Hola me llamo Juan, tengo 17 años y vivo con mis padres en
una ciudad de las afueras de Madrid. Siempre me he considerado muy afortunado
por la vida que tengo, al menos hasta hace unos meses, cuando fui testigo de
algo que ha cambiado mi forma de ver las cosas radicalmente.
Empezaré por describir a mi familia. Mi padre se llama igual
que yo, es un hombre normal, tipico padre de familia que junto a su éxito
profesional está criando una incipiente calva y una buena barriga cervecera. A
sus 43 años es todo un ejemplo de hombre de oficina, de vida rutinaria y valores
familiares por encima de todo.
Mi madre Marta sin embargo es una mujer cuya vida rutinaria
no ha mermado ni un ápice de su feminidad. El gimnasio que tenemos montado en
casa ha mantenido su metro sesenta y siete en perfecta forma y su cuerpo indica
10 años menos de los 38 que tiene en realidad. A ese cuerpo se le añade un
hermoso rostro de pelo castaño(aunque varia según como se lo tiña), unos enormes
ojos negros y unos labios algo finos pero bonitos. Todo esto junto a su
exquisito gusto a la hora de vestir y su plena dedicación a la vida familiar la
han convertido a los ojos del vecindario en la madre y esposa perfecta. Pronto
descubriría que tambíen podía ser la zorra perfecta.
Todo empezó un día que teníamos en casa una cena familiar,
pero por unos motivos u otros solo confirmaron su asistencia mis abuelos
paternos, unos tios que vivian cerca de nosotros y eran muy plastas y unos tíos
míos de Salamanca.
Ese día mi padre y yo tuvimos que vestirnos con camisa y
corbata y mi madre se puso una camisa de manga larga negra que dejaba los
hombros al descubierto y una falda de seda que le subía un palmo por las
rodillas, combinando con unos zapatos oscuros de tacón.
Los primeros en llegar fueron mis abuelos acompañados de mis
tios pesados y hubo saludos muy efusivos por ambas partes. Casi no habíamos
cerrado la puerta cuando llamaron al timbre y aparecieron mis tios. Iba a dar
dos besos a mi tia cuando me percaté de una figura que estaba detrás de ella.
-Éste es Lucas. Es un amigo mío que ha estado viviendo en
EEUU y ha vuelto a Madrid justo hoy. Me ha llamado para quedar, pero le he
dicho que tenía cena familiar. Aún así no podía dejarlo cenando sólo en su
hotel así que le he invitado. Espero que no sea molestia - explicó mi tio.
Se hicieron las presentaciones pertinentes y la verdad es que
era un hombre que imponía. Tenía 29 años y su forma de hablar, la confianza en
sí mismo, y su corpulencia típica de horas y horas de gimnasio nos dejaron
impresionados a todos.
Todos estaban hambrientos así que nos sentamos inmediatamente
a la mesa que ya estaba servida. Lucas se sentó justo enfrente de mi madre y
durante toda la cena se mostró muy cordial con ella. Además Lucas se convirtió
enseguida en el alma de la cena, ya que contínuamente narraba alguna de sus
muchas historias que mantenían a todos en vilo hasta desembocar en una enorme
carcajada general. Tenía encandilado a su público, con sus historias de juergas
con los amigos y sus conquistas de mujeres en noches locas. A mi no me había
encandilado en absoluto. De hecho era una de esas personas tan seguras de si
mísmas que no paran de fanfarronear, de creerse irresistibles para cualquier
mujer y que tratan con desdén a aquellos que no son de su "especie". Sus
constantes miradas a mi madre, que eran de todo menos inocentes no hacían más
que acrecentar mi animadversión hacia nuestro invitado.
Mi madre reía con sus historias al igual que todo el mundo
pero evitaba el contacto visual con Lucas, ya percatada de que la miraba de una
forma bastante descarada. Mi madre ya estaba acostumbrada a que la admirasen,
pero ella siempre apartaba la vista en señal de que era una mujer casada, que
amaba a su esposo y a su hijo, y que se debía sólo a ellos.
Lucas no pareció conforme con la respuesta visual de mi madre
y empezó a contar historias de mujeres que se le habían resistido pero que
habían acabado sucumbiendo a sus "encantos", tratando de incomodar a mi madre,
pero ella no parecía afectada en absoluto por sus envites. De hecho comenzó a
mostrarse ofendida poniéndole pegas a todas las historias de Lucas, diciendo que
no todas las mujeres eran como él las pintaba, y que las había que eran fieles
en su matrimonio como ella en sus 18 años de matrimonio, aumentando la tensión
que había entre ella y Lucas. Afortunadamente ni mi padre ni nadie a parte de mí
se dio cuenta de la situación. Así transcurría la cena hasta que mi tio propuso
que brindásemos con un poco de champán. Mi padre mandó a mi madre a por una
botella a la cocina y pude ver como Lucas no perdía detalle de mi madre saliendo
del salón, especialmente de su culo. Era increible el descaro con el que lo
hacía y más increible me parecía que nadie, en especial mi padre, se hubiese
dado cuenta. Cierto es que todos iban ya un poco bebidos por el vino, pero aún
así, en el transcurso de la cena las miradas furtivas a mi madre y a sus tetas
habían sido cada vez más frecuentes. En ese momento miré a Lucas con todo el
odio que pude, como tratando de decirle: "¿pero tú de qué vas?" pero este ya se
estaba levantando de la mesa y si me vio me ignoró por completo. Se excusó
diciendo que iba a ayudar a mi madre pero ninguno de los mayores le oyó. Todos
estaban ya algo bebidos y enfrascados entre risas y aplausos en viejas anécdotas
y yo era el único que había notado que se ausentaba. Al cabo de un par de
minutos no aguanté más y dije que me iba a mi habitación a tumbarme un rato
porque estaba mareado y cuando salí del salón me dirigí directo a la cocina a
través del pasillo.
Cuando llegué a la cocina me quedé en la puerta, escondido en
la oscuridad. Nuestra cocina es bastante amplia y consta de la zona de cocina
separada por una especie de barra de bar de la zona de comedor. Apenas a tres
metros de la puerta, Lucas ayudaba a mi madre a elegir la botella de champán,
pero lo hacía acercándose cada vez más, una situación que debió incomodarla
porque se apartó ligeramente y le dijo que fuera eligiendo él la botella
mientras ella cogía los vasos. A pesar de la obvia incomodidad de mi madre Lucas
no dejaba de sonreir y su sonrisa se hizo más socarrona aún cuando ella se
agachó para coger las copas de champán que estaban en un estante inferior.
Nerviosa como debía estar ni siquiera se sentó a coger los vasos sino que se
inclinó a coger los vasos, ofreciéndole al cabrón de Lucas una vista magnífica
de su trasero. Mientras mi madre le iba pasando las copas de dos en dos, Lucas
se puso a abrir la botella y llenar una copa y beber como si nada. Una vez mi
madre hubo sacado todas las copas y terminaba de cerrar el estante en esa
posición tan comprometedora Lucas se acercó por detrás apoyando su paquete en el
culo de mi madre. Ella, asustada se irguió de un brinco quedando situada a
escasos centímetros de nuestro invitado. Aprovechando la confusión de
movimientos Lucas tiró la copa encima a mi madre, empapándola entera.
-¿¡P…pero, que haces!? – exlamó mi madre confundida y
enfadada al mismo tiempo.
-Perdona Marta. Ha sido sin querer. Estaba nervioso.
-¿Nervioso porqué? – dijo ella mientras veía como el
champán que había manchado su camisa empezaba a regar su falda.
-Por tener un bellezón como té delante de mío – contestó
Lucas acercándose un paso más.
-¿Pero qué estas diciendo? – dijo mi madre aún más
confusa – Dios mira como me has puesto de champán….
-No te preocupes. Eso tiene solución – y diciendo esto la
agarró por los hombros y la atrajo hacia sí. Acto seguido empezó a limpiar
los restos de champán que todavía quedaban en el escote de mi madre con
largos lengüetazos.
-¡L…Lucas! ¿Pero qué haces? ¿ Cómo te atreves…? – empezó
a gritar mi madre. Pero antes de que pudiera alertar a nadie Lucas estampó
un enorme beso en sus labios de varios segundos que debieron dejarla sin
aliento porque no volvió a levantar la voz.
Estaba apunto de intervenir y salvar a mi madre de semejante
atolladero cuando ella volvió a abrir la boca para pedirle que parase pero esta
vez sin gritar, a modo de súplica.
-Tranquila, solo intento deshacer el entuerto. Cuando
termine de limpiarte pararé. Te lo prometo. – dijo Lucas a la vez que
soltaba los hombros de mi madre para colocarlas bajo sus pechos ayudando así
a la "limpieza".
-D…de ver…dad, p..por favor para…- continuó suplicando mi
madre a la vez que se debatía por liberarse – N..no quiero que me limpies
nada…oye para…
Lucas hizo caso omiso de las súplicas de mi madre y siguió
con su tarea de limpieza y secado, levantando la camisa por debajo y lamiendo su
abdomen. Mi madre intentaba apartar con las manos la cabeza de Lucas pero éste
la tenía agarrada de la cintura tan fuerte que sus esfuerzos eran en vano.
-P..para, te juro que voy a gritar. Se lo diré a mi marido…
-¿Y qué le dirás, que intenté limpiarte después de
mancharte? – replicó Lucas con tono burlón.
-¿Cómo? Pe..perro si me estás…e…eres un baboso….eres un
cerdo…- comenzó a decir mi madre pero Lucas la cortó.
-El cerdo es un animal muy limpio.
Dicho esto dejó de babosear el ombligo de mi madre para
empezar a bajar por ahí hasta llegar a la falda.
-Para ya, cerdo, te juro que se lo diré a mi marido y
te... ¡ahhh!- Lucas plantó su cara en la entrepierna de mamá a través de la
falda húmeda por el champán.
-Unghhh… cu…cuando se entere mi marido….te va a…. –mi
madre seguía intentando liberarse pero sus palabras cada vez tenían un tono
menos seguro.
-No te preocupes preciosa que ya casi he terminado- dijo
Lucas levantando la falda hasta la cintura.
Bajo la falda de mi madre aparecía unas braguitas negras de
una prestigiosa marca de lencería que yo ya había visto antes haciendo la
colada.
Empezó a lamer la parte interior de los muslos con sumo
cuidado haciendo que mi madre se mordiese los labios en lo que yo creía que era
un gesto de reacción de asco ante la invasión de su intimidad que estaba
sufrienda. Tras un buen rato lamiendo las piernas de mi madre, posó sus manos
sobre el culo de ésta y acercó la nariz a la fina tela negra que separaba su
cara y la fruta de mi madre que estaba reservada sólo para mi padre. Cuando la
lengua de Lucas tomó contacto con la ropa interior de mi madre ésta lanzo un
grito ahogado que al cabo de unos segundos fue seguido por un suspiro cuyo
significado no supe descifrar.
-¡Oh dios!¡Unnnghh!¿Cómo te atreves? – pero las protestas
de mi madre carecían de cualquier convicción en su tono.
No podía creer que mi madre se estuviese rindiendo a la
estrategia de manoseo de un mamón al que acabábamos de conocer esta noche y que
ni siquiera había sido invitado a la fiesta. Afortunadamente todo aquello
acabaría en cuanto Lucas terminase de limpiar la última gota de champán
derramada. Lucas se tomó su tiempo en "limpiar" las braguitas de mi madre.
Mientras tanto ella no paraba de pedir que parase, pero sus súplicas habían
pasado a ser más una suerte de gemidos de significado dudoso que una petición
para terminar con aquella situación. Al cabo de un rato Lucas separó su cara de
las braguitas de mi madrey levantó la vista sonriente.
-Bueno princesa. Ya he terminado. ¿No ha sido tan malo no? –
dijo levantándose.
El rostro de mi madre estaba desencajado y tenía las mejillas
completamente ruborizadas. Agachaba la mirada y sus labios temblaban
ligeramente. Lucas cogió la botella de la mesa y se la entregó. Despues cogió
unas copas y dijo:
-Vámonos ya para el salón. Yo llevo los vasos mientras te
arreglas un poquito y cuando estés te vienes con la botella, vale guapa?
Yo estaba consternado por la escena y no sabía cómo
reaccionar. Lucas se dio la vuelta y se disponía a salir de la cocina, y
probablemente me hubiera pillado allí espiando de no haber sido porque mi madre
musitó algo. El cerdo de Lucas se dio la vuelta para preguntarla que había dicho
cuando tanto él como yo nos quedamos sorprendidos.
Mi madre, todavía con la falda subida, sostenía la botella de
champán contra sus pechos e inclinándola ligeramente empezó a dejar un poco del
dorado líquido por entre el canalillo.
-C…creo que aún te queda algo por limpiar – dijo no muy
segura de sí misma. En su voz había duda, pero también mucha agitación,
gracias probablemente a las habilidades de Lucas allá abajo.
Lucas se acercó a ella de nuevo. El líquido que caía por
entre sus tetas pronto traspasó la delgada tela de la camisa y empezó a calar
hasta la falda. Lucas le cogió la botella ya medio vacía y dejándola sobre la
mesa agarró a mi madre del cuello por detrás para plantarla otro enorme beso.
Esta vez mi madre si colaboró abriendo su cavidad bucal para permitir a su
invitado saborear la boca y lengua de su anfitriona, mientras sujetaba el rostro
de su agresor con caricias. Lucas rápidamente agarró con una mano las muñecas de
mi madre y levantó sus brazos liberando su cara, dejando claro quien era el que
mandaba. Mi madre aceptó su nueva posición sin ninguna objeción y continuó
besando a su invitado con la misma pasión que antes. Lucas terminó aquel beso
con un buen lametón pasando su enorme lengua por los labios entreabiertos de mi
madre que parecían suplicar por más. Lucas no le dio ese placer y empezó a bajar
el cuello de mi madre a besos mientras seguía sujetando a mi madre por las
muñecas. Con la mano libre comenzó a levantar la camisa de mi madre y se la
levantó hasta la altura de los codos, quedando su rostro parcialmente tapado por
la prenda liberando sólo la boca que no paraba de jadear. Una vez que el torso
de mi madre estuvo desnudo (pues la camisa no era para llevar con sujetador)
Lucas continuó bajando con sus besos hasta llegar al canalillo. Cuando comenzo a
besar y a lamer las tetas de mi madre los jadeos de ésta fueron hacíendose más
rápidos y suplicantes, pero Lucas era un experto en mujeres y la hizo esperar.
Además esos pechos merecían ser explorados concienzudamente, ya que sin llegar a
ser ubres, eran de una buena talla 95 que acababan en unos rosados pezones de
aureola estrecha. Continuó pasando su boca alrededor de sus pechos sin llegar a
tocar los erectos pezones que pedía ser comidos a gritos. Al ver que sus pezones
no eran atendidos como su calentón lo exigía en esos momentos, los jadeos
pasaron a ser gemidos llenos de súplica. Hasta yo estaba expectante, casi
deseando en el fondo que le comiese las tetas del todo para observar la reacción
de mi madre. Era sobre todo la curiosidad de ver cómo era el estado de
excitación de mi madre, a quien yo siempre asociaba con suaves sonrisas y dulces
palabras y no con calenturas y excitación. En seguida me arrepentí de estos
pensamientos Contento con los resultados, Lucas decidió abordar por fin los
pezones de la hembra que tenía ya a su merced, arrancando profundos suspiros de
placer en mi madre.
-¡Oh dios mio! Aangghhh…ufff – mi madre empezaba a perder
el control de sí misma.
-Te gusta, ¿eh? – dijo complacido Lucas al mismo tiempo
que liberaba las muñecas de mi madre para posar ambas manos sobre sus tetas
y amasijarlas – Vaya tetitas que tienes, reina.
-¡Ufff! Dios, lím…límpialas bien…¡así!...si…límpiame
entera…- decía mi madre totalmente perdiendo el control.
Se quitó la camisa que cubría su rostro y la lanzó hacia
donde yo estaba, lo cual me hizo retroceder instintivamente ante el peligro de
ser descubierto. El corazón me latía a mil. ¿Qué pasaría si me descubrían? Ya no
había vuelta atrás. Si quería hacer algo tenía que haberlo hecho antes. Irrumpir
ahora nos dejaría a los tres, en especial a mí y a mi madre en una situación
tremendamente incómoda que ni yo ni ella sabría manejar. Así que reprimido por
el miedo allí me quedé, escondido tras la puerta, escuchando los chupetones que
Lucas daba a las tetas de mi madre y los cada vez menos discretos jadeos de mi
madre. De repente un grito tremendo me sacó de mi ensimismamiento y la
curiosidad venció al miedo, dándome fuerzas para volver a asomarme por la puerta
de la cocina. Desde donde yo estaba, podría haber asomado medio cuerpo y hubiera
sido casi imposible que me viesen, pero un miedo irracional a ser descubierto
hacía que sólo fuese capaz de asomar media cara.
Lucas había bajado hasta la entrepierna de mi madre y besaba
y lamía la prenda íntima a la vez que ella se tapaba la boca con ambas manos
para evitar otro grito que pudiera llamar la atención de los presentes en el
salón.
-Vaya vaya, ¿que mojado está esto, no? – dijo mientras
pegaba un enorme lametón de arriba abajo provocando un rápido movimiento de
pelvis acto reflejo del placer que estaba recibiendo mi madre - ¿Será todo
champán o será otra cosa? Je je.
-T..Tú limpia lo que sea…uuhh…todo lo que encuentres –
pidió mi madre que desde hacía un buen rato se había dejado a las caricias
bucales de su atrevido invitado.
-Tranquila reina que te voy a hacer una limpieza a fondo.
¡Slurp! – dijo mientras lamía de nuevo – Creo que va a haber que limpiar
debajo de la alfombra, ¡jajaja!
Dicho esto las manos que por debajo de las bragas sobaban con
ganas el culo de mi querida madre agarraron los laterales de la tela y las
comenzaron a apartar a un lado. Bajo las bragas negras de mi madre se escondía
no un vello púvico abundante como me habría esperado, sino un cuidado corte en
forma de "v" que permitía una perfecta visión de su sexo. Al fin y al cabo era
una mujer, una mujer bella que se cuidaba y yo era el ingenuo al pensar que no
reservaría ciertos placeres conyugales a mi padre. Pero ahora mismo no era mi
padre quien disfrutaba tales atenciones, sino un capullo presumido que la había
seducido sin apenas necesitar cortejarla. En cuanto los labios de Lucas
contactaron con los labios inferiores de mamá está lanzó un tremendo grito que
murió ahogado entre sus manos que se apretaban contra su rostro. El trabajo de
limpieza que le estaba realizando Lucas allí abajo parecía volver loca a mi
madre, que se retorcía frotando su espalda contra la pared, arqueándose, con una
mano tapándose la boca y otra acariciando el cabello de Lucas con fuerza.
-Ahhh….diossss….siiii…ahhh….Lucas….Lucassss
-Eres toda una mujer; une mujer caliente y muy sabrosa –
dijo mientras sorbía los primeros jugos que se deslizaban por el coño de
ella. – Vamos quítate las bragas
Lucas sacó su cabeza de entre las piernas de mi madre y ella
presa del placer se las quitó lo más rápido que pudo, sacándolas primero por un
pie y luego por el otro, y las dejó en el suelo.
-Así me gusta. Mmmhhh… que bien te huele, Marta – le dijo
llamándola por su nombre con una familiaridad casi vomitiva. Acto seguido le
introdujo un dedo mientras su lengua seguía explorando los placeres de la
vagina de su elegante anfitriona.
-Ay dios….¡joder!¡maldito cerdo! –gritó a Lucas. Pero en
el tono de sus palabras no había reproche alguno.
Mi madre cerro los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás
dominada por el placer oral que le estaba dando aquel cabrón sin escrúpulos,
mientras apenas conseguía reprimir entre su mano los gemidos de placer que éste
le iba arrancando. Tras un buen rato en el que mi madre no pudo reprimir en dos
ocasiones las convulsiones que indicaban que había llegado al orgasmo Lucas
pareció dar por terminado su trabajo de limpieza y se puso de pie mientras
volvía a amasar los pechos de mi madre. Acercó su rostro al de mi madre pero
ella casi ni se enteraba de lo que acababa de ocurrir. Cuando Lucas aprisionó
sus labios entre los suyos ella sólo reaccionó cerrando los ojos y entreabriendo
los labios para que su besador tuviera libre acceso a esa boquita aristocrática.
Cuando el beso terminó Lucas puso sus manos sobre los hombros
de mi madre y la hizo bajar hasta quedarse de rodillas ante él.
-Creo que yo también necesito que me hagan un poco de
limpieza – dijo acercando su paquete al rostro de mi madre
-P..pero..c..creo que deberíamos volver, Lucas…- dijo
insegura mi madre. A pesar de que era obvio que seguía caliente, el momento
de descontrol había pasado y sabía que en cualquier momento podrían echarlos
en falta y parecía no estar dispuesta a arriesgarse a que su esposo a quien
de verdad amaba la sorprendiera con el pene de otro hombre en su boca.
Lucas se agachó un poco y le acarició la barbilla al mismo
tiempo que le plantaba otro beso baboso en la boca de ésta.
-¿No crees que es lo justo? – dijo bajándose la bragueta.
-S…si…pero, ¿y si nos descub…? – empezó a decir pero sus
palabras murieron en su boca cuando Lucas terminó de bajarse la bragueta y
se bajó al mismo tiempo los pantalones y los calzoncillos.
Aquello era desde mi punto de vista una de las cosas más
impresionantes y repulsivas que había visto jamás. Comparando frente a frente,
esa polla era más larga que la cara de mamá, que miraba con ojos como platos
aquella cosa que aún seguía creciendo ante sus narices. Su grosor era una
barbaridad sólo viéndolo desde donde estaba yo, y todo el tronco estaba
recorrido por unas venas enormes. Mi madre se quedó sin habla admirando ese
monstruo que tenía ante si.
Divertido por el estado de shock en que se encontraba mi
madre, acercó su pene aún más cerca, a una distancia en que juraría que mi madre
podía percibir el olor de aquella bestia de carne en barra.
-¿Qué decías? – preguntó sonriente.
-Oh dios mio….yo….n..nada, no decía nada – se apresuró a
contestar.
Con la mano temblorosa agarró el miembro de Lucas, que ya
había llegado a su punto de máximo esplendor, y tras mirarle a los ojos se
introdujo aquella polla en la boca.
Al principio le costó un poco ya que su grosor la obligaba a
abrir la boca bastante. Pero la saliva se convirtió en un magnifico lubricante
facilitando la felación. Al principio eran movimientos tímidos pero pronto se
convirtieron en rápidos móvimientos de cabeza acompañados de gemidos procedentes
de la ocupada boca de mi madre. Aún así, no conseguía meterse en la boca más de
un tercio de esa polla por lo que el resto del nabo lo tuvo que cubrir a base de
lametones y chupaditas.
-Mhh…glmphhh..¡¡¡mmhhhhhhh!!! – eran los únicos sonidos
que salían de la boca de mi madre que parecía no dispuesta a soltar ese
miembro varonil.
-¡Oaahhh! Joder como te gusta ¿eh? Es toda tuya.
-Mmffz…."Gadiaz" – fue el agradecimiento que consiguió
articular con la boca aún llena de polla
-No hay de que, reina.- y soltó una carcajada
Mi madre le miró a la cara desde su posición y correspondió a
su carcajada con un esbozo de sonrisa, todo lo que pudo ofrecerle ya que esa
enorme polla tenía su boca reservada para sí sola. Con los ojos aún fijos en los
del dueño de esa polla que tan bien le estaba sabiendo continuó su mamada.
Siendo objetivos, mamá no era desde luego una Jenna Jameson mamando pollas, y la
felación estaba resultando bastante monótona. Eso me hizo pensar que en sus 18
años de matrimonio el sexo conyugal no había sido nadá especial y que
probablemente con la rutina había acabado siendo un actividad monótona y tediosa
para mis progenitores. Pero con Lucas parecía que era diferente. La pobre no
tenía unas técnicas muy depuradas, pero se esforzaba y eso parecía serle
suficiente a Lucas. Un hombre como él probablemente había probado a decenas de
mujeres, algunas de ellas probablemente unas expertas en el tema, y lo único que
parecía buscar en ella era el triunfo de tener a una madre y esposa casi diez
años mayor que él, adinerada y con buen status social a sus pies cometiendo su
primera infidelidad.
Tras unos minutos mamando Lucas le sacó la polla de la boca y
levantándola de la barbilla la puso de pie al tiempo que terminaba de sacarse
los pantalones de los tobillos, no sin antes sacarse un condón del bolsillo
posterior.
Despues de varios minutos tragando polla a mi madre le
faltaba el aliento, y sus pechos se movían de forma exagerada al ritmo de su
agitada respiración. Agarrándola de los glúteos la levantó en vilo y la llevó
hasta una de las banquetas acolchadas que tenemos en la barra de la cocina para
sentarnos a tomar algo rápido. Mi madre soltó un grito de sorpresa al ser izada
y otro cuando Lucas la dejó caer sobre la banqueta giratoria. Los dos comenzaron
a reir como adolescentes enamorados mientras ella iba desabotonándole la camisa.
Cuando desabrochó todos los botones y le abrió la camisa la cara se le iluminó a
mi madre. Un enorme torso, completamente depilado, con unos amplios pectorales y
unos abdominales cuadrados se ofrecían ante ella, y mi madre no dudó un instante
en empezar a pasar sus ansiosas manos por ese cuerpo masculino. Levantó la vista
hacia Lucas con unos ojos que le brillaban de la excitación y con sonrisa
traviesa acercó sus labios a los de él. Comenzó de nuevo el baile de lenguas,
besos con tanta excitación que casi podía sentir sus alientos desde donde
estaba.
Lucas terminó de quitarse la camisa, y ya completamente
desnudo, y sin liberarse del beso que le estaba dando mi madre la agarró de las
nalgas y la recolocó sobre la banqueta. Mi madre sabía lo que venía ahora, y
cogiendo el condón de la mano de Lucas lo abrió y se lo puso. Aunque no creo que
estuviera muy segura de ser capaz de engullir ese pedazo de carne con su coño,
excitada ya sólo de ver los esfuerzos que había hecho para ponerle un condón, lo
animó a penetrarla.
-Ahhh….siiiiii…Lucas cariño…no me hagas esperar
más…ahhh…-y empezó a pellizcarse los pezones para mostrar su excitación. Yo
estaba flipando con esta faceta de guarra que estaba comenzando a descubrir
en mi hasta ahora respetable madre.
-Cálmate reina, que esta noche te voy a hacer mía. Vas a
ser toda mía hasta tu último suspiro – y acercó su polla a la vagina de mi
madre, frotándola pero sin llegar a penetrarla – Tu vas a ser mi reina….y
yo, tu "Rey"¿entendido?
Dicho esto la cabeza del monstruo desapareció sin ningún tipo
de delicadeza dentro del coño de mi madre haciendo que ésta gritara buscando
algo a lo que agarrarse, clavando sus uñas en las musculosas espaldas de Lucas.
-¡Kiiiaaa!¡Mi Rey! – consiguió decir mi madre – No tan
fuerte…más despacio….mi Rey.
-Está bien, soy un rey benévolo. – aminorando el ritmo
fue clavando su estaca poco a poco en el coño de mi madre, besándola el
cuello y haciéndola disfrutar como nunca.
-¡Ahhhhh…..asiii! ¡Oh joder que rico! – mi madre se
relamía de gusto – D…dios… esto es muy grande..
-Ajajaj, ¿Qué pasa, qué nunca habías probado algo así? –
siguió metiéndola – Pues agárrate porque vas a ver lo que es una buena
polla, reina.
-¡Ooohhh diossss! N..no se si esto me puede caber… - más
de la mitad del nabo de Lucas había entrado en la cueva de mi madre -
¡¡Argggghhh, me estás matandooo!!
-¿Quieres que pare, Marta? – dijo deteniendo su
movimiento penetrador.
-¡Oh no por favor! No pares mi Rey, mátame con tu polla,
siiii….¡hazlo, cariño! –mi madre agarró los firmes glúteos de Lucas
atrayéndolo hacia ella moviendo su cintura tratando de encontrar acomodo
para un poco más de esa polla que la estaba matando…de placer.
-Pues claro que lo voy a hacer, porque eres una reina a
la que le gustan mucho las pollas, ¿estoy en lo cierto?
-Ssiiii, ¡me gustan las pollas!
-¿Ah si? ¿Todas las pollas? –inquirió Lucas divertido
-Yo….yo sólo había probado la de mi marido hasta ahora –
respondió avergonzada.
-Lo suponía. Así que eres una reina a la que le gustan
las pollas, pero no una polla cualquiera, ¿verdad? – continuó interrogando
divertido
-No mi Rey. Me gusta… - la barrera física ya había sido
derribada, pero ahora estaba a punto de caer la barrera psicológica de la
infidelidad, donde renegaba de su marido a favor de su amante – me gusta…¡me
gusta tu polla Rey!
Complacido, sonrió mostrándole su blanca dentadura.
-Eso pensaba yo también.
Dicho esto clavó el resto de su pollón en el coño de mi
madre, abriéndola los ojos que casi se le salían de las órbitas y sin poder
respirar o articular sonido alguno. Allí la dejó clavada un buen rato sin
sacarla, con mi madre alucinando como nunca lo había hecho.
-Y ahora, disfrútalo, reina.
Sin darla tiempo a contestar comenzó a sacar parte de su
verga para volver a introducirla hasta el fondo, arrancando un gritito de mi
madre que todavía estaba como en estado de shock. Primero lo hizo lento, dando
tiempo a las paredes vaginales de mi madre a amoldarse a tremendo aparato, y los
grititos pasaron a jadeos complacidos. Pero cuando consideró que ya le había
dado tiempo suficiente el ritmo de las embestidas aumentó sin ningún tipo de
misericordia. Los jadeos de mi "pobre" madre pasaron a gritos desenfrenados
-¡¡¡¡Kiiiaaaaa!!!! ¡¡Si, mi Rey!! ¡Argghhhhhh! ¡Dios mio
vaya cacho de polla!¡Joder, no pares de fo…! – fue todo cuanto pudo decir ya
que Lucas le selló la boca con su lengua, temeroso de que alguien pudiera
oir sus gritos.
Mi madre estaba totalmente descontrolada, rendida ante ese
palo de amor que le estaba clavando su "Rey" sin piedad, matándola de gusto.
Pero Lucas no tenía intención de ser descubierto, al menos aún, y decidió
acallarla con un prolongado beso con lengua, cuyo significado mi madre supo
interpretar al cabo de un rato, indicándole con la mirada que entendía que debía
bajar el tono. En un tono más apaciguado, pero cargada con la misma tensión
sexual mi madre comenzó a gemir y a decir cosas impropias de una señora como
ella.
-¡Coño vaya pedazo de pollón que tienes cariño! ¡Ohhhh,
ahhhhh, mi rey, rey Lucas!¡Por favor haz que me sienta reina!
-¡Aghh! Lo tienes prieto,¿eh pedazo de guarra? – se la
sacó provocándola un pequeño grito al notar como salía esa cabezota de su
cueva. Agarrándola de la cintura le dio la vuelta y puso de espaldas a él,
apoyándola contra le mesa de barra de la cocina – Si es lo que quieres te
voy a hacer sentir como una reina…¡la Reina de las Putas!
Diciendo esto le empaló el chocho de un solo golpé por detrás
aplastando a mi madre contra el borde de la mesa. Mi madre sorprendida agachó la
cabeza intentando respirar. Lucas volvió con sus embestidas pero esta vez sin
darla tiempo a reponerse. El penetrante ataque que acababa de recibir la estaba
destrozando por el aspecto de su cara, pero al cabo de un rato su expresión
dolorida pasó a una de placer, con gestos de doloroso deleite y sonrisas
lascivas.
-Ummphh, dios….e..eres lo mejor….lo mejor que he sentido
jamás dentro de mí…¡ahhhhh! Ohh Rey Lucas, fóllame, ¡FÓLLAME!
-¡Aghh, siiii Martaaaa! Eso quieres que te haga, ¿eh?.
Jaja parece que el cerdo no era yo. ¡Aquí por lo que parece la única cerda
que hay eres tú!
-¡Ahhnnnngggg! Siiiii…Oooh mi Rey, ¿soy…soy una cerda?
Pero yo…aaahhh…siiii….yo…quiero ser tu reina…¡uuhhnnggg!
-¡Wargghh! ¡Marta, desde luego eres la reina de las
zorras! Uhh…eso no te lo puedo negar. – las manos que tenía apoyadas en su
cintura pasaron a agarrar con fuerza sus tetas, pegando su torso a la
espalda de mi madre. Una vez la tuvo en esa posición sus embestidas
comenzaron a aumentar en fuerza y velocidad.
Mi madre al notar la cercanía de su Rey se apresuró a girar
la cara y con la boca abierta sacó su lengua buscando la boca de Lucas. Sin
poder levantar las manos de la mesa por culpa de las embestidas, y con la lengua
de Lucas enredándose en la suya empezó a gemir de forma extraña, indicando que
estaba llegando de nuevo al orgasmo. Lucas cada vez más excitado separó sus
labios de los de mi madre y comenzó a mordisquear su cuello, con un considerable
aumento en la velocidad de sus penetraciones. Los bramidos de Lucas indicaban
que estaba a punto de correrse y mi madre trataba de acompañar sus movimientos a
pesar de verse prisionare entre la mesa de la barra y Lucas. Al minuto Lucas
tuvo una convulsión, que indicaba que se estaba corriendo. Mi madre tuvo en ese
momento otro orgasmo, y eso era algo que ya podía adivinar viéndola la cara de
zorra que se le había puesto durante la noche cada vez que se venía.
-¡¡Oh dios me corro joder!!¡¡Argh, Marta, Martaaaa!! –
gritó mientras agarraba las tetas de mi madre con más fuerza cada vez.
-¡Ah mi Rey, siiiiiii! ¡¡Eso es, dámelo, soy tuya,
tuyaaaa!! – echando la cabeza hacia atrás buscaba desesperadamente la boca
de Lucas pero este estaba demasiado ocupado corriéndose como para
satisfacerla en ese sentido.
-¡Arggggghhh! ¡Siiiiiiiii! Ya….ya está – jadeó Lucas
dejando caer todo su peso sobre mi madre.
-Mhhh…ha sido grandioso mi Rey – con una sonrisa
complacida aceptaba ser la almohada de descanso de su Rey después de que
éste se corriera.
Permanecieron así un buen rato, mientras sus agitadas
respiraciones se iban haciendo más y más normales y el sudor resbalaba de sus
cuerpos atraídos por la gravedad.
La primera en hablar fue mi madre
-Ha sido estupendo, mi "Rey" – y enfatizó esta última
palabra acompañándola de una sonrisa picarona
-Tu eres la estupenda, reina mía. – diciendo esto se
incorporó sacando su arpón del coño de mi madre, que iba perdiendo tamaño
por momentos, hasta quedarse en un todavía buen pedazo de carne pero sin
vida ni dureza alguna.
Ayudó a mi madre a incorporarse, a la cual todavía le
temblaban las piernas, y se fundieron en un apasionado beso, dándose todo el
tiempo del mundo a saborear las bocas mutuamente mientras uno tocaba los pezones
aún duros y la otra pellizcaba ese culo duro y firme que tanto le gustaba. Este
último beso se me hizo eterno. Como buenos amantes, demostraban su gratitud
hacia el otro a través de dulces presiones labiales y ansiosos movimientos de
sus lenguas. En otras circunstancias tal vez hasta me hubiera parecido erótico,
pero resultaba que la amante no era otra que mi madre, a la que yo siempre había
creído decente y fiel. Cuando por fin acabaron con su eterno beso Lucas le dio
un cachete en el culo a su "reina" y comenzó a vestirse, no sin antes quitarse
el condón lleno de leche que dejó sobre la mesa de barra sobre la que yo
desayunaba todas las mañanas. Mi madre todavía admiraba ese magnífico cuerpo que
cada vez resultaba menos desnudo, y cuando la visión del pene de Lucas
desapareció bajo sus pantalones se acercó hasta donde yo estaba a recoger la
camisa. Por suerte no sospechaba que les pudiera haber visto nadie y no se dio
cuenta de que su propio hijo la observaba desde la oscuridad, atónito, con una
mezcla de sentimientos de furia, vergüenza e impotencia, mientras recogía su
camisa todavía algo húmeda por el champán. Cuando se dio la vuelta con la camisa
para vestirse junto a Lucas pude observar que tenía las nalgas algo enrojecidas
por las brutales embestidas de su maldito Rey. Tras ponerse la camisa recogió
las braguitas del suelo y se las puso, haciendo un gesto de incomodidad al notar
que aún retenían algo del espumoso champán que había desencadenado su primera
infidelidad. Cuando hizo ademán de bajarse la falda aún enrollada en su cintura
Lucas la detuvo. Ella sonrió divertida, y él aún más divertido le enseñó el
preservativo medio lleno de semen. Cuando tiró de la gomita de la braga hacia
fuera ella comprendió pero cuando intentó reaccionar ya era tarde. Lucas estaba
vertiendo el viscoso líquido en las bragas de mamá. Cuando cayó todo el líquido
cerró las braguitas y le metió el condón vacío en su escote, lo suficientemente
abajo para que no se viera desde fuera. Mi madre no sabía qué hacer ante su
nueva situación y Lucas le indicó que ya era hora de volver al salón con un
cachete en el culo, que por la cara que puso, debió hacerla notar todo el
líquido que se acumulaba en sus bragas y comenzaba a filtrarse, amenazando con
salir a la vista de todos. Mi madre comenzó a andar hacia la puerta con pasos
muy pequeños, primero por la follada que le acababan de dar y segundo porque al
mínimo movimiento brusco el líquido que había en el interior de sus bragas se
precipitaría hacia fuera e iría goteando. Seguro que en esos momentos no le
hacían tanta gracia los zapatos de tacón. Mientras mi madre hacía malabarismos
Lucas ponía diez copas en la bandeja y las llenaba con champán. Debido a que
buena parte del envase había sido utilizado para seducir a mi madre, las copas
estaban bastante vacías.
Cogió la bandeja y dándole un beso en la mejilla a mi madre
le dijo:
-Te espero en el salón. No te demores mucho…mi
reina..jajajaja.
Se dirigió a la puerta y yo salí pitando para el salón.
Cuando llegué al salón y me senté todos iban ya bastante borrachos y casi ni se
dieron cuenta de que había vuelto. La verdad es que me preguntaba si con el pedo
que llevaban se habían dado cuenta de que me había ido en algún momento. Al cabo
de un segundo apareció Lucas con las copas y las sirvió ante la alegría de mis
familiares. Al cabo de un rato apareció mi madre con actitud avergonzada. La
lefa ya había traspasado la tela de sus braguitas y había empezado a escurrirse
por la zona interior de sus muslos. Afortunadamente para ella, todo el mundo iba
tan borracho que ni se fijaron en sus piernas. Rápidamente se sentó y volvió a
quedar delante de Lucas. Éste levantó su copa y ofreció un brindis por mi madre.
-¡Por Marta, una gran anfitriona y una auténtica reina!
Mis familiares ya iban mas ciegos que Diego y sin sospechar
el doble sentido de la frase, brindaron todos en honor a mi "magnífica" madre.
El resto de la velada transcurrió normal, con Lucas igual de vivaracho, contando
historias de sus conquistas, como el de una mujer casada a la que se había
trajinado con toda la familia de ésta en la casa. Mi padre y mis tios se
descojonaban, sobre todo porque Lucas pintaba a la mujer de su historia como una
auténtica golfa. Mi madre se ruborizaba constantemente con sus comentarios pero
por la expresión de sus ojos sabía que también se estaba calentando. No me lo
podía creer. Mi pulcra madre ahora se calentaba cuando contaban historias sobre
cómo se la habían follado delante de sus seres más queridos.
Cosa de las 3, con todo el mundo ya de bajón, decidieron que
ya era hora de irse a casa. Mientras todos recogían sus cosas mi madre se
dirigió al hall para encender las lucas y abrir la puerta. Yo ya me subía para
mi cuarto, confuso y enfadado por lo que acababa de ver y antes de empezar a
subir por las escaleras volví a ver a mi madre pero en esos momentos me daban
ganas de echarla en cara lo que había hecho. Iba a subir cuando escuché la voz
de Lucas y le vi acercarse a mi madre por detrás.
-Vaya que anfitriona más solícita – dijo dándole un buen
agarrón de nalgas
Mi madre se dio la vuelta y le sonrió.
-Es lo mínimo que puedo hacer por mi "Rey" – y se dejó
atraer hacia Lucas cogida por el culo
Lucas acercó su rostro y mi madre no pudo superar la
tentación y poniendo sus manos en las mejillas de su Rey comenzó a besarle
nuevamente como si no hubiera un mañana. Mi madre, caliente ya desde antes, posó
su mano sobre el paquete de Lucas, frotándolo con deseo. Lucas, para no quedarse
corto comenzó a estrujar las tetas de mi madre mientras ambos aumentaban la
intensidad de sus besos. Estuvieron besándose como si no les importara que les
pudiesen descubrir, pero por fortuna mi tio iba muy borracho y dando voces, así
que cuando les oyeron acercarse se separaron e intentaron aparentar que no
pasaba nada.
Según iban saliendo de casa se despidieron de mis padres, y
el último en hacerlo fue Lucas. Le dio la mano a mi padre y le agradeció la cena
-Gracias por todo. Todo estaba muy rico. Y sobre todo
tiene una mujer estupenda.
-Gracias a ti por venir hombre. Seguro que mi mujer
también se ha alegrado de conocerte. Vuelve cuando quieras, machote – dijo
mi padre quedando como un imbécil frente a su esposa y al que le acababa de
poner unos cuernos como casas.
-En cuanto a ti Marta….eres toda una reina - se acercó y
le dio un beso completamente inocente comparado con lo que había visto hace
unos momentos.
-Un placer. Tu también eres un rey – le guiño un ojo y le
devolvió un beso también por completo inocente.
Yo estaba flipando. ¿Pero de qué iban? No cabía en mí de
rabia. Hasta hace un momento habían estado follando como animales, o como cerdos
mejor dicho, ¿y ahora iban de modositos?
Cuando subí a mi cuarto me puse a pensar en lo que había
pasado esta noche. Lo cerda que había sido mi madre y la facilidad con que ese
hijo de puta se la había camelado. ¿Era Lucas muy bueno o era mi madre una
zorra?¿O ambas cosas? De repente me ví sorprendido por un comienzo de erección
al rememorar las escenas en las que mi madre era follada sin cuartel. No podía
creer que me estuviera pasando esto, así que me metí en la cama, con la
esperanza de que mi madre volviera a ser ella misma, la amante esposa y modélica
madre que siempre había creído tener en casa. Pero pronto descubriría que estaba
muy equivocado.