HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (10)
ÚLTIMO CAPÍTULO: MI ÁNGEL GUARDIÁN.
®by Zesna
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Estaba disfrutando de una playa paradisíaca; mis fosas
nasales se inundaban de un delicioso aroma a mar, mi cuerpo sentía una agradable
temperatura y todo mi ser, una tranquilidad envidiable.
Yacía acostado sobre una colchoneta inflada sobre la
inmensidad del sereno océano que tan sólo me mecía en un tranquilo vaivén. No
habían olas y el sonido de las gaviotas inundaban mis tímpanos.
Paz y tranquilidad; lo que todo el mundo ansía tener de vez
en cuando.
De pronto, un ruido me puso nuevamente en mi dormitorio; fui
tomando conciencia lentamente de que dormía sobre la cama a pesar de que el
colchón se sentía más mullido que de costumbre.
Estaba boca abajo y con el rostro apoyado sobre mi lado
derecho, y de pronto levanté la cabeza y mi boca se chocó con algo desconocido.
Abrí un ojo. La luz matinal entraba por la ventana, pero una
leve protuberancia me impedía la visión mientras sentía una caricia sobre la
frente.
Palpé con mi mano derecha... luego con la izquierda, y
reconocí que el colchón y la almohada de mi cama no eran tales. Estaba encima de
Martín.
- Buen día- me dijo.
- Hmmmmmm. Qué lindo despertar así- dije mientras me
desperezaba sobre su pecho.
La protuberancia que me impedía la visión, era su pezón
derecho. Me lo metí en la boca y comencé a chupar.
- Siempre eres así de insaciable, Zesna?- preguntó riendo.
- No siempre... sólo cuando estoy con alguien como tú- dije
sin quitar su chupete de mi boca.
Sentí cómo suspiraba.
- A qué hora debes ir a trabajar, Zesna?- preguntó.
- Por qué la preocupación?
- Sólo para saber si hay tiempo para que tomemos una ducha
juntos otra vez- dijo e hizo que detuviera mi accionar.
- Ahhhh! Eso es señal de que te gustó entonces?- pregunté
dejando su pecho y yendo por encima de él, directamente a encontrarme con su
rostro.
Tenía una mirada pícara cuando asintió.
Nos vimos a los ojos durante unos segundos y nos fundimos en
un beso apasionado mientras con sus potentes brazos me tomaba de la espalda y me
apretaba fuertemente contra su pecho.
Llegué a mi trabajo apenas un minuto tarde y todos sin
excepción, me seguían con la mirada sin dirigirme la palabra.
Qué estaba pasando? No creo que me estuvieran mirando tan
sólo por la llegada tarde. Si había sido apenas un minuto!!!
Saludé a todos y fui directamente al baño para mirarme al
espejo e intentar descubrir la razón de tanta atención que despertaba en los
demás.
- Oh, Dios!- exclamé tocándome las mejillas con dos dedos.-
Con razón!
Tenía unas bolsas descomunales debajo de los ojos, tan
grandes como nunca había visto antes ni siquiera en otra persona.
De todos modos sonreí, ya que eso era la consecuencia de la
noche que había compartido con Martín. Una noche interminable, llena de
sentimiento, amor y orgía, y que se había extendido hasta la ducha de la mañana.
No pude evitar recordar cada segundo de esa experiencia y al
percatarme de que mi miembro comenzaba a latir y estaba dispuesto a tomar una
dimensión mayor, abrí el grifo de la canilla, junté la palma de ambas manos
formando una cavidad cóncava, tomé una buena porción de agua y la hice estallar
en mi rostro.
Miré nuevamente mi reflejo en el espejo y ahora, sonreí.
Apenas salí del baño noté que aún me seguían con la mirada,
pero ya no me importó. Simplemente, para no parecer antipático, di una
explicación:
- Lo siento, pero es que anoche no pude pegar un ojo- dije
sin haber exagerado en lo más mínimo.
Así de simple, y aunque no era estrictamente necesario, al menos hizo que todo
volviera a la normalidad ya que dejé de ser el centro de atención de todos en
forma instantánea.
Esa mañana concluyó en forma rápida, pues el trabajo me
secuestró en forma intensa hasta casi faltando diez minutos para el mediodía;
fue entonces cuando la telefonista me avisó que tenía en espera una llamada.
- Hola, cómo estás?- me preguntó.
- Hola, Martín. Muy bien y tú?
- Aproveché para dormir un par de horas... en este momento
estoy mejor. Me caía de sueño, Zesna.
- Lo sé. Tendrías que ver mi rostro ahora. Tengo unas ojeras
tremendas, tan grandes que a la gente le cuesta reconocerme.
- Me imagino. Sabes, no te conocía así.
- Así? Qué quieres decir con "así".
- Quiero decir, así... así de loco, me refiero a lo de
anoche.
- Jajajaja! Nunca me habían dicho algo semejante.
- Y yo nunca había "hecho" nada semejante.
- Lo sé, Martín. Estoy seguro que fue tu primera vez.
- Sí, pero no para ti, verdad? Quiero decir que ya has hecho
eso alguna vez, no?
- Y... sí; pero te aseguro que lo de anoche ha sido algo muy
especial
- Muchas gracias, amigo... Escucha, Zesna... sabes por qué te
llamo? Te tengo que pedir un favor muy especial- dijo para mi sorpresa.
- Sí, claro... dime. Tú sabes que haría todo lo que estuviera
a mi alcance para complacerte.
Hizo una pausa un poco más larga de lo esperada.
- Qué sucede?- pregunté comenzando a preocuparme- Ha ocurrido
algo que yo deba saber?
Todo estaba bien entre nosotros... bueno, al menos eso
parecía y no quería quedarme con la duda si no era de ese modo.
- Zesna, sé que lo que tengo que solicitarte será muy difícil
de hacerlo para ti, pero necesito la promesa que cumplirás con ello...
- Martín, dime qué es lo que quieres y seguramente lo haré-
insistí comenzando a ponerme algo nervioso.
- Ya me has contado el plan que has elaborado para darle un
escarmiento a mi hermana; sé que se lo merece, pero... tienes que entender que
ella sigue siendo mi hermana. Zesna, te tengo que pedir que desistas de
continuar con todo lo habías planeado.
- ¿?¿?¿?
- No quiero que mi hermana salga lastimada, Zesna... lo
lamento.
- Pero Martín... tú mismo me has dicho que se merece una
lección. Tú crees que no le hará bien que alguien por lo menos intente ubicarla
en su lugar?
- Sí, sí... pero no quiero que esa persona seas tú.
- Cómo que no?.... Por qué no?- dije atónito.
- Si sigues con tu plan, estoy seguro que Mónica te odiará
más de lo que crees y nunca jamás lograrás que ella te pueda perdonar por eso.
Voy a ser lo más sincero posible: no estaba en mis planes
echarme para atrás y abortar mi plan.
- No entiendo- dije en forma sincera.- No tengo intenciones
de seguir con ningún tipo de relación con alguien así.
- Sí, eso te lo entiendo, pero si ella te odiara tanto como
creo que lo hará, será muy difícil que puedas volver algún día a nuestro
departamento sin que eso ocasione algún problema, y eso significará que si tú y
yo nos seguimos viendo, deberá ser a escondidas, y realmente no quiero algo así.
Además no podré volver a nombrarte delante de ella, no podremos compartir
reuniones familiares, no podremos...
- Martín... no sigas. Lo he entendido perfectamente y tienes
toda la razón.
- Qué?- dijo sorprendido- Te he convencido así, tan
fácilmente?
- No, no me has convencido. Simplemente pusiste delante de
mis ojos algo que seguramente ocurrirá, y que ni siquiera había pensado en lo
más mínimo. Martín, no te preocupes. Por más que esté convencido de que mi plan
le haría ver a Mónica que no debe jugar con la gente, no seguiré con él.
- Hay algo más que debo pedirte...
- Sí, dime- dije expectante.
- Obviamente ella nunca debe saber que yo hablé contigo para
esto, y tienes que prometerme también que debes verte una vez más a solas con
ella.
Bueno, eso sí que tampoco me lo esperaba.
- Pero, por qué?- dije sin ocultar mi asombro.
- Para darle la explicación que se te ocurra por la cual no
volverán a salir más juntos.
Me quedé anonadado.
- Pero por qué eso es tan imprescindible? No entiendo...
- Zesna, por más que ambos sepamos que lo que ella quiso
hacer contigo es de un ser deleznable, aún así no quisiera que sufra. Al fin y
al cabo y como ya te dije antes, ella es mi hermana.
- Pero...
- Por favor, Zesna- interrumpió- No lo hagas por ella...
hazlo por mí.
- No es justo, Martín- dije completamente derrotado.
"Hazlo por mí". Esa última frase me partió al medio.
Nunca había estado en una situación semejante. Mis conflictos
estaba en colisión. Sería posible que me convirtiera en una marioneta de los
gordos? Que me rindiera a sus pedidos sin más, atentando contra mis principios y
prioridades?
Cuáles serían mis prioridades en este momento?
- Está bien, pero de ninguna manera le diré que sabía qué era
lo que se proponía conmigo- dije en forma firme- eso es innegociable.
- Está bien, Zesna. No hay problema con eso. Tengo confianza
que lo harás de la mejor manera- dijo resignado pero conforme.
- Una cosa más. Espero que no te importe cuándo será ese
encuentro, porque no seré yo quien la llame.
- A qué te refieres?
- Ya ha quedado algo molesta con lo sucedido anoche y estoy
esperando su llamado. Sinceramente no estoy seguro que lo vaya a hacer.
- Y entonces? Qué harás si ella no te llama?- preguntó
preocupado.
- Entonces, me temo que ya ni siquiera tendrá sentido que sea
yo el que rompa con esta relación inexistente. Si no me llama, será prueba
fehaciente de que ella ya no tiene interés en mí. Estás de acuerdo con eso?
- Bueno... sí, tienes razón. Está bien! Auque estoy seguro
que te llamará.
- Ok! No te preocupes, entonces. Si es así, cumpliré con lo
que me pides lo antes posible.
- Zesna!
- Qué?
- Gracias!
Estaba convencido de que Junior tenía toda la razón; aún así,
esperé esa llamada que nunca llegó.
A las 6 de la tarde, mi hermano del alma fue el que se
comunicó conmigo para confirmar si su predicción había sido correcta.
En lugar de alegrarse por haber descripto el perfil de Mónica
y no haberse equivocado en su opinión, me hizo una advertencia.
- Hermano, no quiero que te preocupes, pero deberías tener
cuidado con una persona como ella.
- Por qué me dices eso?
- Mira... además de lo que te dije anoche, su comportamiento
me pareció extraño; entonces le pregunté a papá acerca de una persona de esas
características, aunque no te preocupes que en ningún momento le dije que se
trataba de ti, yo no soy tan pelotudo como tú...
- Ey!- interrumpí- por qué me agredes de esa manera?
- Jajajaja! Veo que hoy no soportas mis bromas... bueno
continúo: sabes qué dijo mi padre acerca de una persona con un perfil como el de
ella?
- No, no tengo ni idea.
- Pues la describió con dos palabras: "posible psicópata".
- Jajajaja! Como broma estuvo divertida, Junior. Pero creo
que ya es suficiente.
- No, brother... mis bromas terminaron cuando dije lo de
"pelotudo como tú"- contestó en forma muy seria.
- Bueno, hermano... te agradezco entonces la advertencia.
- Sí, sobre todo extrema más los cuidados cuando yo no esté
cerca de ti para cuidarte.
- ¿?¿?¿?
- Nuevamente estoy bromeando... – dijo seriamente- Pero qué
te sucede hoy, Zesna? Has perdido el sentido del humor?
En ese momento le conté a mi hermano la conversación que tuve
con Martín sobre el mediodía y la promesa que le había hecho acerca de no
continuar con el plan trazado.
Su pregunta me dejó pensando:
- Zesna, estás seguro que su hermano no está confabulando
contra ti en combinación con ella?
- En realidad no lo sé, Junior... no había pensado en esa
posibilidad. Sinceramente ya no sé en qué pensar... estoy un poco confuso...
- Bueno, seguramente yo debo estar equivocado y todo saldrá
bien.
- No estoy tan seguro de ello, brother. Tienes un muy buen
instinto... A propósito, ya has decidido qué estudios seguirás en la facultad?
- Sí, claro. Aún no te lo había dicho? Seguiré la carrera de
mi papá. Es lo que más me gusta... luego veré por qué especialidad me decido.
- Sé que serás un muy buen psicólogo, Junior. Podría apostar
a que sí.
Me avisaron que unos clientes estaban esperando por mí en el
salón principal y me despedí del muchacho prometiéndole que le mantendría
informado.
Cuando bajo por las escaleras, me encuentro con los dos
hermanos mayores de los Gordínez.
- Hola, están solos?- pregunté mirando para todos lados,
porque siempre habían venido acompañados de su padre.
- Sí!- contestó el de mayor edad.- Veniamos de estudiar y
pasábamos por aquí para saludarle- contestó y me dio la mano, y acto seguido su
hermano hizo lo propio.
"Qué?"- pensé y quedé expectante.
- Ahora que no vino mi padre- dijo bajando la voz el menor de
ellos- podemos pasar los tres juntos al probador?
Mi cara de asombro no la pude controlar.
Pero, qué era lo que me estaban pidiendo? Estaban locos???
- Ustedes están locos???- repetí horrorizado, ahora en voz
alta.
- Pero, por qué?- preguntó al mayor.- Pensé que te gustaban
nuestros pedos...
Uf! Era eso!
Qué alivio!
Sinceramente había pensado en otra cosa...
Recordé en ese momento que a estos gorditos les gustaba pedorrearse, y por un
instante había olvidado lo que había sucedido aquella vez que me excitaron
cuando se los echaban uno tras otro.
- Jajajajaja! Es que en verdad no se permite pasar al
probador a más de dos personas a la vez- dije para evitar parecer descortés.
- Y si entras con uno sólo de nosotros mientras el otro
espera afuera?- insistió.
- Pues, vamos, chicos... si su padre se llegara a enterar, me
vería envuelto en un serio problema- expliqué
- Y quién se lo diría? Nosotros seguro que no- dijeron muy
convincente y casi a dúo.
La puta madre! Qué rapidez mental tenían estos pendejos!
- Claro, claro... pero no, gracias. Lo siento. Tal vez otro
día. Ahora estoy muy ocupado.
- Bueno, no queríamos molestarlo. Gracias por atendernos de
todos modos- dijeron en forma muy educada y ambos nuevamente me dieron la mano.
Se escuchó una ventosidad y ninguno de los dos rió, por lo
que hasta el día de hoy me quedé con la duda de cuál de ellos había sido el que
se echó ese pedo.
Se hizo la noche y al salir del trabajo pasé por el almacén
de Pedro. Gerardo apenas me saludó porque estaba atareado con un par de
clientes. Cuando llegó mi turno compré algunas frutas que necesitaba y me dirigí
a mi apartamento.
Ya antes de abrir la puerta de entrada, escuché sonar el
teléfono.
- Seguro que es la gordita que se arrepintió, y quiere
finalmente conocer el sexo con un hombre- pensé en voz alta.
Sorpresa para mí, porque el que llamaba era su hermano, que
quería averiguar si ella se había comunicado conmigo. Le contesté que no, y le
recordé que si ella no me llamaba, yo no lo haría.
Me preguntó si quería pasar por su departamento.
- Ahora?- pregunté sorprendido.
La respuesta fue afirmativa y me dispuse a ir a su encuentro,
no sin antes darme una ducha refrescante.
En realidad no entendí para qué quería Martín que fuera por
su departamento. Estaría Mónica allí con él? Me tendría que enfrentar con ella?
Estaba siendo manipulado por el hermano de la gorda? Si fuera así, por qué lo
estaría haciendo?
Conduje casi como un zombie, pensando en qué situación me
iría a encontrar. Una y otra vez me vino a la mente las advertencias de Junior:
"Cuidado con la gorda", "No te estarán manipulando ambos y tú no te das cuenta?"
El muchacho tal vez estaba percibiendo algo que yo no hacía.
Llegué al edificio de apartamentos de los gordos.
- Bueno, voy a estar alerta en todo momento para ver si...
Alguien golpeó la puerta de mi acompañante interrumpiéndome
los pensamientos.
Giré la vista y vi que era Martín.
Destrabé los seguros y le permití entrar.
- Vamos a tu apartamento, si quieres- dijo apenas tomó
asiento a mi lado.
Me quedé anonadado.
En realidad no me esperaba esto.
- Qué sucede?- pregunté después de verle a los ojos que
estaban bañados en lágrimas.
- Nada!- contestó mientras se enjugaba los ojos con el dorso
de su mano izquierda.
- No me mientas, Martín. Estás llorando. Qué ocurrió?- dije
intentando sacar esa información.
- He vuelto a discutir con mi hermana!- dijo comenzando a
llorar nuevamente- Mierda, Zesna.... alguien le tiene que dar un escarmiento a
esa hija de puta... Me trata como a una basura... yo no puedo con ella, amigo.
- Entiendo... Yo hubiera podido darle su merecido, pero eso
no ocurrirá por expreso pedido tuyo- le recordé.
Se tomó el rostro con ambas manos.
- Zesna... reconozco que me equivoqué... te pido... no, no!
Te imploro que sigas con tu plan... por favor, ya no aguanto más estar a su
lado. Me trata peor que a un perro y ya no sé qué más hacer.
- Está bien. Si quieres que continúe con lo que iba a hacer,
lo haré. Pero antes necesito que me digas para qué me pediste que viniera esta
noche a tu departamento.
- Cuando te llamé, Mónica no estaba. No la veía desde anoche
y pensé que no vendría hoy tampoco. Quería estar contigo porque tengo una
amargura interior que no puedo soportar. Quería tu compañía, Zesna. Tú me haces
mucho bien. Casi enseguida que corté la comunicación contigo, mi hermana
apareció con Matilde y fue ahí que discutimos. Le pedí que me diera
explicaciones acerca de dónde había pasado la noche y simplemente me mandó a la
mierda. Me dijo que yo era un "gordo pelotudo" que no me daba cuenta de nada y
que todo el mundo se cagaba de risa en mi propia cara mientras yo me dedicaba
pura y exclusivamente a controlarle su vida. Me dijo que ya no me daría
explicaciones, y que si quería morirme virgen, eso era un problema mío, pero que
ella hacía rato que sabía qué era coger...
Su llanto impidió que continuara su explicación.
- Qué hija de puta!- dije sin poder contenerme.
- No, lo peor de todo es que ha sido cruel, pero tiene razón
ya que yo...
- No, Martín... no tiene razón. O digamos que sí, pero sabes
qué? Yo nunca cogí en mi vida. Siempre hice el amor. Y eso es algo que ella
nunca va a conocer.
No entendió demasiado bien; me miró sorprendido y yo sólo
sonreí mientras conducía a mi departamento.
Una vez allí, ambos nos sentamos en el sofá. A Martín le
abrasó una angustia tremenda y se desahogó llorando a moco tendido, cosa que
hizo sobre mi hombro que ofrecí sin dudarlo, y él lo tomó sin pensarlo dos
veces.
Casi tenía la certeza de que esta vez Junior se había
equivocado nuevamente, tal como lo había hecho aquella vez en que me había
advertido de no hacer el viaje a Buenos Aires, por el peligro que significaba el
ir a encontrarme en un hotel con un super gordo que apenas había conocido.
Le acaricié el cabello y para distraerlo le pregunté si ya
había cenado. Su respuesta fue negativa.
- Pues, me encantaría hacerte algo... Qué te gustaría comer?
- Sabes cocinar?- preguntó sorprendido.
- Sí... tú no?
- No.
Puse a freír unas milanesas y una abundante cantidad de papas
fritas, mientras preparaba una ensalada de tomate, cebolla y perejil.
Martín se sentó en la silla de la cocina y no dejó de
observarme en ningún momento.
Cuando las papas fritas estuvieron listas, las puse en una
fuente y les eché sal. Martín se apropió de una y la saboreó.
- Ey! Qué exquisita! Cómo es que te quedan tan ricas? Son más
sabrosas que las de McDonalds!
- Claro, me enseñó a hacerlas un chef. Todo tiene su
secreto...
Una vez que cenamos, le pregunté a mi nuevo amigo si quería
que lo llevara a su departamento.
- No... quiero pasar la noche contigo otra vez- dijo
asombrándome por completo.
Miré a su rostro esperando alguna señal que me indicara que
eso había sido una broma. No la percibí.
En realidad me sorprendía, porque en ningún momento me
demostró algo que se pudiera traducir como sexual. Parecía como que un amigo
estuviera compartiendo una cena conmigo, y simplemente pensé que volvería para
dormir en su propia cama.
Pasamos a la sala y le pregunté qué era lo que quería hacer
en ese preciso momento. Simplemente me abrazó y apoyó su cabeza sobre mi hombro;
yo apoyé mi propia cabeza sobre la suya. Sus brazos se enroscaron en mi espalda
y me apretó fuertemente contra su pecho. Sus manos comenzaron a acariciarme por
detrás.
De repente comenzó a agacharse y a obligarme con el impulso a
hacerlo con él hacia la piso de la sala.
Ambos nos pusimos en cuclillas, apoyamos las rodillas en la
moquete y no detuvo su intento hasta que nos quedamos acostados de perfil sobre
uno de nuestros brazos.
En ningún momento soltó el potente abrazo que me tenían como
su prisionero.
En ese momento, su muslo derecho se apretó contra mi cuerpo y
su rodilla buscó mis genitales. Una vez que los encontró, movió su pierna de
derecha a izquierda en forma reiterada para que yo abriera mis piernas y le
permitiera el acceso entre ellas. Lo hice.
Su pierna pasó por el medio y se adosó a mi sexo.
- Me gustaría que hicieras lo mismo- me susurró.
No tuve ningún inconveniente en cumplir con su deseo.
Grande fue mi sorpresa cuando apenas le rocé la entrepierna
con mi rodilla, me percaté de su tremenda erección.
- Siempre estás así, Martín?- le pregunté, ya que casi no lo
conocía con el pene fláccido.
- Tú me pones así, Zesna... El contacto con tu piel me pone
así... Tu proximidad me pone así...
Disfruté de ese momento, como supongo que él también lo hizo.
Nos frotábamos mutuamente en forma muy suave, sin prisa y sin pausa ya que
teníamos toda la noche por delante.
Martín comenzaba a suspirar, a acrecentar su aliento que
despedía entrecortado como consecuencia de algún temblor imposible de controlar
debido a la excitación que estaba recibiendo, y a soltar leves gemidos que
intentaba disimular en forma inútil.
Cuando el frotamiento comenzó a intensificarse, comencé a
recibir algunos besos en el cuello.
Eso me gusta! Me pone como loco!
Él mismo se empezó a descontrolar, y pasó a lamerme todo el
recorrido desde el cuello hasta mi oreja derecha.
Estaba encendido y lo único que temía era que no lo pudiera dominar.
Con el impulso de su propia excitación, me puso boca abajo y
se subió encima mío, ahora frente a frente. Su peso me cortó la respiración,
pero él seguía como loco. Mi oído estaba inundado de su saliva. Lamidas y
chupadas que se intensificaban con cada segundo que pasaba y me dejaban rehén de
mi propia lujuria.
Con Martín subido arriba mío, separé bien los muslos para que
toda su humanidad quedara entre ellos, alcé la piernas y literalmente lo abracé
apoyando mis pies en su culo.
Ninguna parte de mi cara se libró de sus besos, lamidas y
chupadas, y sus movimientos cuidados del principio, se transformaron en otros
cada vez más violentos. Se estaba moviendo como si en verdad me estuviera
cogiendo. Sentía a su pene duro que se apoyaba por encima de mis genitales, se
frotaba a máxima velocidad en un ir y venir que lo tenían totalmente obnubilado.
Su impulso era cada vez más brusco, tal y como si en verdad quisiera metérmelo
dentro.
Cada vez más rápido... cada vez más violento... cada vez más
caliente...
Y yo que no atinaba ni siquiera a moverme por el dolor que ya
me causaba su peso que se movía como si yo no estuviera debajo suyo.
De repente suspendió sus besos, alcancé a mirar a su rostro
en el preciso momento en que abría sus ojos lo más que pudo, mientras sus labios
se separaban y salían de entre ellos unos alaridos ininteligibles.
Su cuerpo continuaba refregándose contra el mío, aún cada vez
con más violencia.
Realmente deseaba que acabara lo antes posible, ya que me
estaba impidiendo respirar, pero no quería cortarlo en su mejor momento.
Ahora sus ojos se cerraron, lanzó un grito ensordecedor y
comencé a notar de improviso, una cálida humedad que se fue expandiendo en mi
entrepierna, al mismo tiempo que sentía que su miembro comenzaba a contraerse.
- Aaaahhhhhhhhh!- exclamó con un último suspiro, y se dejó
caer completamente sobre mí.
- Ay!- exclamé sin poder evitarlo.
- Oh, Zesna....- dijo volviendo en sí en un santiamén, y
dejándose caer hacia uno de los costados para salirse de encima de mí- Lo siento
mucho.
Si se pudiera haber leído mi rostro en ese momento, éste
debería decir: "Estoy muerto!"
Estaba completamente petrificado luego de soportar toda esa
humanidad excitada y frotándose contra mi cuerpo.
- Zesna... por favor, contéstame. Estás bien? Lo lamento, no
me pude controlar- dijo verdaderamente preocupado.
- Ay!- dije riendo, intentando minimizar lo grave de la
situación.- Casi me matas... pero no te preocupes, lo podrás hacer cada vez que
te venga en gana. Sentir todo tu peso sobre mí, cómo te movías como si me
estuvieras cogiendo, y ser consciente del momento mismo en que eyaculaste de esa
forma, me excitó muchísimo. Y eso no tiene precio, Martín.
- No, Zesna... he aprendido la diferencia a la que te
referías antes. Yo no me imaginaba que te estaba cogiendo, sólo pensaba que te
estaba haciendo el amor.
- Oh, amigo, me emociona mucho lo que dices.
- Cómo quieres acabar tú, ahora?- preguntó aún con su
respiración a mil por hora.
Me quedó claro que Martín no me estaba intentando embaucar.
No sé por qué, pero me parecía muy sincero. Era muy gentil conmigo a pesar de
que casi me mata aplastado, ya que se preocupaba por mi satisfacción aún después
de haber acabado él primero.
Puse mi mano sobre sus genitales. Su pene estaba dormido,
pero su esperma le bañaba buena parte de sus pantalones. Llevé esa mano mojada a
mi boca y la lamí mientras no dejábamos de mirarnos directamente a los ojos.
Su agitación no disminuía.
- Qué quieres hacer, Zesna?
- Lo que tú desees- le dije- sólo tienes que pedírmelo.
Se ruborizó y bajó la mirada.
- Anda, dime qué es lo que realmente quieres y lo haré.
- Tengo miedo...- dijo aún con la vista hacia abajo.
- Por qué?- pregunté, y con dos de mis dedos le obligué a
alzar la cabeza y con ella su vista que volvió a quedarse enfrentada a la mía.
- Te deseo mucho, Zesna. Te quiero dentro mío, pero no sé si
podrás. Mi culito es muy estrecho. Tengo miedo de que me lastimes.
- No te preocupes por eso. Podremos intentarlo, pero sólo si
tú quieres.
- Sí, quiero!
Primero fuimos a la ducha.
A Martín le encantaba estar abrazado conmigo mientras la
lluvia caliente caía sobre nuestros cuerpos desnudos.
Comencé desde el primer momento a trabajar en su apretado
orificio, para que se pudiera dilatar lo más posible.
En primer lugar con la lengua. El músculo más flexible, más
blando y sin huesos, ofició de primer huésped. Primero por el anillo de carne
que oficiaba de umbral de sus entrañas. Luego la punta de ese mismo músculo se
introdujo levemente mientras su temor desaparecía poco a poco.
Siempre digo que en estos casos, la paciencia es la mejor
aliada. Ya había perdido la noción del tiempo y en realidad no me importaba. Las
cosas apuradas nunca me gustaron, y eso sería señal de falta de respeto hacia
mis gorditos. Paciencia, respeto, sinceridad y amor... y creo que con todo eso,
era mucho más fácil y saludable para ambos.
Cuando su temor quedó de lado, ya no continuó apretando más
su agujerito como víctima de la tensión. Entonces mi lengua pudo por fin
introducirse un poco más en sus entrañas.
Nuevamente la posición suya era la que le había conocido
antes, como si estuviera parado de espaldas como una X con las piernas separadas
y también los brazos que al igual que la noche anterior los tenía apoyados
contra los azulejos por encima de su cabeza.
Totalmente entregado a mi persona. Eso me hacía sentir
halagado... saber que alguien confía en ti de ese modo, siempre te hace sentir
bien. Y no estaba en mis planes defraudar esa confianza.
Nunca!
Tras mi lengua, se coló la punta de mi dedo índice.
No tuve ni interrupciones ni pedidos de explicaciones. Él tan
sólo me dejaba obrar a mi criterio y no hubo quejas que salieran de su boca; tan
sólo gemidos y grititos se escapaban de sus labios que intentaba apretarlos para
disimular, pero que el inmenso placer que sentía se lo impedía.
Cuando mi índice se introdujo en forma íntegra, mi lengua
salió de allí y dejó paso a mi dedo medio, no sin antes lubricarse lo mejor
posible con jabón.
Martín se contorsionaba en su posición, sin interrupción
alguna. Sentí que su culo estaba a mi entera disposición, y eso parecía no
preocuparlo ya que intuía que yo mismo me encargaría de su bienestar. Él sabía
que yo con mi experiencia, lo iba a proteger.
Con mi mano libre le acariciaba los muslos, porque sabía que
eso lo volvía loco. Sus muslos, su cuello, sus orejas y sus pezones, además de
sus genitales, eran los puntos donde más sensibilidad tenía. En realidad eso no
es ninguna novedad, ya que esos puntos son habitualmente los lugares donde uno
siente más excitación al ser tocados, pero el caso de Martín era, que en esos
lugares, su placer era exageradamente mayor. No cuando se los tocaba él mismo,
sino cuando un tercero le acariciaba, lamía o besaba como yo lo solía hacer.
Cuando su culo se amoldó al tamaño de ambos dedos de mi mano,
comencé a quitarlos lentamente, para tras unos segundos después, volverlos a
meter. Siempre muy despacio, para no dañarlo ni para que se asustara.
Afuera y adentro! Afuera y adentro! Afuera y adentro!
Afuera.... y adentro! Y allí se quedó por unos minutos.
Comencé a mover ambos dedos en pequeños círculos sin quitarlos de sus entrañas.
Sentí que se le aflojaban las piernas, y por un momento temí
que se fuera a caer contra las baldosas donde estallaba la lluvia de la ducha.
Sin quitarme de su interior, me puse en pie y empecé a
besarle el cuello desde atrás. Se terminó de rendir a lo que yo temía y casi
cayó de rodillas al piso. Mis dedos no pudieron permanecer dentro suyo y
saltaron hacia fuera.
Ahora pasé ambos brazos por lado abrazándolo por la garganta,
mientras continuaba soltando besos en su hombro. Giró su cabeza en mi dirección,
y buscó mi boca con la suya. Éstas se encontraron, y otra vez un beso apasionado
pudo escucharse disimulado entre el sonido de la trepidante ducha caliente que
continuaba bañando nuestros cuerpos desnudos.
Media hora después estábamos revolcándonos, ahora sobre la
cama gigante. Él había recobrado su erección, siempre potente, siempre húmeda,
pero tenía otra cosa que le latía en forma desesperada además del pene.
- Te necesito dentro, Zesna... por favor...
- Sí, mi amor- contesté con mi miembro totalmente preparado
para la acción a la que le invitaban.
Le hice tomar la posición de acostado boca abajo, con la
rodilla izquierda bastante levantada y la pierna derecha estirada en forma recta
hacia abajo. Con la palma de mi mano separé sus nalgas hasta que su orificio
quedó al descubierto. Fui con mi lengua, lo toqué y mientras le dejaba saliva
sobre el aro, intentaba abrirlo un poco más. Mi dedo obró de ayudante para
volver a dilatarle sin apuros.
Mi verga estaba pulsando en forma vertiginosa. Si pudiéramos
haber medido esos latidos, cualquiera podría haber diagnosticado una taquicardia
inminente.
Me tiré la piel del miembro hacia atrás y dejé la cabeza al
descubierto. Le pasé un dedo que juntó gran cantidad de líquido preseminal. Le
unté el ano con él, y me llevé el resto a la boca para saborearlo.
Apoyé mi glande en su orificio y presioné lentamente.
- Hmmmmm!
- Qué sucede?- pregunté no habiendo distinguido entre dolor o
satisfacción.
- Nada! Continúa... todo está bien- respondió.
Nuevamente el suave empellón.
Otra vez la exclamación.
Supuse que, aunque no me lo dijera, había sentido un poco de
dolor. Es que sé que la tengo un poco gruesa... y él, además de virgen, tenía el
aro demasiado apretado.
Cambié de táctica: sólo toqué su culo con mi glande, esparcí
todo el líquido que descansaba en la salida de mi uretra y comencé a hacer
movimientos circulares esperando que lentamente se fuera abriendo el orificio.
Mi dedo también ayudó. Tocaba, metía, se sacudía dentro,
jugueteaba, tironeaba desde adentro, quitaba, volvía a meter, le culeaba...
siempre en espera de buscar su dilatación, no tanto rápida, sino más bien
efectiva para evitar lastimarlo.
Lo estaba logrando. Notaba cómo el dedo ya entraba y salía
con más comodidad y fluidez.
Unos minutos más y creo que ya...
RIIIIIIIIIING!!!!!!
Mierda! El teléfono!
Martín quedó petrificado, y la verdad que yo también.
- Qué hora es?- pregunté para que él mirara el reloj sobre la
mesa de luz, ya que no podía ver el que llevaba en mi muñeca, puesto que aún
conservaba el dedo de esa mano dentro de su culo.
- Son las 2:30 AM!- contestó sorprendido de que en realidad
el tiempo hubiera transcurrido tan de prisa y sin que ninguno de los dos nos
hayamos percatado de ello.
- Por favor, alcánzame el teléfono- le dije para no tener que
quitar mi dedo de dentro suyo.
Lo hizo y tomé el tubo.
- Hola?
- PERO QUIÉN MIERDA TE CREES QUE ERES???- me gritó una voz
femenina.
- Mónica?- pregunté porque me costó reconocer ese grito
alterado.
- QUÉ? YA NI SIQUIERA ME RECONOCES???- siguió diciendo en el
mismo tono.
- Si no bajas el volumen de tu voz, te voy a colgar.
- ENCIMA TIENES EL DESCARO DE...
Colgué la comunicación.
- Le has cortado....???- dijo Martín sorprendido.
- Sí! Pero yo le avisé antes que lo haría!- expliqué.
RIIIIIIIINGGG!!!!
- Hola?- volví a decir.
- CÓMO TE ATREVES A DEJARME CON EL TUBO EN LA MANO?
- Si no bajas el tono, lo volveré a hacer.
- PERO QUIÉN CARAJO TE CREES QUE...
Volví a colgar.
- Zesna, creo que ese no es el camino.
- Veremos. Pero no voy a hablar con ella en esas condiciones.
Creo que estoy en posición de ser yo el que ponga las exigencias de diálogo.
- Y qué te hace pensar eso?- preguntó dudando.
- No fui yo quien la llamó a ella- expliqué, y una sonrisa se
esbozó en el rostro de Martín.
RIIIIIIINGGG!!!
- Hola?- dije por tercera vez quitando ahora sí, el dedo del
culo de Martín.
- Hola!- contestó en forma evidentemente mucho más calma.
- Qué quieres?- dije intentando darle el tono más frío que
pude a mi pregunta.
- No te entiendo, Zesna... te juro que intenté pero no te
entiendo... estuve todo el día esperando tu llamada. No crees que me merezco por
lo menos una explicación de lo que ha sucedido?
- Pero a esta hora? Son las 2 y media de la madrugada...
- Es que estuve esperando hasta este momento, y ya me quedó
bien en claro que tú no me ibas a llamar.
- Mira, esta no es la hora más adecuada- dije con total
frialdad.- Si esperaste hasta las 2 y media de la mañana, bien podrías haber
esperado un poco más hasta el amanecer.
Observé que Martín se puso de costado, apoyado sobre su brazo
derecho, y me miraba con una sonrisa en su rostro. Él estaba disfrutando de esta
conversación, aunque me hacía sentir un poco incómodo por tenerla con su propia
hermana en su presencia. Pero, bueno... fiel a mis principios, debía admitir que
finalmente el destino lo quiso de ese modo por algún motivo.
- Eso es lo único que me dirás?- dijo visiblemente
desconcertada- esperaba por lo menos una explicación de parte tuya.
- Sí, por supuesto que la tendrás... pero no en este momento.
Estas no son horas para hacer este tipo de llamadas. Si ahora tienes algún
apuro, bien pudiste haberlo hecho más temprano.
- Pero, Zesna... qué te sucede? Por qué me hablas así? Qué te
he hecho yo.
Estuve a punto de decirle que ya sabía todo, pero me contuve.
- Posiblemente mañana... bueno, quiero decir hoy mismo,
cuando sea de noche, tú y yo mantendremos una conversación.
- Pero...
- Pero? Nada!- interrumpí- Disculpa, pero ahora no te puedo
atender, tengo algo mucho más importante para hacer en este momento- y me
dispuse a colgar nuevamente.
- Zesna, por favor... hay algo más que quiero decirte; hoy
tuve una discusión muy fuerte con Martín y no está en el departamento. Tú sabes
donde está?
- Sí, lo sé... pero no te preocupes que él está bien- fue mi
única explicación.
- Pero dónde está?
- Cuando lo vuelvas a ver le preguntas, aunque no creo que
deba decírtelo.
- Por qué no?- dijo completamente desconcertada.
- Simplemente porque no es algo que te incumba a ti. Acaso él
tiene que darte explicaciones de todo lo que hace? Sinceramente, yo no lo creo.
- No entiendo!
- Oh, sí! Yo estoy muy seguro que sí entiendes. Lo que sucede
es que no te conviene entender.
- Zesna, pero por qué me hablas de ese modo?
- Que tengas buenas noches, Mónica. Llámame en la mañana al
trabajo y combinamos cuándo nos volvemos a ver por última vez.
- Qué? Por última vez? Cómo por última vez?
- Posiblemente te hayas pensado que yo soy un idiota, verdad?
Pues... sí, tal vez tenga cara de idiota, tal vez algunas veces actúe como un
idiota, pero te aseguro, y muy a tu pesar, que no lo soy.
- Sigo sin entender.
- Pues, recuerda nada más lo que te dije en nuestra primera
salida acerca de que no me gustan las mentiras.
- Aún no entiendo... en qué te he mentido?
- No lo sabes?
- No!
- Estás segura?
Esta vez, no contestó
- Que tengas felices sueños, Mónica!- dije y colgué el tubo.
Martín continuaba mirándome atentamente son borrar la sonrisa
de su rostro.
Ahora le sonreí yo a él.
- Debo confesarte algo, Zesna- dijo sin más.
- Qué?
- En verdad nunca pensé que pudieras manejar la situación con
mi hermana... es tan autoritaria, es tan absorbente, es tan...
- No te preocupes, Martín... cuando me encuentro con alguien
así, me sale todo lo malo de adentro.
El gordito me tomó del brazo y me tiró hacia él, perdí el
equilibrio y caí sobre su cuerpo.
- Cada vez te quiero más, Zesna- dijo con un susurro,
mientras comenzaba a darme besitos sobre el pecho.
-Yo también, Martín- contesté al tiempo que le tomaba un
pezón y lo apretaba con dos de mis dedos.
A las 11 de la mañana recibí la llamada de Mónica. Quedamos
en encontrarnos en la esquina de su propio edificio. Esta vez no habría nada más
que una conversación. Creo que ni siquiera ameritaría algún diálogo; tan sólo
una explicación de mi parte, y vaya que se llevaría una gran sorpresa.
A media tarde Junior, preocupado por mí, pasó por la tienda
para que le pudiera contar las novedades.
Nuevamente la advertencia: "Ten cuidado, brother".
De qué debería tener cuidado?
No estaría exagerando un poco?
O tal vez, demasiado?
Hay algo que estaba dejando de lado y me impedía ver con
claridad lo que otros sí veían?
Le dije todo acerca del encuentro que iba a tener con ella
esa misma noche a las 9 en punto, y que no tenía pensado ni siquiera mover mi
automóvil de la esquina de su edificio. Que toda la conversación la íbamos a
tener allí, en mi vehículo, y que posiblemente esa sería la última vez que
estaríamos a solas.
-Espero que todo salga bien, Zesna- dijo sin ocultar su
preocupación.
21:00 HORAS.
Toqué el timbre del portero eléctrico.
Atendió Martín y le pedí que le comunicara a su hermana que
la esperaría allí abajo.
Esperé diez minutos y Mónica finalmente apareció.
Vi como meneaba su tremendo trasero por el pasillo del
edificio mientras se acercaba, y por un segundo me lamenté no haber llegado más
lejos con ella. Sacudí la cabeza para no verme inmerso en la tentación.
- Basta, Zesna. Mónica es un caso terminado- me dijo una voz
interior.
Salió, y sin saludarnos siquiera nos dirigimos a mi vehículo.
Me puse detrás del volante y ella ocupó el asiento del
acompañante. Era una noche muy calurosa por lo que ambos abrimos las
ventanillas.
- Bueno... espero que tengas una buena explicación- dijo sin
preámbulos.
- Creo que la que tiene que dar explicaciones eres tú- dije
en tono desafiante.
- Pero tú no tienes vergüenza... después de dejarme plantada
la otra noche...
- Aún insistes en que tú no me has mentido?
- Sí, claro... por supuesto... yo siempre te dije la verdad.
- Pues, refréscame la memoria. Qué era lo que tú buscabas
conmigo?
- Quería ser tu novia... mejor dicho, aún quiero, Zesna.
- Aja! Y para qué?- insistí.
- Cómo para qué? Para qué se quiere tener un novio?
- No sé... tú dime- inquirí.
- No sé qué quieres decir...
- Veo que sigues mintiendo.
- No, no!- apresuró a contestar.
- Dime una cosa... cuál es tu relación con Matilde?
- Somos amigas- apresuró en contestar.
- Qué tan amigas?- insistí.
- Ella es mi mejor amiga- volvió a responder casi sin pensar.
- A ella le cuentas todo, verdad?
- Sí, bueno... casi todo... bueno, a los mejores amigos no se
les oculta nada, verdad? O casi nada- dijo ahora en forma dubitativa e
intentando una justificación.
- Y, por ejemplo, qué es aquello que no le cuentas? Digo,
como dijiste "casi todo", eso quiere decir que hay alguna cosa que omites cuando
hablas con ella, verdad?
- No sé a dónde quieres llegar con estas preguntas.
- No te saldrás con la tuya... no esta vez; no te permitiré
esquivar mi pregunta. Contesta!- insistí.
- Yo siempre me salgo con la mía!- contestó como con un
impulso y en clara posición de reto.
- Pues te tengo una noticia que no conocías: te has
equivocado de persona. Por fin te topaste con alguien que "siempre" se sale con
la suya... eso quiere decir que aquí hay un conflicto.
- No entiendo!
- Contesta la pregunta- insistí.
- No!- contestó desafiándome nuevamente.
- Si no contestas, será el fin de la conversación- dije para
ponerla entre la espada y la pared.
- Pero, por qué?
- Pues, como te acabo de decir, yo siempre me salgo con la
mía.
- No es justo!
No repliqué. Simplemente quedé mirándola, en espera de que
respondiera mi pregunta.
No lo hizo.
- Sabes por qué no contestas a lo que te he preguntado?
Porque simplemente no hay respuesta. Tú no le ocultas absolutamente nada a
Matilde. No sólo eso, sino que vas aún más lejos: haces determinadas cosas para
luego ir a contarle... o mejor, debería haber dicho: para ir a enseñarle cómo
hacerlas, verdad?
Su rostro se tiñó de rojo, pero mantuvo su mirada sobre la
mía. Eso era señal de que iba a intentar negarlo, pero su rubor la delató.
- Eso no es cierto- dijo unos segundos después y apenas
superó el shock, pero con tan poca verosimilitud que no congeniaba su rostro a
lo que expresaba en palabras.
Bingo!
Simplemente sonreí.
- Quién te ha estado diciendo todas esas tonterías?- preguntó
como quién quiere tomar un pequeño salvavidas para evitar ahogarse en medio de
una tormenta infernal en medio del océano.
- Eso no es de tu incumbencia.
- Fue Martín, verdad?
Sonreí sin admitirlo ni negarlo.
- Ese gordo pajero!
La sonrisa desapareció como por arte de magia de mi rostro.
Realmente me enfureció lo que dijo, y ya comencé a fastidiarme con esta persona.
Cuando eso ocurre, no tengo límites!
Ninguno!
- Pues, no tienes ni la menor idea de quién fue la persona
que me lo dijo- expresé para crear un caos en su mente- No lo adivinarías ni en
un millón de años.
Noté la confusión en su rostro que comenzó a desencajarse.
- No fue Martín?- dijo sorprendida.
- Jajajaja! Deberías aprender a conocer mejor a las personas
con quienes te juntas- dije en forma ambigua.
Simplemente puso cara de estar recordando a todas sus
amistades.
- Qué?- pregunté realmente sorprendido- Tienes más de una
persona a quienes les "cuentas todo"?
Me miró con terror en su rostro.
- No...!- dijo balbuceando.- No, ella no.
- Ja! Qué tanto confías en Matilde?
- No, por favor... ella no!
- Yo nunca dije que había sido ella, ni tampoco que no ha
sido. Sólo te pregunté "qué tanto confías en Matilde?", pero ya no es necesaria
tu respuesta. Supongo que a partir de hoy revisarás esa postura que tienes con
la gente. Y no me refiero a la que tienes con ella, sino con "toda la gente".
Dejé que asimilara mejor mis palabras.
- Así que... Mónica, me dio mucho gusto haberte conocido,
pero creo que ya es tarde para intentar algo entre nosotros. Lo mejor será que
no salgamos más juntos. No digo que no nos vayamos a volver a ver, porque seguro
que iré a tu departamento a ver a Martín, o nos encontraremos tal vez en alguna
reunión de ex alumnos, si tú decides ir. Pero no quiero escenas de ningún tipo
si se llega a dar el caso, ni en un lugar ni otro, te queda claro?
- Pero, Zesna... yo aún te quiero- dijo y apoyó su mano sobre
mi muslo y lentamente la fue arrastrando hacia mis genitales.
EPÍLOGO
Transcurrieron unos 20 minutos más y antes de encender el
motor del vehículo para partir, algo me hizo echar un rápido vistazo hacia la
derecha en donde descubrí la presencia de una persona que intentaba esconderse
detrás de un árbol. Aún así lo vi, y él se percató de haber sido descubierto por
mí. Simplemente sacudió la cabeza de lado a lado, como diciéndome: "No, tú no
tienes cura alguna, verdad?", en clara desaprobación por lo que estaba a punto
de hacer.
Le hizo señas a un taxi, se introdujo en el asiento trasero y
desapareció raudamente de mi vista en el preciso momento en que ponía en marcha
mi automóvil para ir rumbo a mi departamento junto a mi acompañante.
MEDIA HORA DESPUÉS
Una verdadera orgía de a dos!
Me chupó el miembro cómo nunca, mi erección fue antológica,
mis jugos nunca habían sido tan cuantiosos, la lubricación fue mayor de la
recomendada aunque eso no fue un problema sino todo lo contrario, las posiciones
que tomamos fueron las adecuadas y no hubo ningún problema en cuanto a la
penetración.
Estábamos totalmente sincronizados. Nos movíamos al unísono y
ambos estuvimos de acuerdo en prolongar lo más posible ese momento que habíamos
decidido compartir juntos.
Sus grandes tetas me servían para aferrarme fuertemente
mientras mis movimientos se aceleraban. Sus pezones fueron víctimas de mi
imprevisto salvajismo en el momento de acabar. Los apreté y retorcí y lejos de
causarle dolor, demostraba que estaba recibiendo mucho placer.
Mi emisión de esperma superó todas las expectativas, Seguí
moviéndome en forma salvaje durante los siguientes largos segundos luego de mi
eyaculación como para evitar que ese momento supremo terminara.
Finalmente caí rendido sobre su inmensa humanidad, y
permanecimos así, sin movernos y en silencio, por varios minutos más.
Me salí de dentro suyo y fui al encuentro de su boca jugosa.
-Zesna, te quiero mucho!- dijo con sus labios moviéndose
sobre los míos.
-Yo también... no sabes cuánto, Martín!- contesté del mismo
modo y nos fundimos en otro de esos besos húmedos de antología.
En ese preciso instante y mientras nuestras lenguas se
entrelazaban, recordé aquel taxi en el cual se alejaba mi ángel guardián de la
esquina de su edificio; que seguramente había ido hacia ese lugar para
asegurarse de que mi conversación con Mónica iría a transcurrir sobre los
carriles de la normalidad. Sin ningún tipo de sorpresas. Sin ningún tipo de
problemas.
"Cuidado, puede ser muy peligrosa" me había advertido.
Mi ángel guardián... mi hermano del alma... Junior, cómo te
quiero!
FIN DE ESTE RELATO REAL.
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(
http://www.todorelatos.com/relato/37168/ )