HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (5)
CAPÍTULO V: MÚLTIPLES PROBLEMAS.
MARTES 11 pm.
Estuve todo el día aturdido. En realidad, la confusión de lo
que me había sucedido la noche anterior estaba obstaculizando mi labor.
Tenía muchas preguntas sin respuestas, tantas que creo que ya
me estaban superando.
Tomé el teléfono y marqué el número privado de la oficina de
Eduardo.
-Hola, abuelo... necesito hablar con usted... puede ser esta
misma noche... pero prefiero que no sea en su casa, por favor.
-Qué te sucede, Zesna... Te ha sucedido algo?- preguntó
preocupado.
-No lo sé en realidad. Quiero hacerle una consulta
profesional.
-Ya hemos hablado sobre ese tema, hijo... no puedo tener ese
tipo de ...
-Lo sé, lo sé "por ética profesional", verdad? No podríamos
tener una conversación de "amigos"... no, no... una conversación de padre e
hijo, por favor.
-Ha sucedido algo que desconozco?
-Tengo un conflicto interno que me está volviendo loco. Por
favor, abuelo, necesito hablar con alguien sobre lo que me sucede.
-Está bien, pero sólo te escucharé, y posiblemente te pueda
aconsejar, pero no me pidas mucho más, hijo. Estás de acuerdo?
-Sí, sí... eso es a lo que aspiraba. Gracias, abuelo... a qué
horas nos podremos ver?
-Si quieres te paso a buscar a la hora que cierres la tienda,
te parece bien?
-Sí, estupendo.
MEDIA HORA DESPUÉS.
- Zesna, tienes una llamada por la línea dos- me comunicó
Marisa, la nueva telefonista.
- Hola? Quién es?
- Yo, Zesna... disculpa la molestia, es que no me has dicho a
qué horas me pasas a buscar hoy a la noche.
"MIERDA!!!" me había olvidado de la cita que le había
prometido a Mónica.
- Qué sucede? No me vas a dejar colgada nuevamente, verdad?-
dijo en un tono que denotaba enfado.
- No, no... qué te parece a las 11 y media?
- No te parece un poco tarde? Zesna, tú estás seguro que
quieres salir conmigo?
- Sí, bebé... es que tengo una reunión familiar más temprano,
pero no quiero dejar pasar este día para que podamos conversar tú y yo.
- Veo que eres una persona muy ocupada... siempre tienes algo
para hacer- dijo en un tono irónico.
- Sí, es que suelo tener mi vida organizada y cualquier
imprevisto lo debo acomodar en mi agenda.
- ...
- Hey... qué sucedió con tu sentido del humor? No te das
cuenta que estoy bromeando?
- Más te vale... porque no sonó como un chiste.
- En realidad, tengo que reorganizar mi vida, amor. Sólo te
pido un poco de paciencia. No tienes problemas a las 11 y media entonces,
verdad?
- Bueno, en realidad yo no tengo, pero dudo mucho que mi
hermano me permita salir después de las 11.
- Si él es el único problema, entonces no te preocupes. Sé
que es un pan de Dios. Deja que yo me encargo de ese pequeño gran inconveniente.
A las 11 y 25 estaré en tu departamento.
Apenas colgué, hice otra llamada.
- Hola, Coty... debes saber algo. Hoy Junior va a hablar
contigo para explicarte todo.
- Qué? Me va a dejar por la vieja?- dijo terriblemente
asustada.
- No, no... jajajajaja! Ten un poco más de paciencia que él
mismo te lo dirá. Pero me tienes que prometer algo. Apenas Junior hable contigo,
le debes decir que fuiste tú la que me alertaste de lo que él estaba haciendo.
- Estás loco, Zesna? Si lo hago, se enojará conmigo- dijo
preocupada.
- Estoy seguro que no, Coty. Si en verdad lo amas como estoy
seguro que lo haces, no te gustaría tener una relación de total confianza con
él? Sin ocultar nada, sin misterios... en una palabra, que todo sea cristalino
como el agua?
- Ay, Zesna... tienes razón, pero tengo miedo que se enfade
conmigo por haberlo seguido a escondidas.
- Lo sé... pero estoy seguro que lo que has hecho es tan sólo
por el inmenso amor que le tienes. Coty, ni dudes que él entenderá eso.
El resto del día se me tornó interminable.
Esperaba una llamada de alguien para que me dejara en un 100
por ciento tranquilo. Ni Junior ni Constanza me hicieron ese favor.
Mi hora del almuerzo la pasé sin probar bocado ya que tenía
un nudo en el estómago. No sólo por el dilema de qué sucedería con la
conversación de los tortolitos, sino por lo que había sucedido en casa de
Eduardo, más precisamente en la habitación de huéspedes. Habría estado Junior
todo el tiempo en el baño y habrá escuchado lo que hicimos allí con su padre?
Y por si eso no fuera suficiente, el otro problema que me
tenía preocupado era el de los hermanos gordos. Tenía una sensación extraña...
como que aquí había algo realmente muy raro.
Sin embargo, Mónica me gustaba de verdad, y cada vez que
tenía alguna duda al respecto, las ansias de estar con mi boca comiéndole la
entrepierna me excitaba sobremanera y parecía el antídoto adecuado como para
impedir que diera un paso al costado.
Pero no dejaba de reconocer que todo había sido complicado ya
mismo desde el primer momento en que nos conocimos. Debía lidiar con ambos si
quería tener una relación con ella.
No era demasiado?
Sí! Por lo menos lo era para mí que no tenía experiencia
alguna en algo así.
Pero las cosas difíciles son desafíos para probar mis
capacidades, así que... primero a lo primero.
Tengamos la conversación con Eduardo, que seguramente me
aclarará más de un punto de vista con respecto a mis futuras relaciones.
Antes de la hora de cierre, más precisamente a las 7 de la
noche, la tan anhelada llamada de "Junior".
Fui casi en cámara lenta hacia el aparato, pensando en mil
posibilidades distintas.
Si todo había salido bien, y mi amigo había hablado con su novia explicándole la
situación, entonces Coty debería haberle dicho que ella lo había seguido y que
había hablado conmigo para que confirmara su "infidelidad". Ambos reirían por el
malentendido y yo me quedaría tranquilo.
Si por el contrario, Junior se hubiera enfadado porque Coty
había sido capaz de seguirlo a sus espaldas, demostrando que no era capaz de
confiar en él, creo que yo estaría en un gran aprieto.
También estaba la posibilidad de que Coty no se hubiera
atrevido a hablar con su novio, lo que me obligaba a cumplir con mi promesa de
decirle yo mismo a Junior, que la persona que me había comunicado que se veía a
solas en un hotel con una mujer, había sido su propia novia.
Esto último, colocaría a Coty en una situación bastante peor
que la anterior, ya que sabiendo como pensaba el muchacho, lo catalogaría como
una traición de su novia.
La última posibilidad era que Junior no le hubiera contado
nada a Constanza, por lo que tanto ella como yo, quedábamos libres de darle la
información que el muchacho requería.
Tomé el tubo.
- Hey, hermano, por qué demoraste tanto en atenderme? Hasta
llegué a pensar que no lo harías- dijo impaciente.
- Por qué no?- dije intentando fingir mi nerviosismo.
- Y por qué crees que sería, tratándose de ti? Pues por
pelotudo!- dijo y se echó una carcajada.
Eso era muy buena señal. Por lo menos estaba de muy buen
humor... pero yo estaba histérico por la incertidumbre.
- Qué sucedió, brother? Has hablado con Coty?- dije
tembloroso.
- Sí... por qué estás así?- insistió.
- Así? Cómo?
- Así... nervioso.
- Yo no estoy nervioso- intenté seguir fingiendo, aunque me
percataba que ya era inútil disfrazar mis sentimientos a este muchacho.
- Y desde cuando le mientes a tu hermano?
- Jajajaja! Junior, estuve todo el día así. Impaciente,
desesperado... es que me fastidia tener que esperar todo un día para saber que
todo le ha salido bien a mi hermano del alma.
- Ok, Zesna. Ya le expliqué todo a Coty y ella me contó lo
que hizo... está todo bien con ella y contigo. Pero que sea la última vez que me
espías de esa forma, ok?
- Sí, bebé...
- Sí, nada... como penitencia, me tienes que ayudar a
contarle a mi papá... Zesna, he decidido que no puedo seguir ocultándole esto a
mi padre. Tengo que decírselo cuanto antes, para evitar que se entere por otro
lado. Hablando en serio, Zesna... por favor, te lo suplico... quiero que estés
conmigo cuando se lo cuente.
- No tienes por qué suplicarme, hermano. Lo haré... sólo te
pido que no sea hoy, por favor. Ya tengo la noche complicada y no quisiera
empeorarla más aún.
- Está bien. Pero que no pase de mañana, por favor... si?- su
pedido fue casi un ruego.
- Sí, brother... claro que sí... te lo prometo!
- Gracias, hermano.
- No me lo agradezcas. Para eso son los hermanos de sangre, o
no? Sólo sácame una duda que llevo desde anoche, si? Cómo apareciste en mi cama
esta mañana?
- No te preocupes, brother... Cuando escuché que te quedaste
sólo en la habitación, fui a hacerte compañía.
- No estuviste en el baño todo el tiempo?
Hubo un momento de pausa.
- Tú crees que yo sería capaz de hacer algo así?
En ese preciso momento, tuve la total certeza de que el
muchacho en verdad no había permanecido en el baño ni un solo segundo, luego de
haber ingresado allí un segundo antes de que entrara su padre a la habitación.
- Sabes que te quiero mucho, verdad Junior?- dije emocionado.
- Lo sé, aunque dudas mucho de mí, fratello. Cuándo vas a
confiar ciegamente en tu hermano del alma?
- Puedo hacerte una pregunta más?- pregunté intentando
evacuarme todas las dudas que me acosaban.
- Pero qué te sucede hoy que estás muy preguntón?- dijo y
lanzó una nueva carcajada.
- Tú y yo no hicimos nada en la cama, verdad?- pregunté
dubitativamente.
- Pues... te duele el culito?- preguntó sorprendiéndome.
- No... por qué?- pregunté a su vez.
- Si no te duele el orto, entonces quédate tranquilo de que
no hemos hecho absolutamente nada- explicó.
Nos reímos y luego de despedirnos seguí con mi tarea hasta la
hora de salida.
Una vez que cerré el local, divisé el Mercedes de Eduardo que
me aguardaba en la esquina. Cuántos recuerdos me trajo ver el vehículo esperando
por mí en ese lugar!
Abrí la puerta del acompañante y me introduje dentro del
automóvil. Una vez que me acomodé en el asiento, y tras cerrar la puerta,
Eduardo se abalanzó sobre mi y me dio un sabroso beso de lengua.
En realidad me sorprendió la forma en cómo se estaba
comportando últimamente. Si hasta parecía como que estuviera caliente conmigo.
Por lo menos nunca antes me había atropellado de ese modo.
- La pasé muy bien anoche, hijo- me dijo susurrando al oído,
mientras con su lengua jugueteaba sobre mi oreja derecha.
- Yo también pasé muy bien... siempre paso bien cuando
estamos juntos, abuelito.
- No sabes cuánto te necesitaba, en verdad- dijo como
queriendo expresar más de lo que dijo.
- Le sucede algo, abuelo?- pregunté preocupado.
- Por qué me lo preguntas?- continuaba susurrando mientras me
demostraba un inusual sentimiento mediante caricias y besos.
- Es que lo noto un tanto...- me interrumpí; no quería que se
enfadara conmigo.- No sé cómo explicárselo...
- Sí, Zesna. Estoy caliente...muy caliente...- dijo dejándome
anonadado.
- Pero no entiendo... desde cuándo le sucede?
- No lo sé. De pronto parece como que despertó mi apetito
sexual. Fíjate cómo estoy ahora mismo...-dijo y él levantó su abdomen, como
invitándome a enterarme de lo que acontecía entre sus piernas.
Llevé mi mano hacia donde noté una pequeña protuberancias,
que apenas la toqué me demostró lo feliz que estaba con mi compañía.
Miré a mi abuelo que me sonreía.
-Abuelo, cómo está!- observé, ya que nunca lo había visto
excitado de esa manera.
- Vamos para casa, Zesna... hoy estaremos solos...-rogó.
- Lo siento, abuelo... hoy no puedo. Tengo una cita y de eso
era lo que le quería hablar.
Me miró serio y me suplicó otra vez.
- Por favor!- dijo como siendo víctima de una desesperación
como nunca había visto en él.
Negué con la cabeza, pero con mi mano derecha le desabroché
el cinturón. Desabotoné su bragueta y metí la mano en busca de su dureza. Nunca
había tocado sus calzoncillos tan mojados como en esa ocasión.
Él me estaba siendo muy sincero. Estaba más caliente que
nunca.
Llevé mi mano hacia dentro de su prenda íntima, sorteé todos
los escollos y aprisioné su glande rocoso e inundado en líquido dentro de mi
puño. Le ayudé a quitarse completamente los pantalones y sus calzoncillos.
Lo invité a que pusiera la espalda sobre la puerta y que
pasara su pierna derecha por encima de la palanca de cambios, para dejarla
descansando en lo que era mi asiento, mientras yo quedé arrodillado en el piso
frente a su entrepierna abierta de par en par.
Simplemente me acerqué y me metí la golosina jugosa en la
boca.
Apenas comencé a chupar, se volvió loco. Los gemidos se
multiplicaron y los movimientos de vaivén de su pelvis, denotaban que gozaba
como nunca.
Me emocioné al ser el causante del placer de mi abuelo.
Finalmente volvía a vivir. Lo mamé como quien chupa un biberón y cuando sus
movimientos comenzaron a descontrolarse, supe que la proximidad de su
eyaculación era inminente.
Cuando lo sentí venirse en mi boca, le sujeté con fuerza los
testículos y se los eché hacia atrás y hacia abajo. Si ya estaba desesperado por
acabar, eso lo hizo enloquecer.
Sus propias manos intentaban acallar los bramidos sordos que
salían de su garganta. Sus espasmos violentos, mientras vertía su semen espeso y
caliente en mi paladar, lo tornaban totalmente irreconocible.
Mi emoción continuaba en aumento, y mientras tragaba su
esperma, mis lágrimas escapaban hacia abajo por mis mejillas.
Demoró, pero finalmente sobrevino la calma.
Una vez que lo limpié totalmente con la lengua, y tras
ayudarlo a ponerse sus prendas, miré el reloj. Hacía una hora que estábamos
dentro del vehículo con los cristales polarizados.
Comenzamos a dialogar.
- Abuelo, tengo un problema.
- Está bien... sólo como padre e hijo... cuéntame.
- Conocí a una muchacha y tengo los sentimientos encontrados.
Más diría que estoy en conflicto conmigo mismo- confesé.
- Y eso por qué?
- Es que me atrae mucho, abuelo... pero no sé si estoy
haciendo bien.
-Y por qué estarías haciendo mal? No entiendo, si dices que
te atrae, qué dudas tienes?
- Es que usted sabe... me siguen gustando los hombres muy
gordos.
- Qué quieres de tu vida, hijo?
- No lo sé. Supongo que encontrar a alguien para formar
pareja.
- Encontrar a alguien... de qué sexo?- preguntó.
- Ése es el problema, abuelo. Siempre pensé que sólo me
gustaban los hombres gordos. Nunca había visto un mujer que me causara las
mismas sensaciones, la misma excitación y la misma ansiedad que estando con un
gordo.
- Esa mujer es gorda, verdad?
- Sí, y tiene un hermano igual de gordo.
- Y tú a cual de los gordos prefieres, a él o a ella?
- Creo que me decidí por ella. Me gustaría probar una
vagina...
- Cierto que aún eres virgen en ese sentido. Dime una cosa...
la eliges a ella por ella misma, o para estar más cerca de él?
Su pregunta me dejó pensando.
- Nunca lo había pensado de ese modo... tal vez mi
subconsciente me esté llevando por ese camino- confesé en forma sincera.
- Entiendo... Ya has estado con ella?
- Sólo nos conocimos el sábado, y ya nos besamos. Eso me puso
como la piedra, abuelo.
- Jejeje!- rió, y llevó su mano a mi entrepierna; tocó mi
pene hecho mármol y lo apretó.- Y esto quién fue que lo logró? Tu chica o yo?
- Abuelo, no se ponga celoso, por amor de Dios. Estoy
desesperado y no sé qué hacer. Tengo una cita en poco más de una hora con ella,
y le soy muy sincero... no sé si quiero ir.
- No seas tonto, hijo. Para saber si te gusta o no, deberías
probar primero. Pues si lo que buscas es un consejo, sólo tengo que decirte que,
si yo estuviera en tu lugar, iría a esa cita... haría todo lo que se pudiera
hacer, y que por supuesto ambos estén de acuerdo en hacer, y luego evaluaría la
situación para decidir finalmente qué decisión tomar, con calma y para no dejar
personas lastimadas, comprendes? Un último consejo, aunque creo que ya lo
sabes... hagas lo que hagas, usa preservativo.
- Claro, abuelo... por el sida... eso ya lo tengo...
- No!- interrumpió- No por el sida... nunca te perdonarás en
tu vida si embarazas a esa chica. Ya sabes qué me sucedió a mí. Por lo pronto,
nunca confíes en una mujer a la hora de tener sexo. Ellas creen que nosotros
pensamos con la verga, y debes dejarle bien en claro que tú piensas con el
cerebro, aún a la hora de coger.
- Sí, abuelo... muchas gracias; entiendo perfectamente.
- Espero que sí. Y ten mucho cuidado... si ella insiste en
tener sexo contigo sin preservativo, es porque te quiere hacer su prisionero.
- ...
- Sé que tal vez no comprendas ahora, hijo. Pero estoy seguro
que si llegara ese momento, recordarás mis palabras. No sabes la cantidad de
gente que se ha casado en forma forzada sólo por haber embarazado a su novia, y
luego han sido infelices por el resto de sus vidas por no animarse a reconocer
que nunca fueron en verdad el uno para el otro.
- No sé qué decirle, abuelo...
- No digas nada, hijo... sólo recuerda lo que te acabo de
decir por si llega a ser pertinente.
Como la conversación se puso seria, y para romper el hielo,
llevó nuevamente su mano hacia mi entrepierna. Apenas lo rozó, mi miembro volvió
a despertar.
- No te preocupes- dijo al verme mirarlo con temor.- No te
voy a arruinar la velada con tu novia... aunque me gustaría...
Me hizo sonreír.
Era la primera vez que alguien tenía celos por mí de ese
modo.
11.00 PM
Me di una ducha rápida en mi departamento, estrené slip y
camisa, y salí presto para el edificio de los Benítez.
No podía negar que en verdad estaba muy nervioso.
Tal vez todo lo que estuve pensando, se fuera a quedar tan
sólo en eso, pensamientos que nunca se verían plasmados en la realidad. No tenía
idea de cómo iría a confrontar a Martín para que me permitiera salir con su
hermana, y mucho menos a esta hora.
Sabía que era más tarde de lo habitual, si teníamos en cuenta que ésta iría a
ser nuestra primera cita... pero bueno, es lo que había y debía defenderlo como
fuera posible.
Diez minutos me llevó el trayecto hasta la dirección de los
gordos. Toqué el timbre del portero eléctrico, deseando, y casi rogando, que no
fuera Martín el que me atendiera, ya que siendo así, iría a ser más que probable
que me quedaría varado en la puerta de entrada sin tener la posibilidad ni
siquiera de dialogar con él.
La voz de Mónica me trajo un aire de tranquilidad momentánea
y mientras iba camino al ascensor, tragué saliva. Por lo menos, tendré la chance
de poder convencer a su hermano.
Ascensor, pasillo, puerta, timbre.
- Hola, Zesna... La tienes muy difícil hoy. Martín no está de
buen humor- dijo apenas abrió la puerta, como para hacerme más complicada la
noche.
Le di un beso en la mejilla.
- Dónde está él?- pregunté.
- En su habitación. Ya hablé con él más temprano, y su
respuesta fue...
- Ni pienses que te permitiré salir a esta hora- interrumpió
su hermano que apareció en la sala de improviso.
- Martín, tú puedes venir con nosotros, si quieres- fue lo
primero que se me ocurrió para quebrar el hielo.
- Qué?- preguntó Mónica como un reflejo y totalmente
sorprendida.
Para ser sincero, ambos se desconcertaron con mi propuesta.
- Sólo iremos a tomar algo, así que si deseas acompañarnos,
no habrá ningún problema. Yo invito- insistí.
- No, gracias... mañana tengo que madrugar- fue su respuesta.
- Es que insisto, Martín... sólo iremos a tomar un refresco y
estaremos de vuelta como en una hora, te parece?- dije, y la cara de enfado de
la gorda era para tomarle una fotografía.
Martín me miró, y yo con mi mejor cara de póker, le volví a
repetir la invitación.
- Sólo un refresco y volverán en una hora?- preguntó
sorprendiéndome.
- Sí, lo prometo. Y cumpliré, ya que espero que podamos
seguir saliendo en el futuro.
- Está bien.. pueden ir- dijo finalmente.
Mónica se abalanzó sobre su hermano y le estampó un sonoro
beso en la mejilla; y tras decirle un "gracias", se internó en su dormitorio
para prepararse para la salida.
Martín notó que su hermana dejó la puerta entreabierta, y fue
hasta la entrada de su dormitorio, sólo para cerrarla.
- Zesna... estás seguro de lo que vas a hacer?- preguntó
apenas se acercó a mí nuevamente.
- Pero qué es lo que me estás queriendo decir desde el otro
día, Martín?
- Que debes aléjate de ella.
- No entiendo, Martín. Pero por qué? Por qué no me explicas
mejor?
- Porque vas a salir lastimado, Zesna, y no quiero que eso te
suceda.
- Lastimado? Pero... por qué?
- Interrumpo algo?- preguntó su hermana apareciendo de
repente y en forma sigilosa.
-No, nada...- dije e intenté salir de allí cuanto antes, para
aprovechar mejor el tiempo escaso con que contábamos- Vamos que la hora está
corriendo, si?
Una vez que nos introdujimos en mi vehículo, conduje por
espacio de ... menos de un minuto. Di media vuelta a la manzana para estacionar
en los fondos del mismo edificio. La calle no parecía muy transitada y tuve la
precaución de no detenerme debajo de algún foco de alumbrado.
- Qué te parece si platicamos un poco?- pregunté.
- Ay, cuando invitaste a Martín, me asusté... pensé que no
querías estar a solas conmigo- comentó.
- Dio resultado la estrategia, verdad?- dije sonriendo.
- Sí...- dijo tan sólo, y acompañó mi sonrisa, pero con
timidez.
Así era como la prefería. Así... tímida. No me gustaba cuando
me confrontaba o me pedía explicaciones.
- Qué tipo de relación quieres tener conmigo?- pregunté para
poner todas las cartas sobre la mesa.
- Me gustaría que fuéramos novios- dijo y se ruborizó.
- En qué pensaste que te hizo poner colorada?- pregunté sin
darle tregua.
- Ay, no seas así… no me preguntes esas cosas.
- Por qué no? Ante todo me gustaría que si vamos a ser
novios, lo primero que debemos hacer es confiar uno en el otro.
- Sí, claro- apresuró en contestar.
- Por supuesto. Pero para ello, hay algo que tienes que
saber. Si hay alguna cosa que odio, es la mentira. Sobre todo en las personas
que quiero y mucho peor aún si se trata algo importante.
- Entiendo.
- Espero que sí, porque cuando le pierdo la confianza a
alguien, es muy difícil que la pueda volver a recuperar.
- Por qué me dices todo esto?- preguntó desconcertada.
- Bueno, trato de dejar bien en claro eso, ya que es lo que
más me molesta. No te parece que es mejor hablar de las cosas que nos molestan
para evitarlas- dije, y sin dejar que me contestara, pregunté- dime... qué cosas
son las que te molestan a ti?
- Pues, claro que tampoco me gustan las mentiras.
- Muy bien. Entonces no tendrás problemas conmigo por ese
motivo. Ahora dime, en qué pensaste cuando te ruborizaste hace un momento.
- En el sexo- dijo y nuevamente bajó la mirada.
- Te gusta el sexo?- pregunté para saber más acerca de su
pensamiento.
- No sé muchas cosas acerca del sexo, Zesna, excepto las
caricias- dijo, venciendo lentamente el concepto de tema tabú que seguramente
tenía hasta ese momento.
- A mí me encanta el sexo. Hay muchas cosas más para hacer
además de las caricias. Y si tú me permites, te quisiera enseñar todo lo que sé-
dije sin quitar mis ojos de los suyos que me evitaba.
Sólo noté que volvió a sonreír.
Me acerqué más a su boca y se puso seria.
La luz de la luna bañaba su rostro carente de maquillaje. Aún
así, parecía una diosa. Las sombras en sus mejillas le daban ese toque erótico
que me volvía loco.
Con el dorso de mi dedo índice derecho le rocé el labio
inferior, mientras con la mano izquierda levanté su pollera desde su tobillo
hasta casi alcanzar su rodilla e introduje la mano dentro.
Su pierna sintió la palma de mi mano, que comenzó a
deslizarse lentamente hacia su rótula. Allí masajeé ese balón inmenso y deslicé
los dedos hacia su muslo.
Mi nariz comenzó un juego de esgrima con la suya, y se le
escapó una risa.
- Estás nerviosa?- pregunté ya conociendo su respuesta.
Sólo asintió con la cabeza.
Mis labios se juntaron a los suyos, en el preciso momento en
que mi mano se pasó al lado interno de sus muslos calientes, y siguieron cuesta
arriba.
Labios y lenguas comenzaron a explorarse, humedecerse e
intercambiar salivas.
Mi pulgar explorador, reconoció su prenda íntima. Nuevamente
estaba empapada. Sentí su tensión, y como no quería que todo se abortase como la
vez anterior, cambié de estrategia antes de que ello ocurriera.
- Quítatela- le pedí.
- Qué?- dijo demostrando que no entendía.
- Que te la quites- insistí.
- No entiendo... que me quite qué?
- Esto- dije tironeando su bombacha.
- No!- dijo como un impulso un tanto asustada; y como
respuesta quité mi mano de allí.
- Por qué no? No me habías pedido que te enseñe?- cuestioné.
- Que me enseñes? Qué quieres decir? Que me enseñes, qué?-
preguntó ahora realmente expectante.
- Quítatelo y lo sabrás- insistí.
No creo haberla convencido por completo, pero el hecho es que
se incorporó, metió ambas manos por debajo de su pollera y tomando cada costado
de su prenda íntima, fue pegando saltos hasta que logró llevarla su bombacha
hasta su rodilla.
- Ahora déjame a mí- dije y metí mis manos entre sus piernas,
y fui deslizando la prenda húmeda hasta quitarla por completo de sus pies.
La tomé con dos dedos.
Sonreí.
Se veía inmensa.
La llevé a mi rostro y olfateé. Casi me muero en ese
instante. Un aroma a excitación me inundó por completo. Saqué la lengua y la
embebí de su néctar, sin dejar de aspirar con fuerza.
- Qué haces?- preguntó con su conocida risa nerviosa.
- Lo que me encantaría hacer directamente del manantial que
tienes allí- dije mientras saqué la lengua en forma exagerada y la deslicé por
toda la longitud de su bombacha.
- Estás loco, verdad?- dijo sonriendo nuevamente en forma
nerviosa.
- Sí, y tú me pones así. Me gustas mucho, sabías?- dije con
mi cara que debería asemejarse al de un sátiro que tenía a una gordita atrapada
en el vehículo, con las piernas abiertas y sin bombacha y en el asiento contiguo
al mío.
CONTINUARÁ.
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91 relatos anteriores del mismo autor. Por ejemplo: "Mini Market: Hiper Gordo".
(
http://www.todorelatos.com/relato/32164/ )