MARI LOLI
Este relato a sido escrito por PELI basado en un personaje y
situación inspirados por ANTONIO, procurando unir así el posible talento de
ambos para crear una historia que nos guste por igual a los dos. Y esperamos que
a todos ustedes.
Capitulo 1: M/F, EX
Hola, me llamo Mari Loli y si les cuento esto es porque si no
le comento a alguien todo lo que me paso este fin de semana seguro que exploto.
Y como por razones obvias no se lo puedo contar a mis amistades se lo cuento a
ustedes que no me conocen y así me quedo tranquila. De antemano iba a ser un fin
de semana ideal, pues aprovechando que Papi y Mamuchi se iban a ir al cortijo de
los señores Gutiérrez (por llamarlos de algún modo) yo les había dado permiso a
los criados. Pues pensaba montar un guateque para mis amigos y no quería tener
testigos indiscretos.
A mis papis no les extraño nada que no quisiera ir con ellos,
pues siempre me habían parecido sus nuevos amigos muy bastos y zafios. Sobre
todo me daba un coraje tremendo cuando papuchi insistía en hablar como su amigo,
con un lenguaje de lo mas chabacano y vulgar.
Pero todo se estropeo el viernes a ultima hora cuando Papi me
llamo al chalet para decirme que aprovechando que iba a estar esos días ahí
había encargado al capataz de una de sus constructoras que mandara algunos
obreros para hacerme las reformas en el dormitorio que tantas veces le había
pedido. Me dio mucha rabia que estropeara los planes que tenia hechos, pero me
consolé pensando que por fin iba a poder poner el cuarto como yo quería.
Estoy tan acostumbrada a que la criada habrá la puerta que la
mañana del sábado los obreros tuvieron que llamar al timbre un buen rato antes
de que me despertara y me diera cuenta de que solo yo podía abrirles la entrada.
Cuando caí en ello me dirigí apresurada al hall, sin percatarme de que solo
llevaba puesto encima mi vaporoso camisoncito rosa. Por eso, cuando al fin les
abrí la puerta no se quien se llevo mayor sorpresa si ellos o yo.
La mía lo fue por ver la pinta tan pobre y desaliñada que
traían los tres. El que pulsaba el timbre sin descanso era un sujeto de treinta
y tantos, moreno y muy grandote, que daba hasta repelus verlo. Si lo encuentro a
solas en un callejón me muero del susto. A su lado venia un negro, pero negro de
los de verdad, casi tanto como el betún. Era muy flaco y alto. Tenia el pelo
rizado y una perenne sonrisa de oreja a oreja. Y detrás de ellos, llevando la
mayoría de los bultos, un chico de pelito largo y carita de hambre, bastante
guapito por cierto, intentando atisbarme por entre los otros dos.
Después de un embarazoso silencio por fin caí en la cuenta de
porque me miraban tanto y con tanto interés. Pues mi liviano camisoncito de gasa
apenas si velaba mis rotundas formas, ya que trasparentaba descaradamente mis
abultados pechos, especialmente mis oscuros pezones. Y lo peor de todo es que a
la luz del día se veía incluso la poblada espesura de mi intimidad.
Supongo que con otra chica quizás hubieran disimulado un poco
mas su interés, pero es que yo soy algo especial. No es por presumir, pero todos
me dicen que soy muy linda, con mi pelito caoba cortado a lo paje y mis ojos
color miel resaltando en la blancura de mi cara. Pero la mayoría de los chicos
no se fijan en eso, solo tienen ojos para mi cuerpo. Por suerte, o por
desgracia, la madre naturaleza a sido de lo mas generosa con mis medidas. No les
exagero nada, gasto una talla 110 de copa ancha de sujetador. Lo cual, a mis 19
años, solo me trae problemas. No solo me cuesta horrores encontrar alguna ropita
que me sirva, sino que además tengo que lidiar con multitud de admiradores, mas
o menos descarados, a diario.
Supongo que por eso sigo sin novio, por el recelo que le
tengo a los hombres. Y eso que cuando meneo mi rotundo trasero por la calle,
solo los ciegos se abstienen de mirarme. Pero cuando me miran con tanto deseo y
descaro como me miraban aquellos tres obreros solo se reaccionar de una forma...
avergonzándome.
Así que les pedí que me esperasen un momento en el recibidor
mientras fui lo mas rápido posible a mi dormitorio a cambiarme. Como tenia prisa
decidí ponerme el conjuntito nuevo de estar por casa que me había comprado la
víspera. Este era una cucada verde monisima. Me puse el holgado pantaloncito
corto sin nada debajo, por no perder mas tiempo, ya que al ser de suave algodón
no me hacían falta las braguitas. La parte de arriba era una camisetita a juego
también muy ancha y con un generoso escote. En teoría esta debía quedar rasada
con el pantaloncito, pero en realidad mis enormes pechos hacían que la prenda
quedara un palmo por encima, dejando mi ombliguito al aire.
Aun tenia la camisetita en la mano cuando vi, a través del
espejo de la cómoda, como el hombre grandote me miraba con todo descaro a través
de la puerta que yo, con las prisas, había dejado semiabierta. No pude dejar de
preguntarme, mientras me ponía la camisetita a toda velocidad, en cuanto tiempo
llevaría ese repelente sujeto espiándome, y en todo lo que habría visto de mi
cuerpo sin mi permiso.
Aun así, cuando salí de mi cuarto, me sentí incapaz de
recriminarle nada, pues me amedrentaba tanto su corpulencia como el desparpajo
con que me sonreía cínicamente. Además, ahora que tenia al jovencito mas cerca,
me encandilo su aspecto desaliñado, mezcla de bohemio y de perrito muerto de
hambre. Y, puestos a confesarme, les diré que el negro me daba incluso algo de
miedo.
El grosero era el jefe de los tres, así que me tuve que armar
de valor y le empece a decir como quería que hicieran la obra de mi cuarto.
Este, en cuanto empece a hablar, se pego como si fuera una lapa detrás mío,
restregando su rígido paquete contra mi trasero cada vez que dejaba de andar. Mi
timidez me impedía reaccionar como hubiera querido, por lo que, en vista de mi
pasividad, empezó a palmearme el culo con toda confianza.
Eso si, el tipo, a pesar de palmearme las nalgas cada dos por
tres, no dejaba de decirme "señorita", aunque me sonaba con un cierto retintín.
Yo, muy a mi pesar, me limitaba a ruborizarme ante la audacia de su continuo
acoso, dándole pie a que continuara sobándome. En un momento dado, aprovechando
que estaba distraída, se me acerco sigilosamente por detrás, atrapándome un
pecho con su manaza al tiempo que me preguntaba sobre donde colocar uno de los
muebles que sacaba. Solo acerté a tartamudear la nueva ubicación, sin terminar
de creerme lo que me acababa de hacer.
Pero tuve tiempo de hacerme a la idea, pues a lo largo de la
mañana fueron varias las ocasiones en que se apodero de mi delantera,
estrujándome los senos cada vez con mas soltura y confianza. Yo, acobardada,
casi llegue a acostumbrarme a sus rudos toqueteos. Por eso en un par de
ocasiones, a pesar de oírle llegar por detrás, permanecí quieta como si fuera
una estatua, esperando el temido momento en que su mano se aferraría a mi pecho
sin atreverme a reaccionar.
Con ello solo lograba que sus sobeteos se hicieran mas
intensos y prolongados, llegando al extremo de jugar con mi rígido pezón durante
varios minutos mientras me llamaba "señorita" y me preguntaba por alguna reforma
en concreto. No era el único que se estaba divirtiendo a mi costa, pues mientras
el jefe me consultaba y mostraba ciertos detalles de las cosas que iba
modificando me hacia agacharme y colocarme en incomodas posturas que mostraban
hasta lo mas oculto de mi anatomía a través de mis holgados escotes y perneras.
Capitulo 2: M/F, EX
A media mañana, cuando iban a sacar del cuarto la estantería
sobre la que guardaba mi colección de muñecas antiguas de porcelana, temí por
ellas. No acababa de fiarme de ellos, por lo que les pedí que me dejaran
bajarlas a mi, para que los patanes no rompieran ninguna pieza. El grosero
accedió encantado, acercándome una silla para que pudiera apoyarme en ella,
mientras me indicaba en que parte de la repisa inferior debía colocar el otro
pie para no caerme. En cuanto estuve en la posición adecuada se arremolinaron
los tres debajo mía. Yo, en mi ingenuidad, pense que era para ayudarme, pero
nada mas lejos de su intención.
El grosero rápidamente se sitúo detrás mía, poniendo sus
amplias manazas en mis nalgas para, según sus cínicas palabras, evitar que
pudiera caerme. Ante mi pasividad sus dedos empezaron a explorar mi carne,
estrujando y magreando mi pandero del modo mas descarado y ruin. Pero era un
zorro generoso y, aprovechando la adecuada separación de mis piernas y la
holgura de las perneras de mi pantaloncito, aparto la prenda lo justo para que
sus dos compañeros pudieran ver cómodamente mi intimidad a tan solo un par de
palmos de distancia. Yo no lo sabia, pero cada vez que me movía un poco para
alcanzar una nueva figura, les mostraba tanto el bostezo indecoroso de mi rosada
rajita como gran parte de mi espeso bosquecillo intimo. Y el grosero, mientras,
con la otra mano, amasaba mis prietas nalgas.
El colmo fue que al acabar, mientras me ayudaba a bajar de la
silla, deslizo esa mano por debajo de mi pantaloncito. Dejando que sus dedos
resbalaran por mi sensible canalillo hasta que toparon con mi aun mas sensible
entrada posterior. No pararon ahí, sino que continuaron hasta llegar a rozar mi
flor virginal, provocando con ello tanto mi respingo como mi huida precipitada,
aderezada por su coro de risas blasfemas. Por ello procure rehuirles durante las
horas siguientes hasta que, al final, me llamaron los muy ladinos, para que les
resolviera un problema.
Me dijeron que mi cama no pasaba a través de la puerta, y que
no sabían como podían desmontarla para sacarla. ¡Mentira cochina!. Yo,
inocentona, aun recordaba donde estaban los pernos de sujeción debajo del somier
y les dije que eran muy fáciles de soltar. Tanto hincapié hice que el grosero me
pidió que lo hiciera yo, como ya tenían planeado de antemano.
No supe negarme, y me tumbe sobre la alfombrilla, con una
ridícula llave de esas en la mano, mientras me empujaban por las rodillas y me
metían debajo de la cama. Yo, enfrascada en acabar cuanto antes con una labor
tan ignominiosa e impropia de mi, no me di cuenta de que mientras me sujetaban
me habían separado las piernas casi por completo.
No podía saber de ningún modo que el grosero había apartado
de nuevo mi pantaloncito a un lado, y que tenia a los tres obreros viendo, y
hasta oliendo, mi flor mas preciada. Pues sus tres cabezas se turnaban a escasos
centímetros de mi intimidad. Mis rosados pétalos separados enviaban su mágico
olor a sus narizotas mientras sus ojos bizqueaban ante la belleza de la
maravilla que tenían delante. Además el suave tejido había cedido lo suficiente
como para mostrarles la mayor parte de mi espeso triángulo de vello oscuro.
Estaban tan absortos contemplándome que tuve que insistir
varias veces en que ya había acabado antes de que reaccionaran y me ayudaran a
salir. Y entonces vino la segunda parte, los muy golfos no contentos con lo que
ya habían visto trabaron de alguna forma la parte inferior de mi camisetita con
los muelles. Por eso, cuando por fin tiraron de mi, esta se me enredo en el
cuello, dejando al aire mis enormes globos.
Me quería morir. Ahí estaba yo, metida debajo de mi cama, con
los brazos en alto por culpa de mi camiseta y con los pechos totalmente
expuestos a la mirada de los tres odiosos obreros. Estaba tan sumamente cohibida
por mi exposición e indefensión que solo podía musitar "por favor... por
favor.... soltadme" una y otra vez. Mientras ellos me decían palabras de calma y
fingían trastear en mi camisa.
Yo sabia que lo estaban haciendo a proposito, pues no en vano
sentía su cálido aliento en la cima de mis pechos, señal de que sus cabezas
estaban a escasos centímetros de lo que ningún mortal había podido ver antes.
Para colmo de males mis sensibles pezones reaccionaron ante la situación,
endureciéndose y agrandándose tanto como de costumbre, provocando así nuevos
murmullos de admiración ante su belleza y grosor. No se cuanto tiempo permanecí
en tan humillante postura, pero seguro que fue demasiado. Cuando al fin me
soltaron no sabia donde esconderme, y no sabia como comportarme ante sus
explícitas e intensas miradas.
Capitulo 3: 3M/F
Por eso les rehuí durante un buen rato, hasta que llego la
hora de comer y me llamaron para que compartiera con ellos lo que estaban
saqueando de la nevera. Como estaba sin desayunar y tenia bastante hambre accedí
a comer con ellos, a pesar de que sus modos en la mesa dejaban muchisimo que
desear. Los obreros no usaban agua, sino que bebían el vino como si este lo
fuera. Y yo, tonta de mi, dejaba que llenaran mi vaso una y otra vez, como
hacían ellos con los suyos.
El resultado ya se lo pueden imaginar, pronto estaba diciendo
tonterías y riéndome de las cosas que decían ellos. Les aseguro que todavia no
se como lo hicieron pero el caso es que me sorprendí a mi misma confesándoles,
entre risitas, lo mucho que me atraía el jovencito. Y ese fue el principio de mi
fin.
El grosero, aprovechando la oportunidad que les brindaba en
bandeja, me animo a que le diera un beso ahí mismo, delante de todos. Cuando
quise darme cuenta estabamos abrazados, y sus labios empezaban a saborear los
míos. Me deje llevar por el placer y respondí a sus besos con bastante timidez,
recibiendo mas que dando, aunque también mi lengua se enroscaba con la suya
cuando se tropezaban en nuestras bocas.
Yo, colgada de su cuello, deje que sus manos se adueñaran de
mis pechos, suspirando como una boba mientras sus dedos exploraban mis enormes
tetas hasta alcanzar las sensibles cimas. Una de ellas se quedo allí, extasiada,
pellizcando y retorciendo el grueso y sensible fresón que casi le llenaba por
completo la mano. La otra fue bajando lentamente, deslizándose por mi
ombliguito, hasta introducirse al fin por debajo de mi pantaloncito, y
sepultarse en mi ardiente intimidad.
Mis espasmos de placer iban en aumento mientras sus dedos,
mucho mas dulces de lo que podía suponer, se iban abriendo paso en mi cálida y
estrecha virginidad. No me di cuenta de que eran otras manos las que me estaban
desnudando hasta que empezaron también a magrearme. Estas eran mucho mas
ansiosas y estrujaban mis tetas y mi culo con demasiada rudeza, restando
bastante placer a la deliciosa masturbación que me estaba haciendo el jovencito.
Yo, sentada desnuda en su regazo, tenia mi cabecita apoyada
en su firme hombro, mientras le besaba sin descanso. El, que tenia una de las
manos permanentemente ocupada con mi agradecido pezón, pugnaba por meter dos de
sus dedos en mi intimidad. Alternándolos de tal modo que me estaba llevando al
borde del orgasmo. No me importaba pues que el negro se hubiera adueñado al
mismo tiempo de mi otro pecho, chupando y succionando mi pezón como si le fuera
la vida en ello, mientras sus manazas amasaban y apretaban mi descomunal cántaro
embelesadas.
El grosero, después de haber catado mis pechos durante un
rato, se dedico a mordisquear y lamer mi trasero, estrujándolo a manos llenas.
Su lengua se deslizaba una y otra vez por entre mis medias lunas, hasta
localizar la sensible entrada de mi esfínter. Donde estuvo un buen rato.
Mis gemidos y jadeos delataban la inminencia de mi orgasmo
por lo que el grosero se arrodillo frente a mi y uso su boca para ayudar a su
joven amigo. Nada mas sentir su húmeda lengua buceando en mi cuevecita arranco
el primero de mis orgasmos, siendo este tan fuerte que mis fluidos bañaron su
cara. Al grosero no solo no le importo el baño sino que siguió succionando con
avidez en la almejita, hasta encontrar la gruesa pepita de mi clítoris; que, por
la excitación, asomaba descarada.
El muy bestia la chupo de un modo tan brutal que consiguió
llevarme al instante a las puertas de un nuevo orgasmo. Y en el preciso instante
en que este empezaba a invadirme dulcemente el pedazo de animal me introdujo uno
de sus enormes dedazos en el agujerito del culo. El orgasmo fue larguisimo,
dándome la impresión de que iba a explotar por dentro. Al final quede floja y
desmadejada como un muñeco de trapo. Entre los tres me llevaron en brazos hasta
el comedor, donde me tumbaron sobre la mullida alfombra, sin dejar de besarme y
manosearme todo el rato.
Cuando por fin abrí los ojos ya estaban todos desnudos y el
grosero estaba situándose entre mis piernas con la intención de penetrarme con
su largo y grueso cipote. Le llore, rogué y suplique para que no lo hiciera,
pues no quería perder mi virginidad de un modo tan burdo. No llegue a
conmoverle, pero acepto respetarme si yo le hacia una buena mamada al
muchachito.
Capitulo 4: 3M/F
Nunca había hecho una cosa así, pero acepte como mal menor.
El chico se sentó en el sofá y separando sus piernas me dejo a la vista su largo
y afilado estilete. Me arrodille ante el y, haciendo de tripas corazón, empece a
lamer como pude su punta roja y brillante. Pronto me acostumbre lo suficiente a
su sabor como para meterme el extremo en la boca. Por ser tan larga no podía
albergar mucho trozo en la boca, pero el movimiento de mi lengua debía de ser
eficaz, porque el chico empezó a jadear de placer.
Los otros dos no permanecían ociosos y el negro pronto se
había tumbado debajo mía para apoderarse de mis pechos de nuevo. Les hacia de
todo, y lo mas raro es que empezaba a gustarme su obsesivo interés y el modo en
que los maltrataba cariñosamente con su lengua, dientes y manos. Y el grosero,
detrás mío, no paraba de lamer mi trasero, chupando mi dulce almejita de vez en
cuando. Sobre todo cuando metía alguno de sus dedos en mi culito, supongo que
para calmar el posible dolor. Pero el caso es que ya me había acostumbrado a esa
rara sensación y no me molestaba demasiado sentir como algo se movía en mi
interior.
No se porque pero lo cierto es que empezó a gustarme eso de
chupar algo tan cálido y vivo, pues hasta su sabor empezaba a resultarme
agradable. Me hacia gracia ver como mis chupeteos y lamidas lograban que el
muchachito se fuera convirtiendo poco a poco en un muñeco en mi poder. Estaba
tan concentrada en estas nuevas y curiosas sensaciones que no me di cuenta de
que algo enorme estaba intentando entrar en mi culito hasta que la dilatación
empezó a ser dolorosa. Y entonces ya fue tarde.
El grosero solo tuvo que hacer un esfuerzo mas para que la
gruesa punta de su miembro se acomodara completamente en mi estrecho interior.
Solo pude gemir débilmente mis protestas mientras el jovencito apretaba mi
cabeza contra su pene y el grosero introducía su candente hierro hasta el
mismísimo fondo. Luego, aferrado a mis caderas, empezó un lento vaiven, que
pense que me iba a partir en dos. Sin embargo fue mano de santo, porque poco a
poco fue mitigando mi dolor con sus empujes, haciendo que este se fuera
convirtiendo en placer. Placer que me venia en oleadas cada vez que arremetía
rudamente contra mi interior.
El grosero, al escuchar mis mugiditos de placer, fue
aumentando su ritmo, haciendo que las embestidas fueran cada vez mas rápidas y
violentas. Esto provocaba que el largo pene del jovencito se introdujera cada
vez mas al fondo de mi boca, llegando casi hasta la garganta. Y que los dientes
del negro se clavaran dolorosamente en mis senos, para que no se le escaparan
mis pétreos pezones con el continuo bambolear. Los interminables jadeos de
placer que provoco mi fuertisimo orgasmo fue el detonante que hizo que ambos
eyacularan casi a la vez. Aun no se como lo hice pero conseguí tragarme casi
todo lo que mano de aquella manguera eterna antes de que asfixiara con su
esperma.
No había terminado de salir el grosero de mi interior cuando
el negro exigió su parte del pastel. Yo, al ver su descomunal aparato, tan
grueso, tan largo y tan negro, palidecí, segura de que si intentaba meterme eso
dentro me mataría. El grosero, al ver mi cara descompuesta, me tranquilizo, y me
dijo que solo tenia que chupársela como al jovencito. No era lo mismo, pero
trate de que no se notara el asco que me daba y me aplique con renovado interés,
para acabar cuanto antes.
Así, mientras el jovencito y el grosero seguían sobándome,
trate de meter toda esa barra de caoba en mi boca. Era imposible, por lo que me
tuve que conformar con absorber la punta y lamer el resto del gigantesco
miembro. Como eso no bastaba el grosero me dijo como debía usar mis grandes
tetas para que el chisme se deslizara entre ellas, dándole así mayor placer. No
se si fue mi dedicación, o el manosear mi cuerpo, pero el caso es que los otros
dos enseguida volvieron a estar empalmados.
El grosero siguió ejerciendo de maestro de ceremonias y sitúo
al chico en la posición adecuada para que me penetrara por detrás. Así lo hizo,
y he de reconocer que esta vez, no se si por estar ya dilatada o por ser mas
pequeña, pero el caso es que goce mucho mas desde el principio. Solo me
molestaba que el grosero me palmeara el trasero, cada vez con mas ganas,
mientras alentaba al chico a que incrementara la profundidad de sus embestidas.
El jovencito no aguanto mucho tiempo el frenético ritmo que
imponía su compañero, por lo que eyaculo en cuanto yo empece a correrme en otro
interminable orgasmo. Este me dejo tan agotada que no tuve mas remedio que
apartar mi cabeza de la gruesa y petrea barra de caoba que me estaba asfixiando
y apoyar la cabeza en el sofá, mientras jadeaba medio muerta.
Lo malo es que el negro, demasiado excitado ya para
contenerse, salto del sofá como un resorte, y se sitúo detrás mía antes de que
acertara siquiera a reaccionar. Cuando quise hacerlo ya no pude. Sus dos amigos,
haciendo caso omiso de mis inútiles y débiles protestas me sujetaron con fuerza
en la misma posición arrodillada en la que estaba. Así, el negro, aprovechando
la cantidad de liquido que rezumaba ya mi sufrido agujerito, pudo apoyar la
punta de su gigantesco rabo en la entrada.
Jamas había sufrido tanto en mi vida, cada centímetro de esa
descomunal barra arrancaba destellos de dolor de mi interior. Solo la habilidad
con la que el grosero empezó a hurgar con sus dedazos en mi intimidad mitigo una
minúscula parte de mi agonía. Pero no tuvieron piedad, y hasta que sus peludos
testículos no rozaron mis nalgas no quedaron satisfechos. Luego el vaiven,
estrujando mis tetas con sus manazas para no resbalar.
Esta vez tardo mucho mas en llegar el placer, a pesar de que
el grosero ya había localizado mi clítoris y me lo acariciaba con su destreza
habitual. Eso si, a cambio, cuando llego el placer, lo hizo en oleadas
interminables, que me hacían gritar de placer y jadear como una posesa. El negro
acelero la furia de sus envites, llegando a creer que me sacaría su chisme por
la boca. Estrujaba con tanta ansia mis pechos que muchas veces no llegaban ni
mis manos ni mis rodillas al suelo, quedando suspendida por el inmenso aparato
que me empalaba sin piedad.
Su orgasmo fue brutal, con una corrida tan salvaje que hasta
me chorreo por los muslos mientras gritaba como un energúmeno. Y la mía aun fue
mayor, pues por primera vez en mi vida el orgasmo fue múltiple, empalmándose un
climax detrás de otro hasta que pense que toda yo iba a reventar de placer.
Luego me arroparon sobre el sofá y me dejaron descansar varias horas.
Cuando por fin se marcharon aquella tarde apenas podía
mantenerme en pie. Y cuando el grosero me dijo al salir, pellizcándome la
barbilla, que procurara dormir a gusto, que al día siguiente aun seria mejor,
mis piernas temblaron, sosteniéndome a duras penas.
Esa noche, cuando papi llamo para interesarse por el estado
de la obra y me dijo, imitando el tono chabacano de su amigo "¿Qué, cariño? ¿te
han dado mucho por culo los obreros?". No pude por menos que ruborizarme y
musitarle quedamente "Muchisimo mas de lo que podrías imaginarte".
CONTINUARA?