Llegué a casa de Roxana empapada, con mis tetas perfectamente
transparentadas por la húmeda tela, que más debajo de ellas se ceñía a mis
voluptuosas formas, casi cual si de darme un baño vestida viniera. Intenté por
el camino cruzarme con todo el que pudiera, retrasando todo lo posible mi espera
del ascensor para forzar el coincidir con algún vecino. Y así fue,
compartiéndolo con un matrimonio de edad avanzada que parecía venir de alguna
cita familiar o similar. Me divertía sentir como él miraba lascivo mis melones y
transparencias, el puro desprecio de ella en su mirada.
-Pero, ¿de donde vienes? –preguntó Roxana sorprendida al
verme en tal estado. - ¿Llueve?
-Que va.
-¿Entonces?
-Me han meado.
Primeramente mostró estupor en su rostro ante la respuesta,
después rompió a reír con su novio.
-¿De donde sacas tanto vicio siendo tan joven, niña?
-¡Ja, ja, ja! –reí yo también inocentemente. Carlos me
conocía bien, desde hacía ya varios meses. Y deseaba conocerme mejor, a juzgar
por la forma en que me miraba. Y yo a él. Era la clase de chico que nos hacía
suspirar a las quinceañeras. Una especie de Di Caprio a lo macarra, con su moto,
su cazadora de cuero y su barba de tres días. La buena de Roxana obviamente no
se enteraba de nada, ya procurábamos nosotros que así fuera. Sus palmaditas
simpáticas a mi culo, a las que lejos de responder ofendida lo hacía con la
mejor de mis sonrisas, y sus pícaras bromas, tenían siempre lugar fuera de la
vista de su guapa novia. Porque ciertamente Roxana lo era. Con 17 años,
trabajaba de ayudante en un salón de peluquería y belleza a la vez que seguía
sus cursos de la misma materia, aplicando a ella todos los trucos de su
profesión para resaltar su evidente atractivo físico. Con su pelo cortito y
rojo, y su tipito más que bonito al estilo de la tendencia más actual ( Kate
Möss, Natalia Vodianova, Karolina Kurkova ), alto y estilizado, resultaba una
chica preciosa, con un tipo de belleza muy superior al mío de voluptuosas formas
según yo lo veía. Claro que, para la cama, el mío daba más juego. Ofrecía más
curvas y morbo, y era preferido por los hombres para las aventuras entre las
sábanas, si bien para levar al lado era más que posible que prefriesen a una
mujer como ella. En fin, resumiendo; que el chico era suyo, pero un día u otro,
acabaría dándome un repaso. Era justo; ella mantenía su propiedad, yo solo lo
demandaba para ¿una? Sesión de vicio.
-Bueno date una ducha y cámbiate. Luego te llevaremos a casa.
-Prefiero irme tal cual.
Roxana abrió la boca sorprendida de nuevo.
-Es un macho que me encanta el que me ha meado, y prefiero
sentir sobre mí su olor todo el tiempo posible.
Rieron de nuevo.
-Como quieras, pequeño putón.
Me hizo gracia la expresión. Roxana era una chica muy sexual,
muy de cama, pero en modo alguno su vicio y lascivia se podían comparar con los
míos. Ella, con sus 17 años, despertaba como quien dice al mundo del sexo y los
placeres de la carne, los cuales hacía tan solo unos meses había conocido. Yo en
cambio, a mis 14, hacía más de 1 año que había perdido mi virginidad, mucho más
que había comenzado con juegos de toqueteos y mamadas. Claro que tampoco era una
cuestión de tiempo, sino de vocación e intensidad.
Con una toalla sobre el asiento para no manchar la tapicería,
me llevaron a la casa de mis madres de nuevo.
-Venga, ya estamos –me informó Roxana, pues me había quedado
dormida. –No te damos un eso por…
Sonreí.
-No te preocupes. Es mi macho y marca su territorio. Es
perfectamente comprensible que su olor os mantenga alejados.
-¡Ja, ja, ja! ¡Qué puta eres!
Reímos la broma. Sabía que Roxana y su chico me guardaban
mucho cariño, como a una hermanita pequeña y traviesa. Y yo a ellos también, que
nadie lo dude. Pero ello no me impediría acostarme con el chico.
Esa noche dormí sin ducharme. Ni siquiera me cambié de ropa.
Bien arropada por las sábanas y las mantas para que mis padres no me vieran de
tan guisa si entraban a mi habitación a darme un beso, me sumergí en el mundo de
Morfeo, donde transcurrieron las horas hasta la llegada del alba entre morbosos
sueños con mi nuevo chico y una orgía con sus compañeros de trabajo.
………………………………………………………
-Buenos días, papá. Buenos días, mamá -saludé con dos besos a
cada uno., recreándome en la perversión de restregarles por la cara y los labios
mi piel, aún impregnada por el amarillo elixir de mi hombre. No podría explicar
por qué, ni sabría definirlo, pero desde muy pequeña me siento muy profundamente
seducida por el mundo de la humillación. Ya de muy niña, en el parvulario,
provocaba a veces ligeras faltas a posta, para que las niñeras me castigasen.
Fui muy precoz en mi despertar sexual. Con 4 años por ejemplo, ya notaba un
gustito muy especial al subirme al columpio aquel de la bola, escalando por su
hierro central. Su roce contra mi bajo vientre, me producía un placer muy
intenso de cuya naturaleza sexual no tenía noción. Pero sí tenía noción de estar
haciendo algo perverso y prohibido, cuando jugando a los médicos con mis
amiguitos me dejaba tocar por todos sitios. Hasta avanzado un tiempo, no era
consciente de estar haciendo algo sexual, solo algo que me excitaba y gustaba.
Pero pronto comenzó a hacérseme claro el origen de aquellos
morbos y placeres, y con ello se me hicieron aún más seductores. Pronto
comprendí que me gustaba ser humillada y verme rebajada ante otros. Ya muy
jovencita, jugaba en mi casa a ponerme la ropa de mi madre cuando no estaba en
casa, vistiéndome y maquillándome como una puta, y jugando a penetrarme
analmente y manipular mi clítoris, siempre sabiendo conservar mi virginidad para
el día que como una fiesta, decidiera deshacerme de ella como algo inútil, para
no volver a recordarla nunca jamás.
Hará entre uno y dos años, que entendí de los términos
sadismo y masoquismo, y lo que suponen, comprendiendo desde entonces
perfectamente cual es mi sexualidad y posición con respecto a ella en la vida.
Como ya he dicho, me encanta verme humillada y vejada ante otros, sobre todo
hombres o mujeres atractivos y poderosos. Es un morbo superior a mí, al que
intenté resistirme en mis primeros juegos sexuales de niña, sintiéndome bastante
culpable, pero al que he acabado claudicando sin condiciones. No se puede ir
contra la propia naturaleza. Y ese mismo morbo, es el que me dicta zambullirme
en el mar de la humillación, para bucear y bucear en sus oscuras aguas,
sumergiéndome cada vez en ella en busca de sus pasiones ocultas cual pecios
sumergidos e invisibles desde la superficie. Así, llegaba a sentirme rebajada en
lo más íntimo de mi ser y esencia. No solo yo, sino todo lo que amaba y también
era yo. Obviamente, mi propia familia, que no era sino una extensión de mi
misma, no podía escapar a tan arrolladora pasión.
Miré a mi padre. Había sido un hombre atractivo, que
comenzaba ya a venirse a menos a sus 42 años, con su calva incipiente y su cada
vez más prominente barriga, rematados por un ridículo bigote ya gris, que no le
sentaba lo bien que el creía, y que mi madre se resistía a hacérselo saber. La
miré a ella. Seguía siendo una mujer bonita. Muy bonita. Quizá no una de esas
que conserva intacta su belleza como si por ella no pasaran los años, pero sí
una mujer muy atractiva, cuyas formas se habían amoldado con el paso del tiempo
a su edad. Ofrecía así a la vista, unas voluptuosas caderas y voluminosos senos,
acompañados por una cintura que desde estos se estrechaba y en la que, no
obstante, se podía observar algo de barriguita tras sus dos partos. Nada que
mermara su atractivo por otra parte, y sí que le dotara de ese tan especial de
las mujeres que bien conservadas, inician su cuarta década de vida. Además, era
su cara muy dulce y bonita, con sus hermosos ojos almendrados y sus carnosos
labios, idealmente enmarcados por su cortita melena castaña.
Sintió los labios de su padre besar su mejilla, y se
estremeció de puro y depravado placer al recordar como la tarde anterior, esas
mismas mejillas habían recibido los salivazos y meadas de sus compañeros de
oficina ¿Cómo lo mirarían hoy al entrar? ¿Qué pensarían y cuchichearían entre
socarronas sonrisas de burla? Sintió el pinchazo de la excitación en su bajo
vientre, y su intimidad humedecer de nuevo.
-¿Qué vas a desayunar? –preguntó su madre.
-Prepárame unas tostadas y un zumo de naranja. Voy mientras a
ducharme.
Hubiera deseado permanecer más tiempo con la esencia de su
hombre sobre ella, pero no era posible. Todo aquello de su macho marcando
territorio y lo demás era muy morboso, pero había una vida real tras todo ello,
y se abría camino cual inundación incontenible y selectiva, apagando algunas
brasas y respetando otras. Sus hormonas eran especialmente activas, mucho más
que en la mayoría de mujeres u hombres, y su día a día giraba invariablemente en
torno al sexo. De continuo, su atención era captada por nuevos ejemplares que
hacían subir su calentura, que demandaba ser calmada inmediatamente. Para ello,
debía atraer al macho en cuestión con las artes del cortejo más o menos
refinadas o directas, y entre ellas jugaba un importante papel el olor corporal.
Difícil lo tendría si este resultaba desagradable.
……………………………………………………………………………………..
Transcurría la mañana sin que Lorena encontrase ningún
aliciente sexual que despertase su apetito. Al parecer, el rubio Francisco había
calado más hondo de lo que ella misma pensase, y sus pensamientos giraban en
torno a él a lo largo de toda la mañana ¿Cuántos años debía tener? ¿38? ¿39?
¿Más? La verdad es que podría ser de la edad de su padre e incluso mayor, ¡pero
qué diferencia había entre ambos! Miró a su profesor de Geografía, intentando
imaginarlo consigo en la cama en lugar de Francisco. Rió para sí, sin casi poder
evitar que su hilaridad se exteriorizara escandalosamente. Quizá en alguna
ocasión, por mera curiosidad, por mero morbo de ver su reacción, no estuviera
mal hacerle una mamada a aquel personaje de aire despistado y pelos desmadejados
a lo Joaquín Luqui.
Ya en el recreo, su calentura no le abandonaba. Ni encontraba
nadie con quien le apeteciera calmarla. Su último amante había dejado el listón
muy alto. Mirando hacia la verja, vio a los viejecillos que ya allí la
esperaban. Sonrió. Le resultaban muy simpáticos aquellos personajillos. Empezó a
entablar amistad con ellos, cuando a través de la vaya se intercambiaban
cigarrillos y charlaban. Pronto, comenzó a revelarse el motivo real de su
acercamiento a las niñas y su naturaleza de viejos verdes. El resto de chicas,
se alejaron de ellos indignadas al ver como les miraban sus pechos y traseros,
pero no así Lorena ¿Qué había de malo en dejar que disfrutasen de su
contemplación se decía? Lejos de cortarse, se hizo más amiga entonces de ellos,
dejando incluso que la sobasen un poco.
-Hola, Lorenita.
-Hola, guapos ¿Qué tal?
-Te esperábamos para fumarnos el cigarrito.
-Venga pues.
A través de la reja, le ofrecieron a Lorena el Marlboro, y
ella lo tomó acercándolo a la llama que le tendían a continuación. Mientras
tanto, otro de los abuelotes había tomado ya la iniciativa, desabrochando los
botones de su camisa para acceder a sus voluminosos globos y sobarlos,
intentando resultar lo más discreto posible. Ella, sonriendo receptiva,
intentaba mantener la postura que propiciara esto último. No es que le molestase
que la gente se diera cuenta, en realidad nada le gustaba más que mostrar
públicamente su naturaleza desinhibida y sexual de zorrona, pero el caso es que
no era tan fácil para ellos. De saberse aquello, sería un escándalo, muy
complicado por su condición de menor. A ella le caían muy bien los aquellos
viejecitos. Sentía cierta lástima al pensar en su condición, con un deseo tan
vivo como en su juventud, y sin posibilidad de saciarlo. Aquellos someteos a su
cuerpo, eran de las pocas o la única vía que encontraban para aligerar la
presión de sus hormonas, y no estaba por la labor de negársela. Además, ¡que
coño! ¡Le gustaba sentirse así sobada!
De nuevo en clase, volvió a transcurrir el tiempo lento y
aburrido. No conseguía centrar la atención en la insidiosa verborrea de los
profesores. Siempre había sido Lorena un cerebrito, con un coeficiente
intelectual altísimo, no obstante desaprovechado. Nunca había conseguido
implicarse en la docencia, su interés captado por otras cosas y, de un par de
años a esta parte, conforme aumentaba desorbitadamente su inquietud y apetito
sexual con el despertar de sus hormonas a la adolescencia, ya su presencia allí
se limitaba a algo meramente físico, su mente muy lejos, en otro mundo. Tampoco
le importaba demasiado. Hacía bastante que había decidido no estudiar, para
entregarse a la imagen de mujer explosiva que solo piensa e el sexo y de nada
más entiende, que tanto gusta a los hombres. Su futuro estaba seguramente en un
braguetazo o el mundo del porno, en última instancia, el de la prostitución si
no quedaba más remedio. Pero de una u otra manera, su naturaleza, vocación y
pasión era en sexo, y a él dedicaría todas sus fuerzas y energías, sin
distraerlas en ninguna otra cosa.
"Hola" –comenzó a escribir un sms. –"Echo de menos tu polla.
¿Echas tú de menos a tu nenita?"
No tardó demasiado en llegar la respuesta.
"Hola, putita ¿Cómo estás? Anda por aquí tu padre. No sé con
que cara mirarle."
"No me vengas con esa. Soy joven, pero no ingenua. Se te pone
dura nada más de pensar que ayer te estabas follando a su hija de 14 años, casi
una niña, y ahora lo tienes enfrente sin saber nada. Dime, ¿Qué se siente? ¡Ah,
y me encanta eso de "putita"!
"¡Qué jodida eres! Niña, niña, pero eres más morbosa que un
putón de club."
"Esas no tienen por qué ser morbosas, follan por dinero. Lo
mío es por vicio. Dime, ¿qué se siente? Es morboso, ¿verdad?"
"Eres perversa de cojones, pero sí, es verdad. Es muy
morboso."
"¡Ja, ja, ja! Mírale esa cara de imbécil que tiene ¿No es
patético?"
"Ja, ja, ja. Lo es" –contestó él dejándose llevar. "No es
extraño que tu madre le ponga los cuernos".
"Para nada. Ella es un putón como su hija, y él un infeliz
incapaz de satisfacerla."
"¡Ja, ja, ja! No me sorprende ¡Con ese par de tetas que
gasta!
"Te ponen, ¿eh?"
"Me ponen más las de la hija" –contestó inseguro, temiendo
meter la pata.
"Entonces, ¿por qué no vienes a recogerme al salir, y me
llenas de rabo por todos lados?".
"¡Huuumm! ¡Interesante proposición! ¿A qué hora?
……………………………………………………………..
A la hora de salida, el Mercedes de Francisco esperaba en la
puerta. Lorena hubiera deseado besarlo y que la sobara allí en medio, delante de
todos, pero sabía que no era aconsejable, pues sería complicado para él.
-Hola -saludó con una deslumbrante sonrisa, dándole dos besos
en la cara. Francisco por su parte quedó un tanto turbado por la excitación del
momento. La niña se veía preciosa, con su traje de colegiala de faldita roja
tableteada y su camisa blanca, su hermoso cabello castaño recogido en dos
graciosas coletas a los lados. Era el suyo, en toda regla, el look de colegiala
erótica. Algo que Francisco hacía reservado a las fotos de internet y demás,
pero que no hubiera pensado existiese en la vida real.
-¿Qué miras tan embobado?
-Tu aspecto. Me ha sorprendido.
-¿No te gusta?
-¡Me encanta! Pero no pensaba que hubiese chicas que
vistiesen así realmente, al menos no con resultado tan erótico.
-No las hay –contestó ella con una gran sonrisa. –Sé lo que
os ponen a tu edad las niñas de la mía, con aspecto de colegiala inocente y
cuerpo para el vicio. Me he vestido así para ti especialmente.
Francisco sintió su virilidad rebelarse bajo la tiranía que
imponía la tela de su pantalón, y ella rió divertida al ver aquel bulto alzarse
cual diminuta tienda de campaña.
-A ver, a ver… ¿me dejas ver que tienes por aquí? –preguntó
ella melosa, mientras se inclinaba para con los dedos comenzaba a desabrochar
lentamente los botones de su bragueta.
Francisco se sintió un tanto inquieto. Aún no habían salido
de la zona por donde deambulaban todos los jóvenes que salían del instituto, y
se sentía atemorizado de que alguien pudiera sorprenderlo en actitud tan
comprometida con la tremenda niña. Pero, pensó, nadie tenía porque percatarse de
nada raro, mientras ella se dedicase a lo suyo y no alzase la cabeza. Así pues,
apoyó su mano sobre la adorable cabeza para presionarla hacia abajo, abrigándola
a engullir aquella barra de carne que desapareció totalmente en su golosa boca.
-¿Dónde vamos? ¿Conoces algún campo por aquí cerca?
-¡Déjate de campos! Vamos a mi casa. Mi padre no vendrá hoy a
comer, tiene que quedarse en la oficina para ponerse al día de lo de ayer. Mi
hermano tampoco vendrá, con lo cual no es necesario que mi madre los espere y
seguramente se habrá ido a casa de mi tía.
-¿Y si no lo ha hecho?
-Bueno, ya se nos ocurrirá algo entonces.
Era increíble. Aquella niña llevaba el diablo en el cuerpo.
No le parecía a Francisco cosa de dejar nada al azar en un asunto como aquel,
pero tampoco podía resistirse al vicio y morbo que le inspiraba aquel joven
súcubo. Además, no creía que tampoco ella se atreviera a proponer ir a casa, si
tuviera alguna duda real de que fueran a estar solos. Así pues, en poco tiempo
Francisco aparcaba el coche un par de manzanas más allá.
-Voy yo primero, para que no se mosquee ningún vecino. En 5
minutos, vente para allá. Son las 13:25. Tienes 1 hora para darme por todos
lados. Después tendré que comer para estar de vuelta en el instituto a las
15:05. Claro que, si me llenas bien el estómago de semen, a lo mejor no necesito
tomar nada más –añadió con una lasciva sonrisa.- Dicen que está compuesto por
aminoácidos y minerales. Suena nutritivo. Te espero, no tardes.
Como habían quedado, en 5 minutos francisco estaba llamando a
la puerta. Lorena abrió y él, tomándola en brazos, cerró la puerta de una coz y
se acercó hasta un sofá, para sentarse con ella sobre su regazo y comenzar a
acariciar sus muslos, subiendo hasta su entrepierna.
-No llevas braguitas, putita.
La niña sonrió.
-Siempre que puedo, prescindo de ellas. Para ti mi coñito
siempre va a estar ofrecido, y no era cuestión de poner trabas a tus deditos.
-No sabías que ibas a verme hoy.
-Lo sabía.
Comenzaron entonces a porrearse apasionadamente,
intercambiando salivas mientras él magreaba obsesionado sus grandes pechos.
Claro que ella tampoco permanecía inactiva. Si había una parte de la anatomía
masculina que la sedujera especialmente, esa era el trasero, pero tampoco hacía
ascos a un pecho musculoso y bien formado, como el que Francisco ofrecía y ella
acariciaba con devoción, sintiendo entre sus dedos el sensual canalillo que
formaban sus duros pectorales.
-¿Dónde está el dormitorio de tus padres?
-Arriba.
-Vamos…quiero follarte en su cama.
Lorena solo sonrió como respuesta. En pocos minutos, estaba
sobre esta, su camisa abierta de par en par para ofrecer bien sus tetas. Sobre
ella, Francisco la cabalgaba con furia, taladrando más que penetrando su juvenil
vagina y arrancándole auténticos alaridos de placer. Clavó el los ojos en el
retrato de sus progenitores sobre la mesita de noche. Lucía en él su madre un
sensual escote, tan sensual como estúpida la sonrisa que mostraba su padre.
Anegado por la excitación, sintió el advenimiento de su orgasmo, sacando su
polla del tierno agujero para derramarse sobre la imagen. Lorena, que se había
quedado a un paso de su propia culminación, la sintió llegar al borde al
presenciar aquello. Sonriente, tomó el retrato para lamer su superficie golosa,
sintiendo como, ahora sí, se desbordaba plenamente su marea íntima. Cayeron
entonces abatidos sobre la cama boca arriba, y él encendió un cigarrillo.
-Dame una calada.
Acercó el la boquilla hasta los carnosos labios, que a ella
se acoplaron para inspirar.
-Eres una máquina, ¿lo sabías?
-No sé si lo sabía, pero tú sí eres una auténtica máquina de
follar.
-Yo sí lo sabía.
Rieron.
-¿Cómo es que tienes tanto vicio siendo tan joven?
-Te lo he dicho, viene de familia.
-Esa es otra ¿Cómo es que hablas así de tu familia?
-¿Cómo quieres que hable? Tengo una madre que es un putón, y
un padre que no se entera e nada ¡Es genial!
Rieron de nuevo.
-¿De verdad es tan...promiscua tu madre?
-¡Promiscua! –Parafraseó ella en son de burla.- ¡Es puta!
¡Más puta que las gallinas! Mira esas tetas –señaló a la foto. –Han pasado por
más manos que pelos le quedan a mi padre en la cabeza.
-¡Ja, ja, ja!
-¡Ja, ja, ja!
-¡El pobre cornudo!
-¡Que se joda! No se merece una hembra como ella.
-Sí, la verdad es que es una mujer muy atractiva.
Lorena sonrió, semiincorporándose sobre su pecho.
-¡Te pone!
-Mujer…sí –contestó claudicando finalmente al morbo.
-Dime… ¿Qué es lo que más te pone de ella?
-Sus tetas.
-¿Te molan? –preguntó perversamente excitada la niña.
-¡Buuff! ¡Me encantaría hacerme una cubana entre ellas y
correrme en esa cara de puta que tiene!
-¡Ja, ja, ja! ¡Me encantas! ¡Eres un guarro!
-¡Ja, ja, ja!
-Vale…te voy a ayudar a tirártela.
-¿Lo harías?
-¡Claro que lo haré! Ahora está la cosa un tanto chunga. Por
imbécil que sea mi padre, si te restriegan las cosas en la cara acabas
mosqueándote un poco. Mi madre le ha pasado por delante unos cuernos
impresionantes, y ahora sospecha algo, por lo cual ella está un tanto relajada
de una época a esta parte. Pero no te preocupes, dala por jodida. Te prometo que
antes de un mes, te las estás follando por donde quieras.
Francisco la miró a los ojos, excitado por la perversión de
la muchacha. De nuevo, su virilidad se alzaba al frente presta a perforar las
líneas que se le enfrentaban.
-Ven aquí.
-Voy allí, accedió con una sonrisa.
De nuevo, procedió el rubio a cabalgarla con furia,
arrancándole alaridos aún más fuertes que los anteriores.
-¡Las tetas! ¡Agárrame las tetas!
Francisco se asió entonces a ellas con fuerza.
-¡Más fuerte, hazme daño! ¡Clávame las uñas en ellas!
Fue un coito brutal, en el cual los dos se comportaron más
como animales irracionales que como seres civilizados. Finalmente, entre
estertores que más parecían propios de un ataque de epilepsia, se corrió Lorena
instantes antes que su amante. Este, sacando la polla de su coño, apuntó
directamente a sus tetas para correrse sobre ellas entre los gemidos de placer
de Lorena que, lasciva, la recibía retorciéndose sobre su espalda en la cama. Ni
corta ni perezosa, una vez hubo él acabado su regada, se colocó de rodillas y se
inclinó para, restregando sus melones contra la almohada paterna, limpiarlos en
ella.
-Para que se vaya habituando ella al olor de su nuevo macho,
y él al de su corneador.
-¡Ja, ja, ja! –rió Francisco, mientras tomaba un clínex del
pantalón en el suelo junto a la cama para limpiar los restos de semen de su
polla.
-¡No! Límpiate en mi pelo.
Sonrió, accediendo gustoso.
……………………………………………………………………………..
AÑADIDO PARA AQUELLOS QUE ESCRIBIERON EN LA 1º PARTE DE LA
SAGA.
Si tenéis un poco de paciencia, prometo terminar las sagas de
"Amparo y la humillación" (vaya eso en especial para el "Capitán América") y "El
canalla/Putas adolescentes". EL caso es que debe venir la inspiración para ello,
y hay épocas en que viene mejor para otros relatos, y normalmente para ninguno.
Pero vamos, que las acabaré. Prometido. Por el momento, tengo ideas acerca de la
progresión de la saga de Lorena para 2 o 3 entregas más al menos. Tened en
cuenta que mis relatos están basados a menudo en experiencias con alguna base
real en algunos casos, sobre la cual dejo volar el morbo y la fantasía para
desarrollar y deformar legando a lo que pudo ser, o a fantasías de lo que quizá
me gustaría o pudiera ser en un futuro.
Espero que comprendáis que no acceda a contacto por mail. En
una época, mi dirección fue visible, como se podría deducir de la lectura del
hasta ahora único relato que puedo llamar totalmente real de mi autoría,
"Gloria: Historia de una hembra" pero no me trajo buenas experiencia. Incluso,
ya invisible, alguien accedió a ella desde esta página. De alguna manera,
accedió a mi contraseña, y una vez tuvo acceso a mis datos personales, accedió a
la de mi mail y lo usurpó. Durante algunas semanas estuve recibiendo aviso desde
esta web de que alguien intentaba acceder a ella, pero pensé que, como
advertían, quizá s tratase de un simple error de alguien al intentar conectar.
De hecho, fue este contratiempo el que segó la continuidad de la saga de Amparo.
Tras comenzar a escribir su 4ª entrega, la envié a alguien de Venezuela con
quien mantengo contacto desde hace tiempo, con objeto de que comentara la
orientación, con tan mala suerte que de alguna manera borré posteriormente el
archivo, devolviéndomelo este si copiarlo tampoco, precisamente en las semanas
en que me fue usurpado el mail
En fin, ya me busqué las mañas para recuperarlo, e imagino
que estará leyendo esto quien me lo usurpo, pues tanto interés en acceder a mi
ficha, solo podría provenir de un lector de mis relatos. Puede que lleve tiempo,
pero hay más de una forma de despellejar un gato chico cuando se es más
inteligente que él. No soy experta en informática, pero te la devolví con queso.
Tómalo con calma, en la próxima reencarnación quizá tengas más suerte en la
lotería genética.
En fin, un gran saludo a todos los lectores que con su
reconocimiento me honran y a Pikoster por haberle servido de inspiración en uno
de su autoría. ¡Ah, y comentar que haber sido go-go (alguien hizo una
observación al respecto, aunque no recuerdo en qué relato), no tiene porque ser
un handicap para escribir bien! De hecho los grandes escritores son
invariablemente gente vivida. El genio cervantino sin ir más lejos, fue veterano
de guerra.