VIDEO PORNO (Parte 2).
Apenas estuvo en contacto conmigo, me tocó un pezón, lo
apretó y sonrió mientras se pasaba la lengua alrededor de su labio superior.
Quieres ver lo que yo podría hacer con un gordote tan guapo
como tú? – preguntó sin reparos.
No sé si fue por el susto o tal vez por el nerviosismo, lo
cierto es que no contesté, por lo que supongo que él se lo tomó como un "sí" y
puso sus manos a la obra.
Apoyó la palma de su diestra sobre mi rodilla izquierda y la
llevó hacia atrás, tocándome con los dedos el hueco formado en las antípodas de
mi rótula. Sentí algo extraño... como si fuera un leve cosquilleo que fue desde
allí, subiendo por mi muslo hasta detenerse en la conjunción de ambas piernas.
Cuando la sensación llegó a mis genitales, no pude evitar temblar como si
acabara de ser víctima de un escalofrío.
La mano juguetona del amanerado comenzó entonces a escalar
por el grueso muslo y se encargó de hacerme sentir sus huellas digitales por
todo el recorrido del lado interno de mi pierna.
Mi tensión se acrecentó a medida que sentía su tacto más
cerca de mis genitales expuestos. Cerré los ojos pensando en que todo esto no
era más que una prueba para poder acceder a firmar un contrato que me pudiera
liberar de la situación precaria que me tenía como rehén. Necesitaba en forma
imperativa superar la prueba de filmación, demostrando que era capaz de hacer
todo lo necesario para acceder a la mayor remuneración a la que pudiera aspirar
por este trabajo.
Aún con los párpados fuertemente apretados, mi nerviosismo no
disminuyó y mi tensión continuó incólume.
Sus dedos seguían recorriendo tal y como si fuera en cámara
lenta, los últimos tramos que los separaban de la conjunción con mis nalgas.
Lo que más temía estaba a punto de ocurrir.
"No, por favor" pensé. "No con mi culito..."
Inexplicablemente sus movimientos se detuvieron. Mi tensión
disminuyó y de repente sentí que algo se envolvió alrededor de mi verga erecta,
tal y como si hubiera sido un pulpo. En un primer momento, pensé que había
cerrado su puño allí y me aprisionaba con él, pero la humedad y la calidez de
esa presión me hizo percatar de la realidad. La complicidad de su lengua que se
sumó al trabajo comenzando a soltar tímidamente presurosas estocadas sobre mi
desnudo glande, me dio la real certeza que era su boca golosa la que estaba en
contacto con mi hierro candente.
Un "aaaarrrggghhhh" expulsado de mis labios en forma
completamente no intencional, puso sonido a lo que supuse que estaba a punto de
convertirse en un vídeo mudo.
Aún con los párpados fuertemente apretados, como para hacerme
creer a mí mismo que aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente" era
la pura verdad, comencé a sentir unos leves jadeos acompañados de ruidos de
labios que ahora comenzaban a chupar en forma desesperada.
Ambas manos del marica me sopesaban los testículos,
acariciándomelos en forma por demás gentil. Estaba recibiendo una mamada por
primera vez en mi vida... y de un hombre!!!
Qué espanto!!!
Esto era caer en lo más vil y bajo... nunca había imaginado
que iría a estar en semejante situación en alguna oportunidad.
Aunque pensándolo bien, no era tan traumático. Me estaban
chupando la verga y encima me iban a pagar por ello. Sí... la situación no era
lo tan delicada como me había parecido en un primer momento. Si hasta se sentía
rico... el hijo de puta sabía mamar... seguramente hasta se debería considerar
un experto en ese arte. Porque supongo que mamarle la pija a otro hombre se debe
considerar como un arte. O no?... Yo no sería capaz de hacerlo... bueno, en
realidad no lo sé. Nunca antes me lo había preguntado. Y si dependiera de una
mejor paga? No, no... nunca podría hacer algo semejante.
La mano del amanerado logró sacarme del trance en que me
había sumergido.
Hey... qué crees que estás haciendo???- grité en un estado de
sorpresa extrema.
Hay algún problema?- preguntó a su vez el oso gigante que no
salía de su puesto de detrás de cámaras. – No me dirás ahora que tu actuación
tendrá algún tipo de límites...
No lo sé... qué es lo que... –comencé diciendo y me detuve
cuando dos dedos del marica me rozaron la entrada a mis esfínteres.
Debemos estar seguros para no tener sorpresas más tarde. Si
tú logras realizar todo lo que figura en el guión, ya no tendremos que buscar a
nadie más –dijo con una seguridad digna de quien ya ha pasado por una
experiencia similar en alguna otra ocasión.
Cómo? Hay un guión escrito? – pregunté sorprendido.
Pero claro, hombre – contestó el oso ofuscado mientras el
otro no dejaba de mamarme. – Que te piensas? Que nosotros somos unos
improvisados? No, señor... somos muy profesionales.
El marica me dirigió una mirada cómplice sin sacar mi verga
de su boca y me lanzó una sonrisa.
Debía reconocer que sí... el tipo me la chupaba como los
dioses. Eso lo convertía en un profesional?
Estaba seguro que si seguía con ese ritmo, me haría eyacular
en cualquier momento. Él no dejaba de sonreírme hasta que de pronto uno de sus
dedos volvió a tocar mi anillo de carne, y al tiempo que me hizo un par de
guiños, intentó meterlo dentro de mis entrañas.
Nooooo! -dije como por impulso, asustándome de una forma
descomunal, y con un movimiento reflejo empujé todo mi abdomen hacia delante
para impedir que el dedo penetrara en mi interior.
Como consecuencia de ello, mi verga se aproximó más a su
garganta y eso lo hizo enloquecer.
Yo estaba temblando... casi parado de puntas de pie, temiendo
que ese dedo atrevido terminara de ejecutar su cometido. Yo impulsaba mi cuerpo
hacia delante para alejarme de ese dedo violador y la boca golosa se engullía
cada vez más mi trozo de carne cruda.
Esto se ve de puta madre... –exclamó el oso que no apartaba
su vista del monitor.
Ahora el dedo acariciándome el orto me obligaba a mantener un
movimiento de vaivén, tal y como si me estuviera cogiendo la boca del amanerado.
Mierda... voy a acabar –fije comenzando a acelerar mi ritmo;
pero inexplicablemente, el marica detuvo su chupada, sacó mi miembro de su boca,
lamió todo el glande para quedarse con su jugo y se puso en pie.
"Y ahora?" me pregunté sosteniéndome la pija al borde del
colapso, con la mano derecha.
Clávamela... –dijo en forma descontrolada mientras se
agachaba frente a mi falo hecho roca, y abriéndose las nalgas de par en par con
ambas manos.
Pero... –atiné a decir ante mi total sorpresa.
Anda... – alentó el oso sin dejar de mirar la pantalla. –
Dale el gusto y termina con tu desesperación. Rómpele el culo... échale tus
chorros de una vez.
La carcajada de ambos se escuchó al unísono.
No tuve que hacer demasiado. Sólo sostenía mi verga tiesa con
la mano, pero el amanerado fue quien hizo todo el trabajo: apoyó el culo sobre
mi glande y se echó hacia atrás con fuerza para terminar ensartado con su propio
impulso.
Ahora muévete, amor – continuó incentivando a que no quitara
de mi mente lo que a esta altura deseaba hacer.
Qué importa que fuera un hombre?
Es un culo, al fin... y yo estoy a punto de explotar...
Cierro los ojos y listo. No encontraré diferencia entre un
culo masculino y el de una fémina, y para cuando acabe, habré logrado superar
esta otra prueba con éxito.
Dando por seguro que ya mi mente no tenía ningún impedimento
para continuar con el acto, lentamente fui quitando y empujando mi sexo de ese
agujero goloso. Obviamente, su aro no ofreció resistencia a mi grueso trozo de
carne... ya desde el primer momento, entró como si tuviera la puerta abierta de
par en par... creo que hasta fui consciente de la alfombra roja de bienvenida
que había en su interior.
Más de diez minutos de sacudidas y de pronto el marica se
incorporó, con la misma celeridad como él mismo me había sorprendido en el
momento de penetrarse.
Mi cara de asombro no faltó a la cita.
El amanerado fue caminando hacia el puesto de mando y le dijo
unas palabras al oído al oso gigante. Éste dejó de mirar a la pantalla para
verme directamente y respondió a su compañero en el mismo tono confidencial.
"Qué mierda está sucediendo aquí?" No me animaba a emitir
palabra alguna, pero nada le impedía a mi mente que estuviera haciéndose una
pregunta tras otra.
Ahora hubo un cambio de lugar. El tipo que me había mamado y
a quien hacía unos momentos le estaba haciendo el culo, se acomodó detrás del
monitor y presionó un par de botones, como ajustando la imagen. El grandote,
comenzó a aproximarse hacia mí, con mirada seria sin quitar sus ojos de los
míos. Una vez que estuvo a centímetros de mi cuerpo desnudo, alzó su brazo
derecho y me apretó el pezón con su pulgar e índice.
Te gusta? -quiso saber, sin apartar su mirada de la mía.
Nuevamente un temor atroz se apoderó de mí.
Y ahora...? Qué era lo que vendría a continuación?
No contesté a su pregunta, sólo me limité a mirar cómo ambos
dedos gordos apretujaban mi tetilla. Mi miembro fue el que habló por mí: pegó un
par de saltos y perdió unas gotas de líquido. Debía reconocer que todo esto me
estaba excitando sobremanera. Jamás había pasado por algo semejante: comenzando
con estar desnudo frente a otro hombre... y lo que era peor en este caso, que no
era un hombre, sino dos. El que parecía inofensivo, había intentado introducirme
un dedo en el culo... qué me esperaba ahora con este oso gigante que destilaba
un aroma a excitación?
Te gusta? –repitió la pregunta nuevamente.
Podía ser tan hipócrita de negarlo? En realidad... sí, me
gustaba. Pero debía compartirlo con ellos? Debía reconocer que todo, comenzando
por el ambiente, seguido por ambas personas, pasando por todo el clima formado y
también por la situación de estar siendo filmando en poses que no quisiera que
vieran mis seres más queridos, me tenía al borde del colapso, pero de placer.
Te gusta? –insistió por tercera vez.
Aún sin estar demasiado convencido, atiné a asentir con la
cabeza.
Te animarás a realizar lo poco que aún te resta para superar
la prueba de admisión y ser finalmente el protagonista completo que estamos
buscando para nuestras próximas películas? –preguntó yendo directamente al
grano.
Qué es lo qué...? –balbuceé de una manera infantil.
Tú sabes... –contestó mientras se quitó la musculosa dejando
ver unos imponentes pechos peludos, gordos, opulentos y con pezones gigantescos
y comenzó a bajarse lentamente las bermudas de color beige claro.
No... no lo sé –dije negándome a enfrentar esa situación. En
realidad todo se precipitó de una manera que no pude controlar.
Qué quería decirme con "Tú sabes?" Querría que me lo cogiera,
o todo lo contrario? Estaría él dispuesto realmente a romperme el culo, tan sólo
para realizar otra prueba de cámara? Sería posible haber llegado tan lejos para
echarlo a perder todo de una vez en esta última instancia? Porque yo nunca daría
mi culito, ni siquiera por esos míseros...
Miles de dólares!!??
No, de ninguna manera... no soy un prostituto para...
La zurda del gordo me tomó la cabeza y lentamente, pero en
forma firme, la llevó hacia sus pezones. Como un reflejo, abrí la boca y él se
acarició ambas aureolas gigantes con mis labios. Acto seguido, fue empujando
hacia abajo hasta que logró ponerme de rodillas frente a su descomunal panza.
Con su derecha la levantó para dejarme ver su sexo. Duro, oscuro, tremendo,
caliente, jugoso...
Comencé a temblar.
Anda... tan sólo pásale la lengua –alentó.
No... no... no... noooo!
No, qué? No te vas a rendir ahora, verdad? Ya que es muy poco
lo que te queda por realizar... Anda... no te olvides de todo el dinero que está
en juego. Sólo debes pasarle la lengua, tampoco es para tanto. No te pedí que me
la chuparas –dijo y sonrió, mientras su compañero que seguía detrás de las
cámaras, se sumó a su festejo riendo a carcajadas.
El oso continuaba sosteniendo su vientre con una de sus manos
y la otra fue a parar a su mástil, el cual desenmascaró quitando la piel
lentamente para dejar ver un glande tan grueso como corto, pero inundado en sus
propios líquidos. Lo tomó y lo puso en dirección a mi rostro. Lo movió,
sacudiéndolo de arriba abajo, como quien hace una invitación para degustar un
manjar.
Yo tenía náuseas. No sólo estaba es una situación harto
incómoda, sino que no tenía escapatoria posible... excepto renunciar a todo.
Todo lo hecho hasta ahora quedaría como una pérdida de tiempo.
Oh... Dios, qué difícil es la vida!
Sus gruesos muslos peludos estaban húmedos de traspiración.
El glande goteaba una gran cantidad de líquido transparente... Sus piernas
estaban ligeramente separadas y ahora su derecha dio un pequeño paso hacia
delante. La punta de su verga alcanzó a rozar mis labios.
Una lamida tan solo –dijo en tono de complicidad. –Sé que
nunca has hecho esto. Sólo tómalo como un trabajo. Como un trabajo con una paga
que te quitará el sabor amargo que te pueda quedar. Verás que luego reconocerás
que valió la pena ese pequeño esfuerzo realizado.
Abrí la boca ligeramente y saqué la punta de la lengua. No
tuve que hacer demasiado. Él mismo movió su pija de arriba abajo y de derecha a
izquierda, hasta que toda su excitación se secó sobre mi lengua y labios.
Llevé mi lengua al paladar. Hmmmmm! No sabía demasiado mal.
Casi sin gusto... como si fuera clara de huevo. Un tanto
salado, de textura pegajosa. Tenía formado un bigote con ese líquido que ahora
comenzaba a deslizarse lentamente hacia mi labio superior.
Saboreé por unos momentos en esa posición de cuclillas, hasta
que sentí que comenzaba a levantarme, sosteniéndome delicadamente por debajo de
ambas axilas. El tipo era bastante más alto que yo, aunque no tan gordo. De
todas formas, su tamaño me intimidaba, aunque siempre actuó en forma suave en
cada momento.
Pensé que llegaría a ser agresivo si hubiera tenido en cuenta su mirada y
gestos de su cuerpo; sin embargo, me acarició los hombros, y casi sin darme
cuenta me tenía de cara contra la pared. Sin perder sus modales exquisitos,
comenzó a besarme por todo el cuello por detrás. Sus labios se deslizaban
soltando lamidas intermitentes. Leves al principio, para transformarse en
interminables excursiones de lengua sin escalas desde el hombro derecho al
izquierdo, y luego el mismo recorrido de vuelta, una y otra vez.
Cuando sentí el contacto de esos gruesos labios en mi espina dorsal, me
estremecí nuevamente. Un escalofrío sacudió mi ser y temblé sin poder detener mi
descontrolado reflejo.
Ahora sus lamidas recorrieron mi espalda y no se detuvieron hasta hacer
contacto con la frontera de mi raja.
Sentí una tensión insoportable como nunca antes había experimentado... él lo
notó y se detuvo. La sombra reflejada contra la pared me hizo conocer que se
estaba arrodillando, mientras sus gordas manos se apoyaban en mis muslos para
confirmarme esos movimientos.
Lenta, muy lentamente y suave, muy suavemente, tomó cada nalga con sendas
pulgares y las apartó sin movimientos bruscos.
Como un reflejo contraje mi culo lo más fuerte que mi estado nervioso me lo
permitió.
No, bebé... –dijo, mientras con un dedo de su mano me hacía sentir su tacto
en el centro del agujero y alrededores. –Relájate. No te resistas y verás que es
mucho más agradable de lo que te imaginas. Aflójate... y verás cómo se dilata.
Sus palabras eran susurros que apenas podía escuchar desde su posición. Sentí
en ese momento a su lengua sumarse a la aventura.
La sentí húmeda... blanda pero áspera; pero creo, sin temor a equivocarme,
que ella fue la aliada que tuvo para hacerme rendir a sus deseos.
Comenzó a lamerme el culito lentamente hasta que se descontroló y pareció
como que quería comérmelo en forma literal.
Supongo que todos tenemos un momento de debilidad en nuestra existencia... y
en forma inevitable, el mío era precisamente ése.
Abrí las piernas de par en par, deseando como una perra en celo que me
metiera la lengua lo más dentro posible. La desesperación que me inundó en ese
momento era incontenible. Comencé a realizar el vaivén de atrás hacia delante,
como para que no le quedaran dudas de que me tenía en el punto justo. Mi
propósito no rindió sus frutos, o por lo menos él pareció ignorarlos por
completo.
Comencé a emitir rugidos, mugidos y toda clase de alaridos y grititos.
De pronto se detuvo y se puso en pie.
Me besó en el cuello.
Estás encendido, cariño...? –dijo apenas con un susurro que estoy seguro que
el micrófono de filmación no pudo haber captado.
Sí! –contesté con el mismo grado de intimidad.
La quieres dentro? –preguntó sin tapujos.
Ops! No era lo que esperaba. No... no... de ninguna manera...
Sí! –contestó sin embargo mi subconsciente.
Me sentí muy excitado y dilatado... desesperado por sentir el insólito placer
de ser penetrado por algo. Lo que fuera!
Su mano fue al encuentro de mi boca.
Dame tu saliva para lubricarme... –sugirió en el mismo tono confidencial que
ya nos tenía como cómplices.
Salivé una buena cantidad de ella y cerré los ojos. Sentí por el movimiento
de su mano, cómo se frotaba su órgano genital con mi segregación. Ahora juntó su
propia saliva con un "jjjjjjjjp" interminable y derramó una cuantiosa porción
sobre su palma, que terminó entre mis glúteos separados, esparciendo el líquido
por todo a lo largo, ancho e interior de mi orificio anal.
Cuando metió su dedo, lo llevó hasta lo más profundo que pudo acceder y
serpenteó allí su falange en forma lenta para no lastimarme.
Yo mismo era el que me movía en forma salvaje. No me reconocí yo mismo!
Despacio, cariño... no te quiero lastimar ese culito virgen y hermoso que
tienes –avisó con su característico susurro.
Me volvió a besar en el cuello y sentí su tripa gorda apoyarse en la antesala
de mi esfínter.
En verdad lo quieres? –volvió a preguntar sin hacer partícipe a nadie más de
nuestro diálogo íntimo.
Sí, sí... –contesté del mismo modo.
Su falo fue entrando mientras era yo mismo quien me abría las nalgas con mis
manos. La desesperación era tal que ya no me importaba nada... absolutamente
nada.
La entrada fue dolorosa, pero una vez que tuvo todo su dimensión dentro mío,
el aro de carne se amoldó a su grueso tamaño.
Comenzó a sacarlo muy lentamente y sentí la conocida sensación que llega en
el preciso momento que evacuas tu vientre, pero con una leve diferencia. Esta
vez en lugar de terminar de salir el volumen como sucede en forma habitual, éste
comenzó a entrar otra vez, haciendo que literalmente me volviera loco de placer.
Una sensación totalmente novedosa y agradable, que nunca antes hubiera
imaginado.
El mete y saca continuó por largos 10 minutos, haciendo interminable mi
suplicio. Necesitaba que alguien hiciera algo.
Como si me hubiera leído el pensamiento, sentí a su puño cerrarse alrededor
de mi verga, y comenzar a masturbarme con la misma lentitud con que él pujaba su
sexo dentro mío.
La otra mano se sumó masajeándome los testículos, mientras la masturbada no
cesaba. Su polla parecía cada vez más gruesa dentro de mí, o tal vez la
sensación la tenía por lo irritado que debería estar toda esa zona. Pero eso me
tenía sin cuidado en ese momento.
Sin apurar sus movimientos pélvicos, su mano se apretó aún más fuerte contra
mi verga y aceleró los movimientos. De pronto sentí cómo su propio órgano
comenzó a introducirse lo más adentro posible que pudo y sus gritos, sumados a
un calor que me abrasó por dentro, me hizo adivinar que se había venido dentro
de mí. Eso hizo que comenzara a verter mi propio esperma casi al unísono, para
salpicar la pared que tenía enfrente.
Como corolario a tan agradable sensación, sentí un último beso en mi cuello.
Gracias, bebé... –dijo siempre en tono confidencial. - Fue maravilloso.
El oso se volvió a su compañero y preguntó si todo había salido bien.
Guaaauuuuu! Eso sí fue muy excitante. Haremos lo del baño? –preguntó a su
vez.
Me explicaron que ahora les gustaría hacer una tomas mientras me enjabonaba y
tomaba la ducha.
Cómo negarme? Luego de la experiencia vivida, creo que ya tenía asegurado el
trabajo, y realmente no era lo desagradable o traumático que me había parecido a
priori.
Hoy había aprendido una nueva lección: sólo hay que estar en el grado justo
de disposición para todo.
Movieron las luces y la filmadora hacia la puerta del baño que daba de frente
a la ducha. Allí me dieron algunas directivas y mientras me aseaba, me sentí un
poco menos avergonzado de que alguien más estuviera mirando esos momentos que
nunca antes había compartido con nadie más. Hasta me sentí relajado con estos
muchachos. Quién hubiera pensado!
Luego de unos quince minutos, cerré el grifo de la ducha, me sequé con la
inmensa toalla que me proveyeron y acto seguido comencé a vestirme. Cuando hube
finalizado, y sólo en ese momento exacto, apagaron las luces y la cámara. La
pantalla quedó a oscuras.
Nos despedimos con la promesa de que al día siguiente iría a recibir el
llamado de confirmación para firmar el contrato.
Dejé la habitación 906 y fui hacia el elevador como un
autómata arrastrando los pies. Presioné el botón para solicitarlo, y una vez que
las puertas de metal se abrieron de par en par, me introduje dentro.
Mi índice apretó el botón PB, las puertas automáticas se
cerraron y comencé el trayecto hacia abajo.
Hice un resumen mental de la experiencia que había tenido ese
día. Mi culito aún me dolía y por ello sentía una leve incomodidad al caminar.
Me habían manoseado descaradamente dos desconocidos, me habían chupado los
pechos y la verga; me habían acariciado el orificio anal; me hicieron metérsela
por el culo a un hombre; me había visto obligado a arrodillarme delante de un
gordo desnudo y lamerle la pija; me exploraron el ano por fuera y por dentro; me
masturbaron hasta hacerme eyacular y finalmente me rompieron la virginidad anal.
Creo que en ese preciso momento, comencé a sentirme realmente
muy mal!
Planta baja!
Salí del ascensor de la misma forma en que entré a él, como
un verdadero zombie. Me dirigí a la salida del edificio, de ahí a mi vehículo y
luego a mi departamento.
Una vez allí, me desnudé y me tiré sobre la cama para
intentar descansar; pero fue inútil. La sensación de sentir que me habían
violado, por más que no había hecho nada para impedirlo, no se me quitaba de la
cabeza.
Volví a rememorar todo lo vivido en ese departamento, paso a
paso por enésima vez. Ellos parecían dos profesionales, dedicados en cada
momento a la parte técnica... pero hay algo que no me terminaba de convencer,
más aún cuando ambos se turnaron para hacer sus partes de sexo.
Esperé la llamada por el lapso de las siguientes 24 horas. Mi
espera fue inútil porque el llamado por supuesto, nunca llegó.
Entonces decidí volver al edificio donde había ocurrido todo
y pregunté por la pareja:
Usted se refiere a ese muchacho amanerado y al gigante
peludo? Esos que alquilaron ambas habitaciones? – preguntó el conserje.
Cómo ambas? –quise saber sin disimular mi asombro total.
Sí... una era la que ellos compartían, (aquí entre nosotros,
me parece que ambos eran pareja) y la contigua era la que utilizaban para dar
las conferencias.
Conferencias? –pregunté anonadado. –Qué conferencias?
Claro... habían armado un auditorio de 50 personas con
pantalla gigante, para disertar sobre sus viajes por el mundo... Usted venía
para reservar un lugar allí? Pues si es así, lo siento. Ayer dieron la última
función con lleno total y luego abandonaron ambas habitaciones.
FIN DE ESTE RELATO FICTICIO.
Si te gustó este relato, no dejes de leer alguno de los 85
anteriores del mismo autor, por ejemplo:
"Crimen casi perfecto" :
http://www.todorelatos.com/relato/38427/