Fue un verano y fue en la playa de Mataró. Yo apenas había
empezado a ser una mujercita. Nuestros padres se marcharon un momento al
chiringuito y Sonia me dijo "Vamos al agua", la seguí corriendo por la arena,
recuerdo su bikini rosa fucsia, como ondulaba su cabello negro por el viento y
su figura perfecta, recortada por el sol.
Ya dentro del agua procuró que no tuviéramos a nadie cerca,
se acercó a mí y me confesó que ya no era virgen, que se había acostado con un
chico mayor en la excursión de fin de curso.
¿Y cómo fue?-pregunté curiosa.
Me dolió mucho y sangré, pero la cosa pasó rápido. Luego
lo hicimos más veces y fue mejor, aunque al principio dolía, pero poco a
poco me fue gustando- dijo ella con aquella mirada pícara.
¿Y quien era el chico?
Uno que trabajaba de botones en el hotel, se llamaba
Jordi y tenía 18. Lo hicimos la primera vez en su coche y luego en mi
habitación cuando mis compañeras no estaban. Era muy excitante, a él le
encantaba, decía que yo era muy caliente.- sonrió encantada.- A ti no te van
los chicos, ¿verdad?- me soltó de sopetón.
Cuando dijo aquello me quedé callada, al principio no supe
exactamente a qué se refería, pero luego entendí.
No pasa nada- dijo- Yo quisiera ser como tú y que me
gustasen sólo las mujeres.- sus ojos se perdieron soñadoramente mirando al
horizonte, aún estábamos muy cerca la una de la otra, entonces sentí sus
dedos sobre mi pubis. Me sobresalté y la aparté mirándola como si estuviera
loca.
¿Qué haces?- pregunté asustada. Ella contestó con una
sonrisa y volvió a acercarse lentamente.
¿No te ha excitado lo que te acabo de contar?- preguntó.
No…- Ella me clavó los ojos verdes y salvajes que
brillaban cristalinos.
No mientas, sientes como si creciera, ¿verdad? Se hincha
y se humedece…- Cuando noté por segunda vez sus dedos sobre mi pubis no los
aparté. Supongo que en realidad tenía curiosidad y muchas ganas por saber
qué pasaría, qué sentiría.
Sonia me acarició con los dedos sobre la tela del bañador
mientras me miraba fijamente a los ojos sin decir nada.
Yo eché un vistazo alrededor, nerviosa, no quería que nadie
nos viera o sospechase de lo que hacíamos. A lo lejos, nuestros padres seguían
acodados bajo la sombra del chiringuito, pero no me detuve más de dos segundos
en mirarlos, en ese momento me daban igual, en ese momento, con los dedos de
Sonia deslizándose allá abajo, todo me daba igual. Sólo quería perderme en su
enormes ojos y en su boca entreabierta a través de la cual podía ver la punta
obscena de su lengua queriendo asomar.
Sentí como sus yemas apartaban la tela y se introducían en
mí… No pude reprimir un gemido entre dientes, entonces ella me susurró al oído
algo, no recuerdo qué, en cuanto presionó mi clítoris un par de veces sentí un
orgasmo tan intenso que tuve que morderme el antebrazo para no gritar. La besé
en el cuello suavemente y quise besarla en la boca también, pero ella apartó
la mano y se alejó de mí.
- ¿Te ha gustado, ¿verdad?- Preguntó riendo encantada,
divertidísima.
No contesté, no pude ni mirarla, ella sonrió de manera
triunfadora y dijo:"A mí también" a continuación se alejó nadando hacia la
orilla dejándome aún envuelta en el placer del orgasmo.
Me llamó desde la orilla y acudí, las piernas me temblaban
sobre la arena caliente y tenía la piel tan sensible que hasta el roce del
viento me hacia sentir cosquillas.
Fue mi primera experiencia sexual, fue con Sara y fue
maravilloso y revelador.
Después de aquello nunca tuve dudas de mis gustos respecto
al sexo. Nunca jamás, nunca.