Este relato fue anteriormente publicado por Juje, que ha
causó baja y tengo su permiso para publicarlo de nuevo.
Hola a todos, soy Juje. Hace unos meses escribí un relato
contando como empecé a tener relaciones sexuales con mi hermana. Ella es la
famosa Moonlight que en este foro va dejando mensajes por todas partes y a todo
el mundo. Solo he follado con dos chicas en mi vida, Sonia, que es mi hermana; y
una amiga suya que yo no conocía y fue la experiencia más patética de la
historia, le encontré un nuevo sentido a la palabra frigidez.
Nací con una malformación en la cadera y cojeo desde siempre,
lo que me impide tener otras relaciones con otras chicas, a pesar de tener
buenas amigas, pero de ahí no pasa ninguna. No aspiraba a nada más que un polvo
de vez en cuando con mi hermana y para mí era suficiente y lo mejor que creía
que me podía pasar sexualmente, pero a primeros de 2002 se fue con su novio a
vivir a Cullera. Dos días después de que ella abandonara Madrid, abrí la carpeta
de fotos de mi ordenata y me encontré con una foto suya desnuda. Desde entonces
me he hecho unas pajas de órdago observando esa maravillosa foto y el cuerpo
celestial de mi hermana.
Sonia es muy guapa, siempre ha tenido chicos donde elegir,
pues las chicas son las que siempre tienen la última palabra. Tenía 27 años
entonces, es rubia oscuro con el pelo largo y liso, ojos oscuros y unas tetas
tremendas y preciosas, aunque es delgadita. Gracias a un relato que publicó aquí
("Bajo el mismo techo (ella)") me enteré que sus medidas son 90-60-86. Está muy
buena. Yo soy rubio también, pelo corto, ojos oscuros y la polla en erección me
mide 16 cm. Sé que no es muy grande en comparación con los trabucos que dicen
tener en otros relatos, pero estoy orgulloso de su grosor. Una vez Sonia me dejó
penetrarle el ano pero no pude.
Estudio periodismo y antes de terminar los exámenes la llamé
para decirle que iba a ir a pasar unos días a su casa con ella y con Miguel, su
novio, para relajarme en la playa después de dos meses y medio sin parar de
estudiar. Si también se me ofrecía otra alternativa para descargar la tensión
acumulada, la iba a aprovechar, pero ya había estado dos veces antes en su casa
y no me había dejado casi ni tocarla. Sonia me dijo que la hermana de su novio
también quería venir ese verano y me propuso que fuéramos juntos para
acompañarla. Verónica, que así se llamaba la chica, trabajaba en una pizzería y
le fue fácil coger dos semanas de vacaciones. Yo, por desgracia solo iba a estar
una, pues mi madre dijo que había que pintar unas habitaciones de nuestra casa y
había que empezar cuanto antes. Mi hermana lo arregló todo con Verónica y yo le
saqué su billete de autobús.
Salíamos el día 8 de julio y quedamos en ir a recogerla a su
casa, después de comer, mi padre y yo, y después él nos llevaría a la estación
de autobuses. Yo solo la había visto en foto y no me acordaba de ella. Llamé al
telefonillo y oí a alguien preguntar por una ventana: "¿Quién?" Salí de debajo
del porche del portal y mirando hacia arriba dije que era yo, y ella me dijo que
enseguida bajaba. La visión fue divina, creía haber sentido un flechazo, pensé
que era un ángel. A los cinco minutos bajó y vi que no era tan guapa como creí.
Sería la perspectiva, o yo qué sé, pero tampoco estaba mal. Llevaba unas mayas
cortas de deporte por encima de medio muslo de color negro que le marcaban las
braguitas y una camiseta de manga corta blanca, con el número 13 en el pecho en
negro y las mangas también en negro, y si se subía un poco dejaba ver el
pendiente del ombligo, que para mí es lo más sexy en una chica. Es morena con el
pelo corto a la altura de la barbilla, tiene unos ojos grandes y verdes muy
bonitos y unos labios carnosos preciosos también. De cuello para abajo, lo mejor
que tiene a simple vista es el culo, con sus caderitas, y no sabéis cómo lo
mueve cuando camina; pero carece de pecho, tiene muy poco, pero da igual, es
simpatiquísima, charlatana y agradable.
Cogí su maleta y la eché al maletero. El trayecto hasta la
estación fue sonriente pero muy callada, abriendo la boca solo para contestar a
lo que mi padre le preguntaba. Intuí un viaje monótono y saqué de una bolsa el
disc-man y unos discos que llevaba de Kiss, Guns N´ Roses, Iron Maiden, The
Offspring, Extremoduro... Pero en cuanto montamos en el autobús, empezó a hablar
y no paró hasta que llegamos a Valencia. Hablamos de música, de cómo España
abandonó triste e injustamente el mundial de fútbol... Me contó su vida en verso
y cuando llegamos a nuestro destino parecía que la conociese de toda la vida. Ya
he dicho que era charlatana, pero joder, hablaba por los codos. Nació entre
nosotros una gran confianza durante el viaje; terminé incluso contándole un
secreto que solo saben mis amigos, y no tiene nada que ver con mi hermana, pero
no os lo puedo contar a vosotros. Era muy fácil hablar con ella... cuando se
callaba. Me sorprendí cuando me dijo que tenía solo 20 años, pues aparenta por
lo menos 23, que son los que tenía yo. Me parecía demasiada la diferencia con su
hermano Miguel porque él tenía 27 también, pero es que tienen dos hermanos más
entre ellos y nunca había oído a mi hermana mentarlos.
El piso tenía tres habitaciones. La pequeña era el despachito
donde trabajaba mi hermana, en otra dormían y follaban Miguel y ella, y la otra
se suponía que era la de invitados, pero como todavía no tenían dinero
suficiente, en ella había la tabla de planchar, las fregonas... y, entre otras
cosas, un colchón de 1,20 para los invitados, que sacamos al salón, para dormir
ahí retirando una mesa, ya que las comidas se hacían en la cocina. Ese día dimos
una vuelta y al volver nos pusimos cómodos para cenar y dormir. Miguel me dejó
un pantalón largo de un pijama suyo, porque yo pensaba dormir en calzoncillos,
pero él no quiso que durmiera medio desnudo en el salón con su hermana, aunque
ella en el colchón y yo en el sofá.
Tras cenar, Miguel se acostó porque se levantaba a las 6:00
para ir a currar. Vero le preguntó a Sonia si podía chatear y yo me quedé con mi
hermana en la cocina hablando de mis estudios y qué tal se encontraban mis
amigos. Se puso a fregar y me fui al despacho con Vero. Mientras ella iba un
momento al servicio, seguí yo chateando con el tío con el que estaba hablando
haciéndome pasar por ella y empecé a flipar con las guarradas que me escribía.
Estaba salido igual que todos nosotros. Vino Vero, y como yo estaba sentado en
la butaca, se me sentó en la rodilla, y después apareció mi hermana y se me
sentó en la otra rodilla. Mi hermana duerme con las braguitas y una camiseta que
deja ver estas un poco, y a través de mis finos pantalones empecé a sentir el
calor de su vulva en mi rodilla, ese calor que tantas veces había acogido a mi
polla y recordé nuestros momentos de placer, nuestros cuerpos sudorosos uno
encima del otro y el ruido como de chapoteo que se oía cuando se la metía. Ese
calor me lo pasó a mi cuerpo y antes de intentar hacer nada delante de Vero, me
fui al servicio a masturbarme. Un poco más de semen desperdiciado gracias a mi
hermana. Es que hay que joderse; empezábamos bien las vacaciones.
Esa noche dormí en el sofá y me levantó mi hermana a las
10:00 con dolor de espalda. Durante esos días mi hermana hacía por las mañanas
las tareas del hogar y cuando Vero y yo nos íbamos a la playa, ella se metía en
su despacho para trabajar y así por la tarde podía acompañarnos a bañarnos,
aunque aquella primera mañana a Vero se le antojó ir a visitar tiendas y conocer
el barrio y tuve que ir con ella. Por la tarde, por fin, fuimos a la playa con
mi hermana. Sonia se quitó la parte de arriba para estar en top less y al ver
esos dos hermosos pechos, mi erección fue casi incontenible. Era una tortura
para mí. Esas tetas de las que yo había mamado lujuria y deseo, ahora eran fruta
prohibida. Mis manos estaban limitadas a extender un poco de crema por su
espalda. Cuando reaccioné y dejé de comerme con los ojos los pezones de mi
hermana, le pregunté a Vero:
- ¿Y tú qué? ¿No te quitas la parte de arriba?
- No, no, no...- me dijo riéndose – ¿Qué más quisieras?
Miguel cuando volvía de currar, se pasaba por casa y después
iba a la playa a encontrarse con nosotros. Y por la noche, Vero insistió en que
durmiera con ella los demás días porque en el colchón cabíamos los dos
perfectamente y en el sofá iba a terminar baldado.
Pues así pasaban los días. Por la mañana a la playa con Vero,
por la tarde a la playa con Sonia y con ella, y después de cenar mi hermana se
ponía a trabajar mientras Vero y yo acostados hablábamos hasta las tantas según
iba creciendo nuestra amistad. Y tarde o temprano tuvo que surgir el tema del
sexo. El jueves por la noche, me preguntó con cuántas me había acostado.
- ¿Con cuántos te has acostado tú?- esquivé su pregunta.
- Pues el primero fue un chico de mi clase, que a los 17 me
quitó mi duendecillo.- me quedé mirándola mientras le preguntaba con la mirada a
qué se refería exactamente con lo del duendecillo – Que me desvirgó.- me dijo, y
continuó– El segundo fue también un chico del instituto. El tercero un primo de
una amiga mía, y el cuarto es Dani, que corté con él hace dos meses porque es un
gilipollas muy celoso. Ahora tú.-
- Pues yo debería responder que dos.- y una vez dicho eso me
di cuenta que una era mi hermana y no le podía decir nada.
- ¿Solo dos? ¿Y eso? ¿Eres gay o qué?- me preguntó
sorprendida y riéndose.
- Sí, es por la cojera- respondí.
- Anda ya, esos son gilipolleces. Y ¿quiénes han sido?
- Una amiga de mi hermana.
- ¿Y la otra?- me preguntó y tuve que hacerme el tonto.
- ¿Qué otra?
- Me has dicho que eran dos.
- No, te he dicho una. Me habré confundido.- y ella se empeñó
en que le dijera la otra.
Estuvimos un rato con un tira y afloja y, al final, cansado
de tanto rollo, me armé de valor y se lo dije: "La otra es mi hermana, pero no
le digas nada" y empezó a reírse a carcajadas tapándose la boca rápidamente para
no hacer ruido.
- Así que es verdad que solo has estado con una.- quedó
convencida.
Después le conté que nunca me habían besado con lengua. Mi
hermana no lo hacía porque, según ella, los besos son para los enamorados, y
nosotros no estábamos enamorados, solo practicábamos el sexo juntos; y a su
amiga la besé una vez la tarde que estuve con ella para quitarle el miedo a
hacerlo, pero su aliento era un tanto impúdico y no me gustó nada, por lo cual
no lo volví a hacer.
Esa misma noche, cuando Vero y yo llevábamos unas dos horas
durmiendo, me desperté y vi que eran sobre las 4:30 por un reloj luminoso que
había en el salón. Fui a hacer pis, abriendo con cuidado una puerta que hay en
mitad del pasillo, que no sé qué pinta ahí, pero ahí está, y cuando volví al
salón, al meterme bajo la sábana y al llevar pantalón largo, se me subieron para
arriba las perneras, como siempre, y es algo que me resulta muy incómodo. Estiré
el brazo para ponerme bien la parte de abajo del pantalón y con la mano rocé sin
querer la piel de Vero. Estuve pensando en ello mientras me ponía bien el
pantalón: "¿Eso era su cadera?" me preguntaba. Me hizo sentir algo extraño saber
que había rozado la piel de una parte un tanto íntima de Vero. Me tumbé mirando
hacia arriba y me pregunté si realmente era el camisón subido, porque a lo mejor
lo que rocé no era su piel. La llamé bajito dos veces arrimándome a su cara y
comprobando que tenía los ojos cerrados. Despacio eché la sábana hacia atrás y
vi que tenía el camisón subido hasta casi la cintura y mostraba sus braguitas.
Eran blancas, de encaje y a través de ella podía ver la oscura mancha de su
pelo. La terraza estaba abierta y la persiana levantada del todo, pero yo solo
sentía calor... La verdad es que mucho aire no entraba, pero da igual. Se me
puso durísima y me quité los pantalones. Ya no importaba que estuviera muy buena
o no, Vero me excitaba por su forma de ser. Bueno, y porque le estaba viendo el
coño también. No lo pude evitar; me saqué la polla por la abertura del boxer, la
cogí fuerte con el puño y, con un poco de temor, empecé a moverla para arriba y
para abajo intentando no hacer ruido. Le rocé con el dorso de la mano y sentí la
mata de pelos. De repente, se abre la puerta del pasillo. "Me cago en la leche,
ya me han jodido la paja de mi vida". Se enciende la luz de la cocina y decido
salir para meter prisas a Sonia o a Miguel, quien fuera, y así poder terminar
con la paja cuanto antes, pues sabía que no iba a tener otra oportunidad igual.
Entro en la cocina y está mi hermana con su camiseta buscando algo en el
armario.
- Vaya, ¿no puedes dormir tú tampoco?- me pregunta, a lo que
digo que no– Al final te has empeñado en dormir en calzoncillos, ¿ehh? Oye,
¿sabes dónde están las palmeritas?- En España son como unas galletas, por si en
otros lugares no lo saben.
- Me terminé yo la caja después de comer. Quedaban dos.-
- Pues mojaré magdalenas.- se resignó porque no le gustan
mucho.
Se estiró para coger un vaso que hay en el escurreplatos
encima de la pila. Al hacer esto se le levanta la camiseta y me fijo en lo que
antes no había reparado: su culo desnudo sin braguitas ni nada.
- ¿No llevas bragas?- le pregunto mientras pone a calentar un
poco de leche de vaca.
- Perdona, no me he dado cuenta. No te importa, ¿no?- Le
había visto el culo cien veces ya– Es que he estado en xxxx.com leyendo
relatos.- las equis es para no hacer publicidad gratuita de otra página.
- ¿Ya no entras en xxxxxxxx.com?- le pregunto.
- Es que ya me he leído casi todos los relatos, así que
alterno con otras páginas.
- Y ¿por qué lees sin bragas? Ahhh, ¿es que las mojas o es
qué...?
- Las mojo, y a veces ambas cosas.- contestó.
Me contó que es que Miguel llega medio muerto de trabajar,
solo lo hacen los fines de semana y, a veces, como le gusta ponerse a leer
relatos después de currar, no puede aguantar y se hace un dedo. Me estaba
poniendo más tieso mientras me contaba eso.
- Pues aprovéchate de mí estos días que voy a estar aquí.- le
sugerí.
- Que no te pongas pesado, Juje. Ya te he dicho muchas veces
que ahora es como si estuviera casada.- me reprendió.
- Claro, por eso casi no follas.- le dije sonriendo para que
no se cabrease– Además, no sé de qué te quejas. Yo no meto en caliente desde que
te fuiste de casa.
- Por eso te dejé la foto. Pero olvídate porque ya no te voy
a dejar tocarme.
- ¿Tampoco me vas a dejar hacerme pajas?- le dije con
recochineo.
- Eso ya es cosa tuya.- me respondió.
Me levanté, me bajé los calzoncillos y empecé a machacármela
de pie.
- Enséñame otra vez el culo.- le pedí.
- No.
- Pues abre un poco las piernas para ver qué guardas ahí.
- No. Ya sabes lo que hay.
- Por eso quiero verlo.- pero me volvió a decir que no– Pues
enséñame las tetas.
- Que noooo.
- ¿Qué más te da si te las veo todos los días en la playa?
Se bebió la leche con cacao que le quedaba en el vaso y me
mandó acostarme mientras salía de la cocina y se iba a su habitación.
Volví al salón y Vero se había dado la vuelta. Estaba
bocabajo y la destapé de nuevo tras asegurarme de que dormía. Seguía teniendo el
camisón subido. Me senté en el colchón y me saqué la polla. Empecé a masturbarme
fuerte y rápido, pues tenía unas ganas locas de correrme, más que nada por el
calentón que me había producido Sonia, y esa excitación aumentaba al ver el culo
de Vero tapado por las braguitas. La verdad es que tenía muy buen culo que no me
dejaba apartar mi mirada de él. Iba a reventar si no me corría, y a los pocos
minutos me llegaba el orgasmo y avisó de su presencia dejando escapar dos
chorros de lefa, y el resto cayó en mi mano. Me levanté a la cocina por una
servilleta de papel. Volví al salón encendiendo una lamparita y le limpié a
Vero, con sumo cuidado, el segundo chorro, que le cayo en la espalda manchando
el camisón, y el primero no sé dónde fue a parar, así que no pude limpiarlo. A
la mañana siguiente nada había pasado.
Por la mañana, Sonia me dijo muy enfadada que Vero le había
dicho que ya sabía lo que hubo entre ella y yo, y mi hermana se lo verificó. Le
dije yo que Vero no se lo había creído cuando se lo dije y le reprendí yo a ella
porque metió la pata diciéndole que sí había sido verdad.
El día transcurrió con normalidad. Por la tarde, en la playa,
ante la estupefacción de Sonia y mis ojos como platos, Vero se quitó la parte de
arriba del bikini.
- Estoy alucinada.- dijo mi hermana.
- Me apetece probar.- contestó Vero.
En un momento dado, estoy a varios metros de la orilla
buscando a Vero con la mirada, que también me estaba buscando a mí ya con la
parte de arriba puesta. Levanté los brazos y los empecé a mover, y al cabo de un
rato me vio. Se echó a nadar hacia mí. Hizo un alto para no darse de morros
contra un chico, luego se chocó contra un hombre, y finalmente, se sumergió y
volvió a emerger a dos metros de mí. Avanzó a pie esos metros hasta estar cara a
cara, cuando me dijo que tenía algo para mí. "Cierra los ojos." me dijo. De
pronto sentí sus labios carnosos, rosados y merecedores de todo beso apasionado
sobre los míos y un impulso eléctrico recorrió mi cuerpo. Instintivamente abrí
la boca y su húmeda y caliente lengua entró recorriéndola toda. Al principio
estaba un poco confundido, solo podía sentir todas las sensaciones que se
mezclaban en mi cuerpo al igual que lo hacían nuestras lenguas en nuestras
bocas. Sentí lo mismo que la primera vez que mi hermana empuñó mi pene, el cual
con el excitante beso de Vero, se endureció más de lo deseado porque no quería
que nadie lo notara, cosa que no podía pasar al estar bajo el agua, pero en esos
momentos, uno no sabe ni donde está. Se sucedieron más besos seguidos, y en
todos le metía la lengua hasta el estómago. Dejamos de besarnos y me preguntó si
tenía algo que decir al respecto. Seguramente ella se esperaba que le dijera que
había sido precioso, o al menos, que me había gustado, pero le dije en plan de
coña y para no parecer demasiado cursi: "Se me ha puesto dura." Puso una cara
muy rara y pensé que la había cagado. Iba a disculparme, pero antes de hacerlo,
sonrió y me dijo: "Ahh, ¿si?" y me plantó la mano en la polla. Pensé que mi
careto en ese momento debía ser un poema, pero era el suyo el que realmente
parecía uno. No sé si era porque me la estaba tocando, pero con la boca abierta
y cara de sorpresa, la vi más guapa que nunca. Metió la mano bajo el bañador,
"Joder" exclamó. Me bajó el bañador un poco y me la empezó a menear lentamente
bajo el agua. Quizás no me creáis, pero me da igual, no sabéis cómo disfrutaba.
Intenté liberar uno de sus senos, y cuando lo hice, me dijo que había mucha
gente alrededor, que me esperara, y se volvió a colocar el bikini. Creo que en
tan solo tres minutos me corrí.
Esa noche, como era viernes, fuimos a un pueblo cercano a
tomarnos algo y bailotear un poco con unos amigos de Sonia y Miguel. Yo no
bailé, pero bueno. Llegamos a las 6:00 de la madrugada. Lo primero que hice fue
ir al baño urgentemente... la llamada de la naturaleza. Cuando salí, pensaba
hablar con Vero de lo sucedido en la playa. No sabía cómo iba a sacar el tema,
pero no hizo falta pensar mucho porque cuando llegué al salón, estaba dormida.
Nos levantamos todos cerca de las 16:00, comimos y nos fuimos un rato a la
playa.
Esa noche Miguel tenía la despedida de soltero de un
compañero del trabajo y a las 22:00 se fue. Nosotros habíamos alquilado al
volver de la playa un par de películas: "Scary movie", para reírnos un rato; y
"Faust" porque a Vero le gusta el cine de miedo. Vimos la primera mientras
comíamos pizza y palomitas, y luego pusimos la otra. A la media hora nos dimos
cuenta de que "Faust" era un petardo. Mi hermana se fue a su despacho a trabajar
un poco y Vero y yo nos pusimos a hablar. Un rato después, no sé si ella o yo
fue quien dio el paso, comenzamos a besarnos mientras le desabrochaba el
sujetador; quería hacer lo que en la playa me hubiera gustado el día anterior.
Se lo sacó por una manga como hacía la actriz de "Flashdance". Le subí la
camiseta y le estuve contemplando el pecho por unos momentos. Tenía unos pechos
pequeños, firmes y con dos pezoncitos rosaditos. "¿Cuándo vas a empezar?" me
preguntó. Chupé delicadamente sus pezones duritos y puntiagudos durante unos
diez minutos solo. Ella pasaba las manos por mi pelo y se le escapaban suspiros
de vez en cuando. Estábamos sumidos en la lujuria, ni siquiera pensábamos en
dónde o cómo íbamos a acabar, y de pronto se abre la puerta del pasillo. Vero se
baja la camiseta, yo recupero la compostura y hacemos como si estuviéramos
atentos a la película. Entra Sonia y nos pregunta si por casualidad sabíamos
dónde estaba la revista que estuvo leyendo esa tarde en la playa. Al oír nuestra
negativa, se pone a rebuscar entre otras revistas que hay en el mueble donde
está ubicada la tele. Al ponerse en cuclillas mientras revuelve las revistas que
ahí había, la camiseta se le sube un poco de la espalda y puedo verle un poquito
el culo y un tanga blanco metiéndose entre sus nalgas, pero yo solo quería que
se fuese rápidamente para seguir degustando los pechitos de Vero. Mi hermana se
levantó y cuando fue a salir dijo: "¿Qué hace eso ahí?" Yo me quedé helado, no
por la pregunta en sí, sino por la cara que puso. "¿Qué es lo que pasa?" me
preguntaba yo mirando para todas partes, hasta que bajé la mirada y vi en el
suelo el sujetador de Vero. Nos quedamos mudos ella y yo con la mirada en el
suelo. Sentí un gran alivio cuando Sonia empezó a reírse de forma que indicaba
que nos daba su aprobación, la cual corroboró cuando le dijo a Vero:
- Qué bien te lo vas a pasar.
- Sí, igual que te lo pasabas tú, ¿no?- le dijo Vero a mi
hermana riéndose.
- Sí. Ya verás, ya.- le contestó.
- Eres la leche. ¿Qué te crees?¿que me creí eso de que
follabas con tu hermano?- dijo Vero.
- Es verdad- le contestó– Pero si no te lo quieres creer, no
te lo creas.- y empezó a dudar la chica en cuyos pezoncitos no podía dejar de
pensar haciendo que cada vez me doliera más la polla por estar prisionera y
haciendo presión contra la dura tela de un vaquero.
- Vale, pero si es verdad dale un beso en la boca.- le
propuso a Sonia, la cual me dio un pico en los labios– Pero así yo también se
los doy a mi hermano. Eso no vale, tiene que ser un beso con lengua.- y por lo
que os comenté más atrás, mi hermana se negó– Claro, no lo haces porque es
mentira.- le dijo Vero sonriendo por su convencimiento de que llevaba razón.
- Ya verás.- dijo mi hermana, que no soporta que duden de
ella porque es una malota, mientras me bajaba la bragueta del pantalón.
Alcanzó mi polla, pero al no poder sacarla y ante mi
desesperación y emoción por lo que se acontecía, me desabroché cómo pude el
pantalón y mi hermana me lo bajó, junto con el boxer, hasta las rodillas. Ahí
estaba mi pene apuntando al techo, firme cual borrego militar dispuesto a dar en
la batalla todo lo que lleva dentro, y varias veces si es necesario. La tenía
más dura incluso que cuando vi a Vero con el camisón subido o cuando me besó,
pues veía que en cualquier momento no iba a poder contener mi eyaculación. Mi
hermana, sin tocar mi miembro ni con un dedo, se metió lo que pudo en la boca y
empezó con un vaivén gracias al cual le tuve que pedir que parara para no
venirme. Me dejé caer en el sofá según estaba. Sonia cogió a Vero, que lo estaba
flipando, y se la llevó a la cocina. No sé qué le diría pero era algo de lo que
acababa de ver.
Volvieron y dijo mi hermana: "Este ya está listo." Yo estaba
sentado en el sofá y ya me había calmado. Se me había bajado un poco, pero
enseguida se erigió como la protagonista de la historia y su rigidez al contacto
con la suave mano de Sonia demostraba que estaba feliz, lo cual a mí también me
hacía feliz. Me la pelaba al tiempo que me chupaba el prepucio. Su lengua no
dejaba de rodear el glande y de dar lengüetazos para arriba y abajo a toda
velocidad y después siguió con lo mismo pero metiéndose todo lo que le cabía en
la boca mirando de vez en cuando mi cara de placer. Volver a sentir su cálida
boca y su lengua juguetona, después de haber perdido toda esperanza de follarme
de nuevo a mi hermana, era como un sueño, estaba reviviendo el pasado y creo que
esa era la mamada que más estaba disfrutando, más que la primera que me hizo
aquel inolvidable 2 de julio de 1998. Vero solo miraba quieta a mi lado, hasta
que mi hermana me dijo que siguiera haciéndole lo que le estaba haciendo.
Se quitó la camiseta y se puso de rodillas en el sofá por
encima de la cabeza de Sonia, que me la seguía comiendo. Apoyó los brazos en la
parte superior del respaldo del sofá, levanté la cabeza para que sus pezoncitos
quedaran al altura de mi boca, y cogiéndolos con los labios, chupaba primero el
izquierdo, luego el derecho, y así sucesivamente. "Sonia, para, para que me voy
a correr." le dije a mi hermana, que me la succionó por última vez y luego salió
del salón. Yo seguí mamando de los pezones de Vero, que suspiraba. Un par de
minutos más tarde volvió mi hermana. Traía en la mano un condón y su inseparable
vibrador. Hizo a Vero ponerse de pie en el sofá dándole la espalda, desde atrás
le desabrochó el botón y la cremallera de un pantalón corto que llevaba y se los
bajó junto con unas bragas azules de satén, me parece. Le pasó una mano por su
peludo coño un poco recortado por los lados por la línea del bikini. Se lo
frotaba para que mojase un poco más y facilitarme la labor que vendría tras
ponerme ella misma el condón. Vero levantó primero una pierna para que se lo
sacase y después la otra. Así quedó completamente desnuda, con la cara
enrojecida de calor y respiración fuerte y entrecortada. Vero cogió mi polla y
apuntando hacia el agujerito de su vagina, fue sentándose sobre ella abriendo
sus entrañas, que eran muy estrechas. Pensé que quizás me había mentido y seguía
siendo virgen, pero no. Empezó a cabalgarme y yo cerré los ojos e intenté
aguantar, porque estuve a punto de correrme con la mamada que me hizo mi
hermana, y estar metiéndosela a Vero, como supondréis, no hizo más que
acrecentar mis ganas de soltar chorros y más chorros de lefa en una corrida
impresionante. Al poco de estar en dicha tarea, empecé a oír unos suspiros
distintos a los que Vero daba entre gemidos. Claro, Sonia. Abrí los ojos y la vi
sentada a mi izquierda, sin el tanga, que estaba tirado en el suelo, y
abriéndose la herida de entre sus piernas metiéndose el vibrador. Era una visión
digna del cielo. Creí que en esa situación tenía mi oportunidad de acariciarla.
Metí mi mano por debajo de su camiseta hasta alcanzar un pecho, y apenas tocarlo
y sentir su pezón duro, el orgasmo ya si que fue incontenible y no pude aguantar
la corrida. "Lo siento, no aguanto." le dije a Vero. En dos minutos una chica no
se corre ni de coña, así que ella siguió un poco más hasta que se me quedo
demasiado floja. Quedé en el sofá todavía alucinando y como Vero no había
llegado a su orgasmo, Sonia, levantándose, le dijo que se sentara donde estaba
ella.
Mi hermana separó las piernas de su cuñadita, la cual las
subió al sofá, y empezó a meterle el consolador. Mirándoles, esperé un poco a
ver si Sonia se decidía a chuparle el coño, porque, aunque no es lesbi, tuvo una
experiencia lésbica que me contó cuando vivía en casa de mis padres conmigo en
Madrid, tumbados en su cama después de echar un polvo y es muy excitante. A ver
si la convenzo para que la publique o quien esté interesado la intente animar.
Bueno, como Sonia lo único que hacía era masturbar con el vibrador a Vero, me
quité el preservativo, lo anudé y me levanté para quitar la peli del vídeo, ya
que no la hacíamos ni puto caso, y al darme la vuelta tras extraerla del
aparato, al ver a mi hermana a cuatro patas con el culito en pompa y entre sus
nalgas el chocho rasurado, mi polla volvió a pedir guerra.
Me puse detrás de ella y coloqué mi polla en la entrada de su
coño. Sonia, al sentirlo levantó un poquito el culo para que la penetrase. Sabía
que tarde o temprano iba a terminar cayendo de nuevo. Sé que el sexo le gusta
demasiado. Siempre a disfrutado de él en todas sus variantes. Mi pene entró del
todo suavemente. La dejé ahí para sentir ese calor fraternal. Es igual que el
calor de cualquier otra vagina, pero el morbo que me daba saber que era mi
hermana, era superior, algo que hay que vivirlo para saber lo que es, en serio.
Sonia no dijo nada, solo movió un poco el trasero. Pensé que quería que la
sacase, pero empecé a bombear y siguió muda. Sus gemidos empezaron a mezclarse
con los de Vero, hasta que esta, al parecer, se corrió y mi hermana poco después
empezó a soltar mucho líquido, así que supongo que ella también tuvo un orgasmo.
Vero se levantó, recogió su ropa y dijo que se iba a dar una ducha. Como no
podía correrme dentro de Sonia, le dije que quería hacerlo en sus tetas. Entre
nuestros gemidos, afirmó con la cabeza y se la saqué. Tomó un poco de aire y se
sentó en el sofá. Puse mis brazos bajo sus rodillas, le levanté las piernas y
ella echó hacia delante su pelvis para poner al borde su chocho y seguir
penetrándole. Ella cogió mi polla y se metió un poquito para después yo terminar
de empujar. Estuvimos follando un poco más, disfrutando como en los viejos
tiempos. Me sentía vencedor, estaba por encima de ella, y pensé en hacérselo
saber, como si fuera una ceremonia de victoria, echándole mi semen en su pecho.
Ya me había corrido una vez y solo me salió un chorro de lefa que fue a parar a
su vientre y un poco más que cayó en mi mano. No sé expresar lo que este
recuerdo produce en mí. Para agradecerle ese favor que tanto necesitaba desde
hacía meses, metí la cabeza entre sus piernas y me recreé en chuparle el
conejito hasta que se corriese de nuevo, lo cual hizo, y yo, con todo placer, me
bebí sus flujos. No sé cómo sabe el semen, pero el zumo femenino no es
repugnante.
El domingo fue un día más. Mi hermana me levantó esa mañana
con besos en la cara. No se comentó nada y solo nos dimos unos besitos a
escondidas Vero y yo. Nos cambiamos los números de teléfono y el lunes por la
mañana, partí de regreso a Madrid mientras Vero se quedaba otra semana.
La llamé el martes y estuvimos hablando, y lo hice otras dos
veces más cuando se suponía que ya estaba en Madrid, pero comunicaba, y es que
mi hermana me dijo que las bragas que llevaba el día que me la tiré y el móvil
se los había dejado allí porque suelo hablar con ella por Messenger y hace poco
me dijo que siempre le hablaba de Vero y dice estar segura de que estoy colado
por ella, y me lo ha dicho tantas veces que no sé ni que pensar, pero puede que
sea cierto, y es algo que no me gusta.
Gracias por leerme e intentad disfrutarlo.