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Fecha: 03-Ene-06 « Anterior | Siguiente » en Gays

Una Paja por mi Primo

esteban986b
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Una noche con mi primo cambió el sentido de la relación de amistad que llevábamos. Tuvo lugar un acto erótico que es nuestro gran secreto. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Una Paja por mi Primo

Ese sábado había ido a pasar el día con mi primo en casa de mis tíos. Por la tarde mi primo me invitó a una fiesta donde unos amigos suyos y, como me quedaría con él hasta bastante tarde, decidimos que dormiría en su casa, obviamente, con él en su cuarto. Eso no me disgustaba para nada pues mi primo y yo tenemos la misma edad (16) y él me resulta demásiado atractivo. Tanto su cuerpo como su cara me gustan. Yo tampoco me quedo atrás y sé que tengo lo mío. Ambos hemos sido deportistas, aunque en diferentes disciplinas y nos gusta mucho el fútbol, el cual practicamos juntos cada vez que podemos.

Llegamos a la casa, después de la fiesta, a la 1 am. Entramos tratando de no hacer ruido para no despertar a mis tíos. Entramos al cuarto de mi primo y cerramos la puerta, ya estábamos bastante cansados así que lo único que queríamos era dormir.

No era la primera vez que me quedaba a dormir donde mi primo, éramos muy cercanos y muy buenos amigos y ya habíamos pasado muchas noches juntos. Ya conocía mi rutina en su habitación, así que saqué una cobija del armario, la extendí en el suelo junto a su cama y puse una almohada. Esa sería mi cama. Como no tenía ropa de dormir, simplemente me quité mi ropa y me acosté a dormir en mis pantaloncillos, un poco ajustados por cierto. Mi primo también se alistó y se acostó a dormir rápido.

Pasó una media hora y yo no podía conciliar el sueño. El motivo: mis pantaloncillos eran ajustados y yo ya estaba acostumbrado a dormir con boxers amplios. Me fijé que mi primo estaba durmiendo con unos boxers bastante cómodos y me pregunté si en el armario tendría más boxers iguales.

Tratando de no despertar a mi primo, encendí la luz de la mesa de noche y caminé hacia el armario. Estaba de pie buscando entre su ropa unos boxers cómodos cuando el se despertó.

Primo: Que estás haciendo?

Yo: Estoy buscando unos boxers amplios para dormir, con estos pantaloncillos no he podido dormirme.

Primo: Busca en el cajón de abajo, creo que hay unos como los que tengo puestos.

Yo: No, no encuentro nada – respondí después de buscarlos.

Primo: Y por que no te quitas tus pantaloncillos y duermes desnudo?

Yo: No, me incomoda más – todo esto se conversaba con la mayor naturalidad entre él y yo – eso lo puedes hacer tu que puedes cubrirte con la otra sábana...pero yo no me sentiría cómodo (tampoco soporto cubrirme para dormir).

Mi primo pensó unos instantes y después dijo algo que sonó como música en mis oídos.

Primo: Entonces ten – dijo mientras se cubría bien con la sábana – toma mis boxers y yo duermo desnudo, siempre duermo así cuando estoy solo, además tengo esta sábana para curbrirme.

Mi primo se quitó sus boxers cubriéndose con la sábana y me los lanzó hasta donde yo estaba. Yo los recibí e inmediatamente me deshice de mis pantaloncillos para ponerme sus boxers. Intencionalmente, hice el cambio de prendas con mucho disimulo, pero totalmente de frente a mi primo quien me observaba como esperando a que yo apagara la luz y por fin pudiéramos dormir.

Primo: Y para cambiarte tenías que desnudarte frente a mi? ahora voy a tener pesadillas... – dijo mi primo en un tono sarcástico y riendo.

Yo: jaja, pues perdón señor, no sabía que le impresionaba tanto la desnudez de un hombre – respondí yo en un tono igualmente sarcástico.

Primo: No me impresiona jaja, todo lo contrario, verte desnudo da lástima.

Yo: Jaja, más bien deja ya de mirarme y duérmete – respondí yo y le lancé mis pantaloncillos a su cara.

Primo: Ahh sucio!!!, como me tiras eso, que asco.

Mientras me reía, ya con sus boxers puestos, volví a acostarme en mi improvisada cama.

Primo: Bueno, hasta mañana, que duermas bien.

Yo: Hasta mañana primo, y gracias.

Me acosté a dormir pensando en lo particular de la situación esa noche. Cuantas veces nos habríamos visto desnudos mi primo y yo? Muchas. Pero esta era la primera vez que comentábamos al respecto. Además, era la primera vez que yo sentía cierta excitación por mi primo, aunque antes lo hubiera visto como un hermano, en ese momento lo estaba viendo de una forma más erótica.

El pensar que mi primo estaba durmiendo desnudo en esa cama, cubierto únicamente por su cobija, me estaba poniendo a mil. Mi verga, por supuesto, estaba totalmente dura. Saber que tenía puesta su ropa interior me excitaba aun más. Quería hacerme una paja pero...¿Como? No podría entrar al baño pues lo despertaría nuevamente y además notaria mi erección. No podía hacerme la paja donde estaba pues ensuciaría sus boxers. Total, lo único que pude hacer fue consolar mi cuerpo mentalmente con la promesa de hacerme una buena paja al otro día, al levantarme.

Unas horas después me desperté sin entender bien donde estaba. Tardé unos segundos en recordar que estaba en la casa de mi primo. Instintivamente llevé una mano a mi verga, algo que hago todas las mañanas. Sentí entonces los boxers de mi primo y recordé todo lo de la noche anterior. Elevé mi mirada a la cama donde me imaginé que lo encontraría dormido y desnudo y, si la cobija se hubiera corrido en la noche, podría ver algo de su hermoso cuerpo.

Pero mi primo no estaba en la cama. Me incorporé para alcanzar a ver la puerta del baño: tampoco estaba allí. Volví a recostarme sobre mi "cama" y me di cuenta que estaba solo, que era el mejor momento para mi paja. Seguramente mi primo ya había salido a desayunar y se demoraría un poco. Me relajé y llevé nuevamente mi mano a mi verga, que ya empezaba a reaccionar ante lo que le esperaba. Empecé a acariciar mis guevas y la zona alrededor de mi pene. Me gusta mucho darme algunas caricias antes de iniciar una buena paja.

Decidí tomarlo con calma. Pensé que seria mucho más cómodo si me acostaba en la cama de primo. Y así lo hice. Me acomodé en su cama y prendí el televisor con la esperanza de encontrar algún programa de deportes o alguna película que me ayudara a excitarme aun más.

Estaba en un momento agradable. Mi cuerpo relajado, mi mano dentro de los boxers sobando mi pene mientras con la ora buscaba canales con el control remoto.

En ese momento escuché que abrían la puerta. Inmediatamente saqué la mano de los boxers y recogí una pierna para disimular el bulto que formaba mi erección. Era mi primo quien abría la puerta y estaba entrando, seguramente alcanzó a ver mis apresurados movimientos pero no mencionó nada.

Primo: Buenos días.

Yo: Hola primo, donde estabas? - saludé un poco alterado por su sorpresiva entrada.

Primo: Estaba tomando algo pequeño antes del desayuno, me levanté con un hambre horrible.

Mi primo tenía puesta una bata de baño. Tras nuestro breve saludo entró al baño dejando la puerta abierta. Yo, desde la cama, seguí cada uno de sus movimientos. Se paró frente al sanitario dándome su espalda. Posteriormente abrió su bata de baño y la retiró de su cuerpo colgándola de la pared. Yo estaba feliz de poder verlo, mi primo seguía desnudo, tal como había dormido. Por supuesto, me dio una vista privilegiada de su tenso trasero, sus piernas delgadas y duras y de su fuerte espalda, partida a la mitad, bien trabajada.

No le quité los ojos de encima ni un segundo. Posteriormente escuché el chorro de su pene descargando su vejiga en el sanitario. Cuando terminó, sin darse vuelta, mi primo tomó una toalla pequeña y la amarró a su cintura cubriendo su culo y su verga. Salió entonces del baño y se sentó, al frente mío sobre la cama. De tal forma que quedamos frente a frente, yo acostado con mi cabeza sobre la almohada y el sentado en el otro extremo, con su sexy toalla cubriéndole apenas lo justo para dejar volar mi imaginación. Apagué entonces el televisor pues supuse que él quería conversar un rato antes de la ducha.

Primo: Y que? Como te fue con los boxers, dormiste bien?

Yo: Si bien, pude dormir cómodo.

Primo: Tienes que escoger una ropa para ponerte ahora, solo busca tranquilo en el armario y te pones lo que quieras.

Yo: Gracias primo, mas tarde la busco.

Mi primo se quedó unos instantes en silencio y luego empezó a reírse.

Yo: Que pasa? Por que te ríes?

Primo: No creas que no me doy cuenta por qué no te levantas a buscar tu ropa jaja.

Yo: Como asi? no te entiendo.

Primo: Cuando entré a la habitación...jaja...vi lo que estabas haciendo jajaja

Yo: Como así? A que te refieres? – respondí con una fingida sonrisa y sintiendo además que mi cara se me ponía roja: mi primo se había dado cuenta que me estaba masturbando en su cama y en sus boxers.

Primo: Tu ya sabes, te estabas haciendo una paja cuando entré jaja. O crees que no se por qué tienes una pierna recogida...y además vi cuando sacaste la mano de los boxers jaja.

Yo: Jaja no, pero no era eso jaja, solamente me estaba acomodando, ya sabes, uno siempre se levanta algo duro por las mañanas – respondía yo sin saber que decir y con más vergüenza.

Primo: Bueno ya, pero no te pongas rojo que no pasa nada. Más bien por que no organizas tu cobija y tu almohada antes que ducharte. Levantate tranquilo que ya se como la tienes jaja.

Me levanté entonces de la cama para obedecer a mi primo. Ya no me importaba sentir vergüenza por sus comentarios y, aunque mi verga estaba todavía algo dura, no me importó que el viera mi bulto un poco crecido cuando me parara. Total, ya me había descubierto en mi excitación.

Efectivamente, mientras organizaba las cosas, no pude evitar que mi verga empujara la tela de los boxers e hiciera notar su buen tamaño gracias a la erección que me quedaba. De hecho, sentir que mi primo me observaba el bulto, asi fuera para burlarse, me había excitado un poco.

Primo: Jaja, todavía la tienes dura, se nota que estabas en una paja muy buena jaja, que pena haberte interrumpido.

Tratando de defenderme de sus burlas respondí.

Yo: No está dura hombre, ese es el tamaño normal - dije en broma - ya me di cuenta que tu problema es de envidia porque me la viste anoche mientras me cambiaba y te diste cuenta que no puedes competir conmigo jaja.

Primo: No, para nada, ahí si estas equivocado, yo tengo con que defenderme – y diciendo esto, mi primo que ya estaba sentado sobre el borde de la cama, abrió sus piernas y las cruzó imitando la escena de una famosa película. Su toalla, como si fuera una corta falda, se abrió dejándome ver todo lo que mi primo tenía debajo. Que era, de por si, bastante interesante.

Yo: Jaja – yo fingía mi risa pues en realidad hubiera querido lanzarme a lamer su verga apenas me la mostró.

Yo: Creo que tenemos lo mismo primo, eso del tamaño como que es de familia.

Dicho esto, volví a recostarme en la cama, me parecía que mi primo estaba comportándose un poco extraño. Todo ese juego podría ser simplemente eso, un juego, algo típico de él y sus bromas, o podría significar otra cosa. Total volví a acostarme en la cama en la misma posición en la que estaba y le pregunté:

Yo: Bueno, y no te ibas a duchar? Por que no vas primero?

Primo: Porque si te dejo solo eres capaz de terminar tu paja y correrte en mis boxers y en mi cama depravado jaja.

Yo: Y me vas a decir que nunca te la has hecho en la cama de tus papas o en la de tu hermana? Tu crees además que eres el único que se ha venido en esta cama? Y cuando traes amigos? Ellos vienen con sus novias no...?

Primo: Puedes decir lo que quieras primo pero no te voy a dar el gusto jaja, no te voy a dejar solo. Si te la quieres hacer te esperas hasta estar en tu casa.

Yo: No necesito que me dejes solo para hacerme una buena paja primo.

Primo: Entonces que? Te la vas a hacer en frente mío?

No respondí nada, simplemente, y con un sentido solo de broma, lleve mi mano bajo sus boxers y empecé a sobar mi verga mientras lo amenazaba.

Yo: Me la estoy haciendo jaja, tu decides, o me dejas solo para quitarme los boxers o te quedas allí viendo como me la hago hasta venirme en ellos, y además te juro que mojo tu cama también.

Primo: No te creo capaz, tu en realidad no te estás haciendo la paja, yo de aquí no me muevo.

Me quedé pensando un segundo mientras lo desafiaba. En realidad no me estaba haciendo la paja pues no me era fácil conseguir una erección si primo me estaba viendo. Pensé entonces dos cosas: primero, mi verga estaba plenamente cubierta por sus boxers lo que me daba cierta privacidad, segundo, mi primo, mi bello primo estaba sentado al frente mío dispuesto a ser un espectador de mi paja. Nunca me la había hecho delante de nadie, pero en este momento se estaba presentando la oportunidad de vivir algo así.

Cuando analicé las cosas desde ese punto de vista, inmediatamente mi verga reaccionó y mi cuerpo empezó a sentir la necesidad de mostrar ese acto intimo a otra persona, en este caso, mi primo.

Yo: Vamos a ver si no soy capaz – respondí calmadamente.

Para proporcionarme un poco de comodidad y tranquilidad, me relajé y llevé mi brazo izquierdo sobre mi cara cubriendo mis ojos. Casi siempre me masturbaba en esa pose y, además, me daría una sensación de privacidad aunque supiera que mi primo me estaría observando. Con mi mano derecha dentro de los boxers y abrazando mi verga, empecé las caricias típicas en el cuerpo de mi pene. Valga agregar que soy circuncidado y por ello mis pajas no incluyen mi glande a menos que pueda lubricarlo bien.

Primo: En serio te la estás haciendo? Esteban!, es en serio o estas molestando? - pregutó mi primo tras unos instantes de iniciar mi faena.

Yo: Tienes que hacer silencio para poderme concentrar - respondí yo con total serenidad.

Efectivamente, mi primo se quedó en silencio. No lo veía pues yo mantenía mis ojos cubiertos, pero sabía que seguía allí viéndome pues no había sentido que se levantara de la cama. Ser conciente que en ese momento era observado por él, me estaba excitando más de lo que pensé. A pesar del silencio, la imagen mental de su cara observándome me estaba excitando.

Seguí mi paja unos instantes más sin pensar en mi espectador. Pero no fue fácil, primero porque los boxers me estaban incomodando y quería quitármelos. Pero no lo haría delante de el. Y segundo porque quería descubrir mis ojos para enterarme sobre que estaba haciendo él en ese momento.

Levantando un poco el brazo para que él no lo notara, abrí levemente mis ojos para observar a mi primo. Lo que vi, me causo aun más impresión y excitación. Él ya no me estaba observando. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás y asumo que tendría los ojos cerrados. Su brazo derecho, entraba en su toalla y se perdía a la altura de la verga, donde claramente distinguí los movimientos repetitivos de una paja.

No quise decirle nada, era obvio que se había dejado llevar por la excitación del momento y que, si lo dejaba tranquilo, podría alcanzar un orgasmo allí mismo, conmigo. Pero si le decía algo, lo haría volver a su realidad y avergonzarse de su comportamiento.

Sin que él se diera cuenta, detuve mi paja y bajé mi brazo izquierdo. Todo el tiempo lo estuve observando. Posteriormente, tomé los boxers por el borde y los deslicé por mis piernas hasta quitármelos totalmente. Mi primo notó los movimientos, incorporó su cabeza y abrió sus ojos para saberr que era lo que yo estaba haciendo. Yo dejé de mirarlo para no intimidarlo. Mi verga quedó expuesta en todo su tamaño y excitación delante de la mirada asombrada de mi primo. Yo, indiferente, volví a la posición en la que estaba: mi brazo izquierdo cubriendo nuevamente mis ojos y mi mano derecha reanudando mi paja como si nada hubiera pasado. Obviamente, dejé un pequeño espacio para poder abrir mis ojos y ver a mi primo masturbándose frente a mi.

Empecé a masturbarme con la intención de venirme rápido pues, ahora que sabía que mi primo estaba compartiendo una paja conmigo, la excitación había aumentado a su máximo.

Estaba concentrado en mi actividad cuando vi que mi primo se levantó de la cama. Se puso de pie y caminó hacia la mesa de noche que quedaba justo al lado mío. Mientras caminaba, sostenía con su mano su hermosa verga blanca. Yo lo vi acercarse mientras sus guevas se movían al ritmo de sus pasos. Cuando estuvo parado junto a mi, puedo jurar que sentí el calor de excitado cuerpo y el olor a hombre por su desnudez y su excitación. Su cuerpo totalmente desnudo se me hacía ahora demasiado erótico. Mi primo también era circuncidado. Al parecer no le importó en lo más mínimo que yo pudiera verlo denudo, estaba totalmente concentrado en lo que hacía: del cajón de la mesa de noche sacó un tarro pequeño y después se dirigió a mi diciéndome:

Primo: Puedes correrte un poco para el otro lado? Necesito acomodarme bien.

Yo levanté el brazo de mi cara pretendiendo no saber que pasaba, y me corrí hacia un lado, tal como él me lo pidió. Me incorporé un poco y quedé en el extremo derecho de la cama, ya no acostado sino con mi espalda recostada a la baranda, casi sentado. Mi primo se sentó justo al lado mío, en el extremo izquierdo, concentrado en lo que hacia. Yo quería saber que tenía en ese tarro.

Abrió el tarro y lo inclinó sobre su mano derecha. Ahora lo entendía todo: mi primo tenía una especie de crema humectante para ayudarse en sus pajas, yo tenía lo mismo en mi casa. Vaciando crema en su mano, la pasó por su glande para lubricarlo de manera suficiente. Lo hizo con mucha paciencia. Sabía que yo lo estaba observando y no le importaba. Yo, ya no podía contener tanta excitación. Estábamos desnudos, sentados uno al lado del otro, con nuestras vergas duras y expuestas, y dispuestos a masturbarnos con total confianza. Sin duda alguna, este era uno de los momentos que estrechaban la relación entre dos adolescentes. Esta era una de esas etapas que se viven entre amigos y primos y que convierte a los amigos adolescentes, en verdaderos hombres amigos, que se conocen perfectamente.

Sin embargo, mi intención era otra, no quería quedarme viendo como su pene llegaba a un orgasmo sin que yo participara en el proceso. Su hermosa verga, bastante lubricada ahora, me producía demasiadas sensaciones y tentaciones.

Mi primo lubricó su verga con mucha paciencia. Mientras en una mano sostenía el tarro con la crema, con su otra mano impregnaba su verga desde la base hasta el glande. Sus piernas se tensionaban levemente cada vez que su mano rozaba su glande. Se notaba que estaba sintiendo bastante placer al hacerlo. Si bien no se estaba masturbando, la lubricada en sí era una experiencia más de autosatisfacción. Cuando terminó, antes de tapar nuevamente el tarro, me lo enseño y me dijo:

Primo: Quieres usar crema?

Asentí con mi cabeza sin responder. La excitación se había llevado mi voz. Sentía como mi corazón galopaba fuertemente al ser conciente de la erótica situación con mi primo. Recibí el tarro y seguí la misma rutina, un poco de crema en mi mano derecha y, ubicando el tarro sobre la cama, en el lado opuesto al de mi primo, empecé a sobar mi verga para lubricarla. Lo hacia lentamente mientras mi primo, con un ritmo lento también, se daba una paja que ahora incluía su glande y todo su pene. De vez en cuando soltaba su verga y llevaba su mano por entre sus piernas, acariciando sus guevas y sus ingles.

Yo lo miraba, con disimulo todavía, seguía observando sus movimientos y su verga mientras yo lubricaba la mía e imaginaba en mil fantasías eróticas con él. En ese momento, él rompió el silencio para decir:

Primo: Necesito más crema, pásame el tarro por favor.

Sentí temor por la idea que vino a mi mente, pero decidí arriesgarme. Tomé el tarro pero, en lugar de pasárselo, vacié sobre mi mano suficiente crema. Posteriormente, sin mirar a mi primo y simulando la mayor naturalidad del mundo, me incliné hacia adelante. Llevé mi mano con la crema hacia su verga. Lo hice de una manera sutil pero firme. Mi primo observaba mis movimientos pero no reaccionaba. Finalmente, abriendo mi mano, rodeé su glande inicialmente. Me detuve un momento esperando que hubiera alguna reacción pero, ante la inmovilidad de mi primo, decidí continuar mi tarea. Bajé mi mano desde su glande hasta la base del pene, lubricando toda la hermosa verga de mi primo y sintiendo su textura, su color, sus palpitaciones. Hubiera podido incluso asegurar que la sentí crecer un poco más en mi mano, eso intensificó mis propias sensaciones. Unas veces más deslicé mi mano por su verga hasta dejarla completamente lubricada. Después de haber terminado mi tarea, y ante el silencio de mi primo, volví a recostarme en la branda, lleno me miedo y excitación por lo que había hecho y empecé a masturbarme firmemente, a fin de llegar a mi tan necesitado orgasmo de una buena vez.

Mi primo hizo lo mismo, era como si nada hubiera pasado. Simplemente tomó su verga y empezó a masturbarse igual que yo, llevando su mano desde la base hasta la punta del glande y ejerciendo presión nuevamente al bajar. Yo observaba ya sin tanto disimulo lo que él estaba haciendo. Él, por su parte, tenía su cabeza reclinada en la baranda y sus ojos cerrados, su boca estaba abierta y suspiraba por el placer que estaba sintiendo.

Yo seguía masturbándome aunque me sentía un poco frustrado por no haber obtenido reacción alguna por parte de mi primo. Decidido nuevamente a intentar algo. Solté mi verga y exhalé un suspiro de relajación, rompiendo el silencio del momento para llamar su atención. Y funcionó. Mi primo detuvo su paja y levantó su cabeza por un momento para ver que pasaba conmigo. Yo volteé a mirarlo y nuestros ojos se cruzaron por un momento.

No pude sostenerle su mirada por mucho tiempo, simplemente, volví a inclinarme hacia adelante y, extendiendo mi mano, y ante la mirada atenta de mi primo, tome su verga por el espacio libre que me dejaba su propia mano. Solo pude tomarla con mi dedo pulgar por un lado y con los dedos índice y corazón por el otro. La había tomado cerca de la base pues su mano cubría la parte superior y su glande. Empecé entonces a mover mis dedos repetidamente para masturbar a mi primo.

Después de unos instantes, mi primo hizo lo que yo estaba esperando: liberó su verga. En ese momento yo la abarque totalmente con mi mano y la apreté con fuerza mientras la empecé a masturbar más fuerte que rápido, llegando hasta su glande y volviendo a bajar. Ya no era una lubricación, ahora estaba masturbando a mi primo mientras el respiraba aun más fuerte.

Lo estuve masturbando en esa posición por unos momentos. Yo me había olvidado totalmente de darle placer a mi propia verga, eso podía esperar. Por ahora, quería ver a mi primo derramando su semen en mi mano. Tras unos instantes, mi primo apoyó sus manos en la cama y se acomodó, todo esto sin dejar de recibir su paja.

Primo: Espera un momento

Yo: Que pasa

Primo: Siéntate más cerca de mi.

Solté su verga y me corrí más cerca de él, hasta que no quedó espacio entre los dos y nuestros cuerpos se rozaban desde nuestras caderas y nuestros muslos hasta nuestros pies. Mi primo se inclinó levemente y, acercándose más, puso su pierna derecha sobre mi pierna izquierda.

Primo: Ya sigue – me dijo en voz baja.

Llevé nuevamente mi mano a su verga, que ya me quedaba mucho más cerca y empecé a masturbarlo. Retomé el ritmo que llevaba, su verga me parecía más grande cada vez. Concentrado en su verga y acostumbrado ya a la sensación de su pierna sobre la mía, no me di cuenta cuando mi primo movió su mano derecha. Solamente me percaté de eso cuando, con esa misma mano, acarició mi pelvis. Rozaba los bellos que rodean la base de mi pene como tratando de recompensarme, con esas leves caricias, por la paja que yo le estaba haciendo. Posteriormente, mi primo fue un poco más atrevido y empezó a llevar mi mano por mis ingles y a sobar mi escroto. Era como si quisiera hacerme sentir placer pero evitando tocar mi pene.

Pensé entonces que yo debería darle tiempo, tal vez él solo estaba explorando o, efectivamente, si le gustaba la idea de masturbar a otro hombre, pero era tímido. Seguí masturbándolo sin prestar atención a su mano, hasta que sentí como empezó a sobar mi pene. Primero eran caricias por la cara inferior de mi pene, hasta llegar a la parte inferior del glande. Estas caricias las hacía con las yemas de sus dedos. Después, mi primo pareció decidirse y tomó finalmente el cuerpo de mi pene, evitando el glande aun.

Empezó entonces una paja mutua demasiado erótica. Después de muchos acercamientos y a raíz de una secuencia de eventos coincidenciales para él, y añorados para mi, mi primo y yo estábamos sentados en su cama, uno al lado del otro, con su pierna sobre la mía, dándonos placer mutuamente. Él, concentrado en satisfacer mi verga y yo, con la misma tarea en la suya.

Poco a poco fue tomando más confianza. Cuando yo pasaba la yema de mis dedos por el orificio de su glande, todo su cuerpo se estremecía y su mano apretaba más firmemente mi verga. Así seguimos por un buen tiempo hasta que empecé a sentir como su mano llegaba más arriba en mi verga y cubría mi glande. Mi primo la pasaba ahora, al igual que yo, desde arriba hacia abajo. Desde la punta del glande hasta la base del pene. Eran movimientos duros, pero con la ayuda de la crema, la sensación era solamente placentera y no dolorosa.

Cada vez aumentaba el ritmo de aquellas pajas. A medida que yo sentía que el debía ir más rápido en mi verga, yo iba más rápido en la suya. Entonces él entendía y aceleraba su mano.

Así continuaron unos instantes bastante calientes, bastante eróticos. Donde ninguno de los dos hablaba, ambos suspirábamos y exhalábamos. Los únicos sonidos que escuchábamos eran los de nuestras vergas siendo masturbadas y los de nuestra respiración fuerte y agitada, que a veces se cortaba cuando cerrábamos la boca para tragar saliva o para humedecer nuestros labios. El contacto de nuestros cuerpos nos hacía sentir el calor del otro y esto, al menos para mí, era una fuente adicional de excitación.

El placer era enorme. Por instantes cerrábamos los ojos, obligados por la excitación. Yo sentía placer tanto físico como emocional pues no solamente recibía la paja de la mano de mi primo sino que, además, la idea de hacerlo llegar a él un orgasmo, en mi propia mano, me parecía demasiado erótica.

Pronto sentí que mi cuerpo estaba a punto de rendirse ante los movimientos de la mano de mi primo. Inmediatamente aceleré para que él también se viniera al mismo tiempo conmigo. Ahora estábamos en la ultima etapa de una buena paja, cuando las manos se mueven frenéticamente buscando desesperadamente el orgasmo y el cuerpo se tensiona totalmente.

Al sentir un mayor ritmo en su verga, el también aceleró su mano y mi cuerpo empezó a contraerse más. Tras unos instantes de suspiros y de leves gemidos de los dos, yo lancé un suspiro más fuerte mientras los gestos de placer en mi cara reflejaban lo que estaba sucediendo. Mi verga disparó primero un poco de semen que fue a caer sobre mi cuerpo, para después liberar cada vez más cargas del líquido. Sin parar de masturbar a mi primo, abri los ojos para ver como me venía. Cada contracción me hacía sentir un orgasmo enorme y disparaba una nueva carga de semen. Yo tenía mi boca abierta y suspiraba con intensidad, trataba de ahogar los gemidos de aquel orgasmo que me producía mi primo. Poco a poco su mano y mi pelvis se empezaron a llenar de mi semen.

Mi orgasmo no había terminado y mi primo seguía masturbándome cuando sentí que apretó su mano en mi verga con más fuerza que antes. En ese momento emitió un gemido que trató de ahogar e, inclinándose hacía adelante por la intensidad de las sensaciones, mi primo empezó llegó a su orgasmo. Su verga empezó a lanzar chorros de semen sin parar.

Mi primo derramaba una buena cantidad de semen sobre su cuerpo, sobre mi brazo y mi mano. A juzgar por el volumen de su venida, su excitación fue mayor. Fue demasiado erótico ver su verga disparar su esencial liquido por muchos segundos, casi sin parar. Con cada contracción de su cuerpo, yo sentía una palpitación en su verga y, a continuación, una carga de semen que estallaba en mi mano y me impregnaba.

Ambos orgasmos fueron prolongados pues nuestras vergas tomaron un buen tiempo en descargar todo su semen.

Tras unos instantes, ambos detuvimos nuestras manos sin soltar nuestras vergas y, nos relajamos un poco, recostados a la baranda como estábamos.

Ahora más que antes, sentía el peso de su pierna sobre la mía y el calor que ambas se irradiaban. Me llegaba también el olor de su semen y el olor de mi semen. Ese era el testimonio de dos hombres que se habían otorgado placer mutuamente.

Mientras me recuperaba, volteé a mirar el cuerpo sudoroso de mi primo. Él mantenía los ojos cerrados, como si aun estuviera reponiéndose de los intensos momentos.

Tras unos instantes, mi primo soltó mi verga y, con su mano, corrió mi mano para que yo soltara la suya.

Posteriormente se levantó de la cama y tomó la toalla con la que antes rodeaba su cintura. Limpió su brazo, quitándose todo el semen que yo derramé en él. Limpió también su verga. Después levantó la toalla y me dijo:

Primo: quieres limpiarte?

Yo estiré la mano y la recibí mientras observaba a mi primo de pie al lado de la cama, él tenía una mirada de confusión pero de satisfacción. Su verga perdía su tamaño rápidamente, sin embargo colgaba grande de su duro cuerpo. La mía aun continuaba con una notable erección.

Mi primo no hacía ningún comentario. Solamente estuvo allí parado observándome, observando la escena, como tratando de digerir lo que habíamos hecho.

Sin decir absolutamente nada, se encaminó hacia el baño. Vi su espalda un poco sudada y su hermoso trasero alejarse hasta entrar al baño. Al parecer mi primo se sentía contrariado. No podía culparlo, no es fácil asimilar que se ha tenido una experiencia sexual con alguien del mismo género. Para mi, por otro lado, fue una experiencia demasiado erótica, demasiado intensa. Mi primo se había convertido en un buen amigo, y los buenos amigos comparten ese tipo de experiencias en su adolescencia. No una, sino varias veces más.

Fin

Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios, los pueden enviar a esteban986b@yahoo.com

Gracias:

Esteban



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