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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » LA SAGA DE LORENA (2)
[ Yo que no duermo, a todos doy mal sueño. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 18-Mar-06 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad (2443 de 3544)

La saga de Lorena (2)

Gloria
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Continuamos el viaje hacia las profundidades del mundo de la humillación de la mano de Lorena. En esta ocasión, seremos testigos de la insinuación de hasta donde puede llegar la perversión de una niña. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Llegué a casa de Roxana empapada, con mis tetas perfectamente transparentadas por la húmeda tela, que más debajo de ellas se ceñía a mis voluptuosas formas, casi cual si de darme un baño vestida viniera. Intenté por el camino cruzarme con todo el que pudiera, retrasando todo lo posible mi espera del ascensor para forzar el coincidir con algún vecino. Y así fue, compartiéndolo con un matrimonio de edad avanzada que parecía venir de alguna cita familiar o similar. Me divertía sentir como él miraba lascivo mis melones y transparencias, el puro desprecio de ella en su mirada.

-Pero, ¿de donde vienes? –preguntó Roxana sorprendida al verme en tal estado. - ¿Llueve?

-Que va.

-¿Entonces?

-Me han meado.

Primeramente mostró estupor en su rostro ante la respuesta, después rompió a reír con su novio.

-¿De donde sacas tanto vicio siendo tan joven, niña?

-¡Ja, ja, ja! –reí yo también inocentemente. Carlos me conocía bien, desde hacía ya varios meses. Y deseaba conocerme mejor, a juzgar por la forma en que me miraba. Y yo a él. Era la clase de chico que nos hacía suspirar a las quinceañeras. Una especie de Di Caprio a lo macarra, con su moto, su cazadora de cuero y su barba de tres días. La buena de Roxana obviamente no se enteraba de nada, ya procurábamos nosotros que así fuera. Sus palmaditas simpáticas a mi culo, a las que lejos de responder ofendida lo hacía con la mejor de mis sonrisas, y sus pícaras bromas, tenían siempre lugar fuera de la vista de su guapa novia. Porque ciertamente Roxana lo era. Con 17 años, trabajaba de ayudante en un salón de peluquería y belleza a la vez que seguía sus cursos de la misma materia, aplicando a ella todos los trucos de su profesión para resaltar su evidente atractivo físico. Con su pelo cortito y rojo, y su tipito más que bonito al estilo de la tendencia más actual ( Kate Möss, Natalia Vodianova, Karolina Kurkova ), alto y estilizado, resultaba una chica preciosa, con un tipo de belleza muy superior al mío de voluptuosas formas según yo lo veía. Claro que, para la cama, el mío daba más juego. Ofrecía más curvas y morbo, y era preferido por los hombres para las aventuras entre las sábanas, si bien para levar al lado era más que posible que prefriesen a una mujer como ella. En fin, resumiendo; que el chico era suyo, pero un día u otro, acabaría dándome un repaso. Era justo; ella mantenía su propiedad, yo solo lo demandaba para ¿una? Sesión de vicio.

-Bueno date una ducha y cámbiate. Luego te llevaremos a casa.

-Prefiero irme tal cual.

Roxana abrió la boca sorprendida de nuevo.

-Es un macho que me encanta el que me ha meado, y prefiero sentir sobre mí su olor todo el tiempo posible.

Rieron de nuevo.

-Como quieras, pequeño putón.

Me hizo gracia la expresión. Roxana era una chica muy sexual, muy de cama, pero en modo alguno su vicio y lascivia se podían comparar con los míos. Ella, con sus 17 años, despertaba como quien dice al mundo del sexo y los placeres de la carne, los cuales hacía tan solo unos meses había conocido. Yo en cambio, a mis 14, hacía más de 1 año que había perdido mi virginidad, mucho más que había comenzado con juegos de toqueteos y mamadas. Claro que tampoco era una cuestión de tiempo, sino de vocación e intensidad.

Con una toalla sobre el asiento para no manchar la tapicería, me llevaron a la casa de mis madres de nuevo.

-Venga, ya estamos –me informó Roxana, pues me había quedado dormida. –No te damos un eso por…

Sonreí.

-No te preocupes. Es mi macho y marca su territorio. Es perfectamente comprensible que su olor os mantenga alejados.

-¡Ja, ja, ja! ¡Qué puta eres!

Reímos la broma. Sabía que Roxana y su chico me guardaban mucho cariño, como a una hermanita pequeña y traviesa. Y yo a ellos también, que nadie lo dude. Pero ello no me impediría acostarme con el chico.

Esa noche dormí sin ducharme. Ni siquiera me cambié de ropa. Bien arropada por las sábanas y las mantas para que mis padres no me vieran de tan guisa si entraban a mi habitación a darme un beso, me sumergí en el mundo de Morfeo, donde transcurrieron las horas hasta la llegada del alba entre morbosos sueños con mi nuevo chico y una orgía con sus compañeros de trabajo.

 

 

………………………………………………………

 

 

-Buenos días, papá. Buenos días, mamá -saludé con dos besos a cada uno., recreándome en la perversión de restregarles por la cara y los labios mi piel, aún impregnada por el amarillo elixir de mi hombre. No podría explicar por qué, ni sabría definirlo, pero desde muy pequeña me siento muy profundamente seducida por el mundo de la humillación. Ya de muy niña, en el parvulario, provocaba a veces ligeras faltas a posta, para que las niñeras me castigasen. Fui muy precoz en mi despertar sexual. Con 4 años por ejemplo, ya notaba un gustito muy especial al subirme al columpio aquel de la bola, escalando por su hierro central. Su roce contra mi bajo vientre, me producía un placer muy intenso de cuya naturaleza sexual no tenía noción. Pero sí tenía noción de estar haciendo algo perverso y prohibido, cuando jugando a los médicos con mis amiguitos me dejaba tocar por todos sitios. Hasta avanzado un tiempo, no era consciente de estar haciendo algo sexual, solo algo que me excitaba y gustaba.

Pero pronto comenzó a hacérseme claro el origen de aquellos morbos y placeres, y con ello se me hicieron aún más seductores. Pronto comprendí que me gustaba ser humillada y verme rebajada ante otros. Ya muy jovencita, jugaba en mi casa a ponerme la ropa de mi madre cuando no estaba en casa, vistiéndome y maquillándome como una puta, y jugando a penetrarme analmente y manipular mi clítoris, siempre sabiendo conservar mi virginidad para el día que como una fiesta, decidiera deshacerme de ella como algo inútil, para no volver a recordarla nunca jamás.

Hará entre uno y dos años, que entendí de los términos sadismo y masoquismo, y lo que suponen, comprendiendo desde entonces perfectamente cual es mi sexualidad y posición con respecto a ella en la vida. Como ya he dicho, me encanta verme humillada y vejada ante otros, sobre todo hombres o mujeres atractivos y poderosos. Es un morbo superior a mí, al que intenté resistirme en mis primeros juegos sexuales de niña, sintiéndome bastante culpable, pero al que he acabado claudicando sin condiciones. No se puede ir contra la propia naturaleza. Y ese mismo morbo, es el que me dicta zambullirme en el mar de la humillación, para bucear y bucear en sus oscuras aguas, sumergiéndome cada vez en ella en busca de sus pasiones ocultas cual pecios sumergidos e invisibles desde la superficie. Así, llegaba a sentirme rebajada en lo más íntimo de mi ser y esencia. No solo yo, sino todo lo que amaba y también era yo. Obviamente, mi propia familia, que no era sino una extensión de mi misma, no podía escapar a tan arrolladora pasión.

Miré a mi padre. Había sido un hombre atractivo, que comenzaba ya a venirse a menos a sus 42 años, con su calva incipiente y su cada vez más prominente barriga, rematados por un ridículo bigote ya gris, que no le sentaba lo bien que el creía, y que mi madre se resistía a hacérselo saber. La miré a ella. Seguía siendo una mujer bonita. Muy bonita. Quizá no una de esas que conserva intacta su belleza como si por ella no pasaran los años, pero sí una mujer muy atractiva, cuyas formas se habían amoldado con el paso del tiempo a su edad. Ofrecía así a la vista, unas voluptuosas caderas y voluminosos senos, acompañados por una cintura que desde estos se estrechaba y en la que, no obstante, se podía observar algo de barriguita tras sus dos partos. Nada que mermara su atractivo por otra parte, y sí que le dotara de ese tan especial de las mujeres que bien conservadas, inician su cuarta década de vida. Además, era su cara muy dulce y bonita, con sus hermosos ojos almendrados y sus carnosos labios, idealmente enmarcados por su cortita melena castaña.

Sintió los labios de su padre besar su mejilla, y se estremeció de puro y depravado placer al recordar como la tarde anterior, esas mismas mejillas habían recibido los salivazos y meadas de sus compañeros de oficina ¿Cómo lo mirarían hoy al entrar? ¿Qué pensarían y cuchichearían entre socarronas sonrisas de burla? Sintió el pinchazo de la excitación en su bajo vientre, y su intimidad humedecer de nuevo.

-¿Qué vas a desayunar? –preguntó su madre.

-Prepárame unas tostadas y un zumo de naranja. Voy mientras a ducharme.

Hubiera deseado permanecer más tiempo con la esencia de su hombre sobre ella, pero no era posible. Todo aquello de su macho marcando territorio y lo demás era muy morboso, pero había una vida real tras todo ello, y se abría camino cual inundación incontenible y selectiva, apagando algunas brasas y respetando otras. Sus hormonas eran especialmente activas, mucho más que en la mayoría de mujeres u hombres, y su día a día giraba invariablemente en torno al sexo. De continuo, su atención era captada por nuevos ejemplares que hacían subir su calentura, que demandaba ser calmada inmediatamente. Para ello, debía atraer al macho en cuestión con las artes del cortejo más o menos refinadas o directas, y entre ellas jugaba un importante papel el olor corporal. Difícil lo tendría si este resultaba desagradable.

 

 

……………………………………………………………………………………..

 

 

Transcurría la mañana sin que Lorena encontrase ningún aliciente sexual que despertase su apetito. Al parecer, el rubio Francisco había calado más hondo de lo que ella misma pensase, y sus pensamientos giraban en torno a él a lo largo de toda la mañana ¿Cuántos años debía tener? ¿38? ¿39? ¿Más? La verdad es que podría ser de la edad de su padre e incluso mayor, ¡pero qué diferencia había entre ambos! Miró a su profesor de Geografía, intentando imaginarlo consigo en la cama en lugar de Francisco. Rió para sí, sin casi poder evitar que su hilaridad se exteriorizara escandalosamente. Quizá en alguna ocasión, por mera curiosidad, por mero morbo de ver su reacción, no estuviera mal hacerle una mamada a aquel personaje de aire despistado y pelos desmadejados a lo Joaquín Luqui.

Ya en el recreo, su calentura no le abandonaba. Ni encontraba nadie con quien le apeteciera calmarla. Su último amante había dejado el listón muy alto. Mirando hacia la verja, vio a los viejecillos que ya allí la esperaban. Sonrió. Le resultaban muy simpáticos aquellos personajillos. Empezó a entablar amistad con ellos, cuando a través de la vaya se intercambiaban cigarrillos y charlaban. Pronto, comenzó a revelarse el motivo real de su acercamiento a las niñas y su naturaleza de viejos verdes. El resto de chicas, se alejaron de ellos indignadas al ver como les miraban sus pechos y traseros, pero no así Lorena ¿Qué había de malo en dejar que disfrutasen de su contemplación se decía? Lejos de cortarse, se hizo más amiga entonces de ellos, dejando incluso que la sobasen un poco.

-Hola, Lorenita.

-Hola, guapos ¿Qué tal?

-Te esperábamos para fumarnos el cigarrito.

-Venga pues.

A través de la reja, le ofrecieron a Lorena el Marlboro, y ella lo tomó acercándolo a la llama que le tendían a continuación. Mientras tanto, otro de los abuelotes había tomado ya la iniciativa, desabrochando los botones de su camisa para acceder a sus voluminosos globos y sobarlos, intentando resultar lo más discreto posible. Ella, sonriendo receptiva, intentaba mantener la postura que propiciara esto último. No es que le molestase que la gente se diera cuenta, en realidad nada le gustaba más que mostrar públicamente su naturaleza desinhibida y sexual de zorrona, pero el caso es que no era tan fácil para ellos. De saberse aquello, sería un escándalo, muy complicado por su condición de menor. A ella le caían muy bien los aquellos viejecitos. Sentía cierta lástima al pensar en su condición, con un deseo tan vivo como en su juventud, y sin posibilidad de saciarlo. Aquellos someteos a su cuerpo, eran de las pocas o la única vía que encontraban para aligerar la presión de sus hormonas, y no estaba por la labor de negársela. Además, ¡que coño! ¡Le gustaba sentirse así sobada!

De nuevo en clase, volvió a transcurrir el tiempo lento y aburrido. No conseguía centrar la atención en la insidiosa verborrea de los profesores. Siempre había sido Lorena un cerebrito, con un coeficiente intelectual altísimo, no obstante desaprovechado. Nunca había conseguido implicarse en la docencia, su interés captado por otras cosas y, de un par de años a esta parte, conforme aumentaba desorbitadamente su inquietud y apetito sexual con el despertar de sus hormonas a la adolescencia, ya su presencia allí se limitaba a algo meramente físico, su mente muy lejos, en otro mundo. Tampoco le importaba demasiado. Hacía bastante que había decidido no estudiar, para entregarse a la imagen de mujer explosiva que solo piensa e el sexo y de nada más entiende, que tanto gusta a los hombres. Su futuro estaba seguramente en un braguetazo o el mundo del porno, en última instancia, el de la prostitución si no quedaba más remedio. Pero de una u otra manera, su naturaleza, vocación y pasión era en sexo, y a él dedicaría todas sus fuerzas y energías, sin distraerlas en ninguna otra cosa.

"Hola" –comenzó a escribir un sms. –"Echo de menos tu polla. ¿Echas tú de menos a tu nenita?"

No tardó demasiado en llegar la respuesta.

"Hola, putita ¿Cómo estás? Anda por aquí tu padre. No sé con que cara mirarle."

"No me vengas con esa. Soy joven, pero no ingenua. Se te pone dura nada más de pensar que ayer te estabas follando a su hija de 14 años, casi una niña, y ahora lo tienes enfrente sin saber nada. Dime, ¿Qué se siente? ¡Ah, y me encanta eso de "putita"!

"¡Qué jodida eres! Niña, niña, pero eres más morbosa que un putón de club."

"Esas no tienen por qué ser morbosas, follan por dinero. Lo mío es por vicio. Dime, ¿qué se siente? Es morboso, ¿verdad?"

"Eres perversa de cojones, pero sí, es verdad. Es muy morboso."

"¡Ja, ja, ja! Mírale esa cara de imbécil que tiene ¿No es patético?"

"Ja, ja, ja. Lo es" –contestó él dejándose llevar. "No es extraño que tu madre le ponga los cuernos".

"Para nada. Ella es un putón como su hija, y él un infeliz incapaz de satisfacerla."

"¡Ja, ja, ja! No me sorprende ¡Con ese par de tetas que gasta!

"Te ponen, ¿eh?"

"Me ponen más las de la hija" –contestó inseguro, temiendo meter la pata.

"Entonces, ¿por qué no vienes a recogerme al salir, y me llenas de rabo por todos lados?".

"¡Huuumm! ¡Interesante proposición! ¿A qué hora?

 

 

……………………………………………………………..

 

 

A la hora de salida, el Mercedes de Francisco esperaba en la puerta. Lorena hubiera deseado besarlo y que la sobara allí en medio, delante de todos, pero sabía que no era aconsejable, pues sería complicado para él.

-Hola -saludó con una deslumbrante sonrisa, dándole dos besos en la cara. Francisco por su parte quedó un tanto turbado por la excitación del momento. La niña se veía preciosa, con su traje de colegiala de faldita roja tableteada y su camisa blanca, su hermoso cabello castaño recogido en dos graciosas coletas a los lados. Era el suyo, en toda regla, el look de colegiala erótica. Algo que Francisco hacía reservado a las fotos de internet y demás, pero que no hubiera pensado existiese en la vida real.

-¿Qué miras tan embobado?

-Tu aspecto. Me ha sorprendido.

-¿No te gusta?

-¡Me encanta! Pero no pensaba que hubiese chicas que vistiesen así realmente, al menos no con resultado tan erótico.

-No las hay –contestó ella con una gran sonrisa. –Sé lo que os ponen a tu edad las niñas de la mía, con aspecto de colegiala inocente y cuerpo para el vicio. Me he vestido así para ti especialmente.

Francisco sintió su virilidad rebelarse bajo la tiranía que imponía la tela de su pantalón, y ella rió divertida al ver aquel bulto alzarse cual diminuta tienda de campaña.

-A ver, a ver… ¿me dejas ver que tienes por aquí? –preguntó ella melosa, mientras se inclinaba para con los dedos comenzaba a desabrochar lentamente los botones de su bragueta.

Francisco se sintió un tanto inquieto. Aún no habían salido de la zona por donde deambulaban todos los jóvenes que salían del instituto, y se sentía atemorizado de que alguien pudiera sorprenderlo en actitud tan comprometida con la tremenda niña. Pero, pensó, nadie tenía porque percatarse de nada raro, mientras ella se dedicase a lo suyo y no alzase la cabeza. Así pues, apoyó su mano sobre la adorable cabeza para presionarla hacia abajo, abrigándola a engullir aquella barra de carne que desapareció totalmente en su golosa boca.

-¿Dónde vamos? ¿Conoces algún campo por aquí cerca?

-¡Déjate de campos! Vamos a mi casa. Mi padre no vendrá hoy a comer, tiene que quedarse en la oficina para ponerse al día de lo de ayer. Mi hermano tampoco vendrá, con lo cual no es necesario que mi madre los espere y seguramente se habrá ido a casa de mi tía.

-¿Y si no lo ha hecho?

-Bueno, ya se nos ocurrirá algo entonces.

Era increíble. Aquella niña llevaba el diablo en el cuerpo. No le parecía a Francisco cosa de dejar nada al azar en un asunto como aquel, pero tampoco podía resistirse al vicio y morbo que le inspiraba aquel joven súcubo. Además, no creía que tampoco ella se atreviera a proponer ir a casa, si tuviera alguna duda real de que fueran a estar solos. Así pues, en poco tiempo Francisco aparcaba el coche un par de manzanas más allá.

-Voy yo primero, para que no se mosquee ningún vecino. En 5 minutos, vente para allá. Son las 13:25. Tienes 1 hora para darme por todos lados. Después tendré que comer para estar de vuelta en el instituto a las 15:05. Claro que, si me llenas bien el estómago de semen, a lo mejor no necesito tomar nada más –añadió con una lasciva sonrisa.- Dicen que está compuesto por aminoácidos y minerales. Suena nutritivo. Te espero, no tardes.

Como habían quedado, en 5 minutos francisco estaba llamando a la puerta. Lorena abrió y él, tomándola en brazos, cerró la puerta de una coz y se acercó hasta un sofá, para sentarse con ella sobre su regazo y comenzar a acariciar sus muslos, subiendo hasta su entrepierna.

-No llevas braguitas, putita.

La niña sonrió.

-Siempre que puedo, prescindo de ellas. Para ti mi coñito siempre va a estar ofrecido, y no era cuestión de poner trabas a tus deditos.

-No sabías que ibas a verme hoy.

-Lo sabía.

Comenzaron entonces a porrearse apasionadamente, intercambiando salivas mientras él magreaba obsesionado sus grandes pechos. Claro que ella tampoco permanecía inactiva. Si había una parte de la anatomía masculina que la sedujera especialmente, esa era el trasero, pero tampoco hacía ascos a un pecho musculoso y bien formado, como el que Francisco ofrecía y ella acariciaba con devoción, sintiendo entre sus dedos el sensual canalillo que formaban sus duros pectorales.

-¿Dónde está el dormitorio de tus padres?

-Arriba.

-Vamos…quiero follarte en su cama.

Lorena solo sonrió como respuesta. En pocos minutos, estaba sobre esta, su camisa abierta de par en par para ofrecer bien sus tetas. Sobre ella, Francisco la cabalgaba con furia, taladrando más que penetrando su juvenil vagina y arrancándole auténticos alaridos de placer. Clavó el los ojos en el retrato de sus progenitores sobre la mesita de noche. Lucía en él su madre un sensual escote, tan sensual como estúpida la sonrisa que mostraba su padre. Anegado por la excitación, sintió el advenimiento de su orgasmo, sacando su polla del tierno agujero para derramarse sobre la imagen. Lorena, que se había quedado a un paso de su propia culminación, la sintió llegar al borde al presenciar aquello. Sonriente, tomó el retrato para lamer su superficie golosa, sintiendo como, ahora sí, se desbordaba plenamente su marea íntima. Cayeron entonces abatidos sobre la cama boca arriba, y él encendió un cigarrillo.

-Dame una calada.

Acercó el la boquilla hasta los carnosos labios, que a ella se acoplaron para inspirar.

-Eres una máquina, ¿lo sabías?

-No sé si lo sabía, pero tú sí eres una auténtica máquina de follar.

-Yo sí lo sabía.

Rieron.

-¿Cómo es que tienes tanto vicio siendo tan joven?

-Te lo he dicho, viene de familia.

-Esa es otra ¿Cómo es que hablas así de tu familia?

-¿Cómo quieres que hable? Tengo una madre que es un putón, y un padre que no se entera e nada ¡Es genial!

Rieron de nuevo.

-¿De verdad es tan...promiscua tu madre?

-¡Promiscua! –Parafraseó ella en son de burla.- ¡Es puta! ¡Más puta que las gallinas! Mira esas tetas –señaló a la foto. –Han pasado por más manos que pelos le quedan a mi padre en la cabeza.

-¡Ja, ja, ja!

-¡Ja, ja, ja!

-¡El pobre cornudo!

-¡Que se joda! No se merece una hembra como ella.

-Sí, la verdad es que es una mujer muy atractiva.

Lorena sonrió, semiincorporándose sobre su pecho.

-¡Te pone!

-Mujer…sí –contestó claudicando finalmente al morbo.

-Dime… ¿Qué es lo que más te pone de ella?

-Sus tetas.

-¿Te molan? –preguntó perversamente excitada la niña.

-¡Buuff! ¡Me encantaría hacerme una cubana entre ellas y correrme en esa cara de puta que tiene!

-¡Ja, ja, ja! ¡Me encantas! ¡Eres un guarro!

-¡Ja, ja, ja!

-Vale…te voy a ayudar a tirártela.

-¿Lo harías?

-¡Claro que lo haré! Ahora está la cosa un tanto chunga. Por imbécil que sea mi padre, si te restriegan las cosas en la cara acabas mosqueándote un poco. Mi madre le ha pasado por delante unos cuernos impresionantes, y ahora sospecha algo, por lo cual ella está un tanto relajada de una época a esta parte. Pero no te preocupes, dala por jodida. Te prometo que antes de un mes, te las estás follando por donde quieras.

Francisco la miró a los ojos, excitado por la perversión de la muchacha. De nuevo, su virilidad se alzaba al frente presta a perforar las líneas que se le enfrentaban.

-Ven aquí.

-Voy allí, accedió con una sonrisa.

De nuevo, procedió el rubio a cabalgarla con furia, arrancándole alaridos aún más fuertes que los anteriores.

-¡Las tetas! ¡Agárrame las tetas!

Francisco se asió entonces a ellas con fuerza.

-¡Más fuerte, hazme daño! ¡Clávame las uñas en ellas!

Fue un coito brutal, en el cual los dos se comportaron más como animales irracionales que como seres civilizados. Finalmente, entre estertores que más parecían propios de un ataque de epilepsia, se corrió Lorena instantes antes que su amante. Este, sacando la polla de su coño, apuntó directamente a sus tetas para correrse sobre ellas entre los gemidos de placer de Lorena que, lasciva, la recibía retorciéndose sobre su espalda en la cama. Ni corta ni perezosa, una vez hubo él acabado su regada, se colocó de rodillas y se inclinó para, restregando sus melones contra la almohada paterna, limpiarlos en ella.

-Para que se vaya habituando ella al olor de su nuevo macho, y él al de su corneador.

-¡Ja, ja, ja! –rió Francisco, mientras tomaba un clínex del pantalón en el suelo junto a la cama para limpiar los restos de semen de su polla.

-¡No! Límpiate en mi pelo.

Sonrió, accediendo gustoso.

 

 

……………………………………………………………………………..

AÑADIDO PARA AQUELLOS QUE ESCRIBIERON EN LA 1º PARTE DE LA SAGA.

Si tenéis un poco de paciencia, prometo terminar las sagas de "Amparo y la humillación" (vaya eso en especial para el "Capitán América") y "El canalla/Putas adolescentes". EL caso es que debe venir la inspiración para ello, y hay épocas en que viene mejor para otros relatos, y normalmente para ninguno. Pero vamos, que las acabaré. Prometido. Por el momento, tengo ideas acerca de la progresión de la saga de Lorena para 2 o 3 entregas más al menos. Tened en cuenta que mis relatos están basados a menudo en experiencias con alguna base real en algunos casos, sobre la cual dejo volar el morbo y la fantasía para desarrollar y deformar legando a lo que pudo ser, o a fantasías de lo que quizá me gustaría o pudiera ser en un futuro.

Espero que comprendáis que no acceda a contacto por mail. En una época, mi dirección fue visible, como se podría deducir de la lectura del hasta ahora único relato que puedo llamar totalmente real de mi autoría, "Gloria: Historia de una hembra" pero no me trajo buenas experiencia. Incluso, ya invisible, alguien accedió a ella desde esta página. De alguna manera, accedió a mi contraseña, y una vez tuvo acceso a mis datos personales, accedió a la de mi mail y lo usurpó. Durante algunas semanas estuve recibiendo aviso desde esta web de que alguien intentaba acceder a ella, pero pensé que, como advertían, quizá s tratase de un simple error de alguien al intentar conectar. De hecho, fue este contratiempo el que segó la continuidad de la saga de Amparo. Tras comenzar a escribir su 4ª entrega, la envié a alguien de Venezuela con quien mantengo contacto desde hace tiempo, con objeto de que comentara la orientación, con tan mala suerte que de alguna manera borré posteriormente el archivo, devolviéndomelo este si copiarlo tampoco, precisamente en las semanas en que me fue usurpado el mail

En fin, ya me busqué las mañas para recuperarlo, e imagino que estará leyendo esto quien me lo usurpo, pues tanto interés en acceder a mi ficha, solo podría provenir de un lector de mis relatos. Puede que lleve tiempo, pero hay más de una forma de despellejar un gato chico cuando se es más inteligente que él. No soy experta en informática, pero te la devolví con queso. Tómalo con calma, en la próxima reencarnación quizá tengas más suerte en la lotería genética.

En fin, un gran saludo a todos los lectores que con su reconocimiento me honran y a Pikoster por haberle servido de inspiración en uno de su autoría. ¡Ah, y comentar que haber sido go-go (alguien hizo una observación al respecto, aunque no recuerdo en qué relato), no tiene porque ser un handicap para escribir bien! De hecho los grandes escritores son invariablemente gente vivida. El genio cervantino sin ir más lejos, fue veterano de guerra.

TodoRelatos.com © Gloria

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