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TODORELATOS » RELATOS » SEXO CON UN AMIGO, EN EL CUARTO DE PERSONAL |
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TODORELATOS.COM |
Fecha: 11 de Octubre, 2008.
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| Fecha: 13-Feb-06 |
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| A la edad de 21 años conocí a Mariano, un chico de 18 años, desde el primer día, con él tuve buen filing, éramos inseparables, tanto que algunos hacían coña con nuestra relación, insinuando si éramos pareja. |
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Sexo con un amigo, en el cuarto de personal
A la edad de 21 años empecé a trabajar en una empresa de seguridad, en el
departamento de administración, y conocí a Mariano, un chico de 18 años que
hacía poco que estaba en la empresa como vigilante.
Ahora os comentaré un poco cómo es él. De cara no era muy guapo, aunque tampoco
era feúcho, boca algo grande, ojos azules, pelo castaño tirando a rubio oscuro,
manos grandes, una altura de 185, aproximadamente pesaba unos 75 kg., largos
brazos y largas piernas, buena espalda y tórax bien formado, todo él algo
fibroso, un culete digno de ser mirado, y cómo no, apetecible de tocar, y a
juzgar por las dimensiones de su cuerpo, me hacía pensar que con toda seguridad
tendría un magnifico paquete.
Ya desde el primer día, con él tuve buen filin, y al poco tiempo de trabajar
juntos ya éramos inseparables, tanto que algunos compañeros hacían coña con
nuestra fluída relación, insinuando si éramos pareja. Pero nosotros dos
pasábamos de ese tipo de bromas y nos limitábamos a lo nuestro.
Siempre desayunábamos juntos en el cuarto de personal, el cual, lógicamente era
zona restringida para personal no autorizado, y los compañeros no solían entrar
en el momento que desayunábamos, ya que en ese preciso momento, ellos estaban en
sus puestos, prestando servicio. Por lo cual, casi teníamos una hora para estar
los dos a solas, y eso era genial, a mí me encantaba.
Hablábamos de cualquier tema, nos gastábamos bromas, nos tocábamos como amigos,
e incluso nos abrazábamos tanto en público como en privado. Sin duda éramos muy
amigos.
En ocasiones, cuando le tocaba servicio por la noche, yo iba a pasar un rato.
Normalmente, cuando tenía servicio nocturno, permanecíamos el mayor tiempo en el
acceso al edificio, y al cuarto de personal sólo íbamos por espacios muy cortos
de tiempo, lo indispensable para hacer necesidades fisiológicas, o para coger
algo.
Y una de esas noches, nada más yo llegar, él me dijo de ir al cuarto de
personal. Así que nos dirigimos hasta allí. Una vez ya dentro del mencionado
cuarto, y tras los primeros instantes de estar los dos a solas, tuve la
impresión de que podría ocurrir algo agradablemente bonito, ya que los dos
estábamos más cariñosos que de costumbre, puesto que no cesábamos de tocarnos. Y
en cierto momento nos abrazamos, pero este abrazo era diferente a otros, ya que
era un abrazo con ternura y cierta pasión, puesto que nos acariciábamos, y el
abrazo era muy fogoso con los cuerpos bien pegados.
Estuvimos bien abrazados durante unos minutos, por lo que al rato nuestras bocas
confluyeron apasionadamente de forma óptima para besarnos. Al principio eran
besos en los labios con la boca cerrada, pero no tardamos mucho en morrearnos,
entrelazando nuestras lenguas con gran pasión.
Sin ninguna duda, el estar morreándome con mi gran amigo, era algo increíble, me
sentía en la gloria, por fin podía saborear su boca, esa boca que en tantas
ocasiones había deseado que fuera para mí. Nuestras lenguas exploraban todos los
rincones de nuestras bocas, era estupendo el estar morreándome apasionadamente
con él.
Al rato de estar abrazados, dirigí mis manos hasta tocar su buen culito, cosa
que él también hizo a continuación, y así empezamos a sobarnos paquete con
paquete, lo que hizo que me percatase de que su bulto estaba tan endurecido como
el mío, lo cual evidenciaba que los dos estábamos agustísimo, y al no dejar de
besarnos y acariciarnos en todo momento, quedaba claro que estábamos gozando
mucho.
Permanecimos completamente abrazados, y acariciándonos mientras no cesábamos de
morreárnos. Al rato de estar abrazados, entre caricias, uno al otro nos íbamos
quitando la ropa hasta quedar los dos completamente desnudos. Una vez ya
desnudos, seguimos un rato abrazados, acariciándonos y besándonos en todo
momento.
En el momento en que ya estábamos desnudos, era genial que mientras proseguíamos
con un intenso morreo, el uno al otro con las manos nos estrujábamos las nalgas
del culo, a la vez que nos frotábamos apasionadamente paquete con paquete.
Era fantástico la agradable sensación de que mi polla y huevos estuviesen bien
pegados a su polla y huevos, notando claramente cómo se tocaban polla con polla,
así como nuestros huevos buen juntos. Y entre tanto, en todo momento seguimos
disfrutando apasionadamente, ya que proseguíamos besándonos y acariciándonos.
En cierto momento, yo dirigí una mano hasta su paquete, para así sobarle la
polla y huevos. Tras hacer esto, él me susurró a la oreja que se la chupase,
cosa que hice de inmediato. Al principio le lamí con la lengua toda la polla,
que ya en esos instantes la tenía bien dura, y al rato, con los labios le di
gustosamente un montón de chupetones por toda la polla.
Mientras me dedicaba con afán a su polla, chupándosela gustosamente, con una
mano acariciaba su apetecible culo, y la otra mano la tenía dedicada a sus
magníficos huevos especialmente, aunque también en algunos momentos la dirigía
hasta esa estupenda polla de mi amigo, y cuando hacía eso, en ocasiones la mano
que mantenía en su culo la llevaba hasta sus huevos, y así podérselos estrujar
con gran deleite.
Pretendía hacerle disfrutar al máximo, por lo que con la punta de mi lengua le
propiciaba una especie de cosquilleo en el orificio del glande, lo cual le
producía un inmenso gusto, al tratase de un punto muy erógeno, ya que es el
placer en su máxima expresión. Y de paso, también le daba lametones en todo el
glande, que también es una zona erógena.
En los momentos que le hacía gozar tanto al darle inmenso placer por juguetear
con su deseable polla, él daba muestras de estar pasando un estupendo rato,
puesto que evidenciaba ciertos movimientos involuntarios de sus distintas partes
de su cuerpo.
Después de un buen rato que con mi lengua jugueteaba con su polla, inicié la
mamada en sí, introduciéndome su polla en mi ansiosa boca. Al principio sólo me
metía en la boca parte de su polla, pero a medida que se la iba mamando, me
introducía más polla, hasta que ya llegó el momento en que casi conseguía tener
toda su polla en mi boca. Al pretender hacerle una mamada duradera, me la metía
y sacaba lentamente, y en ocasiones, teniendo su polla dentro mi boca, movía
ligeramente mi lengua.
Estuve un buen rato mamándole la polla, y no cesé de sobarle los huevos, y ¡qué
huevos!, eran maravillosamente grandes, y le colgaban de una forma lo
suficientemente necesaria para poder jugar a moverlos de formas diversas, lo
cual me fascinaba cantidad. Además de sobarle los huevos, en ocasiones se los
estrujaba algo fuerte, o bien, se los estiraba ligeramente.
Sin duda a él le estaba gustando la mamada que le estaba dedicando, prueba de
ello, sus gemidos de placer, y además el hecho de que sólo pudiese pronunciar
palabras entrecortadas, indudablemente demostraba lo agusto que se sentía en ese
momento tan placentero que estaba experimentando.
Se la estuve chupando un buen rato, ya que lo hacía a un ritmo lento,
entreteniéndome al máximo con su magnífica polla, y así prolongar la mamada
cuanto más tiempo posible. De esta forma, el placer de la mamada se alargaba un
buen rato, y además, al postergar el momento de correrse, eso hacía que cada vez
estuviese con más ganas de correrse, por lo que cuando se corriera, la corrida
sería abundante, cosa que yo deseaba con muchas ganas. Quería verle correrse en
abundancia, para saciarme con su leche, imaginaba el placer que sentiríamos los
dos en el instante que él se corriera de gusto.
Por lo tanto, con el fin de que su corrida fuese descomunal, además de mamársela
a ritmo lento, también en ocasiones hacía momentáneamente una breve pausa,
momentos que aprovechaba para obsequiarle frases subidas de tono, y así ponerle
más caliente. Todo con el propósito de que mi amigo tuviese un verdadero
orgasmo, y así llegaría al clímax de placer.
Tras estar bastante tiempo mamándosela, llegó el momento de correrse de placer
entre espasmos y notables jadeos. Saliendo de su polla gran cantidad de
deliciosa leche, los trallazos de semen fueron considerables, se estuvo
corriendo por espacio de varios segundos.
Una vez que dejó de soltar leche, proseguí lamiéndole la polla, para así
aprovechar absolutamente todo el semen que me había dado. Y mientras le lamía la
polla, en ocasiones, desplazaba suavemente mis dientes por su glande, lo que
también hacía con los dedos, entreteniéndome especialmente en el punto del
glande donde está el orificio seminal, lo cual le estremecía de gusto,
agudizándose nuevamente los espasmos y alaridos de placer.
A la vez que gustosamente le daba lametones en su polla, procurando no
desperdiciar nada del delicioso semen, empecé a sobarme mi polla, de la cual ya
hacía rato que salían hilitos de líquido preseminal, evidenciando lo caliente
que yo estaba. Era fantástico estar lamiendo su polla mientras me sobaba la mía.
Cuando ya no quedaban restos de semen en su polla, iniciè el acto de masturbarme
con ganas. Mientras me hacía la paja, con la otra mano le sobaba a él la polla y
huevos, y mi amigo entretanto, no cesaba de decirme todo tipo de frases
excitantes, lo cual me ponía super cachondo.
Al estar tan caliente, me estaba pajeando con muchas ganas. Pajearme teniendo la
otra mano sobando la polla y huevos de mi amigo, era fascinantemente agradable
para mí. Además en algunos instantes, en pleno pajote, cuando le sobaba a él sus
huevos con la otra mano, me dedicaba a brindarle lametones por toda su polla,
incluso, en esporádicos momentos me metía su polla en mi boca, manteniéndola
dentro durante unos segundos, y con la lengua jugueteaba por su polla, que
aunque ya no estaba dura como antes, aún mantenía un delicioso estado.
En los instantes que tenía su polla en mí boca, él me obsequiaba palabras muy
calientes, formando frases que lógicamente me ponían muy cachondo. Frases así
como:
- Te gusta mi polla, eh!, chúpala toda, mamón, trágatela entera, chupapollas,
eres un comepollas, pareces una perra en celo... -y otras tantas frases
parecidas.
Sin duda, frases así son ciertamente apropiadas para disfrutar al máximo del
momento que los dos estabamos gozando.
Al oír tales frases, aceleré tanto como me fue posible en la paja que me estaba
haciendo. Tenía muchas ganas de correrme de gusto, llegando a experimentar un
verdadero orgasmo que me hiciese gozar hasta alcanzar el clímax de placer.
Estaba tan inmerso en el pajote que la corrida sería de fábula, de mi durísima
polla saldría abundante cantidad de leche, que brindaría a mi amante amigo.
Tras un rato meneándome la polla, empecé a notar cómo se me tensionaban
diferentes partes de mi cuerpo, lo que indicaba que la corrida ya era próxima a
producirse. Y en efecto, instantes después, entre evidentes muestras del gusto
que estaba gozando, empecé a correrme entre espasmos y gemidos de placer,
saliendo de mi polla gran cantidad de leche, en sucesivos trallazos de semen, un
semen bastante consistente, y que salía con tal fuerza que denotaba claramente
que salía a presión, por lo que allá a donde iba a parar mi leche, se producía
la sensación de impacto, alcanzando irremediablemente de lleno a mi amigo, al
cual fueron varios trallazos de semen. Por lo que consecuentemente, impregné a
mi amigo con tal cantidad de leche, que eso me dio la posibilidad de darle con
mi lengua diversos lametones en aquellas zonas de su cuerpo donde había ido a
parar mi semen.
Al tener tal cantidad de leche por su cuerpo, me podía saciar de darle bastantes
lametones, sobre todo en aquellas partes que más me gustaba lamer. Era delicioso
lamerle la parte del pubis, y en especial, disfrutaba cantidad cuando le pasaba
la lengua por sus pezones, momento que aprovechaba para brindarle gustosos
chupetones, lo cual me fascinaba enormemente.
Además, le lamía su bonito cuerpo de forma provocativa, mirándole a él, con cara
de vicio sexual, lo cual me encantaba hacer, ya que los lametones se los hacía
pausadamente en la mayoría de ocasiones, pero intercalándolos momentáneamente
con lametazos de auténtica lujuria desenfrenada.
Una vez ya me había corrido y lamido a mi amigo a conciencia para no dejar
restos de mi semen, me abalancé sobre mi amigo para abrazarlo con gran cariño.
Estuvimos abrazados un buen rato, lo cual me gustaba mucho, y deseaba que el
tiempo no corriese, que aquel momento perdurase de forma ilimitada, puesto que
estar abrazado a él, me producía una agradable sensación de amor infinito.
Durante el rato que permanecimos abrazados, estuvimos acariciándonos muy
cariñosamente, a la vez que nos besábamos en la cara y cuello el uno al otro, y
en ocasiones, también nos besábamos en los labios, manteniendo la boca cerrada,
e incluso en determinados instantes nos morreábamos de forma muy pausada,
limitándonos a chupetearnos mutuamente los labios, o a juguetear fugazmente con
nuestras lenguas.
Estando abrazados, mientras nos acariciábamos y besábamos, estuvimos hablando
sobre lo bien que lo estábamos pasando, y los dos nos sinceramos al admitir que
este momento era esperado para los dos. Tal circunstancia evidenciaba que lo
sucedido sólo era el inicio de una íntima relación entre nosotros, y por su
puesto, significaría el afianzamiento de nuestra gran amistad.
En cierto momento, cuando hablábamos de lo bien que lo estábamos pasando, él me
sugirió de ir a su casa los dos tras terminar el servicio, a lo que yo accedí
gustosamente de inmediato. Lógicamente, el que fuéramos a su casa dejaba claro
que nuestro íntimo afecto del uno por el otro iba a tener continuidad de
inmediato, ya que tendríamos dos días para disfrutar a tope.
Después de estar abrazados aquel rato, nos dispusimos a adecentarnos mínimamente
para así estar visibles a otros, y una vez ya en condiciones de ser vistos,
salimos del cuarto de personal para dirigirnos a la entrada del edificio, donde
permanecían sus dos compañeros. Los cuales, en cuanto nos vieron, nos hicieron
varias preguntas encaminadas a qué se debía estar tanto rato en el cuarto de
personal, a lo que respondimos que nos pusimos a hablar de fútbol, y que la
conversación fue tan intensa que no éramos conscientes del tiempo que
transcurría.
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