Carmen no hablaba por hablar, su promesa de compensarme
adecuadamente, rápidamente iba a materializarse.
Al día siguiente la tía Carmen se preocupó de organizar todo,
habló con mi madre, mejor dicho, convenció a mi madre, para que me dejase ir con
ellos el siguiente fin de semana a Biarritz. El viaje en aquella época no era
fácil, tanto desde el punto de vista logístico, como de permisos oficiales.
Estábamos en España a finales de la década de los cincuenta, en plena época
franquista.
Yo había sacado el pasaporte unas semanas antes, porque en la
siguiente Semana Santa tenía que viajar a Montluçon, a pasar las vacaciones con
una amiga francesa con la que nos carteábamos, ella para mejorar su español y yo
mi francés.
Por la tarde Carmen vino a casa y me explicó todo, se la veía
muy feliz, el 27 que era viernes nos iríamos a Francia y pasaríamos los tres
días hasta el domingo en Biarritz. Me comentó que conocería a un matrimonio,
cuyo marido trabajaba con Eugenio, muy amigos, con los que en otras ocasiones
habían salido. También me adelantó que iba a conocer a una mujer extraordinaria,
que me encantaría. Estábamos solos y a medida que me lo iba explicando, Carmen
se iba animando y empezó a jugar conmigo, tocándome, besándome, separándose, se
reía y me provocaba. Entendí que se estaba calentando solo de pensar en todo lo
que había organizado.
Rápidamente la tumbé en el sofá y subiendo mis manos por sus
muslos, llegué hasta sus bragas y tiré hacia abajo. Carmen se levantó
ligeramente y facilitó mi labor. Sin pensármelo dos veces metí mi boca en su
raja, que ya estaba húmeda, me apliqué con todo mi cariño y al momento estaba
retorciéndose de placer, entre suspiros me decía todas las guarradas del mundo,
como siempre me sorprendía, pero al tiempo era un acicate para que chupase y
torturase suavemente su clítoris, al tiempo que mis dedos se introducían en su
vagina. Carmen no sabía que hacer con las manos, primero me sujetaba la cabeza
empujándomela dentro de su coño bien jugoso, después se masajeaba sus tetas por
encima de la blusa, rápidamente se soltó la blusa y subiéndose el sujetador se
pellizcaba aquellos pezones gloriosos, duros como el granito.
Aquello no podía durar mucho y efectivamente entre
imprecaciones, suspiros, grititos, convulsiones, Carmen, tuvo un orgasmo
memorable. Apretaba mi cabeza entre sus muslos, se incorporaba, se dejaba caer
nuevamente, poco a poco me fui separando de ella y con sus últimos
estremecimientos la besé dulcemente en la cara mientras ella, dedicándome una
mirada acariciadora, me dijo un te quiero que me hizo estremecer. Fue
recomponiendo su ropa mientras seguía haciendo planes de lo que necesitábamos y
tratando de convencerme de lo bien que lo íbamos a pasar, cosa de la que
conociéndolos, yo no tenía la menor duda.
La comida de Navidad, con toda la familia, que se celebró en
mi casa, dio lugar nuevamente a que se hablase del viaje y para que, tanto la
tía Carmen, como mi prima Visi, a la que ya le había comentado algunas cosas que
me había adelantado Carmen, intercambiáramos, miradas muy significativas y
llenas de deseo. Teníamos ganas de despedirnos en toda regla y no veíamos el
momento. La sobremesa se alargaba demasiado y muy entrada la tarde se
organizaron unas partidas de cartas, en las que ninguno de los tres, quisimos
participar, lo que nos dio pie a pasar a casa de mis tíos para ir preparando
cosas del viaje y ver algunas fotografías de lo que íbamos a visitar. Eugenio,
se barruntó lo que preparábamos y nos hizo un guiño muy significativo. Seguro
que le hubiese gustado acompañarnos, pero se había comprometido para una de las
partidas.
Salimos al descansillo de la escalera y mientras Carmen abría
la puerta de su casa, Visi, pasándome el brazo por la cintura me dijo al oído
que la tenía muy abandonada últimamente y que tenía ganas de que se la metiera.
Aquello tan súbito y tan brusco, provocó que mi pene tomara un cierto vigor
prometedor. Daba la impresión de que los tres estábamos bastante alterados,
porque guiados por la tía carmen nos fuimos directos al dormitorio, empezando a
desnudarnos con una urgencia desacostumbrada. En un momento estábamos encima de
la cama, formando un triangulo de lujuria maravilloso. Carmen se apoderó de mi
polla y empezó una mamada deliciosa, yo por mi parte, situé mi cabeza entre las
piernas de Visi y chupe su coño y su trasero, comenzando a introducirle un dedo
en este último, y Visi hizo lo propio con Carmen, apoderándose de su clítoris y
chupando con delectación.
Había una cierta urgencia en los tres y al cabo de unos
momentos, en los que cada uno aportó toda su sabiduría mamatoria, nos provocó
una excitación que nos estaba llevando al éxtasis, por lo menos a mí, que debido
al entusiasmo de Carmen, estaba a punto de eyacular, me incorporé y le indiqué a
Visi que se colocara de rodillas para encularla adecuadamente. Con un,- por fin,
ya tenía ganas,- se colocó en posición y yo al principio, suavemente, empuje con
decisión mi pene en aquel lubricado agujero, introduciéndolo, mientras Visi
apretaba los dientes y crispaba las manos durante unos segundos, hasta que mi
pene llegó al fondo de su cavidad. Comencé un movimiento de vaivén, suavemente
primero y más rápidamente, a medida que Visi, gozando de la enculada, así lo
pedía diciendo – más fuerteeee, rompemeeeee, sigue, sigue asíííí. Carmen,
situándose entre sus piernas, le chupaba su clítoris, mientras que sus manos
acariciaban sus ya durísimos pezones.
Visi estaba fuera de si; no dejaba que se la metieran por el
coño, dichosa virginidad, pero cómo le gustaba que la encularan, gozaba como una
posesa. Absolutamente fuera de control, entre gritos, estremecimientos, aferrada
a la almohada a la que clavaba sus uñas sin piedad, tuvo un orgasmo de los que
hacen época, mientras yo me vaciaba en su interior, entre espasmos y
convulsiones, que me hacían empujar y mantener la penetración hasta lo más
profundo de sus entrañas. Caímos derrengados sobre la cama permaneciendo así
mientras Carmen nos acariciaba los cuerpos, perlados de sudor y que aun seguían
con los postreros estremecimientos del orgasmo. Como otras veces Visi tuvo que
salir para el baño, mientras Carmen, me reprochaba, cariñosamente, como la
habíamos abandonado. De eso nada, le dije, ahora te toca a ti y no vamos a parar
hasta hacerte morir de placer.
Al poco rato regresó Visi, estaba radiante, tenía un cuerpo
de locura, un cuerpo juvenil que hacía honor a sus veinte añitos, con unas tetas
de un tamaño justo, turgentes, con unos pezones agresivos, unas caderas
maravillosamente moldeadas, un culo de los que provocan que la gente se vuelva a
mirarlo, el monte de venus, muy poblado de un pelo negro rizado, que contrastaba
deliciosamente con la blancura de su piel. Todavía volvía con la cara sonrosada
del esfuerzo anterior, pero con una felicidad reflejada en el rostro, que la
hacían tremendamente atractiva. Mientras, Carmen y yo estábamos en la cama
acariciándonos, Visi se dirigió directamente al armario y abriendo la caja
mágica de Carmen, la recordareis de anteriores relatos, tomo el pene provisto de
arnés y lo blandió en el aire en plan triunfador, Carmen y yo la veíamos hacer y
nos preparábamos para lo que venía a continuación.
Situándose frente a nosotros se ajustó el arnés a su cuerpo.
Con aquel nada despreciable atributo, aun estaba más seductora. Carmen me tumbó
sobre la cama y poniéndose de rodillas se apoderó de mi morcillona polla y se
puso a chuparla para que recobrara todo su esplendor, entre tanto había
descuidado su retaguardia y Visi, colocándose a su espalda, fue introduciendo
aquella rígida verga en su lubricada vagina, comenzando a follársela sin piedad.
Carmen acusó aquella invasión, pero siguió con su trabajo en
mi polla que rápidamente respondió como se esperaba a aquellos estímulos, la
verdad es que Carmen era una experta mamadora y yo no podía ser ajeno a sus
caricias. Tenía una boca viciosa, su lengua recorría mi pene a lo largo,
llegando hasta los testículos que igualmente acariciaba, volvía a subir y
materialmente lo engullía hasta su garganta, produciéndome una desazón que me
tenía al borde del orgasmo. Cuando vio que estaba más que a punto, me ordenó que
me pusiera detrás, lubricase su ano y me dispusiera a penetrarla. Visi cambió de
postura, pero siguió con su artefacto dentro de la vagina de Carmen, bombeando
sin parar. Cuando consideré que su ojete estaba lo suficientemente engrasado y
dilatado, comencé una penetración, lenta al principio pero que al poco fue
acompasándose con el ritmo que imponía Visi, empezando a arrancar, suspiros,
gritos y una creciente desesperación en nuestra tía, lo cual nos animaba a
seguir incrementando el ritmo y haciendo las penetraciones más profundas, lo que
provocaba en Carmen convulsiones y gritos, pidiendo que lo hiciésemos más y más
fuerte.
Cuando noté que Carmen estallaba en un orgasmo delirante, no
pude más y solté toda mi carga de esperma en su interior. Visi fue retirando
aquel artefacto de su interior para que no le molestara, mientras que yo,
manteniéndola dentro, me derrumbe sobre Carmen al tiempo que la acariciaba y
besaba amorosamente.
El tiempo había pasado sin que nos diésemos cuenta, nos
arreglamos y nos sentamos en el salón, repasando todo lo que necesitábamos para
el viaje del día siguiente. Sonó el timbre, era Eugenio, el cerrojo estaba
pasado y no pudo entrar con su llave, abrimos y se le veía ansioso por conocer
detalles de lo que había pasado, Visi y yo nos despedimos y pensando en la
alegría que traía, la noche se prometía algo movida para la tía Carmen.
A las ocho y media de la mañana del viernes 26, estaba todo
preparado para la marcha, colocamos el pequeño equipaje para pasar el fin de
semana, en el coche de Eugenio, un impresionante Aston Martin, deportivo, uno de
los pocos coches de importación que podían verse en España en aquellos tiempos.
Me coloqué en el asiento de atrás y como a pesar de mi edad, tenía un cuerpo,
bastante desarrollado, tuve que colocar mi metro setenta y tres haciendo algunos
malabares. A la hora prevista salíamos rumbo a Francia, a la aventura. Era mi
primer viaje al extranjero y me invadía toda la curiosidad del mundo.
Las carreteras no eran como las de ahora y en lo que
actualmente se tarda poco más de una hora y media, tardamos cerca de cuatro
horas en llegar a Biarritz, y eso teniendo en cuenta que los tramites en la
frontera se agilizaron muchísimo, ya que Eugenio, por su trabajo, la cruzaba
frecuentemente, y era conocido por todos los aduaneros.
Llegamos a un pequeño hotelito situado cerca del casino y
desde el que se veía el mar. Entramos con las maletas. Vi que la dueña, una
elegante señora de unos cincuenta años, muy bien llevados, recibía a mis tíos de
una forma muy amigable, y me fue presentada como Mme. Denisse, se acercó y
dándome dos besos me indicó que aquella era mi casa. Se dirigió nuevamente hacia
mis tíos, haciendo un comentario en voz baja, que a mi me mosqueó, pero hizo
reír abiertamente a los tres. Una de las camareras nos acompañó hasta la
habitación. Se trataba de una suite, muy bien decorada, con un pequeño saloncito
en el que habían colocado una cama para mí, y un dormitorio principal, con una
cama grandísima, separado por unos cortinones que estaban recogidos a los lados.
Disponía igualmente de un baño muy completo, con una bañera con pies, muy
decorativa, pero poco funcional, como pude comprobar después, ya que la ducha
salpicaba todo el suelo del baño. Cuando estuvimos solos en la habitación Carmen
se aproximó a mi y me preguntó que me parecía aquel nidito de amor, sin esperar
la contestación, me dijo, poniendo una cara muy picara, vamos a follar como
locos.
Eran algo más de las doce y media y Eugenio nos apresuró para
ir a comer rápidamente, puesto que en Francia las costumbres eran distintas que
en España y se comía mucho más temprano. Nos dirigimos a un "bistrot", cercano
al hotel, donde comimos francamente bien y yo pude probar por primera vez unas
"frites", cuyo exquisito sabor y textura aun perduran en mi memoria. Mientras
tomaban el café y un coñac, Eugenio me preguntó que me parecía Francia, a pesar
de estar prácticamente en la misma región y con un paisaje muy similar, las
calles, las carreteras, los edificios, estaban mucho mas cuidados que en España
y más ordenados, tenía la sensación de haber sido transportado a otro mundo, me
gusta, le contesté, está todo muy cuidado. Recuerdo que mi tío hizo un
comentario acerca de la libertad, que aun tarde algún tiempo en entender.
Dimos un paseo por la ciudad, pasando por el centro y
dirigiéndonos a una pequeña playa, muy cuidada, con bastantes piedras, pero
situada en un entorno muy bonito. Seguimos haciendo un poco de turismo hasta eso
de las cinco de la tarde en que volvimos al hotel. Eugenio había quedado con sus
amigos hacia las seis y media de la tarde en el hotel, para charlar un rato e ir
a cenar. Nos arreglamos cuidadosamente, sobre todo Carmen. Se había duchado y
salió desnuda a la habitación para vestirse. Yo estaba embobado viendo aquel
cuerpo espectacular, que tanto conocía, pero que cada vez que lo veía, me
alteraba y deseaba besarlo, comerlo y acabar follando salvajemente. Se puso una
especie de corpiño que estilizaba aun más su cintura y le hacía estar más
deseable, se colocó un vestido negro, bastante escotado, que le hacía parecer
una diosa.
A la hora prevista, bajamos al hall y solo tuvimos que
esperar unos minutos a la llegada de estos amigos, él, un antiguo colaborador de
Eugenio, con el que le unía una amistad fraternal como pude comprobar
posteriormente, su mujer era una delicada, pero escultural señora, con una cara
aniñada, de cabellos dorados, que recogía con una simpática boina, que le daba
un aspecto muy juvenil. Una vez hechas las presentaciones, estábamos envueltos
en una entrañable conversación, salpicada de comentarios bastante pícaros, que
indicaban la confianza que se tenían y presagiaban una noche muy caliente.
Salimos a cenar a un restaurante muy coqueto. Nos sentaron en
una mesa redonda, Carmen, Frederic, Eugenio, Annie y yo. La cena que sirvieron
en opinión de todos fue excelente, aunque yo no estoy muy seguro si fueron las
viandas o el ambiente que se preparó debajo de la mesa, lo que nos hacía estar
tan felices. La mesa estaba en un pequeño reservado, los camareros trajeron un
surtido de platos a la vez y nada mas marchar dio comienzo la fiesta, las manos
volaban a las entrepiernas y todos reían encantados. Al principio yo estaba un
poco cortado, pero cuando Annie, dirigió decidida su mano a mi polla, me integré
a la fiesta totalmente, primero con Carmen, por aquello de que había más
confianza, pero después con Annie, aunque tropecé con la mano de Eugenio que
acariciaba su coño, ya húmedo y receptivo. Sin pensarlo acercó su cara a la mía
y me dio un beso en la boca, al tiempo que me decía que le encantaba su "petit
enfant", y que me iba a comer entero.
Las bragas desaparecieron como por arte de magia y yo note
que abrían los botones de mi bragueta y mi levantisco pene, era arropado por una
boca que me transportaba a otros mundos. Carmen me miraba arrebolada y me guiño
un ojo cómplice, su cara reflejaba el placer que sentía y mi mano acaricio su
nuca, ya que su entrepierna estaba ocupada. Una vez terminadas aquellas
entradas, Eugenio utilizó una pequeña pera con un timbre y volvieron los
camareros, retiraron los platos y trajeron otros manjares dejándonos solos
nuevamente. El mantel, que había tapado pudorosamente el espectáculo inferior,
nuevamente fue levantado y entre bocado y bocado, algunas de las caras
reflejaron algún que otro orgasmo, por ejemplo el mío. Aquella mujer tragó todo
mi semen, limpió cuidadosamente mi pene y volvió a su plato de carne, como si
nada hubiera pasado. Yo estaba alucinado.
La cena acabó de una forma muy placentera, se descorchó una
botella de champán y se brindó por la noche que nos esperaba. Salimos del
restaurante y en el coche de Frederic nos dirigimos al hotel. Mme. Denisse nos
estaba esperando, arrebatadora, se había maquillado y parecía una joven de
treintaitantos, con un vestido tremendamente sexy e insinuante y nos acompaño a
sus aposentos privados. Por la forma efusiva en que saludó a los amigos de los
tíos, supe que se conocían íntimamente. Habíamos pasado a un saloncito, bastante
amplio e iluminado con una tenue luz que resaltaba la decoración, bastante
recargada.
Nos sentamos en unos cómodos sofás y continuó la fiesta
bebiendo y brindando con champán, que estaba dispuesto en el salón. Una música
muy sugerente fue brotando del pick-up, formándose parejas que se lanzaron a
bailar, Annie con Eugenio, Denisse con Frederic y Carmen vino rápidamente hacia
mí y me sacó a bailar. Apretándome fuertemente contra ella, lo cual me produjo
una desazón considerable, ya que cosa extraña en ella, me dio la impresión de
que no lleva sujetador y sus tetas se clavaron en mi pecho, descolocándome.
Acercó su boca a mi oído y dándome un pequeño mordisco en mi lóbulo, me indicó
que les había hablado a sus dos amigas de mi forma de follar y estaban deseando
que las follase hasta hacerlas correr como posesas, cuento contigo, se que
puedes con las tres y además Eugenio y Frederic te ayudaran. Quería saber con
cual quería empezar y aunque Annie, parecía una chiquilla traviesa y escultural,
elegí a Denisse, que para mi tenía más morbo y además ardía en ganas de verla
desnuda, pues su cuerpo, y sobre todo sus tetas se adivinaban grandiosas.
Carmen llevándome de la mano se dirigió al encuentro de
Denisse y le comentó algo, rápidamente, soltó a su pareja y abrazándome
sensualmente metió su lengua en mi boca en un beso que hizo saltar a mi pene,
automáticamente, como si dispusiera de un resorte. Aquello no pasó desapercibido
para ella que haciéndome sentar en uno de los sofás se arrodilló y soltándome
hábilmente el pantalón lo bajó dejando al aire mi alterado ariete, que
rápidamente introdujo en su boca, comenzando una mamada de antología; aquella
mujer sabía lo que hacía. Yo había tenido buenas maestras, pero aquella era una
profesora fuera de serie. Cuando vio que estaba a punto de correrme, se apartó y
suavemente se hizo ayudar para bajar su cremallera y dejó deslizar su vestido
hasta el suelo. Al igual que Carmen, no llevaba sujetador y era asombroso ver
como aquellas tetas, perfectas, desafiaban a la gravedad y sus pezones apuntaban
agresivos al frente. Estaba embobado admirando aquellas tetas maravillosas y
cuando volví a mirar pude ver como mis amigos le habían bajado las bragas entre
caricias y mostraba un monte de venus, bien poblado con una mata de pelo,
recortado y majestuoso.
Se acercó hasta el sofá y quitándose los zapatos se sentó
sobre mí ensartándose mi polla hasta el fondo. Suavemente comenzó a cabalgarme,
mientras sus tetas danzaban frente a mi cara desafiantes, me apoderé de una de
ellas con mi boca, sujetando con una mano la otra, empezando un masaje de sus
pezones con mi lengua y dedos que parecía era del agrado de Denisse, ya que
empezó a suspirar y a moverse con pequeñas convulsiones, mientras su cara
reflejaba el placer que sentía. La postura no debía ser muy cómoda para ella y
súbitamente me hizo acostar sobre la alfombra, sentándose sobre mi y comenzando
una cabalgada gloriosa. Mi pene parecía haber encontrado su horma y aquella
cavidad acogedora se ajustaba a la perfección proporcionándome un placer
inenarrable. Carmen se acercó por detrás y ajustando el ritmo, comenzó a
chuparle su otro agujero al tiempo que comenzaba a meterle uno de sus dedos y
después otros. Aquello pareció espolear a Denisse que se movía salvajemente
mientras sus manos se clavaban en mis hombros con fuerza.
Carmen hizo una pequeña seña a Frederic, que junto con
Eugenio y Annie, sentados en el sofá, ya se habían despojado de sus ropas y
estaban tocándose, mirando aquel espectáculo tan caliente. Frederic se acercó y
arrodillándose detrás de Denisse fue introduciendo su nada despreciable tranca
en su trasero, acompasó sus embestidas y pronto Denisse, que hasta ahora solo
emitía sonidos apagados, empezó a soltar pequeños gritos mientras su cuerpo
temblaba y se agitaba con furia. En estos momentos su cara estaba totalmente
desencajada y pedía que se la metiéramos más y más fuerte. Yo estaba al borde
del orgasmo, aquella lujuria desenfrenada me estaba haciendo mella y hacía
verdaderos esfuerzos para aguantar mi eyaculación. Al poco, Denisse se irguió y
quedándose tensa, apretó con furia mis hombros mientras gritaba que se estaba
corriendo y pedía más y más, yo no pude aguantar más y solté toda mi leche en
sus entrañas, mientras mis estremecimientos, hacían que mi pene ahondase más en
su acogedor coño hambriento de polla. Frederic, no se quedó atrás y también se
vació en sus intestinos. Con las postreras convulsiones ambos cayeron sobre mí y
quedamos abrazados, completamente satisfechos y agotados después de este primer
envite.
Casi arrastrándonos nos sentamos en el sofá, Annie se acercó
y puso su boca en la entrepierna de Denisse, chupando y tragando todos los
fluidos que salían de su interior, Carmen por su parte se acercó hasta mi, e
igualmente, limpió mi pene y guiñándome un ojo me dijo que había estado
perfecto, pero que aquello solo era el principio. Eugenio se había colocado
tumbado entre las piernas de Annie, acariciando y besando su entrepierna. Su
lengua recorría viciosa desde su clítoris a su rugoso agujero trasero ayudándose
de sus dedos, mientras ella acusaba esas delicias y suspiraba con su boca dentro
del coño de Denisse. Carmen seguía chupando mi pene con fruición, acariciando
mis pezones al tiempo y nuevamente sentí que aquello volvía a la vida fruto de
aquella mamada deliciosa. Carmen me dijo que estaba deseando metérsela hasta el
fondo, pero que era el turno de Annie y que a esta le gustaba que la encularan y
que aquel era el momento. Eugenio se apartó ligeramente, aunque siguió con el
chupetéo en el coño de Annie, mientras yo iba tratando de introducirla en el
estrecho ojete. Annie era una experta, había relajado sus esfínteres y con un
suave pero persistente empujón, logré meterla en su totalidad. Descansé durante
un momento para que se adaptase y dulcemente al principio, comencé a bombear
mientras mis manos se aferraban a sus caderas atrayéndolas con furia, al tiempo
que empujaba con toda mi alma metiéndosela hasta el fondo de sus intestinos. Vi
a Eugenio que seguía con sus chupetéos en su coño mientras que sus manos se
habían apoderado de sus pezones y los torturaban dulcemente. Carmen, se había
sentado sobre la polla de Eugenio y cabalgaba alegremente, mientras que su boca
en una acrobacia encantadora, chupaba la tranca de Frederic y trataba de hacerla
revivir.
La música seguía sonando suavemente pero era acallada por los
grititos, suspiros e imprecaciones que empezaban a escucharse, a medida que la
excitación iba en aumento. Annie me pidió que pusiera un cojín en el borde de la
mesa y subiéndose se colocó de forma que su culo y su coño quedaban
perfectamente ofrecidos, pidiéndome que alternase las embestidas en un agujero y
en otro. No sabría decir cual era más acogedor de los dos. Tenía un coño
estrecho y caliente y sabía manejar sus músculos interiores, proporcionándome un
placer inenarrable. Igualmente su culo, estrecho y caliente envolvía mi polla
con una dulzura exquisita. Sus manos torturaban sus tetas y su cara,
desencajada, reflejaba todo el vicio que tenía en su interior. Cuando estaba a
punto de correrse, me dijo que se la metiese en el culo y la destrozase, yo la
metí con furia, dejando mi leche en el fondo de sus tripas. Tuvimos un orgasmo
salvaje, sensacional, su cuerpo se erguía hasta llegar a abrazarme y nuevamente
volvía a caer de espaldas, mientras su cabeza giraba de un lado al otro
desesperadamente. Yo seguí en su interior, abrazándola y acariciando sus tetas y
su cara, a medida que sus estremecimientos iban haciéndose más suaves y su cara
iba recobrando la normalidad. Finalmente me dio un beso maravilloso y únicamente
dijo "merci".
Entretanto Carmen había conseguido animar la polla de
Frederic y pude contemplar como hacían un maravilloso sándwich a Carmen y esta
se deshacía en cada envite hasta que los vi acabar en un triple orgasmo, algo
ruidoso y muy placentero. Poco a poco fuimos recomponiendo nuestros cuerpos y
vestidos, tomando una última copa. Nos despedimos de Denisse, Frederic y Annie
se dirigieron a su casa y nosotros subimos a nuestra habitación. El tiempo había
pasado veloz, sin que nos diéramos cuenta y ya eran cerca de las doce de la
noche. Estábamos literalmente agotados y nos acostamos muy rápidamente, eso si,
los tres en la misma cama.
Continuará
Agradeceré vuestros comentarios, críticas, o lo que os
sugiera. Gracias