Tengo 24 años pero lo que voy a contar sucedió hace
tiempo. Leyendo relatos con mi novio para "calentarnos",
se me ocurrió contaros como fue mi primera experiencia
sexual. Ya sé que no tiene nada de extraordinario, pero
siempre me ha gustado recordarlo, pues supuso una
experiencia inolvidable para mí.
Tengo un tío, separado desde hace años, que vive en el
campo, lejos del ajetreado bullicio de la ciudad. Al
estar sólo, dispone de espacio de sobras en su casa y con
mis padres solíamos pasar cortas temporadas de vacaciones
con él. De esta forma le hacíamos compañía y a su vez
disfrutábamos de la tranquilidad de su casa de campo.
Un verano, cuando yo tenía catorce años recién cumplidos,
mi abuela se puso enferma mientras estábamos de
vacaciones en casa de mi tío y mis padres tuvieron que ir
a la ciudad para llevarla al médico. Para no importunarme
en mis vacaciones, decidieron que yo me quedase con mi
tío, pues no sabían lo que iban a tardar con mi abuela en
el médico.
Transcurrió el día normalmente y después de cenar nos
acostamos como de costumbre. Pero aquella noche se desató
una gran tormenta y los rayos me asustaban mucho. No es
que tema a las tempestades; pero aquellos truenos tan
fuertes en aquella casa de campo y sin mis padres a mi
lado, me daban cierto temor, por lo que decidí acudir a
la habitación de mi tío. El estaba acostado, pero los
truenos lo habían despertado y al oír abrirse la puerta
de su habitación se sobresaltó y encendió la luz. Al
verme tan atemorizada me preguntó qué me pasaba, a lo que
yo le contesté que me daban miedo aquellos truenos tan
fuertes y que si no le importaba que me quedase a dormir
con él en su cama. Era una ancha cama de matrimonio, por
lo que no tuvimos problema en acomodarnos ampliamente sin
molestarnos. Mi tío me acarició la espalda y me calmó y
enseguida me quedé dormida, pues ya no recuerdo nada más
hasta que me desperté.
Como era sábado, mi tío no tenía nada que hacer aquella
mañana y se quedó dormido en la cama. Tenía la costumbre
de dormir completamente desnudo, de lo que no me apercibí
al acostarme con él por la noche. Había sido una noche
muy calurosa y mi tío, ajeno al hecho de que yo estaba a
su lado, se había destapado parcialmente el cuerpo, de
forma que cuando me levanté para ir al baño no pude dejar
de ver sus genitales, gracias a la luz que iluminaba la
estancia. Nunca antes había visto un pene adulto y me
sorprendió ver aquel "instrumento" y aquellas "bolas" tan
enormes. Tengo un primo, que por entonces tenía ocho años,
y nos habíamos duchado alguna vez juntos en casa de mis
padres. No acertaba a imaginar que el "pirulí" de mi primo
pudiera llegar a convertirse en aquel gigantesco "helado de
dos bolas".
Tras ir al baño, regresé a mi dormitorio y me vestí para
preparar el desayuno. Al rato bajó mi tío, que me preguntó
cómo había pasado la noche. Luego llamamos a mis padres
para interesarnos por mi abuela. Afortunadamente tan sólo
se trataba de una leve indisposición digestiva; pero mis
padres le preguntaron a mi tío si no le importaría
quedarse un día mas con su sobrina, pues preferirían estar
con mi abuela un día más en la ciudad, mientras se
restablecía completamente. Mi tío dijo que no había ningún
problema y luego yo les dije a mis padres que había
dormido muy a gusto, sin mencionar para nada lo de la
tormenta, para no preocuparles.
El día había amanecido radiante y muy caluroso, como ya
os conté, y mi tío se dedicó a ordenar algunas cosas del
jardín. Yo le ayudaba en lo que él me pedía hasta que llegó
la hora de almorzar. Mi tío me encargó que fuese
calentando la comida que estaba ya cocinada, mientras él
se iba a duchar. Yo no podía apartar de mi mente la
visión de sus enormes pelotas y, sobretodo, de aquel pene,
que parecía tan apetitoso. Así que, mientras se calentaba la
comida, subí al baño y le espié mientras se duchaba. Mi
visión confirmó lo que había visto por la mañana: de su
entrepierna colgaban dos fantásticas bolas y un pene que
no acertaba a comprender como les cabía a los hombres
dentro de sus calzoncillos sin que se notara.
En este momento noté que mis braguitas estaban algo
mojadas, pese a no haber tenido que orinar, cosa que me
preocupó un poco, pues no entendía a qué podía ser
debido. Yo siempre fui una niña muy limpia y aseada y me
incomodaba sentirme mojada, por lo que fui a asearme y
regresé a la cocina para vigilar el fuego.
Tras la comida mi tío dijo que se iba a acostar un rato,
pues hacía un calor insoportable, y yo me quedé hojeando
unas revistas que había en la casa; pero mi mente no
dejaba de pensar en cómo poder ver mejor aquel jugoso
pene. Así que subí decidida al dormitorio de mi tío para
ver si podía hacer algo al respecto. Entré con cuidado en
su alcoba y mi visión, a plena luz de la tarde, no pudo
ser más espectacular: mi tío, siguiendo su habitual
costumbre, descansaba a pierna suelta sobre la cama, sin
nada que le cubriese, dejando al descubierto su generosa
entrepierna. Yo me acerqué sin hacer ruido, para poder
contemplar mas de cerca aquella increíble visión. Su
enorme pene colgaba entre sus dos testículos y mi tío
roncaba plácidamente. Me dije: "¿Y si lo tocara un poco,
a ver como es?". Con sumo cuidado me acerqué a la cama y
con mi mano temblorosa levanté aquella jugosa golosina,
intentando no despertar a mi tío. Entonces sucedió algo
que me maravilló: mientras iba acariciando su pene, éste
se fue engordando y alargando paulatinamente hasta llegar
a inquietarme. Iba creciendo, creciendo y creciendo y yo
me asusté, pensando en que pudiese llegar a estallar como
un globo; pero era más mi curiosidad que mi temor y seguí
acariciando aquel enorme pene, que para entonces había
alcanzado un tamaño y dureza increíbles. Volví a notar
mis braguitas mojadas y a sentir un irresistible deseo de
acariciar mi entrepierna... en este momento mi tío se
despertó y, sin asustarse, me preguntó qué estaba haciendo
allí. Yo le expliqué mi visión de la mañana y cómo no pude
resistir la tentación de observar mejor aquel inmenso pene,
por lo que aproveché la oportunidad de su descanso para
observarlo mejor y no pude resistir la tentación de tocarlo.
Mi tío me dijo que era muy joven para aquellas cosas; pero
yo le comenté que se trataba tan sólo de simple curiosidad
anatómica, pues no me imaginé nunca que un pene pudiese
ser tan grande. Entonces mi tío me comentó:
-"Y si lo acaricias con tu boquita, aún se hará mayor!!!"
-"Ohhhh tito, ¿de verdad?... ¿me dejas?"
-Claro que si, pequeña; pero ten cuidado en no lastimarme.
Yo empecé a succionar glotonamente aquella enorme
golosina. Para entonces mi entrepierna estaba ya tan húmeda
que mis braguitas no podían empapar más mis jugos, por lo
que le pregunté a mi tío si no le importaba que me las
quitase, a lo que me respondió que naturalmente, que no me
avergonzara de ello, pues él era una persona mayor y yo
tan sólo una niña. Yo me quité apresuradamente mis
braguitas y seguí apasionada chupando mi helado, que ya
había cambiado de apariencia: una enorme cabeza rosada
había emergido del interior del prepucio y hacía aún más
apetitoso si cabe el placer de chuparlo. Mientras lo hacía
iba creciendo y creciendo hasta que le dije a mi tío:
-Tito, ¿no va a explotar, verdad?
-No, mi pequeña; pero si sigues así de bien, al final
saldrá una leche tan dulce y sabrosa como nunca jamás
hayas probado.
Ansiosa por aquel manjar, me afané todavía más en chupar
aquel tesoro. Mi cuerpo estaba a mil... no sabía lo que
me ocurría... de mi vagina seguían brotando jugos y mi
tito, en plan paternal, me comentó:
-¿Dejas que te enjuague tu conchita mientras me acaricias
el pene?
-Claro tito, claro... lo que tu quieras!!!
Mi tío acarició suavemente mis muslos y con sus dedos fue
separando mis labios vaginales, para ir recogiendo y
secando mis jugos. Yo no sabía lo que me pasaba... estaba
flotando en una nube... instintivamente iba buscando el
fuerte contacto de los dedos de mi tío y me contorneé hasta
conseguir que uno de ellos se introdujera en mi vagina. Yo
seguía a mil y mi boca no paraba de chupar y chupar hasta
que, de repente, me sentí inundada por lo que supuse sería
la leche que me había comentado mi tío. La tragué toda
con ansiedad y relamí afanosamente el extremo del pene de
mi tío para no desperdiciar una sola gota de aquel
exquisito néctar, que todavía seguía manando levemente de
su pene, mientras, curiosamente, iba reduciendo su tamaño.
Aquello fue algo maravilloso para mí: el mejor juguete que
se haya podido inventar y, además, me producía una
increíble sensación de placer.
Mi tío me dijo que lo había hecho muy bien y que si no se
lo contaba a mis padres me volvería a dejar "jugar" con su
pene. Mi tío se quedó dormido en la cama y yo fui al baño
a ducharme. Entonces observé que de entre mis labios
vaginales salía una especie de tubérculo, muy rosado he
hinchado, que no conseguía reducir. Tras lo hecho con mi
tío pensé que tal vez algo malo estaba sucediendo y, sin
pensarlo, corrí a su lado para mostrárselo, sin fijarme en
que no llevaba puesto mi vestido, pues iba a meterme en
la ducha. Desperté a mi tío, quien al verme tan acalorada
se sobresaltó y me preguntó que me ocurría. Yo me tendí
a su lado, sobre la cama, y abriendo las piernas tanto
como me fue posible, abrí mi conchita con los dedos y le
dije:
-Mira tito que ocurre en mi vagina!!! Me ha salido un
bultito que no se puede esconder y que parece que vaya a
estallar como un grano!!!
-Tranquilízate pequeña: esto es tu clítoris, que se ha
hinchado espontáneamente, fruto de la excitación al ver
mi pene tan grande.
-¿Entonces, a las niñas también nos crece nuestro pene?
-Bien, a las niñas no: a las mocitas como tú, que ya estás
hecha toda una mujercita, a juzgar por lo que puedo
observar.
Se refería a mis pechos, que sin haber caído en ello, los
llevaba descubiertos y mi tío los empezó a acariciar, al
comentarme que estaba hecha una mujercita. Aún no los
tenía bien desarrollados; pero sobresalían unos pezones
pequeñitos de entre unos mas grandes, como si fuesen dos
garbancitos sobre dos rosadas ciruelas, que emergían de
mi blanco pecho. Ruborizada le pedí perdón a mi tío:
"Estaba en la ducha, me asusté y corrí a verte sin
percatarme de mi desnudez". El me tranquilizó con sus
palabras y me cubrió levemente con la sábana, dejando
sólo al descubierto mi cintura y mis piernas.
Tranquilizada por sus palabras, le pregunté:
-¿Así que nuestro clítoris también crece?
-Si niña mía, también... pero no tanto como el pene de
los hombres.
-¿Y hasta cuánto crece nuestro clítoris?
-Pues depende de cada caso... habría que probar con el
tuyo...
-¿Ah sí, tito... y como se prueba?
-Pues igual que has hecho tú con mi pene: chupándolo!!!
Aquellas palabras me turbaron, pues yo, aunque no estaba
gordita, sabía que no podría alcanzar a lamerme mi propia
vagina, por lo que le pregunté a mi tío:
-Tito: ¿A ti no te importaría chupar mi clítoris para ver
cuanto crece?
-Claro que no, pequeña; pero deberás guardar esto en
secreto a tus papás. No quisiera que pensaran mal de mí,
pues ya ves que no estamos haciendo nada malo. Abre bien
tus piernecitas, que verás como lo hacemos crecer!!!
Entonces mi tío empezó a acariciarme suavemente los
muslos, llevó su cabeza a mi entrepierna y empezó a
acariciar mi clítoris con su cálida lengua. Aquella
sensación me estremeció y poco a poco iba aumentando mi
estado de placer, tanto como imaginaba que estaba
creciendo mi clítoris, a juzgar por lo que notaba que iba
pudiendo chupar poco a poco mi tío, que como es lógico,
seguía completamente desnudo. Seguramente por la
excitación de ver aquel rosado y tierno coñito, su pene
había empezado a crecer y yo, deseosa de poder beber de
nuevo su dulce leche, empecé a chuparle también su pene.
Estuvimos así como unos diez minutos, que recordaré
siempre como los más placenteros de mi vida, hasta que
por fin descargó su dulce leche, que yo tragué de nuevo
ávidamente, en el mismo instante que un inmenso placer
recorría todo mi cuerpo y yo descargaba un brote de jugos
vaginales, que mi tío se afanó en sorber, para que no se
mancharan mis muslos y nalgas.
-Corre tito, corre!!! -le dije-: Trae un espejo del baño!!!
Entonces lo acerqué a mi vagina y, como pude, observé la
rosada protuberancia que emergía de entre mis labios
menores, que mi tío mantenía tan separados como podía.
Como me sucedió con mi tío, nunca imaginé que mi
cuerpo poseyera un apéndice capaz de alcanzar semejante
tamaño y, a su vez, proporcionarme tal placer. Acalorados
los dos por la excitación, fuimos a ducharnos; pero mi tío
me dijo que si no me importaba me fuese a duchar con él
en su baño, ya que su bañera era más grande y así
estaríamos más cómodos.
Nos duchamos y enjabonamos cada uno por su cuenta; pero
yo no dejaba de observar el goloso miembro de mi tío, que
ahora volvía a tener el tamaño que yo conocí aquella misma
mañana, sin dejar de pensar en lo enorme que se había
puesto apenas hacía un rato. Con mi curiosidad de
adolescente le pregunté a mi tío:
-Tito, ¿porqué se les pone el pene tan tieso a los hombres?
-Verás pequeña: esto es un fenómeno natural con el fin de
que sea posible introducirlo más fácilmente en la vagina de
las chicas, cuando las parejas desean tener relaciones.
-Venga tito, me estarás tomando el pelo, ¿verdad? ¿Cómo
es posible que "eso" entre en una vagina, cuando hace un
rato a duras penas entraba tu dedo?
-Verás, pequeña mía: la naturaleza es muy sabia y tiene
soluciones para todo. ¿Verdad que sabes como nacemos?
¿Te parece pequeña tu vagina para que por ahí pueda salir
un bebé? Pues lo mismo ocurre con las relaciones entre un
chico y una chica. ¿Recuerdas lo mojada que te pusiste
antes en la cama? Pues estos fluidos ayudan a que el pene
erecto se deslice suavemente hacia el interior de la vagina.
-Sigue tito, sigue: mis padres nunca me han explicado
nada acerca de todo esto... y que más, ¿luego que ocurre?...
Yo estaba embobalicada con las explicaciones de mi tío y
a él, contándome estas cosas con tanto detalle, se le había
empezado a poner tieso de nuevo su enorme pene.
Incrédula ante sus explicaciones le pregunté:
-¿Y tu crees que podrías introducirme tu pene en mi
conchita?
-Claro que sí; pero la primera vez que se hace esto se le
rompen unos tejidos a las chicas (el himen) y a veces duele
un poco. Yo no quisiera lastimarte y que tuvieras un mal
recuerdo de la experiencia.
Os bien aseguro que a mí todo aquello me sonaba a excusas
para no realizar lo que a todas luces me parecía imposible:
meter aquel pedazo de pirulí en el interior de mi pequeña
conchita. Así que insistí:
-Tito, yo soy muy valiente y seguro que a mí no me dolerá.
Anda, enséñame!
-Bien; pero recuerda que esto ha de ser un secreto entre
tu y yo, para que no se enfaden tus padres, ¿de acuerdo?
-Si tito, sí... dime como debo ponerme!!!
Yo esperaba que mi tío se disculpara y reconociera su
embuste; pero muy al contrario, él me aconsejó:
-Mira: será mejor que nos vayamos a la cama y tú misma
decidas cómo te irá mejor hacerlo para no lastimarte.
Así que nos secamos apresuradamente y regresamos a su
alcoba. Pese a que acababa de secarme, no dejaba de notar
mojada mi conchita y a mi tío se le había puesto el pene
como nunca antes se lo había visto. Era a todas luces
evidente que "aquello" no iba a pasar por mi rajita. Mi
tío se tumbó en la cama y me aconsejó que antes de
intentarlo le chupara bien su pene para que con mi saliva
opusiera menos resistencia al paso. Así lo hice: mis pechos
se pusieron puntiagudos y mis pezones tan duros como
nunca antes los había notado. Mi tío los acariciaba y
pellizcaba suavemente, mientras yo seguía chupando su pene,
del que brotaba abundantemente un líquido transparente y
resbaladizo, y de mi vagina no paraban de gotear otros
jugos similares. Entonces mi tío me dijo:
-Creo que ya estás preparada: intenta introducir mi pene
en tu conchita.
Yo me puse de espaldas a él, en cuquillas, y apunté su
enorme pene con mi mano hacia el centro de mi rajita. Mi
tío con sus manos me separó bien los labios vaginales y
poco a poco me fu sentando encima su vientre.
Increíblemente su pene se iba abriendo paso entre las
prietas carnes de mi vagina y conforme avanzaba yo
sentía una extraña sensación de un "doloroso-placer",
que no sabría como describir. El caso es que aquel juego
me estaba encantando y finalmente llegué a quedar sentada
completamente sobre sus testículos, gozando como no os
podéis imaginar de aquella cálida polla en mi interior. Es
algo que habría deseado no tuviera fin!!! Qué a gusto me
sentía!!! Qué sensación tan indescriptible!!!
-Ves como si entra -dijo mi tío- ¿Te lo crees ahora?
-Sí, tito, siiiiiiiiiii... ¿y ahora qué más?
-¿Recuerdas cuando me chupaste el pene para hacerle salir
la leche?
-Si, tito, siiii!!!
-Pues ahora imagina que me estás chupando el pene, pero
con tu conchita. Esto es, cabalga despacito con mi pene
dentro de tu rajita, sin que se salga, y apretando cuanto
puedas con tus músculos vaginales, para que notes bien
como lo masajeas en tu interior.
Yo empecé a subir y bajar, poco a poco, notando cada vez
una mejor e indescriptible sensación de placer. Mis
pezones estaban a reventar y entre mis labios vaginales y
su pene no paraba de fluir un líquido claro y resbaladizo
que iba haciendo cada vez mas agradables aquellos
"chupetones" que le estaba dando con mi coñito al pene de
mi tío. A cada descenso notaba como su glande se
incrustaba en lo más profundo de mi ser y a cada subida
como mi clítoris gozaba con el restregar de su pene.
Estuvimos así como unos diez minutos hasta que mi tío me
dijo que ya no podía aguantar más y que iba a tener que
soltar su dulce lechecita. Yo le dije que estaba muy a
gusto y que quería seguir disfrutando de aquel juego, por
lo que continué "cabalgando" más enérgicamente aún, al
ver el apreciable placer que le causaba también a mi tío.
De repente una cálida sensación me inundó: sentí como su
leche inundaba mis extrañas y al instante experimenté tal
sensación de gozo que no pude evitar lanzar un alarido de
placer.
Exhausta por el ejercicio me dejé caer sobre mi tío y nos
quedamos tumbados en la cama. Al cabo de un rato mi tío
fue al baño y regresó para limpiarme cariñosamente con
una toallita, mientras me explicaba que lo que había
experimentado era mi primer orgasmo. Nos vestimos y
fuimos juntos a preparar la cena, pues ya había oscurecido.
Durante la cena le comenté a mi tío lo bien que me lo
estaba pasando con sus enseñanzas y que, dado que mis
padres no iban a regresar hasta el domingo, me gustaría
poder quedarme a dormir de nuevo en su cama aquella
noche. Mi tío dijo que por su parte no había problema,
pero que me acordase de que él duerme desnudo. Yo le dije:
-Sabes qué tito, que yo voy a hacer lo mismo!!!
Tras recoger la mesa y fregar los platos, nos desnudamos
de nuevo y nos acostamos los dos en su cama.
Instintivamente me abracé a mi tío y empecé a jugar con
su pene para hacerlo crecer: aquel día había descubierto
un juego fascinante!!! Conforme iba creciendo, mi
conchita empezó a mojarse y mi tío acarició suavemente
mi clítoris con sus dedos para ir recogiendo los jugos
que manaban de mi vagina. Poco a poco su pene se puso
tan grande que su punta ya tocaba mi barriguita y, para
poder seguir acariciándolo mejor, lo bajé hasta mi
entrepierna. En aquel momento, como por arte de magia,
su pene se incrustó en mi vagina y mi tío, presa de un
incontenible deseo, me agarró por las nalgas y ayudó a
que mi conchita se incrustara de nuevo en su pene. Tras
lo experimentado aquella misma tarde no imaginaba poder
sentir mayor placer; pero aquel pene incrustado en mi
vagina y mis pezones contra el velludo pecho de mi tío
me hicieron volver a tocar las nubes!!! Mi tío se movía
frenéticamente, deseándome hacer gozar al máximo. Tras
varios minutos de vaivén, mi tío descargó de nuevo su
leche en mi interior y yo solté otro grito de placer al
alcanzar el segundo orgasmo de mi vida.
Nos quedamos dormidos profundamente y al despertar
observé que mi tío no estaba a mi lado. Había bajado a
preparar el desayuno y tras ducharme y asearme, bajé a
su lado para tomarlo juntos. Aquella mañana regresaron
mis padres y a los pocos días volvimos a nuestra casa,
en la ciudad. Nunca mas volví a estar a solas con mi
tío; pero las enseñanzas que de él recibí me fueron de
gran utilidad en mis posteriores relaciones con mis
amigos íntimos, a quienes hice gozar de veras en cada
uno de los encuentros que tuvimos, disfrutando yo a su
vez del que desde entonces considero el mejor de los
juegos: practicar el sexo!!!