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Fecha: 03-Feb-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi tío me enseñó

SEKAB
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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En un caluroso verano mi tío me hizo descubrir todo lo maravilloso del sexo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Tengo 24 años pero lo que voy a contar sucedió hace tiempo. Leyendo relatos con mi novio para "calentarnos", se me ocurrió contaros como fue mi primera experiencia sexual. Ya sé que no tiene nada de extraordinario, pero siempre me ha gustado recordarlo, pues supuso una experiencia inolvidable para mí.

Tengo un tío, separado desde hace años, que vive en el campo, lejos del ajetreado bullicio de la ciudad. Al estar sólo, dispone de espacio de sobras en su casa y con mis padres solíamos pasar cortas temporadas de vacaciones con él. De esta forma le hacíamos compañía y a su vez disfrutábamos de la tranquilidad de su casa de campo.

Un verano, cuando yo tenía catorce años recién cumplidos, mi abuela se puso enferma mientras estábamos de vacaciones en casa de mi tío y mis padres tuvieron que ir a la ciudad para llevarla al médico. Para no importunarme en mis vacaciones, decidieron que yo me quedase con mi tío, pues no sabían lo que iban a tardar con mi abuela en el médico.

Transcurrió el día normalmente y después de cenar nos acostamos como de costumbre. Pero aquella noche se desató una gran tormenta y los rayos me asustaban mucho. No es que tema a las tempestades; pero aquellos truenos tan fuertes en aquella casa de campo y sin mis padres a mi lado, me daban cierto temor, por lo que decidí acudir a la habitación de mi tío. El estaba acostado, pero los truenos lo habían despertado y al oír abrirse la puerta de su habitación se sobresaltó y encendió la luz. Al verme tan atemorizada me preguntó qué me pasaba, a lo que yo le contesté que me daban miedo aquellos truenos tan fuertes y que si no le importaba que me quedase a dormir con él en su cama. Era una ancha cama de matrimonio, por lo que no tuvimos problema en acomodarnos ampliamente sin molestarnos. Mi tío me acarició la espalda y me calmó y enseguida me quedé dormida, pues ya no recuerdo nada más hasta que me desperté.

Como era sábado, mi tío no tenía nada que hacer aquella mañana y se quedó dormido en la cama. Tenía la costumbre de dormir completamente desnudo, de lo que no me apercibí al acostarme con él por la noche. Había sido una noche muy calurosa y mi tío, ajeno al hecho de que yo estaba a su lado, se había destapado parcialmente el cuerpo, de forma que cuando me levanté para ir al baño no pude dejar de ver sus genitales, gracias a la luz que iluminaba la estancia. Nunca antes había visto un pene adulto y me sorprendió ver aquel "instrumento" y aquellas "bolas" tan enormes. Tengo un primo, que por entonces tenía ocho años, y nos habíamos duchado alguna vez juntos en casa de mis padres. No acertaba a imaginar que el "pirulí" de mi primo pudiera llegar a convertirse en aquel gigantesco "helado de dos bolas".

Tras ir al baño, regresé a mi dormitorio y me vestí para preparar el desayuno. Al rato bajó mi tío, que me preguntó cómo había pasado la noche. Luego llamamos a mis padres para interesarnos por mi abuela. Afortunadamente tan sólo se trataba de una leve indisposición digestiva; pero mis padres le preguntaron a mi tío si no le importaría quedarse un día mas con su sobrina, pues preferirían estar con mi abuela un día más en la ciudad, mientras se restablecía completamente. Mi tío dijo que no había ningún problema y luego yo les dije a mis padres que había dormido muy a gusto, sin mencionar para nada lo de la tormenta, para no preocuparles.

El día había amanecido radiante y muy caluroso, como ya os conté, y mi tío se dedicó a ordenar algunas cosas del jardín. Yo le ayudaba en lo que él me pedía hasta que llegó la hora de almorzar. Mi tío me encargó que fuese calentando la comida que estaba ya cocinada, mientras él se iba a duchar. Yo no podía apartar de mi mente la visión de sus enormes pelotas y, sobretodo, de aquel pene, que parecía tan apetitoso. Así que, mientras se calentaba la comida, subí al baño y le espié mientras se duchaba. Mi visión confirmó lo que había visto por la mañana: de su entrepierna colgaban dos fantásticas bolas y un pene que no acertaba a comprender como les cabía a los hombres dentro de sus calzoncillos sin que se notara.

En este momento noté que mis braguitas estaban algo mojadas, pese a no haber tenido que orinar, cosa que me preocupó un poco, pues no entendía a qué podía ser debido. Yo siempre fui una niña muy limpia y aseada y me incomodaba sentirme mojada, por lo que fui a asearme y regresé a la cocina para vigilar el fuego.

Tras la comida mi tío dijo que se iba a acostar un rato, pues hacía un calor insoportable, y yo me quedé hojeando unas revistas que había en la casa; pero mi mente no dejaba de pensar en cómo poder ver mejor aquel jugoso pene. Así que subí decidida al dormitorio de mi tío para ver si podía hacer algo al respecto. Entré con cuidado en su alcoba y mi visión, a plena luz de la tarde, no pudo ser más espectacular: mi tío, siguiendo su habitual costumbre, descansaba a pierna suelta sobre la cama, sin nada que le cubriese, dejando al descubierto su generosa entrepierna. Yo me acerqué sin hacer ruido, para poder contemplar mas de cerca aquella increíble visión. Su enorme pene colgaba entre sus dos testículos y mi tío roncaba plácidamente. Me dije: "¿Y si lo tocara un poco, a ver como es?". Con sumo cuidado me acerqué a la cama y con mi mano temblorosa levanté aquella jugosa golosina, intentando no despertar a mi tío. Entonces sucedió algo que me maravilló: mientras iba acariciando su pene, éste se fue engordando y alargando paulatinamente hasta llegar a inquietarme. Iba creciendo, creciendo y creciendo y yo me asusté, pensando en que pudiese llegar a estallar como un globo; pero era más mi curiosidad que mi temor y seguí acariciando aquel enorme pene, que para entonces había alcanzado un tamaño y dureza increíbles. Volví a notar mis braguitas mojadas y a sentir un irresistible deseo de acariciar mi entrepierna... en este momento mi tío se despertó y, sin asustarse, me preguntó qué estaba haciendo allí. Yo le expliqué mi visión de la mañana y cómo no pude resistir la tentación de observar mejor aquel inmenso pene, por lo que aproveché la oportunidad de su descanso para observarlo mejor y no pude resistir la tentación de tocarlo.

Mi tío me dijo que era muy joven para aquellas cosas; pero yo le comenté que se trataba tan sólo de simple curiosidad anatómica, pues no me imaginé nunca que un pene pudiese ser tan grande. Entonces mi tío me comentó:

-"Y si lo acaricias con tu boquita, aún se hará mayor!!!"

-"Ohhhh tito, ¿de verdad?... ¿me dejas?"

-Claro que si, pequeña; pero ten cuidado en no lastimarme.

Yo empecé a succionar glotonamente aquella enorme golosina. Para entonces mi entrepierna estaba ya tan húmeda que mis braguitas no podían empapar más mis jugos, por lo que le pregunté a mi tío si no le importaba que me las quitase, a lo que me respondió que naturalmente, que no me avergonzara de ello, pues él era una persona mayor y yo tan sólo una niña. Yo me quité apresuradamente mis braguitas y seguí apasionada chupando mi helado, que ya había cambiado de apariencia: una enorme cabeza rosada había emergido del interior del prepucio y hacía aún más apetitoso si cabe el placer de chuparlo. Mientras lo hacía iba creciendo y creciendo hasta que le dije a mi tío:

-Tito, ¿no va a explotar, verdad?

-No, mi pequeña; pero si sigues así de bien, al final saldrá una leche tan dulce y sabrosa como nunca jamás hayas probado.

Ansiosa por aquel manjar, me afané todavía más en chupar aquel tesoro. Mi cuerpo estaba a mil... no sabía lo que me ocurría... de mi vagina seguían brotando jugos y mi tito, en plan paternal, me comentó:

-¿Dejas que te enjuague tu conchita mientras me acaricias el pene?

-Claro tito, claro... lo que tu quieras!!!

Mi tío acarició suavemente mis muslos y con sus dedos fue separando mis labios vaginales, para ir recogiendo y secando mis jugos. Yo no sabía lo que me pasaba... estaba flotando en una nube... instintivamente iba buscando el fuerte contacto de los dedos de mi tío y me contorneé hasta conseguir que uno de ellos se introdujera en mi vagina. Yo seguía a mil y mi boca no paraba de chupar y chupar hasta que, de repente, me sentí inundada por lo que supuse sería la leche que me había comentado mi tío. La tragué toda con ansiedad y relamí afanosamente el extremo del pene de mi tío para no desperdiciar una sola gota de aquel exquisito néctar, que todavía seguía manando levemente de su pene, mientras, curiosamente, iba reduciendo su tamaño. Aquello fue algo maravilloso para mí: el mejor juguete que se haya podido inventar y, además, me producía una increíble sensación de placer.

Mi tío me dijo que lo había hecho muy bien y que si no se lo contaba a mis padres me volvería a dejar "jugar" con su pene. Mi tío se quedó dormido en la cama y yo fui al baño a ducharme. Entonces observé que de entre mis labios vaginales salía una especie de tubérculo, muy rosado he hinchado, que no conseguía reducir. Tras lo hecho con mi tío pensé que tal vez algo malo estaba sucediendo y, sin pensarlo, corrí a su lado para mostrárselo, sin fijarme en que no llevaba puesto mi vestido, pues iba a meterme en la ducha. Desperté a mi tío, quien al verme tan acalorada se sobresaltó y me preguntó que me ocurría. Yo me tendí a su lado, sobre la cama, y abriendo las piernas tanto como me fue posible, abrí mi conchita con los dedos y le dije:

-Mira tito que ocurre en mi vagina!!! Me ha salido un bultito que no se puede esconder y que parece que vaya a estallar como un grano!!!

-Tranquilízate pequeña: esto es tu clítoris, que se ha hinchado espontáneamente, fruto de la excitación al ver mi pene tan grande.

-¿Entonces, a las niñas también nos crece nuestro pene?

-Bien, a las niñas no: a las mocitas como tú, que ya estás hecha toda una mujercita, a juzgar por lo que puedo observar.

Se refería a mis pechos, que sin haber caído en ello, los llevaba descubiertos y mi tío los empezó a acariciar, al comentarme que estaba hecha una mujercita. Aún no los tenía bien desarrollados; pero sobresalían unos pezones pequeñitos de entre unos mas grandes, como si fuesen dos garbancitos sobre dos rosadas ciruelas, que emergían de mi blanco pecho. Ruborizada le pedí perdón a mi tío: "Estaba en la ducha, me asusté y corrí a verte sin percatarme de mi desnudez". El me tranquilizó con sus palabras y me cubrió levemente con la sábana, dejando sólo al descubierto mi cintura y mis piernas. Tranquilizada por sus palabras, le pregunté:

-¿Así que nuestro clítoris también crece?

-Si niña mía, también... pero no tanto como el pene de los hombres.

-¿Y hasta cuánto crece nuestro clítoris?

-Pues depende de cada caso... habría que probar con el tuyo...

-¿Ah sí, tito... y como se prueba?

-Pues igual que has hecho tú con mi pene: chupándolo!!!

Aquellas palabras me turbaron, pues yo, aunque no estaba gordita, sabía que no podría alcanzar a lamerme mi propia vagina, por lo que le pregunté a mi tío:

-Tito: ¿A ti no te importaría chupar mi clítoris para ver cuanto crece?

-Claro que no, pequeña; pero deberás guardar esto en secreto a tus papás. No quisiera que pensaran mal de mí, pues ya ves que no estamos haciendo nada malo. Abre bien tus piernecitas, que verás como lo hacemos crecer!!!

Entonces mi tío empezó a acariciarme suavemente los muslos, llevó su cabeza a mi entrepierna y empezó a acariciar mi clítoris con su cálida lengua. Aquella sensación me estremeció y poco a poco iba aumentando mi estado de placer, tanto como imaginaba que estaba creciendo mi clítoris, a juzgar por lo que notaba que iba pudiendo chupar poco a poco mi tío, que como es lógico, seguía completamente desnudo. Seguramente por la excitación de ver aquel rosado y tierno coñito, su pene había empezado a crecer y yo, deseosa de poder beber de nuevo su dulce leche, empecé a chuparle también su pene. Estuvimos así como unos diez minutos, que recordaré siempre como los más placenteros de mi vida, hasta que por fin descargó su dulce leche, que yo tragué de nuevo ávidamente, en el mismo instante que un inmenso placer recorría todo mi cuerpo y yo descargaba un brote de jugos vaginales, que mi tío se afanó en sorber, para que no se mancharan mis muslos y nalgas.

-Corre tito, corre!!! -le dije-: Trae un espejo del baño!!!

Entonces lo acerqué a mi vagina y, como pude, observé la rosada protuberancia que emergía de entre mis labios menores, que mi tío mantenía tan separados como podía. Como me sucedió con mi tío, nunca imaginé que mi cuerpo poseyera un apéndice capaz de alcanzar semejante tamaño y, a su vez, proporcionarme tal placer. Acalorados los dos por la excitación, fuimos a ducharnos; pero mi tío me dijo que si no me importaba me fuese a duchar con él en su baño, ya que su bañera era más grande y así estaríamos más cómodos.

Nos duchamos y enjabonamos cada uno por su cuenta; pero yo no dejaba de observar el goloso miembro de mi tío, que ahora volvía a tener el tamaño que yo conocí aquella misma mañana, sin dejar de pensar en lo enorme que se había puesto apenas hacía un rato. Con mi curiosidad de adolescente le pregunté a mi tío:

-Tito, ¿porqué se les pone el pene tan tieso a los hombres?

-Verás pequeña: esto es un fenómeno natural con el fin de que sea posible introducirlo más fácilmente en la vagina de las chicas, cuando las parejas desean tener relaciones.

-Venga tito, me estarás tomando el pelo, ¿verdad? ¿Cómo es posible que "eso" entre en una vagina, cuando hace un rato a duras penas entraba tu dedo?

-Verás, pequeña mía: la naturaleza es muy sabia y tiene soluciones para todo. ¿Verdad que sabes como nacemos? ¿Te parece pequeña tu vagina para que por ahí pueda salir un bebé? Pues lo mismo ocurre con las relaciones entre un chico y una chica. ¿Recuerdas lo mojada que te pusiste antes en la cama? Pues estos fluidos ayudan a que el pene erecto se deslice suavemente hacia el interior de la vagina.

-Sigue tito, sigue: mis padres nunca me han explicado nada acerca de todo esto... y que más, ¿luego que ocurre?...

Yo estaba embobalicada con las explicaciones de mi tío y a él, contándome estas cosas con tanto detalle, se le había empezado a poner tieso de nuevo su enorme pene. Incrédula ante sus explicaciones le pregunté:

-¿Y tu crees que podrías introducirme tu pene en mi conchita?

-Claro que sí; pero la primera vez que se hace esto se le rompen unos tejidos a las chicas (el himen) y a veces duele un poco. Yo no quisiera lastimarte y que tuvieras un mal recuerdo de la experiencia.

Os bien aseguro que a mí todo aquello me sonaba a excusas para no realizar lo que a todas luces me parecía imposible: meter aquel pedazo de pirulí en el interior de mi pequeña conchita. Así que insistí:

-Tito, yo soy muy valiente y seguro que a mí no me dolerá. ­Anda, enséñame!

-Bien; pero recuerda que esto ha de ser un secreto entre tu y yo, para que no se enfaden tus padres, ¿de acuerdo?

-Si tito, sí... dime como debo ponerme!!!

Yo esperaba que mi tío se disculpara y reconociera su embuste; pero muy al contrario, él me aconsejó:

-Mira: será mejor que nos vayamos a la cama y tú misma decidas cómo te irá mejor hacerlo para no lastimarte.

Así que nos secamos apresuradamente y regresamos a su alcoba. Pese a que acababa de secarme, no dejaba de notar mojada mi conchita y a mi tío se le había puesto el pene como nunca antes se lo había visto. Era a todas luces evidente que "aquello" no iba a pasar por mi rajita. Mi tío se tumbó en la cama y me aconsejó que antes de intentarlo le chupara bien su pene para que con mi saliva opusiera menos resistencia al paso. Así lo hice: mis pechos se pusieron puntiagudos y mis pezones tan duros como nunca antes los había notado. Mi tío los acariciaba y pellizcaba suavemente, mientras yo seguía chupando su pene, del que brotaba abundantemente un líquido transparente y resbaladizo, y de mi vagina no paraban de gotear otros jugos similares. Entonces mi tío me dijo:

-Creo que ya estás preparada: intenta introducir mi pene en tu conchita.

Yo me puse de espaldas a él, en cuquillas, y apunté su enorme pene con mi mano hacia el centro de mi rajita. Mi tío con sus manos me separó bien los labios vaginales y poco a poco me fu sentando encima su vientre. Increíblemente su pene se iba abriendo paso entre las prietas carnes de mi vagina y conforme avanzaba yo sentía una extraña sensación de un "doloroso-placer", que no sabría como describir. El caso es que aquel juego me estaba encantando y finalmente llegué a quedar sentada completamente sobre sus testículos, gozando como no os podéis imaginar de aquella cálida polla en mi interior. Es algo que habría deseado no tuviera fin!!! Qué a gusto me sentía!!! Qué sensación tan indescriptible!!!

-Ves como si entra -dijo mi tío- ¿Te lo crees ahora?

-Sí, tito, siiiiiiiiiii... ¿y ahora qué más?

-¿Recuerdas cuando me chupaste el pene para hacerle salir la leche?

-Si, tito, siiii!!!

-Pues ahora imagina que me estás chupando el pene, pero con tu conchita. Esto es, cabalga despacito con mi pene dentro de tu rajita, sin que se salga, y apretando cuanto puedas con tus músculos vaginales, para que notes bien como lo masajeas en tu interior.

Yo empecé a subir y bajar, poco a poco, notando cada vez una mejor e indescriptible sensación de placer. Mis pezones estaban a reventar y entre mis labios vaginales y su pene no paraba de fluir un líquido claro y resbaladizo que iba haciendo cada vez mas agradables aquellos "chupetones" que le estaba dando con mi coñito al pene de mi tío. A cada descenso notaba como su glande se incrustaba en lo más profundo de mi ser y a cada subida como mi clítoris gozaba con el restregar de su pene. Estuvimos así como unos diez minutos hasta que mi tío me dijo que ya no podía aguantar más y que iba a tener que soltar su dulce lechecita. Yo le dije que estaba muy a gusto y que quería seguir disfrutando de aquel juego, por lo que continué "cabalgando" más enérgicamente aún, al ver el apreciable placer que le causaba también a mi tío. De repente una cálida sensación me inundó: sentí como su leche inundaba mis extrañas y al instante experimenté tal sensación de gozo que no pude evitar lanzar un alarido de placer.

Exhausta por el ejercicio me dejé caer sobre mi tío y nos quedamos tumbados en la cama. Al cabo de un rato mi tío fue al baño y regresó para limpiarme cariñosamente con una toallita, mientras me explicaba que lo que había experimentado era mi primer orgasmo. Nos vestimos y fuimos juntos a preparar la cena, pues ya había oscurecido. Durante la cena le comenté a mi tío lo bien que me lo estaba pasando con sus enseñanzas y que, dado que mis padres no iban a regresar hasta el domingo, me gustaría poder quedarme a dormir de nuevo en su cama aquella noche. Mi tío dijo que por su parte no había problema, pero que me acordase de que él duerme desnudo. Yo le dije:

-Sabes qué tito, que yo voy a hacer lo mismo!!!

Tras recoger la mesa y fregar los platos, nos desnudamos de nuevo y nos acostamos los dos en su cama. Instintivamente me abracé a mi tío y empecé a jugar con su pene para hacerlo crecer: aquel día había descubierto un juego fascinante!!! Conforme iba creciendo, mi conchita empezó a mojarse y mi tío acarició suavemente mi clítoris con sus dedos para ir recogiendo los jugos que manaban de mi vagina. Poco a poco su pene se puso tan grande que su punta ya tocaba mi barriguita y, para poder seguir acariciándolo mejor, lo bajé hasta mi entrepierna. En aquel momento, como por arte de magia, su pene se incrustó en mi vagina y mi tío, presa de un incontenible deseo, me agarró por las nalgas y ayudó a que mi conchita se incrustara de nuevo en su pene. Tras lo experimentado aquella misma tarde no imaginaba poder sentir mayor placer; pero aquel pene incrustado en mi vagina y mis pezones contra el velludo pecho de mi tío me hicieron volver a tocar las nubes!!! Mi tío se movía frenéticamente, deseándome hacer gozar al máximo. Tras varios minutos de vaivén, mi tío descargó de nuevo su leche en mi interior y yo solté otro grito de placer al alcanzar el segundo orgasmo de mi vida.

Nos quedamos dormidos profundamente y al despertar observé que mi tío no estaba a mi lado. Había bajado a preparar el desayuno y tras ducharme y asearme, bajé a su lado para tomarlo juntos. Aquella mañana regresaron mis padres y a los pocos días volvimos a nuestra casa, en la ciudad. Nunca mas volví a estar a solas con mi tío; pero las enseñanzas que de él recibí me fueron de gran utilidad en mis posteriores relaciones con mis amigos íntimos, a quienes hice gozar de veras en cada uno de los encuentros que tuvimos, disfrutando yo a su vez del que desde entonces considero el mejor de los juegos: practicar el sexo!!!



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