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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » UN PLAN PERFECTO (2)
[ La gotera cava la piedra. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 03-Abr-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (4645 de 6524)

Un plan perfecto (2)

santi35
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Como Julieta tuvo sexo la primera ves y nada menos que con su padre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

UN PLAN PERFECTO II

Julieta colgó el teléfono; no podía creer que lo que habían planeado con José hubiese dado resultado, estaba contenta; claro que lo estaba, ya que lo que parecía imposible había sucedido, esto hacia que lo que ella quería también pudiese pasar de lo que era una fantasía irrealizable se convirtiese en realidad, una realidad que de solo pensarlo hacia que sintiese esa agradable humedad entre sus piernas.

Se estaba preparando para acostarse, en el momento que sonó su teléfono, solo tenia puesto una braguitas de color negro, minúsculas y transparentes, nada por supuesto en la parte de arriba, ya que solo dormía en bragas, se acaricio los pezones, la charla con José se los habían puesto duros y totalmente erectos.

Conocía a José y a sus padres desde hacia varios años, desde que ellos se mudaron a la casa de por media a la suya, ella tenia en ese entonces 5 años y José casi 6, enseguida simpatizaron; José jamás se burlo de ella por lo delgadita que era ni por sus aparatos que tenia puesto en los dientes para enderezarlos, por el contrario la defendió de los otros niños que si se burlaban de ella.

Así que de a poco se hicieron grandes amigos, ya siendo más grandes, la primera verga que vio fue la de José; un día que jugando a los doctores se mostraron mutuamente sus partes íntimas, todavía recordaba como se sorprendió cuando al tocarla, esta se fue endureciendo y agrandando, también le gusto mucho cuando José le toco a ella su cosita y para investigarla le metió apenas su dedito de niño.

Tan amigos se hicieron que incluso sus padres comenzaron una amistad entre ellos, amistad que fue creciendo hasta convertirse en íntimos; tan así que todos los jueves sus respectivos padres se reunían a jugar a los naipes, esto, ella sabia, que era una excusa para charlar y tomar un poco de alcohol, pero la ponía muy contenta por que parecían que fuesen una gran familia.

Cuando José le contó como fue el día que encontró a sus padres en el baño haciendo el amor, no podía creerlo; recordó también, que al darle el los detalles, sus pezones se endurecieron de tal modo que casi le dolían; cuando José le confeso que quería acostarse con su madre, pensó que estaba enloqueciendo, ni pensar siquiera en algo así; ella no podía concebir en algo tan descabellado, es como si ella quisiera acostarse con su propio padre, una locura total.

Con el correr de los días José seguía con tal loca idea, incluso llego a decir que su madre en cierto modo también lo quería hacer con el, por que según José descubrió a su madre, varias veces, mirándole el bulto que se le formaba en el pantalón, cuando su verga se paraba,

Cuando Julieta le sugirió entonces para que la necesitaba a ella, José le comento de un plan que tenia, pero que ella tenia que ayudarlo, cosa en que Julieta se negó rotundamente; aparte de que era una locura, ella quería mucho a los padres de José, especialmente al papa, ya que era muy amable con ella, y no iba a destruir un matrimonio por un capricho de su amigo.

Esos pensamientos cambiaron un día radicalmente; ya era Julieta una adolescente muy bien formada, física y mentalmente, por lo tanto la idea del sexo rondaba muchas veces al día por su hermosa cabecita, claro que no con su padre, si no con alguien mas acorde a su edad, incluso pensó en José, pero eran tan amigos que tenia miedo que si se lo pedía y este se negaba, esta amistad de tantos años quizás se perdería.

Se estaba vistiendo para una cena de gala que hacia la empresa en la que su padre tenia una de las gerencias; su madre la mando a llevarle una de las corbatas de seda a la habitación de ellos.

- Pero mama – protesto Julieta – Papa se esta cambiando ahí -

- No Julieta – replico ella – Papa todavía se esta bañando, así que ve por favor que yo estoy ocupada –

Unas de las diferencias de la casa de José y la de ella, era justamente que nadie se mostraba nunca en ropa interior y mucho menos desnudos.

Se dirigió entonces Julieta a la habitación, entrando en ella, tamaña sorpresa recibió, cuando vio de espalda a su padre, totalmente desnudo, terminando de secarse, este creyendo que era su esposa, la que entraba, se volvió, quedando de frente a la azorada Julieta.

La mirada de Julieta bajo de la cara de sorpresa de su padre hasta el descomunal miembro de este, que vaya uno a saber por que causa estaba totalmente parada y dura.

Jamás había visto Julieta tan enorme verga, la cabeza totalmente afuera, era enorme, parecía una ciruela, tanto en tamaño como en color, el tronco, rodeado de venas oscuras y dilatadísimas, lo hacían más gruesa aun y su base llena de ensortijados pelos negros y por debajo dos enormes huevos completaban el espectáculo.

Lo extraño fue que su padre no trato de ningún modo de cubrirse, tomo la corbata que la mano de su hija le extendía y dándole las gracias termino de secarse, Julieta salio como una tromba de la habitación, la cara le ardía de lo roja que la tenia, sin embargo el espectáculo le había encantado y una dulce humedad se le escurría desde su virginal concha hasta sus piernas.

Se toco los pezones, los sintió terriblemente duros, al tocárselos le corrió por el cuerpo un estremecimiento de placer, y fue en ese preciso momento que decidió entonces ayudar a José, no solamente ayudarlo si no hacer que José la ayudara a conseguir que ella pudiese acostarse con su padre.

Al día siguiente de recibir la llamada de su amigo, Julieta fue a su casa, se encontraron en la habitación de José, este le contó hasta los menores detalles de lo sucedido, llevándola nuevamente a un estado de excitación tal, que tuvo que apretar las piernas por miedo a que las humedad de su concha corriese por ellas y José las vieses, cosas que por supuesto no sucedería.

José escribió la carta que teóricamente leería la mama de Julieta y le recomendó a esta que colocase unos condón en los bolsillos del pantalón de su padre y que se asegurase que su madre los encontrase.

Todo fue saliendo según lo previsto; a las llamadas que José hacia y contestaba la madre de Julieta, José sin articular palabra, cortaba.

Estas llamadas comenzaron a intrigar a Luisa, la mama de Julieta, incluso le pregunto a su hija si ella sabia quien era la persona que llamaba.

- No, mama – contesto Julieta – A mi me sucede lo mismo, al escuchar mi voz, cuelgan, pero no te preocupes, será algún tipo de broma -

Por supuesto esto no convenció en absoluto a Luisa, pero nada dijo.

El día que su madre acostumbraba a lavar la ropa de toda la familia, Julieta coloco la carta en unas de las camisas de su padre y los condones en su pantalón de salir; por supuesto Luisa al revisar la ropa antes de lavarlas, se encontró con la sorpresa de que su marido la engañaba miserablemente.

Cuando Emilio, su esposo, llego del trabajo, la casa se convirtió en un infierno.

Lógicamente el pobre Emilio negaba todo tipo de acusación, y juraba que los condones hallados en su pantalón, era y estaba seguro de ello, alguna broma de sus compañeros de trabajo, a lo que le replicaba Luisa, que el, siendo nada menos que un gerente, nadie se atrevería a hacerle una broma de ese tipo; cuando le mostró la carta, Emilio no supo que decir.

Por lo tanto Luisa embaló un poco de su ropa y se fue a la casa de su madre, no antes de preguntarle a Julieta que era lo que ella iba a hacer.

Julieta le contesto que prefería quedarse hasta que las cosas se tranquilizase, Luisa murmurando insultos contra Emilio salio de su casa dando un fuerte portazo.

Las horas fueron pasando, el atardecer se transformo en noche, la casa estaba silenciosa y oscura, Julieta en su cuarto, estaba triste y pensativa, había destruido en minutos, años de matrimonio feliz y armonioso y nada menos que el matrimonio de sus padres, que habían sido cariñosos y comprensivos con ellas; pero el daño ya estaba hecho, no había vuelta atrás.

Julieta se dirigió a la cocina, encendiendo las luces a su paso, en la cocina, sentado en la oscuridad, estaba su padre con las manos sobre su rostro, al encender la luz de la cocina, su padre, levantando la cabeza, le dirigió una triste sonrisa.

- ¿Tienes hambre papa? le pregunto dulcemente.

Emilio negó con la cabeza y nuevamente sepulto la cara entre sus manos, Julieta se acerco a el y acariciándole la cabeza dijo – No te preocupes, papa, todo se aclarara y ya veras que mama vuelve a casa-

Nada dijo su padre; Julieta se sirvió un vaso de leche y se dirigió de nuevo a su habitación, ya en ella, a los pocos minutos sintió los pasos de su padre que lentamente caminaba a su cuarto.

Julieta se saco su ropa quedando como era su costumbre solamente en bragas, se coloco un camisón negro, corto, apenas le tapaba el culo, lo pensó mejor y también se despojo de las bragas; se cepilló su largo cabello rubio y luego abriendo la cama se acostó en ella.

De pronto una luz vivísima alumbro el cuarto, segundos después un trueno retumbo de tal manera que temblaron puertas y ventanas.

Julieta le tenía terror desde niña a las tormentas, cuando pequeña corría a la habitación de sus padres, pero ya siendo mayor solo se acurrucaba en su cama y esperaba a que pasaran los truenos, se tranquilizaba cuando comenzaba a llover y se dormía.

Estas ves se levanto de un salto de su cama y corrió al cuarto donde estaba su padre, abrió la puerta y desde allí le dijo a Emilio.

- ¿Duermes, papa? – al recibir la respuesta negativa de su padre contesto.

- ¿Puedo acostarme contigo?, estoy asustada por los truenos –

- Claro que si, hija – contesto el.

Julieta salto sobre la cama, y levantando las sabanas se acostó al lado de su padre; la habitación esta a oscuras, solo lo relámpagos la iluminaban intermitentemente.

Se acurruco al lado de su padre, advirtió entonces con sorpresas primero y con excitación después que su padre dormía completamente desnudo.

Pegó su cuerpo al de su padre, sus tetas, grandes y duras se aplastaron en la espalda de este y uno de sus brazos rodeó el torso de Emilio.

Para convencerse de que su padre estaba desnudo, bajo la mano que apoyaba en el pecho de su padre, lentamente la llevo a las caderas de este, esperando tocar la tela del calzoncillo, pero no fue así, realmente estaba desnudo, ya que solo la piel de la cadera sintió en sus manos, acaricio las nalgas de su padre; ya no había forma de que se detuviera; su padre no se movía, pero ella se dio cuenta por su respiración agitada que no solo no dormía, si no que el contacto de su mano lo excitaba; agachándose algo metió la mano por entre sus piernas y alcanzo a tocar los grandes huevos del hombre; Emilio para ayudarla abrió un poco sus piernas y Julieta aprovechando esto, tomo desde atrás la base del grueso miembro de su padre, duro ahora como una roca; Julieta rodeo la verga de su padre con la mano, pero su pulgar no se encontró con los restantes dedos, dándole así la idea de lo grueso que tenia el miembro Emilio, su padre.

Tomándola entonces con su mano, la apretó, sintiendo como se estremecía el cuerpo de su padre, tiro hacia atrás, intuyendo, mas que viendo que la morada cabeza del glande quedaba al descubierto, a pesar que su posición era incomoda, trato de masturbar un poco a su padre, subiendo y bajando su mano.

Al cabo de unos minutos Emilio, le saco la mano de su miembro y giro, poniéndose de frente a Julieta, esta sintió que la descomunal verga de su padre se apoyaba contra su vientre, la noto a trabes de la fina tela de su camisón, dura y caliente.

Emilio la abrazo, acerco su cara a la de ella, la tomo luego de la cara y acercándose mas a ella la beso con tanta pasión, que Julieta sintió que se quedaba sin aliento.

Sintió como las manos de su padre se apoderaban de sus tetas, acariciaba sus pezones poniéndoselos durísimos; ella sacándole las manos suavemente, se paro en la cama, colocando una pierna a cada costado de su padre y sacándose el camisón, quedo completamente desnuda y quieta para que el se soslayase con semejante espectáculo.

Emilio solo distinguía a su hija, intermitentemente, ya que solo a la luz de los relámpagos podía ver su desnudez; se giro y prendió la lámpara de su mesa de noche, ya que no se podía perder semejante espectáculo.

Se ilumino entonces la habitación, Julieta parada sobre su padre, con las piernas a cada lado de la cabeza de el, en toda su espléndida desnudez; Emilio la veía desde abajo, acaricio sus perfectas y suaves piernas, su concha, entreabierta, cubierta por unos finos pelitos rubios, algo mas oscuros que su cabellera suelta hasta los hombros, la cintura fina, su vientre plano y mas arriba sus soberbias tetas de pezones claros y erectos; subió todo lo que pudo sus brazos y sus manos acariciaron el culo de su hija; duro, redondo y parado, acarició la raja del culo, alcanzando a meter apenas un poco del dedo medio en el agujero, sintiendo como este de abría como invitándolo a meterlo todo.

Julieta se arrodillo, acercando su dorada, entreabierta y húmeda concha a su boca, agarrándole el culo con las dos manos, Emilio, acomodo frente a su boca, la vulva de su hija, comenzó a lamerla, de tal forma que Julieta comenzó a gemir, gemido que se entremezclaba con suspiros y pequeños grititos cuando su padre tocaba con la punta de su legua, el botoncito duro de su clítoris.

Los dedos de Julieta se enredaron en el canoso cabello de su padre, apretando la cabeza de su progenitor, contra su vulva para que la lengua de Emilio entrara todo lo más profunda que pudiese.

Emilio lamía sin parar, los jugos de la concha de su hija, junto con su saliva corría por su mandíbula, el dedo medio de su mano derecha había entrado profundamente, hasta su nudillo en el ano de Julieta haciendo que esta tiritase de placer.

Julieta movía todo lo que podía el culo, pero sin que a su padre le dificultase la tarea de lamer, el placer que sentía era por partida doble, por un lado la lengua de su padre que parecía una pequeña verga que la penetraba y por el otro la placentera sensación de tener todo el dedo de Emilio enterrado en su ano.

Emilio sentía que se le acalambraba la mandíbula, pero no paraba de lamer, su dedo estaba apretado por el esfínter de Julieta, traba de meterlo y sacarlo cada ves mas rápido; de pronto noto que las rodillas de su hija se apretaban contra su cabeza, en su lengua sintió las contracciones de la vulva de su hijita, incluso fueron tan poderosas que creyó sentirlas en su dedo, el orgasmo que se apodero de Julieta fue tal que esta gritaba como una enloquecida.

Julieta pensó que se volvía loca de placer, su cuerpo empapado en sudor, se retorció de tal forma, que temió que se partía en mil pedazos, olas de placer subían y bajaban por ella, jamás en su vida pensó que se podía sentir semejantes sensaciones; agotada quedo encima de su padre, tratando que su respiración se normalizase.

Como pudo beso a su padre en la boca, sintiendo en sus labios el gusto de propia concha, mezclada con la saliva de el.

Luego se tiro a un costado, acariciando el pecho de su padre, vio que su verga estaba durísima aun; "Por supuesto" pensó "Falta lo mejor"; toco con su mano el descomunal garrote de su padre; "Semejante tamaño me romperá la concha;" pensó con temor.

Sin importarle sus pensamientos, se coloco encima de las rodillas de Emilio y tomando con las dos manos la verga de este comenzó a masturbarlo.

Emilio con lo ojos cerrados la dejaba hacer, sus mano acariciaban la dorada cabeza de su hija.

Más que por instinto que por practica, Julieta, se llevo la morada y gorda cabeza de la verga de su padre a los labios, tuvo que abrir bastante la boca para que esta le entrara, sin embargo se la metió bastante profundamente en ella, con su lengua acariciaba el glande y con sus manos subía y baja la piel del miembro; esto hacia que Emilio gimiera de forma tan fuerte que Julieta sabia que iba por buen camino; "Realmente José tenia razón al decirme que nuestros padres son personas comunes y que podemos manejarlos como nosotros queramos en materia de sexo" pensó y si no hubiese tenido la boca tan ocupada hubiese sonreído.

Haciendo un esfuerzo para no atragantarse, se metió unos centímetros mas de la verga de su padre en la boca, mientras jugaba con los huevos, comenzó a chupar bien fuerte; Emilio bramaba de placer, tanto así que temió acabarle toda la leche acumulada en la boca de su hija, lo que el quería realmente era echársela si, pero en su virginal concha.

Así que lamentándolo, aparto a su hija y le saco la verga de la boca; por supuesto que Julieta entendió esto, sin que hubiese sido necesario palabras.

Al tener el miembro de Emilio la saliva de Julieta como lubricante, no se creyó necesario buscar ninguna crema para que la penetración fuese menos dolorosa.

Así que Julieta se levanto solo un poco, se entreabrió su propia vulva con los dedos, su padre se tomo el grueso garrote con las manos y lo coloco en la entrada de la concha, brillante esta en su interior por la cantidad de jugos que segregaba.

Julieta se mantenía levantada apoyada en sus rodillas, la posición era algo incomoda, sin embargo, Julieta, podía ver desde arriba como la gorda cabeza de la verga de su padre, se apoyaba en la entrada de su concha; coloco las manos en los hombros de su padre, este la tomo por las nalgas y la empujo un poco hacia el, el glande entro dilatando de tal modo la cerrada vulva de Julieta que ella pudo ver su clítoris hinchado y duro sobre la gorda cabeza de la verga, una oleada de dolor mezclado con placer la sacudió, cuando el glande desapareció dentro de su vulva.

Emilio espero unos segundos hasta que Julieta se acostumbrara, nuevamente empujo hacia abajo la estrecha cintura de su hija, esta coloco inmediatamente las palmas de sus manos en el pecho de el, como impidiendo que el gordo y duro intruso que tenia entre sus piernas siguiera entrando.

Julieta sintió un dolor espantoso, cuando la verga de su padre entro un poco mas, coloco sus manos en el pecho de el, dispuesta a impedirle seguir, espero, el dolor menguaba, el placer supero a la fuerte dolencia que sentía al entrarle semejante verga.

Emilio sintió en la punta de su verga algo que impedía que entrara más; sabía lo que era, por lo tanto apretó fuertemente la cintura de su hija, la miro, sabiendo que ella entendía.

Julieta sintió la verga de su padre en el interior, comprendió que vendría un dolor terrible, por lo tanto se preparo y para ayudarlo se aferro a los hombros de Emilio, movió la cabeza, como asintiendo, a lo que su padre haría a continuación.

Emilio empujo fuertemente hacia abajo la cintura de Julieta, al mismo tiempo empujo hacia arriba con la pelvis; Julieta dio un terrible grito cuando la verga de su padre le destrozo el virgo, entrando hasta los huevos dentro de su concha.

Los dedos de Julieta estrujaron el pecho de su padre, el dolor era casi insoportable, miro hacia abajo esperando ver un río de sangre corriendo de su concha hasta el vientre de Emilio, pero solo vio los negros pelos de el mezclados con los rubios pelos de ella, parecían que estaban fundidos unos con otros; se quedo quieta un momento con los dientes apretados, el dolor fue desapareciendo hasta que solo quedo un fuerte ardor mas soportable, comenzó a moverse un poco con temor, pero el placer que empezó a sentir hizo que se olvidara del dolor pasado, las manos de su padre se habían apoderado nuevamente de la parte baja de su culo, trataba de hacerle tomar un ritmo, de a poco Julieta fue comprendiendo de cómo tenia que hacer, se enderezaba un poco sacándosela, y antes de que el glande saliese, volvía a sentarse nuevamente, enterrándosela hasta que sentía los huevos de su padre golpear contra ella, cada ves mas rápido, la verga de Emilio era como un pistón que entraba y salía, el placer hacia que su piel se erizase, sentía que nuevamente se apoderaba de ella la sensación de un orgasmo que haría que perdiese la sensación del tiempo y el lugar de donde estaba.

Emilio ya no aguantaba más, sabia que eyacularía torrentes de leche dentro de la concha de su hija, la tomo ahora de la cintura y la apretó contra si, quedándose quieto, desde el fondo de los huevos como si de un volcán se tratase la leche, tibia y espesa, salio con furia llenado la concha de Julieta.

Un grito resonó en la habitación, Emilio quedo como muerto, aun con la verga endurecida dentro de Julieta, esta solo se movió un poco mas hasta que sintió que el orgasmo se apoderaba de ella, estremeciéndola y quedando echada sobre su padre, sin embargo siguió empalada por la verga de Emilio.

Los dos se fueron quedando dormidos, Julieta sobre su padre, de esta forma los sorprendió el amanecer; Julieta despertándose, se toco la irritada e hinchada vulva, apenas se metió en el dedo medio, lo saco húmedo de esperma y algunas gotas de sangre, se lo llevo a la boca, probando el gusto salobre de la leche de su padre, le gusto, y se dijo a si misma que seguiría probando ese semen por el resto de su vida; miro a su padre que dormía profundamente, lo beso, acaricio la ahora, flácida verga y fue a acostarse, sonriente a su cuarto.

Pasaron dos meses de los sucesos relatados; Emilio fue perdonado por su esposa que regreso a su casa y la madre de José perdono a su esposo, retornando este también a su casa, por lo tanto las dos familias volvieron a su vida normal.

Los cuatro padres jugaban como todos lo jueves a su partida de naipes; grandes carcajadas resonaban por la habitación.

- Y lo mas gracioso fue cuando vi la cara de Julieta, mirando mi verga que estaba tan dura como una piedra – decía riendo Emilio.

- Lo que no entiendo, es como no pensaron que reconoceríamos la letra de ellos, en las cartas que nos mandaron, ya que se la conocemos de cuando eran unos niños – comento su esposa.

- Si pero nada gracioso fue tener que echarme perfume en los ojos para irritarlos y que José creyera que estaba llorando – tercio la mama de José.

- Bueno como sea – dijo el padre de José – Es que ya los tenemos donde queremos y como ya estábamos algo cansado de tener sexo entre nosotros, pronto incorporaremos a dos integrantes mas a nuestras pequeñas fiestas-.

- Pero – dijo Emilio - Siempre y cuando que crean que la idea es de ellos y que nosotros solo somos lo que caemos en sus planes, sin saber claro que los manipulamos-.

Una carcajada unificada atronó la sala.

- Realmente, Emilio – dijo el papa de José – Tu plan salio perfecto -.

FIN

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