Hace años conocí a una nena en un antro gay al que fuimos con
unos amigos. Nos llevó uno de mis amigos, que si era gay, y nos pareció
divertido, pero nunca pensé que fuera a conocer a una nena ahí. Yo ya la había
visto mientras nos echábamos unos guaros y me pareció buenísima, tetas grandes,
uno de los mejores culos que he visto y una cara preciosa y muy dulce.
Ella estaba con su novio, un tipo bastante guapo, muy rubio y
con un cuerpazo como para abrirle las piernas sin dudarlo ni un segundo, y en
fin, andaban en plan de rumbeo, porque el man se calentaba mucho viendo a su
nena con otra mujer. Pero claro, eso lo supe después, así que me llamó mucho la
atención cuando se me acercó y me pidió que bailara con ella, aunque por
supuesto que acepté.
Ella muy coqueta y sonriente, me desconcertaba un poco, no
sabía muy bien si tocarla o no, ni cuales eran sus intenciones. Jugaba mucho y
me provocaba, pero luego se reía y miraba muy seguido hacia su noviecito, que
observaba con una sonrisa nerviosa, muy concentrado.
Prácticamente no habíamos hablado nada, así que me parecía
evidente que sólo me estaba usando para calentar a su novio, pero lejos de
importarme, estaba feliz y encantada con los movimientos calientes de esta
nenita. Al rato el juego se puso más interesante, me tomó de la cintura y me
plantó un beso hecho y derecho, con su boquita abierta y metiendo su lengua en
mi boca.
En fin, seguí el juego encantada, pero esa noche no pasó
mucho más que besos y manoseos, al final ya asumí que el juego era calentar a su
novio y me dediqué a hacerlo lo mejor posible, disfrutando de la nenita al mismo
tiempo.
Al final de la noche cada uno se fue por su lado, pero antes
intercambiamos números de teléfono, y dos semanas después recibí un llamado de
ella y comenzamos una amistad que dura hasta el día de hoy. Siempre mantuvimos
los juegos, mucha provocación y coquetería, pero nunca tuvimos sexo más allá de
los manoseos y besos. Incluso una vez salimos las dos solas y terminamos
cuadradas con dos tipos.
Su riquísimo novio, muy simpático además, era muy permisivo y
sumamente caliente, siempre alentaba nuestros juegos, le encantaba observarnos,
mirarnos jugar con otros manes, y además siempre fue muy provocativo conmigo, de
vez en cuando me besaba en la boca o me daba alguna palmada en el culo, y
siempre me piropeaba y me miraba con una cara que me ponía a mil. Todo esto
delante de su nena, que no solo no se molestaba, sino que lo disfrutaba.
Cuando tocamos el tema, me dijo que no tenía ningún problema
con eso, y después de un rato y varias cervezas, me dijo que yo calentaba a su
novio y que a ella no le importaría que nos echáramos. Me encantó la idea, pero
tampoco me animaría a tomar la iniciativa. Pasó el tiempo y una de las noches
que salimos los tres, terminé durmiendo en el apartamento en que vivían ellos
dos, que sólo tenía un cuarto.
Llegamos tarde, luego de una noche de rumbeo muy
"motivadora", y yo me dejé caer sobre el sofá de la sala mientras ellos se
metieron rápidamente a su cuarto sin siquiera cerrar la puerta, y el man se
cogió a su nena conmigo a escasos metros, escuchando todo, hasta el sonido de la
cama cada vez que la perforaba, sus quejidos, gemidos, y todo lo que se decían.
Simplemente lo mojé todo, pero no me animé a hacerme una paja, pese a la
confianza que obviamente nos teníamos, no quería que si alguno salía del cuarto
me encontrara con los deditos en mi concha, así que después de un rato, cuando
el man acabó por fin y yo logré calmarme y pensar en otra cosa, me quedé algo
dormida, pero muy inquieta.
Ya había amanecido y yo seguía semi-despierta. De pronto el
man salió del cuarto vistiendo solo una camiseta y boxers, y cuando me vio así,
con los ojos medio abiertos, se acercó al sofá y se sentó a mi lado a conversar.
Me preguntó por qué no podía dormir y le dije que era imposible con todo el
ruido que habían hecho. Mimoso, como siempre, me preguntó si sentía envidia, y
empezamos a reir y jugar con eso, hasta que empezó a masajear mis hombros y me
di cuenta de inmediato de sus intenciones.
Lo mejor era que teníamos permiso de su noviecita, y aunque
el man se había desahogado hacía sólo algunos minutos, yo tenía claro que no iba
a desperdiciar la oportunidad de cogerme mientras su novia dormía, después de
tanto tiempo de juegos y calentarnos mutuamente, así que lo dejé hacer hasta que
por fin sentí como me besaba el cuello y soplaba en mi oreja, metiendo su lengua
de vez en cuando. Me puso a mil, y para demostrarlo con claridad empecé a gemir
suavemente.
Me bajó pantalones y calzones unos cuantos centímetros, me
levantó las piernas y me las empujó sin detenerse, hasta que después de unos
segundos entendí lo que quería y lo ayudé, apoyándome en el suelo con las manos
para que pudiera levantarme como quería, para quedar apoyada sólo con parte de
mi espalda y cuello, con el culo levantado, o sea, al revés. El man estaba
arrodillado y me sujetaba las piernas con sus manos, teniéndome a su
disposición. Una postura bastante incómoda pero muy caliente, mis pies casi
tocaban el suelo, yo sólo veía mis tetas y mi concha, pero no lo veía a él, y no
paraba de mojarme sintiéndome tan expuesta, en esa pose entre ginecológica y de
peli porno.
Se las arregló para sujetar mis dos piernas con una sola
mano, y con la otra empezó, sin preámbulos, a hundirme dos dedos en la concha
muy rápido. Los enterraba en el charco que era mi concha a esas alturas, y los
sacaba completamente, luego los hundía y los separaba adentro mío, dilatándome a
la fuerza. A ratos giraba la muñeca, recorriendo mi cueva, tocando todo en mi
interior.
Un par de veces escupió en mi concha, supongo que porque le
gustaba hacerlo, porque no necesitaba lubricarme en absoluto, de eso ya se había
encargado la calentura de perra en celo que llevaba. Me habría gustado oírlo
decirme cochinadas ricas, pero sólo escuchaba como tomaba aire por la boca con
los dientes apretados, ese seseo de excitación que entendía perfectamente
teniéndome como me tenía.
Me cogió con los dedos por un buen rato, me empezaba a doler
la concha con tanto mete y saca violento, cuando por fin cambió sus dedos por su
lengua, y empezó con una mamada de antología, de las mejores que me han hecho.
Mi primer orgasmo llegó a los pocos minutos de lengua, y lo grité como perra,
hasta se me salieron un par de lágrimas, así que el man lo notó claramente,
porque además suelo chorrear un poco cuando acabo, pero siguió mamándome sin
detenerse.
Quería que parara por un segundo, pero no dejaba de darme
lengua y meter mi clítoris en su boca, succionándolo duro, y luego chupaba toda
mi concha metiendo la lengua dura y moviéndola de arriba abajo, luego de un lado
a otro y por fin en círculos.
Si que sabía comerse una concha… me tuvo varios minutos acabando sin parar de
lamerme, hasta la desesperación. Yo manoteaba, le tiraba el pelo y trataba de
tomar suficiente aire para decirle que parara por lo menos un segundo, pero no
había caso, seguía haciéndome acabar sin darme pausa.
Cuando por fin me sacó la lengua de la concha, me miró desde arriba con cara
de calentura extrema, y toda su cara brillaba con mis flujos. Puso por fin su
verga sobre mi concha, moviéndola como si me estuviera cogiendo, su estaca
rozaba mi rajita empapada, haciéndome retorcer de ganas de que me perforara.
Se puso de pié, deslizando sus manos para agarrarme del culo y que no
perdiera mi postura, y una vez levantado apoyó mi espalda con sus piernas y por
fin me habló, como hacía cuando se culeaba a mi amiga;
"¿quieres que te la meta no perrita?"… y yo feliz…
"si"
"si qué"
"si quiero"
"no, no entiendo, ¿que quieres?"
"que me la hundas"
"pídemelo entonces"
"métemela"
"que quieres que te meta perra"
Que tortura más deli, me abrieron con los dedos, me chuparon hasta hacerme
llorar, y ahora que ya necesitaba con urgencia que me llenaran de verga por
dentro, me querían hacer suplicar como zorra… y bueno… no hacía falta que me lo
pidieran dos veces, ya entendí perfectamente…
"tu verga papito"
"¿Qué más?"
… "por favor"
Y por fin… me comí otra verga que entró sin paradas, despacio, hasta lo más
profundo de mi concha. El man estaba sobre mí con las piernas separadas,
apuntaba su verga hacia abajo, empujándosela desde la base con el dedo pulgar, y
me cogía flexionando las rodillas, hundiéndomela hasta el límite y luego
sacándola completamente. No era una verga enorme, solo promedio, más ancha que
larga y con un glande enorme, riquísimo. Podía sentir lo gordo de esa punta
dentro de mi cueva cuando me la enterraba.
Con cada embestida, cuando sentía esa verga en la entrada de mi útero,
soltaba un gritito de esos que les encantan a los tipos, mezcla de placer y
dolor, un "Ay" corto e intenso que en verdad me salía del alma, además de gemir
por estar tragándome esa verga, porque ya llevaba mucho rato en esa posición, y
el man al perforarme me empujaba fuerte contra el suelo.
Después de un rato de hundírmela la sacó y se empezó a pajear frenéticamente,
hasta que apuntó su verga hacia mi cara y empezó a escupir toda su leche, con
menos puntería de la que me hubiera gustado, pero un par de chorros fueron a dar
a mis labios y mi frente.
Por fin me soltó y pude acostarme en el suelo y descansar de la incómoda pose
y del rico polvazo que me echaron, mientras el man, ya satisfecho, me apretaba
las tetas con una mano y se estrujaba la verga con la otra. Luego tomó con sus
dedos la leche de mi cara y me masajeó las tetas con ella, muy rico.
Cuando se levantó y fue hacia la cocina, yo hice lo mismo y partí al cuarto
de mi amiga, que seguía durmiendo plácidamente, y me acosté a su lado a
descansar un rato, acariciando su carita y espalda, y esperando que despertara
para poder contarle que nuevamente nuestras conchas habían compartido una rica
verga.