Pasión adolescente
Mi nombre es Juan, tengo 33 años y llevo 7 años casado con mi
mujer, tengo un hijo de 5 años, mi matrimonio es feliz y mi compenetración con
mi mujer en el terreno sexual es grande, antes de que ella fuese mi novia tuve
varias novias antes y practique sexo con todas ellas, he sido una persona
afortunada en ese aspecto pues he follado bastante a lo largo de mi vida, aunque
por supuesto no con tantas tías como hubiese querido y muchas tías he anhelado
de las que no he conseguido nada, pero vamos, no me quejo porque en general he
follado bastante (sobre todo con mi mujer cuando éramos novios).
Pero soy consciente de aún follando mucho hay recuerdos que
permanecen en la mente que nunca se olvidan y que vuelven a tu memoria una y
otra vez, por muchos años que pasen, y eso fue lo que me ocurrió a mí en Octubre
del 87 cuando tenía 15 años.
Pero será mejor empezar desde el principio, yo nunca fui un
chico muy interesado por el sexo en la adolescencia, de hecho con 15 años nunca
me había masturbado, y todos mis amigos lo hacían desde los 13 ó 14, pero a mi
eso me daba igual, nunca tuve necesidad, por supuesto que tuve alguna erección
(eso es inevitable) pero nunca me hice una paja porque ni siquiera sabía como se
hacía y las chicas me resultaban indiferente, a esa edad solo me interesaba
jugar al fútbol y salir con los amigos de marcha, pero no recuerdo ni una sola
vez que me gustase ninguna chica ni que por supuesto que me excitase para tener
una erección (todas mis erecciones eran erecciones matinales), y la verdad es
que para ir camino de tener 16 años era bastante raro a esas edades cuando todas
las hormonas están revolucionadas y el hacerse pajas es casi una necesidad
diaria para todo el mundo, pero desde luego ese no era mi caso.
Conozco a Arancha desde niños, ella tiene mi misma edad,
somos vecinos y nuestros padres se llevan muy bien (de hecho ambos trabajan
juntos), por tanto mi relación con Arancha siempre ha sido muy estrecha y
amigable, nunca he visto en ella un deseo sexual, nunca, ni quiera cuando a los
13 ó 14 años le empezaron a crecer los pechos y a cambiar su fisonomía, no tuve
ni el más mínimo deseo o atracción hacía ella, ha sido siempre como una hermana
para mí, y aunque siempre fue una niña muy guapa y atractiva nunca me intereso y
siempre la traté como si fuese un chico en vez de chica, incluso muchas veces
jugando al fútbol con ella.
A los 14 años empezamos los dos 1ºBUP en el mismo instituto,
y desde entonces quedábamos siempre todas las tardes para estudiar juntos, era
lógico que de nuevo en 2ºBUP (aquel Octubre del 87) volviésemos a quedar, y
jamás olvidaré ya ese día, me acuerdo perfectamente que era un día muy lluvioso,
escandalosamente lluvioso, y Arancha vino como siempre a mi casa a estudiar,
llevaba un jersey azul oscuro y unos vaqueros azules, y nada más empezar se
quitó el jersey para estar más cómoda, se quedó en camisa, una camisa blanca a
rayas negras, por supuesto que a lo largo de los años había visto a Arancha
miles de veces en camisa ó en camiseta, pero ese día algo me perturbó, no se que
fue, lo juro, pero algo cambio para siempre porque de repente no podía dejar de
mirar de reojo e incluso cortado lo guapa que estaba.
No entendía mis propios sentimientos o instintos, estaba
confundido, solo se que no me concentraba en el estudio, la observaba y cada vez
me gustaba más con esa camisa, y sobre todo lo bien que le quedaba con el
vaquero, estaba tan atolondrado que no podía ni atender al estudio, miraba su
camisa desde la manga hasta el cuello, por todos lados, desde todos los ángulos,
me gustaba muchísimo, y de repente tenía unas ganas locas de acariciarla, de
tocar sus tetas por encima de la camisa, de tocar su cuello, de jugar con ella,
de manosear su culo en el vaquero, etc...
Estaba totalmente flipado por mis pensamientos dado que era
la primera vez que pensaba cosas así y tuve la primera erección natural de mi
vida, ella no se dio cuenta, pero me sonroje de tal manera que tuve que decirla
que tenía que ir al servicio, me lavé la cara con agresividad y volvi al estudio
ya más calmado.
El resto del día ya fue normal, ella se fue para su casa y yo
ya vi la televisión como si nada hubiera pasado, ya ni me acordaba del incidente
cuando me fui a acostar. Me acosté y empecé a dar vueltas, no pensaba en ello
pero me dio la 1 de la madrugada, luego la 1’30, las 2, y yo desvelado
totalmente, totalmente nervioso y hasta como cabreado por no dormirme de la
extraña excitación que tenía, a las 3 de la madrugada me incorporé y me senté en
la cama, y de repente sin yo quererlo empezaron a pasar imágenes de esa tarde
por mi mente: Arancha quitándose el jersey, quedándose en camisa, la camisa
perfectamente metida por dentro del vaquero y a recordar cada uno de los miles
de detalles de la camisa unida a su cuerpo, no hacía más que ver esa camisa
blanca a rayas y sobre todo a la altura de sus pechos, no se si tenía mucho o
poco de tetas, supongo que poco a los 15 años pero a mi me parecía mucho.
Estaba tan nervioso que a las 3’30 me fui al servicio de
nuevo a lavarme la cara pero acabó pasando otra cosa bien distinta, no se ni
como ocurrió, solo se que me vi agarrándome el pene como intentando domarlo, lo
tenía de ereccionado como nunca, de repente me cegué totalmente recordando la
camisa, los vaqueros, todo... un cosquilleo tremendo, se me nubló la vista, unos
movimientos compulsivos con mis manos y eyacule la mayor cantidad de semen que
jamás he echado en mi vida, por supuesto que al ser la primera eyaculación de mi
vida era normal semejante tal cantidad pero solo recuerdo lo fatigado que me
quede, recogi todo en el servicio y me fui a acostar cayendo totalmente rendido
en la cama.
Al día siguiente fue muy dormido a clase, y más me valdría no
haber ido, pues nuevamente Arancha venía con esa camisa y vaqueros pero esta vez
con una cazadora vaquera, estaba muy guapa, y la combinación con la cazadora
vaquera le quedaba de maravilla, lo cierto es que en ese Otoño del 87 fue cuando
se impuso tanto las cazadoras vaqueras, todos (chicos y chicas) llevábamos
cazadoras vaqueras y lo cierto es que siempre ha sido (sobre todo gracias a
Arancha) una prenda que me ha parecido muy sexy, sobre todo cuando estuvo tan de
moda alla por el año 87.
Y como era inevitable por la tarde quedamos para estudiar, yo
por una parte quería quedar pero por otra no, estaba atolondrado, asustado y
como medio hipnotizado. Cuando llegó y se quitó la cazadora vaquera me entraron
unas ganas de ser yo quien le quitara la cazadora vaquera, estaba fuera de mí,
otra vez a su lado con esa camisa y esos vaqueros, y de nuevo las miraditas de
reojo observándola con el detenimiento y fascinación que tiene un arqueólogo con
una antigüedad.
Tenía todo un manantial de sentimientos y de deseos, deseos
de tocarla, desnudarla, poseerla... de todo un poco, mis hormonas adolescentes
de 15 años estaban estallando por todos los poros de mi cuerpo y al final pasó
lo que era inevitable.
Ella se levantó a coger unos apuntes y antes de que me diera
cuenta estaba yo también levantado frente a ella, y con los ojos sin mirarla a
la cara puse mis manos en su cintura, ella se quedó petrificada, sorprendida e
inmóvil sin saber que hacer, totalmente pasmada y un poco asustada por esa
reacción tan imprevista e irracional, pero a mí ya eso me dio igual, no podía
despegar las manos de su cintura, y el estar así uno enfrente del otro me excito
más y más.
Empecé a pasar mis manos por toda su cintura de un lado a
otro, con mucha delicadeza, con una pulcritud como si fuese un cirujano operando
a vida o muerte, finalmente levante los ojos y la mire a los ojos, ella esta
flipada, sin moverse, empecé a jugar con el cuello de su camisa, doblándolo y
desdoblándolo, estaba como hipnotizado, pero es que no podía parar, y su
silencio pasmoso me daba carta blanca para seguir, y vaya que si seguí.
Puse mis manos en su culo, apreté con fuerza en su vaquero y
la arrime más a mí, me sentía poderoso, como su amo, y que aún ella siguiera tan
perpleja me daba más confianza en mi mismo, la apretaba contra mí, notaba su
miedo pero al mismo tiempo su excitación, auque yo lo hacía todo muy torpemente
(hay que recordar que ambos teníamos solo 15 años) y me estaba dejando llevar
por mis hormonas revolucionadas.
Finalmente empecé a hacer lo que llevaba deseando desde el
día anterior, empecé a sacar su camisa poco a poco del vaquero, poco a poco, muy
lentamente, se me hizo eterno y disfrute mucho sacándola la camisa por fuera,
duro toda una eternidad ese momento y cuando termine de sacársela ya tenía una
erección más bestial que la del día anterior.
En ese momento me quedé totalmente cortado, para mi era
impensable desabrocharla la camisa y pasar a mayores, pero no podía quedarme asi
y me coloqué detrás de ella, pegué mi entrepierna contra su culo, la abracé por
detrás y puse mis manos decididamente en sus tetas, me sorprendí a mi mismo de
tal acto de valentía pero no me podía parar y notaba su excitación también,
poca, pero notaba algo.
Empecé a tocar esas tetas adolescentes, era una situación
excitante al máximo sabiendo que eran las primera vez que se tocaban esas tetas
y sobre todo porque rezumaba por todas partes a inocencia y pubertad, y esa
virginidad (tanto de ella como mía) daba más morbo a ese masaje de tetas, ella
empezó muy timidamente a gemir, yo no gemia, simplemente respiraba con
intranquilidad y solo deseaba acelear más y más ese tocamiento de tetas.
Finalmente como ví que mi excitación no paraba e iba
acrecentándose más y más me puse delante de ella, y dirigí mis manos al primer
botón de su camisa, lo desabroche, ella no dijo nada, miraba como si no supiera
lo que yo estaba haciendo, desabroche el segundo botón lentamente, sabia que un
botón más y la vería ya el sujetador y las tetas, pero ahí Arancha desperto de
esa especie de trance que tenía y volvió a la realidad, se apartó, se abrochó la
camisa, se la metió por dentro del pantalón y dijo que tenía que irse a su casa,
no lo dijo enfadada, sino como avergonzada de si misma de todo lo que estaba
pasando.
Salio de mi casa antes de que a mi me diera tiempo a replicar, pero no pude ni
seguirla, solo pude llegar al cuarto de baño y hacerme la segunda paja de mi
vida que fue espectacularmente impresionante, quedándome tan fatigado y
extasiado que me quedé dormimo a las 8 de la tarde.
Al día siguiente Arancha vino muy seria, o aparentando
seriedad, y me dijo que lo del día anterior no se volvería a repetir nunca más,
y que no volviera a sacar el tema, yo respete esa decisión (lo cual me costó un
sinfín de pajas durante todos esos días) pero poco a poco volvimos a la
normalidad de antes.
Desde entonces como he dicho al principio he tenido muchas novias y he follado
mucho pero nunca he vuelto a experimentar una atracción tan fuerte como ese día
con Arancha, a todas las tías con las que he estado siempre les he regalado una
camisa como la que trajo aquel día Arancha, y las he insinuado muchas veces que
se vistieran así como ella vino ese día, pero ni aún asi he conseguido volver a
tener ese hipnótico y visceral deseo incontrolable y es que el deseo adolescente
solo se experimenta una vez en la vida.