HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (7)
®by Zesna, Marzo de 2.006. (
http://www.todorelatos.com/perfil/265468/ )
CAPÍTULO VII: UNA CITA INESPERADA.
El recorrido desde la entrada del edificio hasta la puerta
misma del departamento de Martín, me pareció una eternidad.
La expectativa que tenía acerca de los misterios de estos
hermanos gordos, sumado a todo el entorno de lo que venía sucediéndome en las
últimas horas, lograron ponerme realmente nervioso, y el calor hizo que mi
transpiración comenzara a emanar a borbotones
Presioné el botón del timbre.
Esperé unos instantes y volví a hacerlo sonar.
Ruidos de pasos me indicaron que alguien se aproximaba hacia
la puerta.
Pum... pum... pum... pum...
Ya conocía esos sonidos: pies descalzos.
Pies descalzos?
La puerta se abrió y quedé literalmente hipnotizado.
El único atuendo que cubría el cuerpo húmedo de Martín era
una gran toalla anudada a su cintura y que le ocultaba los genitales. El cabello
completamente mojado me confirmó que mi llegada había interrumpido su ducha.
Mi vista parecía un saltamontes enloquecido, se dirigía de un
punto a otro de su tremenda humanidad sin detenerse en ninguno fijo en
particular. De sus hombros me iba a su panza; de allí, a su gigante cadera
cubierta y no podía evitar admirar sus gruesas piernas. Su amplio pecho
moderadamente velludo me obligó a dirigir mi visión a sus voluminosos pezones
oscuros. Me estaba resultando muy difícil poder disimular y eso me tenía
totalmente incómodo.
- Martín...!- atiné a exclamar como un verdadero pelotudo,
totalmente extasiado y alterado por el panorama que tenía enfrente.
- Qué sucede?- preguntó con la misma voz arrastrada que había
escuchado por el parlante del portero eléctrico.
Llevé mi vista finalmente a sus ojos. Estaban colorados, pero
aún así, no dejaba de sonreír. Por más que sus movimientos eran firmes, adiviné
que había estado bebiendo en exceso. No diría que estaba borracho, pero digamos
que sí estaba muy alegre. Noté además, que en sus mejillas aún descansaban
algunas lágrimas recientes.
Había estado bebiendo, llorando y seguramente no estaba todo
lo lúcido que parecía estar.
- Martín... qué te sucede a ti?- pregunté a su vez.
Su sonrisa se mantenía inamovible. Como si no quisiera
compartir conmigo qué era aquello que lo aquejaba y que lo había puesto en ese
lamentable estado.
Puse la mano en su hombro.
- Oye...- y no pude continuar.
Como si me hubiera golpeado una descarga eléctrica de más de
un millón de voltios, sentí un calor intenso en la palma de mi mano que más
rápido que un tris recorrió cada milímetro de mi ser. Muy lejos de quitar mi
contacto con su cuerpo, me sentí en la obligación de apretar aún más con fuerza
su brazo.
Mis ojos se desviaron varias veces hacia su pecho que me
hacía generar líquidos diversos en todo el cuerpo. Los minutos transcurrían y ni
una palabra más rompía el silencio que tan sólo se veía obstaculizado por la
respiración agitada de ambos.
Por segunda vez mi vista se posó en su rostro y se percató
que su mirada buscaba la mía. Aún así, sus pezones continuaban perturbando mi
atención en forma intermitente.
- Martín... yo...- intenté decir cuando no había excusa
posible para poder explicar en qué estado me ponía su cuerpo semidesnudo.
- Shhh! No expliques nada, Zesna- susurró, se acercó a mí,
apoyó su cabeza en mi hombro y me rodeó con sus potentes tentáculos,
improvisando un abrazo.
Sentí el afecto sincero de este muchacho que dejaba en
evidencia que no era lo tan fuerte que pretendía ser; o por lo menos que también
clamaba a gritos por un afecto que seguramente le estaba faltando.
Mis brazos permanecían verticales a cada lado de mi cuerpo,
con legítimo temor de intentar rodear a este mastodonte. Tenía la certeza de que
si lo abrazaba, no podría dominar mis impulsos posteriores.
Nuevamente todo estaba en tinieblas, confuso... hasta diría
ambiguo, y no quería interpretar algo indebido. Aún logrando comprender el
motivo de este recibimiento, no estaba seguro de desear hacer con este gordo lo
que posiblemente no hubiera dudado en realizar en otra ocasión y con otra
persona. Ya había decidido que quería una relación transparente con Mónica... y
si caía rendido a la tentación de tener algo con Martín, podría perjudicar la
relación seria que pretendía tener con su hermana.
En un momento tuve el impulso de largar todo a la mierda,
revolcarme con este gordo por el piso, tener sexo salvaje y complacerlo en todo
lo que pudiera...
Y después... qué?
La sensatez tomó cartas en el asunto y por enésima vez decidí
dejar todo en manos del azar, dedicarme a disfrutar de ese momento hermoso en
contacto con el cuerpo desnudo del hermano de quien pretendía que fuera mi
novia, y volver a seguir los caprichos del destino desconociendo qué me tendría
deparado para esta ocasión.
Otra vez mi mente estaba en conflicto interno. Debía hacer un
esfuerzo por mantener la razón y la coherencia... pero eso se estaba tornando
difícil... muy difícil. Mucho más aún cuando mi miembro hacía un buen rato que
había despertado.
Sentía la respiración y expiración de Martín. Su aliento me
golpeteaba el oído derecho y parte de la nuca, además de que sentía a su pecho
apretarse y aflojarse contra el mío en forma intermitente a medida que tomaba
aire y lo expulsaba.
Dios!
Continuaba manteniendo mis brazos caídos, inmóviles... y
Martín parecía sentirse cómodo teniéndome como muro de contención. Permanecía
inmóvil, y cualquiera hubiera pensado que se había dormido en mi hombro... tal
vez, estuviera expectante de lo que yo pudiera hacer.
Intenté finalmente avriguarlo.
Levanté mis manos hasta ponerlas por debajo de sus axilas, y
sin estar 100 por ciento seguro de que debería cerrar ese abrazo que él
seguramente estaba necesitando, dejé que mis dedos tocaran su rolliza espalda;
fue en ese preciso momento que sentí un beso es el cuello.
- Quieres decirme qué te sucede, Martín?- le dije en un
susurro como para preservar la intimidad.
- Sí, pero más tarde... se sienta muy bien así- contestó y
acomodó aún mejor su cabeza sobre mi hombro, mientras apretaba un poco más su
abrazo.
Quince minutos después, luego de esa extraordinaria
transmisión de energía, luego de mojarme el hombro con algunas lágrimas, luego
de volver a recibir un par de besos en el cuello, y luego que la respiración de
ambos volvió a una supuesta normalidad, nos despegamos para volver a mirarnos a
los ojos.
Había comenzado a mirarlo con cierta lujuria, y él me
devolvía una mirada perdida, risueña... diría casi tonta.
- Creo que tú y yo tenemos que hablar largo y tendido, amigo-
le dije y simplemente asintió.
Lo ayudé a que alcanzara el sillón gigante de la sala de
estar y simplemente se dejó caer allí. Yo opté por sentarme en uno individual
frente al suyo para estar más cómodo y tener mejor perspectiva de su cuerpo.
Comenzó a hablar, pero yo no lograba prestarle la atención
debida. Tenía todos mis sentidos concentrados en los colosales pechos caídos
sobre su panza y en la abertura de la toalla gigante que dejaba a la intemperie
una buena parte de su gordo muslo izquierdo.
- Discúlpame, Martín...- le interrumpí con un tono de cierta
vergüenza.- No sería mejor que te pusieras algo encima? No sea cosa que te
pesques un resfriado.
Seguía mirándome con esa mirada alegre pero tenía la certeza
que no entendía nada.
- En serio, amigo... no me dejas prestarle atención a tus
palabras- confesé.
- No entiendo...- confesó finalmente.
- Ven!- le dije poniéndome en pie y ayudándolo a él para ir a
su habitación. Tuve que sostenerlo porque sino se hubiera caído en más de una
oportunidad.
Una vez que ingresamos a su dormitorio, se separó de mí.
- Déjame que yo puedo solo- dijo demostrando enfado- No creas
que soy un lisiado...- dijo volviendo a sonreír- A qué vinimos a mi habitación?
- A que te cubrieras el cuerpo con alguna prenda. Está fresco
y puedes contraer un resfrío- repetí.
- Ah... sí... claro!
Lo dejé que avanzara unos pasos por su cuenta y lo hizo
trastabillando. Le costaba mantenerse en pie. Se tropezó contra la cama y contra
todo mueble que estaba en su camino, hasta que logró abrir un placard y extrajo
un pantalón deportivo y una remera amarilla gigante.
Me dio la espalda por unos segundos y sin aviso previo dejó
caer la toalla al piso.
Estuve al borde de un ataque de taquicardia mientras admiraba
uno de los culos más grandes de los que tenga memoria. Sus gordas nalgas
lograron en verdad apabullarme. Me sentí realmente incómodo, porque no pude
evitar tener una poderosa erección mientras él se agachaba para subirse los
pantalones. Tenía dificultad para hacerlo solo, pero por una actitud que
considero egoísta, me permití admirar todos sus movimientos sin intervenir.
Finalmente lo logró; se dio la vuelta otra vez para ponerse de frente a mí e
intentó ponerse la remera.
Ahora sí le presté ayuda.
- Está mejor así?- dijo sin dejar de sonreír una vez que
estuvo vestido.
Seguía muy alegre, y debía atribuirlo al consumo del alcohol;
sin embargo, no me quedaba claro si estaba siendo perverso conmigo, o el haberse
dejado caer la toalla para mostrarme el culo lo había hecho en forma
completamente natural y sin ninguna intención.
Cómo odio cuando sucede esto! Detesto realmente estar ante
una situación ambigua donde no puedo confirmar las verdaderas intenciones de la
persona que tengo enfrente.
- Me gustaría saber por qué te gusta tanto el color
amarillo?- pregunté para desviar su atención hacia algo más intrascendente, y
para ser honesto, para desviar también mi propia atención a lo que me tenía duro
como la roca.
- Quiero que seas sincero, Zesna- dijo dejándome expectante-
Tú no me recuerdas de la secundaria, verdad?
- Claro que sí... pero es que en verdad estás muy cambiado,
Martín. Sé que nunca fuimos amigos... no sé el verdadero motivo por el que jamás
habíamos sido. Tú sabes... a veces las tonterías de jóvenes inmaduros no te
hacen ver el verdadero valor de las personas.
- De qué mierda estás hablando?- preguntó como si yo
estuviera expresándome en algún idioma de otro planeta; sea como fuera, igual me
dejó totalmente anonadado con su pregunta.
Lo miré con sorpresa.
Qué fue lo que había dicho?
Creo que eso que dije fue lo más coherente que se me ocurrió
ya que no podía confiarle la verdad de los hechos. En realidad, nunca antes lo
recordaba así de gordo.
Es cierto, antes ni siquiera me había fijado en él y ahora
parecía que había logrado ser mi centro de atracción.
Pero aún así, desconocía el motivo de su pregunta.
- Sólo estaba excusándome del por qué nunca te había prestado
la atención debida...
- Ya! Ya me lo sospechaba. Desde muy chico tengo predilección
por el color amarillo. No sé el motivo, pero intentaba que me compraran todo de
ese color, cuando fuera posible. Para mí, no existía por ejemplo un sacapuntas
si no era de ese tono, entiendes?
- Sí, pero por qué la obsesión?- pregunté ahora realmente
interesado en su respuesta.
- No sé si es obsesión; pero si lo fuera... se pueden
realmente buscar explicación para las obsesiones? Tú no tienes obsesiones que no
puedes entender ni mucho menos explicar?
La boca se me abrió de par en par.
Sabría de mis predilecciones hacia los muy gordos?
Si pareciera que estuviéramos hablando justamente de eso y no
de su preferencia por un determinado color.
Qué sucedía en realidad en esta habitación? Parecía como que
estuviera en un estado etílico, y sin embargo hablaba como si estuviera en el
total control de sus palabras.
- Sí, yo también supongo que tengo alguna "obsesión", aunque
no sé si situarlo en ese término.
- Y has encontrado una explicación para ello?- insistió.
- No.
- Justamente me refería a eso...- explicó y sus ojos
entrecerrados se posaron nuevamente sobre los míos.
Estoy seguro que sabía algo con respecto a mi predilección
con los gordos. Cómo se habría percatado de ello?
Tomó asiento sobre el borde de su cama y llevó ambas manos
hacia su rostro como para liberarse de un manto imaginario.
- Cuéntame, amigo- alenté y tomé asiento a su izquierda.
- Zesna... tengo un problema grave y no sé cómo
solucionarlo...- dijo sin dejar de arrastrar sus palabras.
- Grave?- pregunté sorprendido.- A qué te refieres? Me
encantaría ayudarte en todo lo que me sea posible. Quieres compartir conmigo qué
es lo que te preocupa?
- Zesna, por favor... esto es muy difícil para mí.
- ¿?
- No, no, no... no pienses que estoy borracho. Noooo...- dijo
sacudiendo la cabeza de derecha a izquierda.
- Martín, creo que necesitas dormir un poco. Te siente bien?-
dije asustado porque pensé que no estaba coordinando lo que decía.
- Síiiii, claro que sí... No me dejarás, verdad Zesna? No
esta noche. Tengo miedo de quedarme solo.
- Qué?
- Por favor, no te vayas...- dijo con temor- me es muy
difícil hablar de estos temas con alguien. Me están sucediendo cosas muy
extrañas y no las comprendo.
- A qué te refieres?
- Nunca me había pasado algo así, Zesna.
- Qué es lo que te ha sucedido amigo?- dije sin poder ocultar
mi interés- Dímelo de una buena vez... me tienes en ascuas desde el otro día.
- Shhhhhh!!!! Las paredes oyen...- dijo poniéndose serio.
- Pero me estás queriendo tomar el pelo, Martín? Creo que tú
necesitas dormir un rato.
- No... no... es que tú no entiendes- dijo sacudiendo la
cabeza de lado a lado para dar más énfasis a esa negativa.
- Pero... qué es lo que tengo que entender?
- Shhhh... pero habla en voz baja- dijo bajando el volumen
varios decibeles.
- Tú estás en pedo, verdad, Martín?- pregunté ya comenzando a
irritarme y poniéndome en pie.
Me tomó la muñeca con su mano en forma veloz.
- No, Zesna, por favor... no me dejes ahora...- suplicó.
El cortocircuito que sentí cuando nuestros cuerpos se
tocaron, me cortó la respiración.
Creo que él mismo sintió también algo parecido porque
súbitamente retiró su brazo; vislumbré en su rostro un aspecto de no entender
nada, miró la palma de su mano y volvió la vista a mi rostro.
- Martín... cuéntame qué es lo que te sucede... por favor.
- Tengo sueños extraños... Zesna- confesó en forma seria.
- A qué te refieres con extraños?
- Mira... desde que te vi por primera vez, tuve la sospecha
que tú irías a complicar mi existencia.
Bueno, para ser sincero, no me estaba revelando ninguna
novedad con esa confesión.
- Algo sucedió en el campamento...- continuó.
- A qué te refieres?- pregunté ahora más interesado.
- Fue después de que entraste a mi carpa.
- Sí, recuerdo... ni siquiera me querías contigo, verdad? Me
querías echar a puros pedos.
- Sabía que no lo lograría... estaba aterrado, Zesna...
- Aterrado? No entiendo aterrado de quién? De mí?- pregunté,
cada vez más sorprendido.
- Es que no me gusta dormir acompañado.
- Por qué no?
- No lo sé- contestó.
- Te sentiste incómodo conmigo?- pregunté.
- No.
- Aja! Y qué más tienes para contarme?- pregunté temiendo que
en realidad me hubiera sorprendido dándole el beso en la boca, cuando creía que
él estaba completamente dormido.
- Esa misma noche, tuve un sueño extraño. Y no me vas a creer
lo que sucedió en él?
- No tengo ni idea. Qué?
- Uffff! No quiero que te enojes.
- Intenta ser sincero, y te prometo que no me enojaré.
- Prométeme que no te enojarás, eh?- decía como si tuviera
pánico de que terminara yéndome como había amagado a hacerlo hacía unos
momentos.
- Te lo prometo.
- Júrame que no te irás dejándome solo, por favor!- suplicó.
- Te lo juro, Martín. Dime de una vez qué fue lo que...
- Soñé que me besabas en la boca- interrumpió y noté
realmente terror en su rostro.
- En serio?
- No te vas a enfadar, verdad?
- Depende...- estaba intentando pensar lo más rápido posible;
debía descubrir si él soñó eso o realmente supo que lo besé de verdad y quería
ver mi reacción.- Cuéntame... y cómo fue ese beso?
- No entiendo tu pregunta...- dijo riendo en forma
extremadamente nerviosa.
- Me gustaría saber si te gustó ese beso- insistí.
Su rostro se puso serio en forma instantánea. Apartó sus ojos
de los míos, pero los mantenía abiertos de par en par y sin parpadear.
- Creo que no lo sé- respondió con la mirada perdida en
ningún lado en particular.
- Crees que no lo sabes?- insistí.
- No estoy seguro- confesó.
Me acerqué lo más que pude a su rostro y sin dar
explicaciones lo besé en los labios.
- Qué haces?- preguntó sorprendido por mi proceder.
- Me gustaría que estuvieras seguro si te gusta o no.
Se llevó dos dedos a sus labios mientras no quitaba su vista
de mis ojos.
-Qué has hecho, Zesna?- preguntó totalmente desorientado.
Tomé su mano, lo aparté de mi camino, apoyé nuevamente mis
labios en su boca carnosa, solté otro beso que tampoco respondió, y me animé a
tocar la antesala de su boca con mi lengua.
- Dios mío... qué estás haciendo, Zesna?
- Sólo dime si te gusta o no...- insistí.
Aterrado y desconcertado, negaba con la cabeza.
- Eso no es cierto- afirmé.
Tomé su mano con la mía y la apreté. Nuevamente un gran
caudal de energía nos tenía a ambos como cómplices absolutos y sin testigos.
- Has visto que eso no es cierto? Ahora dime la verdad... Te
han gustado mis besos, cierto?- insistí una vez más.
- Sí...- contestó tímidamente y con una mirada que denotaba
pánico.
- Y ese es tu gran problema, verdad? Estás confundido. Te
gustan mis besos y no eres homosexual.
- Es que no lo entiendo...
- Pues, mira... yo tampoco soy homosexual. Me gusta mucho tu
hermana, Martín.
- Entonces?- dijo luchando contra algo que no era capaz de
comprender.
En ese preciso momento decidí mandar todo al mismísimo
carajo. En forma instantánea dejó de importarme el resto del mundo.
Llevé mi mano a su entrepierna y por más que lo sospechaba,
igualmente me sorprendí al descubrir su potente erección.
Su reacción no fue la que yo esperaba.
- No... qué haces?- dijo riendo nuevamente en forma muy
nerviosa mientras me golpeaba el brazo para quitarlo de su sexo duro.- No
entiendo, Zesna... qué te sucede?
- Sólo dime qué quieres de mí, y seguramente lo obtendrás,
Martín- dije intentando ser todo lo explícito que ameritaba el momento.
- Amistad...
- Sólo amistad? Está bien, puedo darte amistad, pero pensé
que querías algo más... puedo darte todo lo que desees.
Estaba seguro que fui gráfico. Estaba convencido que
entendió... que ya no debería quedarle ninguna duda.
Como prueba, volví a besarlo en la boca. Tampoco en esta
oportunidad respondió al beso. Debía suponer que continuaba aturdido.
- Dime una cosa que aún no me has dicho: estuviste tomando en
forma excesiva, verdad?- pregunté para averiguar lo ocurrido.
- Sí.
- Qué fue lo que bebiste?
- Cerveza.
- Cuanto has ingerido?
- Tres litros.
- La mierda! Y no estás acostumbrado a tanto, verdad?
- No.
- Y puedo saber a qué se debió la decisión de hacerlo en esta
oportunidad?
- Es que discutí con mi hermana.
- Puedo saber el motivo?- pregunté, y ante su mutis, continué
con otra pregunta.- Tu hermana... puedo saber qué es lo que siempre me quisiste
decir y nunca pudiste por un motivo o por el otro?
- Antes me gustaría que me dijeras cómo está la relación
entre ustedes?- preguntó y me pareció lógica su inquietud.
- Pues, te diré que no termina de encenderse. Parece como que
siempre encuentra un problema y se hace la ofendida.
- Es como que no le interesaras, verdad?
- Ahora que lo dices, sí... a veces tengo ese mismo
presentimiento.
- Y si yo te dijera que no le interesas en absoluto? Qué me
dirías?
- Bueno, primero te preguntaría como lo has averiguado. Ella
te lo ha dicho?- pregunté casi impaciente por conocer la verdad.
- Por supuesto que no, pero la conozco, Zesna.
- Pero es que aún no me has...
- Dame otro beso- interrumpió con un susurro.
Me quedé petrificado.
- Es cierto lo que acabo de escuchar? Es verdad que quiere
otro beso?
- Tú eres pelotudo, verdad?- preguntó soltando una
carcajada.,
- Debo sospechar que sí, porque me lo dicen muy a menudo-
confesé y me sumé a su festejo.
Antes que se extinguieran nuestras risas, me acerqué a su
rostro. Nuestros alientos se entremezclaban mientras no parábamos de reír.
Junté mis labios a los suyos, y por primera vez respondió a
mi beso, aunque en forma tímida.
Comencé a acariciar ese rostro hermoso con mi mano derecha y
apoyé la izquierda en uno de sus muslos.
- Te juro que no entiendo, Zesna. Es verdad que te gusta mi
hermana?- preguntó en tono inocente.
- Sí... tu hermana me gusta mucho... pero más me gustas tú-
contesté y nos fundimos en nuestro primer beso apasionado.
Mientras nuestras lenguas se entrelazaban, nuestras
respiraciones se asemejaban a dos locomotoras enloquecidas y fuera de control.
Una vez que nuestras bocas se despegaron, nuevamente la duda.
- Estoy confuso, Zesna...
- No te preocupes, que si necesitas ayuda, te voy a guiar. En
principio, haz lo que te venga en gana, y no me pidas permiso para nada. Ya lo
tienes concedido de antemano.
Tras unos minutos de duda, su mano se animó finalmente a
tocar mi brazo. El calor que se formó en ese punto de contacto fue realmente
insoportable. Yo acomodé mi cuerpo para con mi izquierda levantarle la panza y
llegar a sus genitales. Lo toqué por sobre sus pantalones, y esta vez no me lo
impidió.
Sosteniéndoselo bien apretado dentro de mi puño, nuestras
bocas nuevamente se pegaron como los polos opuestos de dos imanes. Improvisamos
una transfusión de saliva de uno al otro y no nos detuvimos hasta que nuestras
lenguas alcanzaron a conocer todo el interior de nuestras bocas.
- Oh, Zesna- gimió mientras su órgano sexual latía
desesperadamente.
- Tu hermana no nos sorprenderá, verdad?- pregunté temeroso.
- No... no te preocupes, ella no vendrá hasta la mañana.
Intenté subirle la remera, y no logré quitársela hasta que él
ayudó. Cuatro manos lograron la labor más rápidamente.
Ahora tuve esos duraznos sabrosos más cerca que nunca de mi
boca. Los acaricié con la yema de dos de mis dedos que los reconocieron como
duros y absolutamente inmensos.
- Te gusta?- pregunté.
No contestó, simplemente asintió con la cabeza sin dejar de
mirar cómo le retorcía los pezones.
- Estoy muy confuso, Zesna- repitió por décima vez.
- Lo sé... sólo disfruta que tengo mucho para enseñarte esta
noche- dije y fui con mi boca a suplantar a mis dedos y comencé a tocarlo con la
lengua.
Enloqueció. La sensibilidad que tenía allí era tremenda.
- Alguna vez te han hecho esto?- pregunté con curiosidad.
- No!
Abrí la boca lo más grande que pude, y me metí la fruta
madura en la boca. Cuando comencé a chupar, pensé que el gordo se moriría allí
mismo.
Comenzó a retorcerse evitando que su teta se saliera de mi
boca.
Mientras succionaba el derecho, la mano que sostenía su pene
duro fue en busca de su pezón gemelo y comenzó a pellizcarlo.
- Ahhhhrgggg!- gruñó.
Dejé de hacer lo que hacía y me desabotoné la camisa como si
hubiera caído víctima de un acto desesperado.
Me paré frente a él que permanecía sentado en la cama, y le
rodeé el cuello con ambos brazos. Acto seguido, fui empujándolo hasta ponerlo de
espaldas contra el colchón y yo quedando encima de él.
Sus piernas estaban abiertas y sus pies aún permanecían en contacto con el piso
de la habitación. Paseé mi rodilla por todo su muslo derecho hasta dejarlo
estacionado sobre su erección. Presioné allí mientras miraba a Martín a los
ojos.
- Te gusta?- pregunté nuevamente.
Tampoco contestó con palabras, pero volvió a asentir con la
cabeza.
Junté mis labios con los suyos y me mantuve expectante. Luego
de unos instantes de inactividad, él comenzó a acelerar su respiración mientras
yo no dejaba de frotarle los genitales con mi rodilla. Noté su miembro grueso y
tan duro que se asemejaba a una estaca clavada en su entrepierna.
Intentó darme un beso que evadí. Me hizo sonreír. Saqué la
lengua y la hizo desaparecer entre sus labios. Succionó.
Ahora me excité yo mismo, y abrí la boca para compartir otro
beso jugoso.
Mi pene rocoso estaba frotándose sin cesar sobre su panza.
- Quítate toda la ropa, Martín, y vamos a meternos en tu
camita, si?. Quiero sentir tu calor corporal en contacto con mi cuerpo.
- Ay, Zesna... no sé si lo podré hacer- confesó en forma
honesta.
- Por qué no? Tienes miedo?
- No lo sé... en verdad que no lo sé.
- Tienes vergüenza?
- Sí, tal vez, sí... no lo sé... pero puede ser.
- Tengo la solución para eso. Apaguemos la luz entonces.
Me salí de encima suyo y fui al interruptor de la luz junto a
la puerta de entrada del dormitorio. Antes de accionarlo, miré a Martín que
seguía en la misma pose en que lo había dejado: medio cuerpo acostado sobre la
cama, y sus pies aún apoyados sobre el piso. Me llamó la atención la pequeña
protuberancia que se erigía desde su entrepierna. Sus pantalones formaban una
colosal carpa. Tenía una erección de la puta madre!
Hice que la oscuridad total se adueñara del lugar.
La mierda! No se veía nada!
Esperé unos segundos para que mi vista se acostumbrara a la
penumbra y cuando divisé algunos reflejos emprendí la marcha hacia el lugar
donde se encontraba aguardando mi amigo.
Llegué a ubicarme frente a él, y tanteando logré encontrar el
elástico de sus pantalones.
- Ayúdame a quitártelos.
- Sí!- dijo en forma cooperativa.
- Martín... quiero hacerte una pregunta y espero que no te
moleste. Has tenido sexo con alguna persona anteriormente?
- No!
La respuesta me sorprendió totalmente.
- No? Ni hombres ni mujeres?- insistí.
- No.
Con su ayuda logré que sus pantalones terminaran en el piso
al costado de la cama.
Me arrodillé frente a sus piernas abiertas.
Mis manos reconocieron una de sus tremendas rodillas, y
decidí comenzar desde allí.
Mi lengua se posó en su rótula, y cual viajante de negocios
fue en busca de mejores oportunidades. Lamió desde allí, pasando inmediatamente
a la parte interna de su muslo y fue ascendiendo.
La respiración de Martín se intensificó y se descontroló en
forma instantánea, ya que vislumbraba hacia donde me dirigiría con la lamida.
Mi lengua dejaba atrás un tendal de suaves y finos vellos,
cual camino alfombrado que anticipaba el delicioso manjar de su entrepierna.
Su muslo era poderoso, macizo e interminable; hasta que mi
nariz se chocó con su testículo derecho. Lo lavé con la lengua, fui a realizar
la misma limpieza a su izquierdo (suelo hacer eso siempre, para evitar los
celos), y me detuve en la base de su torre.
Potente, erguida, pulsando, ahogándome con el olor a
excitación, chorreando gran cantidad de líquido viscoso y sabroso que degusté
sin parar.
Escalé la protuberancia dejando atrás un montón de arbustos y
Martín enloqueció.
Tenía ambos brazos apoyados sobre sus muslos que comenzaban a
temblar en forma espasmódica. Eso posiblemente fue lo que me confirmó que nunca
antes había experimentado algo similar.
Llegué a su glande. No tenía piel. Luego me confirmó que
había sido operado de niño, habiéndosele quitado porque corría el riesgo de que
la poca abertura que tenía le estrangulara la punta del pene.
Mis labios se sumaron a la aventura de secar su inundada
flecha, y casi sin darme cuenta le estaba chupando en forma desesperada la
enorme cabeza que coronaba lo que adivinaba como una verga gruesa y venosa.
Mis lamidas y chupadas, se intercalaban con besos
intermitentes en los genitales.
Se empezaron a escuchar gemidos y alaridos cada vez menos
espaciados hasta que su voz volvió a escucharse en la habitación.
- Me vengo!- dijo y un par de segundos más tarde, una
catarata de crema comenzó a escapar de su uretra mientras un grito interminable,
espasmos descontrolados y sacudones de todas intensidades me hacían saltar
encima de él, siguiendo su ritmo.
Tuve la precaución de sostener su pene con ambas manos
sintiendo el recorrido de su esperma desde la base, hasta que se escupió en mi
boca, y cuidando de que no se escapara de allí por lo violentos que se tornaron
sus movimientos.
Lentamente todo fue retornando a la normalidad.
Un par de espasmos aislados anunciaban que en unos momentos más, su respiración
también se calmaría.
Así fue.
Aproveché para lamer los últimos vestigios de esperma que mi
lengua encontraba en un pene que comenzaba a encogerse. Seguí el recorrido de su
pija con mi lengua, hasta que desapareció dentro de su abdomen.
Saboreé mis labios y acto seguido fui al encuentro de su
rostro.
- Te gustó?- pregunté para escucharlo de sus propios labios,
ya que daba por descontado que su respuesta iba a ser afirmativa.
- Mi hermana es lesbiana- dijo como único comentario y casi
como un susurro inaudible.
CONTINUARÁ.
Si te gustó este relato, no dejes de leer alguno de los otros
95 del mismo autor, por ejemplo "El Chavo del 8" (
http://www.todorelatos.com/relato/26583/ )