HERMANO GORDO, HERMANA GORDA (3).
CAPÍTULO III: Pronto para el debut.
Estábamos desayunando todos juntos y mi mirada iba en forma
intermitente de uno a otro de los hermanos gordos. Mónica bromeaba y no dejaba
de reír ante las ocurrencias de Matilde. Martín la miraba seriamente sin dejar
salir a flote emoción alguna, como ya era habitual en él.
- Apártate de nosotros!
- No quiero que salgas lastimado!
Ambas frases me retumbaban dentro de la cabeza en forma
constante. Qué estaba sucediendo aquí? Qué extraña relación unía a esta pareja
de hermanos? Qué me habría querido decir en realidad?
Obviamente no era una amenaza sino una advertencia!
Algo se me cruzó por la mente en ese preciso instante.
Será tan descabellado pensar que tal vez pudieran tener relaciones sexuales
entre ellos???
No, no podría pensar seriamente en algo así entre hermanos.
Pero si no era así, a qué se refería con "no quiero que salgas lastimado"?
Luego del desayuno, hicimos varias actividades recreativas
hasta el almuerzo; y luego de éste, Martín se fue a dormir su siesta habitual.
Mónica no sacaba sus ojos de encima de los míos, ni aún
cuando Matilde no la dejaba sola ni un segundo. Gabriel se percató de ello y,
para intentar dejarme el campo libre, la llamó dándole una excusa que sonó
demasiado tonta, pero aún así dio sus frutos.
Una vez que quedamos a solas, Mónica me preguntó si no quería
ir a dar un paseo con ella.
No lo pensé dos veces y nos escabullimos en forma sigilosa...
y sin que nadie se percatara, desaparecimos rápidamente internándonos en el
bosque.
Una vez que estuvimos fuera del alcance de la vista de
nuestros compañeros, comenzamos a correr en dirección a ningún lado en
particular, mientras no parábamos de reír. Como ella se rezagaba, la tomé de la
mano y seguimos corriendo unos instantes más.
- Detente, detente.... por favor!- dijo entre risas y víctima
del cansancio. -Es que tú no te fatigas nunca?
Miré su rostro antes de contestar. Tuve la leve sospecha que
tal vez, y sólo tal vez, la pregunta que formuló tuvo implícito un doble
sentido.
- No... aún no he llegado a ese punto de que me fatigue de
tal forma que no sea capaz continuar- contesté sin borrar mi sonrisa de los
labios, intentando saber si mi sospecha era fundada.
Reímos mirándonos a los ojos, y permitimos que nuestras
sonrisas se fueran esfumando en forma paulatina, hasta el grado en que
finalmente ambas desaparecieron.
- Dime que no tienes novia, por favor!- suplicó casi con un
susurro imperceptible.
- No!
- Pero ya has estado con alguien antes, verdad?- preguntó a
su vez.
Presté atención a sus palabras para evitar mentirle.
- Sí, ya he estado con alguien.
- Qué bueno!- exclamó de inmediato.
- Y qué me dices de ti? No me digas que tú sí tienes un
novio.
-Ja! Ojalá... –Y lo que pareció que iba ser una frase más
larga, quedó trunca de repente.
- Entonces, no tengo nada de competencia? Tengo el camino
libre? –dije intentando ser algo gracioso, pero con el claro motivo de
cerciorarme si debía lidiar con alguien por el afecto de esta hermosa gordita.
No contestó... sólo sonrió apartando sus ojos de los míos por
un instante. Era vergonzosa!
- Nada con quien pelear, entonces? A ver... cuéntame algo que
quiero saber de ti... ya ha habido algún hombre en tu vida, verdad?- pregunté
con ansiedad.
- No. No- apuró a contestar- Es más... tengo mucho para
aprender. Por eso me alegro de que tú sí hayas estado con alguien, así me puedes
enseñar... Así como me ves... grandota... soy muy inocente en casi todo- dijo
con mirada pícara, pero con cierto pudor.
- En casi todo?- pregunté cuando me iba ganando la
excitación. Mi amiguito me estaba dando señales de vida.
- Sí!- respondió simplemente y pude notar nuevamente un rubor
que le tiñó levemente el rostro mientras bajaba otra vez la mirada.
Me acerqué aún más hacia ella como si fuera en cámara lenta
para ver su reacción, rogando no ser víctima de un rechazo. Le levanté el mentón
con uno de mis dedos y dirigí mi rostro hasta casi hacer contacto con el suyo.
Mis labios se detuvieron a menos de un milímetro de su boca.
Cuando me aseguré de que todo estaba bien, ya que no hizo
ningún gesto para evitarme, continué. Apoyé mis labios sobre los suyos, y
simplemente la besé.
Su respiración se agitó.
Insistí con otro beso suave... y luego otro y otro más; y
cuando me disponía a alejarme de su rostro, ella cerró los ojos y entreabrió su
boca.
Dios mío! Creo que era una invitación a la cual uno jamás
puede negarse.
Nuevamente acerqué mi cuerpo al suyo, le tomé las mejillas
con ambas manos y nuestras respiraciones se entremezclaron. Adosé mis labios a
los suyos, la besé otra vez y esperé sin quitarme de esa posición.
Esta vez, ella respondió a mi beso.
Mi lengua exploró la entrada de su cavidad bucal hasta que la
suya salió a darle la bienvenida. Ambos músculos gustativos se saludaron y se
trenzaron en suaves caricias.
Mónica pareció encenderse, y en un impulso veloz me acomodó
contra el árbol más cercano y apoyó todo su cuerpo sobre mí para tenerme
prisionero contra el tronco.
Ahora era ella la que intentaba tomar las riendas.
Con una de sus rodillas abrió mis piernas y se "sentó" sobre
mi muslo izquierdo mientras metía su lengua dentro de mi boca.
Diablos! La gordita sabía besar.
Eso confirmaba mis sospechas. Era inevitable que ya había
estado con un hombre anteriormente. Lo sabía... mejor dicho, lo intuía.
Lo único que no entendía era porqué me lo negaba. Tal vez
tenía el temor de que yo la rechazara si descubría que ya había perdido su
virginidad. Tal vez sus motivos fueran justificados, o al menos ella pensara que
fuera así. Igual me parecían puras tonterías.
Decidí hacer a un lado mis pensamientos para no obstaculizar esta gran
oportunidad que tenía por primera vez, me refiero a intentar formalizar una
relación estable con una mujer... con esta mujer que me estaba volviendo loco
desde el primer instante en que la vi.
Así que por ahora, y mientras nadie me lo impida,
dediquémonos a disfrutar de este momento sublime.
Mientras su lengua exploraba mi paladar, su entrepierna
abierta se refregaba contra mi muslo. Mi erección alcanzó el estado máximo
disponible, ya que literalmente sentí que iría a romper mis pantalones en
cualquier momento. Sólo tenía que esperar a que moviera más su pierna izquierda
hacia delante para rozarme el falo embrutecido y salvaje que bregaba tan sólo
por una ínfima caricia. Como ese momento no llegaba, mi desesperación de
acrecentó y nuestro beso pasó a otro nivel superior de excitación. Lo que se me
viene a la mente en este instante para transcribir la sensación que tuve en ese
momento, es como cuando te quieres comer literalmente a la otra persona; y lo
más increíble era que sentía que ella estaba experimentando exactamente la misma
sensación.
Nuestras respiraciones se volvieron más intensas. Ahora sus
brazos sostenían los míos y me mantenían inmóvil contra el tronco del árbol. Las
presiones que ejercía contra mi pierna me volvía loco. Y de pronto esas
presiones se transformaron en embestidas. Ahora estaba moviéndose como si
quisiera meterse literalmente mi muslo dentro de su sexo. Cada vez más rápido.
Cada vez más fuerte y violento.
Cada vez más húmedo!!!.
Sentía mi propio muslo inundado en sus jugos... y de repente,
fui consciente del momento exacto en que acabó en mis pantalones.
No supe qué hacer. Ella se quedó abrazándome, casi inmóvil,
mientras sus líquidos salían de su sexo y se desparramaban sobre mis pantalones.
Su agitación se evaporó y lentamente fue tomando el control
de sí misma... hasta que de pronto, la calma total.
- Hmmmmmm! Estuvo bueno!- dijo mientras continuaba temblando.
Estuvo?
Ya terminó todo?
Se levantó de mi muslo, dio un par de pasos hacia atrás y lo
primero que hizo a continuación fue mirarse la parte delantera de la pollera. La
tenía toda mojada y como si de un reflejo se tratara, me miró inmediatamente el
muslo humedecido con su propia excitación.
- Uyyyy! Qué vergüenza!!!- exclamó.
Sólo sonreí ante su rostro que nuevamente se teñía de rubor.
- Vergüenza... pero por qué?- pregunté tan solo para
distraerla.
- Es que no estoy acostumbrada a hacer estas cosas... lo
siento... no lo pude evitar... creo que deberíamos volver...- dijo titubeando.
Me incorporé y fui a su encuentro.
Busqué nuevamente su boca con mis labios, pero me evitó.
Ahora la notaba bastante más nerviosa.
Con la mano izquierda le acaricié el cabello y con la derecha
comencé a levantarle la pollera, pero muy lentamente
- Eres hermosa, lo sabías?- comencé a decir para lograr que
se calmara. Estaba actuando por propio impulso, ya que mi excitación permanecía
insatisfecha; pero era conciente de que mi accionar era desesperado, ya que lo
realizaba sin saber exactamente qué hacer ni con qué me iba a encontrar.
Cuando la punta de su prenda llegó a mis dedos, introduje mi
mano por debajo y fui hacia adentro al encuentro de su piel suave y tibia hasta
que toqué su rodilla; y eso hizo que súbitamente apretara un muslo contra el
otro.
- No...!- Exclamó.
Me detuve.
- No quieres?- pregunté sin poder avizorar una respuesta.
- Estoy muy nerviosa- fue su respuesta.
- Lo sé... pero no tienes nada que temer. Lo único que quiero
es conocerte mejor- dije, y en forma muy nerviosa volvió a separar sus piernas
para permitirme el paso, por lo que continué mi recorrido hacia el norte en
forma exageradamente lenta.
Cuando dejé atrás su rodilla, pasé a la parte interior de su muslo. No dejaba de
sentir su tensión ni tampoco su humedad. Mientras efectuaba esa exploración, le
llenaba sus mejillas de besos.
Mis dedos escalaron todo ese muslo grueso que parecía
interminable hasta que con el dorso del pulgar, alcancé a tocar su bombacha
terriblemente empapada.
- Lo siento, Zesna... Por favor, tenme un poco de paciencia-
dijo e intentó apartarse de mi.
La sostuve fuerte con mi mano izquierda para que no se
apartara, e ignoré su pedido. Mi desesperación me impedía abandonarlo todo en
ese instante. Seguí tocando y pasé un dedo por debajo de su prenda íntima; y
jugueteando con ella, alcancé a tocar la unión de sus nalgas.
Nuevamente cerró sus piernas para evitar que prosiguiera.
- Lo siento- dijo apretando con fuerza sus muslos para lograr
tener mi mano inmóvil.
Aún sin aceptar la interrupción, no hice ni dije nada,
esperando que me permitiera proseguir. Cuando me percaté de que ya era inútil y
que todo había llegado a su fin, forcé para quitar la mano de allí.
- No te preocupes, puedo esperarte todo el tiempo del mundo-
dije y le di un beso en los labios mientras separaba levemente la presión de sus
muslos, para permitirme quitar mi mano de debajo de su pollera.
Para mi sorpresa, lejos de evadirme, respondió ese beso.
- Gracias!- dijo simplemente.
Apenas retornamos al campamento, nos separamos para no
despertar sospechas.
- Dónde fueron?- escuché que le preguntaba Matilde con cara
de pocos amigos.
- A ti qué te importa?- recibió por contestación.
Fui donde Gabriel, que apenas me vio, se acercó a investigar.
- Y???... sucedió algo?- preguntó.
- Para serte totalmente franco... no lo sé- dije. – Te juro
que no estoy demasiado seguro de qué fue lo que ocurrió.
-Cómo que no lo sabes?- preguntó anonadado.
- Pensarás que soy un pelotudo... tal vez lo sea. Pero te
estoy siendo sincero. No estoy seguro de lo que sucedió en realidad.
De pronto escuchamos que Matilde y Mónica estaban discutiendo
y comenzaban a alzar la voz.
- LA PUTA QUE TE PARIÓ... TÚ NO TIENES NINGÚN DERECHO A
METERTE EN MI VIDA!- gritó Mónica furiosa.
- YA VAS A VER CUANDO SE DESPIERTE TU HERMANO- amenazó su
vecina en igual tono.
- NI SE TE OCURRA!- le advirtió furiosa.
- Oigan... qué les sucede a ustedes dos?- les gritó Gabriel.
- A TI QUÉ MIERDA TE IMPORTA?- le devolvió Matilde.
- HEY!!! UN MOMENTO, ERES TARADA?- le respondió Gabriel,
mientras Mónica sin más, le estampó una cachetada en el rostro a su vecina.
El silencio que siguió a continuación, fue sepulcral.
Mónica rompió a llorar de los nervios, mientras su vecina se
tocaba el rostro sin poder creer lo que le acababa de hacer su amiga.
Todos los demás compañeros, corrieron hasta el lugar, ya que
parecía que una batalla campal estaba a punto de comenzar. Martín, salió
corriendo abruptamente de su carpa y cuando tuvo a ambas frente a frente, sólo
preguntó "qué sucedió?"
Las caras de las dos gorditas eran un poema.
Mónica miraba a su vecina con una mirada de: "Ni se te ocurra
contarle nada".
La mirada de Matilde se podría traducir como: "Quisiera
contarte, pero no puedo."
Martín se puso más furioso aún.
- MANGA DE PELOTUDAS!!!- explotó.- ES LA ÚLTIMA VEZ QUE
VIENEN JUNTAS CONMIGO A ALGÚN LADO. VAYAN A PREPARAR SUS COSAS QUE NOS VOLVEMOS
PARA CASA.
Todos nos quedamos petrificados, porque contradecir a Martín
viéndolo gritar de ese modo y demostrando que estaba completamente alterado, nos
parecía poco menos que un suicidio.
Martín y Matilde fueron a preparar los bolsos con sus
pertenencias, y en ese instante en que quedó sola, Mónica se acercó a mí para
intentar darme alguna explicación.
-Lo siento, Zesna... estoy totalmente avergonzada por el
bochorno que hicimos aquí...
- No te preocupes... lo que no entiendo es por qué Martín se
puso furiosos de esa forma?- pregunté ya que realmente parecía como que
estuviera fuera de sí.
- No lo sabías? Es que si hay algo que realmente odia, es que
lo despierten de su siesta.
Mónica fue a preparar su bolso, mientras me quedé pensando en
la última frase: "Es que si hay algo que realmente odia, es que lo despierten de
su siesta."
Pero la puta madre... ahora entiendo por qué estaba de mal
humor cuando fuimos a su departamento: lo habíamos despertado de su siesta!!!
No tenía nada personal conmigo.
O me estaba equivocando nuevamente?
La partida de los tres gordos, me entristeció... aún cuando
me quedaba la esperanza de volver a verlos ya que Mónica, antes de subirse a la
camioneta, se me acercó para darme un beso de despedida en la mejilla y me
susurró al oído: "llámame", mientras me dejaba en la mano, y en forma
disimulada, una tarjeta con el número de teléfono de su casa.
No esperaba que Matilde se despidiera de mí, pero
sinceramente pensé que Martín sí lo haría. Tan sólo dijeron un "chau!" hacia
todo el público presente, y una vez que los tres gordos estuvieron dentro del
vehículo, partieron raudamente hacia la ciudad.
- Qué sucedió, Zesna?- preguntó Junior que también había sido
despertado junto con Coty de su siesta, por los gritos.
- Cosas de familia!- respondí sin entrar en detalles.
- Mónica te gusta, verdad?- preguntó con una sonrisa.
Lo miré y simplemente contestó con una sonrisa.
- Oye, Junior... que el psicólogo es tu padre, eh?- dije en
broma.
- Pues, yo seré uno mejor que él... no me ves las
condiciones?- dijo y sin esperar mi respuesta se fue a buscar a su novia.
Cómo admiro a este muchacho! No sé si exactamente llegaría a
ser mejor que Eduardo, pero Junior definitivamente me parecía que iba a ser un
excelente profesional.
Miré su culo bamboleándose mientras se alejaba y me mordí el
labio inferior.
Mi mente estaba en conflicto.
Sería posible que me sintiera atraído de igual forma por
gordos que por gordas?
Esto era algo que jamás se me había ocurrido que me pudiera
suceder... y estaba sucediendo ahora!
El resto de la jornada pasó sin demasiadas novedades y a las
5 de la tarde emprendimos el regreso.
Esa noche me costó muchísimo conciliar el sueño. Estaba
empapado de traspiración y mi mente iba intermitentemente entre Martín y Mónica.
A las 3 de la mañana fui a tomar una ducha caliente y estuve debajo de la lluvia
por casi una hora. Mi erección no disminuía. Me masturbé y volví a la cama para
intentar dormir de una buena vez.
LUNES 10:30 AM.
Tenía un día realmente atareado en el trabajo. Habían
entregado mercaderías y debería dividirme por cuatro para poder hacer toda la
tarea que tenía pendiente dentro del horario normal.
Me tomé dos minutos de descanso e hice una llamada.
- Hola Mónica... habla Zesna...
- Zesna... qué me has hecho?
- A qué te refieres?- pregunté con sorpresa y sin querer
aventurar una contestación.
-Es que no pude dormir... pasé toda la noche mojada- su voz
se intercalaba con suspiros.
- Mojada? Tanto como ayer a la tarde?- quise ser perverso;
aunque a decir verdad fue ella quien llevó la conversación para ese terreno.
- Zesna... tienes una llamada en espera en la línea 3- me
interrumpió la telefonista con un grito.
- Mónica, espérame un segundo, por favor- dije y puse la
línea en pausa- Mierda! Lo que me faltaba! Quién me llama?
- Un tal Eduardo- contestó la telefonista.
Eduardo padre? O será Junior?
- Mónica, debo atender una llamada... quieres que te pase a
buscar esta noche y vamos a tomar algo?- dije con ansias.
- Sí, claro... pero antes tendrás que convencer al perro
guardián de mi hermano- dijo, y no sé si pretendió ser una broma, ya que
acompañó su frase con una risa sonora.
Quedamos en que pasaría por su casa a las 9 de la noche, me
despedí y tomé el llamado en espera.
- Hola?- dije sin estar seguro de quién era.
- Hola, querido- dijo y reconocí de inmediato la voz.
- Eduardo, qué agradable sorpresa!- dije y le pregunté a qué
se debía su llamada.
- Recuerdas que la semana pasada me dijiste que notabas un
poco raro a Junior?
- Sí... qué sucedió?
- No, nada... Y qué fue lo que yo te contesté al respecto?-
preguntó ante mi asombro.
- Pues, me dijo que ya se le iría a pasar... que no me
preocupara. Y en realidad eso mismo fue lo que ocurrió, usted tenía razón. El
sábado a la tarde ya todo estaba mucho mejor.
- No, eso no es correcto. La intención de mi llamada era tan
sólo para confirmar que todo estaba bien, hijo..
- No entiendo... cómo que eso no es correcto?- dije con una
sensación de que había algo que me había perdido.
- Mira, Zesna. Ya me habías hablado hace un tiempo acerca de
que tenías la sensación de que algo no andaba bien con Junior, recuerdas?
También en esa ocasión te había contestado de la misma forma, que todo era
producto de cosas que les suceden a los chicos de su edad. Y en esa oportunidad,
casi tenemos una tragedia en casa sólo porque yo no había escuchado lo que tú me
habías advertido...
- Pero...- intenté interrumpir, aunque no me lo permitió.
- ... pues, esta vez recordé ese suceso e hice lo que tenía
que haber hecho y no hice en aquella ocasión. El viernes a la noche tuve una
conversación con Junior. Estuvimos hablando largo y tendido sobre lo que le
sucede.
Ahora comencé a entender el por qué del cambio de disposición
que tuvo el muchacho conmigo durante el viaje.
- Ahora que me dices que todo estuvo bien, me deja mucho más
tranquilo, aunque aún no sé exactamente qué es lo que le sucede a mi muchacho;
él no quiso hablar conmigo, Zesna. Por eso, te quiero pedir que vengas hoy a
cenar con nosotros y así podremos conversar juntos con él.
- Sí, sí... claro... por supuesto- dije en forma totalmente
automática.
- Y quisiera pedirte algo muy especial, hijo... me gustaría
mucho que luego te quedaras a dormir aquí; si no es mucha molestia, claro- su
pedido fue casi un ruego- Podrás?
- Sí, claro... por supuesto.
El resto de la mañana, me quedé pensando en esa llamada. No
sé qué fue lo que más me inquietó: si el pedido de que lo ayudara a averiguar
qué le sucedía a Junior, o que me hubiera solicitado que me quedara a dormir en
su casa, de la forma en cómo me lo pidió.
No podría creer que Eduardo quería dormir conmigo... o sí?
La mierda... creo que mi vida se estaba complicando un poco,
no?
Puta, carajo!!! Me olvidé de mi cita con Mónica. No puedo ir
a ambos lados. Debo llamarla para cancelar. Lo de Junior tiene prioridad uno.
- Zesna... hay una persona que te está buscando en el salón
de ventas- me comunicó la telefonista, cuando ya me disponía a marcar el número
de Mónica.
Bueno, ese llamado puede esperar. Miré mi reloj; ya casi era
la hora de mi almuerzo.
Pero por Dios... qué es lo que sucede hoy???
- Hombre o mujer?- pregunté tan sólo para saciar mi
curiosidad, mientras me encaminaba hacia la planta baja.
- Mujer- alcancé a escuchar antes de desaparecer escaleras
abajo.
Será alguna mujer conocida o tal vez alguna clienta que ...
- Coty! Qué te sucede???- pregunté realmente preocupado, ya
que además de haber venido sola, estaba inundada en lágrimas.
- Zesna, estoy desesperada... necesito tu ayuda, por favor...
no sé qué hacer- dijo entre sollozos.
- Pero qué es lo que sucede?- dije totalmente atónito- se
trata de Junior?- pregunté en forma inconsciente.
- Sí!
- Dios mío... le ha sucedido algo?- comencé a desesperarme.
- No, no... es algo un poco largo de explicar. Tienes tiempo?
- Justamente estoy casi en mi hora de descanso. Espérame dos
minutos y te invito a almorzar. Aceptas?
- Bueno.
Subí corriendo a avisar que saldría a comer afuera y dejé
unas instrucciones para que alguien pudiera adelantarme parte del trabajo que me
quedaba por hacer.
Antes de volver a bajar, llamé nuevamente a Mónica para
avisarle que se me había complicado todo y que esa noche no podría pasar a
buscarla.
Se molestó.
Mierda!
- Qué sucede? Te has arrepentido?- preguntó con ironía.
- Oye, por qué me preguntas eso? Acaso no te he dado la
razón? Tengo una reunión importante que no puedo cambiar de día.
- Es verdad lo que me dices?- preguntó desconfiada.
- Mira, no sé por qué la insistencia... pero sí, es así. Es
algo que no puede esperar.
- Y mañana? Tendrás tiempo para mí, mañana?
- Qué???- dije furioso, y me calmé enseguida- Escucha, sí me
parece bien... por qué no dejamos el encuentro para mañana, y primero mantenemos
una conversación tú y yo... te parece razonable?
- Sí... está bien. Me llamas mañana, entonces?
- Sí, claro.
Nos despedimos y me dispuse a ir a almorzar con Coty.
Mientras bajaba por las escaleras, rememoré la conversación
telefónica con Mónica.
- Pero qué mierda le pasa a esta tipa? Me pide explicaciones
y ni siquiera hemos salido aún...
- Sucede algo, Zesna?- preguntó Coty apenas me vio.
- No, no... todo está bien. Vamos a almorzar?
UNA HORA DESPUÉS
Ah, no!!!
Esto sí que no!!!!
Lo tenía que ver con mis propios ojos!!!
Pero, será posible???
No... estoy seguro que aquí hay un lamentable error. Junior
es incapaz de hacer algo semejante. Ya había desconfiado de él una vez, y me
avergoncé de haberlo hecho.
No... él cuenta con mi apoyo total... pero entonces, eso
quería decir que Coty era una mentirosa?
Pero qué es esto?
Parece una telenovela y yo estoy metido en el medio. No
podríamos cambiar de canal? Porque a mí, las telenovelas no me gustan... y mucho
menos si soy yo la víctima de todo lo que sucede en ella.
5.30 PM
La mitad del trabajo que hice por la tarde, lo tuve que
volver a realizar, ya que estaba mal hecho.
La puta madre!
- Zesna, te sucede algo?- preguntó uno de mis patrones.- Ven
a mi oficina, por favor.
Fui detrás de él, y una vez que cerró la puerta de su
despacho me volvió a preguntar si tenía algún problema ya que no era habitual
que me equivocara con mi tarea.
- Sí, he tenido un par de días difíciles y hoy parece que
siguen las fatalidades.
- Quieres tomarte unos días de licencia. No te vendría mal
una semana de descanso.
- En realidad no necesito tanto tiempo, jefe. Muchas
gracias... pero sí precisaría salir hoy más temprano. Es que tendría que estar
en el centro antes de las 7 de la tarde. Podrá ser?
- Claro, por supuesto. Sabes que puedes irte cuando quieras,
sólo avisa para que alguien se quede para cerrar- dijo y siguió mirándome.
- Qué sucede?- pregunté.
- Estás seguro que no te pasa nada?- insistió.
-Es que hoy me han dado una mala noticia, pero no quiero
preocuparme aún hasta que no la pueda confirmar.
- Si necesitas mi ayuda, no dudes en pedírmela... para lo que
sea.
- Gracias, jefe... sé que cuento con ustedes. Pero es algo
que debo solucionar yo mismo.
6:45 PM
Salí de mi trabajo, ya que diez minutos me eran más que
suficientes para llegar al lugar indicado.
Hasta me causó gracia. Si hasta hace unos momentos estaba
viviendo un capítulo de una novela de cuarta, ahora estaba jugando a ser el
super detective.
Pero qué tontería es ésta?
Estoy seguro que tiene que haber una explicación para este
malentendido.
"Zesna, por lo que más quieras, nunca le digas a Junior que
yo vine a hablar contigo, que vine a pedirte ayuda, ni mucho menos que te dije
lo que te acabo de decir."
Pero siempre tengo que meterme en este tipo de problemas? No
me gusta ocultarle cosas a mis amigos, ni mucho menos ser cómplice de alguien
más para conspirar contra ellos.
Debía reconocer sin embargo, que esto que estaba a punto de
hacer, no lo iba a hacer por Coty, sino que todo era por Junior, mi amigo, mi
hermano del alma. Y nada más que por él.
"No puedo prometerte eso, Coty. Jamás me pidas que traicione
o que le oculte cosas a mis amigos" fue mi respuesta a su demanda.
Logré que me dijera lo que había ido a decirme y durante el
almuerzo me proveyó de la hora y la dirección a la que debía acudir, si quería
corroborarlo con mis propios ojos.
Ahora estaba parado en la acera de enfrente a la puerta del
hotel en cuestión, más precisamente detrás de un camión estacionado.
Sólo deseaba que lo que tuviera que pasar, sucediera rápido,
porque la incertidumbre me corroe las entrañas, toda vez que estoy en una
situación semejante.
Cada taxímetro que se acercaba me obligaba a agacharme para
poder ocultarme de una posible exposición visual.
Esto era una locura!
Miré el reloj: 7:09:45 PM.
Ya sabía yo que todo era una exageración, o por lo menos,
producto de la imaginación de Coty. Tenía la certeza de que Junior no sería
capaz de hacer algo así.
Estuve decidido a irme en más de una oportunidad, pero por
alguna razón, no lo hice.
Diez minutos después, vi acercarse un taxi y ya desde lejos,
reconocí a mi hermano del alma.
Las piernas me comenzaron a temblar.
Finalmente, Coty no estaba fantaseando, ni mintiendo, ni
exagerando.
El taxi se detuvo en la puerta del edificio y luego de
abonarle al conductor, Junior bajó del vehículo, tal como me había dicho Coty
que lo venía haciendo desde hacía casi un mes y aproximadamente a esa misma
hora, y con la misma mujer mayor que también me describió con lujo de detalles,
quien descendió detrás de él, para internarse juntos por la puerta de entrada
del hotel y perderse en los amplios pasillos rumbo a los ascensores.
CONTINUARÁ.
Si te gustó este relato, no dejes de leer del mismo autor:
"El Gordo Precoz". (
http://www.todorelatos.com/relato/29023/ )