A partir de su primera experiencia con una mujer lactante, se
desplegó para Laura un universo de sensaciones nuevas, sensaciones que hasta ese
momento no había imaginado que pudieran llegar a ser tan excitantes para ella.
Cuando encontraba una embarazada por la calle, de sólo imaginar sus pezones
puntiagudos rodeado por enormes areolas oscuras, mojaba sus bragas hasta
dejarlas empapadas. Muchas veces, solamente de cruzar alguna palabra con ellas,
había quedado al borde del orgasmo, el que alcanzaba masturbándose
enloquecidamente una vez que llegaba a su casa, pensando en aquellas panzas
redondas.
Se convirtió en una aficionada de todo el material erótico
que tuviera relacionado con chicas lesbianas que fuera lactantes y/o
embarazadas. Videos, fotos, relatos, todo ese material alimentaba su obsesión.
Entraba en chats de embarazadas, y hasta llego a pensar en convertirse en
comadrona o incluso ginecóloga, solamente para poder estar cerca de las
barrigonas que eran su delicia. Fue así que después de mucho buscar, a través de
internet conoció a Mara, una mujer bisexual que había decidido ser madre sola,
para lo cual se había inseminado en una clínica, y que estaba entrando en su
octavo mes de embarazo. Vivían en la misma ciudad, por lo que después de varias
sesiones de chat, y de ir ganando una intimidad cada vez más profunda,
decidieron encontrarse.
La cita fue en el departamento de la embarazada. Mara, era
una morena de piel muy blanca, ojos oscuros y una boca grande y de labios
carnosos, que le daba un aspecto muy sensual. Estaba vestida con un vestido
holgado y muy escotado, que dejaba ver unos grandes y blanquísimos pechos
cayendo pesadamente sobre la enorme panza, misma que el vestido, aún siendo
suelto resaltaba inconfundiblemente. Laura llevaba un vestido negro corto y
medias negras. Cuando se cruzaba de piernas, la falda dejaba ver que las medias
iban hasta la mitad del muslo, y si se miraba más indiscretamente, se podría ver
que su ropa interior se reducía a una minúscula braga negra, que apenas le
cubría la vulva y que por atrás se reducía a un minúsculo hilo penetrando
profundamente entre las nalgas de su dueña. Se saludaron con un beso en la
mejilla, se sentaron en un sofá y comenzaron a charlar. A Laura le excitaba
mucho la situación, estar frente a una hermosa mujer embarazada que ya tenía sus
pechos repletos de leche, hablando de cosas intrascendentes, difiriendo un
placer que la demora prometía hacer más completo y explosivo. En un momento
determinado, Mara mencionó, con evidente doble sentido, el calor que estaba
haciendo, preguntándole a Laura si tenía sed. Esta por supuesto respondió que
sí, por lo que la embarazada dijo que iba a preparar un cóctel refrescante.
Laura se ofreció a ayudarla, por lo que ambas fueron hasta la cocina. Mara sacó
dos vasos largos, y comenzó a preparar un cóctel que dijo se llamaba bikini, si
bien tenía vodka y ron, ella le ponía poco de estos ingredientes dado su estado.
En un momento determinado, fue hasta la nevera y al abrirla hizo un gesto de
fastidio ¡NO QUEDA LECHE! comentó con fingida sorpresa, a lo que Laura le
contestó al oído "Ponle de la tuya, mi amor..." después de lo cual la besó con
una mezcla de ternura y erotismo que hizo estremecer a la embarazadota de los
pies a la cabeza.
En ese momento, Mara se sentó sobre una de las sillas altas
que tenía en la cocina. Laura se colocó delante de ella, la abrazó besándola
nuevamente, metiendo su lengua profundamente dentro de la boca de su amiga, que
sin quedarse atrás respondió con el mismo ardor.
Laura le bajó el vestido a la chica, dejando visibles unos
hombros sensuales, y un sostén que parecía a punto de explotar bajo el peso de
las impresionantes tetas que aprisionaba. Cuando Laura lo desprendió, cayeron
dos soberbios pechos, coronados por unos pezones con grandes areolas hinchadas,
que de tan oscuras eran casi negras, destacándose sobre la blanca piel
circundante. Con Mara semi desnuda, Laura se inclinó un poco, y comenzó a
besarle los pechos a su amiga, empezó dándole suaves besos alternativamente a
cada uno, para luego ir aumentando progresivamente la succión sobre los pezones,
buscando sacarles el néctar que escondían. Posteriormente, empezó a acompañar
esta succión cada vez más fuerte con masajes, tomando cada teta con sus dos
manos, y acariciándolas en forma circular y hacia el pezón. De pronto, aquel
trabajo tuvo su recompensa, y Laura empezó a sentir el inconfundible sabor dulce
de la leche materna en al boca. Primero unas gotas, y después grandes chorros
que la mujer sentía vertiéndose directamente en su garganta.
Por su parte, Mara percibía como cada succión se convertía en
un impulso que recorría todo su cuerpo, para terminar en espasmos que ella
sentía en su pelvis, especialmente la vulva, la vagina y el útero. Después de un
rato, la embarazada apartó suavemente a su compañera, diciéndole que si le
tomaba toda la leche, no quedaría nada para lo tragos... Mara se aproximó a la
mesa donde estaban los vasos, se inclinó de modo que las grandes tetas,
empujadas por la gravedad, quedaron colgando con cada uno de sus pezones sobre
uno de los recipientes, y empezó a ordeñarse. Estimuladas por la succión de su
compañera, apenas las apretaba, las mamas disparaban grandes chorros de leche,
que la barrigona dirigía con excelente puntería dentro de los vasos. Laura quiso
ayudarla, por lo que ubicándose detrás de Mara, fue tomando alternativamente
cada una de las tetas, exprimiéndolas hasta que no quedó una gota de leche en
ellas...
Ya en la sala, y antes de ponerse a ver un vídeo que Mara
había rentado, y que trataba de embarazadas lesbianas, brindaron con la bebida
que había sido preparado de modo tan excitante. Después de terminarse sus
tragos, se besaron profundamente, y Laura pudo sentir en la boca de la
embarazada, el excitante sabor dulce de la leche materna.