A partir de que comencé aquellos cursos de informática, hace
de esto un poco más de un año, que por diversas razones ya les he contado algo,
y como de cualquier manera tenía que practicar mucho en el teclado, más que nada
y en un principio, con la escritura, cosa que siempre me ha gustado bastante;
sumado al hecho de tener que hacerlo obligatoriamente y, sobretodo, donde
hacerlo gratuitamente, fue que me sentí muy estimulada: primero a intentar
llevar una especie de diario intimo, que, coincidiendo con todo lo excitante y
trasgresor que estaba viviendo junto a mi primo, se llenó, recurrentemente, de
pasajes muy voluptuosos. Pero a todo esto, también, hay que añadirle lo que iba
descubriendo de mí misma en las relaciones con mi marido y, sobretodo, con mi
primo, que me daban, y aun me dan, placer rememorar; entonces, irremediablemente
y sin lugar a dudas, no podía dejar de convertirse, más que nada, que en un
diario erótico.
Pero, a lo novedoso y sexualmente estimulante de la relación
que con mi primo veníamos teniendo desde hacia como un mes, con todas nuestras
locas fantasías y hasta a mi descarada infidelidad en el matrimonio, también no
puedo dejar de tener en cuenta la atracción que había experimentado, bastante
tiempo atrás y que creo que ya lo he contado alguna vez, por la lectura de
algunos relatos eróticos, que si bien eso duró solo aquel año escolar en el que
nos juntábamos los sábados de tarde con una compañera de estudio que tenía
computadora y conexión a internet en su casa en lo que llamábamos la previa a la
salida de la noche. Para esa época, ya habido sentido la secreta tentación de
contar algunas de mis cosas, sobretodo las que había vivido en mis primeros
escarceos sexuales, pero, por otro lado y sin lugar a dudas también influyó
cierta tendencia exhibicionista, muy personal pero muchas veces reprimida, sobre
mi persona y mi vida, para que decidiera, el verano pasado, contarles lo que más
recientemente me estaba ocurriendo con mi primo, mismo estando casada y
embarazada.
De cierta forma, toda esta etapa de mi existencia, como
también ya lo he contado, comenzó después de juntarnos varias tardes seguidas en
las que matábamos el tiempo, aparentemente solo tratando de darnos ánimo frente:
a su aburrimiento, mientras se recuperaba de una lesión en una pierna, y,
sobretodo, al sentimiento de frustración general que me había invadido luego de
enterarme que estaba embarazada y al casarme con alguien que no me motivaba
nada. Y así, conversando sobre cosas de la vida y a pesar de él tener serios
problemas económicos, mi primo siempre trataba de alegrarme e, incluso. me
reprendía cuando yo exageraba mis males, al punto de que una tarde de esas
tardes, mientras caminábamos, frente a mis continuos lamentos llegó, medio en
broma y medio en serio, a darme un chicotazo con una camiseta, dejándome un
marca en una nalga
Hasta que, precisamente, un día, a la hora de la siesta en
que estando solos en casa de mis padres sucedió, lo que ahora me doy cuenta
claramente que tenía que suceder irremediablemente,: poco a poco me fui
entregado a la diversión con mi primo de 24 años; primero, dejándome convencer,
luego de mucha insistencia, de que le mostrara mis tetas de preñada y una vez
con ellas al aire ya no puse prácticamente nada de resistencia, y, muy por lo
contrario, yo misma terminé ofreciéndoselas, a que me las besara y chupara, para
luego totalmente enloquecidos termináramos llegando al climax en una mutua
masturbación.
Pero lo que más me entusiasmó en adelantar lo que en un
principio era solo intención de escribir lo que me estaba sucediendo
sexualmente, fue lo que ocurrió a la mañana siguiente de esa primera vez con el
incidente del termómetro ya que, con todo lo mucho de infantil que tuvo en ese
momento, y que no ha dejado de tenerlo, no dejó de ser original y digno de
contarlo porque fue algo tan fuerte para mi que solo pudo ser posible si se
tiene en cuenta toda la confianza surgida, además del cercano parentesco, de lo
que habíamos vivido muy anteriormente entre nosotros; y que, de cierta forma,
esa locura coronaba una relación erótica que había comenzado muchísimos años
antes. A la vez que sentí, a partir de ese instante, en que me preparaba para
que mi primo hurgara en mi ano con el termómetro, como que si en nuestra
relación todo ese tiempo no hubiera pasado para ninguno de los dos o por lo
menos que el pasado estaba, a pesar de los años, super presente.
Y por otro lado todo lo que sucedió en ese día ya anticipaba
lo mucho que ha venido sucediendo después, pero, en especial lo de esa mañana,
que aun me resulta casi imposible de imaginar que, alguna vez, pueda hablarlo
con alguien personalmente; exceptuando, por supuesto, a mi primo porque además
también fue protagonista, aunque pensándolo bien ya me han contado en persona
cosas mucho más extravagante incluso muy grotescas.
Mismo ahora que puedo decir que le he sido infiel de mil y
una formas a mi marido, esa vez, sin dudas, además, de haber sido la primera vez
que se la chupé a otro estando casada, tiene la depravación de, incluso, haber
estado hablando con mi marido mientras sentía dentro de mí el termómetro que,
solo momentos antes, mi primo me había introducido en el culo; y así fue que
prácticamente desde un inicio, le estuve corneando en su misma la cara.
Además desde ese primer día mi primo, acostumbrado al tema de
los cuidados médicos porque mi tía, su madre, aun se desempeñaba como enfermera
particular, pasó a ser extraoficialmente mi terapeuta, sicólogo, consejero
matrimonial, dietista, masajista, acupunturista, profesor de yoga, sexólogo etc
etc, según la ocasión y hasta mi siquiatra, como lo llamaba mi marido, cuando yo
estaba insoportable, burlándose y sin saber que esa relación doctor- paciente
venía de muchos años atrás, aunque nunca dejó de reconocer, mismo en algún
momento que le atacaron ciertos los celos, el efecto positivo y muchas veces
tranquilizante que me producían sus consejos, pero a mi me gustaba decir que era
mi medico de cabecera porque es lo más parecido a ginecólogo pero no daba para
referirme a él de esa forma, públicamente ni en broma porque sería muy directo y
menos decir que era mi proctólogo preferido
Entonces, como les contaba antes, al disponer gratuitamente,
para la práctica durante unas cuantas horas semanales, de un ordenador, mi
entusiasmo por escribir mis confesiones sexuales se materializó y poco a poco
fui almacenando en algún disquete mis primeras experiencias pero al momento de
contarles a ustedes algunos de los momentos eróticos, por lo menos para mí, más
relevantes, me vi obligada a un poco más de trabajo que no me arrepiento de
forma alguna.
Por ejemplo, a los efectos de facilitar la lectura y que esta
fuera más agradable, intuitivamente, he tratado de cuidarme, word mediante, de
no repetir mucho las mismas palabras y las mismas expresiones o para que mi
relato, a pesar de mis limitaciones literarias y sin alejarme de lo que,
realmente, me venía sucediendo, sea lo más fluido posible he tenido que releer y
corregir lo escrito por lo menos un par de veces antes del envío.
Y así fue que lo que viví más o menos en un mes y que pude
contárselo a una amiga en una caliente charla de una tarde o solo de una noche,
tomando café o cerveza, en forma escrita me llevó hacerlo más de un año; pero
no, solo por eso fue así, ya que, por otro lado, tampoco quise, aunque
perfectamente pude, saltearme momentos, además de muy disfrutables, que a mi
entender eran: consecuencia, causa o, que creo que, de cierta forma, explicarían
otros que se desencadenaron después; pero, también, porqué con esta forma
minuciosa de contar las cosas que me caracteriza, tampoco quise cansarlos
mandando una confesión tras otra.
Otro de los inconvenientes que tuve fue que al no tener
computadora en casa ni en lo de mis padres, familiares cercanos o amigos de
confianza, la mayoría de los envíos los hice desde algunos locutorios y ciber
café: y que, como en el lugar en que aun vivo tiene más de pueblo que de otra
cosa, los que hay no tienen ninguna privacidad; siempre están llenos de gente
revisando sus correos e, incluso, de niños y adolescentes con los msn, chat y
juegos en red. Entonces no les será difícil imaginar que estando casada, y en su
momento embarazada, abrir una página más o menos erótica con toda esa gente, la
mayoría conocida, pasando por detrás de mí y queriendo curiosear lo que estoy
viendo no es nada estimulante.
Ese misma contrariedad también limitó, quedándome aun con
bastantes ganas, sobretodo cuando tenía mucho más tiempo libre, de que leyera,
aunque algunas las copiaba en el mismo disquete, muchas de las alucinantes
experiencias que detallan otras personas ya que siempre tienen algo de novedosas
e excitantes.
Aunque, sin discriminar, les confieso que las que más me
atraen, por resultarme más instructivas, liberadoras y de más fácil
identificación, son las que cuentan de sí mismas otras mujeres, ya que , de
cierta forma, y aunque la mayoría de las veces no lo parece, mi impresión es
que, en general, nosotras somos menos violentas pero muchos más inmorales que
los hombres.
Pero por otro lado, como les decía, por el hecho de serme muy
útil en la práctica de los programas de escritura, también quedaba muy en
evidencia que le ponía muchas ganas al estudio, de ahí que todos, incluyendo mi
marido, por supuesto sin saber que me traía también algo obsceno y indecente,
desde el primer momento, me apoyaron y estimularon a que le dedicara bastante
tiempo a la computadora; y hasta mi tío me prometió conseguirme un empleo, luego
de que el bebé naciera, si culminaba el curso y lo ampliaba. Así que también
hubo otros ingredientes a favor de querer intentar contar de la mejor forma lo
que estaba viviendo.
De cualquier forma todo este año que ha pasado ha sido de un
erotismo nunca vivido hasta ahora por mí, con algunos días de muy pocos límites,
y que, más allá de lo que se pierde en tanto a emoción cuando se cuentan cosas
que ocurrieron pasado ya un tiempo, porque para mí, indudablemente, contar algo
que recién ha sucedido, por lo menos para quien lo cuenta, a pesar de la
incertidumbre y los riesgos, tiene un efecto, bastante más excitante. Aunque
rememorar los mejores momentos pasados, también, siempre tiene lo suyo. más allá
de que hay veces que al contarlo ya se sabe mucho de las cosas que sucedieron
bastante después, y por eso creo que los relatos se hacen un poco más largos
porque incluyen muchas de las cosas que se reflexionaron con el tiempo.
Pero de cualquier manera, hoy puedo afirmar que fue muy
apasionante haber podido compartir lo que, por lo general, he disfrutado al
máximo y también fue otra forma de erotizarme y, por supuesto, serle infiel, aun
más, a mi marido, no por algo especial en él sino por lo que significa hacerlo a
escondidas, cosa que siempre me ha calentado mucho, aunque lo de mi matrimonio
ya ha cambiado bastante
A la vez, el curso me acercó, aun más, a mi vecina la
mulatita que en su explosión hormonal, me transmitía su alegría de vivir y que,
además, con su desparpajo y su vocabulario villero me divertía mucho.
Si bien no fueron muchas las veces en las que coincidimos en
el horario de práctica, cuando esto sucedía y la venía venir, mientras yo estaba
escribiendo, inmediatamente minimizaba la ventana apareciendo en pantalla una
diferente con algún otro tipo de ejercicio, porque ella siempre estaba
morbosamente curioseando y queriendo saber lo que de vez en cuando yo escribía,
haciéndome persistentemente, de alguna forma, recordar íntimamente lo que tenía
de prohibido y, a la vez, regodeándome con ello. Mi respuesta habitual,
haciéndome la misteriosa y pidiéndole confidencialidad, era que le contaba cosas
personales, como problemas en mi matrimonio, a mi hermana y que de paso llevaba
algo así como un diario con algunas cosas secretas e indecentes.
En esa época, ella me interrogaba mucho sobre cualquier cosa
partiendo de la diferencia en nuestras edades y supuestamente en mi mayor
experiencia; algunas veces hasta se atrevía sugestivamente a pedirme que le
leyera algo de eso; pero yo, entre risas, le contestaba negativamente pero
siempre con algo de ambigüedad. Más allá de todo eso también se transformó, y
que en esos momentos me hacía bastante falta, en una buena compañera de
conveniente confianza y de incalculable ayuda en todo esos tiempos que vinieron
después. Pero también la usaba mucho para tener a mi primo siempre al palo, ya
que él nunca me había ocultado que fantaseaba con ella y hasta que le tenía
ciertas ganas: además de que desde el primer día en que la pendeja casi nos
descubre encamados y que, sin ella saberlo ni imaginarlo "intercambiamos
camisetas", pasó a estar alimentando, como tantas otras cosas, nuestras
desequilibradas fantasías eróticas
Por otro lado, al tener algo que hacer fuera de mi casa, le
aflojé un poco al pegoteo con mi primo para que él tuviera tiempo libre para
hacer alguna cosa que le reportase dinero, ya que, desde que comenzó todo,
excepto algún día que iba a la ciudad, mis horas en el curso y las noches que
desgraciadamente tenía que estar con mi marido, se la pasaba pegado a mí
prácticamente todo el día.
A costa de exponernos a ser descubiertos, cogíamos como
podíamos, a toda hora y en cualquier lugar, siempre fantaseando con algo; con
los lugares o los momentos y cuando no era con mi marido era con los chismes que
nos llegaban de lo que hacían otras personas, sobretodo con las infidelidades y
los puteríos familiares, hasta con las secretas andanzas del joven cura que con
varios años en esa misma parroquia ya se había ganado algunos comentarios, o con
la pardita, que con el tema del curso anda siempre en la vuelta, y que no solo
tenía numerosos y enredados lazos familiares sino que estaba al tanto de todo lo
que pasaba en el pueblo; además mi relación con ella desde siempre tuvo algo muy
especial que me inhibía sentir conflictivos celos; eso, de cierta forma, me
tranquilizaba mucho sobre mi misma, entonces también su cercanía aportaba ya en
esos momentos otro motivo muy inmediato para divertirme calentándonos mucho.
También en esos días comenzaron los arreglos de la casa,
empezando por la pieza y el bañito del fondo; mi primo, para tener la excusa de
andar siempre rondándome, y sin esperar que apareciese ni el dinero ni los
materiales, decidió, ya que las herramientas eran las de mi padre, que se podía
empezar por limpiar y rasquetear las paredes, cavar pozos para el futuro cerco,
etc etc. cosas que se podían hacer sin efectivo.
Mi marido estaba encantado con tanta disposición y disfrutaba
también de los visibles progresos.
Casi todas las mañanas mi primo llegaba una vez que mi marido
había partido; y muchas veces yo lo aguardaba sin ni siquiera levantarme de la
cama, hasta alguna vez totalmente dormida. Entraba directamente ya que le había
enseñado donde escondíamos, por las dudas, una de las llaves de la puerta de la
cocina que daba hacia el patio. No bien llegaba, se dirigía al otro cuarto donde
se desnudaba porque allí yo ya le había hecho un lugar para que guardara su ropa
y la remplazara por un equipo de prendas de trabajo que cariñosamente le había
seleccionado de entre las ropas viejas de mi marido.
Entonces, la mayoría de las veces se metía en mi cama ya
completamente desnudo; todos los días eran una fiesta distinta que siempre
tratábamos, intuitivamente, que fuera lo más original posible. Así fue que, por
ejemplo, en una de esas mañanas en que yo aun dormía fue directamente hacia mí
con la verga ya dura e, hincado en la cama, me fue despertando pasándomela
suavemente por los labios hasta que, sin sobresaltarme, fui abriendo la boca
dándole cabida. Lentamente, sin cambiar prácticamente de posición y con los ojos
entre cerrados, se la fui chupando como tomado un biberón medio dormida,
mientras él acariciándome la cabeza movía muy suave y rítmicamente sus caderas.
Luego de un buen rato de estar dejándome ir en esa sensación
deliciosa de estar chupeteando entre sueños, él aceleró sus movimientos y mi
boca se transformó en solo un cálido y húmedo orificio, solo mis labios
participaban, apretando la piel del duro cilindro que se deslizaba con mucha
facilidad, en lo que, cada vez en forma más violenta, se fue transformando en
una brutal cogida de garganta.
Intenté emitir, frente tan depravada invasión, algunos
quejidos que no llegaron a ser nada más que apagados gruñidos, y como me tenía
sostenida de la cabeza no había forma de que la punta de su pija parara de
golpearme en la campanilla como si quisiera entrar aun más allá.
Sofocada y acalorada por la asfixia que la desenfrenada
penetración me producía, al punto que ni siquiera me da para imaginar la
desencajada expresión que tendría mi cara en esos momentos; y así fue que sentí
contra mis amígdalas la potencia del primer chisguete de su semen, produciéndome
hasta una arcada, pero como no me dejaba opción, por la forma en que me tenía
asegurada, enseguida me lo comí de un trago; igualmente, con cada vez con más
placer, me fui tomando todos los primeros chorros de su acabada y a medida que,
satisfecho de haberme cogido la boca, enlentecía sus movimientos, fui tomando el
control pudiendo saborear, incluso haciendo buches, toda su leche, y cuando lo
único que le quedaba en tensión era su verga, usando también mi lengua, continué
chupando y exprimiéndosela hasta su última gotita, como si me hubiese tomado muy
en serio lo de tomar la mema medio dormida.
Resultó tan real lo de la lechita matinal que, así como
estábamos, y sin ni siquiera alguno de los dos fuese al baño a lavase, mi primo
se metió en la cama y, prácticamente sin decirnos palabra coherente alguna, solo
un corto beso en la boca, nos dormimos abrazados por más de una hora, muy a
pesar de los terribles riesgos que implicaba el dormirnos juntos y en mi cama.
Pero lo que también terminó por decidirme en a contar a todos
lo que estaba experimentando fue lo que sucedió a la siguiente mañana, después
de, prolija y apasionadamente porque era un día muy especial, hacer el amor,
cuando llegó el momento en que mi primo tenía que ir a recoger sus resultados
clínicos, y fue ahí que le entró, como a todos, un poco de cagazo, manifestó su
preocupación de tal manera que consiguió trasmitírmela a mi, aunque en menor
medida ya que estaba segura de que, entre nosotros, habíamos hecho las cosas
bastante bien.
Pero el factor de mayor riesgo era él por alguna relación que
había tenido viajando. Estaba tan ansioso que casi rezaba y buscaba, un poco en
serio y otro poco en broma, para distenderse, promesas que cumplir, al punto de
llegar a parecer muy creyente, por decirlo de alguna forma. .
Entonces me animé a exponer y hacer mi promesa:
"- Si esta todo bien le cuento a todo el mundo lo
nuestro.-"
Al principio, cuando mi primo escuchó esto pensó que yo
lo decía en guasa y hasta
me lo recriminó diciéndome que no era momento ni asunto para
tomarlo a la chacota. Luego frente a lo impasible de mi actitud se preocupó, y
quizás pasó por su mente todo los cambios familiares que sobrevendrían de hacer
pública nuestra relación. A lo que yo le dije algo más o menos así:
- " – En serio, si lo tuyo da todo o.k., que es lo que más
deseo, voy a contar algunas cosas nuestras, por supuesto, las mas calientes, en
alguna página de relatos de la red."
Al darse cuenta, cosa que no demoró mucho, ya que me conocía
bien y que ambos no éramos afectos a hacernos bromas en momentos cruciales, puso
el grito en el cielo me dijo que estaba re loca.
Lo dejé hablar, y por lo mucho que le conozco me parece que
él, en ciertas cosas, es más mesurado que yo, lo que no me molesta para nada, al
contrario me da más seguridad, entonces esa mañana, no se cansó de exponer toda
una serie de argumentos, aunque validos, a los cuales, más conservadores, pero
yo, a esa altura, ya sabía, porque lo había descubierto por mi misma, que basta
calentarlo un poco y sobretodo que me vea lo más emputecida posible y dispuesta
a mucho, para que abandone sus temores y me apoye en mis locuras.
Así que le expliqué que, de la misma forma que él se la
pasaba inventando cosas morbosas para calentarnos, como sucedió el día en que me
refregó por todo mi cuerpo, al vez que me masturbaba, las páginas, de una
revista, con fotografías de unas modelos prácticamente desnudas, entonces, yo
del mismo modo, con solo recordar esas mismas cosas que habíamos hecho y pensar
en poder contarlas también me ponía a mil. Además le confesé que hacía años que
tenía ganas de contar algunas cosas de las que ya habíamos hechos, y a partir
del episodio del termómetro, había vuelto en mi todo el morbo que significa,
mismo ya de grandes, jugar los doctores.
Entonces como frente a cosas como esa uno promete cualquiera
porque solo se quiere safar en una buena, él no se podía echarse para atrás y
desautorizarme. No bien, resignado, manifestó su aprobación y compromiso, lo
apreté con fuerza dándole besos en la boca y, haciéndole cosquillas para
relajarlo, le dije que todo estaría super bien y que le prometía que en algún
momento le iba hacer un regalo que realmente se sorprendería, y muy gratamente,
de mi.
Yo no lo estaba tomando a broma ni quise aprovecharme de la
importancia del tema pero también fue para, amorosamente y con diversión,
distenderlo de la ansiedad que lo había dominado pero en el fondo yo también ya
estaba dispuesta, aunque nos habíamos cuidado lo justo, aunque nunca es
bastante, a realizar y cumplir mis promesas si estaba todo bien con él.