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Luisa va a un pub con su amante y un amigo. Allí es sometida a los deseos de ambos.
EL PUB
Luisa ha sido citada por su amante. A la hora convenida ella
le espera sentada en una mesa. El local, débilmente iluminado, está dispuesto
como si fuera un pub. Las mesas están separadas por unos biombos de bambú que
les dan intimidad. Cuando su amante llega, lo hace acompañado de un amigo.
"Harás todo lo que él te pida", le dice como presentación mientras se sientan.
Él lo hace frente a ella. Su amigo a su derecha. Encargan tres aperitivos.
Mientras el camarero trae las consumiciones él le ordena: "Quítate las bragas.
Tu culo debe posar desnudo sobre la silla". Luisa levanta un poco su culo y
desliza las bragas hasta medio muslo. Luego las empuja hasta las rodillas y las
deja caer a los tobillos. Se agacha, recoge las bragas, se inclina hacia
adelante y se las entrega a su amante que las guarda en un bolsillo. Al volver a
sentarse, se sube la falda y deja que su culo repose directamente sobre el cuero
del asiento. Su amante le ordena a continuación que separe sus piernas. Ella
obedece con rapidez. "No volverás a cerrarlas sin mi permiso". Luisa asiente y
baja la mirada, mientras siente el pie descalzo de su amante hacerse sitio entre
sus muslos abiertos. Posa el pié sobre su sexo y comienza a masajearlo hasta que
ven venir al camarero con las consumiciones. Cuando el camarero se retira el
amigo desliza su mano sobre sus muslos y deja caer sus dedos hasta la raja
abierta. "Está húmeda" dice mientras comienza a masajearle el clítoris. Continua
haciéndolo mientras hablan en animada charla. Luisa está al borde del orgasmo
cuando el hombre se detiene. "Este coño está muy caliente. Voy a refrescarlo"
dice mientras coge un cubito que flota en su bebida y lo hunde en la caliente
raja de Luisa. Ella siente que su sexo se contrae y que sus pechos se endurecen.
A causa de las contracciones el hielo se sale. Él lo hunde de nuevo,
devolviéndolo a su lugar. "Si se vuelve a salir, te lo metes tu misma" le dice
mientras retoman la conversación. Transcurridos unos minutos su amante le dice:
"Cuando se derrita el hielo por completo nos iremos. Avísanos" Luisa siente el
hielo derretirse en su coño desnudo y nota como va encharcándose la silla.
Mantiene la falda separada para no mojarla y cuando nota que el hielo ha
desaparecido avisa a su amante: "Señor, ya no hay hielo". Él pide la cuenta y se
levantan para irse. Cuando se separan de la mesa, un pequeño charco sobre el
cuero de la silla delata lo ocurrido. Ella se sonroja y ellos sonríen al verla.
"Vámonos a tomar la ultima copa a casa", dice su amante mientras salen por la
puerta del local y llaman a un taxi.