TRÁLLAX XXII
Las visitas astrales que tuvo TERCHELD por parte del Guardián
de los talismanes y del Señor Oscuro.
El primero para ordenarle que huyera con TRALLAX, y el segundo
para que lo mandara en busca de los dos amuletos.
CAPITULO 22
Han pasado una semana desde que los huevos de TRALLAX fueron
exprimidos por última vez y estaban llenos de nuevo como si nada, a la espera de
ser vaciados una vez más. Pero mientras eso ocurría; TERCHELD, como no tenía
noticias del Señor Oscuro, se estaba tomando las cosas con calma, (¡zúmm!,
¡sspláss!):
- ¡Humm!.
- ¡Eres mío, musculitos!.- y en el gran patio de armas.
Gozando otro día más con la intensidad con que ponía a prueba al fornido
semental con tan terribles tormentos. Y es que no lo podía remediar, el cachas
había nacido para sufrir, (¡zúmm!, ¡sspláss!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!:
- ¡Bien, bien, así me gusta que resistas puta!.- por eso,
después del pertinente castigo que le aplicó al día siguiente delante de los
demás gladiadores por su imperdonable eyaculación. Después del tiempo
transcurrido, se había propuesto de nuevo volver a lograr que la mole culturista
eyaculara de forma bestial con sus manipulaciones y torturas. Pero con la orden
otra vez de no lograr el clímax, para que sufriera más:
- ¡Sigue tu RUFUS!.- y apartándose un poco, se le escapó una
sonrisa cruel. Y es que esta vez tenía pensado utilizar un nuevo e infalible
sistema: un fino plumero. Que al más mínimo roce, iba a forzarle a soltar una
bestial lechada:
- ¡O varias!.- sonrió TERCHELD de forma muy canalla. Contento
porque ese castigo lo practicó mucho con todos sus esclavos y siempre había dado
magníficos resultados:
- ¡Con más motivo con TRALLAX!.- se dijo, porque estaba
seguro que el cachas, era el que peor lo iba a pasar con ese tormento. No solo
porque sus huevos fabrican más semen que nadie y necesitan ser vaciados
constantemente, sino también por la hipersensibilidad de sus sentidos:
- ¡Para después, cuando alcance el orgasmo igual que siempre,
el pertinente castigo físico!.- comentó para sí. Y para eso tenía al cachas muy
abierto de piernas y brazos encadenado entre los barrotes del patio de armas,
muy erecto de pezones muy tieso de polla, grande y morcillona, esclavo de su
destino, expuesto a la extensa colección de plumeros, productores de
electricidad estática que producían chispazos al ser posadas por sus turgentes
carnes musculosas, que le producirían un terrible cosquilleo inaguantable.
Por eso TRALLAX empalmado como un león no dejaba de mirar los
plumeros sobre todo el que portaba TERCHELD en la mano derecha. Y sacando pecho
se preparó para el inicio de la tortura, no siendo consciente de que le dejó los
pezones a huevo. Y TERCHELD lo aprovechó:
- ¡Hummm!.- y pasando el finísimo plumero por los gruesos
bordes de ambos pechos, se complació en observa como la herramienta de tortura
soltaba chispas azules que recorrían toda la tensa piel de ambas tetazas,
poniéndole la carne de gallina, oyéndose los gemidos de placer del cachas, que
irremediablemente entregado al gustazo que le daba, inició unos obscenos
movimientos pélvicos:
- ¡No te corras puto!.- pero aquello era muy fácil decirlo y
TRALLAX metiendo vientre notó pasar por sus magníficos abdominales el suave
plumero empinando él aún más el cipote, dejando sin querer sus pesados
testículos más visibles, terriblemente expuestos:
- ¡Hummm!.- circunstancia que TERCHELD aprovechó para pasar
el sádico plumero no solo una vez sino varias, logrando que TRALLAX tirando con
todas sus fuerzas de la cadena, contrajera sus músculos, dejándolos durante
minutos masivos, fibrados y salvajemente venosos:
- ¡Cacho puta!. ¡Cuánto te gusta!.- y es que el dueño de ese
poderoso físico, cubierto irremediablemente de sudor, miraba a su master a
hurtadillas sin atreverse a mirarle a los ojos solo por el respeto que le tenía.
Por eso, el paso del plumero por su chocho fue demoledor, el culturista no pudo
controlarse y gimió:
- ¡Hummm!.- escapándosele una espesa gota de precum de la
punta del glande. Y eso calentó aún más a TERCHELD que poniéndose detrás:
- ¡Graggg!.- agarrándole por el cuello, se lo aprisionó y
obligándole a que le sujetara el plumero con los dientes, pasándole el tronco
del cipote por el prieto canalillo de sus poderosos glúteos, le sobó las tetas
con autoridad, consciente de que era su superior, su master, su amo, y los dos
lo sabían:
- ¡Graggg!.- cuando apretándole el cuello con todas sus
fuerzas:
- ¡Hummmm!.- TERCHELD tomó posesión de su cuerpo, de su
impresionante cuerpo fisioculturista, porque el sádico íbero domador de hombres
lo violó, le metió el nabo hasta el fondo. Jugando con aquel cada vez más
veterano potorro, que en tan poco tiempo era ya conocedor de una buena colección
de vergas.

Y sintiendo las embestidas del pollón de su amo, éste
cogiéndole el plumero de la boca y sujetando el que tenía colgando del cinto,
TERCHELD sin dejar de arrearle aquellos fantásticos pollazos al ansioso ojete de
TRALLAX, todo lo contrario con más rudeza, procedió a posarlos por el torso,
abdominales, costados, huevos cara interna de los muslos. Logrando no solo
dilatarle más el chocho, sino que otra gorda gota de precum acompañara a la
primera. Sacando de quicio al hispalense, que tirando bestialmente de la trenza:
- ¡Hummm!. ¡Qué gusto dar follarte puta!.- se la empaló
corriéndose como nunca:
- ¡Qué gueno estás cabrón!.- le piropeó al esclavo. Logrando
henchirlo de felicidad, pero a la ver avergonzarlo también. Porque no lo logro,
porque fue incapaz de impedir que nacieran los dos gordos goterones de esperma
de la punta de su capullo, que cayendo al vacío lentamente en dirección al
suelo, dejó en evidencia su delito:
- ¡Esos testículos tienen que ser castigados!.- y TRALLAX
sabedor de lo merecido que tenía tal penitencia, sacando pecho, marcando
serratos y abdominales, agachó su cabeza, a la espera de que llegara ese
terrible momento.
--ooOoo--
Y a eso, pasadas apenas un par de horas se estaban dedicando
en esos momentos. Porque después de asearlo, cumpliendo así su palabra de
mantenerlo limpio para exhibirlo, el cachas se encontraba en su palacete a solas
con él. Bien lavado, con sus músculos pulidos en aceite de foca y cubierto de
diminutas motas de oro en polvo. Para resaltar la soberbia simetría de su
físico, libre de ataduras, a su disposición. Pero como siempre con el bocao
puesto, como debía ser entre los esclavos.
Pero al estar solo ellos dos y como quería oírlo gemir a
diferencia de las demás veces:
- ¡Gracias, amo!.- le quitó el bocado. Y con el pretexto de
torturar sus cojones, le anunció:
- ¡Quiero saber el peso que pueden soportar tus huevos!.- y
TRALLAX orgulloso por la terrible y viril prueba de resistencia a la que iba a
ser expuesto se empalmó, y sacando pecho chuleando de la brutalidad de las
erecciones que podían alcanzar sus pezones, en donde con absoluta libertad se
balanceaban las pesadas argollas de hierro del cruel dios Krom. TRALLAX,
agachando el bello rostro, clavó con respeto su cuadrada mandíbula en el
profundo surco interpectoral, que formaban sus grandes tetas, arqueando de esa
forma el cuello cuan soberbio potro cartujano. Y eso le moló al cada vez más
macizo hispalense, (¡púmm!):
- ¡Aggg!.- que arreándole un fuerte puñetazo en los cojones,
le ordenó:
- ¡Ábrete de piernas!.- y pellizcándose TRALLAX los pezones
para darse placer, (¡púmm!):
- ¡Auk!:
- ¡No te sobes, puerco!.- al momento por fuertes cordeles de
cuero fueron sus muñecas atadas por detrás. Quedando a su disposición como
siempre y sujetando TERCHELD al cachas por un pezón tiró del formidable ejemplar
y situándolo entre dos columnas:
- ¡Ponte ahí!.- le ordenó que se subiera a sus bases:
- ¡Amo, no me encadene a ellas, resistiré!.- le prometió a su
verdugo con orgullo. Y feliz porque creyó que su señor se lo permitió. Vio no
obstante, que éste cogiendo dos finas cadenas de resistente acero:
- ¡No puto no, serás encadenado!.- su verdugo le engrilletó
los tobillos a las dos columnas. Procediendo después a inmovilizarle de igual
manera las muñecas a la altura de su cadera. Y TRALLAX notando como el grueso
tronco de su verga de purita excitación, vibrante y esplendorosa, subiendo de
arriba abajo no dejaba de golpearle los recios abdominales. Vio a TERCHELD que
cogiéndole de los huevos:
- ¡Ug!.- tirando de la bolsa cojonera, poniéndole los cojones
reventones, arrancándole bufidos de dolor, le avisó:
- ¡No vuelva a decirle a tu amo lo que tiene que hacer!.- y
así con los huevos bien sujetos por el tenso y venoso escroto, manteniendo los
cojones bien prietos. Con el otro puño comenzó a golpearlos. Arrancándole
berridos a TRALLAX, que hasta al mismísimo TERCHELD, acostumbrado a torturar
sementales desde su más tierna edad, sintió escalofríos. Pero era tal su
necesitar de atormentar que no fue capaz de dejar de golpear aquellos huevos de
campeonato. Hasta que viendo las rodillas del cachas a punto de ceder paró:
- ¡Puta!, ¡flúggg!.- y escupiéndole el hermoso rostro, se
complació en admirar con que definición se le marcaba la musculatura del pecho
con cada una de las fuertes inspiraciones que realizaban tan culturista torso:
- ¡Esto no volverá a ocurrir, ahora comprendo que tendrás
siempre que llevar el bocao puesto!.- y dirigiéndose a un mueble de roble
bellamente tallado con imágenes sadomasoquistas. Abrió un cajón y sacando una
oscura bola negra taladrada por el centro de lado a lado:
- ¿Ves, estoy seguro que va a encajar perfectamente en tu
bocado?. ¿Algo me dice que va a ser así?.- porque tenía el presentimiento que
cuando hace un par de días se lo encontró, no fue por casualidad sino que
alguien lo puso allí con esa intención. Y cuando introdujo el bocado de hierro
por su interior, de pronto saltó unos resortes que hasta esos momentos no fueron
visibles, que en forma de garras de águila, enganchando y sujetando a la dura
bola, completó permanente a partir de ahora esa herramienta de punición:
- ¡Llegué a pensar en arrancarte la lengua, pero a eso te
hubieras acostumbrado!. ¡Pero con este bocado, sé que sufrirás más, porque
siempre tendrás el deseo de querer hablar y no podrás!.- cuando nada más
ponérselo en la boca, de manera mística la correa que la sujetaba alrededor de
su bonita cabeza, cambió de textura, pasando a ser una lámina de hierro a juego
con el casco de Krom. Que con unas dolorosas grapas similares a las que
sujetaban las plataformas al empeine de sus pies, quedó definitivamente sujeto a
los huesos del cráneo, por detrás de sus bonitas orejas, no afeándole en
absoluto. Pero sí prohibiéndole el habla eternamente:
- ¡Joder esto tiene que ser parte de algún plan de mis
"Amos"!.- pensó TRALLAX, y horrorizado por lo que aquello significaba, le
nacieron unos lagrimones que salpicándole las tetas, cayeron, pasando por su
polla y huevos al suelo. Estaba comprendiendo que el poder regenerador de
células del que el elixir le había dotado, no era casualidad sino que era
evidente que formaba parte del plan para instruirlo de Esclavo Guerrero del
Señor Oscuro. Ya que la capacidad que éste le dio a su cuerpo de alimentarse a
través de los rayos solares y del mismísimo aire directamente, que le daba el
poder de no necesitar alimentarse de comida tradicional, era con el fin de
someterlo de esta forma tan esclava y cruel por toda la eternidad:
- ¡Joder, estarás contento, perro!, ¡a partir de ahora no te
obligarán a comer mierda!.- ¡ni chupar pollas con lo que eso me gusta!, pensó
con desconsuelo TRALLAX, que hinchando el pecho con desesperación se resignó a
lo que le estaba deparando el destino, pero íntimamente más feliz por tanta
degradación a manos de su amo. Por eso su verga estaba más inmensa y dura que
antes, sus 35x10 de venoso y endurecido tronco daban prueba de ello.
Y es que TRALLAX impresionante con el caso de Krom puesto,
entre dos columna corintias, encadenado de muñecas y tobillos a ellas, ya muy
sudado por la tensión en la que vivía, impresionantemente empalmado como
siempre. Con la argolla taponando literalmente los agujeritos de la nariz,
impidiéndole casi respirar que junto a la gran bola que le bloqueaba la boca iba
a ser un suplicio permanente que le haría sentirse en un eterno ahogo. Que todo
eso, a juego con los gruesos aros que tiraban hacia debajo de sus orejitas, y
sus desarrollados músculos, le daban una hercúlea imagen de bestia animal, a la
que no había que dar cuartel y mantener siempre a raya con brutales castigos.
Porque aquel inmenso pecho con los erectos pezones ensartados por dos grandes
argollas, bíceps y tríceps de campeonato. Que lograba que babeara hasta el macho
más exigente. Pero que para que no hubiera confusión las pesadas abrazaderas de
hierro de sus bíceps, muñecas, muslos y tobilleras, pero sobre todo el collar
del mismo metal que rodeaba su cuello de búfalo semental, daba fe de que aquella
mole de músculos y belleza viril sin par tenía dueño. Sí era propiedad completa
del tirano TERCHELD. El tío más cabrón que pudiera existir, su único amor, por
el varón que sentía algo tan intenso que no lo sintió por nadie anteriormente.
Y es que para sujetar a un semental tan fuerte y musculado
tenía que ser con recios metales de someter, porque aquellos dorsales,
abdominales, formidable espalda para cargar pesados bultos, glúteos poderosos,
muslos de caballo percherón y piernas con bizarros gemelos, no se conocía una
manera mejor de ser bien sujeto. A quién el único músculo que se le permitía
moverse libremente era la verga. Pero eso sí, siempre sin lograr el orgasmo y
por gracia especial de su amo. Y así, aquella ensoñación de esclavo a su
disposición, (¡pláss!):
- ¡Umk!.- castigándole aquellas musculosas nalgas con una
buena ostia. Con una de las finas cadenas de acero que trajo consigo después, le
estranguló un cojón y con la otra cadena el otro testículo:
- ¡Te voy a poner en ellos 50 kilos, puto!:
- ¡Hummm!.- y TRALLAX aterrado gimió. Observando como
TERCHELD desapareciendo por una puerta apareció después con un carrito lleno de
pesas de todos los calibres. Y TRALLAX mirando al cielo se encomendó al cruel
dios Krom y empinando aún más su cipote vio como el hispalense cogiendo una pesa
de diez kilos la enganchó en la cadena del huevo izquierdo y dejándola caer:
- ¡Umk!.- todos los músculos del cachas se contrajeron y de
dolor las frente de TRALLAX se cubrió de un sudor frío, notando como la pesa
tiraba del huevo. Mordiendo el nuevo bocao con estupor no siendo esta vez capaz
de arrancarle esquirlas al embolado bocao sabedor de que era del mismo material
que sus pesados zancos y del trono del mismísimo Señor Oscuro. Por eso:
- ¡Hummm!.- cuando sintió otros diez kilos colgar de su huevo
derecho mordiendo con todas sus fuerzas la bola mística, encajó como buenamente
pudo tan punitiva prueba. Pero aquello iba para largo, porque su querido amo
cogiendo una embolada fusta se acercó a él y sin previo aviso, (¡zúmm!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!), ¡humm!.- le azotó ambos testículos, solo
los cojones para hacerle sufrir lo indecible. Lográndolo porque sus jadeos eran
muy sonoros, tanto que llamaron la atención de RUFUS, que apareciendo por la
puerta:
- ¿Puedo quedarme señor!.- sin esperar la autorización de su
master, se puso a su lado. Que por una indicación de éste, cogió y le dio otra
pesa de diez kilos y con ojos desorbitados, TRALLAX vio que se lo enganchaba en
el primer cojón que tuvo a mano:
- ¡Umk!.- sintiendo punitivamente como le alargaba el escroto
tirando del huevo hacia abajo de forma terrible. Y así cabeza alta, pecho
expuesto mirando al frente acatando orgulloso su destino, TRALLAX vio a RUFUS
entregarle otra pesa del mismo peso, dejándola colgar del otro testículo:
- ¡Umk!.- gozando los dos de los terribles espasmos que esa
agonía arrancó en los sufridos músculos del chico. Que poco a poco se fueron
cubriendo de las arterias finas y gruesas que el cachas poseía a flor de piel.
Cuando soportando sus huevos entre los dos ya cuarenta kilos TERCHELD
disfrutando de los treinta centímetros de longitud que había alcanzado el fino
escroto con tan terribles pesos, le comentó a su otro fiel lacayo:
- ¡Pensaba ponerle cincuenta kilos a los dos huevos, pero
estoy pensado ponérselos a cada huevo, o sea cien entre los dos!. ¿Tú que harías
perro?.- y oyendo los dos un gemido de parte del cachas aterrado por oír tan
cruel prueba. RUFUS todo un cabrón, le respondió con sadismo:
- ¿Yo?, ¡ponerle cincuenta en cada testículo señor!.- y
acariciando los fornidos abdominales del cachas. Gozando con la fortaleza de
aquella sudada pared ventral, le preguntó al musculitos:
- ¿Por qué tu serás capaz de resistir eso y más verdad
perro!.- y TRALLAX orgulloso de ser sometido por sus crueles verdugos a tan
terrible penitencia. Moviendo la cabeza de arriba abajo, les dijo que si que él
resistiría todas las pruebas que le impusieran:
- ¡Así me gusta esclavo!.- y cogiendo sus guapos amos pesas
de 30 kilos, dejándolas caer:
- ¡Umk!, ¡humm!.- tiraron de sus cojones 35, 40, hasta 45
centímetros abajo en dirección al suelo, pareciendo que le iban a arrancar los
cojones de la finísima bolsa, temblando tan poderoso físico como nunca antes lo
hizo. Cuando sorprendiendo al musculitos, ambos con finas fustas de montar
corceles, se acercaron a TRALLAX y entre los dos con reciedad, (¡zúmm!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!), ¡humm!.- comenzaron a fustigarle los
testículos, marcándoselos sin miramientos, dejándole definitivas señales en su
bajo vientre, pubis y parte interna de sus muslos. Pero en donde fueron más
bestias fue en los huevos, depósitos de inagotable semen culpable por ello de
tantos castigos merecidos por eyacular desobedeciendo las órdenes de su amo
TERCHELD.
Cuando bajando ambos las manos le dieron un corto reposo al
atormentado TRALLAX, que con la cabeza gacha acojonado vio su escroto alargado
unos 50 centímetros a punto del reventón. Hasta que gimiendo, tensando
soberbiamente sus músculos, tirando de las cadenas, sus piernas comenzaron a
ceder y quedando sus brazos alzados y encadenados a las columnas, cayendo
derrotado, clavando las rodillas en el suelo, quedó con las pesas apoyadas en
él, liberándole de tan terrible penitencia, avergonzado por su derrota:
- ¿Cómo se te ha ocurrido ponerte de rodillas, esclavo?.
¡Contesta!.- le preguntó a sabiendas de que no le iba a poder responder. Cuando
cayéndole el bocado de la boca, nada más conseguir ponerse en cuclillas:
- ¡Joder a mi voz se desprende el bocao!.- TRALLAX libre sus
labios, le rogó a su amo:

- ¡Azóteme amo, por no resistir más!.- joder y lo hizo y así
en cuclillas le azotó sin piedad, porque alzando el brazo le latigueó aquel
pecholobo, lacerándole entre los dos los músculos pectorales con las finas
fustas, ensangrentándolas y cortándolas como si de queso se trataran. Fustigando
después aquellos espectaculares abdominales que TERCHELD tanto admiraba. Hasta
que castigándole con detenimiento la masiva espalda, TRALLAX encomendando su
alma a Krom, se desmayó:
- ¡Desencadénalo y masajéale los huevos, no quiero que pierda
su vigor viril!.- y con esa orden desapareció del salón de su palacete. Siendo
testigo RUFUS de cómo, de manera sorprendente, el bocao como si tuviera vida
propia, volvió a taponar la boca del cachas:
- ¡Krom!, ¿qué poder místico está realizando tal prodigio?.-
se preguntó el noble romano.
--ooOoo--
TERCHELD estaba tan concentrado en los tormentos y sobateos
diarios a los que sometía al musculoso semental. Para que la fabricación de
semen de éste se triplicara, que casi se había olvidado del riesgo que
representaba el Señor Oscuro. Y tal era así, que al día siguiente de la prueba
de pesos en los testículos; encadenado otra vez en las mismas columnas, ya tenía
de nuevo al esclavo a su disposición para gozar con él:
- ¡Te voy a comer la polla, cabrón!.- le amenazó a TRALLAX,
porque su intención realmente era esa. Motivo por el que no le quedó más remedio
al Ente del Talismán que intervenir. Y justo cuando fue a clavarle los dientes
en un huevo, éste apareció en su mente:
- ¡TERCHELD, deja ese cojón y sal fuera!.- y con enojo le
echó en cara:
- ¿Qué haces todavía aquí que no te has fugado!. ¿Como
todavía no has huido con TRALLAX?.- añadiendo:
- ¡Estás ciego con el esclavo y no te deja ver con
claridad!.- cuando sentándose TERCHELD en una roca de la calle en que se
encontraban, le preguntó:
- ¡Joeeer!, ¿porque tantas prisas, amo?:
- ¿Porqué dices?. ¡Porque el Emperador VIRTUS, ya sabe que se
encuentra aquí y el esclavo se halla en peligro!:
- ¡Eso ya lo sé!.- le cortó TERCHELD, que al instante se le
quedó la cara blanca de la mirada que le echó el Ente, por su atrevimiento al
cortarle la frase:
- ¡No lo vuelvas a hacer, perro!, ¡para mí eres
prescindible!.- y con ese aviso, continuó:
- ¡Solo te respeto por la devoción que te tienes el cachas!.-
y volviendo a lo que realmente le importaba, añadió:
- ¡Quiero que alejes a TRALLAX del Señor Oscuro!. ¡Él es el
peligro!.- cuando callando, TERCHELD esta vez con respeto, le contestó:
- ¡Bien Señor, así lo haré!. ¡En cuanto vea que no levantamos
sospechas, nos largamos!:
- ¡Quiero que sea hoy o más tardar mañana!.- y naciendo un
silencio sepulcral. El Señor de los Talismanes abandonó su mente. Cuando al
pronto, tuvo la premonición de que el Señor Oscuro quería saber también de él:
- ¡Joeeer, que pesaos son!:
- ¡Ven para acá musculoso, que nos vamos de paseo!.- le gritó
al chachas y liberándolo de las columnas. Entrando con él en las caballerizas,
unció a TRALLAX en su carro de carreras, y lanzando el látigo a los pectorales
del bello; salieron al trote del coliseum a un lugar que ni él sabía aún. Hasta
que sintiendo una fuerza inhumana que tiraba de él, que le indicaba el camino a
seguir; lanzándole un latigazo a la espalda del cachas:
- ¡Gira a la izquierda, cerdo!.- le marcó la senda que tenía
que tomar en dirección al lugar señalado.
--ooOoo--
TERCHELD sabía de la importancia de la cita, sobre todo
después del largo tiempo pasado, cuando realizó la secreta visita a la
Residencia del Oscuro con el fin de contarle del posible hallazgo de los
Amuletos de Krom (que después descubrió que fue una falsa noticia). Cuando de
pronto:
- ¡Más despacio, perro!.- una fuerza interior le hizo parar
delante del templo del dios Krom, ubicado en la otra punta de la ciudad. En
donde, nada más entrar, justo en el momento de acceder en un pequeño lar
destinado a venerar en la intimidad al poderoso dios:
- ¡Hola, amo!.- mantuvo una conversación astral con el
Oscuro. Que, corpóreo se hallaba delante suya, junto al discreto altar en donde
se hallaba simulando una ofrenda. Que de manera muy directa, le ordenó:
- ¡Quiero que después del tercer combate, le recalques de
nuevo al Guerrero Oscuro los planes que tengo preparados para él!. ¡También su
primera misión, quiero que lo mandes al Planeta Negro, a la tribu del rey de los
trolls, lugar en donde tengo noticias que se pueden encontrar escondidos los
talismanes!.- logrando sacarle a TERCHELD un discreta sonrisa. Porque ese era el
mismo lugar, del que fue informado que se encontraban los amuletos sagrados.
Comprobando después que no se hallaban allí, pero como deseaba tenerlo ocupado,
no quiso decirle nada. Y solícito le respondió:
- ¡Lo que ordenes amo!.- ya que tenía decidió continuar
obedeciéndole por ahora, hasta tomar la decisión de cuando huir. Pero queriendo
asegurarse aún más de que las cosas iban bien. Y de lo que oyó en la residencia
del Oscuro no fue una pesadilla, se arriesgó a decirle:
- ¡Así convertirás a todos los seres vivos en puros entes sin
vida ni sentimientos!.- logrando que de los ojos muertos de su Amo brillara una
inquietante luz roja:
- ¡Veo que estuviste presente cuando mi general me ofrecía
las almas de aquellos elfos!. ¡Te presentí, pero un poderoso halo me impidió
verte con claridad y eso te salvó tu alma y la vida!.- le apostilló. Pero
comprendiendo TERCHELD, que algo tenía que decirle para justificar su
atrevimiento, con sagacidad le respondió:
- ¡Yo oí lo que oí Amo y me callé!. ¡Porque oírle decir al
general, que iba a ser en el futuro su hombre de confianza me decepcionó!.
¡Porque yo creía que iba a ocupar ese lugar amo!.- respondiéndole el Oscuro:
- ¡Veo que no te disgustan mis planes, me alegro!. ¡En cuanto
a lo del general, sí!. ¡Él será mi general en jefe de los ejércitos Oscuros!.
¡Pero en cuanto a ti, tú serás mi Visir y estarás por encima de él y solo me
darás cuenta a mí, esclavo!.- entonces TERCHELD simulando una sonrisa de
felicidad, le respondió:
- ¡Gracias amo, no esperaba menos de su indulgencia!.- y de
la misma manera que apareció:
- ¡Solucionado tus dudas!, ¡en cuanto a TRALLAX, ya recibirás
órdenes mías!.- dejándole con dos palmos de narices, desapareció de su vista. Y
saliendo del templo feliz por lo bien que habían salido las cosas. Contento
porque esta conversación le iba a dar más tiempo para poner en marcha sus
planes. Con esas ideas, dándole vueltas a la cabeza:
- ¡Algo tengo que hacer y ya!.- no se percató de que una
alta, zancuda y musculosa sombra salió unos segundos antes que él del templo, en
dirección a su carro romano y que fue testigo de toda la conversación. E
ignorante de ello, TERCHELD se subió al vehículo de tiro:
- ¡Arre esclavo!.- con la intención de dirigirse a su casa
del coliseum. Chuleando por todo el camino del lujoso y veloz carro que
conducía. En donde prevalecía el color dorado y rojo púrpura. Construido
personalmente para él, por el mejor carrocero que había en Roma, por el mismo y
único constructor que había conseguido los más grandes premios en el hipódromo.
Que como amo que era del ricachón RUFUS se podía permitir tener. Porque el carro
costaba una pasta gansa en oro. Que por si fuera poco, iba tirado por el más
increíble de los potros, por TRALLAX:
- ¡Estás muy sudado, esclavo!.- le comentó al cachas. Que
orgulloso al sentirse observado por su amo aceleró el trote, cabeza alta, pecho
expandido, que al ritmo de su látigo tiraba del carro con absoluto poderío.

Y con esos pensamientos, sin darse cuenta que ese sudor que
cubría los músculos del semental gay no eran del reciente esfuerzo de tirar del
vehículo, sino que procedía de la anterior carrerilla que realizó desde el
templo al carro y del trajín de volverse a poner los correajes que le sujetaban
a él:
- ¡Más deprisa cachas!.- lanzándole un latigazo a la ancha
espalda de su sometido compatriota, se dirigió a la zona del circo en donde se
encontraba la cuadra de éste. En donde encima, en la lujosa vivienda
reconstruida con las pelas de RUFUS vivía junto a él cómodamente. Comprobando
nada más llegar que el romano se encontraba allí a la espera de que regresaran:
- ¡Desengancha a TRALLAX y continúa con sus entrenos!.- le
ordenó, y subiendo a la vivienda se dio un baño y cambiando de traje, se ciñó
una túnica muy lujosa, su favorita. Cuando bajando a la callejuela, al no verlos
dedujo que habían regresado a sus quehaceres. Por lo que pensó que RUFUS se
encontraría entrenando al cachas como siempre, a esa hora en las piscinas. Justo
cuando nada más llegar, encontrándose TRALLAX en bolas, mientras era vigilado
por la fusta de su cuidador, éste se lanzó al agua y se puso a nadar como un
condenado. Dando varios largos en ella, en clara continuación de sus
entrenamientos y como siempre con sus músculos lacerados sin piedad, en este
caso dejados inicialmente por él, mientras tiraba del carro y ahora por los de
su actual verdugo:
- ¡Ya estoy aquí, perros!, ¡ya he llegado!.- les avisó.
Cuando viéndole la esclava mole de músculos aparecer, con rapidez salió del
agua:
- ¿Ah, pero si estás aquí, amo?.- y corriendo empalmado como
una bestia, se lanzó sobre él para darle un beso y ofrecerle su cuerpo para lo
que quisiera. Pero viéndolo TERCHELD llegar con su musculoso y húmedo cuerpo,
expeditivamente y para que no le mojara, (¡pláss!):
- ¡Ay!(¡pláss!), ¡ug!.- le dio dos fuertes bofetones
gallardos en las mejillas, diciéndole:
- ¡Alto perro, no me mojes la túnica!.- y el esclavo se frenó
y cerró los ojos, sufriendo su polla una acojonante erección más salvaje si eso
ya era posible, e inflando su poderoso pecho, soltó un suspiro de gozo. Su amo
lo trataba con tan poca consideración y respeto, que le volvía loco, ¡le gustaba
la rudeza con que le trataba el hispalense!. Entonces sumisote y como su amo no
hizo gestos de continuar castigándolo, cogió y se quedó quieto y mientras su amo
le volvía a poner el bocado en la boca prohibiéndole el habla, oyó recriminarle
a su cuidador:
- ¡Te tengo dicho que lo entrenes siempre con el bocao
puesto!.- orgulloso TRALLAX y feliz sobre todo por ser un sometido esclavo sin
derecho a articular palabra, al que no le estaba permitido nada, ni siquiera
masturbarse. Y es que sus dos amos, ya habían descubierto que con sus voces y
con la de cualquier otro macho, menos con la suya (evidentemente con ella puesta
no podía hablar), podía ser despojado del bocao:
- ¡Vaya, habrá que hacer algo con el vello que cubren sus
músculos!.- pero recordando TERCHELD la gran mata de pelos que recubría sus
genitales y potorro, aclaró:
- ¡Bueno, y lo que no son músculos!.- pero eso lo tenía
pensado hacer nada más vencer en su próximo combate. Haría una fiesta en el
patio de armas del circo y allí públicamente sería vejado una vez más y
despojado del vello de forma salvaje por los invitados. Placer que quería
realizar antes de darse a la fuga con él:
- ¡Cojones, que bien me lo pienso pasar!.- se regodeó solo
con pensarlo:
- ¡Pero para eso, esta tarde tendrá que venced en buena lid a
su contrincante en la arena!.- y a una indicación suya RUFUS le puso la cadena
en los pezones y a tirones se lo llevó de allí para prepararlo para el combate.
CONTINUARA……….
Podéis visitar mi web
http://galeon.hispavista.com/trallax, al que podéis acceder
también a través de mi perfil de TODORELATOS. En él podéis ver dibujos míos que
son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en los que no incluí
ninguno.