RECUERDOS NOSTALGICOS (2)
En el anterior relato publicado, tanto mi amigo Juan como yo
nos habíamos quedado preocupados, muy preocupados, pues después de "chivarle" mi
hermana a mi madre que nosotros espiábamos para verle las bragas, tanto a mi
madre como a mi "tía", el comportamiento de nuestras madres, había variado
muchísimo, tanto en su trato respecto a nosotros, que era un tanto distante,
como por el cuidado que ahora tenían con su vestimenta y con la forma de
sentarse y de estar en general por la casa, antes un tanto despreocupado y
ahora, nos parecía por lo menos a nosotros, cuidando en todo momento que no se
les viera nada.
Estaba clarísimo que en cuanto vinieran nuestros padres, lo
iban a comentar con ellos y no alcanzábamos a imaginar las consecuencias que
ello podía traer para nosotros. Estábamos tan "acojonados", que perdimos las
ganas de comer y nos costaba conciliar el sueño. Por supuesto también perdimos
las ganas de "pajearnos".
Yo no alcanzaba a comprender porque unas mujeres que habían
consentido que "les metieran mano" unos extraños, con el consiguiente peligro de
que alguien las reconociera y al darse cuenta de lo que estaban permitiendo, lo
fuera contando por ahí, le daban tanta importancia a que nosotros, sus hijos,
que estaba claro que no íbamos a decir nada a nadie, nos interesáramos por
verles lo que en otras ocasiones les habíamos visto, sin que ni ellas, ni
nosotros, le diéramos la mayor importancia.
Lo que si hacíamos era intentar escucharlas en todo momento,
sobre todo cuando se quedaban solas. Pero ellas no comentaban nada sobre el
tema, aunque también se las veía nerviosas y preocupadas.
Llegaron nuestros padres, ese día, la tensión nerviosa no me
dejo dormir en toda la noche, como tras esa noche no pasó nada, pensé que mi
madre no había querido darle el disgusto el día de su llegada, al día siguiente
en cuanto me llamaba para alguna cosa, la adrenalina se multiplicaba, pero
tampoco pasó nada y eso que estuvieron reunidos los cuatro durante mucho rato.
Y como pasaban los días sin que pasara nada, nuestra tensión
nerviosa empezó a desaparecer, además, como el trato de nuestras madres para con
nosotros había vuelto a ser el de siempre, pensamos que ellas habían decidido no
decirle nada a nuestros padres y que había pasado el peligro.
Y aunque esto no cuadraba, para nada, con la larga
conversación que habían mantenido los dos matrimonios, esta idea nos
tranquilizaba y así poco a poco volvió nuestro apetito, volvimos a dormir a
pierna suelta, desaparecieron los sobresaltos y como es lógico volvieron "las
pajas".
En una de estas sesiones de "pajas" Juan me comentó que había
observado que nuestras madres, aunque se les podía ver de vez en cuando sus
intimidades, no se comportaban igual que antes, las encontraba tensas, y que él
tenia la sensación que antes cuando se les veía, ellas no se daban ni cuenta y
por eso actuaban con naturalidad, pero que ahora eran conscientes de que las
estábamos mirando y aunque se dejaban ver, lo cual le parecía extraño, lo hacían
a disgusto, lo que le parecía mas extraño todavía.
Alertado, empecé a darme cuenta de pequeños detalles y
observé que generalmente se les veía bastante más cuando estaban presentes
nuestros padres, lo cual era ilógico, pero como la normalidad, al menos en
parte, había vuelto y por tanto teníamos "material fresco" para nuestras "pajas"
deje de darle vueltas al asunto.
A nuestras hermanas debido a sus desastrosas notas,
decidieron enviarlas a un internado de señoritas, nos supo mal por ellas, pero
por otra parte a nosotros nos venia "de perlas" pues así no teníamos que
preocuparnos por ellas y era mucho mas difícil que nos sorprendieran, tanto a la
hora de "espiar", como a la hora de masturbarse.
Nuestros padres, ese año, al estar abriendo la empresa varias
sucursales que dependían directamente de ellos, solo tuvieron un mes de
vacaciones y cuando mi padre se marchó, me di cuenta que mi madre, estaba
nerviosa y pensativa.
Aproximadamente a la semana supe el porqué, pues estando en
casa ella y yo solos, me dijo que quería hablar conmigo, que el tema de la
conversación era serio y a ella le preocupaba muchísimo y precisamente por eso
quería que habláramos sincera y amigablemente, siguió diciéndome que como quería
total sinceridad ella me prometía que lo que dijéramos quedaría entre nosotros y
exigía que yo le prometiera lo mismo. Lógicamente se lo prometí.
Empezó por decirme, que había advertido que Juan y yo la
espiábamos con la intención de poder ver sus desnudeces, como es natural me puse
rojo como un tomate y no dije nada, debió de tomar mi silencio como una
aceptación, pues continuó diciéndome que como para ella el descubrimiento había
sido muy preocupante, se había visto en la necesidad, primero de comentarlo con
"mi tía", la cual había observado, después de ser advertida, lo mismo respecto a
ella y luego por así haberlo decidido ambas, de contárselo a nuestros padres,
pues no les gustaba tomar decisiones complicadas a ellas solas.
Continuó diciéndome que ambas se habían encontrado con la
sorpresa de que los respectivos maridos, no le habían concedido ninguna
importancia al hecho, ni en la conversación que había mantenido el matrimonio a
solas, ni luego cuando lo habían comentado los cuatro juntos.
Siguió diciéndome, que por la noche en la cama, mi padre,
había continuado la conversación y le había dicho, que lo normal era que además
de espiarla, yo me estuviera haciendo "pajas" a su salud y a la de otras
mujeres, pero principalmente a su salud, pues estaba en la edad de ello y por la
proximidad y la confianza ella era la mas asequible y que no le extrañaría nada
que le tomara prestadas las bragas sucias, para con su olor y su roce hacer mas
real lo que estaba imaginando.
A preguntas de ella, mi padre le había asegurado que sus
amigos y él mismo, habían hecho lo mismo que hacia yo ahora en su juventud y se
habían intercambiado información de todo tipo, todos su amigos por ejemplo
sabían que su madre tenia un lunar en el sexo por que el así se lo había
comentado, por eso consideraba tan normal que yo también lo hiciera.
Resumiendo me dijo, tu padre me ha pedido que intente
satisfacer tu curiosidad, al principio de una forma encubierta y mas tarde si
tengo la suficiente confianza contigo que averigüe cuales son tus apetencias y
las satisfaga hasta donde yo sea capaz.
Y terminó diciéndome, no le digas nada a Juan hasta que veas
que su madre también ha hablado con él, pues yo he decido ser muy directa y no
se ella como actuará, se muy discreto y piensa en lo que hemos hablado y mañana
continuaremos hablando.
A la mañana siguiente, cuando me levanté, ella estaba en la
cocina y me pidió que fuera a su habitación y que mirara si la bañera estaba
llena, al decirle que había suficiente agua, me pidió que la acompañara al baño,
una vez allí me dijo que me sentara en la banqueta, yo creí que quería continuar
la conversación y no sabia que podía decirle, pero no, ella empezó a desnudarse
para meterse en la bañera, al tiempo que me decía que ahora iba a tener la
oportunidad de ver a una mujer desnuda y así podía satisfacer mi natural
curiosidad.
Yo rojo como un tomate, no sabia que decir, ni que hacer, a
ella se la veía nerviosa y azarada, pero continuó desnudándose sin ninguna
prisa, dejando cada prenda perfectamente doblada, dándome así tiempo para ver
cada centímetro de su cuerpo conforme lo iba desnudando, primero se despojó
totalmente de la parte superior, quedándose con todos los pechos al aire, para
continuar seguidamente con la falda y con las bragas, estaba totalmente desnuda.
Yo, en aquel momento, de tanta vergüenza que sentía, hubiera
deseado no estar allí, sin embargo no podía dejar de mirar la belleza de mujer
que era mi madre totalmente embobado.
Mi madre, después de un momento me miró a los ojos
sonriéndome sin decir nada y apoyo primero un pie y luego el otro en el "bidet"
para desabrocharse las zapatillas, permitiendo así que le viera perfectamente el
sexo, luego se dio media vuelta y se agachó para comprobar la temperatura del
agua, lo cual me daba una inmejorable vista de su precioso culo y acabó
finalmente metiéndose en el agua.
Estando ella sumergiéndose en el agua cuando sonó el timbre
de la puerta, salí para ver quien era, tardé en abrir pues a pesar de la
vergüenza que había pasado llevaba tal "empalme" que no había forma de
disimularlo, cuando al fin pude arreglarlo para que no se viera la "tienda de
campaña" abrí la puerta para encontrarme con mi "tía", la cual al decirle que mi
madre se estaba bañando me dijo que ya volvería mas tarde.
Volví al cuarto de baño donde estaba mi madre y me quedé en
la puerta indeciso, no sabia que hacer, si volver a entrar o no, por una parte
estaba la vergüenza que había pasado y la sensación de estar haciendo algo
prohibido, de estar haciendo algo que no estaba bien hacer con mi madre,
viéndola desnuda había faltado muy poco para correrme y mis principios me decían
que eso no estaba bien, pero el deseo de volver a ver a mi madre desnuda pudo
más, con la excusa de informarle de quien había llamado volví a entrar en el
cuarto de baño.
Cuando le dije que era mi "tía" y que había dicho que
volvería mas tarde, asintió con la cabeza y dijo entre dientes, mejor. Luego se
levantó y ofreciéndome el jabón me pidió que le enjabonara la espalda.
El hecho en si no tenía la mayor importancia, pero para mi si
la tenia, enjabonándola estaba tan empalmado que el sexo me dolía, acabé de
enjabonarle la espalda, culo incluido y le ofrecí el jabón a ella con la idea de
ver como se enjabonaba el resto del cuerpo.
Ella sin coger el jabón me miro a los ojos y me dijo "supongo
que estas deseando seguir con el resto de del cuerpo, sigue pues, si así lo
deseas".
A pesar de no esperarlo no lo dudé ni un instante y continué
enjabonándole el resto del cuerpo, aunque lo que realmente yo estaba haciendo no
era enjabonarle, era tocarle, era sentir entre mis manos todo el cuerpo y el
sentir esas tan deseadas "tetas", ese culo tan prieto y bien formado y llegar a
su abierto sexo y sentirlo en mi mano fue superior a mi y me corrí sin poderlo
evitar, fue la mejor corrida que hasta ese momento había tenido y no me hizo
falta tocarme en absoluto, es mas yo hubiera preferido no correrme y no pude
contenerme.
Cuando acabé de enjabonarla, ella cogió la ducha y luego de
quitarse el jabón, procedió a enjabonarse y lavarse el pelo. Ella estaba con los
ojos cerrados para que no le entrara jabón, yo mientras estaba como hipnotizado
y no podía quitar los ojos de sus preciosos pechos que se movían constantemente
por los movimientos de ella friccionándose el pelo.
Cuando acabó me pidió una toalla pequeña para enrollarla en
el pelo y luego tras salir de la bañera me ofreció una toalla grande y
simplemente dijo, sécame.
A pesar de haberme corrido, la erección no me había bajado en
absoluto y el estar tocándola a través de la toalla, no ayudaba precisamente a
que se rebajara y me di cuenta de que a ella no le había pasado desapercibido
este hecho.
A pesar de ello, no dijo nada y levantó los brazos para que
le secara bien las axilas, luego empecé a secarle los pechos, entreteniéndome
mucho en esa zona sin que ella protestar por ello, le seque el resto del cuerpo,
dejando la entrepierna para el final, cuando por fin llegué a la entrepierna
abrió las piernas exageradamente para ayudarme en el secado, allí me entretuve
mas todavía, no quedaba nada ya por secar y no quería que aquello acabara.
De repente, a ella le cambió la respiración y se apoyó en mis
hombros, a pesar de mi inexperiencia supe que se estaba corriendo y no dejé de
"secarle" el sexo, mientras, yo mismo, me corría por segunda vez. Mi madre me
aparto suavemente y diciendo que ya estaba bien seca, se dirigió a su habitación
para vestirse.
Cuando ya vestida salió, yo estaba tumbado en el sofá, estaba
como atontado, no podía pensar, tampoco quería bajar de la nube en que estaba,
se quedó mirándome pensativa, volvió a sonar el timbre de la puerta y como ahora
la mancha del pantalón era más que notoria, mi madre dijo que ella abriría y
señalándola me dijo que me cambiara de pantalón y que me lavara.
Después de abrir, vino un momento a mi cuarto, yo me estaba
acabando de cambiar y me dijo que era mi "tía" y con un guiño cómplice me pidió
que fuera a casa de Juan y no volviera hasta que ella me llamara, terminando por
decirme "mañana cuando nos levantemos continuaremos hablando, no quedes con
Juan".
Marché a casa de Juan, yo continuaba en las nubes, a Juan
también le noté raro, como muy pensativo, me preguntó si mi madre había hablado
conmigo, le dije que si, pero que a medias, pues su madre nos había interrumpido
y que lo único que tenia claro era que no nos teníamos que preocupar por el
chivatazo de mi hermana, pues nuestros padres no le concedían importancia.
El me lo confirmó, y me dijo que su madre le había pedido que
de momento no me contara nada y quedamos, de común acuerdo, en hablar de ello
unos días mas tarde.
Prácticamente pasamos el resto de la mañana en silencio, a la
hora de comer, nuestras madres nos llevaron a un restaurante de la playa, pues
por lo visto no habían tenido tiempo de hacer la comida.
En la comida ellas estaban alegres y dicharacheras, nosotros
silenciosos y pensativos, habían muchas mujeres en bañador a nuestro alrededor,
que en otro momento hubieran atraído nuestra mirada, pero estábamos los dos
deseando volver a casa con nuestros pensamientos y no les hacíamos ni caso.
En mis pensamientos, mi madre había actuado de una forma
consciente y premeditada, sin alcanzar yo a entender, a pesar de las nerviosas
explicaciones que me había dado, el porqué de esa actuación y había provocado el
que yo le acariciara todo el cuerpo, siendo consciente en todo momento de la
excitación que ello me producía. Realmente eso que había sucedido era lo que yo
mas anhelaba, aunque nunca me hubiera podido imaginar que llegara a suceder,
pero ahora una vez hecho, no me sentía precisamente bien, pensaba en mi padre y
en como se sentiría si se enteraba.
Decidí esperar acontecimientos y quitarme todo ello de la
cabeza de momento, pues los sentimientos tan contrapuestos me estaban volviendo
loco e intentar, en cuanto pudiera, hablar con mi madre para clarificar el
porqué de todo lo sucedido y averiguar a donde íbamos a parar y así poder llegar
a conclusiones.
Estaba perfectamente claro que lo sucedido me había gustado
mucho y que siempre que se lo propusiera mi madre volvería a suceder, pero
¿estaba bien lo que habíamos hecho? ¿Quería yo realmente que volviera a suceder?
Veo, que el relato tiene la extensión que a mi me gusta, así
es que continuaré próximamente, si veo que os gusta.
Un saludo y hasta pronto.