VOLANDO
Casi pierde el avión, cuando las cosas se complican, se
complican del todo, Pedro llegó tarde a recogerla, el tráfico era imposible,
coches por todas partes, camiones que surgen como caracoles tras una breve
lluvia, y Pedro conduciendo a toda pastilla entre la multitud, le gusta Pedro,
es simpático, agradable, tiene algo especial, pero es que últimamente ella, ve
algo especial en todos los hombres, unas veces es malo, miradas que no le gusta
que le dirijan y otras es bonito lo que ve, este tiene manos fuertes, el otro
unos ojos que hablan en silencio.....siempre hay algo, ella observa, se sube a
una roca y ve pasar a la gente, imagina sus vidas, le gusta jugar a eso, aunque
seguro que se equivoca, porque la imagen no lo es todo, pero la forma de
caminar, de movernos, de mirar, habla sobre nosotros, sobre como somos o lo que
insinuamos. En el aeropuerto, ella esperaba una despedida más cálida, ese es su
defecto, espera siempre más de lo que recibe, piensa que todo el mundo es como
ella, que le pone pasión hasta cuando hace la cama, las pocas veces que la hace,
porque no le gusta nada las labores del hogar.... pero Pedro, apenas le dio un
beso que rozó su mejilla y le deseó buen viaje, no llegó a acompañarla al
interior de la terminal, no cruzó su mirada con la de ella, la desilusión, la
acompañó hasta la puerta de embarque, antes de llegar a la puerta, la guardia
civil registró su equipaje de mano, -objetos metálicos en su bolso, señora- ese
“señora” le llegó al alma, que sabría ese chaval de lo que era ella, de lo que
se revolvía en su interior, la mirada del muchacho, le transmitió antipatía, no
le gustó nada que hurgaran en su vida, porque para una mujer, su bolso es su
vida, al final, una lima de las uñas, fue todo el problema, -¡¡maldita sea!!-
pensó, -ha visto mi vida por culpa de una tontería- exceso de celo, tenía el
guardia.....
El avión ya estaba casi completo, apenas faltaban por
embarcar unas cuantas personas, cuando ella subió, su vestido se enganchó en la
puerta, esa mañana, escogió su vestido de algodón con mucho cuidado, quería
estar guapa y sabía que con él, llamaba la atención, sus colores rojos y
anaranjados, transmiten calidez, se pega a su cuerpo como una segunda piel,
enseñando sus curvas suaves, dándole al caminar, ese suave balanceo que hace que
se deslice por los pasillos, como bailando un bolero, el escote pronunciado,
enseña la curva de sus pechos, y deja entrever, el sujetador de encaje de
guipur.
Llegó a su asiento en la fila 19, le habían asignado pasillo,
que rabia, a ella le gusta ventanilla, pero no quedaban libres, vio atentamente
a los que se habían sentado ya, un matrimonio entrado en años, de unos 70, a los
que saludó atentamente, -buenas tardes, o buenas noches, porque ya está
anocheciendo- ellos responden al saludo educadamente y de repente, ella nota la
mirada de él, que se clava en su escote, cuando deja su bolsa en el
portaequipajes, sigue notando cómo sus ojos recorren su cuerpo de cabo a rabo,
le hace gracia, pues está acostumbrada a que los hombres maduros la admiren, se
sienta junto al hombre, y coloca su ropa con cuidado, él lanza de nuevo su
mirada a sus pechos y su mujer le da un codazo, son italianos, la mujer, empieza
a reñirle y a decirle que no la mire, que ya sabe que es muy guapa, pero que
deje de mirarla o se va a enfadar, ella está entendiendo todo, y sonríe hacia
dentro, pero prefiere hacerse la dormida y no darse por enterada.
El avión despega y poco después, nota como el brazo de él, se
apoya en el suyo, empieza a rozarla suavemente, como por casualidad, ella, no lo
retira, le deja hacer, quiere saber hasta donde puede llegar....anochece, las
luces del avión se apagan, para que todos puedan dormir, el italiano, deja caer
su mano, y toca apenas un instante su pierna, no se lo puede creer, pero no hace
nada para impedírselo, ella se acomoda en su asiento, sigue con los ojos
cerrados, no sabe cómo se las está arreglando él para que su mujer no le vea,
pero el morbo, puede más que ella, además el hombre le gusta, sus manos son
suaves y a pesar de los años que tiene, es un hombre interesante, debió de ser
guapo en su juventud. Cruza sus piernas y se coloca enseñándole su trasero, esto
es definitivo, él empieza a acariciarla sin disimulos y muy despacio, levanta su
vestido hasta tentar con su mano su trasero, despacito, separa su braguita y con
sus dedos, masajea su pubis, los mueve con la delicadeza de un experto, ella
siente como se humedece, como se excita hasta el éxtasis, le deja hacer sin
mover ni un músculo, tan solo los de su vagina, se contraen de placer, de
repente, siente el suave mareo de los sentidos, el que se tiene cuando llega el
orgasmo, su respiración se entrecorta, y suspira hacia dentro, el orgasmo la
invade y pone sus pezones de punta, su piel se vuelve suave, lo ha conseguido,
no sabe que está pasando, cómo ha sido capaz de que un desconocido, entre en su
cuerpo y le haga disfrutar de esa manera, él retira su mano, su mujer habla con
él, sin saber lo que está pasando, pero huele a hembra en celo, ella cree que es
imposible que no se haya dado cuenta nadie, porque el olor de una mujer es
penetrante y fuerte, el suyo en particular, es olor a manzanas maduras.....
Pasan los minutos y empiezan a charlar de cosas banales, una
conversación casual, pero en el medio, él le dice lo guapa que es, en voz baja,
su mirada habla por si sola, desea verla al llegar al destino, pero ella no
quiere, se perdería el encanto de lo desconocido, llega el momento de la
despedida, un saludo, una mirada, un deseo......un hasta luego.
3 de agosto de 2005
Mercedes Martín