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Fecha: 12-Mar-06 « Anterior | Siguiente » en Gays

Jóvenes vemos, largas vergas no sabemos

Catracho Caliente
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Con menosprecio, vi la entrada a los urinarios de un chavito flacucho, sin las medidas apropiadas, sin embargo, me dio una lección de placer y dolor que todavía recuerdo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

¡ Jóvenes vemos, largas vergas no sabemos !

En las pasadas semanas, mi trabajo ha sido muy agotador (y en cierta forma, placentero), ya que hemos estado recibido muchos grupos de personas que vienen a realizar trabajo voluntario para la organización para la cuál trabajo. La mayor parte de ellos, son hombres en plena adolescencia, qué al verlos trabajar sudorosos, en a veces, pantalones cortos, con sus blancas y fuertes piernas, minadas de oscuros vellos, hacen que delire de caliente deseo. Pero no puedo perder la compostura. Sólo me resta, sonar con ellos, sus bellos cuerpos y buenas vergas en mis entrañas y pajearme en su honor. Es por ello, que el sábado pasado, ya fuera de las labores y tentaciones con el último grupo que nos visitó, quiero complacerme con una buena y juvenil cogida.

Era una calurosa tarde sampedrana (Así le dicen a la ciudad en donde vivo, San Pedro Sula, en la costa atlántica de Honduras), visité varios de mis lugares preferidos, platiqué con varios conocidos y desconocidos y vi varias hermosas palomas, dejando caer su tibia lluvia dorada en los urinarios. Ese es uno de mis placeres preferidos, no cuesta nada, es excitante y nunca se sabe que puede pasar. Y vaya que me iba ir muy bien!.

Hace poco había llegado a un centro llamado "Bailables la Autopista" y este estaba abarrotado. Cientos de personas, la mayoría jóvenes, bailaban y disfrutaban su fin de semana. Yo me dirigí al urinario, el cuál es de unos 10 metros de largo y en el cuál caben unas 20 varones, lo cuál es un disfrute a la vista, ya que cuándo está repleto, admiras las vergas que tímidas y flojas salen de su encierro. Estuve un buen rato en este menester, cuándo a unos pasos de donde yo fingía orinar, llego un chavo. Tenía unos 18 años, delgado, un poco más alto que mí, de tez blanca y con un rostro atractivo, labios gruesos, ojos muy redondos y con una leve sombra del bigote, que comenzaba a surgir. Me llamó la atención, pero no tanto, ya que por lo costumbre, no me interesan "tan jóvenes", ya que normalmente no tienen las "cualidades" que yo busco.

Pero para mi satisfacción, me equivoqué. Y noté mi error, cuándo aquel "enclenque cipote" se dispuso a orinar. Se sacó un bello ejemplar de verga, cómo pocos había visto en mi vida!!. (y eso que he vivido algo). Era una verga blanca, con una cabeza rosada muy bien formada y definida, que observé bien, ya que apenas la saco del pantalón, con un movimiento ligero de su mano derecha, se subió el prepucio y lo mantuvo así mientras descargaba algunas cervezas consumidas. Era de un grosor normal, ha mi parecer, cómo de mi dedo gordo, pero si era larga, muy larga. Flácida tenía unas 4 pulgadas!!.

No aguantaba más. Mi verga empezó a endurarse de la emoción y tuve que meterla rápido a mi pantalón. Mi inquisidora mirada, no paso desapercibida para el joven. Para salir de la situación, me atreví a decir "vaya, ya no hacen muchas de esas en estos tiempos". El me agarró la "onda" y se rió. Yo, le mencioné que debía de sentirse dichoso por tener algo así y que si eso era dormida, cómo no sería ya "brava". El me contestó que a veces le cuesta conseguir chavas, por esa razón. Y que hace poco se había dejado con una su novia, porqué no se la aguantaba, ya que cuándo la tenía hasta la mitad, la chava ya no quería que la penetrará, pero el seguía y una vez la hizo sangrar y hasta allí la relación. Mi trasero se agitaba de la emoción y de nerviosismo!. Mis manos empezaron a sudar…. Y más cuándo noto un leve endurecimiento de su miembro, al recordar estos hechos. Pero ya la música a terminado de tocar y se agolpa un montón de gente a descargar, por lo que me apresuró a decirle: "Oye, te invitó una cerveza y me seguís platicando" y el aceptó, pero dijo que tenía que ir a platicar con sus amigos un momento. Quedamos en encontrarnos en la barra. Yo me retiré muy emocionado, por lo que podía pasar, ya que lo mire desanimado de las chavas, pero con la potencia viril y fogocidad de su edad. Puede que se me de ahora, me dije.

Al rato, llegó a la barra. Pedimos 2 cervezas "Port Royal" y comenzamos a platicar. Estaba estudiando y vivía cerca de la colonia en donde yo resido. Los amigos le admiraban por su largo pene, que según él, medía casi la longitud del envase de la cerveza que bebíamos. Gulp!!!!. - Hasta no ver no creer, le dije. EL se sonrío y me dijo que no había problema, que me la podía enseñar, si yo quería y se paró de la silla y pude ver que la tenía semierecta, al lado derecho del pantalón y cuya figura se perfilaba biiienn larga!. Y procedió a abrirse la cremallera del pantalón. –espera, espera, le dije, Aquí, no. Era broma. (Aunque en mis adentros, hervía del deseo). Tanta plática sobre las vergas, los roces que le daba a su entrepierna iban logrando su objetivo. Seguimos platicando y tomando unas cervezas más y yo siendo más atrevido. Estando parados y apretados por la gran cantidad de gente, yo acercaba mi trasero (a veces sin querer, otras veces, con toda alevosía) a su entrepierna y sentía cómo el respondía, apretándome más a mí y moviendo su cadera suavemente alrededor de mis nalgas y en algunas veces, me las tocaba y las apretaba. Yo hervía de la excitación!!. No aguantando más, le dije que si estaba en pie el ofrecimiento de poder verla y me dijo que el deseaba no sólo enseñármela sino que la probará también. Me dijo que fuéramos a los baños de nuevo. Yo le dije que yo andaba en carro y que mejor nos viéramos en el parqueo. Estuvo de acuerdo. Yo salí primero.

Esperé un rato y mi deseado varón no llegada. - Se habría echado pa’tras? Pensé-. Pero no. Veo que con paso firme se dirige al carro y presto, le abro la puerta. Se sube y se sienta en la silla del pasajero. Ha pesar de ser de noche y a media luz, distingo sus facciones, que tan poca importancia les di al inicio. Pero el me ofrece lo que yo más quiero en ese momento. Retrocede el asiento hasta quedar semiacostado se afloja la faja, baja la cremallera del pantalón y se lo baja un poco, exhibiéndome su soñoliento monstruo que me hará gozar la próxima media hora y me ordena: –"Es tuya, chúpatela toda". Acercó mi rostro a su entrepierna y con mis labios empiezo acariciar los vellos oscuros alrededor del tronco de su verga y de allí a su ombligo. Beso sus lampiños pechos y aplanado abdomen, chupo sus chiches (tetillas) con tanta excitación que levemente le muerdo. – "Los haces rico, pero no me mordas" me dice. Tomo el consejo. Sigo así por un rato más, escuchando sus quejidos de placer, cuándo de repente, siento su mano, que mueve mi cara a su verga, la cuál ya esta erecta en toda su plenitud, con su cabeza, cómo un mástil en dirección al cielo.

Y vaya que era una verga!!. No eran fantasías. Del tronco a la punta de su cabeza, medía casi la cuarta de mi mano (unos 18 centímetros!!). Guauu!. Me deja asombrado. Su tronco y cabeza tienen el mismo grosor, algo normal (unos 3 centímetros), pero se mira exagerada. No hay relación entre grosor y longitud! Y ha pesar de ello, esta tan dura cómo una piedra y con venas muy bien resaltadas. Un monumento a la virilidad masculina! Y es toda mía (por lo menos en este momento). Con suavidad y usando mis labios y lengua, comienzo a chupar la cabeza, en movimientos circulares, metiéndola y sacándola de mi boca, luego con mi lengua, recorro su venoso tronco hasta llegar a su base y vuelvo de nuevo a su cabeza. Mis manos no han estado desocupadas, ya que han seguido acariciando sus pechos y tocando sus huevos. Todos nuestros sentidos gozan de la experiencia, oigo sus Ahhhhhhh!. Mmm!, sabroso!, rico!. Siento que ya va a explotar y antes de ello, me separa bruscamente mi cabeza de su pene y dice –"Espera, espera. No quiero acabar ahorita. Quiero cogerte, metértela toda y hacerte rico para que me récordes siempre!-.

Descansamos unos minutos. Yo alabando por su gran pene y la envidia de las mujeres que lo han gozado y él un poco preocupado por sus amigos, ya que se podían ir si él, pero ha pesar de ello, su verga en ningún momento se desinfló. Siguió erecta, en espera de realizar un buen trabajo. Ahh la juventud!.

- "Ahora si quiero metértela" expresó-. Yo me desabroche mi pantalón y me lo bajé hasta las rodillas, luego, saqué un preservativo de color rojo y sabor a fresa, le mamé unos instantes su verga y se lo puse. No cubría todo su miembro, pero la parte de más penetración estaba protegida. Luego, me arrodillé con las rodillas en el asiento y mi cuerpo viendo para atrás. El se me puso por detrás, tanteando donde estaba el agujero de mi ano y acercando su verga. Le costaba un poco, talvez por la excitación, por las cervezas y por la oscuridad. Yo le ayudé, usando mi mano derecha para agarrarle el endurecido garrote y guiándole hasta mi humedecido asterisco. Ya cuándo su cabeza había perforado mi entrada, yo le iba a pedir que lo hiciera suavecito, sin embargo, antes de decir algo, sentí cómo su lanza me penetraba rápida y profundamente. Aaaaayyyyyy!. Fue mi respuesta ante tan brutal e inesperado ataque. Mis entrañas sufría un agudo dolor y traté de sacarla, pero el me sujeto fuerte, con sus brazos alrededor de estómago. – "Aguántala me dijo, eso era lo que querías". Después de unos sufridos segundos, mi cavidad anal, se c acostumbró al furtivo visitante y él comenzó, con una suave y luego rápido y sabroso movimiento de cadera a sacarme y meterme su larga verga.

En lo más rico del acto, empezó a sonar una canción "punta" (popular en el país, cantada por garífunas, gente de color que habita en la costa atlántica del país), que decía "Pélame la yuca mamí, haceme bien el cazabe". Qué coincidencia. Jejejeje!!

Seguimos así por varios minutos. Pese a las incomodidades de hacerlo dentro del vehículo, pudimos experimentar otra posición, sentándose él en el asiento y cómo pude, me senté encima de su verga y poco a poco me la fui introduciendo, Ya estaba acostumbrado a su tamaño, pero en esta posición, su verga entraba hasta la base, produciéndome más placer y un poco de dolor. Arriba, abajo, arriba, abajo, Dale que dale. Dolorcito, placer, quejidos. Todo se entremezclaba. El sudor corría por nuestras caras y cuerpos, sentía cómo se humedecían nuestras regiones íntimas y el chap, chap, chap que hacían sus testículos al chocar con mis nalgas, cada vez que su verga se hundía en lo profundo de mi culo. Por estar en un lugar encerrado y pequeño, se sentía muy bien el olor a sexo, lo que acrecentaba la excitación.

En la parte final de la sesión, el mete y saca se volvió más brusco. Mi semental estaba rápido y furioso. Presiento que el carro brincaba en cada metida y sacada. Me abrazaba con sus delgados pero macizos brazos y acariciaba con su cara mi espalda, A veces me soltaba para agarrar mis nalgas y darse mayor empuje y para revolverle el pelo de mi cabeza. Ahhhhhhhha!!!. Huggggggggg!. Mmmmmmm!. Fueron los altos quejidos, que le escuchaba resoplar. Su movimiento se vuelve frenético. – "Me voy, me voy"-, fueron sus últimas palabras, antes de sentir una parada brusca de su movimiento, metiendo su verga hasta el fondo y un prolongado ahhhh!

Tuve su verga adentro de mí, hasta que esta se puso flácida. Luego, nos arreglamos lo mejor que pudimos, Le dí algo de dinero para que siguiera disfrutando con sus amigos en el centro bailable y mi número de teléfono. Me sentí sumamente satisfecho. Mis sentidos gozaron a plenitud, aunque una semana después, mi ano sigue adolorido, pero sintiéndose campeón al valor, por haber aguantado esa monumental verga. Ah! Y aunque no soy "fetichista", guardo el preservativo usado en esa noche. Esa buena cantidad de leche me recuerda esa magnífica experiencia. Ya llevó 5 pajazos en su honor!.



© Catracho Caliente

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