TRÁLLAX XXIII
Su tercer combate. Más castigos.
Y la cruel depilación a la que fue sometido.
CAPITULO 23
TRALLAX, como ya estaba siendo habitual, en porretas,
marcando musculatura públicamente, se encontraba en el coso a la espera de
comenzar su tercer combate, y mientras eso sucedía, sujeto por la argolla de su
bonita nariz, con los dos cuchillos cortos sujetos a sus desarrollados muslos:
- ¡Paciencia, esclavo!.- a latigazos era dominado por RUFUS,
que sin piedad; a la espera de que el contrincante saliera igual que ellos al
coso, no paraba de castigar aquellos torturados músculos. Y es que el estado de
ansiedad que presentaba el cachas por la proximidad del enfrentamiento físico
era muy fuerte. Porque la lid que se avecinaba iba a ser muy dura, con
diferencia la que más. Ya que el contrincante era ni más ni menos el que hasta
en esos momentos era el reconocido por el mejor gladiador que pisaba actualmente
la arena.
Éste, el actual campeón, era un gigante franco de dos metros
con diez ctms. Al que después de untar pasta TERCHELD comprando su voluntad y la
de los gerentes del circo. Consintió que TRALLAX se enfrentara a él, mucho antes
de que le correspondiera por meritos propios. Ya que llevada tan solo dos
combates y para eso le quedaba aún mucho. Pero como quería antes de huir con él,
saber si TRALLAX era capaz de vencer a TERIX el temido franco, lo preparó todo.
El secreto del campeón consistía en un bebedizo que lograba
triplicarle las fuerzas, de ahí que venciera a todos con facilidad. Motivo por
el que nadie se quejó de que "colaran" a TRALLAX para que luchara con él:
- ¡Ahí llega!.- le comunicó el romano y girándose el cachas,
se encontró con la fiera estampa de TERIX. El "bicho" era casi tan musculoso
como él, y con ese tamaño, por naturaleza debía de ser más fuerte. Que además
con el bebedizo sería invencible pensó TRALLAX, que también sabía de oídas de
tal circunstancia. Pero él no estaba allí para rendirse, estaba allí para
ofrecerle a su amo otra victoria. Por eso, con tirones de cadenas se estaba
destrozando la naricita y pezones. Porque tal era su deseo de enfrentarse en
combate al gigante. Que con gestos le rogaba al amo RUFUS que lo soltara y
comenzar así la lucha:
- ¡Espera un poco musculoso!.- le participó no obstante el
romano. Hasta que viendo que aquello daba comienzo; soltándole, lanzándole un
latigazo en la espalda, le ordenó:
- ¡A por él, perro!.- y TRALLAX fieramente empalmado, se
dirigió a la zona del coso en donde le estaba esperando el franco, alto,
musculoso, bello, salvaje. Tanto que cogiéndole desprevenido:
- ¡Umk!.- con un puñetazo que con mala ostia le arreó en toda
la tripa, lo dejó sin fuelle. Cayendo el cachas de rodillas, protegiéndose
indefenso el estómago, y TERIX sujetándole por la trenza, alzándole las
mejillas. Comenzó un concierto de tortazos en el rostro que le lanzaba la cabeza
de un lado a otro. No con la intención de derrotarlo así, sino con la idea de
humillarlo e iniciar su domesticación. Porque aparte de recibir dinero, TERIX
puso la condición de que si vencía el esclavo pasaría a ser de su propiedad y
como TERCHELD estaba tan seguro del triunfo del español aceptó.

Y TRALLAX igual que un pelele, con los brazos colgando
indefenso, recibía el humillante castigo, hasta que el sádico franchute, tirando
de la recia argolla que sometía su nariz, lo puso de pie y cogiéndolo por la
cintura, apretando con todas sus fuerzas, dejándolo sin respiración:
- ¡Hummm!.- con todo el torso expandido, comenzó a
rechupetearle las tetas, absorbiendo goloso de sus ricas mamas, con la intención
de ponerlo cachondo. Cosa fácil de lograr, sintiendo TERIX en su poderoso pecho
como el cipote duro como el pedernal de TRALLAX, bombeando sangre en su
interior, creció de forma alarmante:
- ¡Cómo me gustas, esclavo!.- le avisó el francés que
estampándole un besazo a TRALLAX, se lo comió a besos. Logrando que el fornido
español deseara caer en sus brazos:
- ¡TRALLAX ya!.- cuando de pronto recibió la orden de
contraatacar. Pero el musculoso no tuvo fuerzas para hacerlo, estaba disfrutando
lo indecible a manos de aquel hijo puta:
- ¡Te voy a violar públicamente, zorra!.- e igual que si de
un musculoso saco de patatas se tratara, TERIX lo cogió del suelo y poniéndole a
cuatro patas, alzándole las deliciosas posaderas. Lanzándole viriles mistras en
ellas, poniéndole el chocho calentón. El franco mientras admiraba como le
colgaban por detrás los gordos huevos. Con la derecha se agarró a la cintura de
TRALLAX y cogiéndose el cipote:
- ¡Hummmm!.- de una tacada lo atravesó y moviendo su pelvis
con gallardía, con unas nalgadas escandalosas, sonoras, brutales, comenzó una
follada rompeculos, que TRALLAX gozaba de manera indescriptible, y es que
aquella polla francesa sabía follar de cojones y era muy capaz de llenar
potorros españoles con facilidad. Hasta que tirando de la trenza, poniéndole el
torso derecho, mordiéndole el cuello como prueba de su triunfo. Le llenó de
leche escanciando en la mole culturista hasta la última gota de semen que
poseía:
- ¿Qué te he dicho TRALLAX?- le recordó TERCHELD con voz de
enfado aunque estaba con el nabo muy duro. Y cogiendo el látigo que llevaba
RUFUS, saltó al coso y lanzándole el embolado extremo de la herramienta de
punición. Le cruzó al cachas ambas tetas, que no oponiendo resistencia a su
verdugo se quedó quieto, comenzando ahora sus huevos a ser latigueados. Cuando
comprobando TERCHELD que se los había pelado y dejado en carne viva, le ordenó
al hermoso:
- ¡Venga a por él!.- y esta vez sí. Porque el esclavo,
girándose se lanzó sobre el franco y golpeándose ambos los tarzanescos pechos,
se entrecruzaron los dedos de ambas manos y forcejeando durante unos minutos,
fue TRALLAX el que iba ganando, logrando alzar los brazos, tirando de los de
TERIX. Que mirando hipnotizado a TRALLAX que le iba derrotando. Por primera vez
en su vida se empalmó por tal motivo y ahora fue el besado y le gustó, sobre
todo porque ahora fueron sus francófonos pezones los rechupeteados, mordidos y
masacrados por los dientes de TRALLAX, que alzándolo al vuelo, como le gustaba
hacer en público:
- ¡Ohhh, nooo!.- le abrió el canalillo a éste y dejándole
bien visible el dilatado mejillón:
- ¡Oooooh!, ¡jodeeer!.- se lo folló de lo lindo, arrancándole
gritos de dolor que pusieron de punta los pelos a todos los asistentes incluso
al Emperador de Roma, sado acostumbrado a realizar mil perrerías con sus
esclavos. Y es que, la visión de la monta de tan poderoso garañón francés, por
otro aún más magnífico, un español increíblemente dotado por la naturaleza, era
de una belleza viril irrepetible:
- ¡Suéltame cabrón que me partes!. ¡Qué me rindo!- le rogó
TERIX:
- ¡El combate a finalizado con la victoria del esclavo
TRALLAX!.- anunció entonces el jefe de ceremonias. Pero TRALLAX estaba imparable
y no dejaba de forzar el dilatado chocho francés. Las enculadas eran aún más
bizarras que las que él gozó, para algo su miembro viril era bastante más grande
y gordo que el del francés.

Hasta que alcanzando el clímax, comenzó su polla a soltar
borbotones de semen de aquí para allá en cantidad ingente, demostrando que sus
cojones también sabían fabricar semen a espuertas:
- ¡Los látigos!.- ordenó el jefe de ceremonias y todos los
golpes cayeron sobre el físico de TRALLAX. Su espalda, nalgas y huevos fueron
pastos de varias lenguas de cuero. Pero como siempre que follaba, los azotes no
eran suficiente aliciente para que lo dejara y RUFUS entregándole su látigo al
jefe de ceremonias, procedió a enjaezarle por la nariz y aunque los tirones eran
dolorosos no lo lograba, y eso que además los zumbidos de los latigazos sobre su
musculoso cuerpo no dejaron de sonar. Entonces TERCHELD aproximándose a su
semental, sujetándole por las mejillas, obligándole a que le mirara a los ojos,
le dijo autoritario:
- ¡Déjate llevar a las cuadras, cerdo!.- y el cachas TRALLAX,
enamorado como estaba con un movimiento de cabeza consintió. Y siendo
despellejado vivo a latigazos, fue sacado de la arena en dirección a la prisión.
En donde, entre sucia paja vivía como un auténtico cerdo:
- ¡TRALLAX ha luchado otra vez de cojones!.- comentó para sí
TERCHELD:
- ¡Y eso que al principio ha dudado!.- pero aunque estaba muy
feliz, ese momento de debilidad que mostró con el galo necesitaba de un buen
correctivo. Motivo por el cual, olvidando la orden recibida por el Dueño de los
Amuletos, decidió montar una fiesta bacanal que durase por lo menos tres días y
atormentar al cachas:
- ¡RUFUS, llévalo a las cuadras y manda que le den doscientos
latigazos!. ¡Después déjalo allí hasta después de la comida del mediodía,
momento en que lo traes de nuevo al patio de arma y lo encadenas quiero que
disfruten de él mis invitados!.- relamiéndose de gusto solo de pensar los
padecimientos a los que iba a ser expuesto el macizo culturista.
--ooOoo--
TRALLAX retador miraba aquellos dos negros de la etnia tussi,
que armados de larguísimos látigos; uno por delante y el otro por detrás, iban a
proceder a latiguearle; atado como se encontraba de pared a pared en la cuadra,
brazos alzados piernas separadas en forma de aspas. Que con el bocado puesto,
con tan solo los dos primeros impactos en su soberbio cuerpo, pronto supo de la
reciedad con que azotaba ambos tipos.
Porque aquellos negratas atizaban de puta madre, sabían
fustigar esclavos, como si llevaran toda la vida haciéndolo. Pero sobre todo se
notaba que lo estaban gozando, no solo por el abusivo bulto que marcaban sus
tanguitas de lo cachondo que estaban, sino también, con la sonrisa cruel que
marcaban sus carnosos labios tussi. Y es que era toda una gozaba torturar
aquellos masivos músculos. Y TRALLAX lo sabía, y se entregaba a ellos sin
remisión, feliz porque la orden de punición vino de la bonita boca de su amo.
Por eso con los labios prietos, mirando agónicamente al
techo. A la vez, que sus músculos eran marcados sin consideración, por aquellos
esculturales tipos más oscuros que el chocho de un árabe. Quienes concientes de
que alcanzaron la cincuentena de latigazos, sabedores de que el dolor alcanzado
por TRALLAX era insoportable. Continuaron con la intención inicial de alcanzar
los cien, lográndolo con facilidad, ayudado por la capacidad de resistencia a
los castigos que poseía el cachas español, que con espumarajos en los labios,
cuan corcel forzado eternamente al trote, encajo el latigazo cien, recio,
fuerte, brutal.
Que dio inicio a la segunda fase de su castigo, con la
esperanza de que las fuerzas de los dos bravos tussi empezaran a flaquear. Pero
esto no ocurrió en ningún momento y los latigazos eran tan bestiales y certeros
como al principio. Mirando TRALLAX a sus dos torturadores con ojos suplicantes,
pero eso sí, bizarramente empalmado como siempre. Hasta que bañado literalmente
de sudor y sangre. El musculoso inició unos prohibidos movimientos pélvicos
indicadores de que uno de sus generosos y habituales orgasmos iba a dar
comienzo:
- ¡El puto se va a correr!.- comentó uno de los negros.
Dándoles más vigor con su obscena conducta a estos:
- ¡Machaquémosle!.- que excitados por tal motivo laceraron
aquel cuerpo con más brutalidad si cabe, arrancándole a TRALLAX unos gemidos
largos, tremendos de fuertes, que les puso la piel de gallina y las vergas
grande de cojones. Y aunque la agonía fue extrema, llegando a los doscientos
latigazos:
- ¡Cabrón!.- solo lograron arrancarle una gota de precum, eso
sí muy larga y espesa. Resistiendo TRALLAX una vez más el deseo de eyacular:
- ¡Bueno, se acabó la diversión!.- dijo el otro. Que pasando
las yemas de los dedos en los impactantes abdominales del cachas. Se regodeó con
la excitante sensación de sentir; como estos, se contraían espasmódicamente al
paso de sus dedos:
- ¡Vayámonos!.- y saliendo ambos por la puerta dejaron al
efebo español, que recibiendo de lleno los abrasadores rayos solares, cerró los
ojos a la espera de ser exhibido públicamente con el fin de ser despellejado
vivo a tirones de vello.
--ooOoo--
TRALLAX al quedarse solo, aprovechando esos momentos de
recogimiento, mientras notaba los bestiales picores de los azotes en su piel, no
paraba de pensar que hacer con su futuro. Porque con lo que ya sabía y por lo
que oyó a su amo cuando habló con el Señor Oscuro en el templo, las cosas le
quedaron bastante claras.
Se hallaba bastante inquieto, al darse cuenta de que él era
la pieza clave de este inquietante juego de ajedrez que se llevaban los dos
poderosos líderes. En donde se decidía el futuro de esta cultura homosexual y
ende de otras especies y dimensiones. Cosa que ya intuía, pero lo que no se
imaginó nunca era de la infinita crueldad del Señor Oscuro y menos que su
adorado amo estuviera de acuerdo con él:
- ¡Krom!, ¡sin importarle la libertad y felicidad de este
mundo de gays!.- pensó la poderosa beldad, entristecido por el negro corazón que
creía que tenía TERCHELD:
- ¡Pero no puedo dejar de amarle!.- y cerrando los ojos, se
imaginó delante suya el musculoso y bello físico del hispalense que con un
látigo en la mano, con una sonrisa muy canalla le estaba mirando:
- ¡Que gueno que está TERCHELD!.- suspiró. Recordando con
orgullo como se le marcaban las venas en los músculos de su desarrollado cuerpo
cuando lo azotaba. Con esos arrebatadores ojazos, muy amenazantes y prometedores
de sádicas vilezas. De nariz chatilla, labios muy mamones pero que estaba seguro
capaces de muchas perrerías. Dientes perfectos, pero que mal utilizados hacían
mucho daño. Pechos, brazos, espaldas y muslos, que por el desarrollo alcanzado
en estos pocos meses se habían agrandando y endurecidos espectacularmente:
- ¡Así es mi amo, mi master!.- se regodeó en su felicidad
TRALLAX solo al recordarle. Mientras mentalmente acariciaba los adorados
abdominales del amo, su vergota morena, rica, rica, rica, generosa en semen.
Porque TERCHELD poseía un pollón verbenero de fábula:
- ¡Joder como duele!.- y es que los doscientos latigazos le
quemaban de agonía la piel, le picaban terriblemente, no dándole ningún momento
de reposo y encadenado de pies y manos, brazos alzados y piernas separadas
encima de la paja, le estaba incluso prohibido acariciarse sus torturados
músculos. No obstante fue su amo el que ordenó este cruel castigo y él como su
esclavo acataba sus órdenes:
- ¡Pero por desgracia tendré que abandonarlo a él y al Señor
Oscuro!. ¡Son unos cabrones!.- y entristecido con esa idea entornó los ojos en
busca de un reparador descanso. Que los picores de los latigazos, en ningún
momento se lo estaban permitiendo.
--ooOoo--
TRALLAX encadenado entre los dos barrotes en el centro del
patio de armas, desnudo solo con sus zancos y chatarrería cubriendo las zonas
sensibles de su cuerpo, orgulloso esperaba que aquellos tipos jugaran con su
musculoso cuerpo, ¡que le torturaran!. Sabedor de que iba a ser puesto de
diferentes maneras al límite otra vez su resistencia al dolor:
- ¿Te gusta ser exhibido así, verdad musculitos!.- le
preguntó RUFUS mientras le cubría con un abrasador ungüento que impediría que
creciera el vello, después de que le fuera arrancado. Pero como no podía hablar
por el bocao, con un gesto le indico que sí:
- ¡Sí lo sé!.- y sintiendo como aquel líquido le abrasaba la
piel, tuvo la certeza de que el vello no le volvería a salir. Un brebaje que le
entregó a TERCHELD en persona un brujo de confianza del Señor Oscuro:
- ¡Prepárate porque entre muchos a la vez, a tirones te van a
arrancar el vello!.- le avisó éste, mientras le seguía untando el brebaje.
Cuando viendo lo que le escocía aquel líquido:
- ¡Échale eso en su polla y pajéalo!.- TRALLAX oyó la voz de
un hijo puta que le era desconocido. Pero que quería prolongar su agonía:
- ¡Ah, pero si eres tú!.- que su amo TERCHELD al instante
reconoció de entre la multitud, perteneciente a la del patricio SEXTO. Y al
cruel íbero la idea le excitó tanto que bajándole el prepucio, con una
indicación:
- ¡Aggg!.- le ordenó a RUFUS que volcara la botella, y feliz
por lo que estaba padeciendo el musculoso chiquillo. Comenzó a masturbarlo,
refrotándole el brebaje en tan sensitiva piel. Arrancándole bufidos de placer y
agonía a TRALLAX con tanto dolor. Pareciéndole al esclavizado culturista igual
que si ácido sulfúrico le quemara vivo el tronco de su nabo, testículos y gordo
bálano. Que junto con los sádicos escozores que sentía en toda su piel. Pero
sobre todo en los labios del chocho. TRALLAX infeliz soltaba espumarajos de
entre sus labios y bocao. Excitando a sus verdugos que nunca se cansaban de
hacerlo padecer. Hasta que entre TERCHERLD y SEXTO, con pellizcos en los pezones
y muerdos en los lóbulos de las orejas:
- ¡Hummmm!.- lograron que eyaculara, ofreciéndoles el cachas
el ojete para que se lo sobaran. Poniéndoles así a cien, porque le alargaron el
orgasmo, manando esperma de la polla del chico en cantidad considerable.
Logrando que los invitados formando corrillo, pasmados se quedaran admirándolo y
es que era suficiente con solo unos buenos bocaos y fuertes pellizcos, para que
aquel semental eyaculara con pasmosa generosidad:
- ¡No te alegres esclavo!.- mereciendo por ello un castigo. Y
TRALLAX consciente de que su amo siempre cumplías con sus amenazas, expandió
orgulloso el torso y metiendo vientre, sacando culete, miró al frente a la
espera de que eso diera comienzo:
- ¡RUFUS, llévatelo y que le den esos tussi otros doscientos
latigazos!, ¡por lo que se ve, no han sido suficiente los anteriores y lo traes
aquí de nuevo!.- y siendo el musculoso de nuevo liberado de los barrotes:
- ¡A la carrerilla musculoso!.- al trote fue llevado a las
cuadras a recibir el pertinente castigo físico.
--ooOoo--
El culturista esclavo TRALLAX acababa de ser expuesto de
nuevo y como siempre en los mismos barrotes del patio de armas. Eran las cuatro
de la tarde y el inclemente sol le daba de plano en sus músculos cubiertos de
cientos de gotitas de sudor y por los cuatrocientos latigazos encajados
recientemente:
- ¡Aprieta fuerte, que le duela!.- admirando con que dureza
sus dos verdugos negros le encadenaban fieramente a ellos.
Cuando preocupado TRALLAX, tirando con fuerza de sus cadenas,
vio acercarse a SEXTO, algo en su interior le decía que seguía con las mismas
sádicas intenciones que antes. Quién poniéndose junto a TERCHELD, con la excusa
de echarle una mano, le preguntó:
- ¿Que te parece si torturas a TRALLAX, colgado por los
huevos boca abajo!. ¡Con las piernas elevadas muy abiertas y separadas, sujetas
a los dos barrotes, y que él solo con las manos por detrás de su cabeza, se
apoye en el suelo quedando indefenso a las barbaridades de tus comensales?.-
¿quién habrá invitado a éste cabrón?, fue lo primero que pensó el cachas. Que
tirando con todas sus fuerzas de las cadenas, intentó sin lograrlo arrancarlas
de los barrotes, en un vano intento de huir. Recibiendo a cambio, por parte de
aquellos duros tussi unos magníficos latigazos en sus tetas por ese gesto de
rebeldía,. Pero tal era su destino, que no podía impedirlo; enrabietado además
de celos, al ver como aquel hijo puta comenzaba a sobarle a su amo:
- ¡Magníficos pectorales has desarrollado, tío!.- y TERCHELD
ésta vez le dejó al romano que le metiera mano a sus pechos. Que lo hiciera con
descaro, que gozara con ellos porque era un tetamen impresionante:
- ¡Toca, toca perro!.- porque ahora deseaba a SEXTO, "el
abuelo" tenía un musculoso físico de 25 años con unos abdominales de escándalo,
que tarde o temprano tenían que ser suyos y solo por eso le dejó meterle mano.
Pero volviendo a la pregunta, le contestó:
- ¡Pues que eres un cabrón, que voy a pensar!.- y apartándole
las manos de sus pectorales, sobre todo de la derecha que se había apoderado de
su carnoso pezón hispano, arreándole tiernos pellizcos. TRALLAX como un perro en
celo, oyó como TERCHELD, sin darle importancia al manoseo al que fue sometido,
le preguntó al rubiales de SEXTO:
- ¿Y según tú, así de esa guisa, que crees que se le podría
hacer a TRALLAX?.- y dando TERCHELD con un gesto la orden a los dos negros tussi
que pusieran a TRALLAX en esa cruel postura (la erección del polla del cachas
fue bestial), encadenados sus tobillos a los barrotes y sujeto boca abajo solo
por los huevos a la barra superior. Oyó a SEXTO que no dejándole tiempo a su amo
a responder, contestó:
- ¡Yo creo que su recto merece ser aberrantemente
atravesado!. ¿que tal por tu puño reforzado por correas y clavos?.- y observando
los dos el físico de TRALLAX, que se retorcía de miedo al oír sus palabras.
Sacando el rubio de una pequeña bolsa que colgaba de su cinto, un guantelete de
gladiador de cuero, bastante basto con puntiagudos remaches de hierro:
- ¡Joeeer, me has adivinado el pensamiento!.- sintiendo ambos
la fuerte erección de sus nabos. TERCHELD quitándoselo a SEXTO, poniéndoselo en
la mano derecha, le preguntó:
- ¿Y que más a la vez?.- arreándole después un besazo de
tuerca al romano por tan buena idea. Que subiendo y bajando su pecho con fuertes
inspiraciones de pura excitación, agregó:
- ¡Pues habría que alzarlo a pulso del suelo por los
huevos!.- y el gemido de terror que lanzó TRALLAX fue sonoro:
- ¡Uaggg!.- pero el berrido que soltó cuando los negros
obedecieron y lo medio alzaron del suelo solo sujeto por los testículos fue
aberrante:
- ¡Sí, así!:
- ¡Pero que toque con las yemas de sus dedos el suelo, o se
los arrancará, no?.- aclaró TERCHELD ante la imposibilidad de que el escroto y
huevos del esclavo fueran capaces de resistir el peso de ciento cuarenta kilos
de pura masa muscular del que estaba hecho el cachas. Añadiendo SEXTO:
- ¡Sí para que sus músculos permanezcan tensos durante horas
y sus testículos golpeados con palmetas de fresno!.- cuando cogiendo de sorpresa
al romano, aproximándose al indefenso esclavo, preguntó:
- ¿Cómo lo harás?, ¿a la vez que yo voy metiendo el puño
dentro de su potorro y tu vas y le sacudes en los genitales?.- y procediendo a
meterle el guantelete en todo el chocho:
- ¡Hummm!.- desgarrándole las paredes rectal. SEXTO a su vez
con una regleta que nadie vio de donde carajo la sacó. Con violencia comenzó a
darle "candela" a los huevos. Siendo el castigo insoportable, notando el esclavo
como sus pelotas eran golpeadas brutalmente, a la vez que su master, en un
sádico mete y saca con el blindado puño, le lijaba el potorro a conciencia,
despellejándolo vivo. Mientras él indefenso, con el nabo erecto, a duras penas
se sostenía sobre el suelo, en un intento de no perder el equilibrio, caer y que
su escroto desgarrado diera suelta a sus huevos, que escapando de la bolsa
cojonera, cayeran desnudos, rodando por el suelo, perdiéndolos para siempre.
Y así, con los dientes prietos, sus huevos eran golpeados con
brutalidad pretoriana. Encajado el castigo, mientras su amado master, le violaba
el potorro con aquel endemoniado guantelete. Logrando no obstante poner a la
perla fisioculturista a cien, que entre movimientos pélvicos, no paraba de gemir
de dolor, agonía y placer masoquista, hasta que conociendo su nabo las caricias
de la palmeta. Gozando de la introducción del puño hasta el fondo de su ojete,
hasta el mismo codo:
- ¡Hummmm!.- su miembro viril empezó a manar semen a
borbotones, regando el suelo de forma bestial. Excitando aún más a todos los
presentes, que nabos en ristre, iniciaron una sinfonía de masturbaciones, que
acabaron de abonar el que hasta ese momento fue un yermo trozo de tierra:
- ¡Que esclavo más encajador tengo!.- se felicitó TERCHELD,
nada más extraer el ensangrentado puño. Y sin dejar en ningún momento de admirar
como se marcaba en el hermoso rostro del culturista gestos de dolor. Alzándole
con descaro la túnica de tribuno a SEXTO, metiéndole mano a sus masivos músculos
pectorales, le comentó con retintín:
- ¡Estás muy cuadrado para tu edad!.- presintiendo que por el
profundo suspiro que el tribuno soltó, sería cera derretida en sus manos:
- ¡Por cierto, creí que te ibas a autoproclamar Emperador de
todos los romanos!.- le recordó:
- ¡Sí la verdad es que lo pensé!, ¡pero decidí que no, porque
me iba a quitar mucha libertad!, ¡sobre todo ahora que poseo el don de una nueva
juventud!.- y metiéndole TERCHELD la repujada mano de tachuelas dentro de las
braguitas, al notar el morcillón que poseía el veterano adonis:
- ¡Umk!.- se lo apretó con fuerza y sabedor de que le clavó
los hierros en el tronco del cipote, le dijo:
- ¡Ya veo que no solo has recuperado la juventud, sino que
aparte de adquirir unos buenos músculos has mejorado la paquetería!.- y sacando
la mano manchada de gotitas de precum y sangre, le prometió:
- ¡Tendré que hacerte una visita y ya sabes que me gusta
dominar y someter!.- y observando lo azorado que se quedó el semental, éste no
obstante le comunicó:
- ¡Debes saber que ya no vivo en palacio, sino en mi mansión
de patricio, aquí en Roma, en la colina!. ¡Para lo que gustes!. ¡La casita de
aquí es solo para cuando vengo al circo a retozar con musculosos gladiadores!-
le dijo retemblándose de miedo, al observar el grosor alcanzado por los bíceps
del hispalense:
- ¡Así será, te lo prometo!.- y cambiando de tercios,
TERCHERLD le comentó como si nada, como sino deseara someterle; refiriéndose de
nuevo a TRALLAX:
- ¡En su ombligo, todavía no me he cebado!. ¡Solo una vez y
poquito!.- respondiéndole SEXTO:
- ¡Bueno le impusiste además una argolla de hierro!,
¿recuerdas?.- reconociendo implícitamente que sabía más de lo que quería
reconocer:
- ¡Sí, pero no se lo he castigado a conciencia!.- y
deleitándose con la bella estampa de TRALLAX. Que manteniendo el equilibrio,
marcaba cada milímetro de su soberbia musculatura, añadió:
- ¡Pero todo llegará!.- y agarrando al musculoso por los
cojones, comentó:
- ¿Sabes lo que pienso hacer ahora?. ¡Pues esto!.- y
apretando con fuerza el escroto:
- ¿Se los estrujaré con mis manos así!.- y tirando con fuerza
de él, dejándole los huevos áun más reventones, añadió:
- ¡Y después le daré puñetazos, tirones y patadas!.-
empezando a lanzarle ostias que lograban arrancarle bufidos al atlético nene.
Hasta que, mostrándole los cojones a los negros tussi:
- ¡Tomad, perros!.- estos sin remilgos comenzaron a patearle
los testículos de forma inimaginable:
- ¡Quiero verle echar espumarajos por la boca y oír sus
berridos!.- aseguró TERCHELD, sabedor que con sus tratamientos eso resultaría
fácil:
- ¡Joder tío eres un cabronazo!.- le piropeó SEXTO:
- ¡Soy el mejor, TERCHELD, el mas cruel, el que mejor
adiestra!.- y acercándose a él, le aseguró:
- ¡Y tú no tardarás en comprobarlo!.- y arrancándose SEXTO la
túnica a tiras, se quedó en braguitas, marcando cipote debajo de ella, para que
su nuevo amo dispusiera de él. Pero ahora no era su momento, era el de TRALLAX.
Por eso el hispalense tirando de sus pezones, arreándole un castigador besazo,
le anunció:
- ¡Hoy no esclavo, mañana!.- y sobando aquel trabajado
físico, supo que ya estaba dispuesto para ser demolido, para someterse a sus
caprichos en la mazmorra:
- ¡Sí amo, cuando lo desees!.- pero SEXTO tenía también su
vena cabrona y asustando con sus palabras a TRALLAX, dijo:
- ¿Bueno amo y como se le arrancarán los vellos al cachas?,
¿seguro que estaría en esta posición, mientras se le quitan, verdad?.- y
reteniendo una eyaculación precoz, rogó:
- ¡Yo me pido los de sus sobacos y huevos, y además de
quitarle los pelos de los pelotas!, ¡se las retorcería y le daría buenas hostias
en ellas otra vez TERCHELD!.- y atizando unos patadones en el cuadrado vientre
del atlético semental, añadió:
- ¡Sí así, con el estómago duro y metido hacia adentro, es
como le daría buenos puñetazos en sus marcados abdominales!.- logrando que
TERCHELD a su manera le cogiera algo de afecto:
- ¡Auk!.- porque arrancándole a SEXTO los pelitos de sus
pezones, le participó:
- ¡Bien te dejaré los sobacos y huevos para ti!, ¡pero los
abdominales son para mí!.- y endiñándole un sorpresivo cate a la boca del
vientre de TRALLAX, dejándolo sin respiración, añadió:
- ¡Después de depilarlo a tirones porque eso va a ser lo
primero que hagamos!.- y apartándose del esclavo, comentó:
- ¡Pero antes me voy a tomar un refresquito!.- y con un gesto
que les hizo a los tussi. Ordenándole que mientras ellos regresaban, no tuvieran
piedad del cachas, entraron en unos de los edificios a descansar.
--ooOoo--
- ¡Así puta, chúpame el nabo!.- TRALLAX siendo bucalmente
follado por la negra verga de uno de los tussi. El otro, le empalaba con su
soberbio nabo, que de arriba abajo lo clavaba profundamente en su recto. Gozando
a la vez del sabor del semen de la verga que le forzaba a abrir la boca de
manera extrema, que mientras se la follaba no dejaba de emanar gotitas del
líquido vital, alimentándose del vigor del negrata:
- ¡Hummm!.- hasta que tirándole salvajemente de los pezones,
metiéndosela hasta el fondo, eyaculó en su puta boca, escanciando la lechada
alimentándole. Cosa que no sucedía desde hacía días. Disfrutando de aquella
situación bárbaramente. ¡Joder, con lo orgulloso y fiero que había sido antes
como agente de policía!. Pero él ya era un esclavo sin retorno a su vida
anterior. Un musculoso semental gay expuesto para siempre a los caprichos de los
demás tíos. Por eso cuando el otro tussi, procediendo de igual manera.
Clavándola dentro hasta los cojones, escanció todo su semen dentro de él:
- ¡Guarra!.- TRALLAX como una perra. Marcando todos sus
músculos de los contraídos que los puso. Su miembro viril soltó esperma a
presión, lanzándolo sobre el árido suelo levantando nubes de polvo.
Justo cuando, nada más recibir su cuerpo la lechada de
aquellos panteras negras y eyacular patas abajo. Aparecieron de nuevo los tres
verdugos, TERCHELD, RUFUS y SEXTO. Que a una indicación del amo de todos:
- ¡Dadle la vuelta!.- TRALLAX fue puedo de nuevo de pie. No
siendo en ningún momento liberado, todo lo contrario las cadenas fueron más
tensionadas y sus músculos alargados hasta la agonía más extrema. Cuando
abusando de su indefensión, de dos jodidos tirones, fueron arrancados cientos de
pelos de sus sobacos, ¡Joder como duele!, pensó TRALLAX, observando a SEXTO que
dichoso se estaba aprovechando de su situación. Pero allí no acabó todo, porque
no fue él solo el que lo hizo:
- ¡Hummm!.- ya que después de ser su chocho desprovisto de
vello por una retahíla de tirones crueles, realizados entre RUFUS y de nuevo por
el tribuno. TERCHELD masacrándole a cates los abdominales, de un solo pellizco
le arrancó todos los pelos de su nudoso ombliguito. Forzando al cachas, que de
dolor metiera el vientre para dentro y mostrando sus turgentes pezones; estos de
dos viriles tirones mamarios:
- ¡Ufff!.- quedaron desprovistos de sus oscuros vellos. Pero
ahí no quedó todo, porque los dos negratas; tirando de las carnes de su espalda
procedieron a arrancarle la mata de pelos que la cubría. Acercándose de pronto
más tíos que se encontraban presentes en el patio. Que deseando participar,
comenzaron a tirar de sus vellos arrancándoselos de cuajo, dejándole los
músculos entumecidos de dolor y la piel roja como la sangre. Menos mal que
llevaba el bocao y mordiéndolo con fuerza resistía mejor el dolor, pensó el
musculitos
El fornido semental gay se encontraba anonadado, fuera de sí,
el baño de sensaciones que sentía era brutal, su verga a tirones era desprovista
de la mata de pelos que la rodeaba. Su chocho en exclusiva era depilado con los
sádicos tirones de SEXTO. Sus tetas, ¡ooooh!, su poderosos músculos pectorales,
eran pellizcados y tirando de ellos, eran las matitas de pelos arrancados de
raíz. Mientras que TERCHELD, clavándole profundamente un dedo en su ombligo, con
mucha fuerza:
- ¡Hummm!.- logró que el dolor testicular fuera impresionante
y su vergota grande, dura y gorda estuviera a punto de reventar. Y de esa manera
tan formidable la mole de músculos era depilado. En lo que parecía que iba a ser
de forma permanente, ya que el ungüento con el que fue su piel restregada,
impediría que renacieran. Cuando arreándole TERCHELD un beso, le ordenó:
- ¡Córrete puta, te lo mando!.- y aquella fulminante orden
fue para la mente del sometido TRALLAX demoledora. Y el cachas contrayendo sus
músculos, sin dejar su piel por decenas de dedazos de ser desprovisto de los
pocos vellos que ya le quedaban. Mirando al frente retador, pecho expandido
vientre encogido y muy marcado. Empezó a eyacular con bestiales borbotones de
semen que salían de la punta de su nabo de forma imposible. Gordos goterones que
de lo espeso que eran se adherían en la superficie en que caían, como si de
resina de tratara. Hasta que dejando de manar ese miembro viril semen. El cachas
agachando la cabeza, apoyando la barbilla en su pecho, cerró los ojos en busca
de reposo a sus torturados músculos, totalmente derrotado e humillado.
Pero aquel pechazo pedía más candela, por eso SEXTO en un
ataque fiero de lujuria sádica, le preguntó por desafiante que se mostraban los
pezones de TRALLAX:
- ¿Y qué harías con esas macizas tetillas?.- y TERCHELD
dejándose llevar por sus depravados instintos, le respondió:
- ¡Lo primero le atravesaría el pezón derecho con un grueso
alfiler provisto de un fino cordón.- y sacando el material descrito, ¡joder,
allí todo el mundo iba armado!, gimió el tiranizado culturista al verlos, que
revolviéndose entre las cadenas de terror:
- ¡Hummm!.- TERCHELD de una tacada se lo atravesó:
- ¡Y tiraría así!.- y alargado el brazo. Logrando arrancarle
gemidos de agonía, tensionando el fino hilo:
- ¡Oiría sus gemidos al correr la guita por el agujero!. ¡Y
tirando con rapidez!, ¡oliendo a carne chamuscada por la fricción!. ¡Después le
atravesaría el otro pezón así!:
- ¡Aggg!- disfrutando los tres, al ver a TRALLAX que
desesperado miraba indefenso sus torturadas tetillas. Porque eso era lo único
que podía hacer ya que estaba encadenado entre los recios barrotes:
- ¡Y tiraría con fuerza!. ¡Gozando con el olor a carne
quemada!.- aclaró por si alguien tenía dudas:
- ¡Aunque el cachas resiste, es insoportable, porque el dolor
va siempre a más!.- aclaró y para demostrarlo:
- ¡Hummm!.- tiró con ganas. Y seguro como estaba de que de
esa manera, subiría sus pectorales y metería el estomago hacia adentro, para
llenar sus pulmones de aire
- ¡Ahora es el momento, coge un extremo!.- y obedeciendo
SEXTO, aprovecharon tal circunstancia para tirar de la soga entre los dos.
Primero del izquierdo, después del derecho, alternativamente sin parar, igual
que si de un serrucho se tratara, quemándole y tensándole terriblemente los
pezones. Clavando la mole culturista los zancos de pena en el polvoriento suelo.
Logrando aquella bizarra imagen, que SEXTO empalmado se agarrara el nabo:
- ¡Joerrrr, tío, me estoy pajeando, que gustazo!.- no parando
TERCHELD por ello. Y mientras éste alcanza el orgasmo, bajando la aguja,
comentó:
- ¡Después le cogería el pellejito superior del ombliguito,
así!, ¡Se la atravesaría y tiraría de la guita a rabiar, y así alargaría sus
pezones hacia abajo:
- ¡Para que a cada fuerte inspiración de sus pulmones él
mismo tirando de ellos se fuera torturando las ricas tetillas:
- ¡Joerrrrrr!.- gimio de placer SEXTO:
- ¡Después, atravesando el pellejito inferior del ombligo!.
¡Tirando salvajemente, tensándole los pezones al borde del desgarro!. ¡Con las
soga, le estrangularía de varios giros la polla y cojones!. ¡Cuando nada más
acabar!:
- ¡Tirando con fuerza, volvería a ensartarle ambos pezones!,
¡y tensionando el cordel con la misma fuerza!. ¡Pero esta vez para abajo,
terrible, tenso!, ¡pasaría la guita por la gigantesca argolla de Krom que somete
su polla y tirando con vileza hacia arriba, le traspasaría el tabique nasal de
su coqueta naricita!.- disfrutando los presentes, con la terrible agonía que se
le marcaba al cachas en el hermoso rostro, cuando lo hizo todo:
- ¡Lo tienes completamente doblegado!.- anunció SEXTO. Que
con el cipote muy morcillón, oyó y fue testigo de lo que iba a acontecer:
- ¡Y tirando hacia abajo del cordón, como cruel final, le
estrangularía los huevos y así de tenso con la excitación de su miembro viril!.
¡Que imparable y excitado no pararía de vibrar en un sádico sube y baja!.
¡Torturándose sin querer los pezones, ombligo, polla, testículos y nariz!:
- ¡Joerrrrrr, tío!, ¡qué pasada!. ¡Qué cabrón!. ¡Vaya
imaginación que tienes TERCHELD!.- comentó el noble patricio romano:
- ¡El cachas muy doliente como dices, quedará totalmente
doblegado a mí a su amo!. ¡Quedando así expuesto durante horas para dolor suyo y
placer sádico de los demás!.- y disfrutando de la atormentada situación del
escultural expolicía. Ordenó a los tussi:
- ¡Esclavos ponedlo de nuevo boca abajo y atadle bien tenso
los testículos!. ¡Quiero que sean sus zonas verendas muy atormentadas!.- y
comprobando lo obediente que fueron los negros.

Sin dejar de mirar a TRALLAX, el hispalense cogió a SEXTO y
arrastrándolo de los hombros le puso de rodillas, ordenándole:
- ¡Anda chupa y calla!.- endiñándole buenos pollazos a
aquella bocota tan mamona. Extasiado de lo bien que la chupaba, logrando ponerle
las tetillas como escarpias:
- ¡Sí así, puta!.- mientras no se perdía detalle de los
gestos agónicos que TRALLAX. Circunstancia que RUFUS solicito aprovechó, para
sujetar a su amo por los sobacos. Comenzando con la puntitas de la lengua a
rechupeteárselos, volviendo loco de placer a TERCHELD. Hasta que arrancándoles
un orgasmo:
- ¡Vayámonos de aquí y dejemos al esclavo sufrir!.-
apartándose del cachas hispano, se dirigieron a sus aposentos acompañados de sus
esclavos de confianza. Dejando a TRALLAX ser manoseado y abusado a placer por
los machos que allí quedaron, a la espera de más tormentos.
CONTINUARA……….
Podéis visitar mi web
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ver dibujos míos que son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en
los que no incluí ninguno