la tanga y el corpiño,
lo llevaba de forma muy femenina, su cola era perfecta. Este chico no tenía casi
pelos en ningún lugar, no sé si se depila o es lampiño. Acariciar sus piernas
era hermoso, estaban tan bien formadas y su cola, aunque era chica estaba firme
y redondita, como si fuera una manzana.
Al rozar el borde de su ano, dio un respingo, como si lo
hubiera tomado de sorpresa. Unté por fuera el aceite.
- Está muy frío - me dijo y yo me reí entonces agregó – ¿De
que te reís?
- Es que mi esposa siempre dice lo mismo.
Entonces comencé a penetrarlo con mi dedo lubricado.
- Despacio, no me hagas doler. ¿te duele?
- No, - su respuesta me dio para introducirle el segundo dedo
y se lo dije.
- Entonces te metro otro dedo. – Se puso un poco tenso pero
el aceite era milagroso y mi segundo dedo, resbaló hasta el fondo sin que e´l
sintiera dolor.
- ¿Es tu primera vez?
- Si. ¿Y vos lo hiciste alguna vez… con un hombre?
- No, sos la primera.
- ¿Usamos forro?
- Yo solo cojo con mi esposa.
- Yo también.
En ese momento mi pija había retomado nuevos bríos y estaba
dispuesto a todo. Gustavo mismo se acomodó para recibirme y le apoye la cabeza
de mi pija en la puerta de su ano. Hice un pequeño esfuerzo y lo empecé a
introducir- Él se quejaba, pero no mas de lo que lo hacía mi mujer, así que
seguí penetrándolo. Ese aceite que me habían recomendado era lo mejor, no solo
era un lubricante perfecto sino que no tenía gusto a nada eso hacñia que la
relación fuera de lo más natural.
Tardé varios minutos hasta que sentí que estaba acostumbrado
a sentirla dentro. Cuando empecé a cabalgarlo él estaba gozando. Tardé mucho en
acabar, es que a los cuarenta no es tan fácil, pero gocé como loco, no todos los
días uno desvirga un culito como ese.
Saqué mi pija muerta de su culito y caí muerto sobre él. Me
quedé dormido como un niño, es que serían como las cuatro de la mañana.