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Un heavy me folló con ritmo
TODORELATOS » RELATOS » SECUELA 1 DE MI TíO EL RANCHERO
[ Parto largo, y parto malo, hija al cabo. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 09-Feb-06 « Anterior | Siguiente » en Gays (4026 de 6562)

Secuela 1 de Mi Tío el Ranchero

solsticio1962
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De regreso del rancho, mi papá y yo... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Secuela # 1

Después de que regresamos del rancho, después de aquella magna orgía que nos echamos los 4, las cosas se disolvieron del alguna manera porque todos regresamos a lo nuestro. Mi papá a su oficina, Carlos a su laboratorio y yo a mis clases normales. Pero, habrá que aclarar que en el camino charlamos, y charlamos tanto como duraron las 3 horas de camino.

Para los 3 que íbamos en el carro, la cosas habían cambiando muchísimo, y tanto cambiaron, que ninguno volvió a ser el mismo de antes. Para empezar, mi hermano Carlos quiso irse en el asiento del copiloto para ir cerca de mi papá, cuando que siempre buscaba el más lejano. Mi papá iba de un locuaz nunca antes visto y, para mi asombro, yo venía callado, sólo escuchándolos. Que yo permaneciera callado era ya un caso insólito.

Nunca nos despedimos del tío porque salimos como a las 9 de la mañana y él ya tenía varias horas de haberse ido a sus ocupaciones. Mientras íbamos en el camino de brecha, Carlangas le sacó plática a mi papá, pero como si le estuviera haciendo plática a alguno de sus amigos. Y a pocos minutos de haber salido del rancho, le pregunta:

- A ver Jefe, ya dinos la verdad...

- ¡¿Ah ya tan pronto las confesiones?!... jah jah jah...

- ¡Sí!... ya, de una vez.

- A ver pues, vengan. ¿Qué verdad quieres que te diga?

- Pues la obvia, apá: ¿alguna vez imaginaste que tú tendrías sexo con tus hijos?... o sea, ¿con el chaparro y conmigo? Digo, ya no tienes que disfrazar nada, ya dinos toda la verdad... ¡¿VERDAD CHAPARRO QUE QUEREMOS SABER TODA LA VERDAD?!

Se suponía que yo tenía que contestar algo, pero me quedé callado para no entorpecer el trámite pues también quería saber la respuesta. Y mi papá inhaló profundo, acarició el volante y dijo: "A ver, déjame pensar la respuesta, no vaya a ser que la riegue". Carlos volteó a verme con cara de interrogación. ¿"Regarla"?, no era precisamente la opción, después de lo que habíamos pasado, pero nomás le levanté los hombros y nos quedamos a la expectativa. Resopló mi papá y empezó a decir:

"Miren hijos, si la pregunta es si alguna vez imaginé tener sexo con ustedes, la respuesta es definitivamente NO. Lo que sí les puedo decir es que desde que tú, Carlitos, te empezaste a hacer hombrecito, me pude dar cuenta de lo bonito que te estabas poniendo. Y ahora que tu hermano está pasando por el mismo proceso, mentiría si dijera que nos le puse los ojos encima, pero como yo vivía encerrado en mi cápsula de ‘papá mamón’, como ustedes me etiquetaron, pues no había mucho que pudiera hacer o pensar; sólo los veía crecer y veía sus cuerpos cuando andaban por la casa escasos de ropa, pero de ahí en más, nunca, repito: NUNCA imaginé que tendría sexo con ustedes, la verdad... ¿alguna otra preguntita?". Y le dice Carlos:

- Aah... oye, ¿y te arrepientes?

- ¡¿Que si me arrepiento?!... JAH... nunca me arrepentiré de todo esto que ha estado pasando. La respuesta es contundentemente NO. Pero ahora me toca preguntar a mí: ¿alguno de ustedes dos se arrepiente?

Se hizo silencio en el carro, pero sólo por unos segundos porque yo lo rompí: "¡YO NO!". Los otros dos se rieron por el énfasis de mi respuesta y Carlangas nomás agregó que él tampoco.

"Ahora les regreso la OTRA pregunta, par de cabrones: ¿alguna vez imaginaron que tendrían sexo con su papá?".

El silencio no duró mucho porque otra vez contesté primero: "¡Yo no!". El silencio persistió hasta que mi papá le preguntó a Carlos: "¿Y tú hijo?". Él se empezó a reír, se empezó a tallar las piernas y finalmente dijo que sí, que toda su vida había deseado tener sexo con mi papá, desde muy chiquito. Le pregunta mi papá:

- ¿En serio hijo?

- Muy en serio jefe.

- ¿Y desde cuando?

- Pos desde muy chavito apá, desde cuando te vi en calzones porque estabas enfermo y mi mamá me pidió que entrara a tu habitación a ayudarla a cambiarte la pijama.

- ¿Desde entonces, hijo?

- Desde entonces apá.

El resto del viaje se dio en esa tónica, es decir, en la de ponernos al día en lo que había en nuestros pasados respecto a él. La charla fue muy larga y muy excitante, pero será parte de otra secuela.

Al llegar a la ciudad, ya iba a dar la una de la tarde y mi papá quiso dejarnos en la casa, pero nomás dejamos a Carlos. Él quería regresar a su laboratorio, y yo quería seguirla con mi papá en su oficina. En tratándose de trabajo, ni mi papá ni Carlos distinguían día de la semana. Pleno domingo y decidieron ir a trabajar. Mi papá cuestionó que porqué quería ir con él a la oficina pero nomás me reí y le conteste que me concediera ese capricho.

Normalmente, el edificio de las oficinas de mi papá estaba plagado de gente que iba y venía, pero ese día, totalmente solo. Llegamos a su oficina, encendió el aire acondicionado y se sentó en su escritorio; se dedicó al teléfono. Yo me senté en el gran sillón de la sala de su oficina y me dediqué a observarlo. ¡Caray!... que hombre tan guapo era mi papá, y no sólo guapo, también tenía a su favor ese aplomo para tratar sus asuntos de negocios.

Después de una hora, más o menos, de que se pegó al teléfono, noté que empezó a relajarse. Yo seguía acostado en el gran sillón y decidí cambiar la tónica. Él estaba al teléfono. Yo me senté y empecé a quitarme los zapatos lentamente. Después me quité la camisa y la acomodé lentamente junto a mí. Si voltear a verlo, me puse de pie y empecé a quitarme el pantalón; me senté y terminé de quitármelo. Me levanté en calzones y caminé hasta su ventana para cerrar las cortinas. Con el teléfono en la oreja, él siguió mi andar observando la total erección que traía abajo del calzón. Cerré las cortinas, encendí dos lámparas que tenía y me volví a echar sobre el sillón. Así acostado, me apoyé sobre mis pies y levanté la cadera para sacarme el calzón. Lo hice rápido, sin insinuaciones, nomás me lo quité y lo dejé en el piso. Oí que colgó el teléfono. Yo seguí viendo al techo. Yo pensé que de un segundo a otro se iba a romper mi juego, pero no, nada se rompió. Él ya no volvió a tomar el teléfono y siguió callado. Yo empecé a jugar con mi verga, pero sin masturbarme, no quería venirme antes DE.

Como mi papá no hacía ningún ruido, pos me venció y terminé por voltear a verlo. Desde donde estaba, sólo alcancé a ver su carita sonriente atrás del escritorio y sentí que me cortó la viada: yo haciéndome el seductor y mi papá riéndose de mí, así que me senté y le dije:

- ¡APÁ!... nomás te estás burlando de mí... (se rió un poco y me dijo)

- Noooo hijo, claro que no me estoy burlando de ti...

- ¿Entonces porqué te estás riendo?

- No hijo, no me estoy riendo, sólo estoy sonriendo. Estoy sonriendo porque me gusta mucho lo que estoy viendo.

- ¡¿En serio?!

- En serio. Ven para acá.

Me levanté, con mi verga ya no tan erecta y llegué hasta él. Me dice: "Mira, préstame tu mano y siente esto". Puso mi mano en su entrepierna y sentí su verga completamente erecta pero atrapada en el calzón y el pantalón.

- ¡¿O SEA QUE SÍ TE EXCITÉ?!

- ¡¡¡SÍ!!!... ¡Y un chingo hijo!... ven, siéntate en mis piernas. Siempre tuve la fantasía de que te sentabas en mis piernas desnudo.

- ¿En serio apá?

- En serio hijo... hace varios años que estaba teniendo esta fantasía.

Y me senté. Lo abracé por el cuello y le di un beso en la frente. Ya iba yo a decirle algo más, pero me ganó él:

- Qué hermosas nalguitas tienes hijo...

- ¿En serio apá?, ¿se te hace que tengo nalgas bonitas?

- ¿Bonitas?, NO: hermosas. Me dejas acariciártelas.

- ¡SÍ!... ¿me paro?, ¿o qué?

- Sí, párate.

Me puse de pie con mi verga ya otra vez al 100%, me tomó por la cadera y me dio la vuelta. Empezó a acariciarme con mucha ternura, pero al mismo tiempo con mucha lascivia. Empezó a inhalar profundo: "Tus nalgas son idénticas a las mías cuando tenía tu edad, hijo. Siento como si estuviera viéndome a mí mismo, es como volver el tiempo atrás... mira nada más qué belleza...".

Estuvo un buen rato acariciando mis nalgas hasta que se dejó caer de rodillas al piso y separó mis nalgas para meter su nariz y lengua. Ahora fue a mí a quién le faltó aire. Tuve que poner las manos contra la pared para no caerme y recibir los embates de su boca. Mucho tiempo estuvimos así hasta que las caricias de su boca en mis nalgas y las de sus manos en mi pene, me hicieron detenerlo. Le dije: "Ya Pá, si me sigues agarrando la verga me voy a venir". Se separó y al voltear a verlo, otra vez lo vi con las cejas despeinadas y totalmente encendido.

Los dos estábamos jadeando y mi papá se levantó en franco frenesí para quitarse el pantalón y yo lo detuve. Le dije: "Oye, tu tenías la fantasía de tenerme sentado en tus piernas con mis nalguitas al aire, y ya quedó. Ora me toca una fantasía mía". No respondió, sólo se me quedó viendo jadeando, así que seguí: "La fantasía que yo tuve miles de veces es la de verte en tu oficina, completamente vestido y nomás con el cierre del pantalón abajo con tu verga de fuera". Sin dejar de resoplar por la nariz, sólo obedeció. Se bajó el cierre y se sacó su verga totalmente erecta y escurriendo. Sin dejar de respirar grueso me pregunta: "¿Alguna otra fantasía... hijo?". Yo me le quedé viendo atónito, como no pudiendo creer la belleza que estaba viendo y con la cabeza le contesté que no, que no había otra fantasía.

Me abrazó con mucha fuerza, me levantó y cargándome, caminó al lado opuesto de su escritorio y me sentó ahí. Me dijo jadeando, totalmente fuera de sí: "Hijo, por favor, déjame metértela". Yo estaba 20 veces más caliente que él, así que nomás dije con la cabeza que sí. Retiró todo lo que estaba en el escritorio, me hizo que me acostara y levantó mis piernas. Aquí vino un error de su parte: quiso quitarse la ropa para metérmela y yo lo detuve. Me volví a sentar y le dije: "NO apá, fantasía por fantasía: la tuya era que yo estuviera totalmente desnudo y la mía era que tú sólo tuvieras la verga de fuera... ok?". Asintió con la cabeza y lo siguiente fue volverme a levantar las piernas, escupió una y otra vez sobre mi entrepierna, hasta que finalmente pude sentir su glande ya muy lubricando en mi ano. La última vez que me habían penetrado había sido la noche anterior, así que no tuve ningún problema en volver a sentir su glande entrando poco a poco en mi ano.

Un cuerpo de 13, casi 14 años, contra un cuerpo de cuarenta y tantos años, peleando sobre un escritorio... no había nada que dudar. Su glande entró con una dulzura enorme y con mucha paciencia, se quedó así un rato. Acariciando mis piernas lampiñas, mi panza sin vellos y diciéndome que me quería mucho. Finalmente me acostumbré a su glande y le dije que siguiera, y siguió. Me entró hasta que sentí su pantalón en mis nalgas y una vez totalmente adentro, se agachó sobre mí y me volvió a besar, pero al besarme lo abracé por el cuello y me levantó. El escritorio ya no sirvió de nada, porque empezó a caminar con su pene adentro de mí hasta que llegamos a una pared. Ya en la pared, separó su boca de la mía y me preguntó:

- Hijo, ¿te puedo coger duro?... es que ando muy caliente...

- Sí Pá, dale duro... yo también ando muy caliente...

Empezó a golpear mis nalgas, con su vergota adentro... una y otra vez... muy duro... tuve la sensación de que me llegaba hasta la garganta. Yo abrazado a su cuello. Ya sudando los dos. Yo estaba en otro mundo. Nomás brincaba según mi papá embestía contra mi ano. Era una placer aún mayor al de la noche anterior. Mi papá apoyó los brazos contra la pared y yo apoyé los míos sobre los suyos para aminorar el peso y permitir así que él se moviera más fácil.

Su cara estaba desfigurada, totalmente rojo, sudando hasta que abrió la boca y me dijo: "Hijo... ya me vengo... ya me vengo...". Nomás le contesté: "Vente Pá...". Antes de venirse, primero arrugó completamente la cara, se agachó sobre mi hombro y entonces empecé a sentir su líquido correr adentro de mí.

CONTINUARÁ.

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