HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (6)
CAPÍTULO VI: INCERTIDUMBRE.
Sus nervios atentaban contra lo que deseaba hacer. En
realidad era eso lo que me tenía sorprendido ya que no le había creído ni un
ápice cuando me dijo que nunca había tenido sexo con otro hombre.
Debería asumir entonces que había sido totalmente honesta?
Intenté hacerla partícipe de todo cuanto ocurría para hacerla
sentir mucho más cómoda.
- Qué deseas hacer?- le pregunté susurrando mientras mi
lengua saboreaba sus labios.
- No sé... me gustaría que me enseñaras.
- Y qué es aquello que quieres aprender?- pregunté sin dejar
de besar su boca y nariz.
- Todo lo que tengas para enseñarme.
Me detuve.
- Todo?- pregunté sorprendido, ya que quería que me
confirmara que no había sido víctima de un impulso.- Todo... quiere decir...
realmente todo?
Apenas un rayo de la luz de la luna penetraba en mi
automóvil, pero aún así noté que su rostro se tiñó de color carmín.
- Sí... necesito dejar de ser la tonta del planeta- dijo con
un dejo de tristeza.
- Oye, qué quieres decir con eso?- pregunté sin dejar de
demostrarle que en verdad me gustaba mucho.
- Ya te he dicho que desconozco mucho en cuanto al sexo.
- Ya me has dicho que no has estado con otro hombre. Pero tú
te masturbas, verdad?- reconozco que fui demasiado directo, pero los minutos
corrían y cuanto antes entráramos en el tema específico, tendríamos más tiempo
realizando lo que me interesaba en esa primera cita a las prisas.
- Claro que sí- contestó luego de unos segundos de pausa y
apartando nuevamente la mirada hacia un costado.
- Me encantaría hacerlo por ti- dije volviendo a meter mi
mano por debajo de su pollera, y arrastrando mi caricia desde su tobillo hasta
tener en la palma su tremenda rodilla.
Su respiración se agitó mientras apretaba sus muslos para
mantener mi mano aprisionada e inmóvil.
- Mira Mónica... ya sabes que el tiempo apremia. Si no
quieres, me lo dices, conversamos un poco y retornamos a tu departamento. Si
siempre va a ser así de difícil... no importa... podré esperar hasta que te
decidas a aceptarme. Sé que lo deseas, pero algo que ignoro te impide permitirme
que continúe. Me dices que quieres que te enseñe todo lo que sé, y cuando
comienzo a hacerlo, tú te pones en una posición de...
- Hazlo!-interrumpió, volviendo a abrir sus piernas, ahora de
par en par.
- En serio?- pregunté totalmente anonadado.
- Sí!
- Yo en verdad quiero hacerlo, pero sólo continuaré si tú
también lo deseas- dije aún sin estar consciente que tenía su autorización.
- Sí! Sí! Continúa... ya no te detendré...- dijo demostrando
estar realmente resignada.
- Pero... qué te hizo cambiar de opinión... así de improviso-
pregunté completamente sin poder disimular mi sorpresa.
- Eso no importa ahora... los minutos corren, verdad? Y cada
vez quedan menos... así que... comienza cuanto antes- dijo suspirando y finalizó
con un murmullo -... suceda lo que suceda...
En realidad no entendí ese último comentario, pero no me
detuve a indagar en ese momento y me dispuse a aprovechar el escaso tiempo que
nos quedaba.
Mi mano, libre de todo obstáculo, prosiguió el sendero hacia
lo desconocido. Por lo menos, desconocido para mí.
Estaba sumamente excitado, nervioso e impaciente.
Por supuesto que era consciente e que no habría allí ni pene
ni testículos... Hasta me causó gracia ese comentario; pero era lo que estaba
acostumbrado a tocar cuando accedía a una entrepierna. El hecho era que no tenía
la real certeza de si realmente me iba a gustar encontrarme con lo que
seguramente encontraría.
Tendría la misma excitación al toparme con el sexo de una
mujer? Daba por descontado que al igual que el de los hombre, el de un gordo
tenía algo mucho más especial con respecto a los de un flaco. Es más, jamás
había tocado los genitales de alguien que no fuera muy gordo, por más que sí
había visto en el gimnasio a la mayoría de mis compañeros delgados de la
secundaria sin ropas, pero ninguno de ellos me había dado deseos sexuales de
ninguna intensidad. Qué sucedería ahora con los de una mujer?
Como antecedente, debía reconocer que el contacto con la piel
de Mónica me gustaba... y mucho. Experimentaba las mismas sensaciones que cuando
estaba con un hombre gordo. Mis cosquilleos no faltaban a la cita, y mi miembro
ya estaba despidiendo la clásica "clara de huevo".
Decidí dejar todo, como siempre, en manos del destino; y como
me había aconsejado mi abuelo, me concentraría en esta experiencia y luego
tomaría mis conclusiones poniendo todo en la balanza, para conocer hacia dónde
se inclinaba ésta.
Mi mano dejó atrás su rodilla, frotó su muslo hirviendo y
húmedo y mientras iba camino a su cueva, presté atención a su rostro.
Estaba expectante.
- Dime que me amas!- me pidió apenas adiviné que estaba a un
milímetro de alcanzar su cueva inundada.
- Sí, amor... claro que te amo- susurré y fui con mi boca al
encuentro de la suya.
Mientras mi lengua se metía entre sus labios, mi dedo índice tocó líquido
pegajoso, se abrió paso entre una maraña de vellos y alcanzó a rozar algo muy
blando.
- Ahhh!- exclamó.
- Quieres que me detenga?- pregunté para quedar completamente
seguro que contaba con su bendición.
- No, no... sigue... sigue- dijo permitiéndome conocer que
estaba sumamente excitada.
Sonreí, y sin dejar de hurgar con mi lengua dentro de su
boca, comencé a explorar con mi dedo entre sus piernas.
Reconocí un par de labios verticales... gigantes, enormes...
Su líquido ya me bañaba toda la mano, pero eso no me
incomodaba en absoluto... al contrario, tenía toda la zona terriblemente
lubricada.
Mi índice buscó a tientas y logró escabullirse hacia dentro
de su vagina. Allí toqué un pequeño orificio e intenté introducir mi dedo.
- No, amor... es más arriba- dijo soltando una risa.
Mierda!
No quería que pensara que era un perfecto improvisado. Lo que
se dice un novato.
Obedecí sus demandas y me encontré con un orificio mucho
mayor al anterior. La cueva se tragó mi dedo índice y Mónica lanzó un grito
mientras cerraba sus piernas obedeciendo a un acto reflejo y para impedir que me
saliera de allí.
- Te gusta, mi amor?- pregunté sin saber realmente qué era lo
que ocurría.
- Siiiiiiiiiii- contestó mientras acompañaba su interminable
"i", y como para enfatizar aún más, con innumerables movimientos de cabeza de
arriba abajo.
Mi dedo se tropezó con una protuberancia dentro de su vagina,
y sin saber qué era, la comencé a frotar.
Enloqueció.
Seguía sin comprender nada.
- Sigue, sigue, sigue....-repitió en forma desesperada y
entre risas nerviosas, demostrando estar fuera de control.
Su excitación terminó encendiéndome a mí, y aún sin ser
consciente de lo que estaba haciendo en realidad, comencé a acelerar los
movimientos de mi dedo en sus entrañas, sin parar de llenar su boca con mi
lengua.
- Mmmm, mmm, mmm- salía de su garganta para introducirse
directamente en la mía.
Decidí sumar el pulgar a la odisea. Rocé con él los labios
vaginales y ella comenzó a temblar. La abertura de su entrepierna se tragó mi
dedo gordo y éste no se detuvo hasta tener apretada, y en complicidad con el
índice, la protuberancia que tanto parecía hacerla gozar. Pareció como si
estuviera sosteniendo un diminuto pene. Apenas unos milímetros de longitud, pero
gruesito y como si tuviera un glande pequeño en la punta. Supuse que había
conocido finalmente un clítoris.
Comencé a frotar, ahora con ambos dedos, y rápidamente
alcancé la velocidad de vértigo.
Ella ya no respondía a mis besos; simplemente parecía estar
en trance, temblando, con los ojos dados vuelta hacia atrás y con sonidos
guturales escupiendo de su boca. Me separé de su rostro para tener más
perspectiva del suyo, pero sin soltar ni un segundo el trocito de carne mojada
que parecía tomar más volumen dentro de su vagina.
Sus temblores se intensificaron y reconocí que el descontrol
total se apoderaba de ella. Sería absurdo pensar que ésta era la primera vez que
Mónica estaba experimentando algo similar? Me refiero a que otra persona le
estuviera tocando sus partes más íntimas?
De pronto un par de espasmos me incomodaron, ya que fueran
más violentos de los que estoy acostumbrado a causar, y una cantidad importante
de líquido salió despedido de su vagina y comenzó a recorrer mi mano hasta bañar
toda mi muñeca.
Otro par de espasmos y un temblequeo interminable, víctima de
un poderoso escalofrío me asustó.
Mónica abrió los ojos y me vio con la mirada fija. Mi mano
continuaba en el mismo lugar, pero ya había decidido cesar todo movimiento
dentro de sus entrañas.
- Qué sucede?- preguntó rompiendo el silencio.
- Nada... por qué lo preguntas?- dije disimulando mi
confusión.
- Pues... diría que quien te mirara, pensaría que te has
sorprendido demasiado.
- Es que tengo la mano inundada de tu excitación- dije para
distraer mi ignorancia.- Me parece un poco excesivo.
- Jajajaja! Lo sé. Eso es lo que sucede siempre cuando me
froto así como tú lo has hecho- dijo entre risitas.
- Te gustó?- pregunté para desviar la atención, sabiendo ya
su respuesta con anticipación.
- Jajajaja!!! Qué pregunta más tonta... no me gustó... Me
encantó!!!- dijo riendo.
Sus piernas se abrieron de par en par, sabiendo que aún tenía
mi mano entre ellas, y ahora comenzó unos movimientos de pelvis de abajo hacia
arriba, como queriendo que mi mano ingresara aún más dentro de ella.
- Qué?- pregunté como un tonto.
- Tú qué crees?- dijo mordiéndose el labio inferior sin dejar
de empujar su cuerpo hacia delante.
- Supongo que quieres que te siga enseñando más, verdad?-
dije sin saber exactamente qué hacer.
- Enseñarme más? Aún estoy muy caliente, Zesna... más te vale
que lo que tengas para enseñarme sea aún mejor que lo anterior, ya que lo que
has hecho me ha dejado ardiendo- dijo y vi lujuria en sus ojos.
Oh, Dios! En qué me estaba metiendo?
Pensé que ya había acabado. Cómo puede ser que aún estuviera
caliente? Y ahora qué hago?
Piensa, Zesna, piensa.
Qué haría si en lugar de una mujer, fuera un hombre gordo el
que estuviera en este mismo lugar, en estos momentos y a mi entera disposición,
con las piernas bien abiertas y con mi mano en sus genitales?
Sí... pues creo que ésa es la solución!
Quité mi mano de su cueva.
- Hey, qué haces? No, por favor no me dejes así- dijo rogando
desesperada.
- Confías en mí?- dije deteniendo todo movimiento hasta no
escuchar su respuesta.
Es que me gusta ser perverso, es como decirle: "Oye,
continuará", en medio de lo mejor"
- No lo sé... creo que sí- contestó finalmente.
- Crees? Tan solo crees? Pues te lo perdono porque aún no me
conoces. Luego de lo que tengo para ti, volveré a hacerte la misma pregunta otra
vez- dije y me dirigí con mi rostro hacia abajo, hasta alcanzar el borde
inferior de su pollera.
Comencé a lamer su pierna izquierda, desde debajo de su
rodilla y como el tiempo apremiaba, fui rápidamente por encima de ella pasando
por su muslo hasta acercarme a su sexo humeante y goteando.
Mi boca se embadurnó de su líquido pegajoso. Su sabor era
similar a lo que yo llamo "clara de huevo", el clásico líquido preseminal. Pero
jamás en mi vida había visto tanta cantidad.
- Ay, me vas a matar, Zesna... pero sigue... por favor, no te
detengas... sigue... sigue... mátame- dijo y comenzó a repetir esa última
palabra sin cesar.- Mátame... mátame...
- Que te mate? Qué te sucede? Te sientes mal?- pregunté desde
la entrada a la gruta.- Quieres que me detenga?
- No, no, no... por favor... ni se te ocurra!- dijo con risas
nerviosas.
Apenas mi lengua tocó su sexo mojado, Mónica se retorció en
el asiento teniendo la precaución de no mover ni un milímetro su vagina de la
posición en que estaba: de frente a mi boca.
Lamí ambos labios, uno a la vez
- Aaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...!
Esas exclamaciones sólo me indicaban una cosa: que no me
perdonaría si no continuaba con lo que estaba haciendo.
Toqué la unión de los labios y pujé hacia adentro.
- Aaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...!
La lengua se fue hundiendo entre las suaves paredes de su
vagina, que se abrió para recibir al inesperado visitante. Mi nariz se chocó con
carne y líquido, y el aroma que percibí me hizo recordar a los mejores momentos
que pasé con mis gordos. Mónica estaba caliente como ...
Cómo qué?
Iba a decir como una "puta"?
A qué se asemejaba esta calentura?
Sería realmente ofensivo comparar la calentura de una mujer a
la de una prostituta? O por el contrario sería un ejemplo digno?
Gozaban las mujeres de la calle como en realidad lo estaba
haciendo esta gordita? O en aquellos casos sólo era una actuación para cumplir
tan solo con una transacción comercial?
Retiro lo dicho!
No estaba caliente como una puta... simplemente estaba muy
caliente.
Esto era habitual? O debería comenzar a medir las calenturas
de las mujeres al igual que hacía con las de los hombres? Si fuera así, debería
decir sin temor a equivocarme, que ella estaba caliente como una gordita.
La punta de mi lengua alcanzó la protuberancia que unos
momentos antes habían conocido dos de mis dedos y le dieron rápidos latigazos de
lado a lado.
- Aaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...!
Metí mi boca más adentro y con mis dientes tomé suavemente
esa minúscula saliente de su sexo y comencé a mordisquear evitando causarle
daño. Tironeé su clítoris y con él entre mis dientes sacudí suavemente la cabeza
de lado a lado.
- Aaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...!
Aaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...! Aaaaaaaaaa...!
Como única respuesta, una tremenda escupidaaún mayor que la
anterior, me bañó literalmente la cara.
Me quedé anonadado.
Me salí de allí y me limpié el rostro con su propia bombacha.
- Me quiero quedar con esto... tienes algún inconveniente?-
pregunté mostrándole su prenda íntima.
- Pero cómo voy a hacer para volver a casa sin...
- No te preocupes- interrumpí sonriendo.- Nadie se dará
cuenta si no vas a los saltos.
Una vez que sequé completamente, miré su rostro y me percaté
que me estaba mirando con una sonrisa.
- Ja!- dijo mientras su respiración iba volviendo lentamente
a la normalidad.- Casi me matas en forma literal, Zesna.
- Y qué me dirás ahora? Confías en mí?- pregunté sacando
pecho.
- Sí, definitivamente!- exclamó.
Miré el reloj del automóvil.
- Creo que ya es hora que volvamos a tu departamento.
- Sí- contestó luego de confirmar la hora.- Pero antes, dame
uno de esos besos que tanto me gustan, por favor...
Me apoyé en su panza para ir a complacerla; me tomó con sus
dos brazos y logró hacerme perder el equilibrio. Me caí encima de ella.
- Oh, perdón...- dije un poco avergonzado.
- No te preocupes, no ves que soy muy grande y te puedo
aguantar encima mío- dijo riendo.
Ella fue la que comenzó con el beso que yo continué.
Nuevamente nuestras lenguas se trenzaron y de pronto ella se detuvo.
- Qué sucede, pregunté?
- Me estás matando con eso- dijo.
- No entiendo.
Sonrió.
- Anda... muéstramelo...
- Qué?
- Tú sabes...- dijo con su peor mirada de lujuria.
Recién me daba cuenta que tenía apoyada mi erección por
encima de su ombligo.
- Es tarde, amor. Ya no tenemos tiempo. Debemos irnos.
- Sólo quítatelo un instante. No seas malo. Quiero verlo...
se adivina tremendo...
- Jajaja!- dije riendo mientras decidía qué hacer. Si estaba
tan caliente, creo que lo mejor sería dejarlo para el otro día. No era eso lo
que ella había hecho el sábado cuando fuimos al campamento?- Lo siento de
verdad, pero tendrá que ser en otra oportunidad- dije mientras me incorporaba.
Su mano se movió velozmente, y no se detuvo hasta quedar
sobre mi bragueta. Le permití recorrer unos centímetros hasta apoderarse de mi
sexo.
- Guau!- exclamó.
- Debemos irnos, Mónica... recuerda la promesa que le hice a
tu hermano.
- Que se vaya a cagar mi hermano... Anda, muéstramelo!!!-
insistió.
- Lo siento, yo siempre cumplo mis promesas- dije y ocupé mi
lugar tras el volante, intentando que mis pulsaciones volvieran en forma lenta a
la normalidad.- Tal vez mañana.
- No entiendo, Zesna... me dejarás a mí por mi hermano?
Llegamos a su departamento, y ella corrió hacia el baño antes
de que su hermano se percatara de nuestro arribo.
- Veo que eres una persona de palabra, Zesna- dijo Martín
tras salir de su habitación luego de escuchar puertas que se abrían y se
cerraban.
- Seguro, amigo. Siempre soy así con las personas que
aprecio.
- Es muy difícil encontrar gente en quien confiar- comentó
mirándome a los ojos.
- Lo sé- dije sin quitar mis ojos de los suyos.- Tú tienes
algo para decirme, verdad?- pregunté bajando la voz.
- Sí, pero hoy no... Tal vez algún otro día.
- Tienes algún problema, Martín?- pregunté para evacuarme la
duda.- Si es así me gustaría ayudarte en lo que pueda.
- Otro día, Zesna- insistió.
- Pero adelántame algo... es algo muy grave lo que me tienes
que decir?- pregunté para que no me dejara con la incógnita.
- Depende!
- Depende de qué?
Mónica salió del baño.
- Tú quieres pasar al excusado, Zesna?- me invitó sin cerrar
la puerta.
- Sí, claro.
Una vez que quedé a solas, lo primero que hice fue llenarme
las palmas de las manos ahuecadas con agua y lavarme la cara. Miré mi rostro en
el espejo mientras el vital líquido caía en la pileta.
Miré al costado de la ducha y vi una cesta con ropa. No lo
pude evitar y fui a husmear allí. No tardé mucho en encontrar un calzoncillo de
color amarillo. Inmenso, casi diría que hasta gigante. Miré en su interior y
reconocí una pequeña mancha de semen en él.
Mi miembro respondió al estímulo.
Me llevé la prenda a la nariz y con la lengua toqué el interior de la prenda e
hice desaparecer literalmente la mancha. Vi un pendejo dentro, lo tomé y me lo
llevé a la boca. Era largo.
Mi lengua jugueteó con él durante unos segundos y lo adosó a
su punta para sacarlo al exterior, lo tomé con dos dedos, saqué mi pañuelo del
bolsillo y lo deposité allí.
Tuve el impulso de llevarme la prenda conmigo, improvisando
un acto cleptómano, pero finalmente la volví a poner en el lugar donde lo
encontré; cerré la tapa del cesto y nuevamente me mojé el rostro con agua fría.
3.15 AM
Esa noche no pude dormir. Me levanté y fui a tomar una ducha
caliente para poder calmarme.
No lo pude hacer.
Mis conflictos continuaban.
Salí de la ducha.
Fui a buscar la bombacha de Mónica y volví al baño. Comencé a
masturbarme con su prenda sobre mi cara.
Alcancé la erección casi en forma inmediata. Sacudí mi
miembro por largos quince minutos y llegué al momento de entrar casi en el ritmo
vertiginoso que llevaría al desenlace.
Pero me detuve.
Retorné al dormitorio con mi verga a punto de explotar,
busqué el pañuelo en el bolsillo de mis pantalones, quité el pendejo que
aguardaba dentro y volví nuevamente al cuarto de baño.
Miré ese pelo púbico de Martín; me lo llevé a la boca y cerré
los ojos intentando visualizar al gordo parado delante de mí en este baño,
mientras comenzaba a bajarse los pantalones, se acariciaba el bulto por sobre
los calzoncillos amarillos y terminaba quitándoselos para comenzar a masturbarse
a dúo conmigo.
Comencé a eyacular... y eso me sorprendió, ya que no me
estaba tocando con las manos. Sencillamente tan solo estaba imaginando al
hermano de quien sería mi novia compartiendo una paja conmigo.
Oh, Dios!
Qué difícil es la vida!
MIÉRCOLES
HORA DEL ALMUERZO
Recibí un llamado de Junior preguntándome a qué hora iría por
su casa para estar a su lado cuando tuviera la conversación con su padre, para
hacerle partícipe de cuanto estaba ocurriendo.
"Mierda!!!"
Qué me estaba sucediendo?
Nuevamente me había olvidado del muchacho y prácticamente
había arreglado con Mónica para vernos también esa noche. Ahora no quedaba más
que llamarla y decirle que no podríamos ...
No... creo que se enojaría. Pensaría que la estoy esquivando.
Entonces... qué?
Le contesté a Junior que saldría antes de mi trabajo, a eso
de las 6 de la tarde, iríamos a hablar con su padre y en menos de un par de
horas estaría libre para poder ir a mi cita.
Salí a almorzar, y al volver me esperaba tanto trabajo que se
me olvidó hacer la llamada a la gordita.
A las 5 de la tarde, fue Mónica la que me llamó.
- Zesna, estuve esperando tu llamado todo el día... pero qué
te piensas que soy?
- Qué? Pero si quedamos que te pasaba a buscar a la noche?
- No, habías quedado en que me llamabas para confirmar el
horario.
- Pero...
- Pero nada... -me interrumpió- Anda, Zesna... si no tienes
interés en mí, por qué no me lo dices y ya?
- Porque no es así, amor... te paso a buscar alrededor de las
8 y media y lo conversamos, te parece?
- Lo lamento, hoy no nos podremos ver. Vienen mis amigas al
departamento y organizaremos una partida de naipes. Así que si no tienes nada
que hacer mañana, me llamas a ver si estoy libre para ti- dijo y me cortó la
comunicación dejándome con el tubo en el oído.
- ¿?¿?¿?¿?¿?
Pero qué mierda le sucede a esta mujer?
Le resté importancia, porque estaba seguro que su excusa era
una mentira. Iría a hablar con Eduardo, y luego pasaría a darle una sorpresa a
Mónica y a buscar la reconciliación. Sé que lo lograré!
6.00 PM
Junior pasó por la tienda a buscarme y conversamos durante
todo el trayecto hacia su casa.
- Mi papá no me lo creerá, hermano- dijo apenado- por eso
necesito que estés conmigo para apoyarme en esto.
- No conoces a tu padre, brother. Estoy convencido que él
entenderá lo que haces.
Negó con la cabeza.
Llegamos a su mansión. Eduardo estaba en la piscina de
natación.
- Junior, quieres que yo me encargue de contarle?
- No, es algo que debo hacer yo mismo. Si no se lo dijera yo,
creo que nunca me lo perdonaría.
Apenas Eduardo nos vio, salió del agua para recibirnos.
- Hijos... qué sorpresa ustedes por aquí... Zesna, qué haces
tan temprano? Es que no tendrías que estar...?- se detuvo; miró a Junior, me
miró a mí, y volvió a mirar a su muchacho- Sucede algo?
- Papá, quieres sentarte, por favor?- dijo Junior tomando la
iniciativa.
- Pero qué es lo que pasa? No me asusten, hijos... por
favor... qué es lo que ha sucedido?
- Papá... hay algo que tú tienes que saber...- Eduardo tomó
asiento y sólo cuando lo hizo, mi amigo comenzó a explicar.- Hace quince días me
encontré con mamá, y ella está muy mal. Le estoy pagando la habitación de un
hotel porque no tiene dónde quedarse.
- QUÉ???- preguntó gritando y poniéndose de pie como si le
hubieran metido un cohete en el culo- Y DESDE CUANDO TE DEJAS ENGAÑAR POR ESA
YEGUA?
- No, abuelo- intenté intervenir- Lo que Junior le quiere
decir es que...
- QUÉ ES LO QUE ME QUIERE DECIR?- gritó furioso- QUE MI
PROPIO HIJO ME ESTÁ TRAICIONANDO? ASÍ QUE ME HIZO CREER QUE NECESITABA DINERO
PARA COGER CON SU NOVIA Y RESULTA QUE ERA PARA DESPERDICIARLO CON ESA HIJA DE
UNA GRAN PUTA? NO TE DAS CUENTA, ZESNA QUE TAMBIÉN SE ESTÁ APROVECHANDO DE TI?
Junior comenzó a demostrar enfado. Hasta se podía vislumbrar
el humo caliente que le salía por la cabeza.
- No me vas a dejar explicarte, papá?- dijo con los ojos
inyectados en ira.
- Y QUÉ ME VAS A DECIR... QUÉ OTRA MENTIRA INVENTARÁS AHORA?-
continuó gritando fuera de sí.
- Esto no es justo!- exclamó el muchacho y golpeó con su puño
sobre la mesa para terminar dirigiéndose a sus habitaciones mientras su padre
continuaba retándolo en voz alta a sus espaldas.
Personalmente, yo nunca había estado en una situación tan
incómoda.
- Eduardo, cálmese... por favor- intenté hacerlo razonar- No
es lo que parece.
- Y tú, Zesna... por qué lo defiendes?- dijo volviendo su voz
al volumen habitual- No entiendo... siempre has sido sensato, y ahora te pones
de su parte?
Fui a su encuentro, intenté abrazarlo y me miró con tristeza.
- Abuelo... usted sabe que si yo comprobara que Junior
estuviera haciendo algo mal, sería el primero en estar en desacuerdo con él.
- Sí, eso es lo que siempre pensé. No entiendo nada... por
qué lo defiendes?- dijo y me miró con súplica- Qué me estás queriendo decir,
hijo?
- Abuelo... Junior no se merece un castigo por lo que está
haciendo, sino un premio.
- Tú estás tan loco como él, hijo... cómo me dices eso si...
- Eduardo- le interrumpí- su mamá está infectada con el virus
del hiv.
- Qué???
-Que ella se contagió de sida y no tiene adónde ir.
- Oh, Dios!!!- exclamó de pronto. Tomó conciencia de lo que
acababa de escuchar. Me miró y las lágrimas comenzaron a desbarrancarse por sus
mejillas- Mi muchacho...
- Sí, abuelo... Junior es la única persona que se apiadó de
ella. Y no nos hubiera dicha absolutamente nada, si no fuera porque su novia
sospechó algo extraño y lo siguió hasta descubrir qué sucedía, me lo contó y
finalmente hablé con él y me lo dijo. La decisión de contárselo a usted fue sólo
de él. Yo no intervine en eso para nada. Eduardo... no puede censurar a Junior
por lo que hizo... al final, es su madre, no?
- No, no... por supuesto que no... soy un animal... cómo voy
a castigarlo por algo así... pobre muchacho. Siempre es lo mismo. Me demuestra a
cada momento lo buen hijo que es, y yo siempre estoy cayéndole encima, y
criticándolo en todo- dijo llorando y pidiéndome un abrazo que no hice esperar.
- Eso no es cierto. Junior es así de bueno, así de
inteligente... gracias a usted, abuelo- le dije al oído.- Pero ahora, me parece
que lo que debería hacer es ir a su dormitorio, abrazarlo y decirle lo que él ya
sabe: que lo quiere mucho.
- Sí... creo que debemos hablar largo y tendido, pero debo
comenzar con una disculpa- dijo resignado- Nuevamente mi muchacho me ha dado una
lección.
Me despedí para permitirles que hablen a solas, y me fui
presto al departamento de Mónica.
Fui todo el viaje pensando en lo sucedido en estas 24 horas.
Reconozco que me estaba comportando un poco egoísta con ella.
Creo que definitivamente le debería pedir perdón por no
tenerla en un primer plano. A partir de ahora, dejaré todo lo demás a un costado
para intentar consolidar esta relación. Soy una persona que me cuesta confiar en
los demás, pero debería comenzar a hacerlo. Me encantaría poder hablar con
alguien de todo lo que me sucede... me hubiera gustado poder decirle que la
reunión de esa noche que me tuvo ocupado hasta este momento, era porque mi
hermano del alma le iba a contar a su padre que su mamá estaba enferma de sida.
Si hubiera sido honesto con ella, no creo que se hubiera enojado por esa excusa
verdadera.
Partir de este instante, quisiera que esta relación fuera
todo lo transparente que me sea posible. Hasta estoy dispuesto a decirle que me
gustan en exclusividad las personas gordas. Estoy seguro que si le confieso eso,
me preguntará: "Las personas?" No has dicho las mujeres... Quieres decir que
también te gustan los hombres gordos???"
Me gustaría blanquear mi condición con ella en todo lo que me
sea posible. Creo que es la persona con quien siempre soñé estar. Me gusta estar
con ella, me gusta hablar con ella, acariciarla, besarla, explorarla...
- Mmmmm, me estoy excitando... mejor pienso qué es lo primero
que le diré para intentar la "reconciliación"; porque estoy seguro que se ha
enojado conmigo... Para ser sincero, tiene toda la razón de haberlo hecho. Si
hasta, como ella dijo, parecía que la estaba evitando una y otra vez.
Llegué a la entrada del edificio, y me encaminé hacia el
portero eléctrico, deseando nuevamente que fuera ella la que me atendiera, para
hacerla bajar y conversar sin interrupciones. No me gustaría tener que lidiar
con su hermano.
Bzzzzzzzzz!
Bzzzzzzzzz!
- Quién es?- me contestaron por el intercomunicador.
Mierda!
- Martín... soy Zesna... Está Mónica?
- No querido. Pero te abro y sube por favor...- dijo con una
voz extraña, como arrastrando las palabras, y me permitió el ingreso.
No me preocupó porque seguramente lo había despertado y aún
estaba medio dormido.
Un momento... o sí debería preocuparme ya que tenía entendido
que no le gustaba que lo despertaran.
No entiendo nada... si fuera así, por qué me permitió el
acceso? Hasta sonó amable.
¿?¿?¿?¿?
Mientras esperaba el ascensor, no podía dejar de reconocer
que estaba desconcertado por dos motivos.
Primero: Mónica no estaba en casa, cuando me había dicho que sí estaría con sus
amigas. Eso tal vez quisiera decir que ya sabía de antemano que no tendríamos un
encuentro.
Tal vez alguna otra cita con alguien más?
Ya me estaba poniendo nervioso. Otra vez las extrañas
confabulaciones me venían a la mente.
Y segundo: Martín me dejó pasar estando él solo en el
departamento? Será que querrá hablarme de aquello que me insinuaba una y otra
vez, pero que siempre nos veíamos interrumpidos por su hermana o alguien más?
Qué misterio habrá entre estos hermanos gordos?
Será que él finalmente me confiará qué es lo que sucede?
Será?
CONTINUARÁ.
Si te gustó este relato, no dejes de leer cualquiera de
los 91 relatos anteriores del mismo autor. Por ejemplo: "El Gordo de las 6 en
Punto". (
http://www.todorelatos.com/relato/32917/ )