Secuela # 1
Después de que regresamos del rancho, después de aquella
magna orgía que nos echamos los 4, las cosas se disolvieron del alguna manera
porque todos regresamos a lo nuestro. Mi papá a su oficina, Carlos a su
laboratorio y yo a mis clases normales. Pero, habrá que aclarar que en el camino
charlamos, y charlamos tanto como duraron las 3 horas de camino.
Para los 3 que íbamos en el carro, la cosas habían cambiando
muchísimo, y tanto cambiaron, que ninguno volvió a ser el mismo de antes. Para
empezar, mi hermano Carlos quiso irse en el asiento del copiloto para ir cerca
de mi papá, cuando que siempre buscaba el más lejano. Mi papá iba de un locuaz
nunca antes visto y, para mi asombro, yo venía callado, sólo escuchándolos. Que
yo permaneciera callado era ya un caso insólito.
Nunca nos despedimos del tío porque salimos como a las 9 de
la mañana y él ya tenía varias horas de haberse ido a sus ocupaciones. Mientras
íbamos en el camino de brecha, Carlangas le sacó plática a mi papá, pero como si
le estuviera haciendo plática a alguno de sus amigos. Y a pocos minutos de haber
salido del rancho, le pregunta:
- A ver Jefe, ya dinos la verdad...
- ¡¿Ah ya tan pronto las confesiones?!... jah jah jah...
- ¡Sí!... ya, de una vez.
- A ver pues, vengan. ¿Qué verdad quieres que te diga?
- Pues la obvia, apá: ¿alguna vez imaginaste que tú tendrías
sexo con tus hijos?... o sea, ¿con el chaparro y conmigo? Digo, ya no tienes que
disfrazar nada, ya dinos toda la verdad... ¡¿VERDAD CHAPARRO QUE QUEREMOS SABER
TODA LA VERDAD?!
Se suponía que yo tenía que contestar algo, pero me quedé
callado para no entorpecer el trámite pues también quería saber la respuesta. Y
mi papá inhaló profundo, acarició el volante y dijo: "A ver, déjame pensar la
respuesta, no vaya a ser que la riegue". Carlos volteó a verme con cara de
interrogación. ¿"Regarla"?, no era precisamente la opción, después de lo que
habíamos pasado, pero nomás le levanté los hombros y nos quedamos a la
expectativa. Resopló mi papá y empezó a decir:
"Miren hijos, si la pregunta es si alguna vez imaginé tener
sexo con ustedes, la respuesta es definitivamente NO. Lo que sí les puedo decir
es que desde que tú, Carlitos, te empezaste a hacer hombrecito, me pude dar
cuenta de lo bonito que te estabas poniendo. Y ahora que tu hermano está pasando
por el mismo proceso, mentiría si dijera que nos le puse los ojos encima, pero
como yo vivía encerrado en mi cápsula de ‘papá mamón’, como ustedes me
etiquetaron, pues no había mucho que pudiera hacer o pensar; sólo los veía
crecer y veía sus cuerpos cuando andaban por la casa escasos de ropa, pero de
ahí en más, nunca, repito: NUNCA imaginé que tendría sexo con ustedes, la
verdad... ¿alguna otra preguntita?". Y le dice Carlos:
- Aah... oye, ¿y te arrepientes?
- ¡¿Que si me arrepiento?!... JAH... nunca me arrepentiré de
todo esto que ha estado pasando. La respuesta es contundentemente NO. Pero ahora
me toca preguntar a mí: ¿alguno de ustedes dos se arrepiente?
Se hizo silencio en el carro, pero sólo por unos segundos
porque yo lo rompí: "¡YO NO!". Los otros dos se rieron por el énfasis de mi
respuesta y Carlangas nomás agregó que él tampoco.
"Ahora les regreso la OTRA pregunta, par de cabrones: ¿alguna
vez imaginaron que tendrían sexo con su papá?".
El silencio no duró mucho porque otra vez contesté primero:
"¡Yo no!". El silencio persistió hasta que mi papá le preguntó a Carlos: "¿Y tú
hijo?". Él se empezó a reír, se empezó a tallar las piernas y finalmente dijo
que sí, que toda su vida había deseado tener sexo con mi papá, desde muy
chiquito. Le pregunta mi papá:
- ¿En serio hijo?
- Muy en serio jefe.
- ¿Y desde cuando?
- Pos desde muy chavito apá, desde cuando te vi en calzones
porque estabas enfermo y mi mamá me pidió que entrara a tu habitación a ayudarla
a cambiarte la pijama.
- ¿Desde entonces, hijo?
- Desde entonces apá.
El resto del viaje se dio en esa tónica, es decir, en la de
ponernos al día en lo que había en nuestros pasados respecto a él. La charla fue
muy larga y muy excitante, pero será parte de otra secuela.
Al llegar a la ciudad, ya iba a dar la una de la tarde y mi
papá quiso dejarnos en la casa, pero nomás dejamos a Carlos. Él quería regresar
a su laboratorio, y yo quería seguirla con mi papá en su oficina. En tratándose
de trabajo, ni mi papá ni Carlos distinguían día de la semana. Pleno domingo y
decidieron ir a trabajar. Mi papá cuestionó que porqué quería ir con él a la
oficina pero nomás me reí y le conteste que me concediera ese capricho.
Normalmente, el edificio de las oficinas de mi papá estaba
plagado de gente que iba y venía, pero ese día, totalmente solo. Llegamos a su
oficina, encendió el aire acondicionado y se sentó en su escritorio; se dedicó
al teléfono. Yo me senté en el gran sillón de la sala de su oficina y me dediqué
a observarlo. ¡Caray!... que hombre tan guapo era mi papá, y no sólo guapo,
también tenía a su favor ese aplomo para tratar sus asuntos de negocios.
Después de una hora, más o menos, de que se pegó al teléfono,
noté que empezó a relajarse. Yo seguía acostado en el gran sillón y decidí
cambiar la tónica. Él estaba al teléfono. Yo me senté y empecé a quitarme los
zapatos lentamente. Después me quité la camisa y la acomodé lentamente junto a
mí. Si voltear a verlo, me puse de pie y empecé a quitarme el pantalón; me senté
y terminé de quitármelo. Me levanté en calzones y caminé hasta su ventana para
cerrar las cortinas. Con el teléfono en la oreja, él siguió mi andar observando
la total erección que traía abajo del calzón. Cerré las cortinas, encendí dos
lámparas que tenía y me volví a echar sobre el sillón. Así acostado, me apoyé
sobre mis pies y levanté la cadera para sacarme el calzón. Lo hice rápido, sin
insinuaciones, nomás me lo quité y lo dejé en el piso. Oí que colgó el teléfono.
Yo seguí viendo al techo. Yo pensé que de un segundo a otro se iba a romper mi
juego, pero no, nada se rompió. Él ya no volvió a tomar el teléfono y siguió
callado. Yo empecé a jugar con mi verga, pero sin masturbarme, no quería venirme
antes DE.
Como mi papá no hacía ningún ruido, pos me venció y terminé
por voltear a verlo. Desde donde estaba, sólo alcancé a ver su carita sonriente
atrás del escritorio y sentí que me cortó la viada: yo haciéndome el seductor y
mi papá riéndose de mí, así que me senté y le dije:
- ¡APÁ!... nomás te estás burlando de mí... (se rió un poco y
me dijo)
- Noooo hijo, claro que no me estoy burlando de ti...
- ¿Entonces porqué te estás riendo?
- No hijo, no me estoy riendo, sólo estoy sonriendo. Estoy
sonriendo porque me gusta mucho lo que estoy viendo.
- ¡¿En serio?!
- En serio. Ven para acá.
Me levanté, con mi verga ya no tan erecta y llegué hasta él.
Me dice: "Mira, préstame tu mano y siente esto". Puso mi mano en su entrepierna
y sentí su verga completamente erecta pero atrapada en el calzón y el pantalón.
- ¡¿O SEA QUE SÍ TE EXCITÉ?!
- ¡¡¡SÍ!!!... ¡Y un chingo hijo!... ven, siéntate en mis
piernas. Siempre tuve la fantasía de que te sentabas en mis piernas desnudo.
- ¿En serio apá?
- En serio hijo... hace varios años que estaba teniendo esta
fantasía.
Y me senté. Lo abracé por el cuello y le di un beso en la
frente. Ya iba yo a decirle algo más, pero me ganó él:
- Qué hermosas nalguitas tienes hijo...
- ¿En serio apá?, ¿se te hace que tengo nalgas bonitas?
- ¿Bonitas?, NO: hermosas. Me dejas acariciártelas.
- ¡SÍ!... ¿me paro?, ¿o qué?
- Sí, párate.
Me puse de pie con mi verga ya otra vez al 100%, me tomó por
la cadera y me dio la vuelta. Empezó a acariciarme con mucha ternura, pero al
mismo tiempo con mucha lascivia. Empezó a inhalar profundo: "Tus nalgas son
idénticas a las mías cuando tenía tu edad, hijo. Siento como si estuviera
viéndome a mí mismo, es como volver el tiempo atrás... mira nada más qué
belleza...".
Estuvo un buen rato acariciando mis nalgas hasta que se dejó
caer de rodillas al piso y separó mis nalgas para meter su nariz y lengua. Ahora
fue a mí a quién le faltó aire. Tuve que poner las manos contra la pared para no
caerme y recibir los embates de su boca. Mucho tiempo estuvimos así hasta que
las caricias de su boca en mis nalgas y las de sus manos en mi pene, me hicieron
detenerlo. Le dije: "Ya Pá, si me sigues agarrando la verga me voy a venir". Se
separó y al voltear a verlo, otra vez lo vi con las cejas despeinadas y
totalmente encendido.
Los dos estábamos jadeando y mi papá se levantó en franco
frenesí para quitarse el pantalón y yo lo detuve. Le dije: "Oye, tu tenías la
fantasía de tenerme sentado en tus piernas con mis nalguitas al aire, y ya
quedó. Ora me toca una fantasía mía". No respondió, sólo se me quedó viendo
jadeando, así que seguí: "La fantasía que yo tuve miles de veces es la de verte
en tu oficina, completamente vestido y nomás con el cierre del pantalón abajo
con tu verga de fuera". Sin dejar de resoplar por la nariz, sólo obedeció. Se
bajó el cierre y se sacó su verga totalmente erecta y escurriendo. Sin dejar de
respirar grueso me pregunta: "¿Alguna otra fantasía... hijo?". Yo me le quedé
viendo atónito, como no pudiendo creer la belleza que estaba viendo y con la
cabeza le contesté que no, que no había otra fantasía.
Me abrazó con mucha fuerza, me levantó y cargándome, caminó
al lado opuesto de su escritorio y me sentó ahí. Me dijo jadeando, totalmente
fuera de sí: "Hijo, por favor, déjame metértela". Yo estaba 20 veces más
caliente que él, así que nomás dije con la cabeza que sí. Retiró todo lo que
estaba en el escritorio, me hizo que me acostara y levantó mis piernas. Aquí
vino un error de su parte: quiso quitarse la ropa para metérmela y yo lo detuve.
Me volví a sentar y le dije: "NO apá, fantasía por fantasía: la tuya era que yo
estuviera totalmente desnudo y la mía era que tú sólo tuvieras la verga de
fuera... ok?". Asintió con la cabeza y lo siguiente fue volverme a levantar las
piernas, escupió una y otra vez sobre mi entrepierna, hasta que finalmente pude
sentir su glande ya muy lubricando en mi ano. La última vez que me habían
penetrado había sido la noche anterior, así que no tuve ningún problema en
volver a sentir su glande entrando poco a poco en mi ano.
Un cuerpo de 13, casi 14 años, contra un cuerpo de cuarenta y
tantos años, peleando sobre un escritorio... no había nada que dudar. Su glande
entró con una dulzura enorme y con mucha paciencia, se quedó así un rato.
Acariciando mis piernas lampiñas, mi panza sin vellos y diciéndome que me quería
mucho. Finalmente me acostumbré a su glande y le dije que siguiera, y siguió. Me
entró hasta que sentí su pantalón en mis nalgas y una vez totalmente adentro, se
agachó sobre mí y me volvió a besar, pero al besarme lo abracé por el cuello y
me levantó. El escritorio ya no sirvió de nada, porque empezó a caminar con su
pene adentro de mí hasta que llegamos a una pared. Ya en la pared, separó su
boca de la mía y me preguntó:
- Hijo, ¿te puedo coger duro?... es que ando muy caliente...
- Sí Pá, dale duro... yo también ando muy caliente...
Empezó a golpear mis nalgas, con su vergota adentro... una y
otra vez... muy duro... tuve la sensación de que me llegaba hasta la garganta.
Yo abrazado a su cuello. Ya sudando los dos. Yo estaba en otro mundo. Nomás
brincaba según mi papá embestía contra mi ano. Era una placer aún mayor al de la
noche anterior. Mi papá apoyó los brazos contra la pared y yo apoyé los míos
sobre los suyos para aminorar el peso y permitir así que él se moviera más
fácil.
Su cara estaba desfigurada, totalmente rojo, sudando hasta
que abrió la boca y me dijo: "Hijo... ya me vengo... ya me vengo...". Nomás le
contesté: "Vente Pá...". Antes de venirse, primero arrugó completamente la cara,
se agachó sobre mi hombro y entonces empecé a sentir su líquido correr adentro
de mí.
CONTINUARÁ.