Lo conocía desde chica, siempre me llamó la atención sus
gustos refinados, la elegancia al vestir, la atracción que provocaba, el dominio
perfecto de las artes marciales y esa obsesión que tenía por el orden y la
limpieza.
Visitaba su casa con frecuencia, compartíamos largas charlas
frente a la chimenea sobre los más diversos temas, me quedaba fascinada
escuchándolo hablar y adoraba como reforzaba con gestos las palabras, a veces
era muy divertido y siempre me hacía reír.
Lo fui amando por segundos, requiriendo su compañía y
protección como necesitaba el agua. Él era mucho mayor que yo y lo que
complicaba aun más la relación era su amistad con mi padre.
Decidimos levantar las barreras y amarnos libremente y en
secreto. Mis amigas estaban preocupadas y enojadas porque ya no salía con ellas.
Con mis padres no había problemas, confiaban en él y no ponían reparo a mis
frecuentes visitas.
Recuerdo caminar por la calle de su mano y percibir las
miradas femeninas sobre él. Muchas veces me confundieron con su hija, nosotros
nos mirábamos cómplices, sonreíamos y no decíamos nada.
Un día después de hacer el amor me dice.
- Caro quiero mostrarte algo, lo estuve meditando y creo que
nos puede funcionar, miralo y al final me das tu opinión.
Trae un DVD, no entendía porque tanto misterio. Aparece en
primer plano una chica vestida toda de negro con una corcet de latex, unas
medias de seda sujetas por un portaligas que era lo único que cubría sus
caderas, tiene los ojos vendados y sus manos están atadas a su espalda, con la
frente en el suelo y arrodillada, su concha y culo quedaban a merced de alguien
que no aparecía en escena y cuya mano acariciaba las nalgas de la chica,
suavemente introduce un plug en su culo, la chica se mueve y se percibe su
molestia, luego empieza a azotarla con un látigo que semeja una cola de caballo,
esta vez la chica lanza unos gemidos que no amedrentan a maestro y sus nalgas
comienzan a enrojecerse.
– Vos estas loco ¿no querrás hacer eso conmigo no? Creí que
se trataba de una broma pero el tono de voz y la cara de Mauricio me hicieron
cambiar de opinión.
– Terminá de mirar y después hablamos.
En esta parte la chica esta parada y esposada, sus brazos
penden de unas cadenas que la mantienen inmovilizada, sus pezones están pinzados
con broches, ahora son dos, mientras uno masturba su clítoris el otro la castiga
con una fusta, ella gime y se debate entre las dos fuentes de placer hasta que
su cuerpo se arquea y acaba.
Lo quedo mirando a Mauricio no iba a negarlo lo que vi me
había excitado pero estaba confundida y asustada.
– No te asustes, mirá, me gustaría que llevemos nuestra
relación a otras dimensiones y exploremos otros límites, comienza a explicarme y
las palabras dominante y sumisa retumban en mi cabeza, no podía dejar de pensar
en la sensaciones que me habían dejado las imágenes de la chica y su amo.
Charlamos mucho sobre el tema, mis dudas y temores se fueron
disipando y como confiaba en él decidí entregarme y ser su esclava. El miércoles
pactamos que el martes por la noche sería nuestra primer sesión, no nos
veríamos hasta entonces, era la primera vez que estaríamos tanto tiempo
separados.
Lo extrañé todo el fin de semana, como me sentía muy sola
decidí llamar a mis amigas que se alegraron pero también me reclamaron que por
fin me acordé de ellas, entre todas decidimos pasarla bien, salir a comer y a
bailar a algún boliche.
No pude disfrutar de la salida, por mi cabeza desfilaban
imágenes que en otro momento me asustaban, pero ahora, bajo su influjo estaba
cada vez mas excitada.
El lunes Mauricio me manda un mail donde me explica mis dos
palabras de seguridad, amarillo y rojo y me bautiza con mi nuevo nombre:
Irupé.
El martes por la tarde me manda un mensaje al celular con la
dirección donde nos encontraríamos y en que lugar tenía que buscar la ropa que
debía usar esa noche. Fue muy explicito por ninguna razón debía usar mi auto.
Me sentía foco de miradas en el subte, sola, vestida
provocativamente con una minifalda negra, sin bombacha, con unos zapatos altos
de taco aguja y medias semitransparentes negras. El trayecto me pareció
interminable. Cuando me bajo en la estación alguien me toma de la muñeca,
intento zafarme estaba desesperada y entro en pánico, cuando voy a gritar me
tapa la boca con su mano, me dice que no me preocupe que Mauricio lo había
mandado para cuidarme.
El corazón me latía desesperado me estaba arrepintiendo el
haber aceptado esto que ya no me parecía un juego.
Llegamos a una casa que nunca había visitado, me recibe
alguien todo vestido de negro que no pude reconocer porque tenía el rostro
cubierto por una capucha, me venda los ojos y me lleva hasta una habitación,
allí me coloca unas correas en las manos me pone contra una pared y sujeta mis
brazos con cadenas. Estaba por llorar cuando siento la voz de Mauricio, Irupé yo
soy tu amo Jára, tenés que aprender a obedecerme, está conmigo el maestro Manrra
para guiarte y ayudarte.
Siento que me sacan la pollera, intento resistirme pero unas
manos firmes me detienen.
– Esta perra tiene mucho que aprender, me tira del pelo, me
duele mucho pero no digo nada, me coloca una barra espaciadora en la piernas. –
Para que aprendas ahora te voy a afeitar la concha, Jára se acerca y me pregunta
si estoy bien, asiento con la cabeza, me sentía muy humillada pero no quería
defraudarlo. El maestro me coloca una crema y comienza a rasurarme con una
cuchilla, me abre las piernas y siento su manoseo. Agarra mis pezones y comienza
a apretarlos, no aguanté y lanzo un grito – Sos una puta y yo se como se tratan
a la putitas, ese lenguaje me era extraño, que se creía este idiota para
tratarme así, cuando me liberaron y recuperé el dominio de mis miembros, el
maestro Manrra me puso un collar que tenía una cadena, empezó a tirar de ella y
me resistí.
– Jára estarás de acuerdo conmigo que la sumisa necesita una
lección ejemplificadora, tira fuertemente de la cadena y me colocan en el potro,
ahora mis grados de libertad se redujeron y mi cola y vagina quedaban muy
expuestas.
– Este culo está muy estrecho, mete uno de sus dedos y me
recorre el esfínter, ¿ya probó la esclava pija por aqui?
– Se niega a entregarlo, dice Jára.
- Eso va a cambiar, a partir de hoy la sumisa recibirá en
cada sesión su dosis por el culo, y a continuación siento que me meten, de
una, un plug.
Cuando voy a gritar Jára me mete su pene en la boca y acalla
mis quejidos. El maestro mueve el plug dilatando mi culo.
- Te estoy preparando puta ahora vas a gozar. No podía
ser siento como me viola el culo pero lejos de molestarme estoy cada vez mas
excitada, sus dedos estimulan mi clítoris mientras con movimientos
acompasados su verga recorría cada centímetro de mi culo, no podes acabar puta,
tu amo va a decidir cuando podes hacerlo. Esa imposición me desespera y hace
que me excite aun más, estoy tan caliente, gimo como una gata en celo, Jára
acaba en mi boca y me da permiso para que me pierda en los laberintos del
placer.
Quedo exhausta, Mauricio me toma en sus brazos y me dice que
me ama.
Después de esta experiencia nuestro vínculo cambió, teníamos
periodos en que nuestra relación sabía a vainilla, y otros lapsos como parecía
un Sunami.
Por fin conocí una de las habitaciones que estaba siempre
cerrada y con llave, era una especie de mazmorra que al verla se me erizó la
piel. Allí pasamos largas horas de sesiones, hasta que mi entrega fue total y yo
sentí que le pertenecía.
Mi amo prometió cuidarme como su perla más preciada, y no lo
hizo.
Yo, su esclava, seré fiel a mi promesa mientras viva.
Mauricio A. S. D. murió en un accidente el 6 de enero cuando
su avión se estrelló durante una tormenta.
Sólo una letra separa amo de amor y para mi es como si ella
fuera muda.