Fabi, apasionada del semen (1).
Me encanta la lectura de relatos eróticos y al encontrar esta
página, que a mi gusto es la más completa y mejor organizada, me decidí a
escribir mis experiencias en cuanto al sexo oral, ya que no he sido penetrada en
ninguna forma, excepto en la boca por supuesto. En mis relatos escribiré sobre
lo que más me gusta hacer, mamar vergas y tragar semen.
Hola, mi nombre es Fabiola, tengo 20 años y estudio el sexto
semestre en la Universidad. Mido 1.65 de altura, soy morena de cabello rizado y
tengo ojos de color castaño oscuro. Mi cuerpo no es nada del otro mundo, mis
medidas son 92-62-90. Soy una chica normal, con buenas calificaciones y algunos
amigos. Sin embargo, aunque no lo parezco, soy una chica muy caliente. He tenido
muchos novios, pero ninguno se ha ganado el honor de penetrarme vaginalmente. No
me llama la atención el sexo anal, creo que debe ser muy doloroso. Solo he
tenido sexo oral y me encanta. Ningún chico se ha quejado, al contrario siempre
me dan todo su semen y a mi me encanta tragar la eyaculación completita, sobre
todo si el semen es muy grumoso y espeso. Aunque me gusta de cualquier forma.
Todo comenzó en mi adolescencia, tenía 14 años y tres amigos
nos invitaron a dos amigas y a mi a ver películas en la casa de uno de ellos.
Era la época de la curiosidad y nos pusimos a ver una película pornográfica. A
nosotras nos impresionó la forma en que los actores penetraban salvajemente a
las chicas, generalmente por el ano. Cuando el tipo llegaba al orgasmo y
eyaculaba en la cara de la chica, muy abundantemente por cierto, los chicos se
ponían a gritar como locos, se nota que les encantaba.
Mis amigas y yo acordamos que era un asco que la chica dejara
que un desconocido le rociara la cara de semen y peor aún que se lo comiera.
Ellos decían que las actrices de ese tipo de películas tenían una cutis terso y
suave, además, sus cuerpos se mantenían delgados por las proteínas que contiene
el semen. Como el actor de la película era un tipo gordo y muy velludo, un asco
de tipo, nos parecía que el que debía comer semen era él. Los chicos se rieron y
dijeron que ellos producían semen para las chicas y que ellas debían comerlo o
dejarse bañar la cara en semen.
La discusión sobre quien debía comer semen llegó a tal grado
que nos propusieron un reto. Ellos veían películas desde hace tiempo y se
masturbaban mucho, guardando su semen en frascos de color ámbar que guardaban en
el minibar que el dueño tenía en su cuarto. Eran en total 10 frascos de 100 ml
cada uno llenos hasta el tope del lechoso líquido. El reto era que debíamos
jugar una ronda de Maratón, el clásico juego de preguntas y respuestas, y el
equipo perdedor bebería el semen de los frascos. Nos formamos en equipos de
chicas contra chicos, los integrantes del equipo perdedor deberían beber el
semen de un frasco cada uno y vaciar otro en su cara y untarlo como si se
tratara de una mascarilla facial.
No se porque aceptamos, creo que por orgullosas, ya que mis
amigas y yo teníamos un promedio de 9.5 (entre las tres), el caso es que
aceptamos. Al principio íbamos ganando pero a la mitad del juego los chicos nos
empataron, nosotras rompimos el empate solo por un momento y los chicos ya no
nos dieron tregua. Nos vencieron arrolladoramente con una diferencia de 15
puntos.
Estaba decidido, cada una de nosotras debería beber un frasco
de semen y vaciar otro en su propio rostro y untarlo hasta cubrirlo por
completo. Mi amiga Nadia fue la primera, bebió el contenido a tragos largos
mientras los chicos la miraban como locos. Nadia hacía muecas de asco y estuvo a
punto de vomitar dos veces, pero al final se tragó todo el semen y todavía tuvo
que limpiar el frasco con un dedo y con la lengua.
Zabdi hizo lo mismo aunque a ella le dio mucho asco y aguantó
la respiración para tratar de tragarlo todo, cuando de repente, al tratar de
ganar aire, se asqueo del olor del semen y todo lo que había tragado subió por
su garganta y brotó por su boca y por su nariz. Mi amiga tenía los ojos llorosos
y sus lágrimas se mezclaban con el semen que brotaba de su nariz y de su boca.
Los chicos la perdonaron, pero aún tenía que untar un frasco de semen en su
rostro.
Yo bebí mi frasco enterito sin hacer ni un gesto mientras los
chicos miraban directo a mis ojos. Los chicos estaban como locos, sus erecciones
se notaban en sus pantalones y uno de ellos, Manuel, sacó su verga y comenzó a
masturbarse frente a Nadia. Mi amiga lo miraba paralizada y con su mandíbula
temblando. Zabdi y yo la mirábamos a ella, que estaba en medio de las dos,
cuando Abel y Vicente imitaron a su amigo y comenzaron a pajearse a escasos
centímetros de nuestros rostros. Las tres nos abrazamos mirando los miembros de
los chicos como hipnotizadas por el movimiento violento de sus manos subiendo y
bajando alrededor de sus troncos. No tardaron mucho en eyacular. El primero fue
Abel, hizo un desastre en el rostro de Erika, la dejó glaseada de la frente a la
barbilla y de mejilla a mejilla. Su rostro quedó cruzado de hilos de esperma
blancos y lechosos, tenía goterones de esperma cubriendo uno de sus ojos y en su
oreja derecha. El blanco y espeso semen contrastaba con su morena piel y su
negrísimo pelo. Abel comenzó a untar el semen en el rostro de mi amiga con la
punta de su gruesa verga. No dejó un lugar sin cubrir.
Manuel y Vicente acabaron casi al mismo tiempo y nuestros
rostros quedaron pringados de semen. El semen de Manuel era abundante y los
primeros chorros salpicaron la frente y el pelo de Nadia. Mientras esos chorros
escurrían hasta su barbilla, la verga de Manuel escupió más semen, esta vez muy
grumoso y casi cuajado en el ojo derecho de mi amiga y al terminar procedió a
untarlo con su verga por toda su cara.
Mi rostro no tardo en sentir los calientes chorros de
Vicente. Su semen estaba muy caliente y lo sentía escurrir desde mi frente hasta
mi barbilla y de ahí colgar hasta manchar mi blusa de la escuela. Hizo lo mismo
que los otros dos, unto su lefa en mi rostro con la cabeza de su verga.
Ahí estábamos las tres, en la sala de su casa, con su esperma
enfriándose en nuestro rostro y ellos mirándonos satisfechos sentados frente a
nosotras ya con sus penes guardados. Nosotras los mirábamos con una especie de
sopor, como hipnotizadas. El hecho era que nos encantaba la sensación de ese
fluido que había salido de su interior tan caliente y espeso y que ahora se
enfriaba en nuestros rostros.
El ruido de la puerta principal que se abría nos hizo
reaccionar y al punto entró la mamá de Abel acompañada de dos de sus tías y
cuatro primas, que eran de nuestra edad. Estábamos en shock, Abel nos presentó y
sus tías y primas; ya conocíamos a su mamá, nos saludaron de beso en la mejilla.
Nos despedimos y salimos rápidamente de ahí.
Mientras esperábamos el autobús para ir de vuelta a la
escuela, porque ninguna ruta que pasaba por ahí nos dejaba cerca de nuestras
casas, nos dimos cuenta de que aún llevábamos el rostro cubierto de semen.
Ahora, el semen se había secado dejándonos una sensación de costras resecas en
toda la piel, lo sentíamos crujir al hablar, al parpadear y al sonreír.
Estábamos muy contentas aunque imaginábamos que cualquier persona nos olería a
distancia, hedíamos a esperma y la sensación era deliciosa.
Zabdi, que había sacado el semen por la nariz, nos decía que
le iba a durar el gusto a semen toda la tarde. A Nadia le encantó el semen de
Manuel, dijo que era muy grumoso y espeso y sabía asquerosamente delicioso.
Incluso, al recordar la experiencia, hizo gestos de asco y el semen le subió
hasta la garganta pero consiguió mantenerlo dentro. Sus ojos se pusieron
llorosos y mirándonos se puso a reír como loca. Las tres reímos un buen rato y
la gente que pasaba se nos quedaba viendo como bichos raros.
Tomamos el autobús a la escuela y de ahí cada quién se fue a
su casa. Recuerdo que hacía mucho calor y el sudor de mi rostro avivó la
viscosidad y el olor del semen haciéndome recordar la experiencia. Ya en mi
casa, eran las 4:30 de la tarde, me acosté en mi cama y me dormí profundamente.
Mis padres y mi hermana llegaron a las ocho de la noche del centro comercial y
me despertaron para cenar.
Me lavé la cara y la limpié de esa asquerosamente deliciosa
viscosidad espermática. Cené con mi familia, que me notó radiante y feliz, les
dije que era por la pequeña siesta que había tomado. Cenamos una pizza de
peperoni con salami, pero aún así, todavía tendría el gusto a esperma durante
dos días más.