Finalizada la aberrante revisación médica las recluyas fueron
conducidas a un pequeño baño, donde apretadas unas a otras recibieron órdenes de
saltar, tirarse al piso, arrastarse encimadas, etc. Luego pasaron brevemente por
el agua helada de las duchas, obligadas a enjabonarse y así, con la piel
lacerada por el agua fría y picazones en ojos y genitales por el jabón tuvieron
que desfilar, correr y obedecer a las sádicas oficiales. Finalmente pudieron
enjuagarse bajo, nuevamente, la ducha helada. A los gritos e insultos fueron
conducidas en fila al lugar donde les entregarían sus uniformes.
Lejos de tomarles medidas o darles equipos completos la tarea
de vestimenta se ciñó a unas viejas botas militares y a un conjunto de ropa
interior, el cual, a propósito, era de los iniciales para adolescentes.
Intimadas a colocárselos estos apretaban, lastimaban y se les metían en los
pliegues íntimos. También se les cargó una pesada mochila en la espalda.
Saliendo hacia un patio interno se les ató una cuerda al
cuello y el otro extremo al paragolpes de unos jeeps y así tuvieron que seguir,
corriendo, el ritmo que los autos imprimían al camino boscoso e incómodo.
Luego de 4 kilómetros los autos pararon, las reclutas estaban
al borde de sus fuerzas, sin otra opción que correr o ser arrastradas y
laceradas en piernas, vaginas, bordes de glúteos y pezones por la asquerosa ropa
con las que las habían cubierto....De todas maneras ya se habían dado cuenta,
hace mucho, que a cada cosa intolerable le seguiría otra mucho peor.
Sin dejarlas descansar ni beber agua empezó el "baile".
Denudarse, vestirse, volver a desnudarse, volver a vestirse, arrastrarse,
correr, salto de rana. Algunos de esos bailes eran individuales: una o dos
oficiales tomaban por su cuenta y ordenaban a una de las reclutas....y se iban
pasando las víctimas.
Correr con las manos atadas a la espalda era doloroso, pero
arrastarse de esa manera sobre los frágiles pechos en arena caliente, piedras
filosas o campo con espinas se tornaba una tortura.
A medida que transcurría el tiempo las oficiales y el general
se ponían aún más torturantes y humillantes. Ladrar en cuatro patas como perras,
gritar que eran putas, limpiar con lenguas y senos el polvo de las botas hasta
dejarlas lustrosas, etc.....
Al sol y brillosas por la transpiración el general las
formó....y empezó un hermoso juego que él y su perversión habían ideado:
separadas unas de otras por un metro, de espaldas, piernas separadas y tronco
inclinado, debía pasar la primera de la fila a toda velocidad metiendo su dedo
en los anos de las demás, se colocaba última y así continuaba indefinidamente el
juego....Después vino algo peor...lo mismo pero de frente, debían arrodillarse y
lamer fuertemente las vaginas de todas las demás, colocarse última en la fila y
continuar así hasta el cansancio.
Entrada la tarde, donde se obedecía cualquier cosa, después
de haber soportado un calor tremendo, sin beber agua ni comer, debieron juntar
estiércol de vaca con las manos y llenar un espacio en el suelo, donde luego
deberían revolcarse. El hedor de sus cuerpos sucios les provocaba
nauseas....Solo pensaban que podía ser peor que esto.....Y el general y sus
oficiales tardaron muy poco en darles la respuesta: en pareja con las manos
atadas, deberían limpiarse con la lengua y labios las tetas, culo y
concha.....Todo en cinco minutos...debían dejar esas partes inmaculadas....El
general controlaría el cumplimiento de la orden y había prometido castigos
ejemplares a quienes dejaran pequeños rastros de suciedad....Las reclutas no
puedieron ni pensarlo....entre arcadas y lágrimas empezaron a limpiar con la
boca, a toda velocidad, las partes sexuales, sus jugos, su transpiración, la
tierra, y la mierda del cuerpo de su compañera...
CONTINUARA