LA FLORISTA -6-
Con el tiempo empecé a cansarme la situación, no había
sorpresas y por tanto no había morbo. Estaba claro que era un juguete con el
podía hacer lo que me pareciera. Al menos hasta el momento; pero ¿sería siempre
así?, ¿había un límite a su aceptación? Tenía que forzar más la máquina y
ensayar situaciones nuevas.
No había sido nunca usuario de ese tipo de prácticas, la
información me había llegada casi por azar; pero me pareció una experiencia
atractiva. Pagué lo que me pidieron, las referencias eran buenas y ya sabéis
cual es mi opinión sobre la utilidad del dinero.
Sin más explicaciones la saque de casa, fuimos todo el camino
en silencio hasta llegar a la dirección que me habían dado. Una antigua mansión
en un barrio en la periferia de la ciudad, pero de alto nivel social.
Nos esperaban, la entregué en la recepción y a mi me llevaron
al lugar preparado para nosotros.
Esperaba desnudo sentado en una cómodo y tibio al tacto
sillón. Observaba con detalle todo lo que había a mí alrededor, era una estancia
con iluminación indirecta y focos apuntando a lugares concretos, de momento
apagados. La iluminación y el colorido oscuro del ambiente provocaban que
pareciera un espacio con límites difusos; pero a la vez daba lugar a una cierta
sensación claustrofóbica. El mobiliario era escaso y no conseguía entender la
utilidad de todo lo que estaba dentro de mi campo de visión. El techo, en un
negro profundo, hacía que no pudieras estimar que altura tenía, era como un pozo
oscuro del que no se ve el fondo. Entre esa oscuridad se adivinaban sombras y
perfiles difusos que indicaban que allí arriba había algo, casi inmaterial que
planeaba sobre ti.
De una esquina, por entre la penumbra, apareció un pequeño
grupo: Delante una bella y sofisticada mujer vestida con botas altas, una
extraña pieza sobre su vientre que apenas si le cubría el sexo y unos
sujetadores de los que sobresalían los hermosos pezones que coronaban sus
turgentes senos. Llevaba en la mano izquierda dos cadenas que oscilaban entre
ella y los cuellos de dos mujeres que la seguían y en la derecha una fusta. Tras
ella, en los extremos de las cadenas, mi pieza de colección, tan bella como
siempre, y otra mujer muy joven y también muy guapa, que no conocía. Iban
completamente desnudas, sólo lucían el collar al que se unía la cadena. Cerraba
el cortejo un fornido, joven y bien dotado macho, también desnudo, con el mismo
collar que ellas; pero calzando botas cortas.
¡Lamed al invitado en señal de sumisión! – Ordenó la
Dómina, señalándome con su fusta.
El mozo soltó las cadenas del cuello de ambas mujeres, las
cuales se dirigieron hacia donde yo estaba. La joven desconocida tomó la
iniciativa y mi chica la siguió.
Mientras la primera me lamía los pies, la florista se lanzó
directamente sobre mis huevos y mi polla.
¡Imbecil! – Bramó dándole con la fusta en las nalgas -
¿Cómo osas tomar su sexo sin permiso? ¡Los pies, sólo eres diga de tocar sus
pies!, ¡aprende de ella! – Dijo, señalando a la otra chica - ¡Serás
castigada por tu osadía!
El chico, que hasta ahora había permanecido en un discreto
segundo plano, se dirigió raudo hacia ella, la tomo bruscamente de los hombros y
la llevó al centro de la sala.
En cambio tú, mi alumna predilecta mereces un premio. Si
nuestro invitado lo permite, podrás gozar de su polla.
Yo asentí con la cabeza y de inmediato se levanto del suelo
por el que casi se arrastraba, se arrodilló y empezó con una soberbia mamada.
Una luz zenital iluminó una zona circular en la que
rápidamente colocó una especie de camilla, que saco de la penumbra que nos
rodeaba; la colocó sobre ella, atándola de pies y manos; le colocó una mordaza
con una bola en la boca y del negro techo se descolgaron unas cadenas acabas en
pinzas de cocodrilo, con las que diestramente mordió los pezones y los labios
del coño.
Lentamente las cadenas se fueron tensando con un sonido
mecánico y metálico hasta lo máximo que dieron sus carnes. La mujer de la fusta
se acercó a ella y la fue golpeando con gesto adusto. Los pies, los muslos, el
coño, el vientre y los pechos fueron recibiendo secuencialmente golpes secos y
certeros.
Seguidamente acercó su cara a la de ella y le susurró:
Ahora te van a follar por la boca. A ver si sabemos
comportarnos.
Las cadenas se destensaron ligeramente, la cabecera de la
camilla se dobló hacia debajo de repente y su cabeza cayó hacia atrás en un
movimiento brusco y descontrolado.
Me bastó una mirada para darme cuenta de cual era mi papel
ahora. Así que me levanté y me acerque hacia ella. Le había retirado la mordaza
y deslicé mi húmedo glande por sus labios. Ella movió ansiosa su cabeza
intentando capturar mi polla con su boca.
Las cadenas se tensaron de repente, la fusta golpeó de nuevo
su cuerpo y un grito atronó en la sala.
¡Estúpida, te he dicho que iban a follarte por la boca,
no que se la mamaras. No sabes que no eres más que un pedazo de carne
inmóvil con agujeros por los que se puede follar!
Se quedo quieta con la boca abierta en la que mi polla se
movía libremente con holgura. Se escuchó otro grito y un nuevo trallazo sobre su
piel.
¡Tan inútil eres que tu boca no sabe cual es el diámetro
de la polla de tu amo! Vamos a tener que recordarte para que sirven tus
agujeros; pero como con la boca eres una inútil, ¡ponedle la mordaza de
nuevo!.
Una vez con la boca totalmente sellada, le pasaron una correa
por su cintura, justo por encima del coño y otra por debajo. Las apretaron
fuertemente de manera que los labios de su sexo sobresalían exactamente entre
ambas correas. Levantaron la camilla hasta ponerla vertical y ella quedó derecha
y firmemente sujeta.
La Dómina dio dos palmadas y no sé de donde apareció un
mulato con una enorme polla erecta, recta y cabezona como un ariete. Se colocó
detrás de la camilla, la manipulo abriendo una trampilla y le ensartó aquel
portento de verga en el recto, de un solo golpe y sin más preparación.
¡Para esto sirve tu culo! – Le dijo la Dómina, pasándole
la fusta por la cara – Es toda tuya – Añadió señalándome y apartándose a un
lado.
Me acerqué hasta que mi cara quedó a pocos centímetros de la
suya. Tenía las mejillas llenas de lágrimas; pero su cara no era de dolor, pena
o sufrimiento; al contrario, su rostro mostraba un placer inmenso.
¿Estás disfrutan gozando? – Pregunté – Si es que sí,
cierra los párpados tres veces.
Nos miramos fijamente a los ojos y vi cómo sus ojos se
cerraban lentamente. Conté una, dos tres veces. ¡Estaba disfrutando!.
Me sentí tremendamente excitado y la penetré hasta el fondo.
Notaba en mi verga los envites de la polla del mestizo que la estaba
sodomizando. Me incliné sobre sus pechos y le mordí con fuerza los pezones.
Se estremeció todo su cuerpo, su vagina se contrajo una y
otra vez sobre mi polla y una oleada húmeda y tibia resbaló por nuestros muslos.
Se había corrido y me acababa de dar cuenta de una cosa: Ni siquiera sabía como
se llamaba.
EPÍLOGO
Se escucharon unos forzados aplausos y una voz entre los
asistentes que decía:
Bravo, bravo, bravo. La historia no está mal para un
relato erótico en Internet; pero, por favor, ¿no pretenderás que nos la
creamos?
Sin responder, di unas palmadas e hizo acto de presencia.
Aquí la tenéis, es toda vuestra.
Desnuda, radiante como siempre no puso ningún reparo a la
primera polla que reclamó su boca, mientras otro la penetraba por detrás.
Me retiré discretamente, mientras ellos gozaban de ella, yo
tenía que planificar los últimos detalles del final de mi historia.
Había estado bien; pero empezaba a aburrirme. No sentía
ningún remordimiento, yo era rico y ella una ilegal a la que había hecho feliz
por un tiempo; pero ya era hora de dejarlo. Además, ya había pasado por
demasiadas manos, eso era culpa mía pero daba igual, ya no era mi objeto en
exclusiva.
El espectáculo que se estaba produciendo ante mis ojos era un
buena manera de terminar, me quedaría un buen recuerdo en forma del video que
estaba filmando con cámaras ocultas, y que, a juzgar por como marchaban las
cosas, iba a ser una magnífica película de bukake.
Después me desharía de lo que quedara de ella, ya no quería
saber más de ella.
NOTICIA DE PRENSA
Unos excursionistas encuentran por azar un cadáver de una
mujer desnuda. No se ha encontrado a nadie de los alrededores que la haya
reconocido ni que recuerde haberla visto antes. La policía cree que se trata de
una inmigrante irregular, por lo que raramente se presentara denuncia de
desaparición. El cadáver no presenta señal alguna de violencia, a pesar de que
se han encontrado restos de semen de al menos once hombres y señales de haber
sido penetrada repetidamente tanto anal como vaginalmente. Todavía no se ha
determinado la causa de su muerte.