* Relato 49…
Apetito por la verga
SINOPSIS: Las caricias de un joven en los pies de una viuda
le despiertan sus apetitos sexuales… Todo se inició en viaje de excursión
realizado por estudiantes a un balneario…
ECSagardez
No permitió que la tocara, desde que entramos a su casa su
rostro mostró dureza y me hizo sentirme mal… Sin embargo, luego me enteré que
tenía algunos temores, como el que fuéramos sorprendidos por algún familiar o
uno de sus hijos que constantemente la visitaban…
El reloj de la pared marcaba las 6 de la tarde y el péndulo
se movía de un lado a otro marcando cada segundo que a mi me parecían siglos… No
alcanzaba a entender el comportamiento de Marisela, quien momentos antes se
había mostrado cortés y simpática, luego de aceptar la invitación a comer en un
restaurante de mariscos, allá en el puerto de Veracruz, México.
La invitación a la intimidad había surgido en la plática y
percibí que estaba decidida a tener conmigo un encuentro sexual de grandes
proporciones… Pero cuán equivocado estaba y eso me hizo desistir de cogérmela,
incluso ni siquiera la besé… Así que decidí despedirme y en mis adentros me
indicaba no volver a verla…
II
Había conocido a Marisela en la Facultad, era la
bibliotecaria y tenía varios años de trabajar ahí… Era muy estimada por
simpática y disfrutaba las gracejadas de los muchachos con una sonrisa
cristalina que esbozaba para culminar en sonoras carcajadas…
Era impactante verla, porque pese a sus 48 años, poseía un
cuerpo escultural que remataba con la grandeza de sus senos, la protuberancia de
sus nalgas y unas piernas torneadas que acababan en unos lindos pies que siempre
calzaba con zapatos, sandalias o zapatillas abiertas.
Como mujer bella, era vanidosa y gustaba de ir al salón de
belleza para hacerse el manicure y pedicure… Toda una delicia la hermosura de
esa madura morena.
Desde el director de la Facultad, hasta el más humilde de los
trabajadores estaban prendados de su belleza y cual más, hacía comentarios
irónicos de lo que sería tirarse a la encargada de la biblioteca, quien
deslumbraba con su hermosura el recinto…
III
Desde que ingresé a la Facultad, jamás pretendí comprar
libros ni para consulta de las tareas escolares. Por lo que llegué a convertirme
en rata de biblioteca –valga el término-. Fue Marisela la que me abrió las
puertas de ese lugar y me prestaba los libros para que me los llevara a casa,
exponiéndose a ser sancionada.
Esa acción derivó en una amistad que perduró a través de los
años. Por lo que al término de mis tareas, la invitaba a tomar un café o un
helado en la nevería más importante de Veracruz en esos momentos: La Yucatán…
Ella aceptaba, porque vivía sola y no tenía compromiso
sentimental alguno, había enviudado diez años antes y sus hijos, ya grandes,
trabajaban como catedráticos en otras instituciones de la Universidad
Veracruzana.
Al brindarme su amistad, siempre hubo respeto por ella y
llegado el momento la acompañaba hasta la puerta de su hogar, sin que ambos
insinuáramos nuestras pretensiones…
III
En alguna ocasión, sólo un roce de manos derivó en un leve
beso en sus labios. Pero no pasó a mayores. Ella se sintió apenada y rápidamente
endureció el rostro. Era la forma de indicar lo que no le gustaba o desaprobaba…
Esta situación me estaba volviendo loco, porque yo si tenía
intenciones de hacer sexo con ella. Pero tampoco quería abusar de su confianza
ni perder su amistad.
En una ocasión se organizó una excursión en la Facultad y el
requisito era llevar pareja… La mayoría de los estudiantes tenían relaciones de
noviazgo con las compañeras. Por lo que tuve el atrevimiento de invitarla… Ella
se sonrió, pero no dijo nada… Sólo se limitó a decirme que lo pensaría y en los
siguientes días me daría la respuesta…
Pasaron dos días, cuando me la encontré en los pasillos de la
escuela y me dijo:
— Román, te ando buscando para decirte que si voy a ser tu
pareja en el viaje de excursión. Nos hace falta un relax…
La emoción inundó mi corazón y cuerpo… Ella había aceptado y
las cosas me estaban pintando mejor de lo concebido…
Llegó el dia esperado y todos llegamos temprano a donde nos
esperaba el autobús… También Marisela estuvo a tiempo y nos pusimos a platicar
de cosas triviales, hasta que el chofer nos indicó que era el momento de partir…
El viaje resultó sorprendente. Nos sentamos en los asientos
de atrás del autobús y prácticamente íbamos solos, porque los compañeros se
arremolinaron en el pasillo para platicar, cantar o contar chistes…
Ella se recargó en mi hombro y se quedó dormida por varios
minutos. Como un caballero, dejé que su cabeza reposara y disfrutara su sueño…
El aroma de su perfume era indescriptible, usaba "Chanel 5"… Lo conocía bien,
porque era el mismo que usaba mi abuela Faustina…
Cuando despertó, se disculpó. Pero como buen caballero le
dije que no se preocupara y que le agradecía haber sido mi compañera en este
viaje de excursión…
Ella sólo sonrió y desvió su mirada hacia la ventana del
autobús para observar el horizonte…
IV
Cuando llegamos a nuestro destino, un balneario de aguas
termales llamado El Carrizal, todos bajamos del autobús y nos dirigimos a
comprar los boletos de entrada. Marisela intentó darme dinero, pero no se lo
acepté…
Todos nos metimos a los vestidores para dejar nuestras cosas
en los casilleros y de ahí a la alberca a disfrutar de la deliciosa agua. Fue
ahí donde pude apreciar la hermosura de su belleza. Se puso un bikini de dos
piezas que producía la atención y el suspiro de los que estábamos ahí… Pero ella
ni se inmutó…
Me pidió que le pusiera crema en su espalda y piernas… No me
pude negar, mis manos tocarían esa escultura de carne morena, quien tenía unos
pies deliciosos…
Puse un poco de crema en mis manos y las deslicé sobre su
espalda… Ella sólo lanzaba ligeros gemidos, como si mis manos tuvieran algo que
a ella le estaba gustando… De inmediato pasé a sus piernas y ligeramente tocaba
sus muslos interiores… Por un instante me solacé viéndole sus enormes nalgas.
Por cierto una de ellas tenía un lunar que impactaba…
Volví a tomar el tubo de la crema y puse un poco en mis
manos, para pasarla por sus piernas, las cuales froté y froté hasta que el
líquido cremoso desapareció…
No pude evitar tocarle sus pies y ver sus plantas y el arco
que sobresalía de ellos… Su talón no presentaba ninguna callosidad, se veía a
leguas que Marisela tenía un buen cuidado de ellos y eso me puso a cien por
hora…
Me detuve en sus pies y los estuve agarrando, le apretaba los
talones y se los masajeaba… Ella no decía nada, se encontraba boca abajo en el
sillón de descanso y me dejaba que le agarrara los dedos… Así continúe por un
buen tiempo y no me aguanté más…
Me agaché y puse mi nariz en las plantas de sus pies y
acerqué mi boca para lamérselas… En otro instante de mi atrevimiento, me puse
uno de sus dedos en la boca y ella sintió como su sistema nervioso respondía,
porque estiró sus piernas y abrió los dedos…
Yo seguí con la caricia… Ya no me importaba nada ni el que me
vieran mis compañeros… Pero éstos estaban divirtiéndose de lo lindo con sus
novias y otros buscaron los rincones más apartados para darle rienda suelta a
sus atrevidas caricias…
Así que seguí chupándole uno a uno los diez dedos… Cuando de
pronto una mancha de humedad se vislumbró en su bikini… Y ella estiró
completamente sus piernas… Pero alcanzó a decirme:
— Sigue así chiquito, no dejes de acariciar mis pies… Me está
gustando… Lo haces muy bien…. Sigue chiquito…
V
Cuando Marisela me decía esas palabras… Mi verga se
encontraba a todo lo que daba… Así que ella me pidió que me sentara en el sillón
y puso sus pies sobre mis piernas, ahí pudo sentir la dureza de mi pene y lo que
me estaba pasando…
Ambos nos levantamos y dirigimos nuestros pasos a uno de los
vestidores privados… Cuando cerramos la puerta nos sentamos en una banca y ella
tomó la iniciativa…
Me quitó el short y la truza… Por lógica mi verga saltó
agradeciendo el ser liberada de tan injusta prisión… Así que con sus pies
comenzó a hacerme una paja, era delicioso sentir esa suavidad que desplazaba mi
prepucio de arriba abajo con una maestría indescriptible…
Colocaba mi verga entre sus dedos y seguía masturbándome… De
nuevo cambiaba con las dos plantas y desplazaba un pie y el otro hasta que ya no
pude aguantar más…
Varios chisguetazos de sémen cayeron en los pies de Marisela,
quien se ayudó con las manos para que el esperma se despalazara en ellos…
Enseguida acercó su boca y limpió con su lengua los residuos
de sémen y jalándome el prepucio dejó el glande reluciente de limpio… Fue una
pajuela inenarrable…
Había disfrutado de las caricias de Marisela, quien me pidió
que me acostara en la estrecha banca del vestidor…
VI
Ella se sentó a horcajadas en la banca y comenzó a besarme el
pecho hasta que las tetillas se me erectaron, siguió desplazando su lengua,
mientras con su mano derecha me apretaba los testículos. Era una delicia y lo
disfrutaba al máximo…
Cuando llegó al ombligo jugueteó con mi orificio y pasó su
lengua varias veces… Mis pelos se le enredaban, pero ella con una maestría los
liberaba y seguía con la fuerza de su caricia que me enviaba a otra dimensión…
Cuando llegó al pene, se le quedó viendo y le sorprendió lo
grueso que era y la longitud que tenía, pero no comentó nada… Se lo introdujo a
la boca y lo chupó con intensidad…
Por la forma de mamar se notaba que era experimentada en sexo
oral y que tenía muchas ganas de sentir una buena verga en su boca. Así que no
se anduvo por las ramas y siguió su labor que a mi me producía un gran placer…
De pronto se levantó y se despojó del calzón del bikini y
pude apreciar una depilada vagina, ya que sólo presentaba un hilillo de pelos
que terminaba en un triángulo… Se sentó y de un solo golpe mi miembro mancilló
la hermosura de ese cuerpo moreno.
VII
Sus movimientos comenzaron lentos y por instantes se detenía
para acostumbrarse a la longitud y al grosor de mi verga… Sin embargo, su cara
se endureció y los movimientos se hicieron frenéticos, casi llegando al
salvajismo…
El mete y saca se confundía con el ruido que ya producían sus
fluidos y porque ella se dejaba caer para engullirse todo ese pedazo de miembro
que le satisfacía…
Marisela no cambió el ritmo ni la velocidad… Por lo que sólo
alcanzó a decir:
— Me veeeeeeengo…. Me veeeeeeeeeeeengo….
Sólo le respondí:
— Yo tambiéeeeeennnnn, espérame….
Y tanto mi verga como su vagina se entrelazaron y provocaron
que las descargas seminales y los fluidos de su orgasmo se confundieran. No sin
antes lanzar varios gemidos de hondo placer…
Era curioso… Pero habíamoso gozado al mismo tiempo de un buen
palo que nos dejó a los dos fatigados y sudorosos…
VIII
Tras confesarme que por la forma de besarle y acariciarle los
pies le había despertado sus instintos por tantos años reprimidos… Ambos nos
vestimos y salimos para integrarnos al grupo de amigos y divertirnos… Al fin y
al cabo ese era el objetivo de la excursión…
Por la tarde y luego de comer, nos regresamos a Veracruz…
Llegamos al puerto y nos despedimos… Pero yo tuve el atrevimiento de sugerirle
que la acompañaba hasta su casa…
Marisela no puso objeción alguna… Y nos dirigimos en un taxi
a su domicilio… Al llegar, pretendí irme de inmediato… Pero esta ocasión fue
diferente…
Me invitó y mientras yo me quedaba parado, ella se sentó en
el sofá de la sala se descalzó y me volvió a tocar sobre la ropa, hasta que
sintió que mi verga se puso tiesa…
Con sus manos bajó mi pantalón y dejo al descubierto mi verga
a la cual le dio un beso, como quien roza una mejilla y puso sus pies sobre
ella, para volverme a hacer una pajuela que tanto me enloquecía…
Esta vez no nos importó nada… Su rostro no se transformó y se
veía divertida y con ganas de disfrutar de sexo… Así que me hizo el "foot job",
con gran maestría y entusiasmo, bajándome el prepucio, rozando con sus plantas
mi glande y apretando mis testículos…
Era la gloria sentir ese tipo de caricia de parte de una
mujer tan hermosa como Marisela… Mi cuerpo sintió los estragos de esa forma de
acariciar que ella tenía y nuevamente sus pies se vieron inundados de abundante
y caliente esperma que nuevamente se untó en todos sus pies…
Volvió a la carga chupando y relamiendo mi verga, hasta que
el glande quedó reluciente y limpio… Que delicia sentir la caliente boca y sus
labios en mi miembro…
La sesión continuó cuando ella me demandó que la penetrara y
no vacilé en introducirle mi verga en toda su longitud… Ella acompasó sus
movimientos a los míos y me pedía que la sacara y la metiera toda de un solo
golpe…
Así lo hice y ambos estábamos compenetrados en el acto sexual
que realizábamos… No había ya control en nuestros cuerpos, el deleite era lo
único que nos tenía unidos…
Y las posiciones que practicábamos llegaban solas… Porque
hicimos el "Misionero", "Patita de Angel", "Perrito"; "Piernas al hombro"; "La
carretilla" y "La Amazona"…
Ambos queríamos disfrutar a más no poder el momento… Las
sensaciones eran embriagadoras… Ella se movía con una rapidez de movimientos que
no me permitía un minuto de reposo…
Cuando de pronto nuestros cuerpos se laxaron y todo se cimbró
en nosotros… Ella tuvo un orgasmo espectacular y yo mis acostumbrados cinco o
seis descargas de esperma…
Tendidos en el sofá de la sala nos mantuvimos así por unos
minutos, hasta que la flacidez de mi verga, quien pedía descanso, salió de esa
inundada vagina que desde hacía mucho tiempo ya reclamaba el tener adentro un
pene de grandes proporciones…
Marisela estaba agradecida por mi tacto y la forma de hacerle
el amor, que me convertí por un tiempo en su pareja. Y juntos, como chamacos,
disfrutábamos de una buena comida marisquera, una buena noche de antojitos… Pero
lo más importante, una embriagadora y buenas sesiones de sexo… Porque en ella se
había despertado el apetito por la verga…