EXHIBICIÓN ESCOLAR
Cuando una profesora acepta cumplir las órdenes en clase…
Antes de empezar… (interesante para entender la situación)
Me llamo Sara, y digo el nombre real, aunque quiera mantener mi anonimato,
por lo que no agrego ninguna foto. Todos los demás nombres que aparezcan no
tienen por qué ser ciertos. Soy profesora de Lengua Castellana y Literatura, y
enseño a chicos y chicas de 13, 15 y 17 años. Soy madre soltera de una hija de
diecisiete años, a la que le doy clase. Tengo 34 años y físicamente soy alta, de
pelo negro, bastante delgada, con un buen culo y unas tetas realmente grandes
(por qué no admitirlo).
El relato que escribo a continuación es de una vivencia real, 100% verídico,
aunque en mi opinión, sea cierto o no es lo de menos, así que no emplearé tiempo
convenciendo al personal. Sólo lo digo porque este no es un relato fantástico
donde una profesora se desnuda ante sus alumnos y acaba teniendo una orgía.
Siento mucho decirlo, pero ese tipo de relatos de real tienen lo que yo de
monja. Que, como veréis, tengo poco.
Desde hace mucho tiempo me he sentido atraída a la dominación (he sido sumisa
varias veces), pero la faceta que más me interesa es la de la humillación y
degradación pública, y eso incluye el exhibicionismo. Hace unas semanas conocí a
un hombre por messenger, que es autor de ciertos relatos publicados en esta
página. Le felicité por sus relatos y él me agregó a sus contactos, y comenzamos
a conocernos. No contaré más sobre ello, pero lo que importa es que él aceptó
ayudarme en una fantasía que yo tenía. Una fantasía, debo admitirlo, que está
basada en el relato de Gloria "Amparo y la humillación", en su segunda parte
(gracias a Gloria, por ser, en mi opinión, la mejor escritora de esta página,
¡espero nuevas continuaciones!).
El jueguecito consiste en lo siguiente: cuando esté dando clase en el
instituto, tendré el móvil encendido, sin sonido (pero con vibrador). El hombre
que me ayude en esta fantasía (al que llamaré Amo por guardar su identidad,
aunque no lo sea realmente) me irá mandando mensajes con órdenes de cualquier
tipo, que yo deberé obedecer en el momento. Se trata de forzar al máximo
la exhibición "accidental", intentando alcanzar la máxima humillación sin que me
expulsen del trabajo, o alguien se entere de lo que ocurre. Tiene riesgo, sobre
todo porque, una vez aceptado (y siendo tan tozuda como soy), debo
obedecer en el acto, ordene lo que ordene. Mi amo entendió a la perfección lo
que quería, con los límites (no especificados pero implícitos) que ello
conlleva.
Lo que cuento a continuación (real como la vida misma, muy morbosa, pero sin
grandes orgías fantásticas que probarían que no fue así), es el segundo día que
realizamos este juego. Tengo guardados todos los mensajes que me envió (y los
añadiré al relato, con el único cambio de corrección ortográfica y sintáctica).
El primer día que hicimos realidad mi sueño no lo cuento, por un lado porque no
fue tan morboso, ni llegó a tanto, ni estuvo tan estructurado como este (vamos
perfeccionando, jejeje), y por otro lado, porque desgraciadamente no guardé los
mensajes. Dejamos pasar un par de semanas entre una sesión y otra, para que todo
volviese a la normalidad, y yo fuera a los ojos de mis alumnos una profesora
normal y corriente, alegre y simpática, con buen cuerpo, pero profesora, al fin
y al cabo.
Gracias por aguantar esta chapa, y un beso,
Sara
Prólogo (importante leerlo)
Explico aquí por un lado, la ropa que acordamos que llevaría aquel día, y por
otro lado, las clases que tuve, a modo de índice para las cuatro partes de este
relato.
Ropa: la única ropa interior que llevaba eran unas bragas rosas (a mi amo
no le gustan los tangas), sin sujetador. Una falda negra elástica, muy corta,
enseñando las piernas pero sin ser nada del otro mundo. Una camiseta rosa de
tirantes y con un gran escote. Medias rosas y zapatos de tacón alto atados a los
tobillos. (si hay alguna duda, ponedlo en los comentarios, y lo aclararé en las
siguientes partes).
Clases: Cada clase es de 55 minutos, con cinco de descanso (se pueden
alargar un poquito). Las clases que tenía eran las siguientes:
8:00---2ºESO, 13 años, clase normal (no lo incluyo en los relatos)
9:00---2ºESO, 13 años, 1ª parte del relato.
10:00---4ºESO, 15 años, 2ª parte del relato.
10,55-11,20--- DESCANSO (tampoco lo incluyo)
11,20---2º BACHILLERATO, 17 años, 3ª parte del relato.
12, 20---2º BACHILLERATO, 17 años, con una circunstancia especialmente
excitante, 4ª parte del relato.
La mayoría de mis alumnos son chicos (alrededor del 60-70%). Evidentemente,
hay una gran diferencia de edad entre distintos grupos, por lo que el tipo de
exhibicionismo tampoco será igual. Los angelitos de trece años están despertando
de su infancia, y descubriendo su sexualidad, les interesa mucho, pero no tienen
experiencia. Los de quince años están teniendo sus primeras experiencias
importantes, por lo que están más espabilados. Además, suele ser un grupo muy
problemático y "salido". Los de diecisiete años en cambio, ya son plenamente
adultos sexualmente, se las saben todas, con lo cual es mucho más fuerte y
humillante exhibirse ante ellos.
Es decir, que en general, el morbo y el grado de exhibición y humillación irá
aumentando a medida que avance el día, que, por cierto, era el 1 de febrero de
2006.
Adelante con el relato.
Nota: aunque el relato esté escrito en presente, obviamente lo escribí días
más tarde.
1º parte: CLASE DE 2º ESO (13 años) 9:00
Estoy realmente excitada, aunque la primera clase "normal" me ha ayudado a
controlar mi excitación. ¡Realmente deseo hacer esto! Ni yo misma sé por qué me
gusta tanto… El morbo me puede, es verdad. Por eso, cuando me vi en el espejo de
casa cómo iba vestida, no pude evitar sentir un escalofrío. No era una ropa
realmente atrevida, pero desde luego, sí que era morbosa.
Nada más comenzar mi primera clase recibí el mensaje de mi amo, diciéndome
que no haríamos nada hasta la segunda clase. Así que me relajé, y comencé a dar
la clase, sin notar nada extraño por parte de mis alumnos de trece años. Debo
aclarar, que, por muy morbosa que sea, soy buena profesora, y doy las clases de
una forma realmente admirable, ya que consigo captar la atención de mis alumnos.
Eso ha hecho que siempre nos hayamos llevado bien, y tengamos confianza entre
nosotros.
De cualquier manera, cuando he acabado la primera clase y me dirijo a la
siguiente, comienzo a excitarme de nuevo. Mis tetas se bambolean libres,
obscenamente, y los pezones se notan de maravilla bajo la camiseta escotada. Mi
falda deja ver más de lo que una mujer recatada enseñaría. Para unos pobres
alumnos de trece años, aburridos y medio dormidos a las nueve de la mañana, soy
realmente una visión agradable.
Cuando estoy entrando en clase noto que el móvil vibra: mensaje. Me siento en
mi mesa, enfrente de la clase, y mientras los alumnos se sientan (algunos
mirando más descarados que otros) lo leo:
9:02
(aviso: mi móvil tiene la hora unos tres minutos adelantados
del timbre del Instituto)
Buenos días profe. Para comenzar, igual que el otro día,
piernas abiertas: hoy unos 8 dedos entre rodillas.
Me da muchísimo morbo cuando me llama profe. Me recuerda que lo que hago está
mal, que debería ser un ejemplo para mis alumnos. Pero bueno. Esta orden, que es
para todo el día, es fácil de cumplir. Abro bien las piernas, enseñando las
bragas o lo que se vea a los que están en frente, ya que la mesa no tapa, es de
patas. Comenzamos a corregir los ejercicios que tienen.
Cuando noto que el móvil ha vibrado de nuevo me caliento y me sonrojo
nuevamente. Desviando la vista mientras un alumno habla, leo:
9:12
Vamos a despertarlos un poco. Baja los dos tirantes, que baje
la camiseta hasta que se vea medio pecho. Mantenerlo unos 30 segundos y súbela.
Como si fuera lo más natural del mundo, bajo mis dos tirantes de la camisa,
dejando que la camiseta se deslice suavemente hacia abajo. Mientras el pobre que
me habla se atraganta y comienza a tartamudear ligeramente, yo controlo que se
vea medio pecho, ampliamente, llegando hasta el pezón, pero sin enseñarlo.
Sonrío a la clase, y le digo a Ricardo (el alumno que estaba contestando) que
siga. Parece que la clase se está saliendo de su sueño profundo habitual de
estas horas. Yo mantengo la camiseta abajo, comenzando a mojarme, y cuando
aproximadamente pasa medio minuto lo subo, como si nada.
Supongo que han debido pensar que no me he dado cuenta cuánto se ha visto, o
que eso era normal. La cuestión es que la clase ha seguido como si nada, aunque
puedo notar que me miran constantemente, para ver si lo hago de nuevo. Evitando
la sonrisa (estos angelitos realmente son aún niños en cuestiones de sexo)
continúo la clase. Terminamos de corregir y salgo a la pizarra a explicar algo
nuevo.
Que esté esperando el mensaje es realmente peor que hacer cualquier cosa
delante de todos. Estoy esperándolo ansiosamente, pierdo demasiado fácilmente el
hilo de lo que digo. Apenas me he calmado un poco cuando llega otro mensaje. Lo
más discretamente posible, leo:
9:29
Se te cae la tiza al suelo, recógela de cara a ellos abriendo
todo lo que puedas las piernas. Luego levántate, no puedes bajar la falda salvo
que sea muy exagerado hasta pasados unos 5 mins. Explica en la pizarra y pasea
entre ellos.
Nerviosa, pero muy caliente, dejo caer la tiza al suelo. De cara a ellos,
enseñando el escote nuevamente, y abriendo las piernas sin doblar las rodillas
lo recojo. Obviamente, ocurre lo esperado: la falda elástica se ha subido,
dejando ver más o menos (intuyo) el comienzo de mi culo por abajo. Dudo unos
segundo si eso es muy exagerado, luego rectifico. Quiero hacer esto bien, y voy
a obedecer en todo. Lo dejo como está y sigo explicando en la pizarra (ahora sí
noto que mis alumnos me miran, no sé hasta qué punto se ve el culo pero se nota,
desde luego), y paseando entre ellos. Lo que tenía que explicar no es tan largo,
pero comienzo a enrollarme, y a irme por las ramas, por explicar durante
bastante tiempo. Me paseo entre ellos (lo hago habitualmente mientras explico) y
noto constantes giros de cabeza a mi culo. Finalmente, me bajo la falda y me
siento en mi asiento.
Realmente, de lo excitada que estoy, no sé ni cómo he podido hablar sin que
se notara. De cualquier manera, los pobres chicos y chicas obviamente han
pensado que no me he dado cuenta. Al menos los chicos. Las chicas a esa edad ya
somos más "zorras", seguramente alguna ha relacionado lo de bajarse la camiseta
con esto. Pero todo sigue normalmente. Les pongo trabajo que hacer y me quedo
mirándoles, pensando en qué estarán pensando, en qué comentarán después de
clase. Falta muy poco para que acabe la clase (a las diez menos cinco). Y
entonces, llega el siguiente mensaje:
9:50
Elige a un alumno y recuéstate sobre su mesa 3 min.mínimo con
un tirante caído.
¡Ay Dios! Noto cómo me estoy calentando otra vez. Si dilaciones bajo un
tirante del todo, y me aproximo a la mesa de un estudiante. Soy mala, soy muy
mala. He elegido al más tímido, o al menos al más marginado de la clase (esas
cosas son obvias para un profesor). Me recuesto sobre su mesa, sonriéndole. No
sé ni qué decirle, le pregunto si tiene dudas en lo que está haciendo. Me siento
más excitada aún, sabiendo que con lo fácil que es el ejercicio no puede tener
ninguna duda. El pobre chaval no puede evitar mirarme la teta izquierda que se
asoma peligrosamente por la camiseta semi-bajada. Más difícil lo tiene cuando me
acerco más (y acerco la teta) al papel que está señalando. Intenta hablar con
naturalidad, pero está realmente nervioso. O excitado. Yo más.
Aprovecho para mirar a mi alrededor. Los otros chicos, mucho más atrevidos
que él, los líderes de la cuadrilla, le miran con envidia. Pero no creo que se
den cuenta que lo estoy haciendo a posta. En cambio, noto algunos susurros entre
las chicas. Algunos susurros maliciosos, con miradas de odio. Seguro que ellas
lo saben. ¿Me considerarán una puta?
Todo esto me excita enormemente. Cuando el timbre está a punto de sonar, me
despido de la clase, cojo mis cosas, y me dirijo directamente al baño. Tengo que
relajarme, antes de dirigirme a mi siguiente clase. Con chicos de quince años,
una clase realmente complicada, ellos son más cabrones, yo estoy cada vez más
excitada, y supongo que mi amo también, ¿qué me esperará?
No lo sé. Lo que es seguro es que el morbo irá en aumento.
Continuará… muy pronto.
Sara