HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (4)
CAPÍTULO IV: HABITACIÓN DE HUÉSPEDES.
- Me dejó en la puerta de mi edificio y apenas tomó un taxi, detuve otro y me
propuse ir detrás de él. Estuvimos persiguiendo su vehículo por espacio de
veinte minutos, hasta que de pronto se detuvo. Junior abrió la puerta trasera y
una mujer mayor que aguardaba parada en una esquina se introdujo para sentarse a
su derecha. De ahí, proseguimos unos diez minutos más, hasta que estacionó
frente a las puertas de un hotel, donde ambos descendieron y se introdujeron en
el condominio.
- Estás segura de lo que dices, Coty?
- Sí, claro... estuve allí como una estúpida por casi más de una hora, e
indignada me volví para mi casa. Pero eso no fue todo. Al otro día me dijo lo
mismo, que tampoco podía salir conmigo esa noche porque tenía "algo que hacer".
Esta vez, apenas se fue de casa, salí a tomar el primer taxi que encontré para
ir directamente a esperarlo en el hotel al que sabía que volvería. Estuve allí
hasta que lo vi aparecer, y lo hizo nuevamente con la misma mujer. Estuve a
punto de presentarme y armarle un escándalo... pero no lo pude hacer. Zesna, yo
aún lo amo...
- Estoy seguro de que debe haber una explicación para esto.
- Por supuesto que la hay... tú no lo has notado un poco extraño en estos
días, Zesna?
- A decir verdad... sí.
- Ya ves? No soy la única que se ha dado cuenta de que Junior no es la misma
persona.
- Lo notas diferente en todo?
- Sí, Zesna. Hacía una semana que no teníamos sexo, y volvimos a tenerlo el
sábado cuando fuimos al campamento. Zesna, Junior se está acostando con esa
mujer... y para colmo es una vieja!!!
- Bueno, un momento... él es mi amigo y no quisiera que sacaras conclusiones
apresuradas.
- Pero qué me estás diciendo, Zesna? Qué quieres? Una foto de ellos en la
cama para confirmarlo? Qué crees que significa que un hombre vaya a escondidas a
un hotel, para estar a solas con una mujer? Vamos, Zesna que te aprecio mucho y
te tengo como una persona muy inteligente... Si tienes alguna otra razón para
que suceda lo que te acabo de contar, te suplico que me la digas, porque me
mortifica pensar que Junior me engaña con una anciana.
- Sinceramente no sabría qué decirte. Has hablado de este tema con él?
- Estás loco? No has notado que hace una semana que tiene un humor de mierda?
Hasta ha dejado de ser lo tan cariñoso que solía ser conmigo. No me trata mal,
no... no... pero antes era diferente.
- No sé qué decirte, de verdad. Me resisto a creer que Junior esté haciendo
algo así.
- Qué fue lo que hice mal, Zesna? Por favor, dímelo. Si yo lo amo... y pensé
que él también me amaba a mí... no sé qué fue lo que le ocurrió. Todo estaba
bien y de repente... esto es una pesadilla.
- En verdad, no sé que decirte. Me gustaría primero corroborar que lo que
dices es así, y que todo no sea obra de un malentendido.
- A qué te refieres? No pensarás preguntarle a él, verdad? Te lo suplico. Él
no debe enterarse que yo he hablado contigo acerca de este tema. Por favor,
Zesna... no hagas que me arrepienta de haber confiado en ti... Zesna, por lo que
más quieras, nunca le digas a Junior que yo vine a hablar contigo, que vine a
pedirte ayuda, ni mucho menos que te dije lo que te acabo de decir... Por qué no
me contestas? No estarás pensando en contarle, verdad? Prométeme que no lo
harás...
- No puedo prometerte eso, Coty. Jamás me pidas que traicione o que le oculte
cosas a mis amigos. Primero quisiera comprobar de alguna manera que no ha habido
un malentendido. Te soy lo más sincero posible, conozco a Junior como a la palma
de mi mano y no creo que sea capaz de hacer algo como lo que me acabas de
relatar.
- Si tú quieres, te será fácil comprobarlo. Junior se vio con esa mujer
durante el resto de la semana y supongo que lo seguirá haciendo a la misma hora,
así que...
- Qué te sucede Zesna?
- Qué?
- Sí... qué es lo que te sucede... parece como que estás en otro lado.
- Oh, disculpen. Sí, en realidad no estaba en esta mesa sino en otra; más
precisamente recordaba mi almuerzo de hoy.
Junior y su padre se miraron.
- Tienes algún problema, hijo?- preguntó Eduardo preocupado.
- No, no... lo lamento... es que no pude evitarlo- comenté volviendo a ser
consciente de donde estaba en ese momento.
- Muy bien. Me quieren decir a qué se debe esta cena organizada de
improviso?- preguntó Junior con algún grado de impaciencia.
- Nada, nada...-apresuró a contestar su padre.
- Vamos, papá. Estás atentando contra mi inteligencia, eso es lo único que se
te ocurre decir: "nada, nada"?- dijo el muchacho con un tono irónico.
- ESCÚCHAME, PENDEJO MALEDUCADO! DEJA DE LADO AUNQUE SEA POR UNA ÚNICA VEZ
ESE AIRE DE AUTOSUFICIENCIA Y DEJA DE COMPORTARTE COMO UN NIÑO MIMADO Y EGÓLATRA
PARA ESCONDER TUS PROBLEMAS. ES QUE AÚN NO TE DAS CUENTA QUE LO ÚNICO QUE
QUEREMOS ES AYUDARTE?
Hubo silencio.
El muchacho y su progenitor me miraron anonadados.
- Bien, Zesna- dijo Eduardo rompiendo el silencio- Nunca tan bien descripto
el carácter de una persona.
- No lo alientes así, papá... que se pone insoportable; y tú no intentes
darme lecciones, Zesna... ya sabemos que por momentos sueles ser un reverendo
pelotudo.
- Sí, lo sé... pero qué sucede? Estás celoso? Acaso intentas entrar en
competencia conmigo para superarme?
Eduardo, ahora prestaba atención sin emitir palabras. Simplemente sonreía.
- No intentes darme lecciones en mi propia casa- replicó el muchacho.
- No me considero ajeno a "tu" casa. Si fuera así, seguramente no estaría
cenando con ustedes, ni mucho menos intentando ayudarte con tus problemas, ya
que es muy evidente que te superan y que no puedes solo con ellos.
- Y qué te hace pensar que tengo un problema? No puedes siquiera opinar si no
cuentas con todos los datos.
- Qué estás diciendo?- interrumpió ahora su padre- Qué datos habría que
tener?
- Por qué no me dejan en paz? Qué les sucede?
- Junior, estoy sorteando una bofetada y tú pareces que quieres tener
desesperadamente todos los números- dijo su padre intentando ocultar su
incomodidad con lo que su hijo decía.
- No, Eduardo... esto no se soluciona con una bofetada- opiné.
De pronto irrumpió el ama de llaves al comedor.
- Señor Eduardo... hay una llamada urgente para usted.
- Con permiso, hijos. Debo atender- explicó y tras levantarse se internó en
su despacho.
Quedé a solas con Junior.
- Por qué no confías en mí, brother? Por que no sueltas esa carga que tienes
y la compartes conmigo para hacerla más leve?
- De qué carajo estás hablando?- dijo denunciando estar en verdad
sorprendido.
- Mira.... hace días te noto bastante extraño. Diría mejor que preocupado por
algo. Tal vez triste. Y tu padre también lo ha notado... y podría asegurarte que
no somos los únicos que lo hemos descubierto. Me vas a decir ahora que tu
problema no va mucho más allá de una simple falta de dinero?
- Zesna... tú no sabes nada. Es que aún no has aprendido a que no debes sacar
conclusiones cuando no tienes todos los elementos? Cuándo vas a escarmentar?
- Y tú serás el que me irá a dar ese escarmiento?- pregunté intentando
disimular mi enojo. Realmente estaba logrando fastidiarme.
- Pero siempre es el mismo problema contigo? Apuras en sacar tus conclusiones
sin saber qué es lo que sucede en realidad?
- Entonces, sí sucede algo, verdad? Hoy no me iré de "tu" propia casa, sin
que me digas qué es eso que te ...
- Disculpen- dijo Eduardo que irrumpió nuevamente al comedor, mientras se
ponía el saco del traje- Hay un pequeño problema con uno de mis pacientes y debo
ir a su casa. Te quedas a dormir en la habitación de huéspedes, verdad Zesna?
- Sí, claro- contesté.
- No sé cuánto iré a tardar... lo siento mucho.
- No se preocupe... estaré bien acompañado con mi hermanito.
Eduardo casi voló literalmente para dejarme nuevamente a solas con el
muchacho.
Nos sirvieron los postres y Junior sugirió ir a tomarlos al despacho de
Eduardo. Eso era buena señal; buscaba intimidad.
Una vez dentro, el muchacho se dirigió al asiento ubicado detrás del
escritorio, y se dejó caer sobre él.
Mirando al muchacho en el lugar de su padre, me terminó de confirmar que el
puesto le sentaba estupendamente bien.
Eso me emocionó.
- Qué te sucede ahora?- me preguntó de repente.
- Junior... tú sabes que te quiero, verdad?
No contestó.
- Por favor... si piensas lo contrario, dímelo y me iré a mi casa.
- Sí, sé que me quieres- dijo simplemente.
- Todo lo que digo y hago es por ti. Te piensas que me gusta decirte las
cosas como las que te he dicho? Realmente me duele tener que platicar contigo
acerca de lo que me parece que haces mal. No sabes que hay gente que sufre por
lo que haces?
- Qué quieres decir?
- Mira, sé que vas casi en forma diaria al mismo hotel y te encamas con una
mujer mayor.
Lo que escuchó no pareció sorprenderlo. Ni sorpresa, ni enojo por haberse
visto descubierto; no dejó entrever emoción alguna. Sólo dejó que el silencio
replicara mis palabras.
Eso me indicaba algo: estaba muy enojado por dentro y cerró las cortinas para
no compartir conmigo sus sentimientos.
Eso se debería traducir como dar un paso hacia atrás. Estaba obrando como si
dejara de confiar en mí... y eso no lo podía permitir. Intentaré solucionarlo lo
antes posible ya que no quisiera perder el privilegio que tenía con este
muchacho.
- Veo que por lo menos no me lo vas a negar. No piensas que eso que haces es
traicionar a los que confían en ti? Traicionas a Coty, porque estoy seguro que
ella te ama. Si tú no la amas a ella, no sería mejor que se lo dijeras para que
cada uno siga por su lado sin lastimar al otro? Traicionas a tu padre, porque el
dinero que necesitas no es para coger con Coty, sino para hacerlo con otra
mujer... No entiendo el sentido de esa mentira, Junior... y en realidad me
gustaría comprenderlo. Y me traicionas a mí, porque no confías en tu hermano del
alma que lo único que quiere es ayudarte... nada más. No entiendo por qué me
dices falsedades. Sabes cómo me siento? Como si fuera un tipo molesto que lo
único que...
- Basta, Zesna- interrumpió- Evidentemente tú nunca podrías seguir la carrera
de juez. Cómo puedes emitir veredictos si no tienes toda la información?
- Pues, si no cuento con todo lo que debo saber, entonces me gustaría que me
lo dijeras. Hermano, yo te amo y quiero tan sólo lo mejor para ti.
- Es que no me voy a librar nunca de ti?- esas palabras las sentí como si dos
puñales filosos se clavaban de improviso en mi corazón.
- Quieres hacerlo? Quieres de verdad librarte de mi?- pregunté con todo el
dolor en el alma.
Su contestación demoró casi una eternidad, hasta que finalmente la dejó
escapar de su boca.
- No!- susurró simplemente, y me hizo sentir algo mejor.
Respiré hondo.
Por un momento pensé que lo decía con honestidad.
- Cuéntame entonces, hermano. Por favor! Sé que te sucede algo y me gustaría
ayudarte en todo lo que este a mi alcance.
- Sabes por qué no puedo decirte? Porque le contarás a mi padre, como has
hecho la semana pasada, y eso es lo que quiero evitar.
- Estoy muy seguro que él te respaldaría en todas tus decisiones, hermano.
Pero cuál sería el problema de que tu padre se llegara a enterar? No entiendo...
- No te lo diré nada a menos que me jures que no le contarás a mi padre.
- Sabes que eso no lo haré. Ya te lo dije antes. Nunca le mentiría a él,
mucho menos si es algo tan importante como parece.
- Entonces, lo siento, Zesna. Si no me lo juras, no te lo diré. Sé que él te
preguntará y tú le contestarás.
- Pero qué es tan grave que tu padre no se puede enterar bajo ningún
concepto? Qué podrías hacer para que...
Miré el rostro de Junior y estaba lagrimeando. Eso terminó por quebrarme y
mis propias lágrimas comenzaron a acompañar las suyas.
Me levanté de mi asiento y fui a abrazarlo. Lo dejé llorar sobre mi hombro,
mientras le besaba el cabello.
- Por qué no confías en mí, hermano? Sabes que daría la vida por ti.
- Lo sé- me susurró al oído.
- Entonces?- pregunté y se me ocurrió de repente una solución para resolver
este dilema.- Contéstame una cosa, Junior. Tú piensas que estás haciendo lo
correcto? Que no estás obrando mal?
- Tienes alguna duda aún sobre mí?- preguntó a su vez.
- Ninguna, hermano... ninguna- contesté con honestidad.
- Entonces?
- Vamos a hacer una cosa, Junior. Cuéntame qué es lo que te sucede, y si
considero que lo que haces está bien, te defenderé con uñas y dientes contra
cualquiera... sabes muy bien que lo haré. Te aseguro que me cuesta mucho
convencerme de que lo que haces es algo incorrecto, hermano. Sinceramente no
puedo creer que estés haciendo algo mal, como aparenta ser. Aceptas mi
propuesta?
- Sólo te lo diré si no se lo dices a mi padre- repitió.
- Está bien... no se lo diré, pero sólo si corroboro que lo que haces está
bien. No tienes problemas con esa condición, verdad? Ya me has dicho que estás
convencido que lo que estás haciendo es lo correcto, verdad?
- Por supuesto que sí.
- Entonces, aceptas mi condición?
Pensó unos momentos y finalmente contestó:
- Está bien.
Subimos a los dormitorios, y una vez dentro, pasé el cerrojo en forma
inconsciente. Cuando estuvimos cómodos sobre la cama gigante, Junior comenzó a
contarme. Si hasta me hizo recordar aquella vez cuando habíamos ido a
Piriápolis. La misma disposición de él en confiar en mí. La misma disposición
mía en escuchar sus problemas para intentar darle alguna sugerencia o consejo
para poder ayudarlo. El mismo sentimiento de confidencialidad mutua; el mismo
ambiente de amor fraternal rondando la habitación. Y además, exactamente la
misma sensación vergonzosa que se apoderó de mí, tras haber apresurado
nuevamente mi conclusión antes de "tener todos los datos".
A medida que me contaba, pasaron por mi mente una cantidad de sensaciones tan
dispares, y todas al mismo tiempo: sorpresa, admiración, bronca, estupor,
ternura, ira... pero sobre todo nuevamente afloró en mí el poderoso sentimiento
de querer proteger a ese grandote con un corazón de oro.
Mis lágrimas seguían cayendo sin poder contenerse.
Nuevamente este muchacho me había dado una lección.
A medida que su explicación salía de su boca, mi mente ya había tomado varias
decisiones: evidentemente Eduardo no se iba a enterar por boca mía acerca de lo
que aquejaba a su hijo; pero debía convencerlo para que le contase a Coty,
intentando que no se diera cuenta de la conversación que había tenido ella
conmigo.
Una vez que finalizó, y que no me atreví siquiera a interrumpirlo ni una sola
vez, me animé a disuadirlo para que haga partícipe a su novia del secreto.
- Coty sabe todo esto?
- Por supuesto que no!
- Por qué no?
Sólo se encogió de hombros, demostrando no tener una respuesta concreta a mi
pregunta.
- Junior, estoy seguro que tú sabes que debes compartir lo que me acabas de
contar con ella. Sería una tontería que ella se pudiera enterar lo que yo me
enteré. Tan sólo piensa qué conclusiones podría sacar ella, si tan solo te
llegara a ver entrar a un hotel con otra mujer?
- Tienes razón!
Sonreí... pero la sonrisa me duró demasiado poco.
Vi su mirada perdida.
Oh, no!
Ya conocía el modo de funcionar de su cerebro: estaba atando cabos.
- Zesna... querido hermano... dime tan sólo una cosa. Cómo te enteraste tú de
lo que estaba haciendo?
- Por supuesto que te lo diré, hermano... pero si me juras que no te enojarás
conmigo ni con nadie.
- Touché!-dijo dibujando una sonrisa con sus labios- El pez por la boca
muere, verdad?
- Te convences que no puedes conmigo?- dije devolviéndole la sonrisa.
- Anda dímelo que no tengo idea...
- Antes el juramento. No olvides que todo lo que he hecho es prueba de que te
amo. Si no hubiera sido así, ten la certeza que nunca hubiera hecho lo que hice.
- Qué... estás avergonzado de lo que hiciste?
- Por supuesto que no... lo haría todas las veces que fuera necesario. Me lo
juras?- insistí.
Sólo asintió con la cabeza.
- No así no sirve... no escuché tu promesa. No te lo diré si no me lo juras.
- Si lo que me dices no me afecta, te juro que no tomaré represalias al
respecto.
- No, no... esa no era la respuesta adecuada, Junior. Lamento decirte
entonces, que no puedo contarte; pero te prometo algo: me aseguraré de que esa
misma persona sea la que hable contigo y te dé la explicación que seguramente te
dejará satisfecho revelándote la incógnita... sólo con la condición de que tú le
cuentes a Coty en primer lugar.
- No me gusta la extorsión, hermano- dijo algo molesto.
- No, no es una extorsión, es sólo una condición sine qua non- afirmé
- Mierda! Está bien. Mañana temprano hablo con Coty, pero si a la noche no me
entero, me lo deberás decir tú. Aceptas?
- Me parece razonable. Sí, acepto!
Junior se quedó dormido a mi lado.
3:10 AM
Toc, toc, toc...
Alguien golpeando a la puerta que me despertó abruptamente de mi sueño.
Encendí la luz del velador y miré a mi izquierda. Junior seguía durmiendo, y a
pesar de que ambos estábamos vestidos, me invadió un complejo de culpa.
- Quién?- pregunté como si no lo supiera, mientras con mi mano sacudía al
muchacho para que se despertara.
- Yo, Eduardo. Ábreme hijo!- susurró.
Oh Dios!
Y ahora que hago? Qué pensaría Eduardo si le permitía pasar y viera a su
propio hijo durmiendo conmigo en la misma cama?
Sacudí al muchacho con más fuerza con una mano, y con la otra le tapé la boca
para evitar que emitiera sonido alguno.
Cuando Junior despertó, obviamente no entendía nada
- Un segundo, Eduardo, por favor... ya abro.
Ahora sí... el muchacho comprendió la urgencia y él mismo se llevó el dedo
índice levantado sobre sus labios para indicarme que hiciera silencio, y señaló
el baño donde se dirigió hacia allí en forma rápida, mientras me indicaba que le
abriera la puerta a su padre.
A pesar de que me sentí incómodo, obedecí, porque Eduardo podría llegar a
sospechar algo extraño, por más que nada malo había ocurrido.
- Qué sucede?- dijo con una sonrisa, apenas abrí la puerta.
- Es que estaba durmiendo...
- Sí, me supuse que sí... pero quería estar contigo, hijo... te necesito esta
noche.
Lo sabía! Eduardo quería sexo. Pero por amor de Dios, cómo podría hacer algo
con él mientras su hijo permanecía encerrado en el baño?
Miré hacia allí y la puerta del excusado estaba entornada. Junior ni siquiera
había tenido la delicadeza de cerrar completamente la puerta.
Oh, no!
Eduardo me besó en la boca.
- Qué te sucede- me preguntó cuando se percató que no respondí a su ósculo.
- Estoy nervioso, abuelo...- respondí sin poder ocultar mi intranquilidad.
- Por qué?- preguntó mientras se desanudaba la corbata.
- Mantuve una conversación con Junior y me ha pedido que no le contara a
usted lo que me dijo- confesé con el único fin de distraer la conversación.
- No te preocupes entonces. Confío en tu juicio. Sé que lo que hagas lo harás
bien. Ayúdame con la camisa.
No dio resultado mi treta. Pensé que la conversación se concentraría en el
problema de su hijo. Miré nuevamente hacia el puerta entreabierta, intentando
reconocer a Junior en la oscuridad del baño. No lo distinguía, pero no tenía la
certeza de si permanecía allí o no.
Todos los cuartos de baño que se hallaban en los dormitorios, tenían dos
puertas. Una que permitía acudir a ellos desde las habitaciones mismas, y otra
que daba hacia los pasillos y que siempre estaba cerrada por dentro.
La gran duda era si Junior ya se había retirado a sus aposentos, o aún estaba
en el baño espiando. Rogaba para que no estuviera presenciando lo que íbamos a
realizar esa noche con su padre.
- Ahora ayúdame con los pantalones, por favor- me suplicó.
No me sentía cómodo para nada y no podía evitar mirar hacia la puerta en
forma inconsciente a cada instante.
- Qué sucede? Por qué estás mirando hacia aquella puerta a cada rato?- dijo
una vez que logré quitarle los pantalones.
Se puso en pie, y fue hacia el baño en calzoncillos.
No, por Dios! Por lo que más quieras... no me hagas pasar por esto!
Simplemente tomó el pomo de la puerta, y la cerró.
Mientras se volvía a acercar a la cama, dejó caer sus calzoncillos.
- Veo que aún tienes la ropa puesta- y comenzó a desprenderme la camisa.
Continuó con mis pantalones y se arrodilló delante de mí.
Me bajó el slip, tomó mi pene fláccido con su mano y se lo llevó a la boca.
Comenzó a chupar en forma suave y entró rápidamente en un ritmo desesperado.
Demoré en alcanzar mi erección, debido al estado nervioso en que me encontraba,
pero su trabajo lo logró.
Cuando me dejó el miembro duro como la roca, se puso en pie e intentó irse
para la cama. Lo detuve y me dispuse a devolverle el favor. Me arrodillé delante
de él. Separé sus piernas hasta que las abrió de par en par, levanté un par de
inmensos rollos y comencé a husmear con la lengua en la piel arrugada por encima
de sus testículos.
Mi euforia me permitió encenderme y apreté mi cabeza contra su cuerpo. Ahora
mis manos frotaban y tironeaban sus testículos, intentando buscar su excitación
ayudado por cualquier método. Toqué la piel por el cual debería salir su pene y
la corrí hacia atrás hasta que emergió una pequeña cabeza rosada. Mi lengua le
dio la bienvenida, pero no logré que su dimensión se acrecentara.
Me salí de allí y le sugerí que se acostara sobre la cama boca arriba, que
pusiera todas las almohadas bajo sus nalgas para levantar su abdomen lo más
arriba que pudiera, y que separara ambas piernas lo más posible, apoyando ambos
pies sobre el suelo.
Lo hizo con mi ayuda.
Sus testículos gigantes se veían sabrosos y fui a por ellos. Los sobé, lamí,
besé y chupé a discreción. Mientras tanto, metí mi dedo índice en el agujero de
su piel arrugada, hasta que unos minutos más tarde, noté que su glande comenzaba
a endurecerse.
Cuando sucedió, agregué mi pulgar para tomar y frotar esa cabecita en forma
lenta pero continua. Uno de sus testículos entró enteramente a mi boca y comencé
a escuchar sus primeros gemidos.
Cuando mis dedos estuvieron empapados en su líquido preseminal, su glande
erecto ocupó el lugar que hasta unos segundos antes tenía su huevo derecho.
Eduardo tenía una erección poderosa por más que su pene apenas sobresalía
unos pocos centímetros de su interior. Mi desesperación por darle el placer que
estaba seguro que necesitaba esa noche, me cegó, y con mis chupadas comencé en
primer lugar a subir y bajar mi cabeza lentamente, para continuar cada vez con
más fuerza, tirándole en forma violenta la piel hacia atrás con cada embestida,
y metiéndome literalmente en sus carnes para sacar más pene de su abdomen.
Quería que tuviera la misma sensación como si me estuviera haciendo el amor a
mi boca golosa.
Sus gemidos se descontrolaron, tornándose alaridos que intentaba ahogar con
sus propias manos.
Cuando él mismo comenzó a moverse en forma salvaje intentando meter aún más
ese minúsculo pene dentro de mi boca, tuve la certeza que estábamos próximos a
la culminación.
Eduardo comenzó a temblar en forma tal que nunca lo había visto así de
descontrolado.
Una escupida de algo casi seco me llenó la boca e inmediatamente, seguido de
unos chorros interminables de semen que lograron desbordarse por las comisuras
de mis labios, mientras mis tragos no pudieron absorber tanto esperma.
Sus gritos ahogados no cesaban; sus temblores, tampoco.
Busqué con mis manos las suyas, y me las tomó, apretándomelas muy fuerte. Ese
pasaje de energía de ida y vuelta, es realmente impagable. Sobraban las
palabras.
Tan sólo con eso, sentí el agradecimiento que me profesaba, y yo le transmití
todo el amor que le tenía a ese gigante por el cual daría mi vida sin dudarlo,
de ser necesario.
Ambos exhaustos, nos quedamos en esa posición por una larga media hora.
Él sobre la cama, boca arriba y con las piernas abiertas. Yo arrodillado con
mi rostro sumergido en sus genitales e inundados en su propio esperma; nuestras
manos fuertemente apretadas con nuestros dedos entrelazados; y con nuestras
respiraciones a mil por hora bajando las revoluciones muy, pero muy lentamente.
Lamí todo el esperma restante que yacían dentro de cada uno de sus rollos,
sin prisa pero sin pausa. Cuando hube terminado, sus manos me obligaron a
pararme e ir al encuentro de su boca.
- Te quiero mucho, Zesna... lo sabes, verdad?- me dijo mientras me dio un
chupón de antología.
- Sí, abuelito... y tenga la certeza de que el sentimiento es recíproco.
- Lo sé, hijo... lo sé.
Llevó su mano a mi entrepierna, comprobó mi potente erección y se incorporó.
Se metió mi miembro en la boca, lo chupó y me sorprendió cuando juntó saliva y
me lo escupió en forma desesperada, tras lo cual lo esparció por toda su
dimensión con su mano.
- Vacíate dentro mío- dijo poniéndose en cuatro patas.
Miré nuevamente hacia la puerta, ahora cerrada, rogando encarecidamente que
Junior ya no estuviera allí.
Me acerqué con el rostro a su orificio y lo toqué con mis labios. Sentí su
tensión. Deposité saliva con la lengua, y con ella como herramienta, lubriqué el
interior de su culo.
Ahora me volví a incorporar y apoyé mi glande en forma leve y el aro de carne
se abrió para permitirme el acceso.
Suave, muy suavemente, su culo se fue tragando mi verga embrutecida de
excitación. Una oleada de placer me invadió cuando la piel se me fue corriendo
hacia atrás, a medida que lo penetraba.
Él sólo yacía allí como un elemento para mi propia satisfacción. Yo estaba
consciente que únicamente me permitía hacer esto para hacerme eyacular. Sólo
para devolverme el favor.
No demoré mucho para lograr entrar en el ritmo frenético e irrefrenable. Mis
manos apoyadas en ambas nalgas de mi abuelo me sostenían y permitían moverme más
rápido.
Mi mete y saca se tornó vertiginoso y ya no me pude detener. Intenté
disimular mis gritos cuando mi esperma comenzó a salir, pero me fue imposible.
La explosión pareció interminable y no me importó porque no me sentí apurado en
ningún momento.
Si antes estaba exhausto, ahora debería decir que literalmente estaba muerto.
Una vez que la quietud se volvió a apoderar de mí, me dejé caer sobre la
espalda de Eduardo y fui hasta tener a su nuca al alcance de mis labios. La
besé.
- Gracias, abuelo...
- Tú te lo mereces, hijo.
En esa posición: los dos boca abajo, ambos desnudos y yo sobre él, me dormí.
Desperté en la oscuridad.
Habrán pasado un par de horas... tal vez algunos más, pero la noche aún
permanecía del otro lado de la ventana.
Ahora estaba boca arriba sobre la cama y sentía un brazo desnudo que se
posaba sobre mi pecho y un muslo que descansaba sobre el mío.
Él estaba a mi lado boca abajo.
Continuaba aturdido.
Eduardo estaba jugando con fuego. Habría estado Junior en el baño mientras
había ocurrido todo con su padre?
Para ser sincero, me preocupó en un primer momento, pero luego me ganó la
excitación... la calentura. Eduardo estaba deseando este momento por lo menos
desde la mañana cuando me había llamando para tener la conversación con Junior.
"Y quisiera pedirte algo muy especial, hijo... me gustaría mucho que luego te
quedaras a dormir aquí; si no es mucha molestia, claro. Podrás?"
Cuánto tiempo había transcurrido sin que mi abuelo hubiera tenido sexo? Sin
una eyaculación? Debería estar desesperado, me supongo... Estoy seguro que lo he
dejado satisfecho, y yo lo disfruté como nunca, para qué negarlo... pero ahora
qué? Debería decidirme qué hacer de mi vida.
Porque si decidía formalizar mi relación con Mónica, debería convencerme que
no volvería a tener otra relación paralela con nadie más.
Soy consciente de que mi fidelidad debería ser lo más importante que me
gustaría practicar. Por respeto a los gordos, por respeto a la que quería como
mi novia, y sobre todo por respeto a mí mismo. Que no me gustaría traicionar a
la persona a quien iría a elegir para compartir el resto de mi vida. Que debía
rechazar todo impulso o calentura que pudiera surgir a partir del momento en que
estemos de acuerdo en ser novios. Podré vencer la tentación de no volver a mirar
a otro gordote nunca más con ojos de lujuria?
Posiblemente Eduardo había sido el último gordote con el cual iba a compartir
la cama por el resto de mi vida.
Ahora... una aclaración:
La fidelidad a partir del momento en que decidamos formalizar, debería ser un
pacto recíproco.
Encendí la luz para ir al baño; miré a mi izquierda y mi sorpresa fue
mayúscula cuando el que estaba desnudo en la cama conmigo no era Eduardo, sino
Junior.
Oh, Dios!!!
Qué estaba sucediendo aquí?
Había sido todo un sueño?
Estaba a punto de volverme loco?
CONTINUARÁ.
Si te gustó este relato, no dejes de leer cualquiera de los 91 relatos
anteriores del mismo autor. Por ejemplo: "Diario Íntimo de un Gordo". (
http://www.todorelatos.com/relato/31373/ )