HERMANOS EN ACCION (IV)
El chalet estaba ubicado en la costa, justo enfrente de la
playa. Era más bien una villa al borde del mar, propiedad de los padres de
Sandra y de Sonia, dos muchachas de diecisiete y quince años, respectivamente,
amigas de Susana. Era verano, la estación ideal para disfrutar de semejante
lugar paradisíaco, y todo para ellas, que lo habían preparado para recibir a sus
amigos. Susana también había querido que sus hermanos fueran a divertirse allí,
y de paso proporcionarles a ellas la diversión que esos dos machos siempre
concebían para matar el aburrimiento. Sin duda un lugar espléndido para follar,
rodeados de naturaleza, en el vasto jardín de la casa, en la piscina, en el
impresionante salón, en sus numerosos dormitorios o incluso en la playa, que
estaba a tiro de piedra.
Aquel día del mes de julio hacía mucho calor. Javier se había
demorado porque, para no contrariar a sus padres, había tenido que quedarse unos
días en casa estudiando las dos asignaturas de la Facultad que le habían quedado
para septiembre. No es que rindiera mucho; a sus veintiún años se empleaba más a
fondo en satisfacer a sus numerosas conquistas, y, bueno, echar un polvo entre
libro y libro también le ayudaba a uno a estudiar mejor, ¿no? Por fin, sobre las
cinco de la tarde, cuando la gente aún no se había despertado de la siesta,
cogió su potente motocicleta y, enfundado en su chupa y en sus pantalones de
cuero negro ceñidos al cuerpo, voló por las desiertas avenidas de la ciudad
hasta llegar a un desvío de las afueras, que tomó para alcanzar la mansión de la
playa cuyas señas Susana le había proporcionado. Llamó al timbre y salió a
recibirle Sandra, una rubia espectacular de grandes ojos verdes y cuerpo
escultural que lo desnudó con la mirada nada más verlo.
"¿Tú debes de ser Javi, no?" "Tu hermana me ha hablado mucho
de ti" -dijo en un tono entre divertido e insinuante- "Pasa, te estábamos
esperando, ya creíamos que no vendrías" "No irías a dejar que se perdiera toda
la diversión, ¿no?" Sandra se alejaba por el pasillo que conducía desde el
vestíbulo hasta el salón principal, y entonces, al darse la vuelta, Javier pudo
apreciar cómo se movían las soberbias nalgas de la chica dentro del pantalón
vaquero blanco ajustado al cuerpo como un guante. Cuando se disponía a seguirla,
le salió por detrás otra chica que le tapó rápidamente los ojos con las manos.
"¿Quién soy?" Javier trató de volverse. "Eso no vale, tienes que adivinarlo"
"Está bien, dame una pista". La chica llevaba un minúsculo
tanga y tenía los pechos al aire. "Tengo una idea, pero tienes que cerrar los
ojos y prometerme que no los vas a abrir". "Está bien". La chica se sonrió
complacida y se puso delante de Javier, tomó con sus manos la cabeza de éste y
la llevó a sus espléndidas tetas morenas. "Ahora tienes que utilizar la boca
para descubrirlo". Javier empezó a besar los senos de la chica y después a lamer
delicadamente sus pezones, para finalmente ponerse uno entre los dientes y
endurecerlo con la saliva de su boca, mientras no dejaba de lamerlo con la
puntita de la lengua. "Tú sólo puedes ser Lucía" –dijo sonriendo- "Premio, has
acertado, guapo". En efecto, se trataba de Lucía, la chavala que se había
follado no hacía mucho en el vestuario de chicos del colegio de su hermana.
"Todavía me acuerdo de aquel día" –le dijo mimosa, y esa voz insinuante hizo que
un escalofrío de placer atravesara la espina dorsal de Javier- La chica acercó
su boca al oído de éste y le musitó: "tenemos que repetir, Javi, estoy muy
caliente y sólo tu me lo sabes hacer como a mí más me gusta". Y diciendo esto,
sacó la lengua y lamió el lóbulo de la oreja del veinteañero.
"¿Pero todavía sigues ahí?" Sandra se había acercado
nuevamente al ver que Javier no la acompañaba. "Deja ya al pibe, Lucía, más
tarde podrás hacer lo que quieras, ahora tengo que enseñarle la casa". "Entonces
hasta muy pronto, cielo, nos vemos". Lucía le guiñó un ojo mientras esto decía y
se desvaneció por la puerta de la piscina.
"Puesto que ya has visto el salón, creo que lo mejor es que
veas la piscina y te hagas una idea de lo que ibas perderte si al final no
hubieses venido". Sandra acompañó a Javier hasta la gigantesca cristalera que
comunicaba el salón principal con la zona de la piscina. Se oían murmullos,
jadeos, gritos apagados y alguna que otra obscenidad. "Por aquí, ven". Lo cogió
de la mano y entraron en el amplio espacio en el que, rodeados de verdor, se
encontraban unos quince o veinte muchachos, la mayoría adolescentes, junto a la
gran piscina. Efectivamente, muchos de los amigos de Susana y de Alvaro estaban
allí. Allí estaba Tomás, pegado a la barra del bar, un muchachote de piel de
canela y largo pelo rubio lacio acoplado a una chiquita que mantenía sus piernas
apalancadas sobre los hombros de él y que no paraba de moverse mientras el chico
la follaba contra el entarimado de las bebidas. Allí estaba Santi, la estrella
del equipo de fútbol del colegio, su cuerpo musculoso y su cabeza rapada
brillantes por el sudor, que estaba enculando a una mujer de unos cuarenta años,
ella de espaldas a él, con las manos apoyadas en uno de los bancos del jardín de
la piscina, la falda subida sobre las caderas, disfrutando de las vigorosas
embestidas del chaval, que le había desabotonado la blusa y le sobaba las tetas
a placer mientras no paraba de clavarle el pollón en el culo. Allí estaba Hugo,
el bakala, sentado en uno de los columpios, su cuerpo de gimnasio exhibiéndose
en todo su esplendor, balanceándose rítmicamente mientras sostenía son sus manos
las caderas de la mujer que estaba montada sobre él, otra madurita de cuarenta y
tantos, botando sobre el espléndido cuerpo del chico, el cipote entrando y
saliendo del coño babeante, chop, chop. Allí estaba también Luis, el rubito de
rostro aniñado que permanecía sentado en el borde la piscina mientras otra tía
que podría ser su madre, metida dentro del agua, le untaba su enorme rabo con
aceite solar para hacerle una paja monumental a continuación. Javier también se
fijó en dos tíos que estaban haciéndole una doble penetración a una rubita muy
mona de pelo corto y cuerpo muy menudo. Reconoció a uno de ellos: era Jorge, el
surfero, el vikingo escultural que el día memorable de su encuentro con Lucía le
había roto el culo a su hermana Susana. Al parecer era una de sus aficiones
favoritas, porque en ese momento le estaba perforando el ano a la chavala
tendida sobre el suelo de la piscina mientras no paraba de lamerle el cuello.
Había otras muchas parejas, algunas sólo se estaba dando el lote, otras follaban
sin ningún pudor mostrando sus cuerpos bronceados al sol, no en pocos casos
formando tríos, pero a Javier le llamó la atención que se tratara en todos los
casos de muchachos adolescentes jodiendo a pleno sol con mujeres que, en gran
parte, eran mucho mayores que ellos. Por ejemplo, en una hamaca estaba tendido
su hermano Alvaro, con las axilas al aire y los poderosos brazos extendidos
cruzados bajo la cabeza, sus preciosos ojos verdes formando singular contraste
con su cuerpo moreno tostado por el sol, marcando sus abdominales, su pollón de
veinte centímetros como una lanza preparada para el combate dentro de la boca de
una hembra de ojos negros y pelo azabache que lo engullía con ansia. El chaval
no paraba de gemir. ¡Joder con mi hermanito! Sólo tiene dieciséis años y se está
follando a una tía que debe de tener por lo menos treinta y cinco ¿Qué coño
hacían en esa fiesta tantas tías maduras?
Sandra se dio cuenta de lo que estaba pensando Javier. "Todas
esas tías mayores que ves son amigas de mi madre. A ella le encanta unirse a
nuestras fiestas y también invita a sus amigas" "Y la que ves en el suelo que
está pegando grititos es mi hermana Sonia. El que la está dando por el culo es
Jorge y el de debajo que le está follando el coño es su primo Mario". Javier, no
obstante, se preguntaba dónde estaría Susana. Al parecer Sandra adivinó sus
pensamientos, por lo que añadió: "Susana está por ahí –señaló con la mano a una
parte del jardín algo más alejada de la piscina- Javier se acercó y vio a su
hermana tumbada en el césped junto a una sombrilla, con las piernas abiertas,
sujetando la cabeza de un chaval, no supo muy bien quién era, probablemente uno
de los del equipo de fútbol a juzgar por su físico, que le estaba devorando el
coño. Y cómo no, a su lado estaba Lucía, su amiga inseparable, cabalgando sobre
los recios muslos de un muchacho y chupándole el nabo a otro chico.
"Ya te ocuparás más tarde de tu hermana" –le sonrió con
malicia- Ahora quiero que me acompañes a ver el resto de la casa. Sandra le fue
enseñando los distintos dormitorios, pero algunos de ellos no estaban del todo
vacíos. En el más grande, el dormitorio de los padres de ella, en la cama de
matrimonio, un chaval muy guapo de quince o dieciséis años, moreno, de pelo
rapado, con un aro en la oreja y un piercing en la lengua, el cuerpo musculoso,
estaba montando a lo perro a una mujer que debía de rondar los cuarenta, pero
que aparentaba diez menos, esplendorosa, rubia de ojos claros, con unos
soberbios melones que se balanceaban al aire cada vez que chocaba con el pibito
que la martilleaba con brío por detrás. "Toma rabo, pedazo de zorra". "Dime que
quieres rabo, cerda, dímelo" El chico la embestía con furia, tirándole de la
larga melena rubia hacia atrás, el cuerpo de la hembra arqueado para recibir con
más fuerza el pollón del adolescente.
"¡Sí, sí, quiero rabo, cielo, quiero que me folles a lo
bestia!
Sandra y Javier no tuvieron que espiar. La puerta del
dormitorio estaba abierta de para en par, de modo que sólo tuvieron que
acercarse al umbral y mirar. "Esa es mi madre. Ya te dije que le gustaba unirse
a nuestras fiestas, la muy guarra…Y el chico es Raúl, el hermano menor de Hugo,
el que se está tirando a la otra en los columpios. No sé qué pasa con estos
bakalas, pero a mi madre le encantan. A Hugo ya se lo ha follado varias veces.
Una vez la pillé con los hermanos en la cama follándosela a la vez por los dos
agujeros" "Supongo que tu padre no sabe nada de esto" –dijo Javier- "Qué dices,
tío. Si mi padre se entera de esto nos mata, a mi madre primero. Por suerte
siempre nos lo montamos cuando está de viaje por negocios, así que no hay riesgo
de que se entere. De todos modos, no sé qué es lo que ve mi madre en estos
macarras, yo prefiero un pibe como tú –dijo, bajando la mano hasta la bragueta
de Javier y palpando su paquete por encima del tejido ajustado de cuero- "Pero
ya te dije que mi madre es una guarra".
Dejaron el dormitorio de su madre y escucharon poco después
jadeos en otra habitación. En este caso se trataba de Emilio, el chico negro
amigo de Javier, aficionado al culturismo, que tenía contra la pared a un
chavalito rubio de aspecto infantil, el culo en pompa recibiendo el tremendo
pollón negro. Emilio tenía ensartado al chaval sólo hasta la mitad del
impresionante ariete de chocolate, cuando se dio cuenta de que Sandra y Javier
lo estaban mirando. "Javi, tío, qué de puta madre que hayas venido, choca esos
cinco" –los dos chicos chocaron sus palmas sonriendo, el negro mostrando su
hilera de dientes de marfil, maravillosamente blancos en contraste con su cuerpo
de ébano, sin abandonar en ningún momento el trasero del pibito, al que tenía
completamente clavado en la pared- "Vaya culazo que me estoy follando"-decía,
pasándose la lengua por los labios- "Y al blanquito este le encanta" –dijo
Emilio, guiñándoles un ojo- El rubito era incapaz de articular palabra,
simplemente gemía y murmuraba incoherencias a medida que el pollón de ébano
hendía el ojete a un ritmo constante pero incesante; estaba como hipnotizado por
el negro que lo estaba enculando.
"Venga, vámonos, Javi" –acabó Sandra- "Tengo reservada una
sorpresa especial para ti". Cuando salieron a la piscina las parejas seguían
follando; parecían incansables, a pesar del calor que hacía aún. Sin embargo,
Sonia, la hermana pequeña de Sandra, ya se había desacoplado de sus amantes y,
completamente desnuda, esperaba a alguien inclinada sobre la barandilla de una
de las terrazas, justo enfrente de la playa.
"Mi hermana hace tiempo que quiere conocerte, así que hoy
podrás tenernos a las dos". Javier se acercó a Sonia acompañado de Sandra, que
todavía llevaba puesto el pantalón vaquero blanco. La cogió de la cintura y le
dio la vuelta, colocándola justo al lado de su hermana en la barandilla. Le fue
bajando poco a poco el pantalón blanco, del que asomó un culo tan impresionante,
cubierto sólo de un tanga negro, que se quedó con la boca abierta. Era un culazo
único. Bueno, quizá único no, ya que estaba el culo de su hermana Susana, pero
era un pedazo de trasero tan rotundo, tostadito por el sol, de piel tan suave y
tan cautivador, que decidió que no se iría de allí sin haberlo degustado y sin
follárselo a conciencia. Sandra puso el culo en pompa y Javier se arrodilló.
Acercó la cara a las nalgas de la chica y empezó a lamerle la raja, alargando la
lengua y sorbiendo de la vulva, que a estas alturas se deshacía en un goteo
imparable. La barba cerrada de varios días de Javier proporcionaba un suave
cosquilleo a la chica, que disfrutaba como nunca. El joven luego empezó a
introducir la lengua en el ano de la chavala, que temblaba de excitación, y
seguidamente le fue introduciendo primero uno, y después varios dedos en el
ojete. Mientras tanto, Sonia se había situado detrás de Javier y con sus manos
acariciaba la imponente espalda y brazos del joven, palpando sus desarrollados
músculos broncíneos y besándolo largamente en el cuello y las orejas. Así estuvo
varios minutos, consiguiendo que la chica se corriera. Javier empapó su mano en
los fluidos vaginales de Sandra, tomó el líquido entre sus dedos y lo llevó a la
boca, paladeándolo cual sabroso manjar. Entonces se levantó y besó profundamente
a Sandra, dejándola sin aliento.
La chica tenía el rostro colorado, fruto de la excitación,
pero sus ojos aún estaban hambrientos y pedían urgentemente que el macho saciara
su febril deseo Esta vez fueron las dos hermanas las que se agacharon;
despojaron a Javi de su pantalón de cuero, el falo saltó al rostro de las
hermanas, tieso y esplendoroso. Las voraces lenguas de las ninfas lamían el
glorioso pollón, compitiendo por engullir aquel trozo de carne morena. Entonces
Sandra tuvo una ocurrencia. "Ahora mismo vuelvo". Se marchó al bar de la piscina
y regresó al instante con una botella de batido de chocolate que destapó,
vertiendo la cremosa sustancia sobre el glorioso cipote de Javier. Las hermanas
lo chupaban con ansia, saboreando el líquido dulce que goteaba del miembro,
hasta que empezó a agitarse, expulsando chorros de espeso semen que fueron a
mezclarse con el batido, salpicando la cara y el pelo de las chicas. Después de
tragárselo todo dejando la polla limpia, Javier se la cogió con la mano derecha
y se la masajeó durante unos minutos. El pollón volvía a estar preparado para
una nueva acometida. Sandra susurró algo al oído de su hermana, derramando otra
buena cantidad de batido sobre el pollón. La quinceañera se inclinó sobre la
barandilla y puso el culo en pompa, listo para ser empalada por el glorioso falo
rebosante del pegajoso líquido. Javier la tomó de las caderas y la enculó
brutalmente, deslizando el nabo en el ano de la chiquilla, golpeándola
salvajemente con movimientos furiosos pero sensuales de la pelvis. Dio la
casualidad de que en ese instante una pareja paseaba por la playa, a la que daba
precisamente la terraza sobre cuya barandilla estaba apoyada la chiquilla. Y
como ésta empezara a gritar, la pareja no pudo evitar ver los movimientos
convulsos de la chica de quince años tomada de las caderas por el macho
triunfante de veintiuno que no pensaba en otra cosa que en poseerla, en hacer
suyo ese culo que pedía a gritos ser perforado. Le daba una y otra vez con toda
su energía de macho joven dominante, jadeando enardecido a medida que el pollón
se alimentaba del trasero de la chiquilla.
Entonces Javier se acopló totalmente al cuerpo de ella, con
todo su rabo metido hasta las bolas en el ano de la chica, las lenguas pegadas,
bebiendo el uno el aliento del otro, la ninfa atrapada entre los poderosos
brazos de su macho, hasta que finalmente un nuevo trallazo de lefa entró a
presión en el culo de la chavala, estallando y desparramándose en todas
direcciones como una botella de champán recién descorchada.
Así es como terminó la enésima aventura sexual de Javier. Las
hermanas quedaron saciadas y le prometieron hacerlo asiduo a sus fiestas en la
casa de la playa. Pero aún quedan otras muchas historias por narrar. Las
aventuras sexuales de los hermanos continuarán.