Me casé joven, a los 18, y viví feliz con el maravilloso
marido que la suerte me había proporcionado durante 12 años. Mi esposo compensó
con creces la ausencia de familia por parte de ambos y la que no pudimos
procrear por ser él estéril.
Solamente un sobrino suyo, también huérfano y unos años más
joven, nos daba la impresión de no ser una pareja colocada en la tierra por los
marcianos. Pese a que a mi Adriá no le gustaba su sobrino por ser, según él,
algo cabeza loca y relacionado con malas compañías, era nuestra única familia y
venía a nuestra casa a comer de cuando en cuando.
Ni Adriá ni yo teníamos muchos amigos. Nuestra estancia en el
respectivo orfanato hizo de nosotros seres huraños y solitarios. Bendigo aquella
improbable casualidad que nos llevó a conocernos y me trajo la mayor felicidad
que el mundo haya conocido. Aquellos doce años de imposible compenetración,
amor, amistad y sexo desinhibido se rompieron el día que él murió en un
accidente de tráfico.
Su sobrino, Pere, me consoló en aquellos aciagos días y, dado
su parecido con mi Adriá y mi sed ante la falta repentina de la abundancia de
sexo con la que él me saciaba hicieron fácil que Pere entrara en mi cama de
viuda.
Durante los siguientes cuatro años Pere atendió mi
concupiscencia un día o dos por semana con gran esmero, pese a tener que atender
también a su novia de la que me hablaba sin prejuicio alguno. El hecho de que a
mi no me importase un bledo la cornamenta de la novia de mi sobrino mientras su
hermosa verga se alojara en mi coño debió hacerme meditar sobre mi conducta
sexual, pero no fue así durante nada más ni menos que cuatro años.
Hasta el buen día en que Pere me anunció que había conseguido
un buen trabajo en Polonia. El mundo y, sobre todo mi clítoris, se me vinieron
encima. Le intenté convencer con argucias poco éticas y argumentos ridículos
para que no aceptase el trabajo. Lo más injusto que le argüí fue que dejaría
atrás a alguien que era como su esposa, o sea: yo. Razón, aparte de estúpida
tras cuatro años de sexo y solo sexo, inoportuna, porque Pere tenía ya nueva
novia. Y era polaca.
Quizá mis imploraciones fundadas solo en la atención sexual
fueron las que causaron y determinaron mi futuro.
Un buen día, poco antes de la partida de Pere hacia Stettin,
se presentó en mi casa acompañado de un amigo que me presentó como Charli. El
tal Charli tenía muy buena presencia y me cayó bien. Tras tomar unas cervezas
les puse una cena. Tras la cena unas copas, y yo tomé demasiadas ante la
angustia que me producía la partida de Pere.
Sentados en el sofá Pere y yo ante Charli, empezó la incómoda
escena que condicionó mi futuro:
- Charli, no me digas que no te gusta la viudita.
- Está fenomenal, tío. Tiene una figura de órdago, unas
piernas de pasarela y, por lo que parece, unas tetas matadoras y unos muslazos
de morirse.
- ¿Quieres verla bien?.
- Joér, y quien no?
- Anda Adela, enséñale las tetas a Charli. Ahora que me voy
tendré que dejarte un suplente, ¿no?.
- ¿Estás bebido Pere?. O te has vuelto loco. ¡Ala!. Traes a
un desconocido y quieres que le enseñe mis tetas. Deja la ginebra cariño.
- Joér nena, eres una calentorra de cojones, te vas a quedar
sin la verga que te consuela, eres una jodida acomplejada y demasiado insociable
para capturar otra polla por ti misma. El Charli te cae bien y puede ser mi
sustituto. ¿Y te pones estrecha?. Anda déjame que yo mismo le muestre a Charli
el producto.
Echó mano a mi blusa y empezó a soltar los botones. Mis manos
fueron a impedirlo pero me contuve. A fin de cuentas tenía razón. Yo no me veía
en una discoteca intentando ligarme una polla. Porque realmente era eso lo que
yo necesitaba. Ni cariño, ni dinero, ni amistad. Yo solamente necesitaba una
polla. Y así dejé que Pere expusiese mis hermosas domingas a la vista del tal
Charli.
- Están de miedo no? Charli.
- Si, están mejor de lo que me imaginaba. A ver como son al
tacto. Joé tío, golosas. Blanditas como me gustan. Y vaya pezones de aréola
grande y abultada, ¡Cómo me molan!. ¡Anda chorba, enséñame el culo y los
jamones!
Un poco enfadada me deshice de la falda, que dejé caer al
suelo, mientras el cabrón de él me echaba mano a las nalgas y empezaba a
sobarlas.
- Vaya pandero Pere. De lujo. Y de muslamen como dios. La
chorba está de puta madre. Vamos a ver los agujeros.
Separando mi exiguo hilo dental a un lado me metió dos dedos
en el coño sin andarse con cortesías. Tras meterlos y sacarlos unos segundos se
los llevó a la boca para probar mi secreción que, vergonzantemente, comenzaba a
destilar. No estaba yo dispuesta a demostrar ninguna debilidad ante un tipo tan
grosero, pero mi naturaleza pudo más que mi voluntad.
- Buenísimo el caldo de la puta tío. Sabe rico, rico, rico. Y
abundante. Eres calentorra ¿eh nena?. Oye Pere, que va a ser que me la follo ya.
- Tu mismo colega. Si ella no se opone …
Y sin pedir permiso ni nada me empujó para que apoyase las
manos sobre la mesa y me la metió en el coño en un pispas. Ni advertí que se
hubiera abierto la bragueta hasta entonces. Mi esfínter apreció que la verga era
bastante más gruesa que la de Pere y la de mi difunto Adriá, por lo que perdoné
y olvidé su descortesía disponiéndome a disfrutar de aquel nuevo instrumento de
placer.
Sin tan siquiera bajarse los pantalones, comenzó a bombearme
al tiempo que yo encharcaba su tranca evidenciando a mi pesar que me tenía a su
merced.
- Ostia Pere, cómo moja. La tía es un putón de cuidado.
Iba a protestar sobre aquel apelativo cuando me metió un dedo
en el ano y empezó a sodomizarme con él sin cesar la actividad de su tranca en
mi otro orificio. Cuando me metió dos, advertí lo que venía y pedí:
- Pere, por favor, trae aceite o mantequilla.
- Aaaahh, zorrona, no hace falta. Con tus caldos ya se
lubrica. Prepárate que voy a probar el otro agujero. – espetó el tal Charli.
Mientras frotaba su polla por mi ano para lubricarlo con mis
propios jugos vaginales me preparé aterrada para la penetración. Si bien no era
virgen de ese conducto, tampoco era una experimentada en su uso, porque tanto a
Adriá como Pere no les llamaba mucho la atención. Me habían sodomizado con poca
frecuencia. Además aquella nueva verga tan gorda no se encontraba dentro de la
calibración de mi ano.
- Ahí voy golfa. Buen provecho con mi morcilla.
Y me la metió de un solo empujón hasta los testículos
haciéndome perder la respiración. Creí que me había desgarrado el boquete y
durante unos minutos en que él bombeó sin notar mi dolor quedé rígida. Poco a
poco mi agujero se fue habituando y, ante lo irremediable, procuré sacar
provecho y eché mis dedos al clítoris para refregarlo con energía. Minutos más
tarde, y pese al ardor del ano, la sodomización me comenzó a resultar incluso
agradable. Cuando fui consciente de que aquel tipo me estaba taladrando ante mi
amante, el morbo que ello me produjo acentuó mi sensación de placer. Nunca nadie
me había follado ante otra persona y aquella circunstancia nueva me hechizó.
El tipo no paraba de comentar lo buena que estaba y lo
caliente de mis agujeros intercalando toda clase de apelativos como puta,
ramera, golfa, salida que, aún cuando lo lógico hubiera sido que me cabreasen,
lo que hicieron fue calentarme más. Encima me sorprendí, y sorprendí a Pere
respondiendo:
- Venga cabrón, rompe el culo a esta golfa. Dale más fuerte a
tu puta. Déjame tu lefa en el estomago por el culo o rómpemelo.
De repente vi ante mi la polla de Pere e instintivamente la
engullí sintiéndome muy satisfecha de ser atendida, por primera vez en mi vida
por dos machos.
Un buen rato más estuvo Charli desatascando mis tripas hasta
que repentinamente dijo:
- Pere, despídete de tu puta dejándole el coño lleno.
Me levantó en brazos sin sacar su verga de mi culo y ofreció
mi peludo coño a la polla de Pere, quien no dudó en aceptar la oferta,
encontrándome yo con la primera doble penetración de mi existencia.
Después de las copas que había tomado y ante aquel
tratamiento mis ganas de mear eran espantosas, pero no iba a interrumpir tan
bonita estampa por tan soez motivo.
Pere se corrió pronto, al tiempo que yo conseguía mi primer
orgasmo de la noche y que casi me hace soltar la contenida meada. Entonces
Charli me tumbó sobre la mesa boca arriba y siguió embistiendo con su tranca en
mi culo, ahora más briosamente al no tener que conciliar la actividad con Pere.
Mi nuevo amante aferraba mis pechos con tanta fuerza que no sé si, entre el
placer que sentía, emergía más el dolor de tetas o el del forzado ano.
Me llegaba el segundo orgasmo y, debido a sus empellones y a
que me colocó las manos sobre las caderas para tirar de mi hacia él con los
pulgares oprimiendo mi vientre, no pude contener mi vejiga cuando alcancé el
orgasmo. Así que mientras disfrutaba de mi merecido goce, meaba sin remedio la
camisa y los pantalones de Charli.
No dijo nada porque estaba a punto de eyacular y al poco
sentí su esperma inundando mis tripas. Cuando se recompuso:
- Será cerda la golfa. Me mea y encima tiene las tripas
llenas de mierda. Mira como me has puesto la polla. Ahora la vas a limpiar.
Gorrina.
Me incorporé para ir a buscar una toalla para limpiarlo, pero
me agarró de los pelos y haciéndole arrodillar me ordenó:
- Con la boca, zorra. La polla de una macho se limpia con la
boca.
Haciendo de tripas corazón empecé a darle lametones a su aún
erguido aparato probando mis propios excrementos, cosa que me daba un asco
infinito.
Pero el cabrón de él me agarró de los pelos y me metió su
descomunal verga en la boca hasta traspasar la garganta, cosa que yo nunca había
experimentado. Entre el asco que me daba mi propia mierda y la tranca en la
garganta comencé a moquear y sufrir arcadas hasta que solté la pota sobre la
polla que pretendía ser limpiada y el pantalón ya meado anteriormente, asentando
si cabe más mi condición de puerca.
- ¿Pero has visto Pere?. Macho no me dijiste que fuera tan
sucia: me mea, me caga, me moquea y me vomita en la verga. Mira mi ropa. Está
hecha un asco.
El cabrón me arreó una bofetada que me tiró al suelo y
pretendía patearme hasta que Pere intervino.
- Vale ya Charli. Probablemente se encuentre indispuesta hoy.
Aquí hay ropa mía. Voy a buscarla y nos vamos a tomar unas copas con los otros
amigos para celebrar mi despedida.
Charli se calmó, pero por si acaso yo no me moví. Seguí en el
suelo en pelotas hasta que el bestia de él se fue al baño para ducharse y
ponerse la ropa prestada de Pere mientras él recogía en una maleta el resto de
las cosas que tenía en mi casa.
Antes de irse, Charli me dijo:
- Mañana sobre las seis vengo para hacerte en el culo eso que
tanto te gusta zorrona. Espero que tengas las tripas limpias y que hayas meado y
sonado los mocos antes o si no te fostio.
Pere se despidió de mi con un tibio beso. Ya no lo volví a
ver. De vez en cuando lo llamé al móvil pero debía haber cambiado de número
porque se ponía otra persona. Tampoco me dejó ninguna dirección para escribirle.
Antes de ducharme comprobé en el espejo el lamentable aspecto
de mis tetas que ya empezaban a mostrar tonalidades amarillas. El ojete del culo
lo tenía totalmente rojo y ardiendo. Me hice la firme promesa de no admitir en
mi casa al tal Charli. Además ni siquiera sabía nada de él.
Si embargo esa noche, tuve unos desasosegante sueños en que
me veía violada por él y me gustó tanto la cosa que desperté en medio de un
orgasmo espontáneo. Por la mañana, aunque mis tetas estaban verdes, mi culo ya
estaba bien y el recuerdo de mi sueño me hizo cambiar de opinión y abrirle la
puerta.
No obstante, a lo largo del día cambié de opinión tres o
cuatro veces. Pero un cuarto de hora antes de las seis de la tarde, tenía mis
tripas limpias tras tres copiosos enemas, había ido a mear y pasado por el bidet
cinco veces en la última hora y gastado un paquete de pañuelos de papel para
sonarme la nariz.
Pocos minutos antes de las seis decidía definitivamente no
abrir la puerta. Pero mi coño estaba soltando flujo de forma que tenía las
bragas empapadas. Me las acababa de cambiar cuando sonó el timbre da la puerta y
abrí sin pensarlo más.
- Hola putona mía, ¿qué? Estarás ansiosa de mi rabo ¿eh?
- Oye .. no me llames esas cosas por favor.
- ¡Baaaahh, golfanta! Son cosas cariñosas, entre nosotros. Pa
que sepas que aprecio tu cuerpazo de lujo.
- No me gusta.
- Pues te acostumbras.
- Te repito que no me gusta y no me acostumbraré. ¿qué traes
en esa maleta?. ¿No pensarás mudarte a mi casa?. No te conozco apenas.
- Te acostumbrarás, te lo aseguro. La maleta tiene cosas para
ti. Vete mirándolas mientras bajo a la ferretería para hacer una copia de la
llave, dámela.
Aún hoy no sé qué me empujó a darle la llave de mi casa.
Mientras estuvo haciendo la copia abrí la maleta y examiné su contenido: Todo
eran consoladores de diversos calibres, materiales y colores, tapones anales,
vibradores de diferente diseño, pinzas metálicas para pezones y labios
vaginales, cajas de preservativos, pastillas para dios sabe qué, lubricantes,
lencería fina y también de cuero y látex, látigos y fustas de amenazador
aspecto, correas, mordazas, abrebocas y sabe quién que más cosas que no supe
identificar. El caso es que contemplando aquella colección estimé que aquel
hombre me iba a dar unas sesiones de sexo bastante amenas y mis bragas volvieron
a mojarse involuntariamente.
Charli regresó comprobando que la copia de la llave abría la
puerta sin problema alguno.
- ¿Te gustan tus regalos calentorra?
- Algunos no.
- ¡Bah! Si no los has probado. Verás qué bien lo pasamos.
Oye, antes que nada vamos a quitar esa pelambre de tu coño. Ya sabes que me
gustan las putas limpitas y esas greñas entre tus jamones dan aspecto de sucia.
¿Te has lavado bien las tripas?. Te voy a usar el agujero trasero hasta que te
guste tanto que me lo pidas de rodillas. Anda, desnúdate.
- Oye no... no ....
- ¿No qué?. ¿Quieres cabrearme y que te fostie ya?
Mientras él sacaba jabón, brocha y maquinilla de la maleta,
me desnudé arrepentida de haberle abierto la puerta.
Él se desnudó también para la faena y por fin pude apreciar
que el tipo estaba como un queso. El jodío también tenía las ingles rapadas
acentuando su preciosa y gran herramienta. No pude por menos que echar mano a
ella. Él me contuvo para llevarme a la cocina mientras acariciaba mis nalgas y
me tumbó boca arriba sobre la mesa.
- Abre bien ese muslamen, después serás la dueña de mi rabo.
¿Te gusta mi rabo golfa?. Pues te va a hacer muy feliz, ya verás. No vas a
extrañar para nada el de Pere. Quizá yo sea algo más rudo que él, pero las jacas
como tu necesitan mano dura para estar satisfechas.
Esa forma de hablar me provocaba un flujo vaginal más copioso
aún y notaba cómo descendían los chorretes para formar un charquito sobre la
mesa bajo mi rabadilla mientras mojaba la brocha.
- Ahhhh putón, que te veo chorreando. ¿Ves cómo tus carnazas
te dicen la verdad? Que estás deseando lidia y rabo.
Mientras me enjabonaba el pubis y la raja del culo empezó a
darme instrucciones:
- Mira, quiero que tengas siempre el chumino bien afeitado.
No quiero que lo depiles definitivamente porque de vez en cuando me gustará
afeitártelo yo. Las tripas siempre te las quiero bien limpias porque lo que más
me gusta en este mundo es follar un culo tan impresionante como el tuyo. La
manicura es esencial, quiero tus manos sin un solo defecto, usarás siempre la
marca y color de laca de uñas que hay en la maleta, lo mismo que el maquillaje
.... la ropa de calle será ... bla ... bla ... bla .... y nada de bragas ni
sujetadores que no te compre yo ...... bla.... bla .... bla .... y siempre que
esté yo en tu casa no vestirás nada más que unas medias negras sin liguero y
unos zapatos negros de tacón alto. Haga el tiempo que haga.
A esa altura ya estaba apurando el afeitado de mi pubis y
para eso me metía un dedo en el coño empujando para fuera los labios. Si antes
manaba bastante caldo, ahora estaba a punto del orgasmo. Ni qué decir tiene que
no podía ocultárselo.
- Joér zorrona. Se nota que te gusta como te voy a tratar.
Tienes la palpusa ardiendo y más mojada que un embalse. En tu vida has tenido ni
tendrás mejor hombre y que te vaya a satisfacer como se merece tan suntuoso
cuerpazo.
Después de afeitarme sin dejar un solo pelillo me extendió
una especie de aceite que refrescó la zona rasurada y además me introdujo con
dos dedos una buena parte en el ano.
Sacó los dedos de mi culo, los olisqueó y dijo:
- Parece que eres obediente. Vamos al salón a follar, me
gustan los sofás más que la cama, permiten más variedad de posturas, ¿verdad?. Y
tomándome de una mano y de la cintura me condujo ante el sofá del salón donde se
sentó diciendo:
- Homenajea mi verga con la boca. Ya sabes cómo me gusta.
Hasta los huevos aunque te llegue al estómago, y no se te ocurra soltar la pota
porque esas tetas moradas te las pongo negras, o mejor, te las rajo.
Rezando por mi suerte en la tarea puse todo mi empeño en no
vomitar y cautelosamente mamaba hasta poner mis labios en su escroto pero por lo
visto demasiado lentamente para su gusto. Así que me agarró de las orejas y
empezó a follarme la boca como la vez anterior. Es decir, como si mi boca fuera
un coño y él estuviese a punto de eyacular. Conseguí no soltar la pota, pero
arcadas me dieron a montones y mis babas y mocos surgían a raudales inundando su
escroto y resbalando por sus piernas. Me temí que decidiese cortar o rajar mis
tetas, pero solo dijo:
- Oye gorrina, porque esta no es mi casa y lo limpiarás tu,
pero si me manchases el piso de la mía con esas babas y mocos asquerosos te
estiro de los pezones hasta que parezcan espaguettis.
No me dio opción a responder, ni intención que yo tenía.
Simplemente extrajo su garrote de mi boca, me agarró de los pelos y tirando me
puso en pié, me obligó a apoyarme sobre un brazo del sofá y me endiñó la
herramienta en el ano sin contemplaciones. Debo reconocer que una vez doblegado
mi orificio por la penetración del día anterior, esta vez acogí la verga con
mejor disposición y me recuperé rápidamente del dolor, así que conduje mis dedos
al clítoris para proporcionarme la satisfacción que el enculamiento no me iba a
lograr. Pero el cabrón no empezó a bombearme como esperaba.
Se quedó quieto.
- Joputa, muévete. Rómpeme el culo. Métemela en el chocho,
pero no te quedes quieto. Estoy que me pierdo. ¡Joder, ¿me oyes? Mamón. Muévete!
Ni me respondió. Pero entonces noté mis tripas llenándose de
calor y creí que era su esperma. Error, el hijoputa me estaba meando dentro de
las tripas. Cuando quise reaccionar ya era tarde y me estuvo sujetando hasta que
vació en mis entrañas todo el contenido de su vejiga.
Cuando terminó me endiñó un tapón anal para que no soltase su
orina y me giró para colocarme frente a él, trasladándome después hasta la mesa
alta donde me tumbó boca arriba con los muslos abiertos. Entonces comenzó a
golpearme violentamente con su verga en la vagina, apuntando sobre todo al
clítoris. Me hacía mucho daño.
- So cerda, ¿Te crees que al Charli se le puede mear, cagar,
moquear y empotar gratuitamente?. Pues estás absolutamente equivocada.
Me dio un empujón y me tiró al suelo dirigiéndose a la
maleta. Intenté escapar pero me atrapó en la misma puerta colocándome a la
espalda unas esposas que había sacado de la puta maleta. Intenté darle patadas
pero me arreó un rodillazo en el muslo que me dejó paralizada. Sacó de la
dichosa maleta una cuerda que enganchó a las esposas y pasándola por lo alto de
la puerta sujetó el otro extremo a la manivela.
Entonces se quitó la correa del pantalón y comenzó a golpear
con ella mis nalgas brutalmente.
- Jura que no contrariarás más a tu hombre.
- Lárgate de mi casa, cabrón.
Los correazos se hicieron más brutales si cabe y comencé a
gritar. Mala idea. Me colocó una mordaza de bola y a las lágrimas se unieron la
baba y los mocos.
- Basta, basta, lo juro. Por dios, lo juro. (Eso es lo que yo
quise decir desde dentro de la mordaza, pero sabe dios qué se oyó. En cualquier
caso debió entenderlo)
- ¿Juras qué?
- Que no te volveré a contrariar.
- Está bien, pero diez correazos más por vomitarme y
moquearme la verga.
Cuando terminó me soltó y me ordenó ponerme de rodillas. Para
entonces la meada que el tapón anal retenía en mis tripas estaba haciendo
estragos como un enema y los retortijones de mi vientre eran atroces. Me quitó
la mordaza.
- Abre la boca. Te voy a mear en ella para humillarte y que
me reconozcas como tu hombre. ¡Maldita sea! ¿Es que nadie te educó?.
Como quiera que no fui demasiado diligente me aferró con
fuerza una teta con una mano y con la otra se puso a abofetearme.
- ¡Basta, basta, ya abro la boca!
- Y bebe ¿Eh?
Aguantando las arcadas bebí una parte de su orina. Tres
buchadas. No pude más. Recibí el resto de la meada por la cara, pelo y tetas.
Después me ordenó mamársela y me apliqué con toda mi alma ante el terror que
sentía. Eyaculó en mi boca y me ordenó tragarlo, cosa que hice sin rechistar.
Se marchó dejándome tirada en el suelo en un estado tan
lastimoso que no tuve aguante para llegar al baño y me saqué el tapón anal allí
mismo añadiendo a la orina que regaba el suelo la que expulsaron mis torturadas
tripas.
Una semana tardó en regresar, una semana que se me hizo
eterna, pues procuraba estar dispuesta como él quería. Estaba siempre vestida
tan solo con las medias y zapatos de tacón alto como me ordenó y con una bata
dispuesta para quitármela según oyese abrir la puerta. Tenía pavor a que me
encontrase cuando me disponía a salir o regresaba de la calle, pues me
encontraría vestida. Otra verdadera pesadilla era la imposición de enemas
inútilmente, pero me espantaba la imagen de lo que ocurriría si llegase y me
quisiera sodomizar con las tripas sucias.
Como no trabajé nunca y vivía de la pensión de mi marido,
tenía cantidad de tiempo libre y ahora dedicaba gran parte de él a mi higiene y
manicura, al afeitado del coño y a ensayar el follado de boca con los
consoladores de la maleta para habituar mi garganta a la penetración sin
provocarme las arcadas y mocos que tanto ofendían a mi hombre.
Por fin apareció y tuve suerte pues me encontró perfectamente
dispuesta como él quería. Además el coñito me lo había afeitado dos horas antes
y ya no presentaba ningún enrojecimiento. Es más, estaba bien blanquito y
pulidito como le gustaba.
- Hola gatita. Hoy te voy a poner el cuerpo alegre de las
folladas que te vas a llevar.
Me saludó jovialmente manoseando mis nalgas mientras me comía
los morros con voracidad. Aprovechando su buen humor me atrevía a pedirle:
- Charli, Cariño. Te quiero pedir un favor muuuuy grandote.
- Lo que tu quieras Chochete. Larga por esos morritos que me
van a comer mi rabo.
- Verás ..... estar .... estar dispuesta para ti como te
gusta que esté me hace pasar mucho frio y ..... tengo que estar frecuentemente
poniéndome enemas y ... yo creo que eso no puede ser sano .... y si enfermo no
podrás perforarme el culo como te gusta .... y ..... he pensado ... pues ....
pues que si no podrías llamarme al menos media hora antes de venir para darme
tiempo a acicalarme como te mereces encontrarme.
- Pues claro Chuminin, no había caído en eso ¡Qué burro soy!.
A partir de hoy te llamaré siempre antes de venir. Pero tampoco va a ser
frecuente, porque mañana me mudo aquí.
- ¿Cooomo?
- Si, que me mudo a tu casa. ¿No te gustará estar con tu
hombre siempre?
- Sss .... ii. Claaa .... ro.
- Venga zorrona, vamos a follar.
Y vaya que si me folló. Charli era una máquina. Dos horas me
estuvo trajinando y me proporcionó cinco orgasmos. Increíble. Acabé matada pero
siendo la mujer más feliz del mundo. Mi hombre no solo manejaba la verga
magistralmente. Era además un consumado maestro para acariciar y su imaginación
no tenía límites. Realmente sus dedos y su lengua suplían a su polla sin ninguna
desventaja. De mi parte debo decir que mi entrenamiento con los consoladores en
la boca dio grandes resultados y mi Charli quedó muy satisfecho al follarme
profundamente en ella.
Esa noche le hice la primera cena e inauguramos nuestra
convivencia de la que esperaba ingentes cantidades de placer.
Al día siguiente se presentó en mi casa con varias maletas y
bolsas, eso sí, me llamó media hora antes para decírmelo. Y a partir de entonces
ya solo tuve que comprarme zapatos de tacón alto, medias negras, minifaldas de
cuero, tops y abrigos o gabardinas. La ropa de mi armario que no se ajustaba a
eso la tiró a la basura.
La verdad es que si en un principio me pareció prematura su
mudanza y me produjo bastante inquietud, sus atenciones a mi necesidad de sexo
me lo hicieron olvidar en poco tiempo.
Mi apetito tuvo que aumentar desmedidamente para compensar
las calorías que perdía follando con él. Su imaginación era verdaderamente feraz
y el uso de los juguetes de la maleta me sorprendía siempre gratamente. Era un
fetichista y su empeño en que yo solamente vistiese con medias y zapatos era
para poder tener a su alcance mis agujeros para andar hurgando en ellos y
meterme toda clase de cosas que se le ocurrían. En menos de dos semanas tanto mi
vagina como mi recto podían acoger sin molestias su puño entero dentro.
Algo más me costó acostumbrarme a sus juegos sádicos, pero al
mes ya disfrutaba yo muy dichosamente cuando me follaba con pinzas y pesas en
los pezones, en los labios vaginales o en el clítoris. Lo que nunca me gustó fue
el retorno del riego sanguíneo en mis tetas cuando me las amarraba.
A pesar del violento inicio de nuestras relaciones, pocas
veces me castigaba, a lo más una a la semana. Debo reconocer que generalmente él
tenía razón y yo era la culpable por incumplir alguna de sus normas. La más
tonta fue hacerme un deterioro en la laca de uñas y no repararlo. Eso me costó
diez correazos en las nalgas, pero normalmente solo me aplicaba cinco correazos
en ellas o uno solo en el pelado coño. Lo más frecuente era que me abofetease en
la cara o en las tetas.
Nunca dejaré de agradecerle que me iniciase en las delicias
del sexo en grupo. La primera vez fue un sábado en que trajo a un amigo y me
follaron conjuntamente de forma sumamente satisfactoria. Su amigo quedó
francamente deslumbrado cuando después de que eyaculase en mi coño al tiempo que
mi Charli lo hacía en mi recto como era su costumbre, le entregase yo una
cucharilla para que recogiese el semen de ámbos y me lo diese a tragar como mi
hombre me había enseñado que debía hacer para no desperdiciar nunca semejante
don de la naturaleza.
A Charli le gustaba mucho el fútbol y las películas porno.
Mientras veía los partidos le gustaba tenerme a su lado para estrujarme las
tetas o pellizcarme los pezones cuando se cabreaba por un fallo de su equipo o
con el árbitro. Con las película porno le gustaba que lo masturbase con mis
manos o con la boca, aunque rara vez llegaba al orgasmo. Otra cosa que le
encantaba era que durante las cenas me pusiera sobre la mesa abierta de piernas
ante él para mojar algún bocado en los flujos de mi coño. El postre siempre me
lo metía dentro y yo tenía que ir expulsándolo con los músculos de mi vagina
mientras el lo comía.
Poco a poco fui tomándole el tino a sus horarios y pude
vestirme de manera que no pillara una neumonía. Un par de veces me encontró en
casa vestida con un grueso jersey, pantalones y una bata y ese día los cinco
correazos me los asestó en el chumino. Me dijo que no era por haberme encontrado
así, que lo entendía por ser invierno, sino por haber comprado esa ropa. Le dije
que me la había dado la vecina y me aclaró que en casa no entraba más ropa mía
que la que él autorizase. Verdaderamente es que yo era un poco lerda y torpe de
entendedoras. Evidentemente me merecía los castigos.
Charli no aportaba dinero a casa y mi pensión de viudedad era
la que cargaba con todos los gastos. Es verdad que donde come uno comen dos,
pero mi Charli tenía caprichos y mis ahorros iban menguando notablemente. No me
atrevía a decirle nada.
Un sábado, además de traer como de costumbre a un amigo, se
trajo a la novia de éste. Los chicos nos ordenaron a las dos chicas que les
diésemos un espectáculo lésbico mientras ellos se tomaban unas copas. Yo me
quedé enormemente cortada, en primer lugar por encontrarme solo con medias y
zapatos ante los tres que estaban vestidos. Pero la novia de su amigo, que no me
parecía que tuviera siquiera los 18 años, no era obviamente una principiante,
porque de inmediato se puso a morrearme y a magrearme las tetas.
En vista de que mi boca no respondía debidamente me dijo:
- Desnúdame cariño y disfruta de mi. Relájate y yo te enseño.
La desnudé temiendo que Charli me soltase un correazo en
cualquier momento por la torpeza con que lo hice a causa de mi nerviosismo.
Cuando la chiquita estuvo en pelota picada, una estampa
preciosa por cierto, se arrodilló ante mi y comenzó a comerme el coño. Si bien
tal agujero lo tenía totalmente seco a la llegada de los invitados, en menos de
cinco minutos la chavala me lo estaba haciendo chorrear. Ella, bueno, su boca lo
detectó de inmediato. Me tomó de las manos y me hizo arrodillar con ella para
volver a besarme en la boca. Esta vez yo estaba ya tan caliente que me entregué
sin reparo alguno.
Pocos minutos más tarde nos encontrábamos enzarzadas en un
frenético 69 intentando cada una meter su lengua lo más profundamente posible en
el agujero de la otra sin olvidar atender también el otro orificio. Los gemidos
y la desahogada manera en que nos retorcíamos, frotábamos y acariciábamos debían
estar llevando a los dos hombres a alta temperatura.
Efectivamente, poco rato después éramos cuatro los que
yacíamos en el suelo sin fijarnos qué polla penetraba qué agujero, cual se
mamaba ni que boca o coño se comía. Cuando noté una eyaculación en mi vagina yo
me encontraba comiendo el coño de la chica mientras una polla la sodomizaba. Era
la de mi Charli que poco tardó en depositar su semen en las tripas de la
chiquita.
- Celina, expulsa mi esperma de tu culo para que mi puta se
lo trague y después sórbele de su coño el de tu novio.
Otro sábado me anunció que íbamos a salir, suceso insólito ya
que entre el fútbol, la película porno y los amigos invitados a follar por la
noche, solía pasarse la media jornada.
Me vestí para salir, con la minifalda y el top sin nada
debajo salvo las medias negras, y un grueso abrigo ya que hacía frío. Para mi
sorpresa, ya que esperaba que me llevase a bailar o al cine, entramos en un
miserable bareto de barrio.
- Hola Julio, ¿están ya los chicos en la trasera?
- Ahí están. ¿Qué os sirvo?.
- A mi un güisqui doble y a ella agua del grifo. Llévanos
también un taburete de la barra.
Entramos en una especie de reservado en la trasera del bar
saturado de humo de tabaco donde estaban tres tipos sentados alrededor de una
mesa cuadrada tomando unas copas. Creí que todos los amigos de mi Charli me
habían ya pasado por la piedra, pero a aquellos no los conocía.
-Qué hay chicos. Os presento a mi novia. Estos son mis amigos
de la partida de poker mensual.
- Hola colega. Está buena tu jay. ¿Cómo se llama?
- A ... A ... Amel ....
- ¡Adela! – corté yo roja de vergüenza e indignación.
- Bueno, qué más da. ¿Chicos, preparados para perder hasta
los calzoncillos?
- Mira que tiene moral el colega, si siempre pierde él.
En ese momento entró el camarero trayendo las bebidas y una
alta banqueta de barra.
- Anda, zorrita mía, ponte como en casa y siéntate en esa
banqueta mientras jugamos la partida.
Estúpida de mi, pensé que me decía que me sintiese como en
casa, así que tomando mi vaso de agua del grifo me senté en la alta banqueta
dispuesta a aburrirme como una monja.
La bofetada me pilló absolutamente desprevenida.
- Te he dicho "como en casa" ¿captas la orden, cretina?. O
quieres más ostias.
Profundamente humillada me despojé del abrigo, la falda y el
top y me volví a sentar en la banqueta ante la mirada de aquellos individuos
evaluando mis tetas, mis muslos y mi pandero.
- Joé tío, la jaca está de lujo. Vaya maciza de toma pan y
moja. ¿Y te la traspasó El Pere gratis?
- Pues sí, ni un euro me pidió.
- Y es viuda dices. Parece joven aún. ¿Ha tenido mocosos?
- Tiene 34 o 35. Aún tiene un buen uso. No ha parido nunca.
- ¿Ya te produce?
- De momento no. Tengo que domarla. Todavía es algo
respondona.
Yo debía tener la cara del color del tomate. Estaba
totalmente avergonzada y enfurecida con Charli por hacerme pasar por aquello,
pero sublevarme podía servir solo para recibir una tanda de correazos delante de
aquellos palurdos horteras y no estaba dispuesta a arriesgarme a semejante
humillación. Qué coño significaría aquello de si yo le producía ya.
- Zorrita, ábrete de piernas y cambia de postura de cuando en
cuando para que mis amigos se mueran de envidia por la novia que tengo.
Enséñales bien tus encantos. Ábrete los agujeros con los dedos y mastúrbate si
estás de frente. Si te pones de espaldas separa bien las ancas con las manos
para que no pierdan detalle.
Comenzaron la partida poniendo sus tres amigos poca atención
a ella ya que no me quitaban ojo mientras les mostraba toda mi intimidad y me
pajeaba para ellos. Si Charli pretendía ganar a costa de la falta de atención de
sus amigos, fracasó por completo, ya que no ganó ni una sola mano. Y lo peor es
que aquello iba a repercutir gravemente en mi ya maltrecha cuenta corriente.
- Jaume, ya no me queda pasta. Apuesto un polvo con mi novia.
Aquello ya me cabreó totalmente y perdí mi compostura.
- ¡Mierda Charli!, de eso nada. Vámonos y deja de dilapidar
la pasta que no nos sobra.
Solamente me di cuenta de mi imprudencia cuando me percaté de
que Charli se quedaba lívido. La había cagado. Si desobedecerle en privado y por
nimiedades me solía costar caro, hacerlo ante sus amigos me iba a costar la
piel. Seguro que me pinchaba las tetas como me había amenazado alguna vez.
- Furcia, acerca la banqueta a la mesa. Siéntate en ella y
apoya tus puercas ubres en la mesa. –Ordenó mientras se aflojaba la correa del
pantalón.
Obedecí entre aterrada y aliviada al ver que iba usar la
correa y no una navaja o algo peor.
- Jaume sujeta a la sucia puta sobre la mesa. Lluis sujétale
esas patas de zorra a las patas del taburete.
Poco después empezó la cuenta de los veinte fuertes correazos
que me asestó en las nalgas, más diez en los riñones y otros diez en la espalda.
En plena y heroica tarea se asomó el camarero para quejarse por mis gritos.
- Trae un trapo de cocina , Julio.
Lo trajo y Charli me lo metió en la boca para sofocar mis
gritos.
Cuando terminó de azotarme por detrás, me hizo tumbar sobre
la mesa boca arriba y me asestó cinco correazos en cada pecho y otros cinco en
mi desnudo pubis, acertando siempre de pleno en el clítoris. Después me tiró al
suelo de un empellón y allí quedé tirada mientras retomaba el asunto:
- Bueno, estábamos en que me apostaba un polvo con la furcia.
Qué dices Jaume.
- Pues que la has dejado un tanto perjudicada como para
usarla.
- No te preocupes. Es sufrida.
- Bueno vale, vamos allá. Qué tienes.
- Trio de jotas.
- Full de reyes y ases.
- Joder. Anda, follate a la fulana por donde quieras.
- Me apetece ver esa magnífica grupa. Me la tiraré por el
culo.
- Tú zorra. Siéntate en la banqueta con el agujero del culo
sobresaliendo y apóyate en la mesa.
Obedecí sin rechistar mientras el bastardo de Jaume se abría
la bragueta y Charli pedía al camarero las vinajeras y le invitaba a ver el
espectáculo. Me soltaron un chorro de aceite de oliva por la acanaladura de mis
glúteos y Jaime me metió en el ano parte del líquido untándose la verga también.
No tardé en albergar la verga del tipo en mi ano y noté que
era incluso más gorda y larga que la de mi hombre. A pesar de arderme todo el
cuerpo, la naturaleza es la naturaleza y me llevé la mano al maltratado clítoris
para obtener un orgasmo. Puesto que la cosa no tenía remedio, por lo menos
sacarle provecho.
- Chicos, fijaos en la golfa, se quiere correr.
- Coño Charli. Si que tienes una puta salida. La has molido a
azotes y aún tiene ganas de guerra.
- Ja ja ja ja. En mi vida he visto una puta tan desvergonzada
y marrana.
No les hice caso y me concentré en mi empeño por ganarme el
orgasmo pero noté la eyaculación de Jaume en mis tripas antes de lograrlo y me
sentí frustrada.
- Vaya Charli: Tu pelandusca se ha quedado sin su jodido
orgasmo. Déjame que ayude a la pobrecita.
- ¡Bah! Pobrecita. ¡Una mierda de puta! Anda fóllatela.
Folladla todos. Y la clientela de fuera si quiere también. Folladla hasta que me
la dejéis preñada.
Me había quejado una vez a Charli por hacerme follar con sus
amigos sin condón, pero me arreó dos bofetadas y me aseguró que sus amigos eran
de confianza. Ahora, si me iba a entregar a la clientela no era lo mismo. Pero
no me atreví a decir nada.
Su otro amigo me empujó para hacer sobresalir más mis nalgas
del taburete y me penetró por la vagina desde atrás. Yo aceleré el movimiento de
los dedos porque quería el orgasmo lo antes posible ya que no creía probable que
pudiera alcanzarlo con la clientela por la aprensión que me provocaba el pensar
que me pudiesen contagiar alguna enfermedad.
Yo misma me quedé sorprendida y Charli se quedó de piedra
cuando me sobrevino uno de los orgasmos más colosales que había tenido nunca. No
pude contener los rugidos de bestia en celo que salieron de mi garganta.
Quedé medio desmayada al tiempo que notaba correr por mis
muslos la orina que no pude contener. Cuando salieron del pasmo que les produjo
mi repugnante y obscena conducta comentó uno:
- Jooooooer con la buscona. Ya le vale. La tía es una masoca.
Como se ha puesto de caliente con los correazos. A lo mejor necesita más Charli.
- Desde luego no sabía yo este gusto de la zorra. Desde
luego, si quiere caña no seré yo quien se la escatime.
Me arreó un azote en el pandero con la mano abierta al tiempo
que el camarero hacía uso de la amable invitación de mi hombre y me penetraba
por el ano. El otro amigo de Charli, impaciente sin duda, no esperó su turno y
me dio a mamar su instrumento.
Se corrieron los dos al mismo tiempo pero aquel al que mamaba
la sacó a tiempo para regarme la cara con su esperma.
Charli cogió mi falda y mi top y me ordenó:
- Anda furcia, vámonos, que ya has tenido buena ración de
semen hoy.
Por lo visto había renunciado a su intención de ofrecerme a
la clientela. Como no hizo intento de darme la ropa, no me atreví a pedírsela y,
tal como estaba, me puse el abrigo y salimos.
De regreso a casa notaba cómo el semen se escapaba de mi ano
y resbalaba por los muslos. Eso me hizo recordar que tenía la cara manchada.
Alcé la mano para limpiarme pero Charli me metió en un portal. Se bajó la
bragueta, sacó su verga y me ordenó hacerle una mamada.
Estando en la tarea entró una vecina que nos puso a caldo.
Por la escalera iba gritando que llamaría a la policía.
Charli se corrió sobre mi pelo y salió del portal con mi
abrigo dejándome allí sin más que las medias y los zapatos orinados. Quedaban
dos manzanas para casa y no tuve más remedio que salir a la calle como estaba
antes de que llegase la policía.
Como era sábado la calle estaba muy concurrida. Tuve que
escuchar de todo: Insultos, amenazas, piropos, silbidos, propuestas obscenas ...
No podía correr con aquellos altísimos tacones y los zapatos encharcados por
dentro con mi meada. Por si fuera poco se me rompió un tacón. No me quedó más
remedio que quitarme los zapatos, pero al menos eso me permitió correr.
Al llegar al portal de mi casa rogué para no encontrarme con
ningún vecino, pero para mi mala suerte había junta de propietarios en el
vestíbulo. Si ya tenía mala fama en la casa por ser bastante insociable, aquello
la hundió para siempre.
Charli tardó en abrirme la puerta, por lo que si algún vecino
no estaba aún en la junta, los que bajaban me vieron también en tan lamentable
estado. Curiosamente, mi mayor bochorno no lo producía el hecho de estar en
pelotas sino el semen que resbalaba por mis muslos y el que tenía en el pelo.
Estaba obsesionada con que todas las miradas se fijaban en ello.
Después de ducharme me puse a hacer la cena. Estando en la
cocina se presentó mi hombre, sacó una botella de agua y la vació en el
fregadero. Se abrió la bragueta y automáticamente me apoyé en la encimera
sacando el culo en la idea de que me iba a follar. Pero no, se puso a mear
dentro de la botella.
- Esta es tu bebida en la cena. Ponte boca arriba sobre la
mesa.
Obedecí y abrí las piernas ofreciéndole mi coño pensando que
me iba a pegar en él. Pero tampoco. Tomó la botella de vinagre y me vertió parte
dentro de la vagina y otra buena cantidad dentro del recto.
Durante la cena apenas sí probé bocado ya que estaba
absolutamente dolorida y ardiendo. Tanto por fuera debido a los azotes como por
dentro de los agujeros debido al vinagre.
Esa noche Charli me expulsó de mi habitación, donde dormíamos
juntos desde que se mudó a mi casa, y hube de acostarme en el pequeño cuarto de
invitados. Ya no regresé jamás a mi amplia habitación con su confortable gran
cama. Ni siquiera para follar ya que mi hombre solía hacérmelo en cualquier
lugar.
Hasta cerca del amanecer no pude dormir algo. Me despertó
Charli que iba a salir.
- Ponte a cuatro patas en la cama. Y sepárate esas
gordinflonas ancas con las manos.
Obedecí y me fue insertando un rosario de bolas de respetable
tamaño en el recto. También me embutió en la vagina un par de enormes bolas
chinas, casi del tamaño de pelotas de tenis.
Por último me hizo poner en pie y me colocó un delgado pero
tenaz cinturón de castidad metálico que yo había visto en la maleta de juguetes
que trajo.
Se largó y me dejó así taponada y con mi piel aún ardiendo y
ya verdosa por los correazos del día anterior.
A mediodía ya estaba incomodísima y deseando que regresara
para que me librase de las bolas que tenía dentro. Pero ni siquiera se presentó
a comer. A las seis de la tarde empecé a tener ganas de defecar y a las ocho,
cuando creí que moriría reventada y con unos dolores agónicos en mis tripas
apareció y me libró del cinturón. Aún así no me permitió ir al baño hasta que no
limpié todas las bolas lamiendo mi propia caca.
El lunes y el martes me hizo lo mismo. El miércoles le pedí
perdón jurando que no le contrariaría jamás delante de nadie me ordenase lo que
me ordenase.
Me perdonó y el jueves salí con él, ya que me iba a comprar
unos regalos para celebrar la reconciliación. Como siempre, solamente las medias
sin liguero, la mini y el top bajo el abrigo.
Cuando entramos en un sex shop ya me olí que algo embarazoso
me iba a suceder. Nos acercamos a un dependiente.
- Buenas, quisiera unos tanguitas sin entrepierna para aquí
mi putita.
Sacó dos modelos. Uno era de algodón y otro de látex. Se
podía elegir entre bastantes colores.
- ¿Se los puede probar?
- Lo siento caballero. Eso no esposible.
- Bueno, déme uno de cada para probarlos pagándolos y según
cual me guste más llevaré otros tres.
- Eso si puede hacerlo caballero. Creo que esta es la talla.
- No sé ... los veo algo pequeños. Mi chorba tiene un pandero
de miedo.
- Bueno, si me permite puedo medirlo.
- Venga zorrita, quítate el abrigo y súbete la falda para que
el señor mida tus mantecas.
Dócilmente obedecí enseñándole al tipo mi culazo surcado aún
por las marcas de los correazos.
El hombre me midió las caderas y también desde el comienzo
del canalillo de las nalgas hasta unos centímetros por encima de la capucha de
mi clítoris.
- Si, éstas son las que le irán bien. Se ha portado mal su
putilla ¿no?.
- Si, es un poco borde y de vez en cuando me veo obligado a
disciplinarla.
- Espero que la haya servido de escarmiento. Allí está el
probador.
Entramos en el probador y me probé primero las de algodón.
- ¿Qué te parecen, gorrinita mía?
No entendía muy bien para qué servían aquellas bragas, pero
dadas las tendencias fetichistas de mi chico supuse que sería algo que le ponía
caliente. Y si le ponía caliente me follaría más y mejor, así que no dudé en
afirmar:
- Me encantan cariño. Son una pasada de sexis. ¿Te pone
cielo?
- Un montón. Pruébate las de látex.
Me las probé. En el espejo ví como daban el cante, ya que se
ceñían a los lados de mis labios vaginales comprimiéndolos y empujándolos
obscenamente hacia delante. Charli se fijó de inmediato en el efecto.
- Guuuauuuu. Joder que puta se te ve. Te mataba a polvos
ahora mismo. Espera que consulte algo al dependiente.
Mi Charli regresó al probador con el dependiente.
- Mire, me encantan estas de látex porque hacen ese efecto de
empujarle a mi puta los labios para adelante quedando el conejo la mar de
provocador. Pero tengo mis dudas a la hora de encularla. Como por detrás los
tirantes se cierran más es posible que me rocen la polla y la hagan polvo, ya me
entiende.
- No mire. Si me permite le hago una demostración.
- Adelante pues. Puede tocar a esta zorra tanto como sea
necesario.
- Verá: Como su puta es de culo gordo es ella quien debería
que abrirse las cachas para favorecer la penetración - Hazlo culo gordo - y
ahora, que tiene bien accesible el ojete, usted, caballero, engancha con los
pulgares los tirantes del tanga y separándolo deja perfectamente accesible el
agujero. Métala los dedos y compruebe como no rozan con los tirantes.
- Cierto, cierto. Claro. Es que normalmente ella no se abre
las cachas si no se lo mando.
- Pues debiera castigarla, porque cualquier zorra de culo
gordo como esta debería saber lo que tiene que hacer para facilitar la
penetración. ¿Se acuerda de la película "La grande Bouffe"?. Pues la imbécil de
la gorda no se abría las nalgas y el pobre Marcelo, que en paz descanse, no
conseguía su orgasmo y quedaba como impotente. Si es que hay algunas chorbas que
…… . Por cierto, ¿qué le hizo esta tía para que le haya castigado también el
coño tan estrictamente?.
- Joder, pues ni más ni menos que dejarme en ridículo ante
cuatro amigos.
- Si alguna de mis dos furcias me hace eso la destrozo la
cara a navajazos. Mire, una es aquella dependienta. La otra está atendiendo a
las cabinas.
- Pues muy bien. Me quedaré con media docena de tangas sin
entrepierna contando estos que se ha probado. Ala pendón, bájate la falda y
vamos a pagar. Déjate puesto el que llevas.
Ya en el mostrador, a la hora de pagar:
- Va a ser con tarjeta o al contado, caballero.
- ¡Leche, se me ha olvidado la cartera!. Anda putita, paga
tu.
- Yo … es que … son muy caras Charli y … para el material que
tienen y su utilidad … pues digo yo que … con las dos que me he probado me
considero muy bien regalada.
- Oye golfa, el Charli, cuando regala, regala. El Charli es
generoso, no es un tiñas. Paga y ya te daré el dinero.
- Verás …
- Caballero, si quiere le doy la fusta que uso con mis
furcias y ahí detrás nadie se enterará.
- Gracias. ¡Que pagues coño!.
Le di mi tarjeta al dependiente quien diez segundos más tarde
anunció lo esperado por mi:
- Lo siento, no tiene saldo.
- ¿No tienes una puta perra cretina?
- Yo … yo te lo he dicho alguna vez, que … mi pensión de
viudedad no …
- Bueno, señor: le dejo aquí a esta idiota mientras voy por
mi cartera.
- Le propongo una solución: Le doy gratis los tangas sin
entrepierna si su puta trabaja para las cabinas un par de horas.
- Pues no está mal. ¿A que con lo pendón que eres te gustará
provocar pajas? Mientras yo me voy a por la cartera para pagar otra cosa que
quiero regalarte. Hasta luego chati.
Las dos horas de cabina acordadas fueron tres. Durante las
cuales los clientes me pidieron toda clase de posturas y maniobras con la
nutrida colección de juguetes que había en la pieza de exposición. Me expliqué
la prolongación del trabajo cuando a poco de terminar salió Charli riendo y
sobando a una de las rameras del dependiente. O sea, yo había pagado la puta de
mi hombre.
Apareció el dependiente.
- Caballero, su zorra ha gustado mucho. Si le parece puede
traerla a producir cuando quiera. Es que está muy bien. Como nos gustan
realmente a todos: abundante y en sazón, no como esas jovencitas anoréxicas.
Le reproché su conducta con lo de la prostituta de camino a
casa y me asestó una patada en el culo. Pero debía estar de buen humor porque me
entregó el otro regalo.
- Toma este anillo para que todo el mundo vea quien es mi
querida novia. No te pongas ninguno más que este.
- Pero Charli, quisiera llevar las dos alianzas juntas en
recuerdo de mi difunto esposo.
- Bueno, esas si. Quedan muy bien brillando en tus hermosas
manos y dan mucho morbo.
- Eeehhh Charli. Es anchísimo este anillo.
- Es para el pulgar, coño. ¿No sabes la moda?
- Aahhh. Jo, y tiene tu nombre grabado bien grande por fuera.
Gracias amor.
Yo creí que el descomunal anillo era de oro blanco o al menos
de plata, pero poco después comprobé que era de acero inoxidable.
Cobré la pensión y otra vez tuve dinero, por lo que Charli
estuvo de buenas dos semanas y atendió muy satisfactoriamente mis necesidades de
sexo sin que tuviese que castigarme para nada. Pero pronto volví a tener que
advertirle que mi pensión no bastaba, ya que sus gustos gastronómicos eran muy
caros, así como la ropa que se compraba con cargo a mi cuenta.
- Pues bueno, habrá que tomar medidas. De momento mi madre y
una amiga se vendrán a vivir aquí para poner en alquiler el piso de mi madre.
Por otro lado tu tendrás que trabajar.
- Pero Charli, solo hay dos habitaciones y el cuartito de
costura. Además yo no he trabajado en nada nunca. Solo tengo el bachiller y no
soy experta en nada.
- De espacio verás como nos apañamos. Y en lo de trabajar yo
sé en qué puedes perfectamente.
- No sé ... como no sea en una oficina con cosas fáciles, o
de limpiadora. Bueno también se me da bien la costura.
- Te equivocas, tienes magníficas cualidades para cierto
trabajo y además te gusta mucho hacerlo.
- Pues ... no se me ocurre. ¿Cuál es?.
- Prostituta.
- ¿Queeee?
- Puta, ramera, fulana …. Eres lerda eh?
- ¡Ah no!. ¿Estás loco?. ¿Cómo se te ocurre una cosa así?
- Más vale que no sigas por ese camino si no quieres verte
sumamente perjudicada. Serás puta y punto pelota.
Me fui corriendo a mi habitación y me arrojé en la cama
llorando de rabia. A los pocos minutos apareció Charli y con muy malos modos me
introdujo en la vagina y el ano las bolas de la otra vez así como el cinturón de
castidad.
- No te sacudo porque no quiero estropear la mercancía, pero
sigue así y no tendré más remedio.
Se largó toda la noche y a la mañana siguiente, cuando
regresó, le dije que me gustaría mucho ser su puta. Que es que me había cogido
de sorpresa y no me lo había pensado bien. Que era un trabajo que me gustaba y
lo desempeñaría con mucha habilidad. Que estaría orgulloso de mí. Que es que
quizá me había dejado llevar por la mala fama del oficio. Realmente no le mentía
para que me dejase cagar. La verdad es que durante la noche medité mucho y al
final terminé con el coño segregando flujo a raudales solo de pensar que mi
cuerpo iba a ser de mucha utilidad. Realmente llegar a ese extremo de
envilecimiento me atraía sin saber muy bien la causa. Incluso acabé soñando con
que participaba en una multitudinaria orgía en un sucio burdel para depravados.
Charli me quitó el cinturón de castidad y me sacó las bolas.
Mientras iba al baño a aliviar mis perentorias necesidades le oí ordenarme:
- Ponte uno de los tangas de látex, quiero que mi madre vea
lo buena que estás. Y sal a buscar algo de comer especial para cuando venga la
vieja. Llegará dentro de un rato así que date prisa.
Me coloqué el tanga y me miré en el espejo. Si andar por casa
solo con las medias era estar desnuda, ponerse el tanga aquel acentuaba la
desnudez ya que, efectivamente, las tiras laterales comprimían hacia el centro
los labios y por tanto los empujaban desvergonzadamente hacia fuera, presentando
un chocho absolutamente provocador y obsceno.
Para bajar a comprar no me molesté en vestir más que el
abrigo. Desde días antes lo hacía así ya que me producía mucho morbo sentirme
desnuda bajo la prenda entre tanta señora pudibunda, algunas, vecinas mías que
me miraban con gesto altanero y desaprobador. No sabían que tenían razones para
hacerlo. Una vez me atreví a robar una zanahoria metiéndola en mi coño. Ese día
robé un plátano. Sería una conducta infantil, pero me producía una fuerte
calentura.
Cuando subí a casa con la compra me encontré con que ya
habían llegado la madre y la amiga de Charli. Me presentó a su madre:
- Esta es mi madre, Teresa, aunque se la conoce generalmente
como Tess.
- Buenos días señora. Encantada de tenerla con nosotros.
- Charli, ¿por qué está esta ramera vestida con el abrigo en
tu presencia?
- ¡Ah!, perdón, como tenía que ….
De inmediato dejé caer el abrigo al suelo e inmediatamente me
acordé de que el plátano debía sobresalir de mi coño. Me ruboricé.
- Vaya con tu zorra. Ni yendo a comprar se le pasa la
calentura. Al menos en lo de su vocación tienes razón, nene. Veamos sus
cualidades.
La señora me examinó lentamente, rodeándome, sobándome,
sopesando mis atributos e, incluso, tanteando con sus bonitos dedos y saboreando
las húmedas secreciones de mis agujeros que, con sus maniobras, comenzaron a
manar de inmediato. Desde luego mi Charli, a qué negarlo, tenía razón: Yo era
una ramera vocacional. No me volvería a plantear ninguna duda.
Mientras ella me valoraba, yo hacía lo recíproco. La mujer,
de entre 45 a 50 años era alta y esbelta. Pelo lacio y rubio, rostro
singularmente atractivo y porte aristocrático. Su ceñido vestido de lana
revelaba sin duda unos pechos bien rellenos y no demasiado caídos, unas nalgas
aún prietas y erguidas. Me gustaba la señora y, ya que iba a tener que convivir
con ella, decidí ganármela.
- Señora, me agrada usted mucho. Me alegro de que mi Charli
la haya traído a casa. Estoy segura de que seremos grandes amigas. Siento sus
dulces dedos explorando mis agujeros y ya ve usted mi húmeda reacción.
- Carlos, nene, esta puta es tonta. "seremos grandes
amigas". ¿Es que no le has dicho?. Nene, es que te pierde tu blando corazón.
¡Anda y dile!
- Eee … jeeemmm. Oye zorra. Mi madre no está aquí para ser tu
amiga ni cosa parecida. Ella será la que va a dirigir tus servicios y controlar
tu productividad. Y si ésta es baja …. Ya no será mi correa la que te aleccione,
sino su fusta, que maneja cojonudamente.
- Aaa ah p p perdón. Charli, solo pretendía ser amable con tu
madre. Está en mi casa y por hospitali ….
- Mira, zorra, déjate de discursos y haznos la comida
especial que te he dicho. Te ayudará la puta negra.
Aunque la había visto de reojo, la negra había estado todo el
rato camuflada entre el quicio de una puerta y una lámpara de pie. Ahora avanzó
como dispuesta a recibir órdenes. La pude contemplar mejor y me dejó KO.
Bajo el empaquetado de una brillante, tersa e impoluta piel
no demasiado oscura resplandecía tal delirio de masas, volúmenes y curvas que,
si mi comparación con otras mujeres me saldaba en positivo, aquella negra me
sumía en una calificación francamente deprimente. Solamente ver aquellos
perfectos y voluminosos pechos coronados por recios anillos de oro en los
gruesos pezones rodeados de una extensa y oscura aréola, su prominente y
subyugador vientre, las extensas y orgullosas nalgas, los muslos ahusados
convergiendo en un extenso pubis que albergaba una vagina descomunal y adornada
también por dorados anillos, pusieron mi líbido a tope. Sin duda algo notó
Teresa.
- Espera Carlitos. Tiempo hay para comer. Quiero ver a las
dos putas trajinándose mutuamente. Hay que evaluar las perspectivas del negocio.
Casi, casi, cometo un error y me abalanzo sobre la negra con
mi coño chorreando, porque el cuerpazo me atraía irremediablemente, y más cuando
advertí los tatuajes que mostraba, pero por una vez mi lerdo cerebro decidió
esperar el dictamen de mi hombre.
- Joder, mamá. Tengo hambre. Para ver a las dos fulanas en
acción sí que hay tiempo.
Me defraudó Charli. Pero … su madre:
- Carlitos, no seas glotón. Solo son las dos. Tengo que
evaluar a la puta blanca de culo gordo. ¿Cómo dices que se llama?.
- Aaam .. Aaa …
- ¡Adela! - solté con voz y ademán irritados. Era la segunda
vez que mi hombre demostraba públicamente desconocer mi nombre, claro, tanto
Zorrita, Fulana, Chuminin, Chochete, Furcia, Golfa, Ramera, etc.. que eran,
según él, sus apelativos cariñosos para mi, ¿cómo iba a recordar mi nombre?.
- Carletes, esta furcia nueva parece algo insolente. No la
tienes tan pulida como dijiste.
- Joer, Ma, no me llames Carletes delante de ellas. Desde que
me la traspasó El Pere hasta ahora no he tenido mucho tiempo. Ya sabes … está
también la rubita … lo suyo requiere cautela y me lleva tiempo.
¿La rubita?
- No me vengas con camelos, eres un vago que descuida el
negocio. Ya lo enderezaré yo. Vosotras, zorras, quiero ver un buen numerito
lésbico. Nada de remilgos o empleo mi fusta. La catalana del culo gordo no la
conoce aún, pero la negra si.
No sé muy bien si la negra vino a mi o yo a ella.
Posiblemente fuera un impulso simultáneo. Lo que sí sé es que me perdí en sus
carnes como si fuese el día del juicio final y el último momento para disfrutar
de la carne. Recuerdo vagamente cómo mi pelvis se apretaba contra su boca
pujando contra su hábil lengua generándome placer, cómo mis manos se aferraban a
los prietos y jugosos muslos intentando devolverle las caricias, cómo su enorme
vulva calmaba si sed con un incontenible chorro de jugos de inefable sabor, cómo
yo correspondía con un manantial que ni quería ni podía cerrar. También recuerdo
los lascivos sonidos que yo emitía y a los que la negra correspondía con
verdaderos mugidos de vaca en celo.
Cuando la negra dejó de comer mi conejo me descompuso, pero
cuando su boca de gruesos labios se acopló a la mía y nuestras lenguas
entablaron un lúbrico combate supe que me había prendado de ella. En un momento
en que yo me comía su oreja le supliqué que me follase con su puño. Diossss … mi
negra me lo hizo … y me corrí como nunca … cualquier orgasmo que hasta entonces
tenía como insuperable fue olvidado con el puño de la negra moviéndose
enloquecidamente y hasta lo más recóndito de mis interioridades.
Tras permitirme un tiempo para recuperarme de la
inconsciencia que me provocó el orgasmo, la divina negra reclamó reciprocidad.
Acomodó su espacioso pubis sobre mi cara, apretó sus gloriosos jamones contra mi
cabeza, me pidió meterla tres dedos en el culo y, acoplando cuidadosamente sus
labios vaginales a los míos orales, exigió perentoriamente la asistencia de mi
lengua en su clítoris.
Mi pobre lengua se perdía en tan vasta y sobrelubricada
cavidad hasta que encontró el duro y jugoso botón que buscaba. No tuve más que
morderlo ligeramente y comencé a sentir el caliente líquido que resbalaba por mi
cuello e inundaba mi boca. Era su orina que yo me bebí incluso agradecida por el
homenaje.
Quedamos exhaustas una sobre otra. Yo, que estaba encima de
tan confortable y cálido colchón, percibí entonces cómo la señora madre de mi
hombre estaba cabalgando sobre su polla.
Mis emociones al ver aquello fueron sumamente dispares. Por
un lado me escandalizó el evidente incesto. Por otro tuve celos de mi Charli.
Pero también tuve celos de Teresa. Y me había rendido sin tapujos a las
gloriosas carnes de la negra. Era evidente que me iba la marcha. Que daría lo
que fuese por follar. Que era vocacionalmente una ramera sin remedio. Que
seguramente mi madre también fue prostituta y que se quedó preñada
accidentalmente y de ahí mi abandono en el orfanato. Y que yo había heredado sus
genes de puta. Y puesta a ser puta, mejor disfrutándolo. Y me sentí aliviada y
deseosa de ejercer de puta. Hasta me gustaba la palabra y me encontré diciendo:
- Soy puta, soy una magnífica puta, solo me gusta ser puta,
quiero follar con el mundo entero, quiero ….
Un fustazo en mi nalga derecha y una orden me volvieron a la
realidad:
- Trágate el esperma de mi niño que sale de mi coño pero
antes dale la mitad a la negra.
Era mi chula. Y entendí por qué la aceptaba como mi chula
cuando saboreé el semen de mi hombre brotando de la pulida, abierta y
encantadoramente adornada vulva de su madre. Y le dije desde el fondo de mi
alma:
- Doña Teresa, haga de mi la mejor prostituta del mundo.
- No te preocupes por eso, que pondré todo mi empeño. Pero
ahora, haced la comida, tengo hambre.
La negra y yo cocinábamos mientras mi Charli y su madre
discutían sobre la forma de administrar "el negocio". Cuando nos sentamos a la
mesa pregunté:
- Doña Teresa: ¿tendría a bien informarme como voy a ejercer
la prostitución?, ¿seré puta callejera? ¿serviré en algún club de carretera?.
Quizá crea usted que soy buena para escort. A mi me mola lo de puta callejera.
Es que me da un morbo … No sé explicarlo …
- Pues con tu pinta de ama de casa no creo que sirvas para
escort en el sentido habitual. Quiero decir que como chica de compañía no
tendrías mucho éxito. Serás puta a domicilio y hotel y también, ya que en esta
mierda de casa no hay sitio, prestarás servicios en un burdel.
- ¿Pinta de ama de casa? ¿Eso quiere decir que no sirvo para
ser buena puta?
- No, no he dicho eso. Quiero decir que tu tipo no es el que
los tíos contratan para hacerse acompañar en viajes de negocio para exhibirse
como pavos reales. Pero sí es el tipo que prefieren para rellenar la cama. En el
fondo todos prefieren agarrar un culo gordo como el tuyo para echar un buen
polvo que el de una modelo de pasarela.
- Mejor, yo lo que quiero es follar, no darle a la muy.
- Follarás, vaya que si follarás. Yo me encargaré de que no
te aburras. Mañana empezamos por hacerte unas fotos para la web de una agencia.
- La negra está adornada y usted también doña Teresa. Charli
porfa adórname a mi, no voy a ser menos.
- OK, ya pensaba hacerlo. Mañana, tras las fotos iremos a un
gabinete.
- ¿Por qué no habla la negra? ¿Cómo se llama? Veo que lleva
una alianza y el nombre tatuado en su pecha es de otro hombre: Henry.
- Creo que tiene rotas las cuerdas bucales. Ni idea de cómo
se llama, algo muy raro me dijo Henry, que es su marido. Él no tenía papeles, lo
pilló la policía y lo expulsaron. Me dejó a la puta de su mujer para que yo la
explotase con la condición de darle la mitad de los beneficios cuando regresara
a España.
Por la tarde trajeron un colchón que sustituyó al incómodo
que había en la cama del cuarto de invitados donde yo dormía desde que Charli se
adueñó de mi habitación. Por supuesto lo pagué yo.
Pero me indignó lo que siguió. Charli llevó el colchón viejo
al cuartito de costura y lo tiró en el suelo donde apenas cabía y me dijo:
- Aquí dormiréis la negra y tu. Mi madre ocupará la
habitación de invitados.
Era obvio que ya no podría protestar jamás, puesto que con
las nuevas residentes nunca estaría a solas con mi hombre y había prometido no
contrariale ante nadie. De todas maneras dormir con la exuberante y deliciosa
negra era una buena compensación por aquel desplante.
Como ninguna de las dos teníamos mucha ropa – por lo visto la
negra no tenía ni derecho a vestir medias, tanga sin entrepiernas y zapatos como
yo, ella debía ir totalmente desnuda – pues no nos apañamos mal con unas cajas
de cartón en una esquina del diminuto cuarto que solamente tenía un ventanuco
que daba a un oscuro patio.
Por la tarde mi hombre y su madre se fueron. Por retazos de
una conversación entendí que tenían algo que hacer con la misteriosa "Rubita"
que Charli había mencionado a su madre como excusa por no tenerme bien
adiestrada. Me entraron celos de la misteriosa rubita.
La negra y yo nos encargamos de la limpieza y la colada y al
regresar ellos cenamos y nos pusimos a ver una peli porno que nos fue calentando
hasta que mi Charli se colocó a la negra en su regazo empalada por el culo y
doña Teresa me tomó de la mano y me condujo a su habitación.
- Vamos a la cama zorrita, tengo que probarte.
Fue deliciosa la lidia con la atractiva madurita que duró una
hora y me proporcionó un hermoso orgasmo. Ella se regaló con dos, el último
cuando me pidió follarla con mis puños el coño y el ano a la vez. Creí que me
favorecería con lo mismo ella a mi, pero se consideró satisfecha y me ordenó
abandonar la habitación.
Tenía la esperanza de que mi hombre hubiera terminado con la
negra y ella pudiera seguir la faena de la vieja y proporcionarme el nuevo
orgasmo que ansiaba, pero la oscura divinidad estaba absolutamente dormida, así
que me acosté a su lado en el temible colchón y me puse a sobarla y acariciarla
en la esperanza de que despertase con ganas de jaleo. Media hora estuve
magreándola a placer y hasta la asquerosa tuvo un orgasmo sin despertar que me
inundó la boca con sus deliciosos jugos. Al final no tuve más remedio que
masturbarme utilizando sus hermosos y largos dedos en mi inflamado y ardiente
clítoris.
Por la mañana la Negra se marchó a trabajar y no la volví a
ver hasta la noche. Yo salí con Doña Teresa para comprar un móvil que pagué como
era habitual. En el camino me informó que la negra trabajaba por las mañanas de
la tarde haciendo de asistenta en varios domicilios privados, todos ellos de
varones de avanzada edad donde aparte de las tareas propias del hogar, aliviaba
la soledad y otras necesidades de los caballeros. Por la tarde trabajaba
atendiendo los servicios que se reclamaban a doña Teresa y que ella comunicaba a
la puta a través del móvil. Los viernes y sábados por la noche trabajaba en un
club de alterne.
Tras la compra del móvil para que la señora me comunicase los
servicios a mi fuimos a un fotógrafo.
- ¿Qué tal Tess? ¿Me traes otra fulana para fotografiar?
- Hola Jordi. Efectivamente.
- Pues nada, ponla con la ropa que quieras, maquíllala y que
pase al estudio.
Doña Teresa me indicó que debía posar con lo mismo que en
casa y que tenía que mostrar a la cámara mis encantos. Pasé al estudio algo
tímida y esperé a que el fotógrafo me indicase.
- Oye Tess, esta zorra está de miedo. No alcanza a ser como
la negra que trajiste pero en poco le va a la zaga. Joer qué tetonas y qué
pandero. Y los jamones vaya lujo. Le queda de miedo el tanga ese sacando para
fuera el conejo. Oye zorra, primero unas de la cara. Sonríe a la cámara con
gesto de lascivia, labios abiertos y húmedos. Imagina que vas a mamar una gran
verga.
Después me hizo bastantes más de cuerpo entero, la mayoría
mostrando mis virtudes en cualquier posición alrededor de un alto taburete,
abriéndome con los dedos los agujeros y separándome las nalgas o sujetando mis
melones en actitud oferente.
- Dentro de media hora tienes las pruebas Tess. Id a tomar un
café mientras.
No tomamos el café. Me llevó a un cercano sex shop donde
compramos varias cajas de condones de diferente talla, color, sabor y texturas.
Unos de ellos eran negros, muy rígidos y con unos resaltes muy acusados que de
inmediato me entraron ganas de emplear. Me imaginé aquellas protuberancias
paseando por el interior de mi cavidad vaginal y me humedecí. También compramos
una pera para enemas e irrigaciones un poco más manejable que la que Charli
tenía en su maleta. Como siempre pagué yo. Pero esta vez era lógico porque eran
mis herramientas de trabajo.
- Y ya sabes, a todos con condón, salvo los que te indiquemos
Carletes o yo que son de confianza.
Regresamos al estudio fotográfico donde doña Teresa eligió
una docena de fotos que el fotógrafo nos entregó impresas y en disquette.
- Tess, ¿quieres descuento?.
- Claro. Culo Gordo, ponte contra el taburete para que Jordi
te sodomice y nos haga descuento. Dale un condón.
El tipo me la metió en el ano tras escupirme dentro para
lubricar y sin más ceremonia se puso a bombear como si no hubiera follado en
diez años. Aunque me acaricié el clítoris enérgicamente, el cabrón se corrió
antes de darme ninguna oportunidad. La señora y yo nos fuimos después a un local
de internet y ella entró en una página donde se anunciaban putas de Barcelona.
Seleccionó en el menú "grabar alta" y tecleó mi nombre como
Adelle.
- Soy Adela.
- Ahora serás Adelle. Queda más sugerente para una puta.
Después introdujo una serie de datos como edad, medidas,
teléfono de contacto, idiomas (ninguno, ni catalán siquiera), etc... En el campo
de texto libre escribió: Ardiente, despampanante y voluptuosa viudita madura
independiente. Todos los servicios sin excepción. Desde 75 euros la media hora
en un completo. Resto de servicios consultar. después de conocerme no podrás
prescindir de mi jamás.
Después introdujo las fotos del disquete y a continuación
pulsó "Enviar". Pocos segundos más tarde apareció otra pantalla para cuenta de
cargo del servicio, que, por supuesto, fue la mía. De todas formas solo eran 6
euros mensuales. Al poco rato apareció "Pago aceptado. Alta admitida. Compruebe
su registro"
Pulsó en "home" y tras revisar unos cuantos grupos de chicas
aparecí yo clasificada como "Independientes Charli". Allí estaban también la
negra y doña Teresa. Yo creía que la doña, a su edad, ya no trabajaba en este
oficio. Pero allí estaba. Me produjo una especie de agradable corriente cuando
Tess pinchó el ratón en la foto de mi cara bajo la cual rezaba "Más fotos" y
aparecieron todas las demás, en que yo no dejaba ninguna oportunidad a la
imaginación mostrando la mercancía. Había una opción abajo: "Bajas
transitorias", pulsó y me dio de baja durante una semana y media.
- ¿Por qué me da de baja, doña Teresa?
- Porque primero tendrás que recuperarte de los piercings y