DESESPERADO POR UNOS PIES (VERSIÓN EN ESPAÑOL)
Soy un hombre de mediana edad y vivo en un pequeño pueblo, de
la Región de Toscana, Italia, cerca de la ciudad de Florencia. Soy homosexual y
me gustan muchísimo los pies de los hombres. Por ello he probado muchos.
Sobretodo si tienen un fuerte olor. Eso me vuelve loco. Una vez me acuerdo que
tenía unas ganas grandísimas de oler, besar y chupar un buen par de pies
olorosos. Pero, eran ganas de pies nuevos. ¿Qué cosa haría para tenerlos?
De repente tuve una idea muy buena. Yo vivo en un edificio,
justo en el tercer piso y recordé que en el piso de abajo vivía un muchacho de
dieciséis años llamado Kerlys. El no es un muchacho común. Nació en Italia, pero
es hijo de extranjeros que vienen de Sudamérica. Es bajo, delgado, blanco,
cabellos negros, ojos claros, desenvuelto y simpático. Lo conocí porque sus
padres me pidieron que lo ayudara en la escuela debido a que soy profesor de
Historia y Geografía. Interesante, pero, ¿Sería aconsejable tener este tipo de
contacto con un muchacho menor de edad y tan cercano?. Decidí que sí.
Bajé a su apartamento y toqué el timbre. Salió justamente él.
Tenía puestos unos zapatos deportivos negros con dos gruesas líneas blancas.
Eran zapatos de baloncesto, muy deseados por los jóvenes. Se veían viejos y un
poco sucios a causa del polvo.
- Hola Kerlys, ¿Cómo estás?
- Bien gracias. Estoy aquí solo, mirando la TV.
Me hizo pasar y después cerró la puerta. Nos sentamos en la
sala y él apagó el televisor.
- Es mejor que estemos solos, así podremos hablar con
confianza.
- Dígame.
- Vine aquí para saber si ya compraste los zapatos deportivos
nuevos que querías.
- Todavía no, me faltan 100 euros.
- ¿100 euros?, es mucho para ti. ¿Cómo lograrás tenerlos?
- Estoy ahorrando lo que que papá me da.
- Pero, ¿Y cuándo crees tú que terminarás de ahorrar?
- Creo que dentro de dos meses.
- Y tú los quieres lo más rápido posible, ¿Cierto?
- Cierto, siempre pienso en ellos.
- Yo podría darte ese dinero.
- Le agradecería muchísimo por eso y también le devolvería el
dinero.
- Te lo puedo dar y no será necesario tú me devuelvas el
dinero.
- ¿Cómo?, no le entiendo.
- Oye, yo necesito un servicio tuyo y si aceptas yo te daré
el dinero como agradecimiento.
- ¿Qué cosa quiere?
- Es algo muy simple. Me gustaría muchísimo que tú me
permitas oler, besar y chupar tus pies.
- ¿Cómo? Discúlpeme, pero, ¿Usted está loco?
- No, no digas eso. Tú me conoces y sabes que no estoy loco.
Es solamente que nos podemos ayudar: Tú me das lo que quiero y yo te doy el
dinero que necesitas. ¿Qué me dices?
- Suena extraño, aunque haría cualquier cosa por mis zapatos.
Pero, hay un pequeño problema.
- ¿Cuál?
- Mis pies están sucios y tienen un fuerte olor ahora.
Primero deberé lavármelos y cambiarme las medias.
- No te preocupes, me dará placer sentir ese fuerte olor.
- ¿Cómo?, ¿Le gusta ese olor?
- Sí, me gustan los pies "especiales", como los tuyos.
- Usted lo dice porque no conoce mi olor. Y es peor porque
mis medias las he usado desde hace varios días sin lavarlas. ¿También le
gustarían así?
- Sí, así me gustarían más. Si tú aceptas mi propuesta, yo te
daré los 100 euros que te faltan.
- ¡100 euros!, lo haré con mucho gusto. ¿Cuándo tendrá tiempo
Usted para eso?
- Ahora mismo. ¿Puedes ir a casa conmigo?
- Sí, puedo ir rápido, pero primero debo hacer una llamada
telefónica a mis padres para hacerles saber de mi salida. Les diré que debo
estudiar en su casa.
- Bien, ve. Subiré y te esperaré allí.
El muchacho se fue rápido mientras yo lo esperaba arriba. Mi
corazón latía fuerte por la emoción. Subió rápido y cuando llegó se sentó en el
diván de la sala. Allí tuvimos una pequeña conversación.
- Quería que tú supieras una cosa, Kerlys. Siempre me has
parecido un muchacho hermoso, pero tenía miedo de decirte algo porque tú eres un
menor de edad y tampoco sabía si eso te parecía desagradable.
- Desagradable no, me gusta muchísimo el sexo. He estado con
algunas chicas y también con un hombre que se enamoró de mí.
- Entonces, ¿Non sería ésta la primera vez para ti?
- Exactamente, pero ninguno me ha hecho eso que Usted quiere.
Me parece extraño, aunque seguramente me gustará. Estoy listo, Usted dice cuando
comenzaremos.
- Comenzaremos ahora mismo, pero, te pido no decirle nada a
nadie.
- No se preocupe, será nuestro secreto.
Dicho esto me puse de rodillas ante él. El muchacho alzó su
pierna derecha, acercándome el zapato a la cara. Cuando llegó a mi nariz comencé
a sentir un olor, todavía no muy fuerte, pero me gustaba. Mis manos acariciaban
el zapato derecho. Poco a poco se la quité y quedó con la media. De repente, un
fuerte olor invadió toda la sala. Con ambas manos le tomé el pie y aspiré. Era
ciertamente un olor muy fuerte, una mezcla entre sudor de pie, tela de media y
piel de zapato. En verdad sería demasiado fuerte para los demás, pero, para mí
era un sueño. La media se veía sucia y también tenía un hoyo por el cual se
asomaban dos dedos. Después de quitarle la media pude observar bien su pie. Era
pequeño, quizá treinta y siete, pero bello. Sin lugar a dudas, una obra de arte.
Debajo se veía sucio. Seguramente, porque caminaba sin zapatos en el piso de la
casa. Non hice caso a aquello, estaba maravillado con el fuerte olor que,
sobretodo, salía de sus dedos. Metí allí mi lengua y probé aquel regalo de Dios.
Su sabor salado era imposible de dejar. Ciertamente, era muy fácil transformarse
en esclavo de esos pies. Eran como un queso cortado en dos pedazos y yo debía
medir su calidad. "Óptima" -pensé-
- ¿Le gusta?- me preguntó él-
- Sí, mucho...demasiado...felicitaciones. Tu "queso" tiene
una óptima calidad...
- Entonces mis pies son un "queso" y ¿Lo quiere comer?
- Sí, déjame por favor.
- Claro, son suyos.
Mi lengua se paseaba sobre el pie tomando el sabor y el olor
que podía. Él también gozaba de aquello porque su respiración se había acelerado
y me decía:
- Así, así... coma este "queso"... es suyo...solamente suyo.
- Lo hago... pero falta el otro pedazo (el pie derecho).
- Es también suyo...tómelo todo.
Comencé desde el principio. Primero, le quité el zapato
derecho. Sin perder tiempo, su fuerte olor se transformó de nuevo en el dueño de
la casa. Mis ganas de olores fuertes fueron satisfechas por este otro pedazo de
"queso". ¡Oh Dios!, cómo gozaba. No podía controlar los movimientos de mi
lengua, que no solamente se contentaba por sus dedos, sino que había comenzado a
limpiar un poco el polvo que tenía bajo el pie. Inmediatamente tuve una buena
idea y me fui de allí.
- ¿Dónde va?- me preguntó el muchacho-
- Espérame aquí. Volveré dentro de un rato.
Fui a la cocina y pronto regresé con una botella de vino y un
vasito.
- ¿Sabes qué es esto?-le pregunté-
- Sí, una botella de vino.
- Cierto. La traje porque recordé que un buen queso se debe
comer con un buen vino. Ya que estamos en Toscana y aquí se hacen vinos
espectaculares, decidí traer esta botella de Chianti. ¿Lo conoces?
- He escuchado algo.
- El Chianti es el vino más famoso de nuestra región. Se
conoce en todo el mundo. Y éste está a la temperatura correcta: Diecisiete
grados.
- Interesante, pero, ¿Por qué ha traído solamente un vasito?
- El vasito es para ti.
- Y ¿Usted no tomará?
- Sí, pero mi vaso estará en tus pies, los dos pedazos de
"queso".
- ¡Bien!, ¡bien!, comencemos.
Le serví un poco en el vasito y se lo di. Lo probó poco a
poco con mucho placer. Luego, le pedí que derramara el vino de la botella
lentamente sobre sus pies. El líquido comenzó a recorrer la piel de sus pies.
Entonces, debí lamerlo con mi lengua lo más rápido que pude. El sabor de ambos
era una "alimento de reyes" y no me cansaba de absorber nada. El vino me ayudó
en la tarea de limpiar el polvo que tenía bajo los pies. Tragué toda esa mezcla
maravillosa con el mayor placer. Me parecía un sueño estar allí. Y Kerlys
pensaba lo mismo porque jadeaba cada vez más rápido. Lamentablemente, en algunos
minutos, se terminaron tanto el fuerte olor como el polvo. Sus pies quedaron
limpios. ¡Qué lástima!, porque no quería dejarlos.
El pene di Kerlys se había parado desde cuando había
comenzado a chupar sus pies. Él se lo había acariciado todo el tiempo, excepto
el momento en el cual derramaba el vino sobre los "pedazos de queso". Con un
tenue gesto de su mano derecha me señaló su pene y yo entendí lo que debía
hacer. Le tomé el pene con ambas manos y lo tragué con cierta dificultad por su
tamaño. Ciertamente, no era el más grande que había visto, pero el muchacho no
tenía ni altura, ni edad para un pene tan grueso y tan largo. Su nivel de
excitación era altísimo y por eso me dio su "leche" en pocos minutos.
Faltaba yo. Le pedí que me anudara su zapato izquierdo a la
nariz. Aspiré el fuerte olor que salía y al mismo tiempo con mi mano derecha
tomaba fuerte mi pene en una masturbación maravillosa y con mi mano izquierda
acariciaba el otro zapato. Él me miraba con mucha curiosidad. Terminé en algunos
minutos con una gran cantidad de mi "leche".
Nuestra amistad creció desde aquel momento. De allí en
adelante, no sólo lo ayudo con sus tareas, sino que también el me hace sentir
frecuentemente el fuerte olor de sus zapatos, sus medias y sus pies, sin duda,
el "queso" más delicioso que he saboreado en mi vida.