Durante casi dos largos años los tres; mamá, el abuelo y yo,
seguimos compartiendo la casa y la cama...
En este tiempo me volví una experta en complacer y ser
complacida, y aprendí todas las maneras posibles de incitar al abuelo y
convertirme en la preferida para recibir los favores de su miembro siempre
dispuesto a satisfacerse... lo buscaba casi a diario, mis hormonas exultantes en
plena adolescencia quinceañera necesitaban sentir regularmente de todo su grosor
y su tamaño empalándome por todos mis orificios hasta dejarme contenta y
extenuada.
En realidad compartía sus servicios de semental con mamá, por
las noches en su dormitorio nos prestábamos a una competencia de gatas enceladas
por ver cuál era la más puta y entregada a sus antojos, así que nos tenía a las
dos a su disposición y hacía con nosotras lo que se le antojaba y cuando
quería... También de esto yo sacaba provecho... había descubierto que los juegos
de a tres podían ser el clímax ideal... no había nada más placentero que sentir
la lengua de mi madre excitada... devorándome el sexo en lametones
descontrolados... introduciendo sus dedos en mi vagina masturbándome...
haciéndome chorrear jugos de gusto...mientras al mismo tiempo el abuelo me
penetraba vaginal y analmente y me llenaba de leche... Hummm! Que delicia!!
Lengua y verga... incestuosa saliva y semen caliente
torturándome de gusto.
No contenta con esas nocturnas orgías familiares muchas veces
durante el día yo también pasaba por su trabajo y en el cuartito del fondo
disfrutaba con el abuelo, con mi pá, acaparándolo sólo para mí...
Esas escapadas al camastro del taller más de una vez me
hacían llegar tarde o estar ausente en la escuela, así que en el colegio no era
precisamente una alumna ejemplar, tenía montones de faltas y estaba a punto de
quedar libre por mis fugas en horas de clase.
En charlas con mis compañeras solía horrorizarlas y
aleccionarlas con mis experiencias en el sexo, por supuesto les inventaba otros
amantes para encubrir mis relaciones incestuosas... si hubieran sospechado con
quienes compartía la cama!
Una tarde estábamos escondidas en el baño fumando un porro
mientras yo les aconsejaba sobre la forma de hacer una buena mamada de verga,
como chuparla y degustar el semen... puajj! Una de mis amigas ponía cara de asco
de solo imaginarlo...
Yo me reía de su inocencia... hasta que se abrió la puerta y
vi entrar a un celador!
Y por supuesto, como conocida cabecilla pervertidora de la
clase me llevó del brazo a la rectoría.
Por el pasillo le suplicaba que me perdonara, que no lo
volvería a hacer... Con mi mejor carita de nena inocente le rogaba que me dejara
libre, que me expulsarían... y al mismo tiempo con mi cuerpo de nena nada
inocente me le apoyaba y le frotaba los pechos descaradamente... Era un hombre
de unos treinta años, y si algo había aprendido era a manejar a un tipo con mis
artimañas de gatita.
Más él solamente me miró fijo un instante... y sin decir
palabra siguió adelante. Creí que era mi fin, ahora además de por fumadora me
echarían por puta! Pero al llegar a la rectoría pasamos de largo...
Me guió hasta el final del pasillo, doblando hasta enfrentar
la puerta de un pequeño cuarto oscuro...
Allí estaba atestado de cosas, había guardados muebles, mapas
y colchonetas de gimnasia.
Entonces cerró la puerta con llave...
- No voy a amonestarte... - dijo mirándome con ese brillo en
los ojos que ya había conocido en el abuelo...
...Si me das las gracias... –
Y por supuesto terminé agradeciéndole... arrodillada sobre
una de las colchonetas puse en práctica lo que le enseñaba a mis amigas y lo que
sin duda él había escuchado...
Cuando volví a casa me sentía mal, ni siquiera podía mentirme
a mí misma recordando la escena...
... Estaba agitada, nerviosa, viendo como el hombre se bajaba
los pantalones hasta la rodillla y ponía su miembro erguido frente a mi cara...
era la primera vez que no era la verga del abuelo, y sin embargo no lo había
dudado, bastó que me tomara de los cabellos y la metiera deseoso entre mis
labios forzándome a abrir la boca para que primero lo mamara lentamente, como
sintiéndolo, reconociendo esa nueva pija regordeta y en curva que me llenaba la
boca... para comenzar a sentirme excitada, mojada, a medida que chupaba con más
fuerza el ardor interno me dominaba... me incitaba más... para terminar
succionándolo furiosa, alocada de gusto... hasta hacerlo detonar gimiente en un
borbotón caliente y tragarme su leche espesa, sintiendo su sabor fuerte de
macho... por Dios! Cómo me gustaba!!
Tanto que me me incorporé, y de pie contra la puerta me dejé
coger, me la metió levantándome las piernas... me perdí por completo gozando con
el vaivén de sus arremetidas... me enrosqué a su cuerpo mientras me dejaba
hacer... hasta que recordando que no me estaba cuidando le pedí que no me
acabara adentro...
... hazlo en mi boca, le gemí al oído en plena acción, hazlo
en mi boca...
Y cuando él me desmontaba para complacerme y regarme la cara
vi su verga completamente alzada y empapada en mis jugos... y fue más mi deseo
por sentirla nuevamente dentro que saborearla... así que me di vuelta contra la
pared y aferrando su miembro palpitante lo guié entre mis nalgas... y el tipo
delirante de gusto por el regalo inesperado que le ofrecía me la metió
enloquecido y en dos o tres bombeos se descargó en mi culo apretado resoplando
de satisfacción.
Y ahora estaba frente al abuelo y me sentía más putita
todavía... más de lo que incluso él sospechaba.
Aún podía sentir la leche humedeciendo mis muslos... y esta
vez no era su leche... y la verdad era que esa pequeña y no muy forzada
infidelidad me había encantado. Eso no podía negarlo. Después de todo él me
compartía con mamá... porqué yo no podía estar con otros hombres?
Esa idea me brilló en la mente... y al mismo me hizo sentir
remordimientos por la forma en que le había fallado a mi papito entregándome a
otro.
Así que tomándolo de la mano y pidiéndole íntimamente perdón
en mi pensamiento lo llevé al cuarto... y el sabor de su semen ayudó a borrar lo
que había hecho un rato antes.
Esa tarde noté algo en el abuelo que al principio no pareció
ser importante, sin embargo fue una muestra de lo que vendría.
Después de acabar se quedó en la cama, masajeándose
suavemente el estómago como si le doliera. Pensé que se trataba de algo
pasajero.
Más en los días siguientes volví a notar que lo aquejaba esa
molestia, cada vez con más frecuencia. Él era demasiado terco y orgulloso como
para consultar a un médico y no le daba mayor importancia, y con mamá le
decíamos que podía ser una úlcera o algo parecido y que tenía que cuidarse.
Lo que más me asustó fue el darme cuenta que hasta en la cama
no rendía como antes, y eso en él era algo impensable, contrario a su
naturaleza. Cada día lo notaba más cansado... y los dolores aumentaban, aunque
él no quería reconocerlo.
Una tarde fui a buscarlo al taller y lo encontré arrodillado,
casi desvanecido, tomándose el vientre con ambas manos... Salí corriendo a pedir
ayuda... más ya era tarde, demasiado tarde.
Los estudios en el hospital no dejaron dudas.
Era algo inevitable, algo sin cura. El solo nombrarlo me daba
miedo...
Cáncer.
Y demasiado extendido para tratarlo. Sólo era cuestión de
tiempo.
Así de simple.
En dos meses el abuelo se consumió, toda su vida y su vigor
se reducían a diario invadidos por el cáncer y el contemplarlo luchando contra
la enfermedad y los efectos de las drogas me destrozaba, al punto que
íntimamente pedía entre llantos que terminara ya su sufrimiento, no podía
continuar soportando el verlo así, apagándose poco a poco.
Él, que me había dado la vida y había sido todo para mí, mi
abuelo, mi padre, mi hombre y mi amante.
El último día en la sala de terapia del hospital fue una
procesión de lágrimas esperando lo inevitable.
Mamá salió llorando llevando en brazos a mi hermanito y yo me
quedé tomando su mano, en un gesto desesperado por brindarle mi calor se la
deslicé por debajo de mi pollera y la acuné entre mis piernas, abrigándola allí
donde él me había convertido en mujer. Su mujer.
Él me sonrió con esfuerzo agradeciéndome con su mirada como
despidiéndose...
Su amigo, el Turco, nos interrumpió sin quererlo al entrar a
la habitación y no dijo palabra por lo que había visto. Yo estaba segura que
desde hacía tiempo él ya conocía que la relación que me unía al abuelo era algo
más que familiar, y aunque eso le hacía desearme como una fruta prohibida nunca
había avanzado más de devorarme con sus ojos.
Yo era del abuelo, de su amigo, y él lo sabía.
Así que los dejé para que él se despidiera y salí al pasillo
ahogada en llanto. Necesitaba estar un momento sola.
Esa noche el abuelo, mi papá, falleció.
Lo sepultamos un día nublado, al caer la tarde, era como si
la penumbra del poniente que avanzaba aumentaba mi tristeza y pesadumbre por
saber que de allí en más estábamos solas con mamá.
Sin embargo no lloré, me comía las lágrimas y las guardaba,
tratando de recordar el rostro del abuelo abrazándome, haciéndome el amor. Y no
podía. En verdad no podía.
Mi mente y mi corazón no lograban retener esa imagen, pensaba
que la había perdido o que mi amargura la había enterrado en un lugar aún más
profundo.
Durante días me quedé en casa sin salir, encerrada en mi
congoja, abatida, ya sin sentir la presencia del abuelo y en el silencio de las
noches el familiar rechinar de la cama, reemplazado ahora por los sollozos
ahogados de mamá contra la almohada.
Una semana más tarde debía volver al colegio, más no tenía el
menor estado de ánimo para hacerlo. Salí de casa con el uniforme de la escuela y
comencé a caminar por el barrio, me detuve frente al taller ahora cerrado y en
donde tantos momentos inolvidables había compartido con el abuelo y sentí mi
corazón desfallecer... seguí vagando sin rumbo, sola, más sola que nunca...
buscando sin sentido...
Ya era tarde, cuando me paré ante aquella puerta y golpeé sin
saber bien porqué lo hacía...
El hombre me atendió sorprendido y me hizo entrar sin decir
palabra.
Dejé las carpetas sobre una mesa... y seguí adelante guiada
por una mano sobre mi hombro, transitando paso a paso hacia una habitación
apenas iluminada por la luz que se filtraba entre las persianas... y que dejaba
distinguir una gran cama al centro, que parecía esperarme...
Me quedé de pie, inmóvil, sintiendo como el hombre detrás de
mí se apretaba contra mi cuerpo y comenzaba a tocarme, corrió mi cabello hacia
un lado para besar mi cuello y lamerlo saboreando el perfume de mi piel trémula,
mientras sus manos se movían desprendiendo los botones de mi camisa...
tironeaban del corpiño liberando mis senos... para palparlos ansioso,
apretándolos, sobándolos y acariciando mis pezones... endureciéndolos al roce...
Yo me dejaba hacer... extrañaba que me acariciaran, que me
tocasen... extrañaba al abuelo...
Y las manos ahora se perdían bajo mi pollera, entre mis
piernas... que yo separaba ligeramente entregándome a ese tacto ávido...
vehemente... sintiendo los dedos escurrirse debajo de mi braga humedecida...
haciéndome suspirar rendida a ese manoseo libidinoso, a ese bulto endurecido que
se frotaba lascivo contra mis nalgas... haciéndome añorar otras entregas...
otros amados momentos familiares de debilidad carnal...
Mi faldita y las bragas cayeron al piso... y las manos me
llevaron hacia la cama...
Me recosté boca abajo... sumisa... dócil y obediente...
cerrando los ojos para imaginarme que era el abuelo quien me tomaba... que era
su verga y no la de otro hombre la que me penetraba, que era el peso de su
cuerpo el que me montaba y arremetía entre bramidos de gozo... embistiendo con
furia contenida y ahora liberada... hundiéndose en mi vagina una y otra vez...
tironeando de mis cabellos hasta hacerme gritar al ser poseída tan
salvajemente... más como buena perra que había aprendido a gozar respondí
alzando mis caderas... abriendo más mis piernas para recibirlo mejor, empujando
mis muslos hacia atrás al sentir su acometida para aumentar la violencia del
goce... al ritmo del sonido de su miembro inflamado de deseo chapoteando en mi
flujo complaciente... y los gemidos.. y los gritos de placer al ser servida... y
los chorros de semen caliente inundando mi interior... y mis propios jugos
revueltos estallando en el clímax del orgasmo...
Quedé con la cara hundida entre las sábanas, respirando
agitada recobrándome del momento vivido... mientras el hombre me volteaba...
cuando me dio vuelta apartó mis cabellos y quiso besarme... y yo espantada
esquivé su rostro... despertando de mis propios ensueños.
No, no era el abuelo.
Era el Turco, él me había acogido... y cogido en su cama.
Era él el que ahora besaba mis pechos... y seguía
tocándome... preparándose para la segunda vuelta...
Era él el que se arrodillaba a mi lado, acercando a mi cara
su verga todavía goteante de la mezcla de semen y jugos... y yo sin poder dejar
de mirarlo comencé a lamerlo... obediente... sumisa... pero a mi propio deseo, a
mi propia naturaleza de gata emputecida... mamé de esa pija hasta endurecerla,
aferrada a su cintura chupé como una nena golosa de su nuevo biberón poniéndola
nuevamente dura a mi servicio...
Y empeñada en mi tarea de mamar y tragar con los ojos
entornados disfrutaba de sus caricias... de sus manos que me tocaban... me
recorrían desde la piernas subiendo por mis muslos... envolvían mi cuerpo
multiplicándose...
Abrí los ojos sorprendida... sin soltar la verga de entre mis
labios... y entonces me di cuenta sobresaltada que no estábamos solos...
Había dos hombres más allí, junto al lecho, un tanto más
jóvenes... desnudos y con sus miembros en plena erección... excitados por la
visión de mi persona expuesta a todas sus miradas...
No temas - susurró el Turco...
Son mis hijos... y quieren conocerte... -
Y mientras se subían a la cama él me sujetaba suave pero
firme de los cabellos, reteniéndome con su verga en mi boca, moviendo mi cabeza
lentamente atrás y adelante indicándome que continuara con mi tarea oral...
Y yo... entorné nuevamente los ojos... y le hice caso...
Él sonrió mirando a sus hijos... y me presentó entre suspiros
de satisfacción con mi mamada...
Esta es Cintia... y valió la pena esperar para
conocerla... -
Luego fue todo un revoltijo de cuerpos que se arremolinaron
sobre mí... y en esa larga noche se turnaron en poseerme, en tenerme como se les
daba la gana... como perros alzados me servían a su antojo... mientras uno me
tomaba otros se corrían en mi cara...puesta en cuatro patas me daban por el culo
al tiempo que yo seguía chupando...y tragando...
Y para el final de la fiesta... cuando tenía a uno entre mis
piernas... el Turco con lascivia le dijo: Dala vuelta... y mientras uno de sus
hijos me penetraba por adelante... él se colocó detrás de mí intentando
penetrarme por el culo...
Me retorcí toda...
-¡Nooo! Los dos no... por favor..-
Más mis gemidos lastimosos parecieron acrecentar su
excitación...
-Sujeta bien a esta putita- le dijo a su hijo...
-Esto te va a gustar... te vamos a coger como nunca... ahh-
Y mientras su hijo me abrazaba para tenerme quieta él me
penetró dilatando mi ano...
AAAHHH!!! Creí morirme sintiendo como me llenaban por
completo, estirando la piel de mi interior al empuje de sus dos vergas
endurecidas, que se frotaban entre sí en la doble embestida... estuve a punto de
desmayarme al vaivén de esa doble penetración... y entre mis gemidos me sentí
una verdadera perra... usada, poseída... más también una indiscutible puta
concebida para gozar... porque sí, luego de un momento de acostumbrarme a esa
nueva sensación descubrí que me estaba dejando llevar... me estaba gustando...
solo faltaban los pechos lechosos de mamá en mi boca para que fuese perfecto!
Pero tenía la pijota del otro hijo a mi alcance, y como si leyera mis
pensamientos me la metió en la garganta para que mis labios de putita chuparan
ávidos de su otra leche!!
Y entre gritos y gemidos seguimos con la fiesta... así ...sin
parar en esa desbocada triple iniciación terminamos la noche, y mientras ahora
eran sus dos hijos los que me penetraban al unísono el Turco se descargaba hasta
la última gota en mi cara...
Me quedé tendida en la cama, agotada... cubierta de semen...
con el sabor del sexo de los cuatro mezclado en mi boca... y mechones de mi
cabello pegados a mi rostro con la esperma y la transpiración...
Y juro que en ese momento, a través de esa visión borrosa de
gotas de sudor y colgajos de semen que opacaban mis ojos... pude ver allá... en
lo alto de la habitación... contemplándome desde un rincón oscuro... al rostro
del abuelo...de mi pá... esa imagen que buscaba en mi memoria ahora estaba allí
haciéndose presente y me sonreía...me daba su consentimiento...
Después de todo yo era su creación, su pupila... su putita
malcriada... y ahora parecía aprobar mi desempeño con otros hombres...
Me sentí liberada...
Igual nunca más volví a la casa del Turco.
Eso sí... con los años conocí a muchos otros hombres... no
podía evitarlo, estaba en mi natural tendencia el ir a la cama... y entregarme.
A los diecisiete años me fui a vivir en pareja por un tiempo,
y como estar atada a un solo hombre no resultó, volví a casa con mamá...
llevando a mi primer hijo.
Con ella no volvimos a compartir la cama, supongo que lo
único que nos había unido... y separado, era el abuelo.
Tampoco hablamos más de lo vivido, siempre pienso que ella
fue lo bastante hipócrita para nunca reconocer su parte en lo que los tres
habíamos hecho.
Ella alquiló el taller y allí se instaló una empresa de
taxis, y con el tiempo terminó casándose con uno de los dueños.
Yo también trabajaba, hacía de telefonista, en la misma
oficina que anteriormente fuera el cuarto donde retozaba con papá.
Y para no perder la costumbre más de una vez terminé
consolando algún chofer en el camastro que todavía seguía allí... o en el
asiento trasero de un auto...
Pero bueno... esas son otras historias y tal vez algún día si
quieren se las cuente.
El resto del relato ya lo conocen.
Soy Cintia... y me atrevo a todo.
Y no me arrepiento.