ANTHONY, MI AMO ÁRABE
Vivo en una ciudad de 100000 habitantes, aproximadamente. No
digamos que aquí todo el mundo se conoce, pero sí una gran parte. Así que no fue
difícil para mí observar a un chico de la colonia árabe, muy atractivo por
cierto, a quien veía siempre en un instituto donde impartían idiomas, cuando
tenía más o menos unos 15 años. No tenía idea de su nombre siquiera, ya que
estábamos en cursos diferentes, pero siempre lo veía. Es alto, delgado, piel muy
blanca, nariz ligeramente grande, ojos verdes y cabello rubio. Su rostro era
impresionantemente bello, me recordaba mucho a Maculay Culkin, el actor
norteamericano y así le decía cuando hablaba de él a mis amigos.
Con el tiempo fue creciendo y por supuesto se hizo más bello
aún. Se dejó crecer un poco el cabello y tenía una barba rala en su mentón. Era
normal verlo con vehículos y motos costosas. Se hizo dueño de una mueblería en
la Avenida Central, en cuya vidriera estaba su correo electrónico para
promocionarse ante los posibles clientes. Lo anoté y decidí enviarle un mensaje
para ver si nos podíamos ver. Le dije que era homosexual y que me gustaba mucho
y que si quería verme sólo tenía que manifestarlo. Para aquel momento él tenía
más o menos 23 años. Seis días después me contestó lo siguiente textualmente:
"mira maldito gay deja de escribir estupideces". Estaba triste por su respuesta.
En verdad era estúpido de mi parte pensar que un chico tan atractivo y con tan
buena posición económica se iba a fijar en mí.
Un día estaba en un banco ubicado en otra parte de la Avenida
Central y casualmente llegó él. Su presencia era imponente y me quedé viéndolo.
Por cosas del destino también él me vio. De hecho, cada cierto tiempo me miraba
y notaba que yo lo veía. Aunque no lo logramos hablar, me dio pie para enviarle
otro correo proponiéndole esta ver ser su esclavo y cumplir todos sus deseos. La
verdad, no tenía muchas ilusiones de que me contestara, pero de nuevo me
equivoqué. Días después, me llegó su respuesta, y me propuso vernos en un centro
comercial de la ciudad. Por supuesto me contenté muchísimo.
Llegué al centro comercial puntualmente. Miré en las mesas
dispuestas para la parte de la comida rápida y allí estaba como siempre: bello e
impresionante. Él no me conocía. Tenía el corazón a punto de salirme del pecho
cuando me acerqué a su mesa.
- Hola Anthony, soy el que te envió el correo.
- Ah, ¿Qué tal?, siéntate.
- Tenía grandes ganas de verte, siempre me has gustado
muchísimo.
- Yo sólo vine porque me interesó tu propuesta. Así que no te
hagas tontas ilusiones románticas porque de eso no habrá nada.
- Por supuesto lo que tú digas.
- Háblame más sobre tu propuesta de ser mi esclavo.
- Pues, en realidad no hay mucho que decir. Estoy dispuesto a
ser tu esclavo y a hacer todo lo que tú me digas.
- Eso es lo único que me gusta de todo esto porque nunca he
tenido un esclavo. Pero debes tener en cuanta que yo quiero a alguien dispuesto
a todo.
- Perfecto, yo estoy dispuesto a todo.
- Eso lo veremos. Vamos a ver si aguantas todo lo que te
tengo preparado. Si es así, podremos vernos de vez en cuando para saciar mis
ganas, de lo contrario, no me verás nunca más, ¿Entendido?
- Claro que sí, no hay ningún problema.
- Entonces vamos a otro sitio.
- Muy bien, tú dices.
Nos fuimos hasta su auto, un todo terreno muy lujoso con
vidrios oscuros. Tenía un poco de miedo por la expresión "Vamos a ver si
aguantas todo lo que te tengo preparado". ¿Qué querría hacerme? ¿Y si era un
psicópata y deseaba matarme?. Cuando abordamos su vehículo me dijo lo siguiente:
- Ahora te voy a poner esta venda para que no veas donde
iremos.
- No es necesario, yo soy muy discreto y no diré nada que te
dañe.
Inmediatamente me golpeó en el estómago con su mano derecha y
yo me doblé colocando el tronco sobre mis piernas a causa del fuerte dolor.
- ¿Eres idiota o qué?, aceptaste ser mi esclavo. No debes
contrariarme nunca y si lo haces, ya sabes lo que te espera.
- Disculpa, no volveré a hacerlo.
Entonces me tomó el rostro con su mano derecha y me colocó la
venda apretándola fuertemente mientras me decía:
- De aquí en adelante me llamarás amo, hablarás sólo cuando
te lo indique, cumplirás a cabalidad todo lo que te ordene por más difícil o
duro que te parezca y cuando no lo hagas te castigaré de tal forma que te
arrepentirás de no haberme obedecido.
- Claro, estoy para lo que me ordenes.
Me dio otro fuerte golpe en el estómago que me hizo salir
lágrimas de dolor.
- No te autoricé para que hablaras, además deber terminar tus
frases con la palabra amo. ¿Entendiste?
- Sí, amo.
- Ahora está mejor. Debes recordar que tú eres sólo un
imbécil que cumplirá mis deseos más profundos. Las chicas con quienes salgo son
gente importante, no como tú que eres un ser insignificante. Ellas no aceptarían
nunca las cosas que pienso hacerte. Así que tú sólo servirás como descarga para
mis instintos más viles. ¿Quedó claro?
- Sí, muy claro amo.
- Y es que si no hubiese quedado claro, igual tendrías que
cumplir mis deseos porque eres mi esclavo y me perteneces completamente. Fue
decisión tuya estar aquí. ¿Comprendido?
- Sí, mi amo.
Nos fuimos de allí y me pareció que mi amo condujo alrededor
de dos horas. Nos detuvimos en un sitio del cual no tenía ni la más remota idea
de donde quedaba. Estaba terriblemente asustado y hasta cierto punto arrepentido
por estar con él. Era muy hermoso, pero también muy duro. Sentí que se bajó a
abrir un portón que luego pasamos y también que estacionó el vehículo dentro de
un garaje.
- Quédate aquí, ya vuelvo – me dijo-
Se bajó y por el ruido que escuché que cerró el portón de
entrada y luego el del garaje. Se acercó a mí y me abrió la puerta del vehículo.
Entonces me ayudó a bajar y me llevó hacia una sala. Eso lo supe porque me quitó
la venda. Era una casa lujosa y cuyas características me daban la impresión de
que era un sitio de vacaciones. Las cortinas estaban cerradas, así que no podía
ver lo que sucedía fuera de allí.
- Ahora estás completamente bajo mi poder y sólo a mi
disposición. He estado instruyéndome en técnicas de tortura para que tú
satisfagas mis deseos. Por fin ha llegado el momento que había esperado por
años.
- Estoy de acuerdo con todo lo que quieras hacerme, pero
tengo mucho miedo amo.
Me haló fuertemente el cabello, estirándome la cabeza lo más
atrás que pudo y apretando fuertemente mi cuello, casi hasta ahorcarme, me dijo:
- Tú pareces no entender que no debes hablar sin mi permiso,
ahora calla y ven aquí.
Me trasladó hasta el centro de la sala y cuando mire al techo
me percaté que de él pendía una polea mecánica, de esas que se utilizan para
levantar motores de automóviles. Luego buscó en un armario unas esposas y me las
colocó. Bajó la cadena que colgaba de la polea y ató las esposas a ella.
Posteriormente, subió la polea hasta el punto de quedar con los brazos arriba.
Finalmente ató mis pies a un asa que estaba en el suelo con otra cadena.
- Espera un rato esclavo, ya vuelvo.
Se fue hacia una habitación de la cual salió más o menos en
15 minutos. Cuando volví a verlo estaba vestido con un traje típicamente árabe:
Una túnica de esas que se usan en el desierto y un lienzo anudado con una tira
negra alrededor de la cabeza. En verdad se veía muy bello. Me desgarró la camisa
y con un cuchillo cortó mis pantalones, mi ropa interior y mis medias. Quedé
totalmente desnudo. Luego, me colocó una capucha de cuero negro en el rostro que
tenía dos hoyos para que pudiera yo ver.
Se fue una vez más y volvió al poco rato con una cámara
filmadora sostenida sobre un trípode, la cual colocó y ajustó a la altura y
distancia más correspondiente para la mejor toma. Además traía en la mano
derecha un látigo de cuero negro.
- Quiero disfrutar de este momento todas las veces que desee.
No te preocupes, nadie podrá reconocer tu horrible rostro y como yo estaré de
espaldas a la cámara y con este traje nadie podrá reconocerme a mí tampoco.
Comenzaremos calentándote un poco. Para ello te daré una rica sesión de
latigazos.
Intenté gritar, pero estaba paralizado por el miedo. Sin
embargo, la expresión de mi cara le generó una sonrisa de gran maldad en mi amo.
Era evidente que disfrutaba con mi temor. Él tomaba el látigo con la mano
derecha y al mismo tiempo lo acariciaba lentamente con la izquierda. Comenzó a
reír un poco seguramente para aumentar mi angustia, cosa que logró. Después de
un minuto alzó el látigo y me azotó furiosamente por todas partes del cuerpo. A
cada azote que sentía, yo respondía con un fuerte grito, no podía siquiera
hablar para rogarle que se detuviera. Era evidente que nadie me escuchaba, de lo
contrario me habría puesto algo en la boca para que no se sintiera nada. El
ritmo de latigazos era de uno cada dos segundos aproximadamente. Su rostro tenía
una sonrisa que expresaba burla y placer. Cada vez que ese instrumento hacía
contacto con mi piel sentía como si algo me quemara y el dolor, que era de por
sí insoportable, aumentaba cada vez más. Mientras me azotaba me decía con voz
desafiante:
- ¡Toma maldito!, eres un imbécil e insignificante gusano y
aquí estás a mi merced. No te imaginas cómo estoy disfrutando de esto. Nunca
había sentido tanto placer.
Continuó con la sesión de latigazos por espacio de varios
minutos y luego se detuvo.
- Espera un rato esclavo, ya vuelvo.
Luego de que se alejara me incliné para ver mi cuerpo. Tenía
marcas muy pronunciadas por todas partes. Me dolían como nada lo había hecho
hasta ese momento. No tenía idea de que era lo que continuaría, pero tenía mucho
temor de ello. Al poco rato mi amo regresó con un envase de plástico pequeño en
la mano. Cuando se acercó pude ver que se trataba de alcohol, el que se utiliza
para curar heridas. Lo destapó y sin perder mucho tiempo comenzó a arrojarme el
contenido a mi cuerpo. El alcohol hizo que se avivara el dolor más aún, por lo
cual grité de nuevo, aunque sólo él logró escuchar algo.
- Ja, ja, ja. Nunca había gozado tanto. Cada vez que gritas
siento aún más ganas de hacerte daño. Mírate allí, sin poder hacer nada. ¿Te
duele, verdad?. Y eso que todavía no hemos terminado.
Se acercó a mí y lo pude ver de cerca otra vez. Era como una
rosa, hermoso para la vista, pero doloroso cuando intentabas tocarlo.
Súbitamente, enfiló su puño derecho hacia mi estómago y me golpeó lo más fuerte
que pudo. Grité de nuevo e intenté retorcerme, aunque no pude por causa de mis
ataduras. Entonces, bajó la polea y yo caí al suelo con mi cuerpo contraído por
el dolor. Me desató lo pies para liberarme del asa del piso e inmediatamente me
los volvió a atar, me desató las esposas de la polea, colocó allí la soga que
tenía en los pies y comenzó a elevarme una vez más, esta vez cabeza abajo. Rodé
por el piso mientras mi cuerpo subía hasta que mi cabeza se despegó del frío
piso. Me subió hasta que mi boca quedó a nivel de su vientre. Inmediatamente, se
sacó su pene que estaba en plena erección y lo puso en mi boca.
-¡Chúpalo bien, maldito perro! Y cuidado si me haces daño,
porque no vivirás para contarlo.
Por primera vez me gustaba lo que estaba haciendo, su pene
era verdaderamente un sueño: enorme, de color blanco y totalmente recto. Lo
engullí sin pensarlo mucho para darle la mejor mamada que de mi vida. Aunque la
posición me dificultaba. Él disfrutaba y se contorneaba rítmicamente y decía:
- Así…eso es…, sigue así esclavo…ahhh…que delicia…hazme
acabar ya.
Estaba disfrutando de ello, pero tenía que hacerlo eyacular
rápido porque sentía que toda la sangre me baja a la cabeza. Cerré los ojos y me
concentré en mi boca. De todas maneras no tardó mucho porque su nivel de
excitación era altísimo, dado a que estaba disfrutando algo nuevo para él. Sentí
un chorro de semen entrar en mi boca y tragué todo esa rica leche árabe.
- No creas que hemos terminado con esto. Ya verás lo que
viene.
Se fue y regresó con un artefacto que parecía un pequeño
rastrillo en cuyo mango al final tenía un largo cable con un enchufe que conectó
a un interruptor cercano.
- Siempre quise hacer esto con alguien. Sólo podía disfrutar
de ello en las películas porno. Y aquí estás tú, inmóvil y servil, para darme
ese placer.
Me acercó el "rastrillo" y apretó un botón que tenía en el
mango. De repente, comenzó a dar descargas eléctricas que atravesaron todo mi
cuerpo. Comencé a dar alaridos muy intensos por el dolor que me agobiaba.
Obviamente, mis gritos estimulaban a mi amo para que continuara torturándome.
Tanto fue el impacto de ese artefacto que me desmayé.
Desperté por las cachetadas que mi amo daba. Me encontraba en
una cama, boca abajo y atado de pies y manos a los cuatro extremos de la misma.
Nuevamente estaba inmóvil e indefenso. Puso la cámara en posición y se acercó a
mí con su pene erecto y enfundado en un condón. Se montó en la cama y se colocó
a mis espaldas. Traía en la mano un tubo de metal cuya punta estaba afilada.
- Qué cosas tiene la vida. Yo estoy disfrutando como un loco
y tú sufriendo como una bestia, porque eso es lo que eres. Ahora sentirás todo
el poder árabe dentro de ti.
- No, por favor, no me hagas daño, te lo ruego.
- Eso es, ruégame basura, demuestra que no eres nadie delante
de mí, eso me gusta, pero no me detendrás, eres mío, ¿Recuerdas?, tú mismo así
lo quisiste y yo te complací.
Se montó sobre mi espalda y colocó su pene en mi ano y
comenzó a penetrarme salvajemente. Nunca me habían hecho eso y por supuesto que
me dolió muchísimo. Era un dolor terrible que me forzó a gritar una vez más. Al
mismo tiempo comenzó a torturarme con la punta de tubo por varias partes de mi
cuerpo, cosa que aumentaba mi sufrimiento.
-Sufre imbécil, sufre, eso me gusta y grita más fuerte para
que me des más fuerza para someterte.
Algunos minutos después eyaculó dentro de mí y exhaló
sonoramente como prueba de su goce.
- Ahora espera aquí mientras me baño.
Regresó a la media hora, bañado vestido y ricamente oloroso a
colonia. Me desató y sacó una pistola de una gaveta:
- Nos vamos . No opongas resistencia, porque de lo contrario
me veré en la obligación liquidarte. Antes de irnos, acércate de rodillas e
inclínate ante mí.
No podía moverme mucho por todas las torturas que había
sufrido, pero hice mi mayor esfuerzo en cumplir con la orden. Cuando estuve
cerca me dijo:
- Quiero que beses mis zapatos y después quítamelos y me
chupas muy suavemente mis pies.
Hice lo que ordenó lo mejor que pude y después de un rato me
apartó dándome una patada en la cara que me hizo sangrar la nariz.
- Vamos, ya me aburriste.
Me colocó nuevamente la venda y me condujo a su camioneta
siempre a punta de pistola, la cual sentía en mi espalda. Condujo por un espacio
de dos horas y al final se detuvo en un lugar que resultó ser el recodo de una
carretera. Me quitó la venda y pude ver que estaba cerca de la ciudad. Me apuntó
con su pistola, mientras su mano izquierda sostenía la cámara y me dijo:
- Ya ha terminado tu calvario, estúpido, pero no puedo
dejarte ir, me delatarías.
- No, mi amo, nunca lo haría.
- No me puedo arriesgar a esa posibilidad. Disfruté mucho
contigo, pero ya encontraré a otro u otra imbécil que sacie mis ganas.
- Por favor amo no me mates, te lo ruego.
- Lo siento, despídete de la vida.
Cerré los ojos pensando en todo lo hermoso que iba a perder y
esperé el momento final. Como no sentía ningún disparo y los abrí nuevamente.
Entonces mi amo apretó el gatillo y la pistola hizo simplemente "Clic". No
estaba cargada.
- Ja, ja, ja, ja, ¿Qué pensaste?, ¿Qué soy un asesino?. Eres
un ser tan poco importante que no mereces ni siquiera que te mate. Ahora vete,
que yo te llamaré en otro momento para que volvamos a hacer lo mismo.
Cerró la puerta violentamente y me dejó allí, solo y desnudo,
en medio de la oscuridad de esa carretera, ya que había anochecido. Había
sufrido mucho, pero también conocí a quien más quería. Ya empezaba a gustarme
esa sesión de sadomasoquismo. Mi amo no tendría que buscar a nadie más. Para eso
estaba yo.
Corrí hasta una casa cercana y toqué a la puerta. Les conté
que me habían robado y dejado desnudo. Esa familia me consiguió ropa y me
permitió usar el teléfono para llamar un taxi. No obstante lo que había pasado,
me sentía realizado. Decidí que primero me curaría y luego volvería a buscarlo.
Era su esclavo y deseaba serlo para siempre.