Después de ser cenicienta de la nena pobre seducido por mi
jefe el millonario, yo había tapado todo. Esa sensación que llevaba desde mi
infancia fue descubierta por él y despertarlos.
Son las seis de la mañana, mi jefe duerme a mi lado, con sus
cuarenta y cinco años, es un lindo tipo de hombre, varonil, amable, elegante,
caballero, Así es él. Ustedes ya lo conocen y conocen mi historia: El trabajo
exigente, el viaje a Punta del Este, la ropa de mujer, el paseo, la noche, el
volver como si no hubiera pasado nada, hasta esta noche en que fui penetrada por
primera vez.
Con el trabajo que me trajo olvido, olvidar la felicidad es
imposible, pero lo había logrado, tapar todo como lo había hecho toda mi vida.
¿Cuántas veces estuve en situaciones confusas y no lo dejé salir? Y ahora estoy
aquí acostado al lado del mi hombre., que duerme después de haberme desvirgado.
Todas las preguntas y todo eso que guardé por tantos años, se
hacen presentes en este momento. Todo se me mezcla. Todo es tan real… todo fue
tan deseado, estaba tan sensible, hyper sensible y no estoy sola, ya que él está
a mi lado. Con su poder, con su belleza, con mi deseo.
Mi jefe podría tener a la mujer que quisiera, podría
seducirla o comprarla. Podría tener a cualquier hombre, seducirlo o comprarlo,
sin embargo esa noche era mío. Y tendrá que despertar y tendrá que verme. Tendrá
que levantarse y verme, tendrá que despedirme, para no verme nunca más. Quizás
quiera tenerme a su lado como su secretario y usarme una que otra vez, como lo
hizo ayer. Hay una opción mas, la increíble, En la que hago de su novia y
vivíamos juntos… Que un príncipe se enamore de una plebeya. Que él sienta lo
mismo que siento yo, en este momento. Ni en las novelas, más estúpidas de la
televisión, podría pasar pero ya sé que eso no pasará porque no tengo suerte y
los sueños, sueños son.
Mi cabeza divagaba en la madrugada, cuando su brazo me busca
en la cama, su mano queda dormida en mi pecho y todo en lo que pensaba, se
esfuma, para dejarme soñar un poco más. Y entonces me veo trabajando con él,
vestida y hermosa, sin ocultar, sin fingir. Porque donde hay una necesidad, hay
un deseo. Donde hay un deseo, hay un derecho y yo tengo el derecho a desearlo.
Su brazo pesa en mi pecho alejando todos los fantasmas. Pero despertaremos en su
casa, juntos en su cama. Todo es muy fuerte.
Unos minutos después sentí que se despertaba y por instinto
me hice la dormida. Se desperezó y por unos segundos quedó inmóvil. Seguro que
no entendía que estaba haciendo yo ahí. Quizás yo me tendría que haber ido antes
que se despierte… pero era una idea que no había tenido. – ¡Cómo no se me había
ocurrido! Me dije para mí.
Se levantó y sigilosamente fue hasta el baño. Escuche como
orinaba y como se lavaba los dientes. Volvió a la habitación, caminaba a los
pies de la cama, abriendo y cerrando armarios y cajones tratando de no hacer
ruido, era obvio que no quería que yo me despierte, para poder salir… Yo me
quería desintegrar y aparecer en cualquier otro lado. Escuche como prendía la
ducha y ese era mi momento. Quería ir al baño y bañarme junto a él pero mi raso
ciño pudo más. Salté de la cama, me puse mi tanga y la camisa que usó mi jefe la
noche anterior y corrí hasta el cuarto de huéspedes. Allí me puse mi ropa y sin
cruzarme con nadie, gané la calle, me tome un taxi hasta mi casa.
Bajo la ducha de mi baño sentí alivio, por mí y también por
él.
Una hora mas tarde llegué al trabajo y por suerte mi jefe no
había llegado. La oficina estaba ya en plena acción, era común que eso pasara,
Me preparé un café y me puse a trabajar… tenía mucho que hacer.
Hay un detalle importante: Estaba muerto, me dolía todo,
músculos y huesos. La ducha caliente me había relajado pero no llegó a
recuperarme de una noche de sexo. Me tomé dos aspirinas para levantarme un poco
el ánimo. Suena mi celular; era él.
- Hola
- ¿Dónde estás?
- Estoy en mi escritorio – dije como si no hubiera pasado
nada.
- ¿Por qué te fuiste así?
- Tenía cosas que hacer en casa.
- Me hubiera gustado que desayunáramos juntos. – Mi corazón
ya latía como un caballo salvaje y agregó. ¿La pasaste mal?
- No, no pero ya está bien. – Con tono de impaciencia. Quería
cortar la llamada para poder pensar bien.
- No te gustó – me dijo resignado.
- No es eso es que me parece que… estoy confundido… sería
mejor que lo hablemos en persona y no por teléfono…
- OK. Está bien, esta noche hablaremos largo y claro. Veremos
todo lo que debemos aclarar. – y sin cambiar su tono tierno y protector, me
indica; ¿Estás en mi escritorio? Busca la carpeta del proyecto y hacé los
cambios que habíamos arreglado y haceme dos copias.
No tardó ni diez minuto llegar y así fue todo el día,
trabajando como locos como si no hubiera pasado nada.
Después de diez horas de estar de un lado a otro sin parar
estaba rendido, hasta me había olvidado de la noche y de la conversación
matutina con mi jefe. La oficina ya estaba desierta, solo quedábamos muy pocos
trabajando.
Había terminado con todo, trabajé tanto que al otro día no
tenía nada para hacer. Me estaba preparando para dejar todo listo para mañana e
irme a casa, cuando escucho su voz en el intercomunicador: - Linda, vení. – me
puse colorada, y mientras me dirigía a su puerta, miraba para ver si alguien lo
había escuchado.
Cuando entré lo vi sentado en su poltrona, dándole la espalda
a la puerta, con su mirada perdida en el ventanal que dejaba ver la ciudad
iluminada y brillante.
- Sentate. Me ordenó. – Estoy muy cansado y me imagino que
vos también.
- Si. – dije agónicamente, sabiendo que no importaba si
contestaba o no.
- Pero quiero decirte que tenés razón,,, tenemos que hablar.
Dejó pasar unos segundos y empezó a decir todo lo que me imaginaba que iba a
decir… yo estaba dispuesto a perder el trabajo, con toda la bronca que me daba
ya que me gustaba trabajar allí.
- Trabajamos mucho hoy, y lo hicimos bien. Hacemos un buen
equipo. Sos el mejor asistente que tuve. Pero eso no es importante. - Era obvio
que me iba a despedir.
- A mí me parece que es muy importante el reconocimiento del
trabajo.
- ¿vos querés hablar de trabajo? - Me dijo sorprendido.
- Bueno, no es precisamente de trabajo pero entiendo que así
no va mas.
- Si, ya sé, no soy tonto. Sos capaz de hacer cualquier cosa
por no perder el trabajo. Hasta aguantarme a mí y mis cositas. Pero no es como
vos crees. Para nada.
- ¿Y que es lo que yo creo? - perdido por perdido, dije en
tono desafiante.
-Que solo quiero humillarte, que te hice degradar. Y que si
quiero tengo todo hasta tu cuerpo.
- Eso no es lo que creo o lo que siento. Esta relación es
despareja, como lo es siempre entre el jefe y el empleado… pero lo que quiero es
no salir herida. (se lo dije en femenino, estaba, totalmente loca)
- ¿Qué me estás diciendo?
- Quiero decir que me gustás y vos solo querés jugar conmigo.
– Él se empezó a reír, con una carcajada fuerte.
- Ahora entiendo. Yo no juego nada. Te lo advertí la primera
vez que estuvimos solos. ¿Te acordás?
- Las cosa que deciden cuando uno se calienta no son para
tomar enserio. En una cama uno puede decir lo mas lindo del mundo y cuando
acaba, quiere que todo desaparezca.
- Eso lo dije porque me gustaste desde la primera vez que te
vi. Cuando te vestiste de mujer frente al espejo me volviste loco. Pero lo
confirmé a noche cuando hicimos el amor. Porque yo quiero creer que ayer hicimos
el amor ¿No es cierto? – Asentí con un pequeño movimiento de cabeza… no podía
creer lo que estaba escuchando. – Esta mañana quería desayunar con vos y
proponerte que vinieras a vivir a casa.
La verdad es que no podía dar crédito a lo que me estaba
diciendo, pensaba que todo eso era un sueño y que me despertaría en mi cama,
solo y sudado. – pero veo que vos tenés otros planes.
- Yo no tengo ningún plan. Todos los hombres que hacen
negocios piensan que todos estamos calculando cada paso que damos… yo no soy
así.
- Entonces vayamos a casa. Le pido a Clara que haga algo de
cenar.
- ¡Qué fácil! - Contesté en forma socarrona. – La llamo a
Clara y prepara la cena.
- ¿Ves como sos? No es tan fácil. Ni para vos, ni para mí. ¿O
te crees que sería fácil para mí?
- ¿Pero qué es lo que pretendés de mí? ¿Qué sea tu
secretario, tu amante, tu concubina. Que viva encerrado en tu casa y que te
espere vestida para vos?
- Primero quiero que me llames Gustavo… Yo no tengo casi vida
social. Pero estaríamos, todo el día, juntos…
- Ya estamos, todo el día, juntos.
Me tomo la mano, me ayudó a levantarme y me llevó hasta el
ascensor. El chofer nos llevó a su casa y allí me pidió que me cambiara para
cenar.
Si me hubieran dicho, hace una hora, que iba a estar
vistiéndome esa noche para él. le hubiera dicho que estaba loco. No sé de donde
saqué fuerzas para ponerme bien, elegir un lindo solero ajustado y por supuesto
un conjunto de portaligas, tanga y corpiño rojo y negro súper de loca. Me pinté
los ojos, los labios, la peluca rubia y me fui al comedor. Gustavo ya estaba
sentado y esperándome.
Comimos muy liviano, apenas tomamos una copa de vino. Lugo
fuimos al living, él se prendió un habano y me convidó a mi un cigarrillo.
Fumamos mientras mirábamos algo en el televisor, abrasados… Yo estaba muerta y
no veía la hora de acostarnos.
- Tengo sueño
- ¿querés irte a acostar?
- ¿Sola?
- Andá, yo termino el habano y voy.
Así que le di un pequeño beso en la boca y me fui escaleras
arriba. Me lavé los dientes y me fui desvistiendo. Con el bidet me lavé bien la
cola; no quería que se encuentre alguna sorpresa si hacíamos el amor. Sobre la
cama, descansaba un pequeño babydoll negro, transparente. Me lo puse y corrí al
baño a ver como me quedaba. Era hermoso y me quedaba pintado, no veía la hora en
que Gustavo me viera. Por suerte no tardó tanto. Lo esperaba desde el baño para
que me viera mientras recorría la habitación. El aroma al puro y el solo hecho
de verlo desvestirse me calentó. Estaba tan cansada que no sabía que hacer: lo
dejaría a su entera voluntad.
Me acosté viendo como terminaba de sacarse la ropa. Solo en
slip, se acostó y pasó el brazo para tenerme más cerca. Mis manos acariciaban su
pecho, ingenuamente, como dándole la oportunidad de tomar la iniciativa o dejar
esa noche en paz.
- Yo también estoy cansado.- Me dijo. Y luego agregó – No me
voy a perder la posibilidad de hacerte el amor. – y con voz de pícaro, agregó. –
No hay nada mas lindo que hacerlo cuando uno está cansado. – Sacó de su mesita
de luz el frasco de vaselina y corriendo apenas la tita de mi tanga me empezó a
dilatar el ano. Yo gemía sin resistirme y así sin mucho más, me acomodó y me
penetró. No hizo falta hacer esfuerzo… La crema lo hacía resbalar sin causarme
dolor, sin presentar resistencia. Se movía lentamente dentro de mí, haciéndome
gozar cada poro de mi piel. Salía y entraba sin ritmo y profundamente. Se corrió
dentro mío, apenas jadeando y dándome todo su placer. Luego, al igual que la
noche anterior, tomó mi pequeña verga y me masturbó. La leche nos toco a los
dos, El babydoll y su pecho quedaron mojados. Un abrazo y un beso fueron lo
último que recuerdo de esa noche.
Cuando me desperté. Gustavo no estaba en la cama, ni en el
baño, ni en la casa, solo una nota que decía. Tomate el día aquí tenés cien
pesos para tus cosas… vuelvo temprano… llamame. Te amo Gustavo (Tu jefe)
Estaba muy sorprendida y contenta… Clara vino y me trajo el
desayuno a la cama y luego me levanté me di un baño con hidromasaje incluido. Me
vestí de forma informal, un jeans ajustado, una remerita blanca suelta con
sandalias de taco y luego me fui a la avenida Santa Fe a ver vidrieras. En la
galería, vi un cartel en un negocio de tatuajes en donde decía que se ponían
aros y pircing. Así que me hice los agujeros en las orejas y me pusieron dos
abridores de oro, muy lindos. Era una sorpresa para mi nuevo novio.