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Eva es llamada por su amo a su despacho. Cuando llega es recibida como la sumisa que es.
EL DESPACHO
Eva recibe un mensaje en su móvil mientras trabaja. "Cuando
salgas de trabajar, preséntate en mi despacho". Mira el reloj. Son las doce del
mediodía. Continua trabajando hasta las dos mientras ansía encontrarse con su
amante. Cuando sale del trabajo va directa hacia las oficinas donde él trabaja.
En recepción le preguntan a donde se dirige. "Voy al despacho de Don Alberto",
contesta mientras prosigue su camino. Cuando llega ante su despacho él ya ha
sido avisado por la recepcionista y la espera con la puerta abierta."Entra le
dice". Eva obedece y él la sigue tras cerrar la puerta. Ella lleva puesto un
conjunto blanco de cazadora y pirata. Bajo la cazadora desabrochada, un top azul
claro completa su vestuario. No lleva sujetador y sus grandes tetas se bambolean
libres tras la fina tela al caminar sobre las sandalias de tiras que muestran
sus cuidados pies. Él la alcanza por detrás y la toma por sus brazos. Tira de
ella hacia sí y se pega a su espalda. Mientras la sujeta con fuerza le susurra
al oído: "Te dije que solo debías llevar faldas". Antes de que ella conteste él
le sube el top dejando sus tetas al aire y comienza a azotarle el culo. Los
azotes resuenan en el despacho mientras él continúa azotando sus nalgas Cuando
se detiene y tira de su pantalón hacia abajo, aparecen sus nalgas enrojecidas en
contraste con el blanco del pantalón. Su culo queda desnudo. Tan solo la cubre
el cordón que su amante le colocó ayer antes de irse, cruzando su coño y
rodeando su cintura. Él se sienta y la dobla sobre sus rodillas. Sus pies y
manos cuelgan hasta el suelo apoyándose y dejando su culo a meced de su amo.
Continúa la azotaina hasta que su culo esta enrojecido totalmente. En ese
instante él la coge en brazos y la posa sobre la mesa tumbándola sobre su
espalda. Eva ve como él saca cuerdas de su mesa y comienza a atarla. Manos
juntas. Brazos estirados. Tobillos juntos que tiran de su cuerpo dejándola bien
recta. Le quita el foulard que rodea su cuello y con él le venda los ojos. Queda
inmovilizada y cegada. Tan solo su piel y su oído le pueden dar sensaciones. Y
las encuentra cuando él comienza a acariciar sus pezones. Recorrer su piel
picoteándola, provocando sudores y temblores en cada rincón. Ella se abandona a
su amo. Feliz en su oscura inmovilidad deja que su amo le traiga el placer que
ella ansía.