CUADRILATERO DE SANGRE
El hombrecillo del traje oscuro se detiene ante la entrada
del club "Dark Cave".
-Aquí es –antes de entrar, se para a leer el cartel pegado junto a la negra
puerta de metal-. "Lilith, nuestra campeona de "Brutal Fight", reta a todos
aquellas que se atrevan. Suculentos premios en metálico".
El hombrecillo menea la cabeza con aire incrédulo y empuja la pesada puerta de
metal.
-¿Desea ver el espectáculo, señor? –una hermosa camarera, vestida con una
brevísima túnica blanca, que apenas cubre su magnífico busto y sus largas y bien
torneadas piernas-. Acompáñeme.
El hombre sigue a la joven hasta una mesa, situada a cuatro metros escasos del
cuadrilátero, que se alza en el centro de la sala, sumida en las tinieblas.
-Gracias, señorita.
-Disfrute del espectáculo –la chica se aleja, contoneándose graciosamente, entre
las mesas.
El hombre mira hacia el ring con suma atención. De vez en cuando dirige una
mirada a su reloj de pulsera, un "Rolex" de oro regalo de su difunta esposa,
Marta.
Pasados unos Díez minutos, algo sucede en el cuadrilátero. Una figura femenina
desciende desde el alto techo del club, hasta el centro del ring.
-¡Buenas noches, señoras y señores! ¡Amantes de la lucha! –junto a la hermosa
gladiadora ha descendido un hombre elegantemente vestido, micrófono en mano-.
¡Con todos vosotros, nuestra campeona, la salvaje, la brutal, la invencible...
Lilith!
La mujer da un paso hacia delante, y saluda al público asistente con una leve
inclinación de cabeza.
Es, realmente, una hermosa hembra, alta -1,80 metros-, de medidas de vértigo
-100-60-90-. Enormes ojos verdes y larga cabellera negra, peinada en una trenza
que le llega a la cintura. Esta noche, su bella figura, está realzada por un
sucinto bikini de oro, que cubre, minimamente, sus bellos y firmes senos, y su
zona púbica.
El presentador sigue hablando, mientras camina alrededor de la luchadora.
-¿Quien se atreve esta noche a retar a Lilith? –dirige el micrófono hacia el
público asistente en el "Dark Cave"-. ¿Nadie se atreve a retar a la campeona?
De repente, algo se mueve al fondo de la sala.
-Parece que hay alguien, señoras y señores –el presentador sonríe a las dos
personas que se acercan al ring.
Esas dos personas son un anciano de color, de rizados cabellos plateados, y una
guapa muchacha, también de raza negra, vestida con un chándal de color rojo, y
manos ocultas en sendos guantes de boxeo.
La pareja de recién llegados, sube al cuadrilátero, ayudados por el sonriente
presentador.
-Buenas noches.
-Buenas noches –el anciano estrecha la mano que le tiende el hombre del
micrófono.
-¿Con quién tengo el gusto de hablar?
-Me llamo Vincent Lindon, y ésta es mi sobrina, Cinthya.
-Una joven preciosa –con gesto galante, el presentador, toma la mano de la
muchacha, y la besa con suavidad, sobre el guante.
Cinthya sonríe con aire inocente.
Su tío sigue hablando:
-Mi sobrina es la campeona estatal del Circuito de Boxeo. Con veinte victorias;
trece por K.O.
-Interesante –el presentador sonríe, mostrando un perfectamente estudiado falso
interés ante las palabras de Lindon.
-¡Y estamos aquí para demostrar que Cinthya puede derrotar, y derrotará a su
campeona!
Las palabras de Lindon son coreadas por multitud de voces enardecidas surgidas
del público asistente.
Mientras, el hombrecillo del "Rolex" de oro, observa toda la escena con suma
atención.
Ha pedido una jarra de cerveza, y da pequeños tragos al frío y amargo líquido.
-¿Quién quiere apostar? –el presentador se lleva el micrófono a la boca,
mientras pasea por el ring, como un león enjaulado- ¿Será Lilith nuestra
vencedora? ¿O será la joven y linda Cinthya la que se lleve los quinientos
créditos de premio?
Cinco minutos más tarde, después de que el presentador haya explicado las reglas
del combate a Cinthya, las dos luchadoras se saludan en el centro del
cuadrilátero.
Cinthya es la primera en atacar con un gancho a la mandíbula de su rival, que la
esquiva con un ágil movimiento.
-No eres invencible, -la joven boxeadora vuelve a lanzar su diestra contra
Lilith-. Hoy serás derrotada.
La gladiadora esquiva, uno tras otro, todos los golpes que le envía la joven
negra que, poco a poco, comienza a notar los síntomas del agotamiento, y sus
ataques se vuelven lentos y pesados.
Entonces, Lilith estira su mano derecha, y agarra a su joven rival del rizado
cabello negro.
Después, mira al público asistente que comienza a lanzar salvajes gritos de:
"¡Acaba con ella, mátala!", y la gladiadora asiente con la cabeza.
Los dos primeros golpes destrozan el ojo izquierdo de la joven Cinthya Lindon.
Los cuatro siguientes causan gravísimos estragos en su nariz y labio superior. Y
los cuatro últimos, lanzados sobre su cabeza, le provocan una hemorragia interna
y un coma cerebral irreversible.
El anciano Lindon, sentado en primera fila, asiste desesperado al brutal y
sangriento espectáculo protagonizado por su sobrina.
Y, en el centro del ring, pisando un charco de sangre de Cinthya Lindon. Lilith
alza los brazos en señal de victoria mientras que, de una patada, aparta el
cuerpo inmóvil de su rival.
-¡Ya lo han visto, señoras y señores! ¡Amantes de la lucha! –El presentador
mientras dos empleados del club retiran el cuerpo de la joven boxeadora, vuelve
a subir al ring, micrófono en mano.- ¡Lilith ha vuelto a ganar! ¡Lilith sigue
siendo nuestra campeona! –Dirige el micrófono hacia la barahunda formada por el
público, que corea y vitorea el nombre de la hermosa ganadora.
El hombre del "Rolex" de oro, una vez terminada la cerveza y el combate, se
levanta de la silla y, tras dejar en el platito de aluminio, donde unos minutos
antes, una linda camarera trajese la nota, los dos créditos de la misma, se
dirige hacia la salida del "Dark Cave", cruzándose en el trayecto con Lindon
que, en compañía de uno de los encargados del local, se dirige también hacia la
puerta del club.
-Pobre diablo –el encargado del local dirige una mirada hacia nuestro hombre,
que se limita a mirar al anciano, cuyos negros ojos se hallan enrojecidos y
rebosantes de lágrimas.
Tras abandonar el oscuro garito, el hombre encamina sus pasos hacia su oficina.
Las calles de la ciudad son peligrosas, ese es algo que él sabe bien, por esta
razón, se apresura a llegar a su pequeña y acogedora oficina.
Hay un único mensaje en su contestador automático.
-"Hola, soy Blue Lewington. ¿Ha averiguado ya algo?"
-No –respondo al aire de la vacía oficina-. No tengo nada...
Después y como tantas otras noche, saca su viejo saco de dormir del cajón
superior del fichero, lo extiende en el suelo del despacho y, tras apagar el
flexo, se mete en el saco y se duerme.
Despierta a las ocho en punto de la mañana, sin necesidad de despertador. Nunca
lo ha necesitado.
Se lava un poco la cara en el lavabo del diminuto cuarto de aseo, y baja a la
calle, a tomar café y un bollo en el bar del viejo Curtis, un veterano de la
última guerra, la del 2.025.
-Hola, Curtis, ¿qué tal tu pierna? –se sienta, como cada mañana, desde hace
cinco años, en la mesa más cercana a la barra del bar, para poder hablar con
Curtis.
-Me duele la hija de puta –Curtis Stamphord se frota la pierna derecha. Hace
veinticinco años una bala enemiga se la hirió, y aunque los médicos quisieron
amputársela, Curtis se negó y, de algún modo, logró salvar su pierna, a costa,
eso sí, de sufrir terribles dolores, que no lograba calmar ni con varias dosis
de morfina-. ¡Cualquier día cogeré una motosierra y....!
El hombrecillo asiente con la cabeza mientras bebe el hirviente café a pequeños
y rápidos sorbos.
De repente, una voz llega hasta el hombre desde la puerta del local.
-¡Por fin le encuentro! –una linda joven camina, decidida, hacia la mesa ocupada
por nuestro hombre. Es realmente una joven guapa, no demasiado alta, 1,65
metros, pero de hermosas formas -90-60-85-, cabello rubio y muy corto, y grandes
y expresivos ojos azules. Sus carnosos y sensuales labios curvados en mohín de
disgusto-. Le he llamado varias veces. Incluso le dejé un mensaje en el
contestador.
-Lo sé, señorita Lewington –el hombre dedica a la recién llegada una extraña
mirada.
-¿Y bien, qué va a hacer? –Blue arrima una silla a la mesa, y se sienta-. ¿Ha
averiguado algo, ha encontrado a la persona que le dije?
-¿Por qué Blue? ¿Quién le puso ese nombre, sus padres? –el hombre da un bocado a
su bollo relleno de mermelada de uva, le encanta la mermelada de uva desde
pequeño, y vuelve a mirar a la chica.
-M-mis padres me lo pusieron, sí –ella desvía la mirada.
-Es un nombre muy bonito –Curtis sonríe detrás de la barra.
-Curtis... –el hombrecillo alza el índice y el corazón-. Dos cervezas de las que
tú sabes.
Dos minutos después:
-Quiero, señorita Lewington, que vuelva a contármelo todo desde el principio.
Blue sonríe:
-Recuerdo que vivíamos en Boston, y mamá enfermó gravemente, yo tenía cuatro
años y Pearl catorce. Cuatro meses más tarde, el día que yo cumplía cinco años,
murió. Un tumor maligno en el cerebro. –Blue ya no sonríe. Ahora una lágrima
rueda por su mejilla-. Tras la muerte de mamá, papá nos llevó a Dallas, al
rancho de su hermana Karen. Ésta había quedado viuda hacía dos años y, aunque
todavía era joven a sus treinta y nueve años, no había vuelto a casarse, y se
encargaba ella sola del rancho. Sus hijos, dos jóvenes gemelos de doce años la
ayudaban en todo lo que podían. Pero nuestra llegada les resultó como una
bocanada de aire fresco.
El hombre saca un paquete de Kleenex, y lo tiende a su joven cliente.
-Gracias –Blue se enjuga las lágrimas y sigue hablando.
-Entonces, una noche seis meses después de trasladarnos al rancho de tía Karen,
dos hombres aparecieron una noche y, tras matar a papá y a tía Karen, se
llevaron a Pearl...
-¿Cómo lograste escapar tú?
-Paul y Dave, los gemelos, me salvaron escondiéndome en los establos.
-¿Quiénes eran aquellos hombres?
-Tardamos años en descubrirlo. Supongo que recordará la oleada de secuestros...
-Veinte secuestros en menos de cuatro meses. Todas las víctimas eran chicas de
entre doce y quince años.
-Y... ¿Qué comenzó exactamente un año después de la oleada de secuestros? –Blue,
con los ojos brillantes de rabia, estruja el pañuelo de papel, y lo arroja al
suelo.
-El mayor espectáculo de los últimos cincuenta años, Brutal Fight...
El hombre paga las cervezas, el café y los bollos, y sale del bar seguido de la
joven Blue.
-¿Cómo es que, después de quince años, usted recupera las esperanzas de
encontrar a su hermana?
Cruzan la calle y entran en el viejo edificio donde el hombrecillo tiene su
oficina.
-Pues verá. Todo comenzó hace cosa de dos meses. Yo trabajaba como camarera en
un restaurante a unas pocas manzanas de aquí, y, como cada quince días, fui al
banco a ver si me habían ingresado la nómina.
Se detienen ante la puerta del diminuto apartamento, que hace las veces de
despacho para el hombrecillo.
-Me estaba contando algo acerca de su nómina –el hombre quita un montón de ropa
sucia de encima de una silla y se la ofrece a la guapa muchacha.
-Sí, así es –Blue se sienta en la silla-. Como le decía, fui al banco a ver si
me habían ingresado la nómina y me encontré con que alguien, tan sólo dos horas
antes, esa misma mañana, había ingresado quinientos créditos en mi cuenta
corriente.
-¡Uau, quinientos créditos! –el hombre, sentado tras su escritorio ha sacado una
botella de whisky y dos vasitos, y se dispone a llenar éstos-. Hace mucho que no
veo yo quinientos créditos en mi cuenta corriente.
-Son suyos.
-¿Qué? –el hombre toma su vaso y bebe el licor de un solo trago.
-Esos quinientos créditos son suyos, si me ayuda a encontrar a –la muchacha saca
una "Polaroid", la tiende al detective-, esta chica.
Él coge la foto y la mira con interés. En ella puede ver a dos chicas, una, de
alrededor de catorce años, muy guapa, de largo cabello negro, y grandes ojos
verdes. A sus pies, vestida con un trajecito de marinero, una niña de cuatro o
cinco años, rubita y de ojos azul celeste.
-¿Usted y su hermana? –Mira los grandes ojos verdes de la chica mayor.
-Nos la hizo mamá dos semanas antes de morir.
-¿Por qué me habló usted el otro día del club "Dark Cave"? ¿Acaso cree usted que
su hermana pudiera estar allí escondida?
-¡No lo creo, estoy segura! –la joven coge la "Polaroid" de las manos del hombre
y, con expresión excitada, pone un dedo sobre el rostro de su hermana mayor-.
Sus ojos verdes son inconfundibles.
-De acuerdo, no voy a negar que, el parecido entre la jovencita de la foto y la
mujer que vi anoche en el cuadrilátero del "Dark Cave", es asombroso, pero...
-Está bien –Blue se levanta de la silla y se dirige hacia la puerta del despacho
dispuesta a marcharse-. Si usted no me ayuda...
-¡Espere, señorita Lewington! el hombre se levanta también y coge a la joven del
brazo-. ¿Se ha vuelto usted loca? Esos tipos la matarán.
-¡Pues ayúdeme!
El hombre clava en los celestes ojos de su cliente una mirada de resignación.
-De acuerdo, esta noche volveré a ese club –abre la puerta y dedica a la joven
una sonrisa tranquilizadora-. Usted no se acerque a ese sitio. Si su hermana
está allí..., la encontraré, se lo prometo.
Aquella noche, el hombre vuelve al "Dark Cave". Cuando llega, el "espectáculo"
ya ha comenzado.
Esa noche, en el cuadrilátero, a parte de la poderosa y hermosa figura de
Lilith, puede verse una joven, de rasgos asiáticos, vestida con shorts y
camiseta de tirantes, las dos prendas de color azul marino, que salta, con
ágiles movimientos, en torno a Lilith, al tiempo que lanza rápidas y poderosas
patadas al aire a escasos centímetros de su rival.
-¡Ja! –la joven oriental sonríe con aire de suficiencia-. ¿Preparada para dejar
el trono, guapa?
Su siguiente golpe alcanza el rostro de su contrincante, que se tambalea
levemente.
-¡Vamos, zorra! –la joven asiática logra conectar dos patadas más sobre el pecho
de Lilith haciéndola trastabillar, y casi caer contra las cuerdas del ring-. ¡Te
voy a matar, puta!
Lilith, para sorpresa de su rival, curva sus labios en una misteriosa sonrisa,
mientras, en un rápido movimiento, detiene la siguiente patada de la chica
oriental, sujetan el pie derecho de la misma.
-Si quieres salvar tu pierna –la voz de la guerrera de ojos verdes es un susurro
hermoso y sensual, como el siseo de una cobra-. Ríndete.
Su joven rival, abre y cierra la boca, como un pez fuera del agua en busca de
aire.
Finalmente, la joven asiática responde con un tajante:
-¡Qué te jodan!
en ese momento, y sin dejar de sonreír, Lilith alza su mano derecha para dejarla
caer sobre la rodilla derecha de su rival, que no da crédito a lo que ven sus
ojos cuando su rival arroja sobre la lona su pierna mutilada de rodilla para
abajo.
-¡H-hija de puta! –la joven oriental, afectada más por el shock de la visión de
su pierna amputada que por el dolor, salta a la pata coja hasta una de las
esquinas del cuadrilátero, donde, finalmente, cae a la lona, semi-inconsciente
por la pérdida de sangre.
Lilith, en ese momento, dirige su mirada hacia un rincón de la sala, donde un
individuo, vestido con traje elegante y enjoyado con anillos de oro y rubíes, le
hace una señal alzando su mano derecha.
Tras recibir la señal, Lilith se acerca a su rival y, agarrándola del cuello con
ambas manos, la levanta en vilo, hasta que el único pie de la joven oriental no
toca la lona. Y entonces, una presión y el chasquido del cuello al romperse
llega hasta el detective que, horrorizado, nota como un leve escalofrío recorre
su espalda.
Había pedido un Ginger Ale", pero de repente, nota como su garganta se cierra
incapaz de dejar pasar, apenas el aire que respira.
Un tanto indispuesto, el hombrecillo se levanta de la mesa y se marcha en busca
del aseo de caballeros.
De repente, algo llama su atención.
Alguien, desde un rincón del local le hace señales agitando un sobre.
-¿Nos conocemos? –se acerca al desconocido y coge el sobre que éste le tiende.
-Dígale a la chica que se olvide de todo –el individuo saca un paquete de
cigarrillos y ofrece uno al detective.
-¿Por qué? ¿Es una amenaza?
El desconocido se limita a levantarse y marcharse del club, dejando solo al
hombrecillo.
Mientras, en el ring, se prepara un nuevo combate, aunque esta vez, Lilith no
participará. Es un combate de los denominados "New Generation", en los cuales
las participantes son chicas muy jóvenes –las dos contendientes de esa noche
tienen dieciséis y diecinueve años-, y la ganadora es enviada de gira por todo
el país defendiendo su victoria conseguida en el club.
El hombre abre el sobre y lanza un silbido de asombro al sacar del mismo hasta
diez billetes de cien créditos. Junto a los billetes, una nota escrita a mano:
"Señorita Lewington, olvide todo lo que cree haber visto y advierta al detective
que ha contratado de que haga lo mismo. Le adjuntamos mil créditos. Esperamos no
volver a tener problemas con usted, ni con el detective".
-¡Mierda! -Con rabia, arruga el papel y lo arroja al suelo.
En el cuadrilátero, el sonriente presentador anuncia a las dos contrincantes del
nuevo combate.
-¡Damas y Caballeros! Ahora, para todos ustedes, el combate especial de cada mes
–hace una pausa, al tiempo que las dos jóvenes contendientes suben al ring-.
¡Con todos ustedes, desde las lejanas tierras de Rusia, una joven y bella
luchadora... –nueva pausa mientras la chica da un paso al frente- ... Nisha
Oronova!
Nisha viste un escueto bikini blanco, que cubre apenas sus rotundas y hermosas
formas, 94-63-96. Fabulosamente distribuidas en 1,65 de estatura. Es... una
linda muchacha rubia de dieciséis años.
El presentador, sonrisa grababa en el rostro, vuelve a hacerse a un lado, para
presentar a la otra contendiente del combate.
-¡Y, desde el caluroso Sao Paulo, la bella... –la joven luchadora, una
espectacular morena de 1,70 de estatura y formas de infarto, 95-60-90, da un
paso al frente, e inclina la cabeza saludando al público asistente en el club.
viste un brevísimo short y camiseta blanca. Tiene diecinueve años-... Elena
Fabinho!
Tras esto, el sonriente presentador, baja del ring dejándolas solas.
Las dos jóvenes, se miran durante unos segundos, pecho contra pecho, en un leve
pero intenso forjeceo, que termina cuando Nisha –armada al igual que su rival
con sendos "Puños Americanos" de metal-, lanza su diestra contra el pecho de la
brasileña, haciéndola gritar de dolor, mientras se prepara para propinarla una
patada al estómago, patada que la morena evita agarrando el pie de la rusa y
pegándola una patada al otro pie, provocando así la caída de Nisha.
-¡Puta, te voy a destrozar! –con estas palabras, Elena se abate sobre su rival,
descargando una lluvia de golpes poderosísimos sobre los senos y el desprotegido
vientre de la rubia que, ladeando la cabeza, tose, dejando sobre la lona, un
pequeño charco de sangre, que mancha su blanca barbilla. Por suerte, la joven
moscovita logra reponerse y, tras detener un nuevo golpe de la morena, lanza una
potente patada contra la entrepierna de su rival, que, dolorida cae de espaldas
al lona, momento que Nisha aprovecha para ponerse a horcajadas sobre su pecho,
y, agarrándola por las orejas, golpearle la cabeza contra la dura lona, hasta
abrirle una brecha en el cogote para después, con rápido movimiento aprisionarle
el cuello con una poderosa llave de tijera.
-¡Ríndete, puerca! –la rusa aprieta las piernas en torno al cuello de la
brasileña, que grita dolorida cuando la rubia se inclina hacia delante y la
golpea los pechos con rabia, hiriéndoselos con los "Puños Americanos".
-¡Nunca! –Elena se revuelve violentamente, logrando alcanzar a Nisha con un
potente puñetazo en el costado que la obliga a aflojar la presa en torno a su
cuello.
Jadeantes, doloridas y sudorosas, las dos luchadoras se incorporan y se miran
con rabia.
Tras un leve momento de reposo, Nisha vuelve a la carga, lanzándose contra la
brasileña en un intento por agarrarla. Sin embargo, es Elena la que logra
sorprender a la chica rusa con una potente patada a la cara, que le revienta el
labio inferior, provocándole una fuerte hemorragia.
-¡Zorra! –Nisha se lleva la mano a la boca y, con cara de espanto, mira la
sangre que mancha sus dedos.
Y entonces, la bella brasileña se abate sobre su rival, para cogerla del cuello
y de la entrepierna y, en una muestra de increíble fortaleza física, alzarla por
encima de su cabeza, apretando la zona íntima de la rubia, provocándole un
inmenso dolor. Sin embargo, esto no hace otra cosa que enfurecer a la joven
luchadora rusa, la cual logra alcanzar el hermoso rostro de la gladiadora morena
con un potente puñetazo, que daña seriamente el ojo derecho de Elena, haciéndola
soltar a su rival, que cae a la lona dañándose el costado izquierdo.
La lucha es salvaje y brutal; la clase de lucha que excita al público asistente
en el local. Sobre todo a las mujeres, que gritan y chillan ante la visión de la
sangre.
Y en el ring, las dos hermosas luchadoras se preparan para un nuevo y más
terrible ataque.
Elena, la hermosa hembra brasileña, lanza su pie derecho contra el desnudo
vientre de Nisha, en una poderosa patada, que hubiera sido determinante en el
desarrollo del combate si la rubia no hubiera logrado detener el golpe y
desestabilizar a su rival, con un barrido al pie izquierdo de Elena, que cae a
la lona con el tobillo quebrado.
-Se acabó –Nisha Oronova, una cruel sonrisa dibujada en su lindo rostro, se
acerca, renqueando, hasta Elena Fabinho que, tendida en la lona se retuerce de
dolor, agarrándose el tobillo roto.
La rodilla de la joven rusa cayendo sobre su rostro, es lo último que ve la
brasileña, antes de quedar inconsciente, y con la nariz y la boca destrozadas
por el golpe.
Y entre el público, la gente excitada comienza a aullar, algunos incluso se
atreven a subir a los aledaños del ring para animar a la joven rusa con gritos y
voces de:
-¡Acaba con ella, preciosa! ¡Mátala!
La joven Nisha, toma la cabeza ensangrentada de su rival y, tras darle un
amoroso beso en los hinchados y heridos labios, de un sólo movimiento le rompe
el cuello.
-¡Qué combate, damas y caballeros! –El sonriente presentador
salta de nuevo al ring y, con gesto galante, ayuda a la joven rusa a levantarse
de la lona donde, agotada tras el combate, ha quedado tendida.
-¡Un aplauso para nuestra campeona! –Pide el hombre.
La joven alza los brazos en señal de victoria para, seguidamente, abrazarse al
sorprendido y sonriente presentador.
El detective, una vez concluido el combate se levanta de la mesa tras guardarse
los cien créditos en el bolsillo de su abrigo, y sale del oscuro y siniestro
club nocturno.
Camina deprisa en dirección a su diminuto apartamento, donde le espera su saco
de dormir.
-¡Eh, amigo!
El detective se detiene y alza la mirada hacia los dos tipos que le cierran el
paso.
-Si no quieres problemas, mejor será que sueltes todo lo que lleves.
-Pues... siento decepcionaros, chicos –nuestro hombre se encoge de hombros al
tiempo que da un paso hacia atrás-. Pero no habéis tenido mucha suerte esta
noche. He gastado los últimos créditos que me quedaban en ese antro –señala con
un gesto hacia el "Dark Cave"
-¿Crees que somos idiotas? –Uno de los jóvenes ladrones empuja a nuestro
protagonista contra una pared cercana-. Ya puedes empezar a vaciarte los
bolsillos –al tiempo que empuña una navaja.
Nuestro hombre, con gesto resignado, mete la mano en el bolsillo de su abrigo
y...
-Ya os dije que no habíais tenido suerte –saca un pequeño Tasser, con el que se
deshace del atracador más cercano, gracias a una potente descarga eléctrica de
500 Watios.
-¿Qué has hecho, jodido cabrón, eh? –El segundo de los ladrones, mira al
detective con temor, al ver, en la oscuridad, el chisporroteo del pequeño
aparato eléctrico en la mano del hombrecillo, y sale corriendo.
El detective, guarda su pequeño pero efectivo aparato de defensa personal y, con
paso lento, sigue el camino hacia su oficina.
Al llegar, algo le obliga a detenerse ante la puerta de su despacho.
Vuelve a empuñar su aparato eléctrico de defensa, sin embargo, no llega a
usarlo, pues algo, duro y contundente, se estrella contra su cabeza. El golpe es
tan violento, que, sólo su viejo sombrero de fieltro le salva de una muerte casi
segura.
Cuando despierta su cabeza late como un bombo de orquesta.
-¿por fin despierto, detective? –Una voz, sin cuerpo, llega a sus oídos, desde
algún punto en la oscuridad-. No es bueno meterse en según que asuntos. La has
cagado, detective.
-¿Quién eres? –El detective, intenta levantarse-. Si le han hecho algo a mi
cliente...
De repente, una mano, lo agarra del pelo y le obliga a alzarse, para, con
salvaje movimiento, estrellarlo contra una pared cercana.
-Si no quieres tener más problemas, olvídate de la chica, del club y de todo lo
que tenga que ver con ella. Es un consejo.
Nuestro hombre se lleva una mano a la sangrante nariz, al tiempo que intenta
alzarse, apoyándose en el suelo con la otra mano.
-¿Quién eres? –Saca un pañuelo y se limpia la sangre-. ¿Crees que me asustas?
-No lo pretendo –el misterioso personaje, vuelve a cogerlo por las solapas del
abrigo y le propia un rodillazo en el estómago.
-¿Dónde está la chica? –El detective a pesar de la paliza sigue sonriendo-. Si
la chica sufre algún daño...
-¿Aún tienes valor para exigir?
Con mucho esfuerzo, nuestro protagonista logra incorporarse, y renqueando,
avanza hacia el escritorio, en uno de cuyos cajones guarda una automática.
Sin embargo, cuando se da la vuelta, se encuentra solo en su diminuto despacho.
No obstante, su misterioso atacante, se ha tomado la molestia de dejarle un
recordatorio. Una tarjeta con las siguientes y amenazantes palabras: "Aléjate de
ella o eres hombre muerto".
Con gesto furioso, el detective, arruga el trozo de cartulina entre sus dedos y
lo lanza por la única ventana del habitáculo.
Después, se deja caer en la silla, y queda profundamente dormido con la cabeza
reposando sobre la mesa.
Cuando despierta, a las ocho de la mañana, como todos los demás días, la cabeza
le late como un bombo, y un lacerante dolor se ha instalado en su estómago.
-¡Buf! –Tambaleándose, el detective se alza del asiento y se dirige hacia la
puerta de la oficina, no sin antes guardarse la automática en uno de los
bolsillos del abrigo.
Como todos los días hace su primera parada en el bar de Curtis para desayunar un
bollo y un café.
-Tiene mala cara –el bueno de Curtis cojea hasta la mesa ocupada por el
hombrecillo, y se sienta a su lado-. ¿Pasa algo?
-Gajes del oficio –nuestro hombre apura el café, y aparta la taza empujándola
hacia delante con el índice derecho-. Tuve una visita desagradable.
-Muy desagradable, por lo que veo.
Nuestro protagonista se rebusca en los bolsillos, hasta encontrar algo de dinero
con el que pagar su desayuno, y se levanta de la silla.
-Hoy me espera un día largo –hace un gesto con su derecha, y sale del local-.
Nos vemos Curtis, que pases un buen día.
No bien ha recorrido ni veinte metros, cuando escucha una voz a su espalda y
nota como una mano le toca, con suavidad, el hombro.
-Buenos días mi joven amiga –el detective dedica a Blue Lewington un leve gesto
de saludo.
-Se han llevado a mi hermana –la chica presenta aspecto cansado, y habla con
dificultad.
-¿Que me está diciendo? –El hombrecillo, con gesto rápido, tiende una mano hacia
Blue que a punto está de caer, desfallecida.
Media hora después, la joven, recupera fuerzas en el pequeño despacho del
detective.
-¿Se encuentra mejor? –Sentado en el borde del escritorio, el hombre, dedica a
su joven cliente una tranquilizadora sonrisa.
-¿Dónde estoy?
-En mi despacho. Se desmayó en la calle, Miss Lewington.
-Llevo dos días dando vueltas, apenas he dormido.
-Ahora está conmigo, descanse y, tranquilícese.
-¿Y mi hermana, va a hacer algo?
-Oh, claro –El detective ha sacado una bolsa de bollos rellenos de crema y
ofrece uno de ellos a la joven, que, hambrienta los engulle casi sin masticar-.
En la calle me dijo que, se la habían llevado, ¿se refería a su hermana?
-Así es –Blue, coge otro bollo y lo muerde-. Logré entrar en el club esta
madrugada, alguien de dentro me dijo que se llevaban a mi hermana a México
-¿A México...? ¿Por qué a México?
-Dentro de unos días se celebra en Tijuana el torneo por el título mundial de
Brutal Fight Femenino. Mi hermana ha sido inscrita para combatir.
-Es una luchadora excelente, por lo que he podido ver en el club.
-Es cierto, pero...
-¿Pero...?
-Mi..., informador me entregó algo antes de irse... un DVD con una grabación. Si
la quiere tendrá que ir a esta dirección... Yo me largo a México a buscar a mi
hermana –dicho esto, la joven rebusca en los bolsillos de su abrigo, hasta
encontrar un diminuto disco plateado, y después, antes de que el detective pueda
decir o hacer nada, abandona el pequeño despacho.
-¡Mierda! -El hombrecillo aprieta los puños y sale tras la chica, mas no logra
alcanzarla y queda en el rellano sin saber que hacer.
Veinte minutos más tarde, en el aeropuerto, Blue Lewington se dispone a sacar un
billete con destino a México.
-¿Señorita Lewington?
-¿Sí? –La joven se vuelve, y se encara con dos individuos vestidos de negro-.
¿Quiénes son ustedes?
-Acompáñenos, y no dé problemas, por favor –antes de que pueda reaccionar,
aplican al cuello de la chica un aturdidor eléctrico, dejándola sin sentido.
Sin embargo, ninguno de los dos secuestradores se percata de la presencia del
detective, que ha llegado al aeropuerto en el preciso instante en que ellos
introducen a la joven en un coche negro.
-¡Alto, dejen a esa mujer! –Sin pensar en los posibles riesgos y poniendo en
peligro su vida, se planta delante del automóvil, que lo arrolla dejándolo
tendido, sin sentido, en medio de la calzada.
Cuando recupera la conciencia, se encuentra tumbado en una cama del hospital.
-Buenas, ¿cómo se encuentra?
-¿Dónde estoy? –El detective intenta alzarse de la cama, cayendo de nuevo sobre
el lecho.
-Le hemos puesto un sedante, le encontramos en un callejón cerca del aeropuerto.
-¿Y la chica, vieron a la chica?
-¿Qué chica? –El médico cruza una extraña mirada con la enfermera que acaba de
entrar-. No sabemos nada de ninguna chica.
-Supongo que la tienen en su poder –el detective logra por fin incorporarse en
la cama y comienza a vestirse, ante la mirada perpleja del médico y la
enfermera-. Debo encontrarla.
En ese preciso instante, alguien entra en la habitación del hospital. Es uno de
los secuestradores de Blue.
-Usted, venga conmigo –con un gesto indica al detective que se aproxime-. Vamos
a ir a un lugar donde se reunirá con su cliente.
Viéndose atrapado, nuestro hombre se deja conducir por el matón.
FINAL