AQUELLAS JUERGAS UNIVERSITARIAS 2
Esta es una versión alternativa al relato "Aquellas juergas
universitarias". No se si le interesará a alguien, pero me apetecía. La
primera parte de la historia es, palabra por palabra, igual a la otra versión.
Si alguien se acuerda, puede saltársela. Y, si no, la historia puede leerse
perfectamente de forma independiente. Espero.
* * *
Eran las 10. Eran las 10’05. Eran las 10’10.Eran las
10’15...me acuerdo que pensé (otra vez) que "esto me pasa por ser el único
español vivo que llega puntual a la hora a un sitio, el único que cree que
cuando quedamos a las 10 quiere decir las 10". Así que eran las 10’15, allí no
había nadie, estaba quedándome congelado (por no hablar del aburrimiento) y me
sentía como un gilipollas. Nada que no hubiera pasado con anterioridad.
A las 10 y veinte empezó a llegar la gente con la que había
quedado. Calle abajo llegaban Ana, Begoña y Verónica, compañeras de piso,
camaradas de armas.
Ahora debería pasar a describirlas, y lo haré, pero para eso
recurriré a un episodio poco glorioso, y no obstante muy humano, de mi vida:
aquella noche en que, después de no haberse comido una rosca (again) y estando
poco capacitados, debido al alcohol, para seguir el recto camino en el sentido
tanto literal como figurado, nos dedicamos a ese machista pero arraigado juego
de puntuar a amigas y conocidas.
No es algo de lo que esté especialmente orgulloso, pero puede
servir para una descripción física de mis amigas. In vino, veritas...,
que decían los romanos.
En el apartado "tetas", Ana consiguió un sólido 7: tamaño
medio, mirada al frente como correspondía a sus 22 años (la edad de todos, sea
dicho de paso). Le bajaba la nota el no enseñarlas más (no quiero decir que
viniera en topless a clase, sino que ajustara más sus suéters, por ejemplo).
Después la vimos en bikini, un día que fuimos a la playa, y la nota se elevó
hasta un notable 8, que será la nota que conservaremos, pues es bien sabido que
el bikini expone (nunca mejor dicho) la verdad de las cosas. Aunque tengo la
impresión que los bikinis casi siempre aumentan las notas, por lo menos hasta
cierta edad. Quedémonos con unas tetas notables.
En el apartado dedicado al culo, Ana consiguió, por
unanimidad, otro sólido 7. No era un culo que destacara por los pasillos de la
facultad, ni que provocara masturbaciones masivas, pero bien mirado (y la
ventaja de ser compañeros de clase es que estas cosas había ocasiones de sobra
para mirarlas bien), era un culo más que correcto.
El tercer apartado, que denominamos "simpatía y follabilidad"
(ya digo que estábamos borrachos, así que no éramos (ni somos) responsables de
la dignidad de nuestras conversaciones), otorgó a Ana un 8, que yo personalmente
hubiera aumentado hasta un 8,5, en función de una observación personal: en
reposo, Ana merecía ese 8, pero cuando se ponía a bailar, había algo en su forma
de moverse que me ponía muy bruto, y me daba ganas de echarme encima de ella,
arrancarle la ropa a zarpazos y follármela allí mismo, en medio de la pista.
Claro que entonces estaríamos dentro de la sección de sexo no consentido, que es
una sección que odio, o bien en la de fantasías eróticas, que ya es algo más
respetable. Quizás algún día lo escriba...
Pero sigamos. La segunda amiga en cuestión era Begoña.
Melones, cántaros, aldabas, tetazas, domingas y similares, son las palabras que
me vienen a la mente con el nombre de Begoña. No se si os ha pasado alguna vez,
pero es una putada cuando una persona a la que respetas como mujer y valoras
como persona, por decirlo de la forma más cursi posible, tiene un par de tetas
imposibles de ignorar, por decirlo de la forma más vulgar posible. Claro que,
racionalizándolo un poco, si además de ser una amiga entrañable y una belleza de
persona, se tienen unas tetas grandes y firmes, de las que dan ganas de juntar,
meter entre ellas la polla, e ilustrar y practicar el término "cubana" (que, por
cierto, en francés se llama "branlette espagnole", vaya usted a saber porque),
pues mejor que mejor. Lo cortés no quita lo caliente.
Antes de que se me olvide, la dotación pectoral de Begoña fue
valorada por el comité de sabios en un 9’5. Hubo una propuesta, por parte de
Joaquín, de darles un 10, pero a pesar de la admiración que sentíamos todos por
aquellas tetas, acentuada por el alcohol, que hace ver las tetas más grandes,
los culos más redondos, los andares más sexys, las chicas más simpáticas, las
posibilidades menos remotas...a pesar de todo ello, digo, le dimos un 9,5
porque:
Darle un 10 significaba renunciar a encontrar unas
tetas mejores. Y esa esperanza no debe perderse nunca.
Según Luis, él no podía dar un 10 a unas tetas hasta
haberlas probado. Así que, el diez, en todo caso, debería esperar.
Por si acaso, nunca se deben dar dieces de noche y
borracho.
Costó pasar del apartado "tetas" en el caso de Begoña, pero
llegamos al siguiente apartado. Precedió una bonita discusión sobre si aquellos
pechos era una talla 95 o una talla 100, discusión tan tonta e inútil, que sólo
lo bonito del sujeto y los litros de alcohol que corrían por nuestras venas,
coma, mujer, podían justificarla. Al final, echamos por arriba y supusimos que
una 100 era lo más ajustado a la realidad.
Pero pasemos al culo de Begoña.
Por comparación, había que bajar el listón, y aunque el culo
de Begoña no estaba mal, un 7 fue la honesta nota que le pusimos. No nos
engañemos. Si el culo hubiera estado a la altura de las tetas, hubiera sido una
top-model.Y Begoña era (es) demasiado "humana" para ser una top-model, lo que,
por otra parte contribuía a ganarle un 9 en el apartado de "simpatía y
follabilidad".
La tercera amiga que llegaba calle abajo era Verónica. A Vero
no la psicoanalizamos aquella mítica noche de botellón y machismo, entre otras
cosas porque entonces no la conocíamos. Pero puedo hacerlo ahora rápidamente:
tetas, un 6, tengo la impresión que inferiores a la media, aunque las tenga poco
tratadas, a ellas y a su dueña. Culo, un 8. Buen culo. Simpatía y follabilidad:
digamos un 7,5. Valoración global: me la follaría enseguida. Claro que, si hay
alguna chica leyendo, dirá de todas digo lo mismo. Pero si hay algún chico,
macho, hombre o varón leyendo, le dirá que eso tampoco es tan raro. En todo
caso, sólo estamos estableciendo prioridades.
Bueno, llevo ya un rato escribiendo, contando batallitas, y
aún ni ha empezado la historia. Debo de estar aburriendo a las ovejas, así que
habrá que meter algo de sexo. Pero antes, presentaré al resto de mis amigos:
Joaquin y Luis, mis compañeros de piso. No puedo decir si son guapos o feos,
porque yo de eso no entiendo. Bueno, si, puedo decir que Joaquin es feo. Pero
tampoco es ningún monstruo, pobre chaval. Buena gente. Llegaron tarde, porque
estaban jugando a futbol. Yo no puedo jugar, porque hace unos años me jodí la
rodilla. Más tarde, llegó Miguel y su novia Raquel. Tetas, 8, culo, 9,
follabilidad, 9. Ella, quiero decir, no él.
Finalmente, a eso de las 11 menos cuarto estábamos todos, y
marchamos a cenar al bar donde trabaja la hermana de Miguel, Isabel. Es un bar
pequeño, de esos que se monta un escándalo tremendo cuando todo el mundo habla a
la vez, pero es barato, los bocadillos no están mal y Isabel al final siempre
nos invita a un chupito.
Vale, nos quitamos de encima el tema de la cena, que me pasé
mirándole las tetas a Begoña y el culo a Isabel (pequeños placeres que no
cuestan nada y que hacen más llevadera la vida), para luego pasar a aquella tan
típica escena de la vida nocturna española, y que consiste en lo siguiente: uno
está tan tranquilamente, una noche de diciembre, en un bar de 30 metros
cuadrados, cenando con los amigos. Pide la cuenta, paga todo el mundo, y todo el
mundo sale. Una vez en la puerta, alguien pregunta "¿Y ahora donde vamos?".
Diez minutos después, con un frío que pela en la calle y mientras la calefacción
sigue funcionando a tope dentro del bar, la pregunta sigue sin respuesta.
Finalmente, y justo antes de llegar a la muerte por hipotermia, acabamos por
irnos a donde todos sabíamos desde el principio que íbamos a ir.
La entrada del garito al que fuimos cuesta 5 euros, con
derecho a consumición, con el consiguiente cabreo por mi parte, porque yo
hubiera consumido igual, pero maldita la gracia que me hace que me obliguen a
hacer lo que yo ya quiero hacer. Pero en fin, un poco de música, poca luz y un
cubata de whisky con naranja para ahogar las penas viendo bailar a las tias,
mientras practicamos la barra fija con la vieja excusa de que los hombres no
bailan (porque no saben. Por lo menos en mi caso). Al segundo cubata nos
marcamos un baile con una canción hortera de los años 80, pero con el aliciente
de las tetas de Begoña agitándose cerca de mi (Dios bendiga los aparatos de
calefacción, que nos libran de tantos males y nos quitan tanta ropa).
Después del baile cerca de Begoña (decir que bailaba "con"
Begoña sería excesivamente pretencioso, y yo necesito por lo menos un par de
cubatas más para llegar a ser tan creído), me acerqué a la barra, donde se
habían quedado Luis y Joaquín. Con ellos estaban Gabriella y Alessandra. No hace
falta ser muy listo para deducir que Gabriella y Alessandra son italianas,
concretamente estudiantes de Erasmus. Vienen (cuando vienen) a clase con
nosotros, y aprovechan que somos los más simpáticos (hay que tener en cuenta que
a esas alturas yo ya iba por el tercer cubata, y el alcohol disipa la modestia)
para pedirnos los apuntes. Son romanas, de Roma, quiero decir. Es todo lo que
sabía de ellas, aunque las saludé como amigas de toda la vida. Rasgo típico de
la fase conocida como "segundo cubata". Viene en los manuales.
Gabriella es...italiana, no se si me explico. Supongo que no,
pero quiero decir que es lo que se espera de una italiana. Morena, de pelo
largo, muy negro, pero sobretodo con unos ojazos enormes. No muy alta, me llega
más o menos por los hombros (teniendo en cuenta que mi estatura es normal), y en
general podríamos resumirlo con el tan manido tópico de que está buena. Y
cuando, a las tres de la noche, una tia que está buena te pide que la invites a
un cubata, empleando para ello un acento exótico, lo haces. Cuesta una pasta,
pero lo haces.
La recompensa por tan generoso esfuerzo fue ser invitado a
bailar por tan gentiles damiselas. Como siempre, se hizo lo que se pudo, pero
seguramente provoqué más risas que aplausos, entre otras cosas porque Gabriella
y Alessandra iban más contentas que otra cosa. Así que, sin comerlo ni beberlo
(bueno, esto último sí, un poco), me encontré bailando entre Gabriella,
Alessandra e Isabel, que había acabado su turno y se había unido a nosotros, así
que la noche, podía considerarse ya un éxito.
De todas maneras, fue una victoria pírrica. Al acabar la
canción, Gabriella se me acercó y me dijo que se iban a casa. La vi marchar con
Alessandra, desvaneciéndose así las esperanzas, fundadas o no, que pudiera tener
de mojar esa noche con alguna de las erasmus.
Al cabo de una media hora nos echaron del local, y nos
encontramos de nuevo en la triste calle. Como no teníamos ganas de irnos aun a
dormir, decidimos irnos al piso a tomar una última copa, tal y como ya habíamos
hecho otras veces. Eran las 5 de la noche cuando subimos los 5 pisos sin
ascensor y entramos en el piso. Con las botas de Ana, me acuerdo, resonando por
el pasillo, pasamos todos al salón, encendimos la destartalada estufa que
tenemos, y cogimos acomodo como pudimos. Begoña, Ana e Isabel se sentaron en el
sofá que nos había dado mi madre cuando nos mudamos al piso. Luis se sentó en
uno de los brazos del sofá, y Verónica y yo ocupamos los dos sillones. Mientras
tanto, Joaquín se encargó de sacar la botella de vino que teníamos guardada por
ahí.
Al principio hablamos de las cosas de la noche y, como
estábamos un poco contentos, nos reímos bastante, sobretodo comentando los
distintos estilos de baile de cada uno (Begoña hizo una imitación de mi
inimitable estilo que a todo el mundo le hizo mucha gracia, no se porque), pero
poco a poco la conversación se fue apagando. Pero como nadie tenía ganas de
levantarse, Isabel propuso que pusiéramos alguna película, por lo menos un
ratito.
Luis fue quien le hizo caso y se levantó. Se puso a buscar
entre las descacharradas cintas de vídeo que teníamos:
-La vida de Brian...la hemos visto como 20 veces...El señor
de los anillos...va a ser que no... –cogió otra cinta y dijo-aquí hay una que no
tiene nada escrito.
Metió la cinta en el vídeo y le dio al play. Lo que apareció
en pantalla fue Miguel y su novia Raquel en plena faena.
-¡Sorpresa, sorpresa! –dijo Begoña, riéndose
En pantalla aparecía Raquel desnuda y aparentemente sudorosa,
montando animadamente a Miguel, mientras la cámara fija lo recogía todo en
tiempo real.
De verdad que Raquel tenía (tiene) un cuerpazo impresionante,
y además ver así follando a una amiga en la pantalla de la tele, además cuando
no te lo esperas, tiene su cosa Pensad en lo que pesaríais vosotros si al poner
una cinta apareciera de repente alguno de vuestros conocidos/conocidas en pleno
ejercicio sexual.
Aunque el sonido no era gran cosa, además de verla a Raquel
podíamos también escucharla, lo cual tampoco estaba mal. De hecho, los gemidos
de Raquel era lo único que se oía en esos momentos en la habitación, porque nos
habíamos quedado todos callados, embobados mirando como follaban en la pantalla
Miguel y Raquel. Y estuvimos así como 10 minutos, durante los cuales Raquel
continuó su recital de gemidos montada a caballito sobre su novio, arriba y
abajo, arriba y abajo, arriba y abajo...
A mi me estaba entrando, por razones evidentes, un cosquilleo
conocido en la entrepierna. Vamos, que se me estaba poniendo dura. Pero no me
atrevía a hacer nada. Si hubiera estado solo, ante semejante morboso
espectáculo, me la hubiera sacado y hubiera me hubiera puesto a pajearme, pero
no era el caso. Afortunadamente Ana, chica lista, entendió la situación
perfectamente:
-Oye, si queréis meneároslas, por nosotras no os cortéis, que
lo entenderemos...
Bueno, pues vale, pues si tu lo dices, nos las meneamos,
pensé.
Así que allí estábamos, Luis, Joaquín y yo mismo,
masturbándonos delante de nuestras amigas, mientras que ellas no quitaban la
vista de la pantalla, donde Raquel i Miguel seguían dale que te pego. Bueno, un
poco sí que apartaban la vista de cuando en cuando, porque de cuando en cuando
sorprendí alguna mirada furtiva de Ana y de Begoña, que no estaban mirando
precisamente la pantalla, sino nuestras pollas, sobre las que Luis, Joaquín y yo
deslizábamos nuestras manos.
-Yo me voy –dijo Isabel, de la que ya no nos acordábamos,
mientras se levantaba. Era evidente que se sentía incómoda de vernos tan
emocionados viendo a su hermano follar con su novia, que le íbamos a hacer.
Cogió su chaquetón y se fue.
Pero, tras unos breves momentos, nos olvidamos de Isabel y
volvimos a hacer lo que estábamos haciendo. Es decir, pajearnos viendo a Raquel
y a Miguel follar.
Quien sí que se decidió a hacer algo diferente al cabo de un
par de minutos fue Begoña. Concretamente, se arrodilló entre mis piernas y se
puso a substituir con su boca a mis manos, es decir, a hacerme una mamada.
Si alguien está pensando que Begoña se estaba tomando unas
libertades exageradas, ha de saber que no era la primera vez que su boca
engullía mi miembro, sino que Begoña y yo ya habíamos follado unos años antes
(puede consultarse en esta misma página, con el título de "Fiesta de
despedida" y secuelas posteriores). No lo habíamos vuelto a hacer desde
entonces, pero se ve que la situación le había traído recuerdos. Buenos, espero.
La cosa de momento estaba partida. En la tele, Miguel y
Raquel follando, ahora a lo perro. Luego estaba Begoña mamándomela, dándome un
gusto que jamás habría conseguido con mi mano. Y luego estaban los demás, que no
hacían nada, sin saber si mirar a la pantalla o mirar a Begoña chupándomela.
Luis, que había ocupado el lugar que había dejado Begoña en
el sofá, estaba acosando descaradamente a Ana: "Venga, Anita, no me dejes
así, déjame por lo menos meterte mano", le decía mientras intentaba meterle
la fría mano por debajo de la falda; y Ana no decía ni que si ni que no, pero se
dejaba meter mano, llevada por la situación, mientras yo veía como miraba lo que
Begoña y yo hacíamos.
Joaquín, mientras tanto, no se atrevía a pedirle a Verónica,
que era la única que quedaba disponible, que le hiciera lo que estaba deseando
que le hiciera. No había tanta confianza, y Joaquín es un tio más bien tímido,
así que ni él ni Verónica se movían del sitio donde estaban.
Mientras tanto, Luis prácticamente había obligado a Ana (con
poca resistencia de su parte, eso sí), a ponerse de rodillas y...bueno, ya
sabéis. No pude fijarme mucho, porque bastante tenía yo con la mamada que Begoña
seguía haciéndome, pero pude ver como Ana se ponía el pene de Luis en la boca y
se ponía a chupárselo como un chupachups, con la inevitable cara de felicidad de
Luis, tengo la impresión que mitad por la sensación física de los labios de Ana,
mitad por la sensación de triunfo de que su insistencia hubiera conseguido al
final tener premio.
Ana llevaba una falda marrón relativamente ajustada, y al
estar de rodillas e inclinada hacia delante, desde donde yo estaba se le marcaba
un culito la mar de interesante, más aun cuando sabía que esos contoneos que
hacía eran producto de estar chupándosela a mi amigo Luis.
También Vero acabó por dejarse llevar y ponerse de rodillas
delante de Joaquín (después me dijo que el sexo oral no le entusiasmaba, pero
que Joaquín se lo había pedido con una carita que no había podido negarse), de
manera que, de momento, ya las teníamos a las tres chupándonos las respectivas
pollas.
La mamada que me estaba haciendo Begoña me la estaba poniendo
durísima, como si mi polla luchara por crecer más allá de sus límites físicos,
creciendo aun más dentro de la boca de mi amiga. No se la metía hasta el fondo,
pero con su boca caliente y húmeda hacía que me olvidara de todo (mucha practica creo que tenia esa boquita. Decir
que Begoña había tenido novio hasta hacía poco, y por lo visto había practicado
mucho, pero ahora estaba soltera y sin compromiso. Y chupándome la polla, que
era lo más importante). De repente, Begoña paró de chuparmela, dejándome a dos
velas:_
-Venga, que quiero follar –y se levantó para quitarse la ropa
Los pocos segundos que Begoña tardó en desprenderse de su
ropa se me hicieron eternos. Y eso que Begoña, que se ve que tenía unas ganas de
follar increíbles, tardó lo menos posible en despelotarse. Se quitó el jersey de
lana que llevaba de una revolada, luego rápidamente pantalones y bragas, casi al
mismo tiempo que los zapatos, y enseguida se subió al sillón, donde yo me había
quedado sentado esperando, y se puso sobre mi regazo. Cuando me quise dar
cuenta, tenía mi polla bien enfilada su coño y rápidamente se la clavó, quedando
mi polla bien metida en su caliente entrepierna.
Y, cuando me quise dar cuenta, Begoña me estaba follando como
si hiciera años que no lo hacía.
Tenía a la altura de mis morros las estupendas tetazas de
Begoña, aún embutidas en un sujetador negro de encaje muy sexy, que no había
tenido tiempo de quitarse en su supersónico striptease, pero de momento bastante
tenía con coger el ritmo que Begoña imponía. Poco a poco nos fuimos
sincronizando, hasta que llegamos a un nivel de compenetración sorprendente.
Noté como Begoña se corría por lo menos una vez, pero no por eso paró, al
contrario. Yo la tenía bien cogida por sus caderas, mientras ella, aprovechando
la bendita ley de la gravedad para dejarse caer en cada balanceo sobre mi polla
y metersela hasta el fondo mientras gemía "AAAAGGHHH!!! AAAAGGGGHHH!!!
AAAAGGGGHHH!!!".(lo siento no se me
ocurre ninguna onomatopeya mejor, pero todos sabéis como suena una chica
follando).
Cada golpe, cada vez que la penetraba hasta el fondo de su
cueva, era como una bendición, como un momento que yo intentaba retener porque
no quería que aquella experiencia se me escapara.
Vamos, un polvazo, lo que se dice echar un señor polvo con
una de mis mejores amigas.
Mientras tanto, Joaquín había vencido por fin su timidez y
estaba follándose a Verónica en el frio suelo (aunque dudo que ninguno de los
dos se preocupara en ese momento de la temperatura de las baldosas),
prácticamente a mis pies. Vero era, de las tres chicas que había en la
habitación, la que más chillaba, básicamente diciendo "¡SSSSSIIIIIII!!!,
¡SSSSSIIIIIII!!! ¡SSSSSIIIIIII!!! ¡ASÍÍÍÍÍÍ ¡ASÍÍÍÍÍÍ" a pleno pulmón. Y no
me extraña, porque Joaquín parecía que estaba soltando toda la adrenalina
acumulada, y se la estaba follando a base de bien.
Vero estaba echada en el suelo, abierta de piernas, mientras
Joaquín la follaba desde arriba como si aquello fuera algo personal,
metiéndosela y sacándosela a la mayor velocidad que he visto nunca a un chico
follarse a una chica. Y, por lo menos, Vero parecía estar disfrutando de aquel
estilo de folleteo, porque no paraba de gemir y de decirle a Joaquín, como
podía, que siguiera.
Mirando a mi izquierda, mientras Begoña encontraba un momento
para quitarse por fin el sostén, pude ver como Ana, aun con las botas puestas
(bien, solo con las botas puestas.), cabalgaba a Luis en el sofá regalado por mi
madre.
Pero fue sólo un momento, una mirada de reojo, porque al
quitarse Begoña el sujetador sus desnudas y redondas tetas, suaves como flanes,
reclamaban ya poderosamente mi atención, puestas justo delante de mi cara. No
desaproveché la ocasión. Me incliné un poco hacia delante, puse mis labios sobre
uno de sus pezones, y, como pude, aprovechando que la tenía cogida con las dos
manos por el culo, intenté que fuera más despacio, retenerla para que parara y
por lo menos tener algo de estabilidad para comerle las tetas como Dios manda,
porque después de parar a quitarse el sostén, Begoña había intentado volver a su
ritmo trotón. Poco a poco conseguí pararla, ella entendió lo que quería, y dejó
de ir arriba y abajo, follándome ahora "sólo" con las caderas (lo de sólo con
todas las comillas del mundo, porque con un movimiento de caderas era capaz de
meterse mi polla hasta el fondo). Aprovechando ese poco de calma, hundí mi cara
entre sus tetas y, como se dice vulgarmente, les hice un traje de saliva,
chupando los rosados pezones hasta casi sacarles leche, mientras Begoña arqueaba
un poco su cuerpo hacia atrás y dejaba siempre mi verga bien metida en su coño
mientras le comía sus tetazas.
De todas maneras, con lo caliente que estaba Begoña (¿Qué le
habían dado, a esa chica?), sólo aguantó este ritmo lento un par de minutos.
Después de dejar que me recreara unos momentos chupándole las tetas, que ella
sabía que eran su mejor atributo y lo que todos los chicos/hombres querían ver,
volvió al ritmo rápido de antes, arriba y abajo. Tampoco tenía yo porque
quejarme, aunque Begoña me estaba dejando literalmente empotrado contra el
sillón, con su cabalgada. Yo intentaba inútilmente con mi boca aferrarme a sus
bamboleantes tetas, pero con la cabalgada de Bego siempre se me escapaban. Pero
aun así, fue glorioso. Begoña aceleró y no paró hasta que consiguió que me
corriera sin remedio, y eso que yo quería hacerlo durar lo más posible, por
razones evidentes. Pero Begoña no tuvo piedad, me folló de manera inhumana,
hasta que me dejó seco, hasta que eyaculé un montón de leche blanca (aunque tuvo
cuidado de salirse justo antes, con lo que dejé pringado todo el sillón. Un
desastre).
Begoña descabalgó y se sentó en el brazo del sillón,
recuperando el aliento. Mientras tanto, y a pesar del polvo que acababa de
echar, la noche no había acabado ni mucho menos para mi. La situación era
demasiado buena para desaprovecharla, así que me dispuse a buscar otra víctima
entre mis amigas.
Verónica había quedado en perfecta posición. Joaquín la había
puesto a cuatro patas y se la estaba follando por detrás, así que su boca
quedaba disponible para mi, y eso fue lo que hice. Apenas tuve que desplazarme
para meterle en la boca mi polla, apenas un poco deshinchada por la reciente
eyaculación, pero empapada aun con los jugos vaginales de Begoña y los restos de
mi propia corrida, mientras el bueno de Joaquín seguía con sus brutales
acometidas por detrás.
Tras unos minutos con la polla entrando y saliendo de la boca
de Verónica, lo que la dejó bien limpia y otra vez en pleno funcionamiento, lo
que me apetecía otra vez era follarme a Verónica. Viendo como lo hacía Joaquín
me había entrado envidia.
Le dije a Joaquín que me cambiara el sitio. No le hizo mucha
gracia, pero no supo decir que no, así que intercambiamos los papeles: di la
vuelta y ocupé el lugar de Joaquín, mientras él se ponía delante y Vero empezaba
a mamársela ahora a él. Lo primero que hice cuando me puse de rodillas y ocupé
mi lugar detrás de Vero fue metersela toda de golpe, hasta el fondo, marcando
territorio. Lo que en los toros se dice un puyazo, y en mi pueblo, un pollazo.
Verónica soltó un "aaaaagggghhhh" medio de gusto, medio de sorpresa por
la intrusión, pero no pudo decir mucho más, porque enseguida empecé a
follármela.
Mientras tanto, Begoña, que había estado unos minutos
apartada, quería volver a participar. Empezó por ayudar a Begoña a chupársela a
Joaquín, que así tenía ahora a dos mozas de intachable virtud comiéndole la
polla. Al final, como quien mucho abarca, poco aprieta, Begoña se especializó en
chuparle la polla a Joaquín, mientras nos dejaban a mi y a Vero follando como
conejos.
Mientras me follaba a Vero por detrás, sin embargo, veía lo
que hacían Begoña y Joaquín. Bego se había puesto de rodillas, pero con el
cuerpo apoyado en el sillón donde habíamos estado follando, quedando así con el
culo en pompa. Pude ver como Joaquín, siguiendo instrucciones de Begoña, le
metió primero un dedo en el culo y luego, echando algo de saliva se lo iba
agrandando. No hacía falta ser muy listo para saber lo que estaba pasando: se
iban a encular a la Bego.
A pesar de que yo me estaba follando a Verónica, que no es
moco de pavo, sentí otra vez envidia. Más aún cuando Joaquín se puso por fin
detrás de Begoña, le enfiló la polla en el trasero y, poco a poco, se la fue
metiendo. Aun me puse más malo cuando poco a poco empezó el mete saca por el
culo de Begoña.
Definitivamente, necesitaba encularla yo también. Casi sin
darme cuenta de lo que hacía, saqué la polla del coño de Verónica, me levanté, y
poniéndole la mano en el hombro de Joaquín, y le dije:
-Oye, Joaquín, dejame que encule yo también a Begoña, luego
te vuelvo a dejar.
Y, mientras decía esto, con la mano poco menos que lo
apartaba para ponerme yo. La verdad es que se podía haber enfadado, pero entre
que no supo reaccionar, y que es un buenazo, no puso demasiada resistencia, así
que en cuanto tuve vía libre le endiñé la polla a Begoña por su culo, en uno de
los grandes momentos de la noche. Evidentemente, entró con bastante facilidad,
porque Joaquín (que, dicho sea de paso, tenía una buena polla, sobretodo
bastante gorda) le había dejado a Begoña el culo bastante abierto. No se si Bego
se dio cuenta del cambio, supongo que sí, pero en todo caso no dijo nada, y se
limitó a seguir gimiendo, con la cara aplastada contra el sillón.
Y mientras tanto, la pobre Verónica, que se había quedado un
tanto en fuera de juego por no atreverse a ofrecer su culito virgen a nuestros
depravados instintos, no podía nada más que mirar.
Del primer empujón que di, mi polla entró casi hasta el fondo
del culo de Begoña. Dudo mucho que nadie hubiera nunca llegado tan lejos
entrando por detrás. Hasta yo me asusté, de lo bestia que había sido, pero no
había tiempo remordimientos, y Begoña no había protestado (tampoco se si hubiera
podido), así que seguí sodomizándola con gusto. Más que simplemente la sensación
física de darle por el culo, que también, lo que molaba era la sensación de
triunfo, de decir "por fin, por fin enculo a esta tia". Aunque, la
verdad, en ese momento no pensaba en nada de eso, sino sólo en disfrutar la
enculada que le estaba metiendo a la Bego. Me puse como de cuclillas, para
conseguir un ángulo de entrada más vertical, y continué follándomela por detrás,
apoyando ahora casi todo mi peso en cada poyazo que le metía por el trasero.
Una vez satisfecho el primer calentón y pasado el primer
empuje (supuesto y literal.), en algún lugar de mi cerebro me acordé del pobre
Joaquín, que se había quedado mirando como yo enculaba a Begoña. Di unas cuantas
embestidas más en su culo, apurando al máximo, y luego, haciendo un esfuerzo de
generosidad, se la saqué y volví a ofrecerle a Joaquín la posibilidad de seguir
la enculada de nuestra amiga.
Ni que decir tiene que Joaquín no rechazó la oferta, y en
menos de lo que se tarda en decir "Jesús", Begoña volvía a tener su culo
ensartado por una buena polla. Joaquín había reemprendido la marcha aun con más
ganas que antes, partiéndole el culo a Begoña a toda mecha, mientras ella
continuaba gritando y gimiendo, mitad de gusto mitad de dolor:
"Si...si...si...si...si!!!... rompeme el culo! Sigue así sí...sí...sí!!!
rómpemelo!". Por lo menos parecía estar disfrutando de la sesión non-stop de
enculamiento que le estábamos dando entre Joaquín y yo. Para eso estábamos, al
servicio de las damas.
Pero casi al instante de haber cedido mi lugar a Joaquín, me
arrepentí. Cuando acabas de tener la polla metida en el coño y en el culo de una
chica, volver a dejarla al frio de la noche, aunque solo sea unos segundos, es
cruel. Además, el culo de Bego me había dejado con ganas, así que busqué una
solución. Me incliné un poco y le dije a Begoña:
-Oye, ¿Quieres que te la metamos los dos?
Enculada hasta el fondo como estaba, Begoña casi no pudo ni
contestar, pero yo entendí que quería decir que sí, así que puse una mano en el
desnudo hombro de Joaquín y le dije:
-Joaquín, para y se la meteremos los dos.
Tras unos segundos sin entender en realidad lo que le estaba
diciendo, Joaquín paró.
-Venga, yo debajo y tu encima –dije yo.
Joaquín le sacó el pene de la parte de atrás a Begoña, que
dio un suspiro, no sé si de alivio o de pena. Yo me tendí en el suelo, con la
polla mirando al techo y Begoña, recuperando un poco el aliento después de la
doble enculada, se dio la vuelta y se puso sobre mi, empalando poco a poco su
coño en mi polla y empezando a cabalgarme de nuevo.
Pero apenas tuvo tiempo de moverse, porque enseguida Joaquín
le volvió a llenar el culo con su gorda polla. Enfiló su miembro a su dilatado
esfínter, metió primero la puntita, y dejó caer su peso, ensartándola de nuevo,
y de paso metiendo, simplemente por el peso, el coño de nuestra querida amiga
aun más adentro de mi polla.
Al principio costó un poco sincronizarnos. Teníamos a Begoña
bien metida en un sándwich entre los dos, así que no se nos iba a escapar, pero
cuando Joaquín bajaba, yo subía. Cuando Joaquín subía, yo bajaba. Pero poco a
poco le fuimos cojiendo el tranquillo, y cuando nos sincronizamos un poco, todo
fue como la seda, y yo por lo menos perdí la noción del tiempo y el espacio.
Sólo sabía que había muerto y había ido al cielo, donde chicas como Begoña te
follan todos los días y no hay ninguna otra preocupación..
Begoña parecía estarlo disfrutando también, porque no paraba
de gemir como una loca y decir cochinadas, que omitiré por respeto a la
decencia. Finalmente, Joaquín no pudo más y se corrió en su culo. Poquito a
poco, se quitó. Noté como le sacaba la polla y como el peso que tenía yo encima
disminuía a la mitad, y Begoña, medio recuperada, empezó a cabalgar otra vez con
más ligereza sobre mi polla.
Pero eso no duró mucho, porque Luis, que había estado
esperando su turno, ocupó el lugar de Joaquín en el culo de Begoña, que llevaba
media noche siendo enculada sin parar, quien se lo iba a decir.
Así que vuelta a empezar. Emprendimos, pues la segunda doble
penetración que sufría (o disfrutaba) Bego esa noche. A través del cuerpo de
Begoña notaba las embestidas de Luis, que naturalmente estaba más "fresco" que
Joaquín, que la verdad es que al final se le notaba bastante cansado. Begoña
parecía aguantarlo bien, a pesar del rato que llevaba, y tuvo por lo menos un
par de orgasmos más, que se expresaban no solo en un par de gritos que debieron
de retumbar por toda la finca, sino también en una oleada de flujos que, desde
su vagina, empaparon toda mi polla, siempre bien metida en su coño.
Al segundo de esos orgasmos, con el cuerpo todo sudado de
Begoña temblando de emoción y de placer encima de mi, no pude más y le solté una
de las corridas mayores de mi vida dentro de su coño. En mi vida me he corrido
tan a gusto como ese día que le llené a Begoña el coño de leche, que yo mismo
notaba caliente y espesa mientras corría por mi polla hacía afuera.
Aunque yo ya me había corrido, en la posición en que me
encontraba no me quedaba más remedio que esperar a que Luis acabara de encular a
Begoña. Y esperar, pensé, que Joaquín no se hubiera recuperado, porque si se le
ocurría repetir íbamos a estar enculando a Begoña toda la noche.
Afortunadamente, no fue así. Luis continuó sodomizando a la
dulce Begoña hasta hartarse, y cuando se cansó, se corrió también en su culo.
Sentí un cierto alivio cuando, primero Luis y luego Begoña, descabalgaron de
encima de mi, desmontando el castillo humano que habíamos formado. Joaquín y Ana
se habían puesto a follar en el sofá de mi madre, todos desnudos y Ana con las
botas aun puestas, moviéndose arriba y abajo del bueno de Joaquín, que no se
había visto en una de estas en su vida. Después de casi una hora de ser enculada
sin parar, Begoña no podía casi ni moverse. Pero no había nada de
arrepentimiento en su cara. Más bien satisfacción. Eso sí, estaba derrengada:
-Yo me voy a dormir, estoy hecha polvo. –dijo, mientras se
marchaba, caminando un poco a lo John Wayne, aunque por diferentes motivos.
-¿Te quedan ganas de follar? Es que me gustaría que lo
hiciéramos...
Era Verónica, quien se había puesto a mi lado y me lo
proponía. Y claro, no podía decirle que no
-Lo intentaré. Pero vayamos a un sitio más cómodo.
Después de tanto rato con la espalda en el frió suelo, estaba
medio dolorido, y necesitaba el calorcito de una buena cama. Y una buena mujer.
Nos levantamos y los dos en pelotas nos fuimos hacia mi cama.
Joaquín y Ana continuaban follando en el sofá de mi madre, mientras Luis se
había quedado sentado en el sillón.
A medio camino, Vero me dijo, como temiéndose que yo tuviera
malas ideas:
-Pero del culo nada, ¿eh?. De eso nada.
-Aunque quisiera no podría –le contesté. Y era verdad.
Esa noche follé aún con Vero, bien arropaditos dentro de las
mantas, ella arriba casi todo el rato, follándome dulcemente. Disfruté, aunque
me quedé con ganas de pillarla un día por banda, cuando estuviera en mejores
condiciones.
* * *
A la mañana siguiente, ya recuperados, enculamos a Verónica, desflorándole el
ano justo cuando en la tele daban las noticias del mediodía. Costó un poco
convencerla (la colaboración de Begoña y de Ana fue importantísima e impagable,
en esto). Pero al final se atrevió. Hicimos acopio de todo el lubricante que
encontramos, y con cuidado le fuimos preparando y dilatando el agujerito
posterior. El encargado de desvirgarle el culo fue Luis, por la sencilla razón
de que era el que tenía la polla más pequeña, y Vero le tenía menos miedo. Pero
después la enculamos también los demás. Fue como un rito de paso.
El resto de la tarde, hasta las 7, seguimos follando con nuestras amigas, en
diversas combinaciones. Luego decidimos que aquello no había sucedido, y que
todo debía quedar como antes. Espero que sea mentira. Mi polla añora a Begoña, a
Ana y a Verónica (lástima que Isabel no se quedara).
FIN