Relato 2
Ante todo quiero dar las gracias a todos aquellos lectores
que tras mi primer relato me han animado a seguir confesando mi aventura con mi
suegra. Una vez dicho esto y tras mi primera aventura amorosa con ella , tengo
que reconocer que las semanas posteriores fueron tensas y extrañas. En las
comidas compartíamos miradas mezcla de complicidad y desasosiego. Intenté varios
acercamientos pero siempre me rehusaba. Imagino que se sentía incómoda y
confundida al igual que yo pero en mi caso no podía quitármela de la cabeza.
Soñaba con ella a todas horas, en su cuerpo, sus caricias, su olor…. Me iba a
volver loco. Tuve que conformarme varias semanas en "robar" del cesto de su ropa
bragas y medias suyas que me recordaran su olor. Aquello irremediablemente
terminó convirtiéndome en todo un fetiche de su ropa interior ya que casi sin
darme cuenta terminé masturbándome con cada prenda que caía en mis manos. El
olor penetrante y fuerte que desprendían sus braguitas usadas me hacían
imaginarme mil y una escenas de sexo con ella y cada suspiro de mi nariz me
recordaba aquella gran raja suave, de labios bien formados que unas semanas
antes me había absorbido hasta las entrañas. Me sentía aún más culpable pero mis
instintos eran esos y no podía luchar contra ellos.
Uno de esos fines de semanas nos quedamos como tantas otras
veces sentados hasta altas horas de la noche viendo la tele y cuando al fin
estuvimos solos, me acerqué diciéndole que teníamos que hablar.
No hay nada de qué hablar, Alejandro. Cometimos un error
y no volverá a suceder. -Contestó tajantemente.
Pero mujer, sí pasó y fue increíble, por lo menos para
mí. Y necesito volver a tenerte cerca.
Ni se te ocurra, soy la madre de tu mujer y me siento
incómoda hablando del tema, por favor.
Le acaricié el muslo tímidamente mientras insistía que
debíamos darnos una oportunidad y que las cosas no pasan porque sí pero ella
seguía con la mirada fija en la televisión. Le retiré su batín hacia un lado
para dejar su pierna al descubierto pero me miró fijamente y me puso su mano en
la mía parando todo movimiento.
Por favor….. No está bien…..
Déjame sólo un momento….. le susurré mientras besaba su
cuello.
Nooooo…. Nos van a pillar…. Estamos en el salón…. No está
bien esto….
Sólo un momento –dije convencido. Si te agobias dímelo y
paro.
Le agarré su pierna recorriendo con mi mano su muslo y
entrepierna. Estaba muy caliente y mi temperatura me imagino que iba en
proporción a la de su pierna. Le toqué sus braguitas y posé mi mano en el coño.
Ella negó pesadamente con la cabeza y se dejó ir hacia atrás. Era como una
invitación dudosa e insegura pero invitación al fin.
Me envalentoné y sin tiempo a que se arrepintiera agarré sus
bragas y las arrastré hacia debajo de la mesa camilla dejando al descubierto
aquella entrada prohibida que me hacía perder la razón. Mi mano empezó a
acariciarlo suavemente introduciendo los dedos cada cierto tiempo mientras ella
cerraba los ojos y se dejaba hacer…
Me deslicé debajo del sofá y acerqué mi cara a su chocho que
desprendía ese olor inconfundible con el que tantas otras veces me había pajeado
pensando en él. Inmediatamente ella pareció leer mi pensamiento y abrió
lentamente sus grandes muslos echandose hacia delante para que su culo saliera
en cierto grado del asiento del sofá. Con una mano sujetaba sus nalgas y con la
otra abría ansioso sus grandes labios para perder mi nariz en el interior de la
vagina que 30 años atrás dio a luz a la que ahora es mi mujer. Era morboso pero
la excitación podía conmigo y mi lengua no tardó en penetrar aquel agujero
híumedo y lamer de arriba abajo todo el camino que me mostraba. Sus manos se
apoyaron en sus muslos haciendo presión sobre ellos para crear la abertura
perfecta para mi mamada y entonces me centré en su clítoris. De vez en cuando
miraba hacia arriba y la veía con la boca abierta, los ojos cerrados y
suspirando de verdadero placer. Ella misma se abrió la bata y se sacó una teta,
que una vez libre fue masajeada por sus propias manos.
Mi pantalón iba a reventar y terminé sacándomela fuera
mientras seguía succionando su coño que por entonces chorreaba un riquísimo
líquido femenino. Y eso que dicen que las mujeree maduras no lubrican bien!!!.
Pronto empezó a convulsionarse y morderse el labio inferior y yo lo ví todo
desde aquella ridícula posición en el suelo. Fue alucinante. Se corrió en mi
misma boca y fue lo más dulce que me pasó en vida. Una vez compuesta me miró con
mirada de culpabilidad, se reincorporó y cogiéndome de la mano me metió en el
cuarto de baño de invitados. Eran las tres de la mañana y estábamos cometiendo
una locura. Pero…. ¿Qué locura!. Se desvistió por completo con la luz encendida
y mirándome a los ojos me preguntó:
¿ De verdad me crees hermosa?
No tuve más remedio que echarme a reir y le susurré que era
la mujer más deseable que había conocido y que cada centímetro de su cuerpo
representaba para mí la belleza de toda una diosa.
Me desnudó y agachándose empezó a chuparme el pene y
masajearme los huevos. Yo me incliné sobre ella y le cogí sus tetas,
pellizcándolas por los pezones mientras envestía su boca suavemente. Le avisé
que iba a correrme pero antes quería follarla y tal como se lo dije me sonrió.
Se incorporó y se recostó sobre el lavabo mostrándome ese enorme culo duro y
redondo lujuria de cualquier hombre.
Fóllame como la otra vez, por favor… fuerte….
La agarré de la cintura y le mordí la espalda y cuello
mientras mi polla buscaba ansiosa un hueco por donde entrar. Se abrió las nalgas
con sus propias manos, lo cual me puso aún más cachondo. Era increíble digerir
todas aquellas emociones. El hecho de ver a mi suegra, mi propia suegra
abriéndose enterita para mí y mostrándome su intimidad más absoluta. Le metí
toda mi erección de un solo golpe y me agarré fuertemente a ella mientras la
cabalgaba. Ella suspiraba fuerte y se dejaba hacer. Le cogí uno de sus muslos y
levantándolo lo puse encima del filo de la bañera para así poder ver bien como
la penetraba y fue alucinante. Mi cuerpo chocaba una y otra vez contra su enorme
trasero y mi mano podía azotarla suavemente en sus cachas. Ella no dudó en meter
por debajo una de sus manos y frotarse su raja con pasión. Era alucinante!. De
pronto me sorprendió que parara y me dijo que le hiciera lo de la primera vez.
Yo no estab seguro de lo que oía y le pregunté.
¿Quieres que te coja por detrás? ¿Estás segura?
Completamente.- Sonrió.
La puse en el suelo a cuatro patas pero el espacio era
mínimo. Aún así pude lamerle bien su boquetito que me dejó un sabor peculiar y
dulce que jamás podré describir con palabras. Mi lengua se fue introduciendo
lentamente y le eché algo de aceite corporal en su interior. Poco a poco aquella
cavidad se iba preparando para mí y mi excitación iba en aumento y riesgo de
explosión. No lo dudé más y se la introduje lentamente para que no sintiera
dolor alguno.
Así, así, suavito….. por favor…. Suavito….
Cada vez la penetraba más hasta que mis huevos empezaron a
chocar en su culo. Diosssss….. Estaba metida hasta el fondo. La envestí con
fuerza y a ella parecía gustarle.
Espera, espera….. –dijo. Tiéndete en el suelo.
Cogí una toalla y obedecí sin rechistar. Ella, dándome la
espalda, agarró mi polla y se la introdujo nuevamente en el ano en posición de
cuclillas.
No sé como describirlo pero era majestuoso ver aquel enorme
culo, aquellas caderas bajando y subiendo a través de mi pene a un compás de
ensueño. Como no podía ser de otra manera, no pude aguantar demasiado y sin
tiempo de avisar descargué toda mi leche en sus entrañas. Quedé exhausto y ella
me miraba complacida mientras se vestía.
Salimos en silencio y me dijo que disfrutara de esta última
experiencia de por vida porque solo quedarían recuerdos de una noche como
aquella. Me fui entre contento y triste a la vez. No sabía si eso significaba el
fin de nuestra aventura de manera definitiva pero en fin…. La vida da muchas
vueltas no? Pero esa ya es otra historia.
Espero que hayais disfrutado. Un saludo.