" Hace un día de perros. Lloviendo y con el termómetro que no
pasa de los 5 grados, pero en mi interior un calor inusual hace que apenas lo
note.
Llego a casa y antes de que la puerta se cierre ya estoy en
el baño, llenando la bañera con agua cliente y esas sales de baño que tanto me
gustan. He dejado un rastro de ropa, el abrigo en el dormitorio, el vestido en
el vestidor y la ropa interior repartido por todo el baño, para que si alguien
me busca, me encuentre. Con el vaho del agua caliente el espejo se ha empañado y
con un rápido gesto lo limpio para poder observar mi cuerpo en todo su
esplendor. Curvas sinuosas, escote de vértigo y una superficie plana donde
aterrizar en caso de caída en picado, que más se puede pedir.
Algo rompe toda esta armonía , unos rizos oscuros y
revoltosos más debajo de mi ombligo. Pero se me acaba de ocurrir una idea genial
para sorprenderte esta noche, rasuraré mi coño, como tantas veces me has pedido.
Entro en la bañera y dejo que el agua recorra todo mi cuerpo. Pongo jabón en mi
mano y al deslizo sin prisa por toda mi piel hasta llegar al centro de mis
palpitaciones. Mientras la maquinilla hace su función intento imaginar la cara
de sorpresa que pondrás al verme y eso me excita. Abro bien los labios para
poder llegar a todos los rincones y sin darme cuenta estoy a mil.
El suave masaje de mis dedos, el agua entrando y saliendo por
mis poros y el olor de las sales de baño hacen que mi imaginación te invente al
otro lado de la puerta espiando todos mis movimientos. Ha empezado a sonar una
música en mi interior que me marca un ritmo suave y me incita en mi nueva
aventura. Voy a conocerme delante de ti y a descubrirme para mí y para ti.
Mis manos han empezado a rozar los pezones y descubren una
piel suave que esconde mil sensaciones cuando aprietan los jugosos pechos que
los rodean. Los dedos, más juguetones que de costumbre, parecen tener vida
propia y querer investigar todos aquellos rincones hasta ahora desconocidos.
Siguiendo órdenes de mi subconsciente , se dejan llevar por todo mi cuerpo en
una búsqueda de puntos mágicos y fantásticos, que al tocarlos parecen estar
conectados a un botón que crece con cada descubrimiento.
En ese ,antaño peludo, montículo se esconde el botón
juguetón. Mis labios inferiores, ahora muy bien rasurados, me producen mil y una
sensaciones de placer. Cojo un espejo y deseo ver aquello que hasta el momento
me era desconocido. Aparece ante mí un fantástico espectáculo. Una piel rosada y
jugosa, que al abrirse parece una maravillosa flor y deja ver un orificio que
semeja una boca sensual, sedienta de mil placeres, que gustosa le daré. Sigo
observando y descubro el botón de mis deseos. Lo veo crecer ante mí como un
pequeño capullo, parte de la flor que estoy descubriendo.
En mi interior el calor se ha convertido en fuego. Mis pechos
vuelven a reclamar atenciones que mis manos gustosas les dan. Intento rozar los
pezones erectos con mi lengua y cuando lo consigo la sensación de humedad
caliente me embarga toda. Mis piernas se han abierto automáticamente y mis
instintos se han concentrado en la parte más interna de mis muslos. Como
queriendo apagar su sed empujo el agua hacia mi interior, pero solo consigo más
y más ansiedad. De las puntas de mis dedos gotas van cayendo sobre mi botón
mágico y parece que mis orificios responden a ese goteo con un tímido pálpito.
Ha llegado el momento de saciar todos mis apetitos y cojo del
cajón un vibrador que introduzco sin miramientos en la boca de mi coño, que lo
succiona con todas sus fuerzas hasta el fondo. Un espasmo de placer me ha
recorrido y sólo ha sido el comienzo. Ahora muevo mis caderas lentamente al
ritmo de una música imaginaria que me lleva a notar todos mis rincones ocupados
por este gigantesco forastero que acaricia mi vagina.
Las manos no se ponen de acuerdo y mientras una sigue
insistiendo en separa mi pezón del reto del pecho de la forma más deliciosa
imaginable, la otra toca, como si de un mensaje en morse fuera, el botón de mis
secretos. Mensaje recibido. Estoy a punto para el desenlace. Mis caderas han
aumentado el ritmo y el miembro que está en mi interior lo sigue sin perder el
compás. Sí, sí, sí. Mi espalda se arquea, de mi boca sale un suspiro hondo y
profundo y el orgasmo ha sido completo. Millones de espasmos recorren ahora todo
mi cuerpo haciendo que el final se alargue unos segundos más. Cuando por fin me
relajo, el agua caliente sobre mi piel me mece como en un sueño.
Tras el cristal sigue lloviendo y yo dentro de la bañera sólo
pienso en tu llegada y en cómo te haré partícipe de mis maravillosos
descubrimientos y sorpresas.