ACTO PRIMERO
Típica alcoba de una lujosa casa propiedad de una de las
nobles familias más ricas y poderosas de Verona. Un candelabro con dos velas
sobre una mesilla de madera de nogal ilumina la estancia. Junto a esta, una cama
también de madera, desecha todavía, y sentado en mitad de ella se encuentra
Romeo.
Romeo. ¡Baltasar! ¿Dónde estará el condenado de mi criado? Cuando
coja a ese maldito mayordomo, juro que le deslomo.
(Entra Baltasar con todas sus ropas mojadas y con una prenda
blanca en la mano)
Baltasar. No me toque los cojones, mi señor, que le
estaba lavando los calzones, copón.
Romeo. Esa lengua, Baltasar, esa lengua. Te
comportas como los animales desde que te follas a esa yegua a pesar de nuestras
orgías semanales. Y no me gusta, que después rechazan a los sementales.
Baltasar. Yo no, mi señor. Yo solo practico la
zoofilia con la nueva sirvienta, Silvia. Debe ser Mercucio, lo mío es la
insectofilia.
Romeo. ¿No me engañas y solo te follas a las
arañas?
Baltasar. Y a los escarabajos, pero me pongo yo
debajo, si no los aplasto.
(Romeo mira con desconfianza a su criado)
Romeo. Tengo para ti un recado. Necesito ver a
Julieta, así que búscala en el mercado y de paso me traes una piruleta.
Baltasar. Mi señor, ¿Julieta? Creía que le ponía
más cachondo la moza Melibea con ese culo redondo y sus gritos de gozo.
Romeo. Sí, pero Melibea ama a Calixto, que de
esperma le da medio litro. Por las mañanas ella le hace una mamada para salir de
la alcoba ya desayunada.
Baltasar. Calixto es maricón. Ayer mientras me la
chupaba me mordió un cojón cuando el perro de una estocada le ensartó por detrás
el cebollón.
Romeo. No, la que es homosexual es Elicia, esa
perra amoral que acompaña a La Celestina. Es lesbiana y le va más el pescado.
Baltasar. Esa necesita una buena banana en su
coñito rasurado.
Romeo. Y ¿Dulcinea? Me encanta como canturrea. Pero
es que Melibea... Melibea no sabes cómo me la menea.
Baltasar. Le entiendo, mi señor. Además, está como
un cañón. Digo de buenorra que se ha puesto la muy zorra.
(Baltasar se acerca a una silla con ropas de Romeo arrugadas y
echas un ovillo para colocarlas)
Baltasar. Señor, ¿qué le parece La Bella Durmiente?
Dicen que como siempre está sopa, te cabalga lentamente y también dicen que da
gusto ver como resopla.
Romeo. Eso es un cuento como lo de María Sarmiento.
Ella no pertenece a la literatura universal y se rumorea que no la sabe chupar.
Ve en busca de Julieta, para echarla un polvo en una carreta, que me da mucho
morbo, y luego me ayude a organizar una fiesta, si quiere que otro día le coma
el potorro.
Baltasar. ¿Una fiesta? ¡Qué emoción! Vendrá toda la
realeza, y ¡cuánto maricón! Mi señor, ¿podré asistir?
Romeo. Pues claro que sí.
Baltasar. Dios mío, cuantos culitos voy a abrir.

Romeo. Si la fiesta es para ti.
Baltasar. ¿Cómo que para mí?
Romeo. Baltasar, debes comer más zanahoria, tienes
muy mala memoria.
Baltasar. Mi señor, la zanahoria es para la vista,
que lo leí en una revista. Usted debe referirse a la cebolla.
Romeo. No, eso es para que te crezca la polla.
Baltasar. ¿Sí? Iré a decirle a la cocinera que
prepare la olla.
Romeo. Cuidado con la cocinera, que es toda una
ramera, y como te descuides te folla.
(Baltasar sale corriendo de la habitación. Romeo empieza a
masturbarse ligeramente mientras su criado regresa de nuevo al dormitorio)
Romeo. Celebraremos tu cumpleaños y también un
aniversario. ¿Recuerdas los regalos que te hizo el comisario?
Baltasar. ¿Cómo no? Ese puto enano, el muy capullo,
me destrozó el ano con su puño.

Romeo. No te quejes. Si quieres este año, por ser
tan especial ocasión, yo te lo rebaño y nos damos un revolcón.
Baltasar. Mi señor, estaré encantado, seré un buen
mariconazo.
Romeo. Ahora ve en busca de Julieta, y para lo del
culo, tráete un kilo de manteca.
Baltasar. Entonces tendré que ir al bosque, ese que
huele a chumino porque Centauro todos los días se la coge apoyada en el tronco
de un pino.
Romeo. Como te he dicho antes, ve mejor a la lonja,
donde, para conseguir más clientes, se viste de monja y ofrece sus servicios,
pues así, con esas obtusas mentes, obtiene más beneficios gracias al morbo. Así
es como yo la monto. Y va diciendo: "Bueno, bonito y barato solo por un rato".
Baltasar. De acuerdo. Cuando vaya al mercado, ¿le
traigo condones? Los tienen de sabores, los tienen de colores y los hay en que
te caben hasta los cojones.
ACTO SEGUNDO
Un dormitorio de la época decorado con detalles femeninos de
una gran mansión perteneciente a una familia noble rival del linaje de Romeo.
Una cama ocupa el centro de dicha alcoba y sobre ella, dos preciosas mujeres de
largos cabellos, Julieta y Elicia.

Julieta. Oh, Elicia... La Celestina tenía razón, eres una delicia y
en esto pones especial atención. Eres la furcia más sucia.
Elicia. Ya lo sé, corazón.
Julieta. Oh, Elicia. ¿Sabes aquella tal Alicia, la del País de las
Maravillas? La tengo mucha envidia porque ella probó tu aliento de vainilla.
Ella te dio un beso y yo también lo deseo.
Elicia. Deja de repetir mi nombre que me lo vas a desgastar, y
ahora me voy, que me está esperando un hombre que dice que muy bien me va a
pagar.
Julieta. No, no te vayas todavía. Quiero una de esas largas
conversaciones que duran hasta el final del día desnudas y sin calzones.
Elicia. Eres demasiado romanticona para ser tan puta y sobona. Lo
haré, pero mientras en tu gruta de nuevo entraré hasta que me saques a patadas
mientras tú hablas.
Julieta. Me haces tan feliz como Romeo.
Elicia. No me hables de ese memo, que me cabreo.
Julieta. Pero es que le amo tanto... Y me encanta su culazo.
Elicia. No sé qué le ves con lo gilipollas que es.
Julieta. Siempre que viene, me deja jugar con su pene.
Elicia. Si quieres un buen hombre, conozco yo a uno, que solo con
tocarle da calambre y te mata si te da por culo.
Julieta. Y ¿qué tal anda de pirulo? ¿No la tendrá como un Pitufo?
Elicia. ¿Nunca has oído hablar de don Cipote de La Mancha que el
coño te ensancha?
Julieta. Oh, sí, cuentan que en una taberna se bajó los pantalones,
se saco completamente la cola, brillaban como lunas sus cojones, y la gente le
hizo la ola.

Elicia. Sí. Con su escudero, que es culero, y te vende baratas las
anfetas para cuando montes tus fiestas, velozmente cabalga, siempre con su
ariete, y en esta comarca, a toda gran dama, si se pone por delante, se la mete
por la boca que no mama.
Julieta. ¿Le conoce La Celestina?
Elicia. Se conocieron en una cantina.
Julieta. Y ¿qué dice de él? ¿Se le consiguió llevar al motel?
Elicia. Dice que usa una horrible faja porque siempre lleva tiesa
su gran polla, pero una vez que se la baja, alucinas cuando te folla.
Julieta. Qué suerte. ¿Seguro que no miente?
Elicia. No lo creo, esa vieja puta en muy astuta. Se tiro al mismo
Amadeo y hasta al presidente de los USA.
Julieta. Bueno... y ¿su fiel compañero?
Elicia. Sancho Panza es su escudero y no veas que cacho de lanza el
muy cabrón se calza.
Julieta. Elicia, ¿por qué te llaman la prostituta fenicia?
Elicia. Porque yo era una mojigata antes de ser esclava de
Cleopatra. Pero ella me mostró el sexo lésbico mientras nos revolcábamos por
grandes praderas y me enseñó este lujurioso movimiento pélvico y el sexy
contoneo de mis caderas.
(Elicia realiza el mencionado movimiento pélvico)
Elicia. ¿Sabes quien me pone a mí el clítoris duro? El legendario
Rey Arturo.
Julieta. A mí no me gusta, ya es demasiado maduro.
Elicia. A ti el que te mola es Michael Jackson.
Julieta. Y a ti Marilyn Manson.
Elicia. A ti te gusta ese niñato, ese pazguato de Romeo, que si yo
me lo tiro le mato y me quedo su cabeza como trofeo.
Julieta. A mí me pone, ¿qué quieres que te diga?¿que soy una
pija?
Elicia. Es que lo eres.
Julieta. Pues te jodes. Por cierto, va a venir esta noche y tengo
que preparar un poco de ponche.
Elicia. Mejor abres tu vagina y que beba de ella. O ya que lo
tienes tan cerradito, que él mismo descorche la botella metiéndote su pito.
Julieta. ¡Ay, dios! Y ¿si ya no le parezco guapa y en vez de
follarme se hace un paja para olvidarme?
Elicia. No te preocupes mientras de su polla te ocupes.
Julieta. Pediré consejo al brujo, aunque para realizar el conjuro
le tenga que dar una botellita de mi flujo.
Elicia. A mí una vez me hizo un hechizo para que le estrujara el
chorizo.
Julieta. Eso es lo que necesito, un buen hechizo. Será perfecto,
pero... contigo tuvo efecto.
Elicia. Siento decirte que no, pero se lo hice aun así, auque lo
hice peor, eso sí.
Julieta. Cuando me tiré a todo el cuartel de la policía, él lo
vaticinó en una profecía.
Elicia. Buah, profetas... Solo sirven para darte una idea cuando
adivinan las ofertas de Ikea.
Julieta. Lo que tengo es miedo de caer en sus fauces. Comentan que
es el rey del Hades.
Elicia. No te hará nada a cambio de un par de felaciones.
Julieta. ¿Qué puedo hacer para esta noche de la mejor manera
joder...?
(Julieta suspira)
ACTO TERCERO
El interior de un hermoso jardín rodeado de muros en la
penumbra de la noche. Romeo apoyado en el tronco de un árbol oculto entre las
sombras que este le proporciona esperando que Julieta se asome al balcón que
tiene enfrente. De pronto, Julieta aparece cantando una canción de moda.
Julieta. (cantando) ¿Quién es ese hombre
que me mira y me desnuda, me lo come y se le pone dura para que me monte con
suma premura?
Romeo. ¿Qué luz se abre paso por aquella ventana?
Es el oriente, y Julieta es el sol. Y a ver si le da la puta gana y se calla ese
jodido ruiseñor.
Julieta. Romeo, ¿estás ahí?
Romeo. No, estoy aquí.
Julieta. Y ¿por que estás ahí?
Romeo. Porque estoy estando aquí.
Julieta. Oh, Romeo, ¿de verdad eres tú? Hasta aquí
llega tu olor y no es precisamente de champú. Qué asco... Romeo, que me mareo.
Romeo. Mira, niña, no me toques los huevos.
Julieta. Pero es que no te lavas. No me extraña que
tengas larvas.
Romeo. Yo no he venido aquí para que me pongas a
parir.
Julieta. Lo siento, Romeo, pero es que hace mucho
que no te veo y no sabes cuanto te deseo. Acércate que te pueda ver.
(Romeo se acerca y es iluminado por la luz que sale de la
ventana de Julieta)
Julieta. Joder, Romeo, que feo. ¿Y esa pinflota? Estás obeso, me
aplastarás con tu peso.
Romeo. ¿Feo? Ven que con mi espada te atravieso.
Julieta. Estás muy gordo. Mira tus enormes pantalones.
Romeo. Y una mierda, para gordos mis cojones.
(Julieta sonríe)
Julieta. No te pongas así, que era broma. Tú eres el más guapo de
Verona.
Romeo. ¿Verona? Deja ya de esnifar feromonas. Yo soy de
Valdileches, pero aguanto lo que me eches.
Julieta. Venga, sube, que te tiro la trenza, pero cuidado, no me
quites la hebra.
Romeo. ¿Con un hilo te recoges la coleta?
Julieta. Sí, es que se me descosió una pantaleta.
Romeo. Jopé, amor mío, qué apañada. Solo falta que sepas hacer
mermelada.
(Romeo coge la trenza de Julieta y comienza a escalar por la
pared hasta el balcón donde la besa y entran a la habitación)
ACTO CUARTO
El mismo dormitorio de la época decorado con detalles
femeninos de una gran mansión. En el centro, una gran cama.
Romeo. Julieta, he traído un condón, y mira, es de Don Algodón.
Julieta. Vaya, me gustan más los condones musicales. Ayer Calixto
trajo uno y me afinó las cuerdas vocales.
Romeo. ¡Rayos y centellas! ¿Estuviste con Calixto? Pues me iré a
buscarme otras doncellas y ya está todo listo.
Julieta. No. Calixto, el muy crápula, me engañó. Es muy listo y sin
darme cuenta me la ensartó. Además, me vino bien porque estaba afónica y cuando
hablé, me quedé atónita, así que, en agradecimiento, me lo follé.
Romeo. Cáspitas, el engaño. Mañana iré a preguntarle tácticas
aprovechando que es 1º de Mayo. Realmente Calixto es un tipo verdaderamente
listo.
Julieta. Oh, mi Romeo, ¿piensas en mí?
Romeo. Pechuguita, pienso más en tu boquita, en la que me voy a
venir.
Julieta. ¿Me quieres?
Romeo. Depende de cómo me la mames.
Julieta. ¿Me amas?
Romeo. A ver, ¿me la mamas o no?
Julieta. Dímelo con amor.
Romeo. Hazlo
Julieta. Dímelo con cariño.
Romeo. Abre la boca ya que te la endiño.
Julieta. No seas obseso y primero dame un beso.
Romeo. Eso, te daré un beso, un beso negro y un
fuerte magreo.
Julieta. No, querido, un beso o vendrán mis padres
porque daré un alarido, diré que solo quieres sexo y no quiero que otra vez les
ladres.
Romeo. Aquella vez no fue culpa mía. Tu madre una
gayola me quería hacer y apareció tu tía. No grites, que como me pille tu padre,
puede que me cape, y a ver quién te la mete ahora, cacho zorra.
Julieta. Llamaré a Pinocho, para que me coma el
chocho, y cada vez que miente la verga un montón le crece.
Romeo. Juro que como ese trozo de madera te la meta
entera, me corto el cuello con una sierra o me estampo en la cabeza una tetera.
(Romeo frunce el ceño, pone morritos de enfadado y cruza los
brazos. Julieta sonrie simpática y se acerca a él descubriendo sus pechos)
Julieta. No te inventes historietas. Déjate de
puñetas y muérdeme las tetas.
Romeo. Oh, dios, ese pecho... Pensando en él
cuántas pajas me he hecho.
(Romeo besa, lame y muerde sus tersos pechos)
Julieta. Oh, mi amado, estoy ansiosa, quiero
tenerla toda en la boca.
Romeo. No te preocupes, que la tengo tan dura que te
reventaré hasta la dentadura.
Julieta. Espera, me molesta la trenza, me haré un
moño.
Romeo. No sabes cuánto me gusta tu coño.
Julieta. Pues ahora es todo tuyo. O mejor hagamos un
sesenta y nueve, así me meto en la boca tu capullo y notarás como mi lengua se
mueve.
Romeo. Vale. Vete colocando y abre las piernas que
voy a beberme el caldo de toda tu almeja, que seguro que todavía la tienes
demasiado seca.

Julieta. Espera, Romeo, quítame primero las bragas,
que al final te las tragas.
(Practican el sesenta y nueve durante un rato)
Julieta. Venga, papi, conmigo pórtate chachi.
Romeo. Chachi piruli, Juan Pelotilla. Ponte de rodillas
que te voy a destrozar la campanilla.
(Julieta, en la posición indicada por Romeo, le hace una
felación)
Romeo. Me encanta tu perfumado aliento, pero hazlo
un poco más lento.
Julieta. Mucho te quiero mientras me como este
manjar suculento que tú me regalas, pero venga, Romero, fóllame y dame alas.
Romeo. Julieta, te dedico esta canción que te he
escrito y te voy a cantar. Tiroriroriro, tirorirorá, en la cama te tiro, que te
voy a follar, y si luego me piro, no te me pongas a llorar.
Julieta. Un momento que me quito el tampón.
Romeo. ¿Te ha bajado el periodo?
Julieta. No, es que me he masturbado.
Romeo. ¿Con eso?
Julieta. Está bien, confieso. No es un tampón, es
una barra de queso.
Romeo. Estás un poco desesperada.
Julieta. Sí, porque quiero que me la metas
atravesada.
(Romeo se coloca un preservativo)
Julieta. Mamón, empuja, métemelo de un empellón.
Romeo. ¡Mierda! el condón de Don Algodón es sin azúcar. Bueno, da
igual, así no engordará esta puta.
Julieta. Venga, Romeo, que no bromeo. Házmelo rapidito que si no de
excitación me meo, así que ve metiendo el pito que no me responsabilizo.
(Romeo la embiste y comienzan el coito entre gemidos y jadeos)

Romeo. Qué apretado, con esta cerda he dado en el clavo.
Julieta. No, el clavo me lo estás dando tú a mí, todo dentro del calvo
por el que disfrutas de mí.
Romeo. Me encanta que te lo afeites, así me bebo mejor todos tus
aceites.
Julieta. Y porque no has probado mi líquido anticongelante para que
no se congele y tenga calentita siempre la parte de alante, como a los clientes
les conviene.
Romeo. Ah, me voy.
Julieta. ¿A dónde?
Romeo. A Hawai, no te jode.
Julieta. Romeo, Romeo... que por la boca muere el
pez.
Romeo. Sí, y por la boca me la chupa Marifé.
Julieta. Quiero en mi lengua todo tu semen, que en
Roma las mujeres se lo beben y tienen el cabello reluciente... o eso me ha dicho
la gente.

Romeo. Pues tómalo todo que te va a brillar la
melena más que el oro para que esté guapa mi nena.
(Romeo comienza a eyacular mientras Julieta se lo traga todo y
luego ambos caen en un profundo sueño)
ACTO QUINTO
De nuevo, el dormitorio anterior y sobre la cama Romeo y
Julieta. El primero despierta.
Romeo. Julieta, amor mío, despierta. ¿Julieta?
Julieta, no me digas que estás muerta. Oh, no, ¿qué voy a hacer? La he matado de
placer. No, no puede ser, que hecho yo para esto merecer. Ya lo sé, tu miel, de
tu coñito la beberé, y después de saborear tu clítoris, me pegarás la sífilis,
enfermaré y a tu lado moriré.

(Comienza un cunnilingus hasta que muere lentamente entre
ahogados gemidos de dolor)
Julieta. Ay, Romeo, en cuanto me dejo abiertas las
piernas metes tu cabeza. Anda, sal de entre ellas. ¿Romeo? Romeo, joder, que te
has muerto. Qué desgraciada soy, ahora quién me llevará al huerto...? Bueno, yo
por si acaso me voy, a ver si va a venir la policía y me encuentran con esta
agradable compañía. Aunque sería más bonito y romántico, tomar su espada que
todavía está tiesa, y con mucha fuerza y alegría, matarme yo con ella. No, qué
coño, me marcho con disimulo y que le den por culo. Así que colorín, colorado,
este cuento se ha acabado.
FIN
