Yo tuve un amo al que admiré, respeté y obedecí sobre todas
las cosas. Esto me llevó a realizar cosas de las que tiempo después me arrepentí
y me avergoncé, pero que hoy en día no descarto volver a repetir. No voy a
contar como lo conocí, ni como acabé siendo su esclava. Me limitaré a recordar
aquellas situaciones que me marcaron y que durante cierto tiempo intenté
olvidar.
Su dominio sobre mi voluntad y mis deseos era absoluto, cosa
que aprovechó para llevar al límite sus deseos. Miraré de ser fiel a los
detalles y no extenderme en aquellas cosas que no sean importantes o de interés.
Recuerdo que una vez, sentados en la mesa de una cafetería,
mientras él centraba su atención en la taza de café, yo observaba de reojo y
disimuladamente a un joven atractivo que se encontraba tres mesas más
alejada."¿Te lo follarías?" me preguntó mi amo sin levantar la mirada de su
taza. Dudé un momento, pero no podía mentirle, así que le respondí
afirmativamente y con respeto.
-¿Ves la pareja que hay sentada más allá?, ¿te lo follarías a
él?- me preguntó.
-Supongo que sí, Señor- respondí. El chico era normal, no muy
guapo.
-¿y a ella?.
-No lo sé Señor.
-Mira aquel chico de allí... ¿te lo follarías puta? -. El
chico al que se refería era normalito, tirando a feo, aunque no era
desagradable.
-No lo sé Señor.
Mi amo se levantó, se dirigió a la mesa del joven y se sentó
con él. El joven dirigía su mirada hacia mi de vez en cuando. Al rato volvió mi
Amo:
-Ahora te levantarás y te dirigirás al lavabo de hombres,
entrarás en la tercera puerta. No tendrás que hacer nada, solo dejarte hacer.
Cuando me levanté, el joven ya no estaba en su mesa y deduje
que me esperaba dentro del baño. En ese momento mi corazón ya latía con gran
insistencia y mi excitación aumentaba a cada segundo. Entre disimuladamente en
el lavabo de hombres y me introduje en la tercera puerta. Allí me esperaba el
chico. Se le notaba algo inquieto y nervioso, pero rápidamente dirigió sus manos
a los botones de mi camisa. Comenzó a desabrochar los botones hasta dejar al
descubierto mi sujetador. Se desabrochó el pantalón tejano y se lo bajó junto
con sus calzoncillos, dejando a la vista un erecto pene de dimensiones
normales... nada especial. Posó sus manos sobre mis hombros e hizo presión hacia
abajo. No opuse ningún tipo de resistencia. Me coloqué de rodillas y dejé que su
mano guiara mi cabeza hacia su miembro. Abrí la boca y su pene se introdujo
entre mis labios. Chupé largo rato al ritmo que sus manos imponían. A veces la
introducía tanto que me producía arcadas, pero el impulso de sus brazos me
impedían controlar la profundidad de la penetración. Después me levantó y me
bajó el sostén. Manoseó mis pechos, los chupo y después metió su mano por debajo
de mi falda y me bajó las bragas. Me dio la vuelta y me puso de cara a la
puerta. La penetración fue inmediata. Los lentos movimientos dieron paso a
violentas y rápidas embestidas mientras manoseaba mis pechos. A los poco minutos
(no más de cinco) el joven paró. Me volvió a colocar en la misma postura del
principio y acabó eyaculando sobre mi cara. Yo no tuve ningún orgasmo, aunque si
me excité muchísimo. El joven se subió los pantalones y se fue. Yo me quedé
lavándome la cara.
Regresé con mi Amo. Nos volvimos para su casa. Mi Amo no dijo
una sola palabra. Llegamos a casa y me hizo desnudar. Me sacó al balcón y me ató
las manos a la barandilla con su corbata. Después se fue. Mi Amo vivía en un
ático y la noche entraba poco a poco, con lo que quedaba fuera del alcance de
miradas indiscretas. Pasadas un par de horas imaginé que me dejaría toda la
noche en esa situación, pero pasado ese tiempo regresó con una mujer. Yo me
sentí muy incomoda con la presencia de otra mujer, y un pequeño miedo mezclado
con excitación recorrió mi cuerpo. Yo sabía que tarde o temprano mi Amo me
obligaría a tener relaciones con otra mujer, pero no estaba segura de querer
hacerlo. Recuerdo que ella se rió al separar mis nalgas. Después se acercó a mi,
me levantó la cabeza por los pelos y me besó. Lamió mis labios y me los mordió.
Me cogió la cabeza y me la giró para que viera a mi Amo. Este se estaba sacando
el cinturón del pantalón. Se colocó a un lado y levanto el brazo. Yo estaba
encorvada hacía adelante. El primer impacto sobre mis nalgas me pareció como si
el cinturón penetrara y desgarrara la piel. Dejé escapar un chillido.
-Tengo pensado darte 25 azotes. Si gritas recibirás 25 más-
me dijo.
¡Veinticinco azotes con ese cinturón eran muchos!. Era
imposible que llegara a aguantar tanto. Pero contradictoriamente mi sexo se
encontraba para entonces completamente humedecido y excitado. Mientras pensaba
esto me cayó otro fuerte latigazo, esta vez en la parte interna de uno de mis
muslos, y el chillido fue inevitable.
-Serán 25 más.
¡Era imposible!. Apreté los dientes con fuerza y presioné los
labios para no emitir ningún sonido. Los segundos se hacían eternos esperando el
zumbido del cinturón, que inevitablemente acababa chocando contra mi cuerpo.
Esta vez el azote recayó sobre mis nalgas. Mi cuerpo se estremeció, pero no
solté ningún sonido. En tanto la mujer acariciaba y lamía mi rostro y pellizcaba
mis pezones, los azotes fueron marcando mi piel. El dolor era cada vez más
intenso, y mis fuerzas se debilitaban a cada uno de los azotes. Durante un rato
paró, se desnudaron y follaron sobre la tumbona que había en la terraza. Después
se acercó la mujer y colocó su sexo al alcance de mi boca. El semen de mi Amo
recorría sus pliegues carnosos y resbalaba por sus muslos.
-Límpialo zorra.
Mi atención se centraban en mis doloridas nalgas, pero sin
pensarlo saqué la lengua y lamí el sexo de aquella mujer. Noté las manos de mi
Amo en mi cintura y la punta de su miembro colocarse en la entrada de mi
trasero. Mientras chupaba noté como me penetraba sin ningún tipo de miramiento,
cosa que me produjo un fuerte dolor. Estuve así un buen rato, cuando ambos se
apartaron, entre las risas de la mujer, mi Amo volvió a coger el cinturón. Esta
vez descargó su fuerza también sobre mi espalda. Al poco perdí las fuerzas y me
dejé caer sobre el suelo, pero las manos atadas a la barandilla me impidieron
caer del todo. Mis piernas se arrastraban por el suelo mientras mis pechos se
clavaban en la barandilla. Eso no impidió que dejara de azotarme. Finalmente
perdí el conocimiento. Desperté a la mañana siguiente en una de las habitaciones
de la casa con un fuerte dolor en todo el cuerpo.
Ese día mi Amo me enseño a no mirar a otros chicos. Esto
ocurrió al principio de nuestras relación. Situaciones más extrañas viví
posteriormente.