No corrian buenos tiempos para las mujeres, asolaba a europa
un sinfín de penalidades, enfermedades, hambruna, bandalismo y penuria.
En un feudo apartado...
El olor a humedad se mezclaba con el del vino corrompido, las
paredes enmohecidas de la mugrienta habitación estaban ligeramente iluminadas
por un pequeño destello que se filtraba por una diminuta ventana de cristal
pringoso y translucido.
El único mobilidario de la estancia era una mesa alargada de
madera, pegajosa y oscurecida por los líquidos vertidos sobre ella durante años,
y cuatro sillas que, en apariencia, dificilmente soportarian durante más de una
hora el peso de cincuenta kilos.
Justo al lado unas gélidas cadenas que colgaban del techo,
sostenían un cuerpo inerte apenas cubierto por una túnica marron rasgada.
Unos sonoros pasos la despertaron de su letargo. Sentía dolor
en todo su entumecido cuerpo. Pero el sonido de la puerta abriéndose la puso en
alerta y tensó todo su maltrecho organismo.
-¿Es ésta una de las pocas chicas que habéis podido
conseguir?- preguntó una autoritaria voz al tiempo que tiraba de su pelo para
dejar al descubierto su cara oculta por la oscura y enmarañada melena.
-Sí mi señor, las otras estan como siempre en la sala
contigua, a ésta fue necesario aislarla porque con su afilada lengua maleava al
resto.-contestó tranquilamente el segundo hombre
-Debísteis matarla si causaba problemas, nuestros hombres
necesitan mozas fuertes y ésta es tan sólo un escuálido reflejo de hembra. –
sentenció cruelmente- ¡Mujer abre esos ojos y mírame!-ordenó
Los abrió con resolución y al hacerlo unos ojos negros y
vidriosos se clavaron de golpe en sus retinas. Aquella maltrecha joven tenia
veneno en la mirada pero a la vez sus grandes ojos lanzaban destellos y promesas
de llevarte junto a ella a un odiado mundo tenebroso.
-Estupendo veamos mejor el resto del material- y sin mas
advertencia desgarró la tela que la tapaba.
Su cuerpo al descubierto era realmente obra de Leviatán, sus
generosos pechos insultantemente firmes, delicada cintura y caderas sinuosas,
eran el adorno perfecto a unas preciosas piernas, ahora llenas de arañazos y
moratones fruto del maltrato recibido en su captura
-Puede que con la ayuda adecuada resultase una buena esclava,
pero no tengo tiempo para instruirla- dijo al tiempo que pellizcaba y tiraba de
uno de sus amarronados pezones, lo que provocó que el cuerpo de ella se tensara,
pero no emitió sonido alguno.-Me queda una penúltima exploración- y con su dedo
corazon exploró la cueva de ella- lo que me temía- y veamos por último- con el
mismo dedo humedecido levemente por la acción anterior palpó hasta encontrar su
apretado orificio anal y empujo hasta introducirlo entero, de nuevo sólo una
mueca en su rostro y obstinada rigidez- bien- dijo dirigiendose al acompañante.
El procedimiento habitual en estos casos. Coge a seis de tus hombres y que la
adiestren ¿entendido?.
-Sí.. si mi señor.-dijo mientras abandonaban la estancia
Un suspiro, seguido de llanto de impotencia resonaba ahora en
el recinto. En cuanto miró a aquellos crueles ojos supo que por más que luchase
patalease o insultase nada le salvaría de su desdichado destino. La que un día
fuese su apacible vida con su familia, jamás volvería, ellos habian sido todos
asesinados durante el saqueo.
Pero prefería morir a ser objeto de vejaciones por parte de
esos desgraciados individuos, por eso mismo, habia intentado con sus actos, que
alguno de ellos perdiese la paciencia y le asestara el golpe final.
No obstante el señor de esas tierras, según había comprobado,
era atractivo de aspecto fuerte y actuaba con la seguridad que su belleza y
poder, obraba en las mujeres, aunque eso era lo de menos, ya que las mujeres
apresadas eran usadas, como bien era sabido por todos, para los placeres más
mundanos.
Prefería no pensar en ello. Como tampoco quería pensar en
aquel maldito dedo explorador.
...
Ya lejos de ella.
-Frances...- lo llamó antes de que se marchara
-¿Si mi señor?- contestó
-Como habrás imaginado la chica no ha tenido otras
relaciones, quiero que la ates a la mesa y la dispongas para ser desvirgada.
Evidentemente de eso me encargaré yo. Por tanto sigue mis instrucciones y
vendale los ojos antes de marcharte. Los muchachos que no lleguen antes de
cuatro horas.
-¿Se la dispongo ya?- preguntó
-Si, acabemos con esto lo antes posible-asintió él
-De acuerdo señor en diez minutos estará lista.
-Ah y no olvides decirle que...