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TODORELATOS » RELATOS » RECUERDOS NOSTALGICOS (4)
[ Carne que se lleva el gato, no vuelve al plato. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 16 de Mayo, 2008.
Fecha: 22-Ene-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (5000 de 6922)

Recuerdos nostalgicos (4)

anchot
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Es la continuación de mis 3 anterios relatos, en los que cuento los avances que ibamos haciendo en el terreno sexual mi amigo Juan y yo con nuestras respectivas madres. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

RECUERDOS NOSTALGICOS (4)

Continuo donde me quedé en el anterior relato RECUERDOS NOSTALGICOS (3)

………… Empezamos a pajearnos el uno delante del otro, yo estaba excitadísimo, porque, aunque el ver desnuda a mi madre empezaba a no ser ninguna novedad, no por ello dejaba de gustarme y excitarme muchísimo, además, aunque el verla desnuda, sentada delante de mi, entraba ya dentro de lo normal, era una novedad súper excitante el verla en aquella posición, tan a propósito obscenamente descarada, que permitía que se vieran a la perfección los involuntarios espasmos de placer que se producían en su sexo, mientras se acariciaba para darse placer en mi presencia.

Pasaron unos días y empezamos a convivir los cuatro juntos otra vez, era prácticamente igual que antes solo había dos diferencias, una, que ahora se había instaurado la política de puertas abiertas y podíamos vernos desnudos o casi, con naturalidad y la otra diferencia era que ahora nuestras madres buscaban con frecuencia momentos de intimidad, unas veces con el hijo respectivo y otras con la otra madre, para poder hablar abiertamente de las nuevas sensaciones que vivíamos y querían controlar.

Al principio los cuatro estábamos un poco cortados, pero a los dos o tres días ya lo considerábamos normal, aunque normal y todo había que ver la cara que ponía Juan viendo a mi madre desayunando que supongo que era parecida a la que ponía yo viendo a la suya.

Establecida la nueva normalidad, volvieron nuestras conversaciones nocturnas y con ellas nuestras pajas, al principio nos daba un poco de apuro el que ellas nos pudieran ver, pero no tardamos en considerar "morboso" el que ellas nos vieran haciéndonos la paja.

A ellas les debió pasar lo mismo, pues al poco tiempo empezamos a oírlas en la cama, suponíamos por los gemidos que escuchábamos que se estaban dando placer la una a la otra, pero no nos animábamos a levantarnos para verlas en acción.

Juan se lamentaba de que su madre no continuara dándole placer, pero le consolaba el hecho de que yo no lo hubiera probado. Cuando en una de las conversaciones me estaba explicando, una vez más, con todo lujo de detalles, como habían sido la paja y la mamada que su madre le había hecho, de repente se quedó callado por un momento y luego me preguntó si quería que me hiciera él a mi, lo que su madre le había hecho a él.

Yo, no dude ni un instante y acepté el ofrecimiento, el empezó a acariciarme los testículos y a pajearme con suavidad, era una sensación distinta a cuando me lo hacia yo, pero no sabia porque no me terminaba de gustar, a pesar de que la sensación se veía incrementada por el morbo que nos producía la posibilidad de que nos vieran nuestras madres.

A pesar de todo, pensando en esa posibilidad y haciéndome la ilusión de que al vernos, nuestras madres se decidieran de una vez a "enseñarnos" y fueran ellas quienes nos hicieran la paja, no tardé nada en correrme, cuando lo hice Juan se quedó mirándome preguntándome con la mirada si me había gustado.

Le dije que no me había parecido nada del otro mundo, era la verdad pues realmente prefería hacerme la paja yo, se quedó muy extrañado y tras dudarlo unos instantes me dijo "veras como esto si que te gusta" y empezó a darme una mamada, el por lo visto estaba recordando la mamada que le había dado su madre pues mientras me la daba empezó a masturbarse.

Al rato nos corrimos los dos y luego empezamos a comentarlo, a Juan le extrañaba que yo no hubiera disfrutado como lo había hecho él, tanto cuando su madre lo había pajeado, como cuando posteriormente le había dado la mamada, pero aunque sabia que esto lo defraudaba, yo no quería engañarlo y realmente me había corrido mas por lo que imaginaba que por el placer que me había proporcionado él.

Juan por lo visto estuvo dándole vueltas al tema y a la noche siguiente me pidió que lo pajeara, no tuve ningún inconveniente en hacerlo, cuando se corrió le pregunté si le había gustado y me dijo que comparativamente con la paja que le había hecho su madre, no le había gustado nada, tanto era así que no quería que le diera la mamada que pensaba pedirme que le hiciera, insistí, pues yo quería tener esa experiencia y cuando terminé, me dijo, que lo que había sentido con lo que yo le había hecho, no tenia nada que ver con lo que había sentido con lo que le había hecho su madre.

Hablamos largamente sobre todo ello, la conclusión a la que llegamos, provisionalmente, fue que el hecho de ser hombres los dos, hacia que no nos proporcionara el mismo placer que si era una mujer la que nos hacia la paja, pero esta conclusión no coincida con lo que suponíamos hacían nuestras madres y lo que parecía que disfrutaban por sus gemidos.

Más interesados que nunca por lo que pasaba entre ellas, a la noche siguiente cuando desde nuestra habitación oímos que nuestras madres se metían en la suya, nos levantamos sin hacer ruido, pues aunque teníamos su consentimiento para verlas en cualquier situación, no queríamos que nos oyeran para que actuaran con naturalidad.

Ellas tenían la luz encendida y desde la oscuridad del pasillo, pudimos ver como se desnudaban, luego una vez metidas las dos en la cama, nos acercamos mas a la puerta y vimos como mi madre alargaba una mano y empezaba a acariciarle los pechos a mi tía y oímos como le preguntaba si le apetecía.

La madre de Juan se sonrió, alargó su mano y empezó a acariciar la entrepierna de mi madre y le contestó que ella en ausencia de su marido siempre estaba caliente y por tanto dispuesta a recibir placer y aunque al final siempre le faltara algo y deseara que su marido estuviera allí, no por eso dejaba de apetecerle, aunque en momentos como aquel le sabía mal por nosotros, que seguro que las oíamos y nos poníamos muy calientes.

Estuvieron largo rato acariciándose, lo hacían rozando cuanto apenas con las yemas de los dedos los puntos sensibles de la otra, dándose de vez en cuanto un pequeño beso, bueno mas que besarse rozaban con los labios la boca o el cuello de la otra que se estremecía al sentir la caricia..

Transcurrido un tiempo, mi madre cambió de posición y se sentó en la cama recostándose sobre las piernas de mi tía, continuaron con las caricias y los besos, pero ahora los labios de mi madre rozaban los pechos y el vientre de mi tía bajando hacia su entrepierna cada vez más.

Mi tía hizo estirar a mi madre, ahora las cabezas se apoyaban en los mulos de la otra, continuaban las dos acariciando con sus manos los pechos de la otra, pero sus labios habían pasado a rozar las piernas de la otra, muy cerca del sexo.

No estuvieron mucho tiempo en esa posición, mi tía hizo tumbar de espaldas a mi madre y poniéndose encima le metió la cabeza entre las piernas, no veíamos lo que le hacia, pero estaba claro que le estaba haciendo lo mismo que mi madre le hacia ahora a ella al tener el sexo a la altura de la boca.

Al principio vimos como le lamía con lentitud el sexo de arriba abajo y de bajo arriba, entreteniéndose en meter de vez en cuando la lengua lo mas adentro del sexo que podía, mientras con las manos le estrujaba el culo. Al poco tiempo les vimos aumentar considerablemente el ritmo de las lamidas y poco mas tarde se olvidaron de las lamidas y les vimos apretar tan frenéticamente la boca contra el sexo de la otra que parecía que se quería meter dentro de ella.

Las estábamos viendo lo suficientemente cerca para oírlas perfectamente, y lo que oíamos al principio eran los suspiros de ambas, cuando empezaron las lamidas los suspiros se convirtieron en jadeos y gemidos, al final eran grititos continuados sofocados por tener la boca ocupada y tapada por el sexo de la otra.

Se corrieron las dos, sus piernas se estremecían con pequeños espasmos incontrolados, una vez recuperadas mi tía cambió de posición y se mantuvo abrazada a mi madre durante un rato, luego encendieron un cigarrillo y se pusieron a hablar.

Escuchamos como mi tía se lamentaba porque siempre le pasaba igual, se corría, pero notaba muchísimo la falta de algo dentro de ella sobre todo cuando al final cuando se estaba corriendo. Mi madre asentía y le decía que a ella le pasaba lo mismo, ambas convinieron en que el consolador no era tampoco la solución, pues les desagradaba el sentirlo tan frió y falto de vida.

Mi tía terminó diciéndole a mi madre que no se molestara porque no le recriminaba nada, pero que en momentos como este se lamentaba de que ella, en lugar de animarla a complacer a sus maridos en su deseo de que tuvieran sexo con otros o al menos en que enseñaran a sus hijos, fuera un freno para ella.

Mi madre fue a decir algo, pero ella no le dejó y continuó diciéndole que sabía que ella tenía razón, que por muy discretas que creyeran ser, acabarían por ir en boca de todos y eso no quería que sucediera de ninguna manera.

Tras un momento de silencio, continuó diciendo como si estuviera hablando con ella misma, que cuando tras las conversaciones de los dos matrimonios, habían empezado los escarceos con nosotros, creía haber encontrado la solución, pues aunque no sabia si podría hacer algo con Juan, se había hecho la ilusión de que siempre cabía la posibilidad de hacerlo con el otro.

Miró a mi madre y se dio cuenta de que esta esperaba que continuara para saber adonde quería llegar y prosiguió diciéndole que no sabia si estaría bien o mal pero que llegado el momento tenia la seguridad de poder llegar hasta el final tanto con su hijo como conmigo.

Mi madre intentó hablar otra vez, pero ella le indicó con un gesto que esperara y continuó diciéndole que lo había pensado mucho y aunque sabia que el hacerlo estaba muy mal visto, también sabía que había mucha hipocresía en la gente. Por otra parte, inconvenientes para nuestros hijos no le veo ninguno, ventajas muchísimas, tanto para ahora como para un futuro, en eso les tengo que dar la razón a nuestros maridos totalmente.

Y para nosotras, continúo, también son ventajas todo lo que le veo y ningún inconveniente, la discreción con ellos la tenemos asegurada y estando servidas, la posibilidad de caer en la tentación de aceptar las insinuaciones de algún extraño, que ahora ambas sabemos que existe y lo raro es que no se haya producido, se vería reducida prácticamente a cero.

Mi madre contestó agradeciéndole la valentía y sinceridad que, con lo dicho y hecho hasta ahora, había demostrado y continuó diciendo que ella no quería ser menos y le iba a decir abiertamente lo que pensaba pues también le había dado muchas vueltas al asunto y sus conclusiones eran aproximadamente las mismas, con la pequeña diferencia que por carácter no se atrevía a tomar iniciativas.

Continuó diciéndole que al principio no sabía realmente por donde empezar y aunque las conversaciones mantenidas entre los cuatro la habían convencido plenamente y estaba totalmente decidida a avanzar, aunque fuera poco a poco, a pesar de ello, para pedirme que la ayudara a bañarse había tenido que hacer un gran esfuerzo de voluntad.

Después de hecho, si ella hubiera tenido alguna duda sobre su propia reacción ante lo que estaban haciendo, se le habría disipado entonces, pues el hecho de llegar a correrse con aquellos pequeños tocamientos la habrían convencido, pero luego, aunque había reaccionado bien, mi actitud posterior había hecho que interiormente fuera reacia a continuar hasta no ver que yo lo iba asimilando.

Por eso me había pedido que no tomara iniciativas, yo era obediente aunque notaba que estaba deseando avanzar, pero ella que no estaba acostumbrada a tomar iniciativas, después de pararse en seco, le costaba volver a iniciar la marcha y no veía el momento de continuar con lo que estaban haciendo.

Continuó diciéndole que eran varias las veces que había estado a punto de avanzar, pero que en el último momento no se había decidido, el hecho de saber que yo estaba esperando que avanzara, la cortaba mas, sabia que cuando empezara no pararía, pues lo estaba deseando, pero no se decidía y no esperaba un avance por mi parte.

Quería encontrar alguna solución, que no fuera traumática para ninguno de los dos, para que de una forma natural nos fuéramos calentando y casi sin darnos cuenta fuéramos avanzando. Si lo conseguía hacer así, no le importaba si en esa ocasión llegábamos o no a la penetración pues el camino estaría hecho.

Mi tía asentía comprensiva y ella terminó diciéndole que necesitaba encontrar la solución pronto, pues si le salía otra ocasión para tener sexo en alguna de las salidas a la ciudad no podría resistir la tentación, como habría pasado en el episodio del cine de no haber estado nosotros con ella, pues incluso había pensado en alguna forma lógica de deshacerse de nosotros sin encontrarla.

Cuando terminó mi tía le dijo que no se preocupara ya que después de haberse sincerado entre ellas y sabiendo cual era el problema, seguro que entre las dos encontrarían la solución, le dio un beso muy tierno y apagó la luz para dormir.

Nosotros no podíamos dormir de lo nerviosos y excitados que estábamos por lo que habíamos visto y oído y comentándolo a obscuras intentábamos dar con una solución que nos hiciera avanzar, cuando ya no lo esperábamos, no la encontramos y nos tuvimos que hacer una paja para poder dormir, pues se había hecho muy tarde.

A pesar de haberme dormido tan tarde, al día siguiente me desperté muy pronto y ya no me pude volver a dormir, pues me vino a la mente lo que habíamos oído y dándole vueltas encontré lo que me pareció la solución perfecta.

Ya que ella se manifestaba predispuesta y decía que solo le faltaba ponerse caliente y ver que yo también lo estaba para decidirse a avanzar, había que proporcionarle la ocasión y al recordar que le había oído decir en alguna ocasión que bailando música lenta siempre se ponía muy caliente, pensé que ahí estaba la solución.

Solo faltaba encontrar un motivo para ponernos a bailar y también me vino a la cabeza enseguida, ellas estaban diciéndonos siempre que saliéramos con amigos y nos relacionáramos con chicas, pues no salíamos casi nunca, pues bien la próxima vez diríamos que como no sabíamos bailar y los amigos sí, nos daba vergüenza y seguro que ellas nos proponían enseñarnos.

Después de meditarlo detenidamente para ver si le encontraba algún pero, desperté a Juan, pues estaba tan excitado que no podía esperar a que lo hiciera él por si mismo, y le conté lo que se me había ocurrido.

Después de escucharme, me dijo que la idea le parecía muy buena, pero que no hacia falta que nos esperáramos para que nos lo propusieran, él le pensaba decir a su madre que las habíamos visto darse placer para ver si rompía el hielo y conseguía alguna cosilla, así es que ahora le contaría también lo que habíamos oído y lo que habíamos pensado para que ella provocara la ocasión. Lo pensé un momento y como no le vi ningún inconveniente acepté.

Después de desayunar nos quedamos en casa esperando la ocasión de que Juan pudiera hablar a solas con su madre, la cual se produjo cuando mi madre se fue al baño. Yo los estaba viendo a poca distancia haciéndome el disimulado y vi como ella se quedaba un momento pensativa, luego oí como le decía que aunque la idea le parecía buena tenía que madurarla.

Cuando salió mi madre, mi tía dijo que quería recoger unas cosas de su casa y como aprovecharía para comprar las cosas que hacían falta si las encontraba pronto se llevaba a Juan para que le ayudara.

Como tardaron mas de lo previsto, cuando volvieron no pudimos hablar pues la comida estaba en la mesa, pero lo hicimos cuando nos acostamos para hacer la siesta, Juan me dijo que a su madre le había parecido muy bien, pero que no le iba a decir nada a la mía, simplemente luego de levantarnos de la siesta nos diría que nos marcháramos con los amigos para que todo se produjera como yo había pensado.

Lo conocía lo suficiente para darme cuenta de que se estaba reservando algo y le pedí que me lo contara, estaba reacio pero al final me dijo que cuando habían acabado de hablar, su madre mirando el reloj le había dicho que suponía que lo estaba deseando y mas después de haberlas oído hablar la noche anterior y alargando la mano la había introducido bajo el pantalón y había empezado a acariciarle el pene.

Él no estaba empalmado pues no esperaba esta reacción de su madre, pero se había empalmado al momento y le había facilitado la labor a su madre bajándose los pantalones de inmediato y ella entonces pidiéndole que por una vez no intentara retrasar la eyaculación, pues se había hecho la hora de comer, se había introducido el pene en la boca y le había dado tanto placer que en un momento se había corrido.

Teníamos sueño pero estábamos excitados por lo que supuestamente nos esperaba y no pudimos dormirnos, además yo al menos me preguntaba porque la mamada que le había dado su madre, le había sido tan gratificante si la noche anterior apenas le había gustado, cuando se la había dado yo.

La madre de Juan se levantó muy pronto de la siesta mientras la mía continuaba durmiendo, pensé que debería estar excitada por lo que íbamos a hacer y también pensé que si nuestros padres querían que ellas tuvieran sexo con otros en su presencia, se estaban equivocando al empujarlas a tenerlo con nosotros, ya que en estos momento ellas tenían unas ganas enormes de tener una "polla" entre las piernas sin importarles de quien fuera y estaban por tanto predispuestas a tenerlo y si lo tenían con nosotros se les iba a rebajar la necesidad.

En cuanto oímos que mi madre se había levantado lo hicimos también nosotros, la madre de Juan aprovecho el que era pronto para decirnos que porque no nos marchábamos con los amigos. Resumiendo fue muy fácil el ponernos a bailar para que aprendiéramos a hacerlo.

Acabábamos de levantarnos de la siesta, era verano, hacia calor, ninguno de los cuatro pensaba salir, por tanto nosotros solamente estábamos vestidos con una camiseta de algodón y un pantalón corto, mi madre llevaba una bata de andar por casa abotonada por delante, generosamente desabotonada en nuestro honor, mi tía llevaba puesto un babero que se metía por la cabeza que apenas le tapaba el culo.

La madre de Juan se preocupaba de poner la música y los ritmos cada vez eran más lentos, yo veía como de vez en cuando Juan recibía una escuchita de su madre, tras cada escuchita los cuerpos de ellos se aproximaban más, mi madre continuaba bailando bastante separada de mí, ellos llegó un momento que tenían los cuerpos totalmente pegados el uno al otro entonces vi como las miradas de ellas se cruzaban y fue entonces cuando mi madre con un suspiro me dijo que ese ritmo se bailaba con los cuerpos mas juntos que me fijara en Juan.

Yo dude en apretarme contra ella, pero apenas un momento, pues ante la expectativa de que sucediera algo estaba totalmente empalmado y sabía que ella lo tenía que notar por necesidad apenas me apretaba contra ella, luego me di cuenta de que nos convenía a todos que ella se diera cuenta de lo caliente que me tenia y decidí a apretarme y hacerlo de forma que ella notara mi empalme y mis ansias.

Esta claro que me estoy extendiendo demasiado, en la continuación empezaré por contaros lo que pasó en el baile, espero que este relato os guste y gracias por leerme.

Un saludo.

TodoRelatos.com © anchot

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